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La
necesidad de una Agricultura Sustentable
La
productividad de los sistemas agropecuarios, conjuntamente con
la conservación de los recursos naturales, es uno de los
mayores desafíos de la humanidad para las próximas décadas. En el
pasado era común la creencia en que los objetivos de la protección
ambiental y el desarrollo económico eran incompatibles (Lebel y
Kane, 1990). Sin embargo, la dicotomía entre productivismo y proteccionismo
ha demostrado ser una falacia. La protección del medio ambiente
y la promoción del desarrollo económico
no son desafíos independientes, especialmente
en los países de Latinoamérica,
donde el ritmo de crecimiento
poblacional es superior al de los países
desarrollados,
situación que exige aprovechar eficientemente los recursos naturales,
manteniendo su capacidad
productiva.
La
cuestión
central a lograr es una agricultura sustentable que sea económicamente
viable, suficientemente
productiva, que conserve la base de recursos naturales preservando
la integridad del ambiente a nivel local, regional y global (Sarandón
y Sarandón, 1993). Esta agricultura alternativa no es un sistema
en sí mismo, sino un enfoque, un modelo de enfrentar la producción
agrícola.
Por
parte de las Universidades, el tema de la sustentabilidad comienza
a ser considerado en forma institucional. Entre 1991 y 1993 se han
realizado reuniones con apoyo de la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO); la de Comisión
de Expertos de Universidades, asociadas a la Universidad Iberoamericana
de Post-grado (CIUP) en Julio de 1991 en Madrid; la del Consorcio
Latinoamericano sobre Agroecología y Desarrollo (CLADES) en Setiembre
de 1991 en Santiago de Chile y la Consulta de Expertos para la Educación
Agrícola Superior (CEEAS) en Roma en Diciembre del mismo año. En
Mayo de 1993, con apoyo de la FAO y el Instituto Interamericano
de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Asociación Latinoamericana
de Educación Agrícola Superior (ALEAS), se realizó la X Conferencia
Latinoamericana de Educación Agrícola Superior en La Plata, Argentina.
En
estas reuniones, aunque con algunas variantes, se trató el papel
de las Universidades e Instituciones de Educación Agrícola Superior
en el desarrollo de una agricultura sustentable.
La
Percepción del Problema
En
general, se puede afirmar, que existe conciencia de la situación
en algunas Universidades, donde comienza a reconocerse que el modelo
agroexportador y los postulados derivados de la Revolución Verde
están en crisis.
En
tal sentido (en el marco de políticas públicas muy favorables) se
considera que el incremento de la productividad agrícola ha estado
ligada siempre a una provisión masiva de insumos costosos, como
combustibles fósiles y otros subsidios (semillas híbridas, fertilizantes,
plaguicidas, etc.). Este hecho se ve reflejado en los niveles de
producción logrados en varios países en relación con los precios.
El uso intensivo de las tierras y el empleo de diferentes tipos
de tecnologías con uso de insumos químicos, además han originado
problemas de erosión de suelos y contaminación de las aguas. Esta
incidencia sobre el ambiente deberá ser absorbido por el hombre
en ultima instancia, sino se hacen esfuerzos para revertir esta
situación (CEEAS, 1991). En América Latina, el cuadro se ve agravado
debido al mal uso del suelo, que se traduce en erosión y pérdida
de fertilidad de la tierra, desertización, deforestación, degradación
de pasturas, salinización y alcalinización de áreas bajo riego,
además de la subutilización de las tierras agrícolas de buena calidad.
¿Cuál
es el Rol de las Universidades?
El
desarrollo sustentable plantea un problema político que transciende
a todos los niveles (internacional, regional, nacional y local)
e involucra a todos los estratos y sectores sociales.
La
Universidad está llamada a ocupar un lugar central en este desafío,
por el papel que tradicionalmente le ha cabido en nuestra
sociedad, respecto del desarrollo científico-tecnológico y de la
transferencia del conocimiento a través de sus acciones de extensión,
investigación y docencia.
Cualquier
estrategia
que busque ampliar la cobertura del impacto tecnológico en el sector
rural, deberá articularse con el sistema formal de enseñanza universitaria.
Por lo tanto, es claro que las Instituciones de Educación Agrícola
Superior deben jugar un rol principal en clarificar las diferentes
demandas de tecnologías de producción más apropiadas que considere,
por un lado, los conocimientos empíricos de los agricultores y,
por el otro, la agricultura moderna basada en el denominado "conocimiento
científico".
Cabría
preguntarse sin embargo: ¿Están preparadas las Universidades para
este desafío?
En
la Universidades se reconoce que, a nivel global (abarcando todas
las carreras, además de las relacionadas con el agro), el grado
de incorporación de la temática ambiental, es insuficiente (CIUP,
1992). Más específicamente, en la formación de profesionales agrarios,
coincide con el vacío existente en la formación de materias relativas
al desarrollo rural sustentable, haciéndose necesario ampliar las
posibilidades tecnológicas (tecnologías apropiadas) más allá de
las propuestas productivas actuales.
En
términos generales, se acepta también que, en las instituciones
de Educación Agropecuaria Superior, los avances tecnológicos de
la Revolución Verde o la tecnología convencional no han constituido
una respuesta adecuada a la totalidad de las situaciones (marcadamente
heterogéneas) que muestra el sector rural, principalmente de la
región, ya que éstas innovaciones no resultan siempre apropiadas
para su utilización por parte de las comunidades que se encuentran
ocupando tierras marginales o poco fértiles y que disponen de escasos
recursos.
El
desarrollo de estas tecnologías ha conspirado, además, contra la
posibilidad de profundizar y jerarquizar los conocimientos en ecología.
En general, las carreras agronómicas han estado orientadas a proporcionar
soluciones ingenieriles en agroecosistemas altamente intervenidos,
lo que ha ocasionado problemas ambientales de gran magnitud (CIUP,
1992).
El
descuido de las Universidades por considerar e investigar otros
enfoques para hacer agricultura, se puede ejemplificar con el caso
de la llamada agricultura orgánica, cuyo desarrollo se hizo al margen
del sistema científico académico de las Universidades, merced al
esfuerzo y experiencia de los productores, los que muchas veces
no encontraron eco o apoyo en las unidades académicas, pero sí en
algunas organizaciones no gubernamentales (ONG's). Ahora bien, más
allá del reconocimiento de la problemática como tal por parte de
las Universidades, se torna imprescindible enunciar una serie de
aspectos que actúan como condicionantes para pensar y elaborar una
propuesta de cambio.
En
este sentido, una cuestión central a ser considerada es la evolución
que ha seguido el progreso en el campo científico-tecnológico luego
de la 2a. Guerra Mundial. El aporte del capital privado transnacional
se ha incrementado notablemente en todo lo relacionado con la investigación
y desarrollo. Esto gracias a las ventajas que tiene el sistema capitalista
(a partir de las políticas neoliberales aplicadas en los últimos
años) de apropiación del excedente económico que generan los conocimientos
aplicados tecnológicamente.
El
conocimiento se privatiza o debería estar sujeto
a privatización: ese pareciera ser el sentido mayoritario de las
investigaciones. Por otra parte, las universidades en nuestra región,
en el marco de las políticas mencionadas, comienzan a desarrollar
la idea de "prestación de servicios" a usuarios del sector primario
o industrial. En este contexto, el "mercado" orientará las investigaciones,
será la demanda "real" la que se tendrá en cuenta. Así, una parte
importante del financiamiento universitario será aportado por las
empresas.
Sin
embargo, es necesario tomar conciencia de que aquellas universidades
que deseen optar por el desarrollo de una agricultura sustentable
deberán estar dispuestas a subsidiar los proyectos de investigaciones
en estas áreas, ya que difícilmente cuentan con la posibilidad del
apoyo de empresas. Para la realidad latinoamericana una agricultura
agroecológica, no sólo consiste en una agricultura orgánica, menos
contaminante sino que, dadas las particularidades de nuestra región,
necesariamente deberá ser de bajos insumos o ser capaces de sustituir
insumos externos de alto costo por otros locales de más fácil acceso.
Por
otra parte, es frecuente que el presupuesto global de las instituciones
no cuente con los recursos necesarios para atender las necesidades
de aquellos sectores que no pueden hacer frente al pago de tales
"servicios". Inclusive, parte de la inversión que las empresas efectúan
en investigación, puede tener como destino el desarrollo de ciertos
insumos o tecnologías llamadas "orgánicas o ecológicas", las que
a pesar de tal denominación, permiten la apropiación de excedentes
económicos sólo a nivel de la empresa gestora. Este es el caso evidente
de la biotecnología, en lo que respecta a la obtención de plantas
transgénicas con resistencia a plagas, que aparecen como la solución
ecológica a la producción agropecuaria. ¿Quién
financiaría entonces, aquella investigación vinculadas al desarrollo
teórico y metodológico o de manejo, cuyo resultado no es factible
de ser apropiado de la misma manera como en los casos mencionados?
Esto es algo que deberá tenerse en cuenta en las universidades que
deseen apoyar un cambio profundo en la dirección de la agricultura
sustentable.
A
su vez, hacia el interior de las instituciones suelen detectarse
un conjunto de dificultades que conspiran contra la posibilidad
de realizar algunas modificaciones tendientes a incorporar definitivamente
el enfoque agroecológico en el marco del desarrollo rural sostenible.
Así, pueden mencionarse, entre otras:
La
falta de flexibilidad de los planes de estudio, que impiden incorporar,
con suficiente agilidad, nuevas metodologías, enfoques y contenidos.
La
existencia de un importante número de docentes e investigadores
que continúan privilegiando sus líneas de trabajo de acuerdo al
prestigio que les dan ciertas publicaciones ya establecidas.
La
falta de un reconocimiento "académico" a todo aquello que se relaciones
con la agroecología o agricultura alternativa.
Hay
al respecto una sobrevaloración de la tecnología asociada a mayores
rendimientos con uso de altos insumos externos, que aparece aún
como el paradigma dominante. Las falencias en la formación de los
docentes jóvenes que pueden compartir nuevas ideas. La mayor simplicidad
que significa el planteo de los problemas desde una sola disciplina
(enfoque reduccionista).
Como
Lograr un Cambio en el Contexto Universitario
En
este contexto global cabe preguntarse:
¿Se podrá avanzar algo?
Para
abordar el tema de la agricultura sustentable con enfoque agroecológico,
debe partirse de un cambio de actitud de parte de los docentes e
investigadores.
Es
fundamental realizar acciones que favorezcan la toma de conciencia,
por parte de los profesores, del significado de la agroecología
y el desarrollo rural sostenible.
Es
necesaria la formación de profesionales con un perfil tal que posibilite
el análisis de los problemas con un enfoque sistémico y holístico,
de manera de establecer relaciones, entender los procesos que ocurren
y conocer su impacto sobre aspectos socioeconómicos. Para ello es
importante promover la integración de profesores, tanto de post-grado
como de grado, ligados a actividades docentes vinculadas con el
desarrollo sustentable, en proyectos interdisciplinarios de investigación
sobre esa temática. En este sentido, se torna inevitable una redefinición
institucional, en torno a la necesidad de dar un mayor reconocimiento
a este tipo de actividades y a quienes las realizan, poniéndolos
en un plano de igualdad y complementariedad con todo aquello que
se viene desarrollando convencionalmente.
El
nuevo enfoque requiere, además, una predisposición al trabajo interdisciplinario
en la convicción de que la creciente complejidad del agrosistema
no puede ser abordada exclusivamente por una sola disciplina (Sarandón
y Sarandón, 1993).
Definiendo
las Estrategias
En
lo que podría ser un acercamiento a las estrategias para alcanzar
los objetivos enunciados, tanto la Comisión Universidad Iberoamericana
de Postgrado (CIUP), como la CEEAS, consideraron preferible integrar
los aspectos ambientales y los conceptos de agricultura sustentable
en los cursos o cátedras ya existentes, en lugar de crear una asignatura
nueva. Por otra parte, en la Reunión CLADES/FAO, se consideró necesario
la incorporación dentro de los planes de estudio de las Facultades
de Ciencias Agrarias de América Latina de la asignatura de Agroecología,
la cual trataría los conceptos básicos de agricultura sustentable.
En la reunión del CLADES se detalló explícitamente los criterios
a seguir para la incorporación de la Agroecología al plan de estudios
y los contenidos mínimos que tal asignatura debería comprender.
Se considera que esta última propuesta es la más adecuada a nuestra
realidad, sin por ello dejar de reconocer con el CLADES, que el
curso de Agroecología debe "ser capaz de atravesar y difundirse
en el resto de las asignaturas y en la carrera en general". En la
X Conferencia Latinoamericana de Educación Agrícola Superior se
avanzó aún más y se sugirieron caminos específicos para que las
Facultades de Agronomía incorporen la agroecología, no como un curso
más, sino como un enfoque metodológico de la enseñanza.
Más
allá de las afirmaciones realizadas y de la coincidencia anterior,
resulta indudable destacar la necesidad de poner en práctica, en
cada caso, una estrategia que parta del análisis profundo de la
institución que intentará introducir tales modificaciones. Este
aspecto aparece como una cuestión medular, ya que las Facultades
presentan un alto grado de heterogeneidad en su dotación cualitativa
y cuantitativa de recursos, en su toma de conciencia, en el conocimiento
de la temática; factores todos de trascendencia al momento de contar
con una decisión política favorable para implementarla.
En
Latinoamérica se cuenta con algunas experiencias universitarias
en el desarrollo de cursos de formación en agroecología. Los más
antiguos son los de Colombia y Perú (con más de diez años de existencia)
aunque el primero está orientado exclusivamente a ambientes tropicales
y el segundo sólo abarca la temática de la conservación de suelos.
Se
observa, en general, una mayor presencia de los conceptos de la
agroecología en los países andinos: Perú, Bolivia, Colombia y Chile.
También existen cursos en Costa Rica y en México. En todos estos
países, donde hay cursos formales de agroecología desde hace más
de cinco años, se observa un componente muy importante de agricultura
tradicional indígena, el que es valorado positivamente en los programas.
La
Situación Argentina
En
Argentina la situación es distinta, ya que, en la mayoría de las
Facultades de Ciencias Agrarias, no existe un claro componente agroecológico
y, en algunas de ellas, ni siquiera la Ecología como asignatura.
Esto puede estar relacionado con la distinta realidad de nuestro
país, comparado con el resto de los países latinoamericanos. Al
respecto, en el libro "Juicio a Nuestra Agricultura", el Presidente
del INTA Ing. Félix Cirio, dice_ "la calidad de nuestros recursos
naturales, la baja presión poblacional y el sistema extensivo de
producción son, sin duda, factores determinantes de un nivel de
deterioro y contaminación relativamente menor que en muchos otros
países".
Existe
la necesidad de diseñar, estudiar y desarrollar sistemas productivos
apropiados, teniendo en cuenta que aquellos derivados de los postulados
de la revolución verde no siempre han demostrado ser exitosos en
las distintas realidades latinoamericanas. Argentina es uno de los
países latinoamericanos donde los postulados de la revolución verde
han tenido más éxito, por su parecido a los sistemas productivos
más desarrollados. Sólo cuando el uso irracional de algunas de éstas
prácticas ha comenzado a producir efectos sobre el ambiente (problemas
de erosión en la Pampa Ondulada, una de las más fértiles de nuestro
país) es cuando comienzan a valorarse y a escucharse los conceptos
relacionados con la agricultura sustentable. Sin embargo, no han
sido las universidades las encargadas de llamar la atención sobre
este aspecto, sino el INTA, inicialmente con la realización del
seminario "Juicio a Nuestra Agricultura" en noviembre de 1990, y
la posterior edición del libro del mismo nombre, el que prende la
luz roja sobre la problemática ambiental de los sistemas agropecuarios,
y, la necesidad de un nuevo modelo tecnológico. Asimismo puntualiza
que "debe ponerse mayor énfasis en la formación de profesionales
de la agronomía en relación con la temática de la sostenibilidad
de la agricultura".
Las
universidades tienen, entonces, una deuda con la sociedad que deben
tratar de saldar lo antes posible.
Las
Instituciones de Educación Agrícola Superior, con su alta credibilidad
profesional y científica deben jugar un rol fundamental en sensibilizar
a la opinión pública, incluyendo a políticos, productores y futuros
graduados universitarios. La implementación de los contenidos de
agricultura sustentable o agroecológica en las Facultades de Ciencias
Agrarias, debe tener en cuenta las distintas situaciones ecológicas,
sociales y económicas de las distintas regiones de nuestro país,
y adaptarse a las mismas. En este sentido los otros países latinoamericanos
nos llevan ventaja y tenemos mucho que aprender de ellos.
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BIBLIOGRAFIA
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la Pcia de B. Aires.
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