INTRODUCCION
 La
agroecología como paradigma científico y tecnológico
orientado a la producción agropecuaria sustentable en armonía
con los distintos ecosistemas naturales y las culturas correspondientes,
es una propuesta cuya conceptualización data de los años
70, pero cuyos orígenes son tan viejos como la agricultura
misma.
Las grandes culturas de la antigüedad (especialmente las de
Asia y Mesoamérica) basaron su sustento material y su poder
político en esos principios, aportando tecnologías
y productos que son un legado a la humanidad. En particular, la
cultura andina, desarrollada en un espacio complejo y agreste como
el que ocupan hoy Perú, Bolivia, Ecuador y parte de Colombia,
Chile y Argentina, creó en cerca de 6,000 años una
agricultura que supo manejar los recursos naturales, domesticar
decenas de plantas y animales y alimentar en forma sostenible una
población numerosas.
La conquista europea representó una brusca ruptura del sistema
político y del conocimiento que aseguraba esa agricultura
así como la imposición de una lógica diferente
para el manejo del espacio andino, que supervive hasta hoy en las
políticas oficiales y en el conocimiento convencional. Sin
embargo, las bases culturales y tecnológicas se mantienen
dispersas y asistemáticas en las comunidades campesinas,
a pesar del atraso y la marginación social de sus poblaciones.
En este artículo se desea mostrar las raíces históricas
de la agricultura andina como uno de los antecedentes importantes
de la agroecología moderna y señalar las potencialidades
y limitaciones existentes así como los retos institucionales
presentes para rediseñar una propuesta tecnológica
para el desarrollo sustentable de la agricultura en el espacio andino.
Y poder a partir de ello, enfrentar con ventajas comparativas propias
los nuevos retos impuestos por la globalización y la competencia
mundiales.
2. EL ESPACIO ANDINO Y SU DIVERSIDAD ECOLOGICA
Para entender las bases de la agricultura andina, es preciso conocer
el espacio donde ésta se desarrolló como respuesta
cultural y productiva a los retos impuestos por el medio ambiente.
Si bien la cultura andina se extendió en lo que hoy es el
territorio de varios países sudamericanos, su origen histórico
estuvo en el Perú. Ello no fue casual. En el Perú
se concentran la mayoría de los microclimas y zonas de vida
existentes en el planeta, dando lugar a una variada fauna y flora.
Pero también se manifiestan en forma extrema las más
diversas inclemencias climáticas en un territorio accidentado
y agreste.
Por su localización geográfica dentro de la zona intertropical
(entre 0º y 18º 21' al sur de la línea ecuatorial)
al Perú le debería corresponder un clima cálido,
húmedo y lluvioso. Sin embargo, la presencia de la cordillera
andina (la única cadena de alta montaña cuyo eje es
transversal a la línea ecuatorial), la circulación
anticiclónica del Pacífico Sur y la presencia de la
Corriente Peruana o de Humboldt, de aguas templadas y del Niño,
de aguas cálidas, han modificado sus condiciones climáticas
y dado origen a una variedad que va desde el tropical cálido
de la costa norte y la amazonía, hasta los glaciares y las
punas de la cordillera, pasando por las zonas desérticas
de la costa y los valles templados interandinos y costeños.
De acuerdo a la clasificación de L.R. Holdrige (1947), en
el Perú se encuentran 84 de las 104 "zonas de vida"
existentes en el mundo. Cada "zona de vida" es una particular
combinación del clima y las formaciones vegetales adaptadas,
que dependen de la biotemperatura, la precipitación y la
humedad ambiental.
Esta diversidad climática unida a la variedad de los recursos
naturales es la base de la diversidad ecológica, expresada
en la flora y la fauna del país. Según Brack, 1994,
en Perú se utilizan 3,140 especies de plantas nativas, de
las cuales 1,005 son cultivadas y 2,135 son silvestres. En el mundo,
el Perú ocupa el primer lugar en variedades de insectos y
el segundo en aves, la mayoría ubicados en la amazonía.
Los microclimas y las "zonas de vida" se encuentran dentro
de los "pisos ecológicos" que existen desde el
nivel del mar en el occidente hasta los llanos amazónicos
en el oriente, pasando por las distintas altitudes de la Cordillera
de los Andes. Según J. Pulgar V., esta distribución
altitudinal y transversal da origen a ocho regiones naturales:
Región
"chala" o costa, entre el nivel del mar y los 500 m. de
altitud, de clima árido en el desierto y templado en los
valles bajos.
Región
"yunga" entre los 500 y 2,300 m.s.n.m. en la vertiente
occidental de los Andes y entre los 1,000 y 2,300 m.s.n.m. en la
vertiente oriental, de clima templado.
Región
"quechua" entre los 2,300 y 3,500 m.s.n.m., tanto en las
vertientes occidentales y orientales de los Andes, de clima templado
en verano y frío en invierno.
Región
"suni" entre los 3,500 y 4,100 m.s.n.m. en ambas vertientes
de clima frío permanente.
Región
"puna" entre los 4,100 y 4,800 m.s.n.m. de clima muy frío.
Región
"janca" correspondiente a las cumbres andinas, cubiertas
por hielo y nieve permanente, de clima polar.
Región
"rupa-rupa" o selva alta, en el pie de monte oriental
andino, entre l,000 y 400 m.s.n.m.. de clima cálido tropical.
"omagua"
o selva baja amazónica, entre los 400 y 80 m.s.n.m., de clima
cálido y húmedo.
3. EL RETO DEL ESPACIO Y EL CLIMA ALTOANDINO
La mayor cantidad de "zonas de vida" en el Perú
(64 de las 84 existentes) se ubican entre las regiones naturales
"yunga" y "janca", es decir en los niveles medios
y altos de los Andes. Debido a esa diversidad, la mayor parte de
las culturas andinas se asentaron en estos ecosistemas, domesticando
plantas y animales y manejando los recursos naturales.
Sin embargo, las variaciones climáticas en estas regiones
naturales son muy severas. Dadas las complejas relaciones entre
la altitud, latitud y las masas de aire que fluctúan desde
las vertientes occidental y oriental de la cordillera, se suceden
períodos de sequía, fuertes lluvias, inundaciones
y heladas. Dentro de una misma región natural y dependiendo
de su altitud y su ubicación frente al sol, los microclimas
varían, sufriendo los cambios impuestos por el macroclima
cuando éstos se producen. Por contraste, el clima en la costa,
selva alta y baja tiene menor fluctuación en el tiempo.
En ese contexto, las culturas altoandinas para sobrevivir y alimentarse,
tuvieron que desarrollar una tecnología adecuada a los múltiples
ecosistemas y capaz de prevenir y enfrentar los riesgos climáticos.
Esta tecnología llegó a predecir los cambios en el
tiempo en base a observaciones astronómicas y ecológicas
y a modificar artificialmente los microclimas para reducir las variables
aleatorias, adaptando a éstos las variedades vegetales y
animales más adecuadas.
Culturas regionales pre incas como Chavín en el norte, Tiawanaku
en el altiplano sureño, Wari en el centro, entre las más
importantes, desarrollaron durante varios siglos las bases de la
tecnología altoandina para el manejo de los ecosistemas y
del riesgo climático.
Fueron los Incas, sin embargo, quienes debido a su expansión
imperial en territorios comprendidos en lo que es hoy el norte argentino
y el sur colombiano, fueron capaces de sistematizar y expandir los
aportes de las distintas culturas regionales que conquistaron.
El conocimiento acumulado por los científicos e ingenieros
incas les permitió enfrentar los múltiples retos del
espacio andino, asegurando la alimentación para una población
de más de 10 millones de personas y legitimando su poder
político.
4. LA TECNOLOGIA ANDINA: RESPUESTA AGROECOLOGICA
AL ESPACIO Y EL TIEMPO
La agroecología moderna es una concepción holística
y sistémica de las relaciones entre las sociedades humanas
y las sociedades vegetales y animales de cada ecosistema, orientada
a la producción agraria en armonía con las leyes naturales.
La cosmovisión de las culturas andinas fue el marco desde
el cual se entendió en forma integral, la relación
entre las sociedades humanas con el clima, el espacio y el tiempo.
En este marco la tecnología agrícola andina fue la
alternativa de dichas culturas para asegurar la producción
de alimentos y constituye el más importante antecedente histórico
de la agroecología en Sudamérica.
Como señala John Earls "...la administración
del Estado Inca estuvo relacionado al control y articulación
de la multiplicidad de pisos ecológicos existentes en las
regiones andinas...coordinando las labores apropiadas a las microzonas
y pisos ecológicos, buscando armonizarlas para crear un equilibrio
entre las necesidades del Estado y las necesidades y derechos de
las etnias locales..." (Earls 1986:23).
Describamos a continuación los principales componentes de
la tecnología andina, así como su uso dentro de los
distintos espacios.
4.1. Sistemas de andenes y planificación agrícola
La unidad básica de planificación agrícola
en las culturas andinas fue la cuenca hidrográfica, dentro
de cuyo espacio se articulaban las subcuencas y sus pisos ecológicos.
El problema principal de la agricultura en esos espacios fue y sigue
siendo el riesgo climático. La tecnología andina supo
manejar este riesgo mediante las observaciones astronómicas
y el complejo calendario que se derivó de ello, complementando
la información con indicadores ecológicos relativos
a cada microclima, como comportamientos de animales y plantas.
El sistema diseñado para construir esta "base de datos"
en las cuencas fueron los andenes o terrazas. Su misión principal
fue estabilizar y reducir las fluctuaciones climáticas y
adaptar las distintas especies vegetales a las demandas ambientales.
En forma complementaria, los andenes sirvieron también para
conservar el suelo y el agua, evitando la erosión causada
por las lluvias.
Han sido las investigaciones de John Earls, destacado antropólogo
australiano naturalizado peruano las que han permitido mostrar estas
evidencias ante la comunidad científica nacional e internacional.
Por espacio de 15 años, Earls realizó una paciente
investigación en Moray, un sistema de andenes cerca del Cuzco,
diseñado como un modelo a escala del comportamiento ambiental
y productivo de la cuenca del río Urubamba o "Valle
Sagrado de los Incas" y que se comportaba como una gran computadora
analógica para "correr" el modelo.
Como Earls señala "...la constatación de la heterogeneidad
ecológica andina me llevó a postular que cualquier
sistema de coordinación coherente de las actividades productivas
sobre un área tan extensa y climáticamente tan diversa
sería imposible sin la presencia de una modelación,
simplificación y standarización planificada de las
incontables zonas ecológicas naturales...los andenes además
de la función extendida para estabilizar el clima y ampliar
la superficie de las tierras cultivables ofrecían informaciones
claves para establecer equivalencias ecológicas artificiales
entre zonas de producción espacialmente dispersas...y constituían
una especie de "invernadero" para la aclimatación
de diferentes especies y variedades adaptadas a los ambientes ecológicos"
(Earls 1989:33-35)
Sus
observaciones en Moray permitieron identificar la relación
entre los "andenes de experimentación y control"
y los "andenes de producción". Los primeros (como
Moray) eran modelos a escala que reproducían las zonas agroecológicas
de los segundos, de modo tal que los experimentos efectuados y los
comportamientos climáticos registrados podían luego
inferirse para su reproducción a una escala mayor. Estos
modelos permitieron controlar mejor las predicciones ambientales,
variable fundamental para la planificación agrícola
en las cuencas y sus ecosistemas. Con ello, los incas pudieron aprovechar
al máximo la diversidad ecológica y biológica
del espacio andino, generando excedentes alimenticios en los "años
buenos" para enfrentar la escasez en los "años
malos".
La articulación entre ambos tipos de andenes se extendió
por todo el imperio. Earls señala: "... he recibido
noticias de diferentes fuentes acerca de sistemas de andenería
semejantes a Moray en lugares que van desde los valles andinos chilenos
hasta Ecuador" (Earls 1989:287).
Los sistemas de andenes permitieron el control simultáneo
de variables ambientales tales como el seguimiento del tiempo, la
medición de la intensidad de la radiación solar, la
previsión de las condiciones macroclimáticas, las
fluctuaciones de las lluvias, la conservación del suelo y
su manejo orgánico, etc. En los andenes se desarrollaron
las principales tecnologías agreocológicas andinas
tales como el acondicionamiento microclimático, el desarrollo
y adaptación de variedades, el uso y conservación
del agua y las diversas prácticas agronómicas como
asociaciones de cultivos, rotaciones, prácticas culturales,
etc.
Es interesante observar la forma sistémica como operaban
los andenes en el pasado. El diseño y tipo de materiales
usados en su construcción eran escogidos en función
de su ubicación altitudinal en los pisos ecológicos,
su posición latitudinal en relación a la radiación
solar, la disponibilidad hídrica y el tipo de suelo. Ello
determinaba los tipos de cultivos y las variedades mejor adaptadas
a las condiciones ambientales, así como las prácticas
culturales, ello fue clave para asegurar la producción y
el abastecimiento del maíz, una planta muy susceptible a
las variaciones climáticas y a la radiación solar.
El maíz constituía el principal recurso alimenticio
controlado por el estado, complementado por los cultivos de tubérculos
bajo la responsabilidad de las comunidades locales.
Los andenes permitían, dada su posición frente al
sol, captar al máximo la energía de onda corta de
sus rayos e interactuar con su superficie, transformándose
en fuente de energía calórica que incrementaba la
actividad metabólica de las plantas. Esta especie de "acumulador"
natural reducía los efectos de las heladas nocturnas, sobre
todo en las partes bajas de las laderas y permitía, en cultivos
como el maíz, acelerar la germinación de las semillas.
4.2. Los andenes, qochas y waru-warus en el altiplano
El altiplano que comparten Perú y Bolivia, con una altitud
entre 3,600 y 4,000 m.s.n.m. ha sido el espacio donde florecieron
culturas muy importantes en la historia andina, como Tiawanaku y
donde probablemente se originaron algunas de las tribus que posteriormente
migraron al Cuzco para forjar el imperio.
Las condiciones ambientales del altiplano son tanto o más
severas que las existentes en los valles interandinos. Si bien el
altiplano tiene menor variedad ecoclimática y biológica
que el resto del espacio andino, las fluctuaciones entre sequías,
inundaciones y heladas hacen altamente riesgosa la actividad agrícola.
Por ejemplo, la temperatura puede oscilar entre unos 25º C
en el día y -10º en la noche.
Para enfrentar el riesgo climático, las culturas altiplánicas
desarrollaron sistemas articulados entre andenes, qochas y waru-warus
o campos elevados. Las "qochas" (laguna en quechua) son
excavaciones circulares artificiales destinadas a captar el agua
en los períodos de lluvia, para enfrentar los períodos
secos. Los "waru-waru" o camellones (también llamados
"suqakollos" en aimara) son elevaciones artificiales del
terreno, de l m. de alto y con anchos variables (entre 2 y 8 mts.)
y con canales laterales, destinados a preveer los desbordes de los
ríos o del Lago Titicaca en épocas de lluvias.
La articulación entre andenes, qochas y waru-warus permitía
reducir los impactos más negativos del clima, asegurando
la alimentación. Los andenes tenían las funciones
ya descritas, mientras que las qochas y waru-warus regulaban los
períodos de sequía e inundación. Los tres subsistemas
se articulaban a través de la captación y uso del
agua.
En el caso de las qochas, al agua almacenada permitía regar
los campos aledaños y proveer del recurso a los waru-warus
circundante. También servía de abrevadero a los animales.
Conforme se iba agotando el recurso, se cultivaba en círculos
concéntricos aprovechando la humedad del suelo, hasta llegar
al nivel inferior. Con ello, se continuaba proveyendo de alimento
humano y animal hasta la siguiente temporada de lluvias.
Los waru-warus no sólo servían para regular las inundaciones,
protegiendo a los cultivos con sus áreas elevadas. Su principal
función era reducir el efecto de las heladas, ya que el agua
de los canales emitía en la noche la energía solar
acumulada en el día, reduciendo el impacto del aire frío.
A su vez, el agua de los canales se infiltraba por capilaridad a
las raíces de las plantas, manteniendo la humedad requerida
por los cultivos. El camellón, por su mayor superficie de
exposición solar acumulaba la energía, como los andenes,
y la transmitía a las semillas.
Las culturas altiplánicas adaptaron también especies
y variedades para resistir las inclemencias climáticas. Por
ejemplo, la papa amarga, utilizada en la fabricación de "chuño"
y "moraya" (papas deshidratadas para almacenaje) desarrolló
una gran resistencia a las heladas, al igual que la "kañiwa",
un grano de elevada composición proteica.
4.3. Domesticación y mejoramiento genético de
plantas y animales
La reducción del riesgo climático en los ecosistemas,
permitió el uso adecuado de esos nichos biológicos
y el aprovechamiento eficiente de sus especies vegetales y animales.
A su vez, la domesticación y el mejoramiento genético
de especies y variedades servían como se ha visto, para enfrentar
el impacto ambiental.
Como señala Blanco, 1987, "...la diversidad ambiental
de los Andes ha originado, como es lógico, una profusa variabilidad
genética en la flora y la fauna, como resultado de un permanente
proceso evolutivo. La especialización de los ecotipos y la
subsiguiente radiación adaptativa han sido favorecidas, por
un lado, por la intensa radiación solar que caracteriza a
las altas montañas y por el otro, por el efecto aislante
de barreras físicas como los nevados...en resumen, los Andes
son un emporio de variabilidad genética".
Como Blanco destaca más adelante, en los Andes se domesticaron
más de 150 especies vegetales y cinco especies animales.
Entre los vegetales se encuentran 45 especies de granos, tubérculos
y leguminosas (como maíz, papa, frijoles, quinua, kiwicha,
oca, camote, pallar, olluco, tarwi o lupinus, etc.) y 45 especies
de frutas (como tomate, calabaza, pepino, tomate de árbol,
chirimoya, lúcuma, etc.).
Si bien la mayoría de las especies se han domesticado en
las zonas altoandinas, también las otras regiones naturales,
como la costa y la selva han producido sus propias especies y variedades.
Junto a la domesticación de especies silvestres, las culturas
andinas utilizaron técnicas de mejoramiento y remodelación
genética "...en cada una de las especies vegetales cultivadas
se han buscado variedades de mayor productividad, de ciclo vegetativo
más corto, resistentes a factores climáticos adversos
(como la helada, sequía o granizo), a diversidad de insectos
y a otros parámetros animales como las enfermedades; resistentes
a la salinidad; con características de sabor, textura, color
y otras cualidades organoléptica (Blanco, 1987).
Asimismo, "para conseguir avances de magnitud como los que
nos muestran los materiales mejorados andinos se requería
de un vasto acervo genético que sólo se puede conseguir
mediante colecciones varietales conocidas hoy en día como
"bancos de germoplasma", cuya función es, además
de concentrar una amplia base genética, la de preservar el
material de la erosión genética...la selección,
método de mejoramiento genético por excelencia, lo
que fue profusamente practicada en la obtención de variedades
de maíz, quinua, tarwi, frijoles, pallares, frutales y tubérculos"
(Blanco, 1987).
En relación a las especies animales, la domesticación
y el mejoramiento genético más importante fue la de
los camélidos sudamericanos, en especial la llama y la alpaca.
Estos animales, como lo ha mostrado la ciencia moderna, son los
que mejor se adaptan a las frágiles ecologías de las
praderas altoandinas. Probablemente incidió en su uso el
interés de los incas en controlar el transporte y la alimentación
de sus tropas o la producción de lana fina para la textilería
usada en los intercambios comerciales. De igual manera, la domesticación
del cuy o conejillo de indias, fue importante para la alimentación
familiar.
4.4. Uso y manejo del suelo y agua
El conocimiento de las características físicas, químicas
y biológicas del suelo por las culturas andinas se demuestra
en el manejo de la conservación, permeabilidad, textura y
fertilidad orgánica y mineral empleados en los andenes y
waru-waru.
En la construcción de andenes, la tecnología andina
empleó principios de infiltración, captación
y pérdida de calor por irradiación y convección
de fluidos, así como las prácticas mecánicas
que reducen la erosión. En relación a la fertilidad,
se usaron las rotaciones y las asociaciones, usando las especies
vegetales más adecuadas para aprovechar de mejor manera los
nutrientes naturales.
En relación al agua, la tecnología andina ha dado
muestras asombrosas de captación y conducción aún
no superadas en la actualidad. Según Blanco, 1987 "...en
los canales de riego sorprende la precisión de su trazo y
dimensionamiento, adecuados al mismo tiempo a un eficiente uso del
recurso hídrico y a una mentalidad protectora de la naturaleza
y las obras humanas...el uso de la gradiente, el diseño de
sección, la rugosidad, la conducción del agua a pesar
de la permeabilidad del terreno y otros criterios fundamentales
de la hidráulica contemporánea fueron empleados con
seguridad y maestría".
En los terrenos de secano, la conservación y uso del agua
de lluvia demandaron de técnicas agronómicas que aún
se usan, como las qochas del altiplano, la roturación del
suelo con la "chaquitaclla" o arado de pie (a fin de captar
y retener el agua después de la cosecha) o el uso del "wachu",
especie de surcos cóncavos elevados. Se utilizaban también
coberturas muertas y vivas de acuerdo al tipo y ubicación
de suelos, en especial en áreas desprotegidas o con escasas
lluvias, a fin de evitar la pérdida del agua y manejar la
humedad superficial.
4.5. Bases científicas de la planificación y
la tecnología andina
La descripción de los conceptos, las estrategias de planificación
y las tecnologías andinas adaptadas a las demandas del espacio
y el clima, nos muestran una información y un conocimiento
bastante sofisticado del medio ambiente, que no ha sido posible
aún reconstruir en su total riqueza en la actualidad.
No es posible separar la cosmovisión religiosa andina y el
sistema político del Imperio Inca, descentralizado y centralizado
a su vez. Sólo a través de un sistema de este tipo,
podría organizarse y sistematizarse en forma comparativa,
la información recogida por las etnias locales. De acuerdo
a múltiples estudios, el conocimiento era acumulado y transferido
por los "amautas", sabios andinos encargados de esta función
y por los "quipucamayoc", especies de contadores y recolectores
de información cuantitativa, registrada en los "quipus"
o cuerdas anudadas de colores cuya interpretación no ha sido
posible hasta hoy.
El manejo sincrónico y diacrónico de todas las variables
dentro de un espacio físico como las cuencas, exigía
una concepción e instrumentos analíticos de planificación
muy distintos a los usados hoy en día. Como lo señala
Jorge Ishizawa, 1990 "...el enfoque de planificación
heredado toma como paradigma la actividad industrial y concibe la
realidad a planificar dividiéndola en sectores que agrupa
en productos...la agricultura pampeana se adapta al paradigma industrial
a través de la artificialización de los sistemas de
producción...y una reducida variedad ambiental. En los Andes,
la existencia de una gran variedad de condiciones ambientales (hace
que) los supuestos del paradigma industrial para la planificación
agrícola estén ausentes".
La planificación y la tecnología agrícola andina
tienen sólidos fundamentos científicos, cuyo descubrimiento
y fundamentación están en camino. Por ello, Earls
señala que "...la planificación agrícola
en el complejo y heterogéneo ambiente andino (demanda) los
planteamientos de la cibernética pues esta es la ciencia
que se ocupa del manejo y control de sistemas altamente complejos...la
tecnología administrativa inca no puede comprenderse a través
de ninguna disciplina aislada" (Earls, 1989:11-13). Por su
parte Blanco, 1987 añade: "si se interpretan sin preconceptos
y con espíritu analítico los orígenes, las
causas y los efectos de las prácticas tradicionales (encontraremos)
explicaciones lógicas de su aplicación, perfectamente
encuadradas dentro de una racional utilización de los fenómenos
físicos, químicos y biológicos".
5. RUPTURA Y RECUPERACION DEL CONOCIMIENTO ANDINO
Uno de los impactos más negativos de la conquista española
en el Perú fue precisamente la desarticulación del
sistema inca de información y conocimiento acumulado por
siglos. La llamada "extirpación de idolatrías"
se concentró en la eliminación sistemática
de los sacerdotes, amautas, ingenieros y quipucamayocs incas, destruyendo
el sistema, pues estaba basado en la tradición oral.
La ruptura del sistema político y educativo centralizado
del imperio, impidió continuar con el proceso de sistematización
y experimentación que hemos descrito. La imposición
de un sistema político, económico y cultural diferente,
basado en realidades menos complejas y diversas, modificaron sustancialmente
el uso del espacio y de sus recursos naturales.
Por ejemplo, se abandonó el uso complementario de los pisos
ecológicos al priorizar sólo los valles y se talaron
los bosques en función de la explotación minera. Los
andenes, los sistemas de riego y las obras de infraestructura que
requerían de apoyo estatal fueron abandonadas, en beneficio
de otras prioridades.
Desafortunadamente, esta política tecnológica impuesta
por la Colonia, continuó vigente en la República,
aún hasta hoy. El resultado es el creciente deterioro de
los recursos naturales en las laderas y praderas altoandinas, al
incremento de los desastres naturales (huaycos, inundaciones, sequías)
antaño previsibles y la creciente erosión de los recursos
genéticos. El impacto de estos factores negativos en los
bajos rendimientos de cultivos y crianzas es evidente, lo que trae
consigo la pobreza rural, la inseguridad alimentaria y la migración
temporal o definitiva de los campesinos, hacia las zonas urbanas
en busca de trabajo.
La reforma agraria de 1969, si bien eliminó a la gran propiedad
terrateniente, no cambió el patrón tecnológico
impuesto. Se mantuvo la prioridad de inversiones en la costa y en
la selva, descuidando el manejo sostenible de las cuencas altoandinas
y marginando a las comunidades campesinas. Cuando en años
recientes (1985-1988) se priorizó la atención al llamado
"trapecio andino" para enfrentar la pobreza y la violencia
social, se concentró el esfuerzo en subsidiar créditos
e insumos agroquímicos, sin resultados positivos.
A pesar de esta situación, "...una parte significativa
de la base conceptual y empírica de la tecnología
andina se conserva en la práctica de las comunidades campesinas
en los Andes...como resultado de diferentes contextos socio-culturales
y de universos agroclimáticos variados" (Earls, 1989:15).
En efecto, los principales elementos tecnológicos andinos
superviven en el saber campesino, aunque dispersos y asistemáticos.
Como antes, son conocimientos transmitidos de generación
en generación para sobrevivir en las duras condiciones climáticas
y espaciales andinas. Sin embargo, carecen de registros consistentes
y de un sistema alternativo de centralización de la información
y de la investigación tecnológica que demuestre su
validez, perdiendo así, legitimidad frente al "conocimiento
oficial". Tampoco existe un sistema de planificación
que tome en cuenta la metodología sistémica y holística
antes descrita.
Es evidente que el marco político e institucional actual
es radicalmente diferente al existente en el incanato y no es posible
que vuelva a crearse algo parecido. La presencia del mercado, los
movimientos sociales emergentes, la descentralización política
y administrativa en curso añaden dosis de complejidad al
eterno reto del espacio andino que deben ser tomados en cuenta.
6. NUEVOS MARCOS INSTITUCIONALES PARA RESCATAR Y VALIDAR EL CONOCIMIENTO
ANDINO
En
los últimos años, diversas ONG han empezado a rescatar
y validar los principales elementos de la tecnología andina,
como parte de estrategias de desarrollo sostenible de parcelas y
cuencas y de combate a la pobreza rural. En algunos casos, se han
conformado redes de información y reflexión para sistematizar
las experiencias, a fin de formular propuestas, como la Comisión
de Coordinación de Tecnología Andina (CCTA), la Red
de Agricultura Ecológica, el PRATEC y la Red de Acción
en Alternativas en Agroquímicos (RAAA). Redes regionales
como CAME (Puno) y COINCIDE en Cusco han priorizado también
el mismo enfoque.
Algunos programas estatales, como el PRATVIR y el PRONAMACHS han
hecho lo propio, sobre todo en reconstrucción y construcción
de andenes y en la forestación. Universidades regionales
como Cajamarca y Cusco han sido pioneras en investigaciones sobre
la validez de la tecnología andina.
En todos los casos, los nuevos marcos de cooperación institucional
públicos y privados están dando los primeros pasos
de una labor estratégica. Al decir de John Earls: "...el
Estado y las instituciones privadas reasumen la responsabilidad
del cultivo en andenes. Luego de un lapso de 450 años se
han implementado programas de rehabilitación, creando una
situación análoga a la que experimentaron los cusqueños
en los albores del imperio incaico. Lamentablemente, el Estado no
cuenta con el conocimiento sistemático necesario para la
operación eficiente de la agricultura en andenes".
De acuerdo a diagnósticos oficiales, existen unas 2 millones
de hectáreas con andenes abandonados y en desuso en todo
el territorio nacional. En Puno, suman 80,000 las Há. de
waru-warus y qochas abandonadas. El esfuerzo de las instituciones
públicas y privadas y de las propias comunidades no ha llegado
a hacer operativo ni el 5% de toda esa inversión.
Por el contrario, se han priorizado inversiones millonarias para
recuperar tierras en la costa o ganarlas en la selva, a pesar del
impacto ecológico negativo en ambos casos: colmatación
de las presas costeñas y erosión del bosque tropical.
Se calculan en unas 200,000 há. el total de las tierras recuperables
en la costa mediante las grandes obras de irrigación, con
costos por há de US$ 20,000 o más. En contraste, la
reconstrucción de andenes, qochas y warus fluctúa
entre US$ 500 y 1,000 por há, con un impacto ecológico,
social y espacial mucho mayor.
Describamos a continuación algunas experiencias de recuperación
de ese conocimiento andino por las redes nacionales y regionales.
6.1. Gestión integral de cuencas (CCTA)
Desde 1986, la Comisión de Coordinación de Tecnología
Andina (CCTA) una red de 10 ONG peruanas, priorizó el enfoque
sistémico para el diagnóstico y la gestión
integral de las cuencas. De esa forma, englobaba en dicho espacio,
las distintas experiencias de manejo y conservación de suelos,
pastos, agua y forestación que venían ejecutando sus
socios.
Durante tres años, se organizaron diversos Seminarios y Talleres
con expertos nacionales e internacionales, dentro de una labor interdisciplinaria,
validando un enfoque y un instrumental metodológico propio.
Sin embargo, no se había cumplido con incorporar a los "dueños
de las cuencas" en, esta labor, es decir, las organizaciones
comunales.
A partir de 1991, se priorizan algunas cuencas andinas (Shitamalca,
en Cajamarca, al norte; Huancarmayo, en Cusco y Pilcomayo en Arequipa,
ambas en el sur), aplicando un enfoque sistémico al registro
de información sobre suelos, clima, agua, vegetación,
fauna, alimentación y factores socio económicos, con
la participación activa de campesinos y sus organizaciones
en cada espacio.
En 1993 se presentaron los primeros resultados del diagnóstico
a través de herbarios, mapas fisiográficos, análisis
de suelos, flujos de energía y estado de la oferta ambiental.
Se construyeron tres maquetas tridimensionales sobre cobertura y
uso actual y potencial de la tierra así como la visión
campesina sobre la cuenca.
A pesar del detalle empleado en el uso de las distintas variables
para la reconstrucción del espacio cuenca, hay diferencias
entre los modelos presentados por los profesionales y el presentado
por los campesinos. Para estos últimos, las maquetas y los
planos elaborados por los profesionales, reflejan una realidad estática
donde el concepto "tiempo" no es destacado, mientras que
para ellos, la combinación de tiempo, espacio y recursos
naturales debería arrojar maquetas y planos distintos y cambiantes.
De igual manera, los campesinos han destacado lo que ellos llaman
"su sueño", es decir, la visualización de
mediano y largo plazo en relación a su espacio. La priorización
de un manejo integral de los recursos y su repercusión en
la productividad agraria y el futuro de sus hijos, ha quedado evidenciado
con claridad.
En el plano social, el enfoque de cuencas está permitiendo
reestructurar las organizaciones campesinas, rescatando antiguos
principios de reciprocidad y complementariedad. En Cajamarca, por
ejemplo, se han creado los "Comités y Subcomités
de gestión de las cuencas", elegidos democráticamente
cada dos años y encargados de formular y ejecutar proyectos
colectivos. En base a estos organismos, se han conformado "mesas
de concertación" entre todos los usuarios de la cuenca
(campesinos, ONGs, empresas, proyectos públicos, etc.) para
la planificación agrícola.
Los avances, aunque importantes, adolecen aún de elementos
claves como un sistema ordenado de registro de variables microclimáticas,
de una mayor coordinación institucional para compartir las
metodologías y los resultados (sobre todo con otras ONGs
y programas públicos) y de instrumentos de planificación
adaptados al "manejo cibernético" del que hablaba
John Earls. El rescate y validación del conocimiento campesino
en materia de gestión de cuencas también necesita
mejorarse, sobre todo a nivel de la definición de indicadores
adecuados.
6.2. Recuperación y manejo de waru-warus (CAME, PIWA)
Desde 1988, las principales ONG de Puno crearon el Consejo Andino
de Manejo Ecológico (CAME), espacio para el intercambio de
información y para la reflexión sobre las experiencias
en desarrollo rural en el altiplano peruano.
El CAME priorizó la identificación, reconstrucción,
operación e investigación de los waru-warus con la
activa participación de los campesinos. Junto a otras instituciones
públicas, formó el "Programa Interinstitucional
para la revalorización de los waru-waru" (PIWA) que
permitió ampliar la sistematización de las experiencias.
Aprovechando fondos destinados a la emergencia social, las instituciones
del PIWA han promovido la reconstrucción de cerca de 500
Há en los últimos 5 años. En ese lapso, han
ido comprendiendo por el intercambio de información con los
campesinos, la articulación sistémica entre los warus,
las qochas y los andenes, antaño comprendidos como tecnologías
independientes. Diversas investigaciones han permitido entender
la relación entre el manejo del riesgo climático con
la mejora de otros aspectos: humedad, control de plagas y enfermedades,
fertilidad del suelo y tipos de especies más adaptadas (entre
ellas, la papa amarga).
El área reconstruida es muy pequeña en comparación
al total (80,000 há) y se encuentra dispersa en diversas
áreas. No es posible aún identificar cambios climáticos
importantes, aunque se ha validado como eficaz regulador microclimático
y como la mejor garantía de buenas cosechas en las condiciones
adversas del altiplano.
6.3. Conservación y uso de recursos fitogenéticos
Desde 1989, la CCTA identifica como una línea estratégica
de reflexión y acción conjunta, la conservación
y uso de los recursos fitogenéticos andinos. Reconociendo
la riqueza biológica del Perú, la existencia de genocentros
en determinadas provincias y de conocimientos y prácticas
campesinas en relación a la biodiversidad, la CCTA promovió
las "ferias de la diversidad".
Estas "ferias" se han llevado a cabo en Puno, Cusco,
Arequipa, Cajamarca y Piura y han permitido identificar tanto a
las zonas de diversidad como a los mejoradores campesinos; se ha
recuperado las formas tradicionales de descripción de variedades,
las causas y grados de erosión genética, los circuitos
de abastecimiento de semilla y las formas de conservación
y destino de las variedades nativas.
En el caso del Cusco, las cinco ONGs del consorcio COINCIDE han
desplegado un efectivo trabajo de identificación de 69 mejoradores
campesinos en cinco distritos con tradición en conservación
y mejoramiento genético. En cada uno de estos, se han encontrado
muestras entre 40 y 100 variedades y ecotipos de papa.
En Cajamarca, diversas instituciones, entre ellas ONG, la Universidad
de Cajamarca y el Instituto Nacional de Investigación Agraria
(INIA) han promovido experiencias de conservación de recursos
fitogenéticos. Para el caso del EDAC-CIED, por ejemplo, que
trabaja en 6 distritos en dos provincias de Cajamarca, se han identificado
165 conservadores campesinos y se han efectuado 13 ferias de diversidad.
Las muestras varían entre 15 y 50 variedades y ecotipos en
papa, 3 en quinua y 3 en habas.
Estas experiencias demuestran la viabilidad de la llamada "conservación
in situ", es decir aquella mantenida por el productor en sus
campos de labranza y que se diferencia de los bancos de germoplasma
"ex situ" de los centros de investigación. La razón
de esta práctica está en la necesidad de contar con
diferentes variedades para sembrar en los distintos pisos ecológicos
y tiempos, a fin de reducir el riesgo climático. También
en tener papa de calidad para los intercambios con otras comunidades.
La clasificación de las variedades y ecotipos está
basada en indicadores externos como tamaño, forma y color
del tubérculo, número de ojos, color de la flor, forma
de las hojas o el tallo, etc. También en el uso, el período
vegetativo, el sabor o la resistencia a las heladas. En todos los
casos, la mujer guarda un conocimiento y una función muy
especial tanto para la clasificación como para la conservación
de las semillas.
En cuanto a las formas de conservación, los campesinos usan
siembras de mezclas varietales que garanticen la diversidad genética,
siembra a partir de brotes, uso de la semilla botánica y
una adecuada complementación entre los pisos ecológicos
y los tipos de semillas.
7. CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES
La
tecnología agrícola andina es la propuesta agroecológica
más completa que se haya elaborado y aplicado en América
del Sur, pues, como hemos visto, no se queda sólo al nivel
de los componentes ubicados en la parcela, sinó se ha aplicado
en espacios mayores (cuencas, nación) dentro de una adecuada
relación entre macro y micro variables.
Sus bases científicas están en proceso de reelaboración,
faltando aún a las instituciones identificadas con ella,
desarrollar marcos conceptuales y metodológicos capaces de
aprehender la totalidad de su compleja dinámica. Los avances
efectuados hasta hoy son apenas los pasos iniciales.
El conocimiento y el saber de los campesinos andinos es tal vez
la principal fuente de información para reconstruir la lógica
de la tecnología andina. Desarrollar las metodologías
más adecuadas para rescatar y validar ese conocimiento, es
una "conditio sine qua non" para la revalorización
integral de la tecnología. En este esfuerzo, es necesario
separar lo real de lo imaginario e ideológico, propiciando
las innovaciones necesarias de las tecnologías, con la participación
directa de los productores.
Es necesario rediseñar los marcos institucionales para hacer
posible el encuentro entre la ciencia convencional y la tecnología
andina. Promover la concertación entre instituciones públicas
y privadas, así como con las organizaciones de productores,
tanto a nivel regional como nacional debería ser una estrategia
prioritaria, como así también, descentralizar la información
y avanzar en la homologación de metodologías y "bases
de datos".
La validación de la tecnología andina en la escena
contemporánea de globalización y competencia sólo
será posible si es útil para la proyección
del Perú y sus productores en ese espacio. La validación
e innovación de la tecnología andina debe ser capaz
de permitir un incremento adecuado de la productividad y la calidad
de los bienes agrícolas, para así articularse a los
mercados nacionales e internacionales. La ventaja comparativa del
Perú, su biodiversidad, debería permitirle ubicarse
en el cambiante mercado actual, pero haciendo mejoras tecnológicas
en los servicios y en la transformación de los productos.
"Vincular los nichos ecológicos de producción
con los nichos de demanda" y "proyectar calidad antes
que cantidad" podría ser la estrategia complementaria
para lograr la rentabilidad de la que hoy carece la agricultura
andina, y sin la cual no es posible conseguir el desarrollo y la
acumulación.
El reto es pues múltiple y acaso más complejo que
en el período inca. De la posibilidad de compatibilizar el
manejo racional de los ecosistemas con la competencia en el mercado,
dependerá la sustentabilidad de la agricultura andina en
el tiempo.
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BIBLIOGRAFIA
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andina" en Tecnología y desarrollo en
el Perú", Ediciones Comisión de Coordinación
de Tecnología Andina (CCTA).
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el control de las plagas en el Perú", en "Plantas
para proteger cultivos", Ediciones Red de Acción en
Alternativas al uso de Agroquímicos (RAAA).
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1986. "Evolución de la administración ecológica
inca", en "Andenes y camellones en el Perú",
Ediciones CONCYTEC.
Earls, John,
1989. "Planificación agrícola andina", Universidad
el Pacífico.
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climate data", Science, 105 (2727):367-368.
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Jorge, 1990. Comentarios al libro "Planificación agrícola
andina", en "Cuadernos Informativos", revista de
la CCTA N° 3, Diciembre 1990.
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