|
En
la mayoría de los círculos agrícolas científicos, se ha llegado
a la percepción general de que la agricultura moderna enfrenta una
crisis ambiental (Conway y Barbier, 1990). La raíz de esta crisis
radica en el uso de prácticas agrícolas intensivas basadas en altos
insumos que llevan a la degradación de los recursos naturales a
través de procesos de erosión de suelos, salinización, contaminación
con pesticidas, desertificación y pérdida de la biomasa, lo que
finalmente repercute en reducciones progresivas de la productividad.
La pérdida de rendimiento por plagas en muchos cultivos, a pesar
del incremento substancial en el uso de pesticidas es un síntoma
de esta crisis (Pimentel y otros, 1980). Es bien sabido que las
plantas cultivadas en monocultivos genéticamente homogéneos no poseen
las defensas necesarias para resistir o tolerar el impacto de poblaciones
de insectos fitófagos (Altieri y Letourneau, 1982).
Los
cultivos han sido seleccionados para altos rendimientos y alta palatabilidad
haciéndolos más susceptibles a las plagas. Por otro lado, la mayoría
de las prácticas agrícolas afectan negativamente a los enemigos
naturales, los que a su vez no encuentran los recursos ambientales
necesarios en los monocultivos para dar una respuesta funcional
efectiva (Price, 1989). Es así que mientras se mantenga el monocultivo
como estructura básica de los sistemas agrícolas, las plagas serán
el resultado de un espiral negativo que tiende a autorreforzarse.
El
desarrollo del concepto de Agricultura Sustentable es una respuesta
relativamente reciente a la preocupación por la degradación de los
recursos naturales asociada a la agricultura moderna. Hoy en día,
la problemática contemporánea de la producción agrícola ha evolucionado
de una dimensión meramente técnica a una de dimensiones más sociales,
económicas, políticas, culturales y ambientales. El concepto de
sustentabilidad es útil porque captura un conjunto de preocupaciones
sobre la agricultura concebida como un sistema tanto económico,
como un sistema social y ecológico. La comprensión de estos tópicos
más amplios sobre la agricultura requieren entender la relación
entre la agricultura y el ambiente global, ya que el desarrollo
agrícola depende de la interacción de subsistemas biofísicos, técnicos
y socioeconómicos. Este concepto ha provocado mucha discusión y
ha promovido la necesidad de realizar ajustes en la agricultura
convencional para que esta se vuelva ambiental, social y económicamente
viable y compatible (Edwards y col, 1990). La idea es desarrollar
agroecosistemas con mínima dependencia de altos insumos agroquímicos
y energéticos y que enfaticen las interacciones y sinergismos entre
los varios componentes biológicos de los agroecosistemas, mejorando
así la eficiencia biológica, y económica y también la protección
del medio ambiente (Altieri, 1987).
A
pesar de cientos de proyectos de investigación, del impulso que
se le ha dado al desarrollo tecnológico para lograr la sustentabilidad
agrícola, y las muchas lecciones que se han aprendido, el enfoque
sigue siendo dominantemente tecnológico, enfatizando por un lado
la biotecnología con el desarrollo de variedades transgénicas resistentes
a herbicidas u otros factores, y por el otro, una agricultura orgánica
de sustitución de insumos que promociona un reemplazo de insumos
agroquímicos tóxicos y caros, por insumos alternativos (biofertilizantes
y biopesticidas) más benignos ambientalmente. Estos enfoques no
hacen nada por ir a la raíz de los problemas ambientales de la agricultura,
ni cuestionan la estructura del monocultivo que es la base ecológica
de la inestabilidad de la agricultura moderna.
Aún
prevalece una visión estrecha enfocada sobre las causas específicas
que afectan la producción, por lo que la superación del factor limitante,
aún con insumos alternativos, continúa siendo el objetivo principal.
Esta visión no ha permitido a los investigadores apreciar el contexto
y complejidad de los procesos agroecológicos y socioeconómicos que
caracterizan el proceso de desarrollo rural.
En
este artículo se describen las bases agroecológicas que permiten
guiar el proceso de transición de una agricultura degradante a una
sustentable, especificando los objetivos y criterios de formas de
producción más armónicas con el ambiente. Se detalla además una
metodología para la conversión hacia un manejo agroecológico, así
como para la evaluación del estado de la salud ecológica de agroecosistemas
en proceso de conversión.
Alcances
teóricos de la agroecología
La
disciplina científica que enfoca el estudio de la agricultura desde
una perspectiva ecológica se denomina "agroecología" y se define
como un marco teórico cuyo fin es analizar los procesos agrícolas
del modo más amplio, permitiendo entender la problemática agrícola
en forma integral y holística. El enfoque agroecológico considera
a los ecosistemas agrícolas como las unidades fundamentales de estudio;
y en estos sistemas, los ciclos minerales, las transformaciones
de la energía, los procesos biológicos y las relaciones socioeconómicas,
los que son investigados y analizados como un todo (Altieri, 1987).
En
la búsqueda por reincorporar una racionalidad más ecológica a la
producción agropecuaria, los científicos y practicantes agrícolas
han ignorado un punto crucial en el desarrollo de una agricultura
más autosuficiente y sostenible: el entendimiento profundo de la
naturaleza de los agroecosistemas y los principios que gobiernan
su funcionamiento. En este sentido la agroecología se perfila como
una disciplina única que delinea los principios ecológicos básicos
para estudiar, diseñar, manejar y evaluar agroecosistemas desde
un punto de vista integral, incorporando dimensiones culturales,
socioeconómicas, biofísicas y técnicas.
A
la investigación agroecológica le interesa no sólo la maximización
de la producción de un componente particular, sino más bien la optimización
del agroecosistema como un todo. Esto tiende a reenfocar el énfasis
en la investigación agrícola más allá de las consideraciones disciplinarias,
hacia interacciones complejas entre personas, cultivos, suelo, animales,
etc.
En
la medida que se reconoce la necesidad de trabajar con unidades
mayores que el cultivo (por ejemplo una cuenca o una región agrícola)
y con procesos (por ejemplo el reciclaje de nutrientes), la especialización
científica aparece como una barrera para un entendimiento más integrado.
Aún cuando especialistas en varias disciplinas se juntan para estudiar
un sistema de producción, la comprensión integral se ve limitada
por la falta de un enfoque conceptual común. El paradigma agroecológico
provee este enfoque común y permite entender las relaciones entre
las varias disciplinas y la unidad de estudio: el agroecosistema
con todos sus componentes.
La
agroecología va más allá de una visión uni-dimensional de los agroecosistemas,
de su genética, edafología o agronomía, para abarcar una perspectiva
que interrelacione los niveles ecológicos y sociales de coevolución,
estructura y función de la agricultura. La agroecología estimula
a los investigadores a capitalizar en el conocimiento y habilidades
de los agricultores y a identificar el potencial ilimitado que resulta
de ensamblar la biodiversidad para crear sinergismos benéficos que
provean a los agroecosistemas de la capacidad de permanecer y aún
retornar a un estado innato de estabilidad natural. La agroecología
define los principios ecológicos necesarios para desarrollar sistemas
de producción sostenibles dentro de marcos socioeconómicos y culturales
específicos.
La
producción sostenible se deriva del balance apropiado de suelos,
cultivos, nutrientes, luz solar, humedad y de los sinergismos entre
organismos existentes. El agroecosistema es productivo cuando este
balance y las condiciones óptimas prevalecen y cuando las plantas
cultivadas son resilientes para tolerar el stress y la adversidad.
Alteraciones ocasionales se pueden superar con un agroecosistema
robusto, adaptable y lo suficientemente diversificado para recuperarse
una vez que el stress haya pasado. Ocasionalmente, medidas más fuertes
(p. ej. insecticidas botánicos, fertilizantes alternativos, etc.)
puede que sean necesarias para controlar plagas, enfermedades específicas
o problemas de suelo, pero la agroecología provee las directrices
para un manejo cuidadoso de manera de no dañar irreparablemente
al agroecosistema. Simultáneamente al enfrentamiento con la plaga,
enfermedad o deficiencia del suelo, el agroecólogo se esfuerza por
restaurar la resiliencia y vigor del agroecosistema. Si la causa
de la enfermedad, plago o degradación del suelo, se entiende como
desbalance, entonces el objetivo del tratamiento agroecológico es
recuperar el balance.
Pero
la protección y producción estables no son el único propósito de
la agroecología. De hecho, en el contexto de la agricultura campesina,
la sustentabilidad no es posible sin la preservación de la diversidad
cultural que ha nutrido a las agriculturas locales, y una producción
estable es sólo posible en el contexto de una organización social
que proteja la integridad de los recursos naturales y que estimule
la interacción armónica entre las personas, el agroecosistema y
el ambiente.
Entonces,
el objetivo fundamental de la agroecología es permitir a los investigadores,
estudiantes y practicantes de la agricultura, desarrollar una comprensión
más profunda de la ecología de los sistemas agrarios, de manera
de abrir las puertas a opciones de manejo adecuadas a los objetivos
de una agricultura verdaderamente sustentable.
La
agricultura sustentable hace referencia a un modo de agricultura
que intenta proporcionar rendimientos sostenidos a largo plazo,
mediante el uso de tecnologías de manejo que integren los componentes
del predio de manera de mejorar la eficiencia biológica del sistema,
la mantención de la capacidad productiva del agroecosistema, la
preservación de la biodiversidad y la capacidad del agroecosistema
para automantenerse y autorregularse.
Aunque
existen muchas definiciones de agricultura sostenible, varios objetivos
sociales, económicos y ambientales son comunes a la mayoría de las
definiciones:
a.
Producción estable y eficiente de recursos productivos.
b.
Seguridad y autosuficiencia alimentaria.
c.
Uso de prácticas agroecológicas o tradicionales de manejo.
d.
Preservación de la cultura local y de la pequeña propiedad.
e.
Asistencia de los más pobres a través de un proceso
de autogestión.
f.
Un alto nivel de participación de la comunidad en decidir la dirección
de su propio desarrollo agrícola.
g.
Conservación y regeneración de los recursos naturales.
Es
claro que no será posible lograr simultáneamente todos estos objetivos
en todos los proyectos de desarrollo rural. Existen intercambios
(trade-offs) entre los varios objetivos, ya que no es fácil obtener
a la vez alta producción, estabilidad y equidad. Además, los sistemas
agrícolas no existen aislados. Agroecosistemas locales pueden ser
afectados por cambios en los mercados nacionales e internacionales.
A su vez cambios climáticas globales pueden afectar agroecosistemas
locales a través de sequías e inundaciones. Además, los problemas
productivos de cada agroecosistema son altamente específicos del
sitio y requieren de soluciones específicas. El desafío es mantener
una flexibilidad suficiente que permita una adaptación a los cambios
ambientales y socioeconómicos impuestos desde afuera.
Una
característica importante de la sustentabilidad es la capacidad
del agroecosistema para mantener un rendimiento que no decline a
lo largo del tiempo, dentro de una amplia gama de condiciones. La
mayoría de los conceptos de sustentabilidad requieren a la vez,
un rendimiento constante y la prevención de la degradación ambiental.
Estas dos demandas, a menudo se perciben como si fueran mutuamente
incompatibles, ya que la producción agrícola demanda un nivel de
utilización de recursos mientras que la protección ambiental requiere
un cierto nivel de conservación (Conway y Babiere, 1990).
Los
requisitos básicos de un agroecosistema sustentable son la conservación
de los recursos renovables, la adaptación del cultivo al ambiente
y el mantenimiento de un nivel, aunque estable, de productividad.
Para enfatizar la sustentabilidad ecológica a largo plazo, más que
la productividad a corto plazo, el sistema debe (Altieri, 1987):
-Reducir
el uso de energía, la degradación de recursos y las pérdidas de
nutrientes.
-Emplear
métodos de producción que restablezcan los mecanismos homeostáticos
conducentes a la estabilidad de la comunidad, optimizar las tasas
de reciclaje de materia orgánica y nutrientes, utilizar al máximo
la capacidad multiuso del sistema y asegurar un flujo eficiente
de energía.
-Fomentar
la producción local de productos alimenticios adaptados al entorno
socioeconómico y natural.
-Reducir
los costos y aumentar la eficiencia y la viabilidad económica, fomentando
así un sistema agrícola potencialmente resiliente y diverso.
Desde
el punto de vista de manejo, los componentes básicos de un agroecosistema
sustentable incluyen: (Heilchel, 1987; Edwards y col., 1993).
1)
Cubierta vegetativa como medida efectiva de conservación del suelo
y el agua, mediante el uso de prácticas de cero-labranza, cultivos
con "mulch", uso de cultivos de cobertura, etc.
2)
Suplementación regular de materia orgánica, mediante la incorporación
continua de abono orgánico y compost incrementando la actividad
biótica del suelo.
3)
Mecanismos de reciclado de nutrientes mediante el uso de rotaciones
de cultivos, sistemas de mezclas cultivo/ganado, sistemas agroforestales
y de intercultivos basados en leguminosas, etc.
4)
Regulación de plagas asegurada mediante la actividad estimulada
de los agentes de control biológico, alcanzada mediante la manipulación
de la biodiversidad y por introducción y/o la conservación de los
enemigos naturales.
El
grado en que un agroecosistema aumenta en su sustentabilidad dependerá
básicamente de un manejo agroecológico que conlleve a la optimización
de los siguientes procesos (Altieri, 1987; Reinjtjes y col., 1992).
1.
Disponibilidad y equilibrio
del flujo de nutrientes: la productividad de una agroecosistema
está directamente relacionada con la magnitud del flujo, movilización
y conservación de nutrientes, lo que a su vez depende del suministro
continuo de materia orgánica y la promoción de la actividad biológica
del suelo.
2.
Protección y conservación de la superficie del suelo: el manejo
de la cubierta vegetal mediante el uso de cultivos de cobertura,
mulch, cero labranza, etc. que minimizan la erosión, es una medida
eficaz para la conservación del suelo y del agua. La cubierta protectora
debe además proteger al suelo de la oxidación u otro deterioro químico.
El
deterioro físico debido a la compactación y pérdida de estructura
producto de las precipitaciones, puede ser igualmente desastroso
reduciendo el potencial productivo. El cultivo continuado o la cubierta
con residuos de cultivo provenientes de sistemas manejados apropiadamente,
es crucial para mantener el potencial productivo.
3.
Utilización eficiente de los recursos de agua, luz y suelo: es importante
reducir al mínimo las pérdidas debido a los flujos de radiación
solar, aire y agua, por medio de un manejo del microclima, del agua
y del control de la erosión.
4.
Mantención de un nivel alto de biomasa total y residual: con el
fin de sostener la biología del suelo y la productividad animal
y vegetal es de vital importancia una fuente alta de carbono que
aporte energía y facilite la retención de nutrientes. Esto se logra
adicionando materia orgánica, con el uso de leguminosas, la integración
animal y removiendo en la cosecha una porción pequeña de nutrientes
en relación a la biomasa total.
5.
Explotación de la adaptabilidad y complementariedad en el uso de
recursos genéticos de animales y vegetales: esto implica la utilización
de variedades y razas autóctonas y rústicas adaptadas a la heterogeneidad
ambiental persistente y que responden a un manejo de bajos insumos.
6.
Preservación e integración de la biodiversidad: la eficiencia del
reciclaje de nutrientes y la estabilidad frente al ataque de plagas
y enfermedades al sistema, dependen de la cantidad y tipo de biodiversidad
presente, así como también de su organización espacial y temporal
(diversidad, estructural), y en especial, de sus interacciones y
sinergismos (diversidad funcional). Los agroecosistemas tradicionales,
especialmente aquellos en ambientes marginales, poseen a menudo
una estabilidad y una elasticidad significativa, como resultado
del alto nivel de diversidad estructural y funcional que se deriva
del uso de policultivos, sistemas agroforestales y sistemas mixtos
cultivos-animales.
Indicadores
de la Sostenibilidad
Hay
una necesidad urgente por desarrollar un conjunto
de indicadores de comportamiento (performance) socio-económico y
agroecológico para juzgar el éxito de un proyecto, su durabilidad,
adaptabilidad, estabilidad, equidad, etc. Estos indicadores de performance
deben demostrar una capacidad de evaluación interdisciplinaria (Conway,
1985). Un método de análisis y desarrollo tecnológico
no sólo se debe concentrar en la productividad, sino también
en otros indicadores del comportamiento del agroecosistema, tales
como la estabilidad, la sustentabilidad,
la equidad y la relación entre éstos.
El
desafío para la evaluación de la salud de los agroecosistemas es
asegurar un monitoreo equilibrado de la productividad y de la integridad
ecológica del sistema.
Históricamente,
la evaluación de los sistemas agrícolas se ha centrado en la cuantificación
de la producción de alimentos y fibras, y hasta cierto punto en
el estado y la condición del suelo, del agua y de los recursos relacionados.
El monitoreo del estado de los componentes o procesos biológicos
esenciales de los agroecosistemas ha sido hasta el momento extremadamente
deficiente. En un intento por desarrollar un planteamiento más holístico
para evaluar la condición agroecológica
de los agroecosistemas, es posible identificar tres parámetros de
evaluación de agroecosistemas que son capaces de expresar cuantitativamente
las dimensiones del cambio ambiental. Estos parámetros son: (Meyer
y col., 1992).
a)
Sustentabilidad:
Capacidad
para mantener el nivel de productividad de los cultivos a través
del tiempo, sin arriesgar los componentes estructurales y funcionales
de los agroecosistemas.
b)
Contaminación de recursos naturales:
Alteración
de la calidad del aire, agua y suelo causada por las prácticas agrícolas,
los insumos químicos o productos de los agroecosistemas.
c)
Calidad del paisaje agrícola:
Las
diversas formas en que los modelos agrícolas de uso de la tierra
modifican el entorno e influencian los procesos ecológicos.
Tabla 1
Asociación entre los parámetros de evaluación y los indicadores
(Mayor y col., 1992)
| Indicador |
Sustentabilidad |
Contaminación de
recursos naturales
|
Calidad del
paisaje agrícola
|
| Productividad del cultivo |
X |
|
|
| Productividad del suelo |
X |
X |
|
| Capacidad de retención
de nutrientes |
X |
|
|
| Erosión del suelo |
X |
|
X |
| Contaminación |
X |
X |
|
| Componentes microbianos |
X |
X |
|
| Uso de la tierra |
X |
|
X |
| Poblaciones de la fauna
silvestre |
|
|
X |
| Diversidad y abundancia
de insectos benéficos |
X |
|
X |
| Prevalencia de plagas y
salud del cultivo |
X |
|
|
| Estado de especies biomonitoras |
|
X |
|
| Cantidad y calidad del
agua para riego |
X |
X |
|
| Uso de agroquímicos |
X |
X |
|
| Diversidad genética y estado
de la biodiversidad |
X |
|
X |
Los indicadores que se consideran normalmente
para el monitoreo agroecológico y su asociación con los parámetros
de evaluación se describen en la Tabla 1. Entre estos destacan cinco
importantes indicadores para le evaluación inicial:
a)
Productividad del cultivo:
Este
indicador se evalúa estimando la eficiencia con que los insumos
lograr el rendimiento deseado, contabilizando además de los insumos,
los costos ambientales y productos beneficiosos o perjudiciales.
b)
Productividad del suelo:
Para
un recurso renovable como el suelo que necesariamente se degrada
al extraerle su riqueza, el nivel de uso máximo sustentable (MSU)
es equivalente a su tasa de renovación. Mientras la profundidad
del suelo sea mayor que la requerida por las raíces de los cultivos
y otras plantas, la pérdida del suelo tiene poco o ningún efecto
negativo sobre la productividad, no obstante, la productividad disminuye
cuando la profundidad del suelo es inferior a este umbral. Los costos
de pérdida del suelo por la erosión se tornan excesivos a medida
que el suelo se adelgaza más allá del umbral.
En
términos prácticos, la productividad del suelo estará determinada
por la capacidad para retener y reciclar nutrientes, la biota del
suelo, el grado de contaminación y la tasa de erosión.
c) Cantidad y calidad
del agua para riego:
Se
destacan dos aspectos:
1.
Los impactos de la cantidad de agua y su calidad sobre la condición
ecológica de los agroecosistemas regados
y
2.
Los impactos del manejo del agroecosistema sobre la cantidad y calidad
del agua.
d)
Abundancia y diversidad de insectos benéficos:
La
presencia y eficiencia de predadores, parásitos y agentes polinizantes.
e)
Uso de productos químicos en la agricultura:
Efectos
sobre la producción de los cultivos, la biodiversidad funcional
y los ecosistemas adyacentes.
f)
Diversidad genética:
Mantención
de la diversidad genética autóctona versus exótica
y las tasas de erosión genética del germoplasma local.
Utilizando
un conjunto de indicadores biofísicos y socioeconómicos es posible
evaluar y comparar tanto los atributos como la contribución potencial
para la sustentabilidad, en agroecosistemas bajo manejo convencional
v/s aquellos con un manejo agroecológico. Aún es difícil categorizar
y cuantificar muchos aspectos de la sustentabilidad agrícola, sin
embargo, en la Tabla 2 se ofrecen valores cualitativos para los
diferentes atributos, con lo cual es posible visualizar las ventajas
de los sistemas alternativos (NRC, 1989).
Tabla 2
Comparación de atributos biofísicos, sociales y económicos
entre agrosistemas convencionales y alternativos
| Atributos |
Agroecosistema
convencional
|
Agroecosistema
alternativo
|
| BIOFISICOS
|
| Capacidad de reciclaje
de nutrientes |
BM |
M-A |
| Capacidad de conservación
de agua y suelo |
B |
M-A |
| Nivel de biodiversidad |
B |
M-A |
| Estabilidad frente a plagas
y enfermedades |
B |
M-A |
| Almacenaje de carbono |
B-M |
A |
| SOCIALES
|
| Salud y nutrición |
B-M |
M-A |
| Viabilidad cultural |
B-M |
M-A |
| Aceptabilidad política |
M-A |
M-A |
| Equidad |
B-M |
M-A |
| Económicos |
|
|
| Dependencia de insumos
externos |
A |
B |
| Empleo |
A1 |
M |
| Ingreso |
A2 |
M |
B: bajo M: medio A: alto
1: estacional 2: no contabiliza extenalidades ni impacto sobre
recursos naturales
Los científicos del suelo han desarrollado una
metodología para la evaluación de la sustentabilidad de éste. Al
respecto, Lal, R., 1994, propone como primer paso identificar los
procesos degradativos actuales o potenciales del suelo, y las propiedades
de éste que serán afectadas por procesos como los de erosión, compactación,
degradación química y biológica, salinización, etc. (Tabla 3).
Tabla 3
Indicadores de la sustentabilidad influenciada por proceso
de degradación del suelo (Lal, 1994)
|
Procesos
|
Indicadores del suelo afectados
|
| Erosión acelerada
|
Carbón orgánico,
profundidad del suelo, agua disponible, capacidad nutricional |
| Compactación |
Densidad del suelo, porosidad,
tasa de infiltración |
| Degradación química |
Reducción en CIC, agotamiento
de nutrientes, eliminación biológica |
| Acidez |
Bajo de PH, decreciente
en situación de bases, concentración de Al. |
| Salinización
|
Incremento en
conductibilidad eléctrica, cambio en color del suelo debido
a salinización del carbono |
| Degradación biológica
|
Reducción en
contenido de materia orgánica y biomasa de carbono, reducción
de biodiversidad (poblaciones de lombrices, etc.) |
El
segundo paso consiste en reevaluar estos indicadores afectados por
los procesos modificadores del suelo, de acuerdo al tipo de uso
del suelo y a los sistemas de cultivo usados. Es claro que el tipo
y tasa de degradación están determinados por el uso y manejo del
suelo. Esto es importante para identificar las prácticas de conservación
(mulch, cultivos de cobertura, aplicación de materia orgánica, etc.)
que sirvan para mejorar y proteger la estructura del suelo, su biología,
su capacidad de retención de humedad, etc., así como los diferentes
mecanismos involucrados en el reciclaje de los nutrientes (Tabla
4).
Tabla 4
Principios básicos y opciones tecnológicas para mejorar el uso
sustentable de recursos del suelo (Lal,
1994)
| Estrategia |
Opciones tecnológicas |
| Mejorar estructura del
suelo |
Cultivos de cobertura,
mulching, labranza de conservación |
| Elevar contenido
de materia |
Aplicación de
estiércol, desechos orgánicos, abonos verdes y labranza de conservación |
| Reducir compactación |
Tracción animal, labranza
mínima, uso de eco-arados |
| Mejorar reciclaje
de nutrientes |
Aplicación de
materia orgánica, agroforesteria, cultivos múltiples, rotaciones
con leguminosas, integración animal |
| Manejar la acidez
del suelo |
Uso de variedades
tolerantes, aplicación de cal, adición materia orgánica y enmiendas |
| Manejo de salinidad
y alcanilidad |
Riesgos especiales
para mejorar lixiviación de sales, aplicación de enmiendas,
uso de cultivos apropiados |
| Mejorar fertilidad
|
Activación biológica
del suelo, reciclar desechos orgánicos, integración animal |
Como la
agricultura implica necesariamente un proceso de artificialización
ecológica, esta se asocia al agotamiento de algunos recursos. El
decrecimiento de la fertilidad del suelo, la erosión, la contaminación,
la pérdida de recursos genético, etc. son manifestaciones de las
externalidades de la agricultura. Además de implicar costos ambientales,
estas externalidades también implican costos económicos. En la medida
de que la degradación es más aguda, los costos de conservación son
mayores. Uno de los desafíos importantes, es entonces, analizar
estos costos ambientales como parte del análisis económico que se
realiza rutinariamente en operaciones agrícolas (Altieri y col.,
1994).
Uno de
los pocos intentos que se han hecho para cuantificar la economía
de la sustentabilidad agrícola es el estudio de Feath y col., 1991,
mediante el cual se comparó la economía de los sistemas de producción
alternativos y convencionales en Pennsylvania y Nebraska cuando
los recursos naturales son contabilizados, en especial, la depreciación
del suelo. Los autores utilizaron un método para la contabilización
de recursos naturales que, al utilizar datos económicos, puede proporcionar
mediciones cuantitativas de la sustentabilidad. La productividad
del suelo, la utilidad del predio, los impactos ambientales regionales
y los costos fiscales son todos incluidos dentro de este esquema
de contabilidad de los recursos naturales.

El
proceso de conversión agroecológica: una transición necesaria
Romper
el monocultivo implica un proceso de conversión paulatino que permite
la restauración de una biodiversidad funcional en los agroecosistemas.
Este proceso de conversión de un sistema convencional de producción
basado en el monocultivo y altos insumos, a un sistema que se basa
en insumos locales e internos del predio con un manejo diversificado,
no es meramente un proceso de eliminación de insumos externos sin
un reemplazo compensatorio o manejo alternativo que equilibre el
sistema. La agroecología provee las directrices para dirigir los
flujos y sinergismos naturales necesarios para sustentar la productividad
de un sistema de bajos insumos externos.
Este proceso
de conversión es de carácter transicional, compuesto de cuatro fases
(figura 1):
1. Eliminación
progresiva de insumos químicos.
2. Racionamiento
del uso agroquímico mediante el manejo integrado de plagas (MIP)
y nutrientes.
3. Sustitución
de insumos agroquímicos, por otros alternativos de baja energía
y de carácter biológico.
4. Rediseño
diversificado de los sistemas agrícolas con un óptimo equilibrio
de cultivos/animales, estimulando sinergismos de manera que el sistema
pueda subsidiar su propia fertilidad, permita también la regulación
natural de plagas y optimice la producción de los cultivos.
A lo largo
de las cuatro fases es necesario asegurar mediante el manejo que
se den los siguientes procesos:
1. Aumento
de la biodiversidad tanto el suelo como de la vegetación y fauna
benéfica asociada.
2. Aumento
de la producción de biomasa y del contenido de materia orgánica
del suelo.
3. Disminución
de los niveles de residuos de plaguicidas y de las pérdidas de nutrientes
y agua.
4. Establecimiento
de relaciones funcionales entre los diversos componentes agrícolas.
5. Optima planificación
de secuencias y combinaciones de cultivos y uso eficaz de los recurso
disponibles a niel local.
El objetivo
final de esta secuencia es lograr el establecimiento de un agroecosistema
sustentable que posea características similares a los programas
de un ecosistema natural maduro (Altieri, 1987);
- Alta
diversidad de especies y cadenas e interacciones tróficas complejas.
- Ciclos
minerales relativamente cerrados que atrapan nutrientes y evitan
su lixiviación.
- La razón
entre productividad y biomasa decrece y la energía se utiliza más
para la mantención del sistema que para la producción de biomasa
adicional.
- La mantención
de poblaciones estables de insectos, patógenos y maleza depende
de la diversidad y eficiencia de predadores, parásitos, competidores
y antagonistas.
- La descomposición
de la materia orgánica depende no sólo de la diversidad de microorganismos
e invertebrados, sino también de las complejas interacciones entre
los organismos del suelo.
Uno de
los desafíos más importantes de la transición es la de mantener
un equilibrio económico, de modo de facilitar a los agricultores
a absorber las posibles pérdidas iniciales en el ingreso por una
baja en los rendimientos. En algunos países desarrollados, ya se
cuenta con subsidios y otros incentivos que permiten a los agricultores
viabilizar sus sistemas productivos en espera de las ganancias futuras
que aseguran la conversión agroecológica.
Conversión
de viñedos de exportación a un manejo agroecológico: un estudio
de caso en Chile
"Los
productores de uva de mesa de exportación en Chile están interesados
en producir a bajo costo, uva de buena calidad, pero también hacerlo
con tecnologías ambientalmente sanas, ya que el consumidor extranjero
progresivamente tiende a preferir y a demandar alimentos libres de
residuos de todo tipo de agroquímicos. De esta manera, los exportadores
de uva de mesa tendrán la posibilidad de capitalizar en los mercados
verdes del Norte ofreciendo un producto limpio, satisfaciendo así
este creciente interés por el cuidado del medio ambiente y la salud
personal, obteniendo un valor agregado y disminuyendo los costos de
producción (Altieri y col., 1994)."
Usando
principios agroecológicos es posible desarrollar sistemas de producción
de uva que no requieren insumos externos ni productos agroquímicos
sintéticos. Utilizando tecnologías agroecológicas -como el uso de
leguminosas como coberturas y/o abonos verdes, aplicaciones de compost,
liberaciones de enemigos naturales para control biológico y otros
manejos conservacionistas de suelo y agua, así como el control cultural
de enfermedades- los viticultores pueden lograr producciones aceptables,
a menor costo económico y ambiental, obteniendo potencialmente un
sobreprecio por su uva libre de pesticidas.
De manera
de probar el potencial productivo de un manejo agroecológico en
viñedos chilenos, se inició un proyecto de investigación a tres
años, llamado "Aconcagua Verde", en el que bloques de varios viñedos
manejados con tecnología convencional, se someten a un proceso gradual
de conversión a un manejo diversificado y basado en insumos biológicos
y locales.
A partir
de Julio de 1993 se establecieron varios ensayos en parronales destinados
a producir uva de exportación para evaluar los efectos de tratamientos
alternativos de manejo de viñedos incluyendo:
- Uso
de la leguminosa Vicia atropurpurea como cultivo de cobertura.
- Aplicaciones
de estiércol de cabra localizado en las hileras de la parra o distribuido
homogéneamente en el suelo.
-
Liberación del parásito Pseudaphycus flavidulus y del predador
Cryptolaemus monstrouzieri.
- Control
de enfermedades (principalmente Botrytis cinerea) con azufre
y aplicaciones foliares de extracto de compost para estimular poblaciones
de antagonistas.
Esta experiencia
que se está llevando a cabo en el Valle del Aconcagua, contempla
las cuatro fases que requiere el proceso de conversión, sin embargo
el elemento de diversificación se inicia desde el comienzo con la
siembra de la Vicia atropurpúrea como cobertura. Esta flora funciona
como una especie de "mesa de control ecológica" (ecological turn-table)
en el agroecosistema al activar e influenciar cuatro procesos fundamentales:
estructura/fertilidad del suelo, biología del suelo, microclima
y regulación de plagas. La función ecológica de esta cobertura puede
incrementarse alternando un régimen de segado en un 50% de la superficie,
adicionando materia orgánica y creando un mulch en el suelo en el
área segada, y mantener la diversidad de artrópodos del viñedo en
el resto de las hileras con vegetación no segada.
A continuación
se resumen los efectos observados por la incorporación de la Vicia
y los manejos complementarios en los parronales, después de un año
de experimentación (Altieri y col, 1994).
a. En
los que se refiere a los efectos sobre los rendimientos y la calidad
de la uva, se puede señalar que si bien existió una variación marcada
en la producción de los diversos viñedos estudiados, en la mayoría
de los casos los rendimientos de uva fueron similares en los sistemas
comparados. Una notable excepción fue una parronal de variedad Ribier,
en el que el peso promedio de los racimos y el porcentaje de racimos
de la mejor categoría para exportación (categoría 1) fueron significativamente
mayores en el manejo orgánico.
b. La
cobertura adiciona cantidades importantes de biomasa que sirve como
fuente abundante de materia orgánica, esencial para activar la biología
del suelo y la mineralización de nutrientes. La incorporación de
la biomasa de una mezcla de vicia más avena, suple más del 75% de
los nutrientes (Nitrógeno, Fósforo y Potasio) teóricamente requeridos
por las variedades de uva Ribier y Thompson seedless. La aplicación
de guano de cabra a una tasa de 25 ton/ha por su parte, suple el
resto de los nutrientes, con la ventaja de que, por ser de liberación
lenta, el abono orgánico constituye una fuente continua de nutrientes
para la parra. Aunque después de siete meses el manejo orgánico
del suelo no influye significativamente sobre las características
del suelo en lo que se refiere al ph., conductividad eléctrica y
cantidades de macronutrientes, el contenido de materia orgánica
se incrementó sustancialmente en el sistema orgánico si se le compara
con el convencional.
c. Este
incremento en el contenido de materia orgánica, sumado al efecto
ambiental de la cobertura, estimula la mesofauna del suelo en forma
significativa, tal como lo indica la figura 2 en que la densidad
poblacional total de mesofauna (Oribatei, Tarsonemini, Acaridae,
Gemásidos y Prostigmata combinados) es significativamente mayor
a partir de los 50 días en los predios orgánicos que en los convencionales.
Por otra parte, aunque las poblaciones de mesofauna son mayores
en los sistemas con cobertura y estiércol, sus niveles descienden
a niveles mínimos -similares a los que se detectan en viñedos manejados
convencionalmente- desde el momento en que las coberturas se incorporan
al suelo. Sin embargo, los sistemas que mantienen una cobertura
permanente o mulch, exhiben poblaciones constantes durante toda
la estación.
d.
Para complementar en algunos viñedos el control natural del chanchito
blanco (Pseudococcus affinis), principal plaga de la uva
de mesa en el valle, se realizaron liberaciones mensuales del parásito
P. flavidulus en una dosis equivalente a 200 individuos/há.,
y cada quince días del predador C. monstruozieri a una tasa
de 10-15 larvas por planta. Los resultados obtenidos en el primer
muestreo en Octubre de 1993, no presentaron diferencias significativas
entre los tratamientos orgánicos y convencional para ninguna de
las cinco clasificaciones (estadios del ciclo de vida) de la plaga
-huevos, larvas, ninfas y adultos (hembras y machos) -lo que indica
que durante el período de colonización el chanchito blanco se encontraba
distribuido uniformemente dentro de las parcelas donde se realizó
el estudio.
A
partir de Enero de 1994, sin embargo, se encontraron diferencias
importantes entre los tratamientos convencionales y orgánicos para
las clasificaciones de este insecto; huevos, ninfas y hembras, las
cuales mostraron una población promedio mayor en el tratamiento
convencional (Figura 2). Cabe destacar que las tres categorías que
se encontró significativamente diferentes, representan el potencial
de daño más importante para la uva de mesa por parte del chanchito
blanco. Las masas de huevo representan el potencial de la plaga
para las futuras generaciones; las hembras, el potencial reproductivo
de la plaga; y las ninfas (junto con las hembras), el potencial
de daño plaga; ya que son éstas las que ascienden por la parra y
colonizan los racimos, provocando el principal daño de la plaga
sobre la vida de mesa.
Los
resultados señalan que el control biológico de la plaga es más eficiente
que las aspersiones de insecticidas, al menos para la primera parte
de la temporada a comienzos de Enero, lo que coincide con la segunda
generación del chanchito blanco.

Conclusiones
La
limitación principal que ha tenido la agronomía convencional, es
que al enfocar sus esfuerzos sobre una limitante particular de un
cultivo no ha sido capaz de generar soluciones a la causas de los
problemas y limitantes, ni tampoco de sugerir soluciones a problemas
que afectan al predio como un todo. Enfoques como el manejo integrado
de plagas (MIP) sigue siendo dominantemente tecnológicos enfatizando
por un lado la racionalización en el uso de insumos agroquímicos
mediante el monitoreo y el establecimiento de umbrales económicos,
o la sustitución de insumos que promociona un reemplazo de insumos
agroquímios tóxicos y caros, por insumos alternativos (biofertilizantes
y biopesticidas) más benignos ambientalmente. Estos enfoques no
hacen hada por ir a la raíz de los problemas ambientales de la agricultura,
ni cuestionan la estructura del monocultivo que es la base ecológica
de la aparición de plagas y de la inestabilidad de la agricultura
moderna.
Como
se ha enfatizado en este artículo, enfoques como el MIP constituyen
sólo una fase dentro del complejo proceso de la conversión de monocultivos
a sistemas biodiversificados
capaces de subsidiar su propia regulación biótica. Se ha enfatizado
que la conversión no es meramente un proceso de eliminación de insumos
externos, sin un reemplazo compensatorio o control alternativo que
los equilibre. Para dirigir los flujos y sinergismos naturales necesarios
para sustentar la productividad en un sistema de bajos insumos,
se requiere de un conocimiento ecológico considerable. Muchos de
los mecanismos específicos de muchos de estos fenómenos e interacciones
que se dan durante la transición necesitan aún de mayor estudio.
Por ejemplo, se sabe poco en relación a qué tipo
y cuánta biodiversidad es necesaria para estabilizar un agroecosistema.
En general, está bastante claro el comportamiento de algunos de
los componentes de los sistemas alternativos, pero en la mayoría
de los casos no se conoce bien cómo funcionan éstos sistemas como
un todo. Lo que sí es claro, es que de todos los procesos involucrados,
la mantención de la biodiversidad y de los mecanismos
de reciclaje de nutrientes son claves para el diseño de agroecosistemas
sustentables (Edwards y col., 1993).
Cuando
se examinan los problemas que confrontan el desarrollo y la adopción
de agroecosistemas sustentables, resulta imposible separar los problemas
biológicos de los socioeconómicos en la práctica agrícola. Muchas
veces las complicaciones sociales y las limitantes políticas, más
que los problemas técnicos, se transforman en barreras para cualquier
transición desde sistemas convencionales de altos insumos a sistemas
agrícolas que consumen poca energía y que conservan el medio ambiente.
Una estrategia
para lograr una productividad agrícola sostenida tendrá que hacer
mucho más que simplemente modificar las técnicas tradicionales.
Una estrategia exitosa será el resultado de enfoques novedosos de
diseño de agroecosistemas que integren el manejo en base a recursos
regionales y que operen dentro del marco de condiciones ambientales
y socioeconómicos imperantes. Las selecciones tendrán que basarse
en la interacción de factores como: especies de cultivos, rotaciones,
nutrientes y humedad del suelo, temperatura, plagas, cosecha y otros
procedimientos agronómicos; además tendrán que acomodarse a la calidad
del medio ambiente, la salud pública y promover el desarrollo socioeconómico
equitativo.
Estos
sistemas deberán contribuir al desarrollo rural y a la igualdad
social. Para que esto suceda, los mecanismos políticos deberán incentivar
la sustitución de capital por mano de obra, reducir los niveles
de mecanización y el tamaño predial, diversificar la producción
agrícola y hacer hincapié en la participación de los agricultores
y trabajadores en el proceso de desarrollo. Reformas sociales en
esta dirección proveerán los beneficios adicionales de aumentar
el empleo y reducir la dependencia de los agricultores en el gobierno,
el crédito y la industria. Es evidente, entonces, que los requisitos
de una agricultura sustentable engloban aspectos técnicos, ambientales,
institucionales y de cambios en políticas agrarias que provean los
incentivos necesarios para que los agricultores inicien la transición.

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