| INTRODUCCION
La
agricultura sustentable es un modo de producción agrícola que intenta
obtener producciones sostenidas en el largo plazo. Esto, a través
del diesño de sistemas de producción agropecuarios que utilicen
tecnologías y normas de manejo que conserven y/o mejoren la base
física y la capacidad sustentadora del agrosistema.
Uno de los grandes desafíos, que se enfrenta
al establecer sistemas de producción sustentables, es alcanzar una
utilización eficiente de los recursos propios del predio, lograr
maximizar las relaciones de complementariedad entre los componentes
del sistema, mejorar la base biológica y la viabilidad, económica
y técnica. Esto es posible, sin duda, a través de un diseño predial,
aspecto fundamental que permite aproximarse a los objetivos de sustentabilidad.
El propósito de este artículo es contribuir
a una comprensión holística de los sistemas de producción campesinos
y, a partir de ello, plantear principios para el diseño u ordenamiento
de estos sistemas que los acerquen a constituir unidades productivas
sustentables en el tiempo.
- CIENCIA MODERNA Y REALIDAD
La visión del mundo que predominó hasta la
llegada de la Revolución Científica fue la de percibir al cosmos
como algo de pertenencia, donde cada cual participaba e interactuaba
directamente con su medio. Este estado involucraba una coalición
o identificación estrecha con el ambiente.
Desde el siglo XVI en adelante el hombre fue
perdiendo, en su concepción más profunda, la visión cósmica, globalizante
y fenoménica de la naturaleza, sustituyéndola por una manera científica
moderna de percibir los acontecimientos, caracterizada por la comprensión
de los procesos a través del estudio de la materia y del movimiento,
con el fin último de manjar la naturaleza.
Al respecto, pareciera ser cierto, al observar
los acontecimientos ya finalizando el presente siglo, que la conciencia
científica es una conciencia alienada, donde no existe una asociación
ectásica con la naturaleza sino más bien una total separación y
distanciamiento de ella.
En este contexto, sujeto y objeto son siempre
vistos como antagónicos, donde finalmente la visión del mundo es
una sensación de no pertenencia: todo nos es ajeno, distinto, y
está separado de nosotros. Al cosmos no le importamos y no nos sentimos
parte de él.
La visión científica moderna del mundo contiene
una carga de inestabilidad inherente, lo que limitó severamente
su capacidad de sostenerse a sí misma. Durante más de noventa y
nueve por ciento del transcurso de la historia humana, el mundo
estuvo encantado y el hombre se veía a sí mismo como parte integral
de él. El completo reverso de esta percepción, en un período aproximado
de cuatrocientos años, ha destruido esa maravillosa continuidad
de experiencia humana y de integridad corporal y síquica que nos
relacionaba con la naturaleza (Berman, 1987).
El gran vocero de la ciencia moderna fue, sin
duda, René Descartres. Se ha llegado a llamar al en que de investigación
moderno "paradigma cartesiano", entendiendo como paradigma a las
realizaciones científicas universalmente aceptadas y reconocidas
que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y
soluciones a una comunidad científica (Khun, 1971).
Descares señala que, a través de una filosofía
práctica, en reemplazo de una "especulativa", se podía conocer la
naturaleza y la conducta de sus elementos, y, de esta manera, podríamos
hacernos amos y dueños de ella. En este contexto, señalaba que las
matemáticas eran el epítome de la razón pura, el conocimiento más
confiable de que podíamos disponer. La certeza era equivalente a
la medición y la ciencia en este sentido se fue convirtiendo en
"una matemática universal". Por lo cual, en el siglo XVII, se gesta
la convicción de que el mundo en su totalidad está ante nosotros
para que actuemos sobre él (Berman, 1987).
El método investigativo propuesto por Descartes,
se basa en, primero, el enunciado del problema, que inicialmente
será confuso y complejo. Segundo, dividir el problema en sus unidades
más simples, partes y componentes. Este segundo enunciado implica
el estudio aislado de cada componente de la unidad de estudio. Finalmente,
el método plantea que se puede rearmar la estructura total del objeto
de una manera lógica.
Hasta hoy, en muchos ambientes de la investigación
y centros de generación de conocimiento, se consideró que este método
era la única clave para el conocimiento del mundo.
Este método podría llamarse adecuadamente "atomístico",
en el sentido que el conocer consiste en subdividir una cosa en
sus componentes más pequeños, y la esencia de este atomismo, sea
éste material o filosófico, es que una cosa consiste en la suma
de sus partes constituyentes. Sin embargo, como veremos más adelante
en este artículo, este método no tiene validez para la explicación
de muchos sistemas de estudio, incluidos los sistemas de producción
agropecuarios. Esta afirmación es especialmente cierta cuando trabajamos
con sistemas productivos campesinos, donde es imposible comprender
la conducta global sin considerar de manera interrelacionada los
componentes constituyentes y sus complejas relaciones.
La identificación de la existencia humana con
el raciocinio puro, la idea que el hombre puede saber todo lo que
desea a través de su razón y de la lógica, incluye la suposición
de que la mente y el cuerpo, sujeto y objeto, son entidades radicalmente
dispares, donde el pensar nos separa del mundo que enfrentamos.
Sin embargo, la lógica y la cuantificación
presentan limitaciones sustantivas para describir a los organismos
(u objetos de estudio), sus interacciones y su organización interna
(Bateson, 1982).
Esta escisión mente-cuerpo era verdadera en
toda percepción y conducta: en el acto de pensar uno se percibe
a sí mismo como una entidad separada "aquí adentro" confrontando
las coas y sucesos de "allá afuera". Esta dualidad yace en el corazón
del paradigma cartesiano (Berman, 1987).
Con los inicios de la Revolución Industrial,
en la segunda mitad del siglo XVIII, la revolución científica fue
reconocida en su verdadera magnitud y alcance, y es en el presente
siglo que el paradigma cartesiano logra gran impacto, intensidad
y difusión.
Por otra parte, si nos remontamos a la enseñanza
que recibimos desde la edad escolar, encontramos influencias marcadas
que nos dirigen a pensar en las cosas y acontecimientos como entes
separados, sin relación alguna. Por ejemplo, la carga atomista que
conlleva el aprender el significado de un sustantivo (nombres personales,
lugares, cosas) ó de verbos (palabras que indican acciones determinadas),
nos llevan implícitamente a entender que la manera de conocer y
definir algo es hacerlo mediante lo que supuestamente son en sí
mismo, no mediante su relación con otras cosas (Bateson, 1982).
Nadie nos enseña sobre la conexión de las cosas; que todo objeto
de estudio y toda comunicación exige un contexto, y que sin contexto
no hay significado.
- EL ENFOQUE DE SISTEMAS Y LA PRODUCCION
AGROPECUARIA
A partir de los antecedentes analizados podemos
ahora focalizar nuestra mirada hacia un nivel más concreto de análisis
de la evolución científica y su relación y aplicación con los sistemas
agrícolas, lo que, finalmente, constituye el asunto que nos interesa
abordar.
En rigor, entonces, podemos afirmar que la
ciencia moderna para conocer, aprehender e intervenir la naturaleza,
ha utilizado el enfoque cartesiano-reduccionista, el que
divide y subdivide la realidad en partes independientes entre sí,
cada una de las cuales pasa a constituir unidades elementales de
investigación. De esta manera, la ciencia, a través de un método
de investigación atomista, plantea aproximarse a la comprensión
de los procesos observados.
Al respecto Von Bertalanffy (1968), planteó
que la aplicación del procedimiento analítico de investigación,
que caracteriza al enfoque reduccionista, sólo es pertinente de
ser aplicado si se cumplen dos condiciones: La primera es que la
interacción entre las partes constituyentes del objeto sea igual
a cero, o que el grado de interacción sea tan bajo y débil, que
pueda ser despreciada en términos analíticos. Sólo de esta manera
es posible separar los componentes o partes del objeto para estudiarlos
aisladamente, en forma lógica y matemática. La segunda condición
señala que las relaciones que describen el comportamiento de las
partes sean lineales: sólo de esta forma queda satisfecha la condición
de aditividad, de manera que una ecuación capaz de describir la
conducta de la totalidad del objeto tiene la misma forma que las
ecuaciones parciales que describen la conducta de las partes. Así,
los procesos parciales pueden ser superpuestos para obtener el proceso
total.
Por otro lado, a medida que los objetos o sistemas
de estudio van siendo más complejos, es decir, están constituídos
de mayor número de partes, las inter-relaciones entre ellas son
más complejas y, la variedad aumenta (entendiendo como variedad
al número de estados distintos capaces de alcanzar un sistema o
un componente). La explicación a los fenómenos observados a través
de sus conductas sólo es posible de describir si incluimos en el
análisis al entorno que los rodea y sus complejidades internas.
Estas afirmaciones cobran real importancia
al trabajar con agrosistemas, los cuales se caracterizan por ser
altamente complejos y establecer, en su interior, relaciones estrechas
entre sus componentes, lo que deja fuera toda posibilidad de estudio
reduccionista o rubrista para explicar los fenómenos que ocurren
en el sistema de interés y para plantear cambios aplicables y eficaces.
Por lo cual, mientras, una corriente considerable
de la ciencia moderna se esmera por explicar el comportamiento de
los fenómenos que se observan, reduciéndolos a unidades o subunidades
independientes y autónomas unas de otras, se plantean también, por
otra parte, enfoques para el conocimiento que incluyen a la totalidad
de lo estudiado. Es decir, se plantean problemas de organización,
fenómenos no descomponibles en acontecimientos locales independientes,
con interacciones dinámicas manifiestas en la conducta de las partes
o en una configuración superior de varios órdenes, no comprensibles
por la interpretación de sus respectivos elementos aislados.
La Teoría General de Sistemas, a través de
su enfoque holístico e integrador, se presenta como una herramienta
científica para el conocimiento del comportamiento de los objetos
dinámicos con interés de estudio. Esta teoría ha sido aplicada en
diferentes disciplinas: cibernética, informática, ingeniería de
sistemas, teoría de decisiones, etc.
Este concepto fue desarrollado inicialmente
en las ciencias biológicas alrededor del año 1925 por el biólogo
L. Von Bertalanffy, a partir de sus trabajos sobre los sistemas
biológicos abiertos. Sin embargo, sus ideas en este entonces no
tuvieron una acogida favorable en los ambientes científicos. Sólo
después de la Segunda Guerra Mundial su teoría conquista el espacio
que se merece. Desde hace alrededor de 25 años comienza ase aplicado
con cierta importancia en las ciencias agrícolas.
Un enfoque sistémico de investigación nos permite,
por un lado, acercarnos a la comprensión de los eventos relevantes
que se dan en un proceso productivo y, por toro, formular en forma
correcta (o lo más aproximada posible) alternativas técnicas aplicables
y reproducibles, que mejoren la producción y eficiencia de transformación
en estos sistemas, ampliando las posibilidades para diseñar mejores
opciones de producción a través de una comprensión integradora y
global.
Para comprender las aplicaciones de la Teoría
General de Sistemas es vital contar con un criterio compartido sobre
qué entendemos por Sistema (nuestra unidad de estudio) y cuáles
son sus características. Para ello, describiremos primero algunas
definiciones básicas.
- Sinergia
Este concepto establece que el examen de una,
o incluso de todas las partes constituyentes de un sistema en estudio,
no puede explicar la conducta de su totalidad. Dicho de una forma
más directa, y como señaláramos anteriormente, la suma de las partes
es diferente al todo.
Es fundamental poder conocer las partes y componentes
de la unidad y comprender sus interrelaciones, con el fin de aproximarnos
a su comprensión.
Por lo tanto, si un objeto de estudio posee
dentro de sus características la sinergia, como es el caso de los
sistemas de producción agropecuarios, el enfoque de análisis reduccionista
será incapaz de explicar su comportamiento. Si no consideramos esta
simple afirmación podemos conducir nuestro proceso de conocimiento
o investigación a errores graves e invetablemente a fracasos (Siau,
1993).
- Recursividad
Esta definición indica que todo sistema está
compuesto a su vez por otros sistemas menores (subistemas). Además,
el sistema en estudio puede ser parte de un sistema mayor y entonces
pasa a constituirse también en un subsistema.
- Jerarquía
Un sistema jerárquico es aquel que se encuentra
compuesto por otros sistemas (subsistemas) interrelacionados, cada
uno de los cuales es a su vez jerárquico respecto a los otros, hasta
alcanzar algún nivel inferior de subsistema elemental.
Esta definición implica la idea de niveles,
que son ocupados por sistemas (o subsistemas), y donde los de más
abajo están contenidos en los de niveles superiores.
Estos dos últimos conceptos son importantes
en el campo agropecuario, ya que cualquier estímulo que se inicia
en el nivel superior debe necesariamente continuar en el nivel que
le sucede (Johansen, 1985). Esto exige considerar las relaciones
relevantes que existen entre el sistema de producción y el entorno
que actúa sobre él (Figura 1).

Además, para el estudio de un objeto de interés,
debemos considerar las relaciones que se establecen tanto entre
sus componentes como entre éstos y los componentes que se ubican
en niveles vecinos, superior e inferior. Incluir o considerar elementos,
relaciones y eventos que ocurren en niveles jerárquicos lejanos,
más bien complejizan el análisis y debilitan el éxito de los objetivos
planteados.
Un Sistema es, entonces, un arreglo
de componentes físicos unidos o relacionados en forma tal que forman
y actúan como una unidad y un todo, y que tiene un objetivo.
Si no consideramos los objetivos, dentro de
la definición de nuestro sistema de interés, nos estamos refiriendo
más bien a un ensamble (conjunto de elementos relacionados), a partir
del cual, en rigor, sólo podemos obtener un resultado descriptivo,
perdiendo la posibilidad de lograr con nuestro estudio resultados
prescriptivos con aplicación práctica (Aguilar y Cañas, 1991; Aguilar,
1992) (Figura 2).

A partir de la definición dada para un sistema
genérico, podemos definir a un sistema agropecuario como aquel que
tiene a los menos uno de sus componentes u objetivos con dimensión
agrícola. Sin duda esta definición es muy amplia, pudiendo abarcar
desde circuitos nacionales o continentales de insumos o productos
agropecuarios, hasta un micro proceso fisiológico observable en
una planta o en un animal.
La amplitud de aplicación de este concepto
también se ve expresada en los diferentes niveles de investigación
donde se realizan los estudios en sistemas de producción agrícola.
Al respecto, Dent (1975) señala que existen 4 grandes niveles donde
se han desarrollado las investigaciones en sistemas, a saber:
Nivel 1: Sistemas bioquímicos y físicos.
Nivel 2: Sistemas de plantas y animales.
Nivel 3: Sistemas comerciales de explotaciones.
Nivel 4: Sistemas agrícolas nacionales
e internacionales.
En todo sistema es posible distinguir subsistemas
(principio de recursividad). Los subsistemas constituyen cada una
de las partes de un sistema. Están formados por un conjunto de interrelaciones
estructurales y funcionales que los vinculan directamente con el
sistema mayor y poseen sus propias características. Es decir, son
sistemas más pequeños contenidos en sistemas superiores.
Pero, no todas las partes constituyentes de
un sistema pueden ser consideradas y tratadas como subsistemas.
Al respecto, Valderas (1988) indica algunas funciones que debieran
cumplir las unidades para ser consideradas sistemas o subsistemas.
Brevemente, son las siguientes:
- Función de Producción: Relacionada con el
uso de los recursos y su transformación en productos, con la mayor
eficiencia posible. Para el caso agropecuario, esta función estará
dada por la producción vegetal, animal y de subproductos agropecuarios.
- Función de Apoyo: Provee al sistema de los
insumos necesarios para el cumplimiento del proceso de producción.
Además, exporta los productos al medio con el fin de volver a
ingresar los insumos necesarios. Es decir, relaciona al sistema
con su medio ambiente.
- Función de Mantención: Permite que los elementos
del sistema permanezcan dentro de él y se comporten dentro de
rangos que no amenacen su sobrevivencia.
- Función de Adaptación: Encargada de que
el sistema actúe adecuadamente frente a los continuos cambios
provocados por el medio ambiente.
- Función de Dirección: Encargada de la coordinación
de las funciones y de la toma de decisiones, para el cumplimiento
de los objetivos propuestos.
La descripción de funciones hecha por Valderas
no deja de ser un tanto teórica. No obstante, nos orienta acerca
de los roles que le corresponden a los sistemas para ser considerados
como tales.
Por otro lado, si afirmamos que un subsistema
necesariamente debe ser viable, es decir, tener la capacidad
de adaptación y de sobrevivencia en un medio de permanente cambio,
el concepto de viabilidad puede ser considerado también como un
criterio más para determinar si un elemento es o no un subsistema.
Profundizando esta idea, Beer (1973) señala
que un sistema es viable, si cumple con tres características básicas:
- Ser capaz de autoorganizarse, o sea, mantener
su estructura y ser capaz de modificarlas de acuerdo a las necesidades
o estímulos.
- Ser capaz de autocontrolarse, es decir,
poder mantener el valor de las variables fundamentales dentro
de límites de normalidad para el sistema.
- Tener un grado de autonomía suficiente,
o un cierto grado de libertad e independencia que permita mantener
las variables fundamentales.
La determinación de los límites de cada
subsistema es compleja. Es difícil aislar los elementos y los aspectos
propios del subsistema ya que existe un permanente intercambio y
relaciones con el medio externo y con otros subsistemas. Además,
muchas de estas interrelaciones son de causa y efecto, con lo que
se producen modificaciones en el tiempo.
Sin embargo, es posible usar dos conceptos
para la definición territorial de un sistema. Primero, el supersistema
que lo contiene y segundo, los subsistemas que lo componen. Esto
significa definir al objeto de estudio en relación a su medio y
a sus componentes. Esta idea viene a recalcar que, para conocer
un sistema productivo, hay que conocer las relaciones con su entorno
y su funcionamiento interno.
Otro criterio de ayuda para la definición de
los límites la encontramos en el concepto de sinergia-organización.
A través de éste, podemos definir y establecer cuáles son los elementos,
subsistemas, factores y relaciones que son posibles de eliminar
sin que se afecte, altere o elimine la organización que caracteriza
al funcionamiento del sistema examinado (Berdegué, 1984).
No obstante, la definición de los límites requiere
siempre de un esfuerzo importante de buen criterio y de conocimiento.
Las relaciones que se producen entre
los subsistemas, son esencialmente de intercambio o de transferencia.
Al respecto hay que destacar al menos dos tipos de relaciones que
se producen en función de los factores que son transferidos. Las
primeras son las relaciones de Complementariedad, donde los
subsistemas se complementan en el uso de los factores, y las segundas,
las relaciones de Competencia, en la cual los subsistemas
compiten por el uso de factores limitantes.
Para el caso de agrosistemas, la definición
de los límites y la identificación de las relaciones fundamentales,
nos permite identificar y definir las subunidades donde interesa
priorizar los esfuerzos de investigación y trabajo. Por otro lado,
nos ayuda a identificar las relaciones relevantes que ocurren entre
cada componente y determinar cuáles son las que podemos potenciar
internamente de manera sinérgica en función de los objetivos propuestos.
Todo sistema esta constituido de estructura,
definida por los componentes y el arreglo espacial entre éstos,
y función o comportamiento, dada por los flujos que entran
y salen del sistema.
Johansen (1979), conceptualiza el funcionamiento
de un sistema a través de la descripción de elementos o característica
que se dan en él.
- Corrientes de Entrada: Representa la importación
de energía al sistema (materiales, recursos financieros, recursos
humanos e información).
- Proceso de Conversión: Representa la transformación
de la energía ingresada en energía de producción, en función de
los objetivos planteados.
- Corrientes de Salida: Representa la exportación
que el sistema hace, a través de un producto, hacia el medio externo.
- Comunicación de Retroalimentación: Es la
información que indica cuán diferente es la conducta que desarrolla
el sistema, respecto a los objetivos propuestos, y que es introducida
nuevamente al sistema con el fin de hacer las correcciones necesarias
para la consecusión de objetivos (Figura 3).

La complejidad de un sistema está determinada
por el grado y cantidad de interacciones entre las partes y subsistemas
y el grado de variedad de los mismos. Al respecto, podemos afirmar
que los sistemas de producción agropecuarios son altamente complejos,
dando su alto número de variables participantes en el proceso y
sus numerosas inter-relaciones.
Por otra parte, los sistemas agropecuarios,
como sistemas ecológicos, no pueden actuar más allá de los límites
que les imponen los procesos fisiológicos que ocurren dentro de
sus componentes y subsistemas. Estos, a su vez, están limitados
por la competencia con otros componentes y por las características
del entorno exterior (Hart, 1979; 1990).
A partir de los conceptos revisados es posible
afirmar que el comportamiento de las unidades de producción agropecuaria
responde a un funcionamiento de carácter sistémico. Esta aseveración
la podemos sintetizar en los siguientes enunciados:
- Las unidades de producción presentan objetivos
globales, es decir, objetivos sistémicos.
- Tiene sinergia y organización.
- Poseen características recursivas.
- Tienen jerarquía.
- Tienen estructura y funcionamiento.
- Presentan interrelaciones y vinculaciones
entre los componentes, los subsistemas, y el sistema global.
- Tienen permanencia en el tiempo.
Ahora bien, para acercarse a los objetivos
definidos para cada unidad productiva, y para que éstos se logren
con la mayor economía y eficiencia en relación a los recursos, los
modelos de transformación que se propongan deben tratar de cumplir
y conjugar algunos atributos sistémicos, características
generales que definen la estructura y funcionamiento de cada sistema
en particular. Al respecto, Gastó (1979) plantea tres atributos:
- Balance: Decimos que un sistema está
balanceado si sus elementos componentes están presentes en cantidades
relativas adecuadas para la consecución de las metas.
Lo que quiere decir este atributo se puede
representar en el concepto agroecológico de diversidad-estabilidad.
Es decir, para poder tener una mayor estabilidad tanto técnica (productiva,
sanitaria) como económica, a nivel predial, es importante, por ejemplo,
balancear los componentes animales y cultivos dentro del sistema,
y aprovechar así los beneficios recíprocos de sus interrelaciones.
- Armonía: Indica si un sistema está
funcionando en forma sincronizada o no, o, dicho de otra manera,
si existe un ritmo adecuado entre los diversos procesos o eventos
que se producen en el ámbito de acción predial.
- Estilo: Señala si el sistema se está
desarrollando, o no, en favor de la consecusión de los objetivos.
Es decir, si su estructura y funcionamiento son tales que hacen
factible la materialización del proyecto trazado por el productor.
Por otra parte, se deben considerar, además,
atributos del comportamiento del sistema que reflejen su totalidad,
tales como la productividad, estabilidad, sustentación y la relación
entre éstos.
- Productividad: representa una medida
de la cantidad de producción por unidad de superficie, trabajo
invertido o insumos utilizados. Generalmente, es medida en cantidad
anual de productos, y representa la eficiencia de uso de los insumos
en el proceso de transformación (Conway, 1986).
De esta manera, uno de los objetivos que debiera
alcanzar todo proceso de producción es producir el máximo de productos
invirtiendo el mínimo de esfuerzo económico y/o energético, lo que
en su acepción más general podríamos llamar Eficiencia de un Sistema
Productivo, y que representamos por el cuociente que resulta entre
los productos (salidas) y los insumos (entradas) que se invierten
en un determinado proceso productivo (Toledo, 1987).
E = P / I
donde: E = eficiencia; P = producto;
I = insumo
- Estabilidad: Es la constancia de
la producción agropecuaria bajo las condiciones ambientales, económicas
y prácticas de manejo. Al respecto, Harwood (1979) señala que
la estabilidad puede ser analizada desde el punto de vista económico
y del manejo.
- Estabilidad de manejo: Relacionada con la
posibilidad que tiene el productos de seleccionar aquellas técnicas,
prácticas o estrategias agropecuarias que apunten a contribuir
a la constancia de la producción global a través del tiempo, tales
como rotaciones de cultivos, diversidad de cultivos, incorporación
de cultivos adaptados localmente, balance entre producción animal
y vegetal, etc.
- Estabilidad económica: Relacionada con la
capacidad que tiene el agricultor de conocer y manejar información
económica relacionada en algún punto con su proceso productivo.
Señala también la capacidad que tiene el sistema de responder
a las variaciones permanentes del mercado, sin deteriorar su nivel
de generación de ingresos económicos en períodos determinados.
- Sustentación: Representa la habilidad
de un sistema para mantener su nivel de producción el tiempo,
conjugando las características socieconómica del agricultor y
las restricciones ambientales, frente a presiones de estrés (disturbio
regular, continuo y permanente) o perturbaciones (disturbio poco
frecuente e impredecible). (Conway, 1986).
La figura 4 representa los conceptos de productividad,
estabilidad y sustentación en niveles altos y bajos. Desde una concepción
sistémica óptima, los sistemas de producción agropecuarios deberían
alcanzar los niveles más altos posibles de producción, estabilidad
y sustentación en el tiempo.

- PRINCIPIOS PARA EL DISEÑO Y MANEJO DE
SISTEMAS DE PRODUCCION SUSTENTABLE
Como señaláramos en párrafos anteriores, la
concepción de sustentabilidad predial necesita que la unidad agrícola
sea considerada como un ecosistema global, en el que la investigación
y la producción busquen no solamente resultados en relación a altos
rendimientos en cada rubro, sino en optimizar al sistema como a
un todo.
En este marco conceptual, se revisarán a continuación
los principios y fundamentos agroecológicos aplicables al manejo
de agrosistemas que permiten obtener sustentabilidad biológica y
viabilidad económica en unidades de producción agropecuaria.
- Diversificación espacial y temporal.
- Integración de la producción animal y vegetal.
- Mantención de altas tasas de reciclaje de
desechos animales y vegetales.
- Optimización del uso del espacio, con un
diseño adecuado de la superficie de uso agrícola.
- DIVERSIFICACION ESPACIAL Y TEMPORAL
Policultivos
La biodiversidad, en su sentido más general,
está representada por la interacción que se produce entre todos
los organismos vivos: vegetales, animales y micororganismos existentes
en un determinado ecosistema. La agricultura moderna, que ocupa
del 25-30% de los suelos del mundo, es una de las principales causas
de disminución de ella.
Un efecto importante de la agricultura aparece
al simplificar la estructura del medio ambiente, reemplazando la
diversidad natural por un pequeño número de plantas cultivos y animales
domésticos. Resulta impactante comprobar que no más de 70 especies
vegetales cubren o están distribuidas en aproximadamente 1.440 millones
de hectáreas de tierra cultivada en todo el planeta. Esto contraste
con lo que sucede en un bosque tropical lluvioso, donde podemos
encontrar sobre 100 especies de árboles distintos en una hectárea
(Myers, 1984).
El resultado final de la simplificación agrícola
es que un agrosistema requiere de intervención humana constante.
Esto, para reemplazar las funciones reguladoras llevadas a cabo
por las poblaciones animales y vegetales que compartían los distintos
nichos ecológicos que se dan en un ecosistema diversificado y que
desaparecen producto de la simplificación y homogeneización que
produce le establecimiento de sistemas agrícolas monoculturales.
En sistemas agrícolas modernos hay evidencia
experimental que sugiere que la biodiversidad puede ser utilizada
para mejorar el manejo de plagas (Andow, 1991).
El manejo de policultivos requiere del diseño
de una combinación espacial y temporal de cultivos en un área. Existen
múltiples arreglos posibles de cultivos en una superficie y cada
uno genera diferentes efectos sobre las poblaciones vegetales y
animales presentes en el área.
Los sistemas de policultivos constituyen unidades
diversificadas en el tiempo y en el espacio. Estas asociaciones
normalmente producen una reducción en los problemas generados por
insectos.
Un gran cuerpo de literatura cita ejemplos
específicos de cultivos que tienen efectos sobre diversas especies
de insectos (Altieri y Liebman, 1986).
Altieri (1992) revisa cuatro hipótesis ecológicas
para explicar la menor carga de poblaciones plaga en asociaciones
de especies vegetales múltiples:
La primera de ellas es la de Resistencia
asociacional, que establece que los ecosistemas en los cuales
las especies de plantas están entremezcladas poseen en conjunto
una resistencia a los herbívoros, además de la que cada una de ellas
pueda tener individualmente, sugiriendo que aparte de su diversidad
taxonómica, los policultivos exhiben una estructura, ambiente químico
y microclimas relativamente complejos. Estos factores en mezclas
de vegetación trabajan en forma sinérgica para producir una resistencia
asociacional al ataque de plagas.
La segunda hipótesis analizada es la de Los
enemigos naturales, que predice habrá una mayor abundancia y
diversidad de enemigos naturales en policultivos que en monocultivos.
Los depredadores tienen a ser polífagos y tienen requerimientos
amplios de hábitat. Por ello, en sistemas diversificados, puede
esperarse que encuentren una mayor variedad de presas alternativas
y micro hábitat. Los monocultivos no proveen de estas condiciones.
La tercera hipótesis, o de Concentración
de recursos, propone que las poblaciones de insectos pueden
ser influidas directamente por la concentración y/o distribución
espacial de sus plantas hospederas. Puede ocurrir un efecto de las
especies de plantas asociadas sobre la habilidad del insecto herbívoro
para encontrar y utilizar su planta hospedera. Para cualquier especie
plaga, la fuerza total del estímulo atractivo la determina la concentración
de recursos, y ésta varía con factores interactivos tales como la
densidad y estructura espacial de las plantas que la pueden alimentar,
y los efectos perturbadores de las plantas no hospederas. Por consiguiente,
a un menor concentración de recursos, más difícil será, para el
insecto plaga, la localización de una planta sobre la cual actuar.
La última de las hipótesis revisadas es la
de La apariencia de las plantas, que establece que la mayoría
de los cultivos han derivado de tempranas sucesiones de hierbas
que escaparon de los herbívoros en el espacio y en el tiempo. La
efectividad de las defensas naturales del cultivo es reducida por
los métodos agrícolas actuales ya que los monocultivos hacen a las
plantas más aparentes a los herbívoros de lo que fueron sus antecesoras.
En agricultura, la apariencia de una planta
de cultivo es aumentada por su asociación cercana con especies relacionadas,
por lo que estas plantas en monocultivo están sujetas a condiciones
artificiales para las cuales sus defensas químicas y físicas son
cualitativamente inadecuadas. La teoría de Fenny (1976), y Rhoades
y Cates (1976), citados por Altieri (1992), analiza la clasificación
de las plantas en aparentes o predecibles y no aparentes o impredecibles,
así como las implicancias de tales divisiones para los cultivos
agrícolas en relación a la susceptibilidad frente a las plagas.
Rotación de Cultivos
Una rotación de cultivos es la plantación o
siembra sucesiva de diferentes cultivos en la misma superficie.
El comportamiento exitoso de los sistemas orgánicos
de producción depende del diseño de rotaciones de cultivos viables,
definidos como aquellos que mantienen la fertilidad y contribuyen
al control de malezas, pestes y enfermedades. Una rotación debe
incorporar en su diseño los siguientes criterios (Soil Asociation,
1989):
- Equilibrar en el tiempo la acumulación de
fertilidad, con la extracción que hacen los cultivos.
- Incorporar cultivos de leguminosas.
- Incluir cultivos con diferentes sistemas
radiculares.
- Separar en el espacio y/o tiempo los cultivos
que presentan susceptibilidades similares a pestes y enfermedades.
- Alternar malezas susceptibles con cultivos
supresores de malezas.
- Emplear cultivos para abono verde y de cobertura
que permitan minimizar la exposición del suelo al invierno.
- Mantener o incrementar los niveles de materia
orgánica del suelo.
La causa de las mejores características físicas
del suelo en el que se hacen rotaciones puede ser su aumento de
materia orgánica, especialmente en los que integran rastrojos. Esto
explicaría, en parte, el aumento en el rendimiento de estos sistemas.
Los cultivos con raíces profundas pueden utilizar
nutrientes ubicados profundamente en el perfil del suelo. En este
proceso, las plantas pueden extraer nutrientes hacia la superficie,
volviéndolos disponibles para los cultivos de raíces más superficiales.
Diversos estudios indican que en las rotaciones
de cultivo se producen en el suelo modificaciones microbiológicas
y bioquímicas, y se producen y mantienen mayores niveles de biomasa
microbial y actividad enzimática, en relación a suelos manejados
con rotaciones culturales limitadas o con monocultivos (Khan, 1970;
Dick, 1984; Mc. Gill y col., 1986).
Se han comparado sistemas de rotación con otros
sistemas que recibían estiércol o fertilización convencional, encontrándose
en las rotaciones mayores cuentas bacterianas (Martinuk y Wagner
1978).
En el caso de hongos, las cuentas han sido
generalmente bajas en los sistemas en rotación, comparado con los
que recibieron fertilización NPK o estiércol. Se observó, en la
rotación de cultivos, un descenso del nivel del género Fusarium.
La rotación de cultivos es capaz de soportar mayor biodiversidad,
lo que aparentemente lleva a la supresión de este tipo de hongos
(Martinuk y Wagner, 1978).
El monocultivo continuado de una especie normalmente
lleva a la disminución del nivel de producción, en comparación con
la producción de la misma especie en rotación. Esta reducción usualmente
no está relacionada con problemas de fertilidad o pestes. Algunos
autores sugieren que esta baja se debería al efecto de toxinas de
efecto alelopático, derivadas del proceso de descomposición de los
residuos vegetales del monocultivo (Breakwell y Turco, 1990).
Existe evidencia creciente de que el "efecto
rotacional" se debe a la supresión del efecto deletéreo, provocado
por rizobacterias que aumentan su nivel poblacional bajo monocultivos.
Se han encontrado bacterias del género Pseudomona
que llevarían a una pérdida del vigor de las plantas debido a una
reducción del largo de ls raíces y a un incremento de la susceptibilidad
de las plantas a las enfermedades provocadas por hongos (Frecdickson
y Elliot, 1985).
En un estudio realizado por Turco y col., 1980,
utilizando maíz germinado en distintos suelos, se aislaron 130 tipos
de bacterias que fueron probadas en bioensayos para conocer su efecto
depresor sobre las raíces de maíz germinado. Aproximadamente el
22% de las bacterias aisladas inhibía el crecimiento de las raíces
y, de éstas, el 72% fue aislada de suelo monocultivado continuo.
Esto sugiere que el cultivo continuo de una especie en una misma
área promueve el desarrollo de bacterias de efecto depresor.
Dentro de los sistemas de agricultura orgánica,
el énfasis sobre el diseño y manejo de la rotación de cultivo pretende
evitar el desarrollo de problemas serios de malezas, pestes y enfermedades,
tanto dentro de un cultivo como a través del tiempo.
Control de malezas a través del Diseño de
Rotaciones
Una correcta rotación de cultivos ha sido tradicionalmente
considerada como controladora de malezas.
En los sistemas orgánicos no se busca la erradicación
total de malezas. Los productores deberían buscar un equilibrio
entre los beneficios de la diversidad ambiental y los niveles de
producción que se obtienen en sistemas donde se produce junto a
población alta de maleza.
Algunas plantas no cultivadas son beneficiosas,
ya que aportan nutrientes y refugio a los controladores naturales
de plagas, o actúan como "cultivos trampa" para ellas.
Por ejemplo, es interesante señalar, el comportamiento
de los cultivos bajo el efecto de los residuos del sorgo, así como
con otros cultivos, tanto como para evitar consecuencias no deseadas
como para usarlos en el control de maleza. Observaciones de campo
en el Centro de Educación y Tecnología nos han permitido ver que
el efecto depresor que se aprecia sobre malezas invernales no se
daría en el cultivo de vicia (Vicia atropurpurea) ni en el de alfalfa
(Medicago sativa) establecidos temprano en otoño sobre un suelo
que en primavera-verano estuvo ocupado por sorgo.
Existen razones diversas para explicar el efecto
deletéreo del sorgo e identificar su ubicación dentro de una rotación:
- Alta utilización de agua y nutrientes.
- Alta utilización de nutrientes por parte
de la biomasa del suelo para procesar los desechos de raíces.
- Aparición de substancias tóxicas durante
la descomposición de los residuos.
- Secreción de exudados dañinos para los cultivos.
También se ha observado la aparición de ácidos
excretados desde los residuos de sorgo como el ac. P-coumarico,
Ohidroxibenzoico y Protocatechuico, que probablemente contribuyen
a la fitotoxicidad del sorgo (Rao y col, 1990).
Por otra parte, extractos acuosos de trigo,
cebada, avena y maíz muestran también diversos grados de toxicidad,
pero sus efectos se dan en cortos períodos. Los residuos de las
raíces del sorgo presentan efectos tóxicos durante períodos largos
de tiempo, tanto en el campo como en el laboratorio (Rao, 1990).
En el caso de rotaciones que incorporan praderas,
el período de pastos permite la reducción de la población de malezas.
Esto se logra por la competencia y exclusión de ellas por especies
forrajeras de mayor vigor a través de la remoción directa de las
plantas, por el pastoreo del ganado o por el corte para conservación.
De esta manera, se consumen las reservas de las plantas no deseadas
disminuyendo la producción y agotando en algunos casos el banco
de semillas.
La presión de las malezas tiende a disminuir
durante el período de la rotación, por lo que la secuencia de cultivos
que se establezca debe contribuir a la estrategia de control de
malezas, tanto como sea posible.
Diferentes especies de cultivos compiten o
suprimen el crecimiento de malezas en diversos grados. Entre los
cereales esto es viso comúnmente. Por ejemplo, la avena (Avena sativa)
tiene una alta competitividad con las malezas en comparación al
trigo (Triticum aestivum), por lo que puede ser incluída tardíamente
en la secuencia de cultivos.
La observación de que los cultivos orgánicos
no sufren con tanta intensidad de plagas y enfermedades se debería
a que los niveles de N disponible en suelos manejados orgánicamente
no permiten una absorción excesiva de N por la planta. Se ha reportado
un aumento en las enfermedades en la medida que se incrementa el
N en los cultivos convencionales (Lampkin, 1990). Por otra parte,
se ha encontrado una correlación positiva entre la cantidad de N
aplicado y el incremento de plagas que atacan los vegetales (Schüler,
1990).
INTEGRACION DE LA PRODUCCION ANIMAL Y VEGETAL
Los
beneficios de la rotación de cultivos y de la diversificación son
más fáciles de alcanzar en las unidades en que la pradera, en particular
de leguminosas, y la producción animal, forman parte de la estructura
productiva.
En cada rotación orgánica la permanencia de
pastos, gramíneas y leguminosas es utilizada para acumular nitrógeno
a través de la fijación biológica, lo cual permite soportar los
cultivos siguientes.
Un hecho importante es que la fase de recuperación
o acumulación de la fertilidad, cuando el sistema de producción
es agropecuario, permite hacer viable la rotación.
Cuando la rotación no considera praderas ni
animales, la mantención de la fertilidad depende de la incorporación
de leguminosas como abonos verdes, manejadas con el objetivo de
maximizar la acumulación de nitrógeno.
Reciclaje en praderas
El aporte de nitrógeno disponible es un factor
que afecta fuertemente la producción de una pradera. Este puede
ser derivado del suelo, de las excretas animales, de las plantas
leguminosas y de los fertilizantes químicos.
La contribución de N desde el suelo puede variar
entre 0 y 250 Kgrs./ha/año, con bajos valores asociados a los suelos
arables permanentemente trabajados, y altos valores asociados a
las praderas permanentes (Richards, 1977).
El aporte de N que hacen las excretas depende
de la carga animal, la que a su vez depende el aporte de N de los
fertilizantes y de la estrategia de fertilización. Se han encontrado
valores sobre 380 kgs. De N/ha/año (Richards, 1975).
Bajo condiciones de pastoreo, la respuesta
a la aplicación de N es afectada por la frecuencia de desfoliación
de la pradera, el reciclado de las excretas de los animales en pastoreo
y el pisoteo.
Con bajos niveles de fertilización nitrogenada,
el pastoreo tiene un mejor nivel de producción de materia seca que
con un sistema de corte, sin pastoreo, esto debido al reciclaje
de las excretas. Pero, a niveles de fertilización sobre 200 Kg.
de N/ha/año, la producción de praderas bajo corte es mayor que bajo
pastoreo, (Richards, 1977).
Las vacas en pastoreo retornan a la pradera
alrededor del 70% del N, el 66% del P y el 92% del K consumido (Hutton,
y col., 1967).
El fósforo de las fecas es de pequeña importancia
en el corto plazo, debido a su baja disponibilidad. Sin embargo,
es reciclado en alta cantidad con cargas animales altas. (Brockman
et al 1970).
Cada tonelada de materia seca remueve aproximadamente
4,4 kg. de fósforo (9 kg. de fosfato). Sin embargo, sólo debido
al reciclaje, la mitad de estos requerimientos debe ser retornado
vía fertilizantes en las praderas permanentes (Williams 1980).
En las praderas pastoreadas, la mayor parte
del K es retornada con las excretas de los animales. Sin embargo,
la distribución espacial puede afectar su disponibilidad (Marsh
y Campling, 1970). Normalmente son necesarios 15-40 kg. de k/ha/año
para aportar las necesidades de una pradera en relación a este mineral.
Entre un 20-30% dela materia seca consumida
diariamente por las vacas en pastoreo es excretada como bostas.
Estas deposiciones llegan a cubrir entre 0,45 a 1,10 m2/vaca (Mac
Diarmid y Watkin, 1972; Mac Lusky, 1960). El área de hierba rechazada
puede variar entre 6 a 12 veces el área de la mancha de fecas, dependiendo
de la presión de pastoreo. El área de pradera rechazada puede variar
de un 10% a un 45% durante una temporada de pastoreo (March y Campling,
1970; Volton, 1979).
El contenido más probable de nutrientes del
estiércol de bovinos en pastoreo por kg. de materia seca es de 20
a 24 grs. de N, 5 a 11 de P y 5 a14 de K, (Holmes, 1980). Sólo el
25% del N alcanza a ser disponible para las plantas en el año de
depósito.
El retorno de la orina a la pradera es beneficioso
ya que ésta contiene el 70% del N, (6-11 grs./L) y la mayoría del
K excretado. El crecimiento de la hierba responde en forma similar
a la aplicación de orina que a la aplicación de fertilizantes (Holmes,
1980; During y Naugth, 1961).
- MANTENCION DE ALTAS TASAS DE RECICLAJE
DE DESECHOS ANIMALES Y VEGETALES
La obtención de altas tasas de reciclaje sólo
se logrará a través del procesamiento y utilización de los desechos
animales y vegetales que permanentemente se acumulan en las unidades
de producción agropecuaria y de abonos verdes.
Fertilizantes Orgánicos
Se denomina abono orgánico a toda sustancia
de origen animal, vegetal o mixto, que se añade al suelo con el
objeto de mejorar sus características físicas, biológicas y químicas
(Schoning y Wichmann, 1990). Estos pueden consistir en: residuos
de cultivos dejados en el campo después de la cosecha, cultivos
para abonos en verde (principalmente leguminoas fijadoras de N),
restos orgánicos de la explotación agropecuaria (estiércol, purín),
restos orgánicos del procesamiento de productos agrícolas, desechos
domésticos, compost preparado con la mezclas de los compuestos mencionados.
Esta clase de abonos no sólo aporta al suelo
materiales nutritivos, sino que, además, influyen favorablemente
sobre la estructura del suelo. Asimismo, aportan nutrientes a la
biología del suelo, favorecen la formación de dióxido de carbono
y a la microflora y microfauna en genreal. Contienen N en cantidades
variables. Son fuente de nitrógeno de liberación lenta pero estable
(Shoning y Wichmann, 1990).
CUADRO 1
Promedio de nutrientes contenidos en abonos orgánicos
(% de materia seca)
| Abono Estiércol |
Nitrógeno
|
Fósforo |
Potasio |
| Vacuno |
0.94 |
0.42 |
1.89*
|
| Oveja |
2.82 |
0.41 |
2.62
|
| Cerdo |
1.77 |
2.11 |
0.57
|
| Conejo |
1.91 |
1.38 |
1.3
|
| Cabra |
2.38 |
0.57 |
2.50
|
| Caballo |
1.98 |
1.29 |
2.41
|
| Ave |
2.72 |
2.23 |
2.26
|
| Ave piso |
2.89 |
1.43 |
2.14
|
| Ave jaula |
2.92 |
2.14 |
1.62
|
| Purín (bovino) |
0.3 |
0.2 |
0.3**
|
| Novillo |
2 |
0.8 |
1.5***
|
| Guano Rojo |
1.8 |
18.0 |
1.65
|
* Rodríguez, 1993
** Shoning y Wichmann, 1990
*** USDA, 1978
El Estiércol
El estiércol consiste en excretas de ganado
puras o mezcladas con diferentes tipos de materiales usados como
cama. Estos compuestos sufren inicialmente un proceso de fermentación
aeróbica, con producción de CO2, NH4 y N elemental. El resultado
final es la producción de humus. Debido a la elevada pérdida de
CO2, durante el proceso de fermentación hay una considerable variación
del volumen del estiércol.
La composición de los diferentes estiércoles
es muy variable y generalmente depende de la dieta que se le suministre
al animal; en el Cuadro 1 se muestra una posible composición de
diferentes estiércoles.
Abonos Verdes
Esta práctica consiste en la incorporación
de tejido vegetal verde al suelo. En particular, algunos cultivos
de crecimiento rápido como avena, vicia, trébol alejandrino, centeno
o arvejas.
Estos abonos significan un gran aporte de materia
orgánica al suelo. Los compuestos húmicos resultantes de su descomposición
aumentan la capacidad de absorción del suelo y promueven el drenaje,
la aireación y la granulación, condiciones importantes para el crecimiento
vegetal. Sirven de alimento para los microorganismos del suelo y
tiende a estimular marcadamente las transformaciones de las cadenas
biológicas. Esa acción bioquímica tiene especial importancia en
la producción de bióxido de carbono, amonio, nitritos, nitratos
y otros compuestos simples.
Los abonos verdes ejercen una influencia conservadora
sobre los elementos nutritivos del suelo, ya que recogen los constituyentes
solubles que, de otro modo, se perderían en el agua de drenaje.
Por otra parte, los abonos verdes de raíces largas capturan nutrientes
en los horizontes inferiores del suelo y los llevan hacia la superficie.
Cuando se incorpora una gramínea como abono
verde, el nitrógeno original del suelo vuelve a una forma no orgánica
y no hay aumento de su contenido. Cuando se emplea una leguminosa,
existe la posibilidad de aumentar el contenido de nitrógeno del
suelo en una proporción correspondiente a la fijación simbiótica
(Alexander, 1977).
Cuanto más joven es el cultivo y mayor la proporción
de agua que contiene, más rápida será la acción de la microbiología
del suelo. Por otro lado, la incorporación de un cultivo seco al
suelo no dará resultados tan satisfactorios.
En estos abonos verdes, el nivel de lignificación
-o la presencia de materiales recalcitrantes- es muy baja, por lo
que la tasa de decaimiento de descomposición es rápida y los nutrientes
estarán disponibles en un corto plazo.
El Compost
El compost es otra fuente importante de nutrientes.
Es el resultado de la fermentación aeróbica de la mezcla de residuos
animales y vegetales, desechos agrícolas u otros materiales orgánicos.
Según Lampkin (1990), durante el proceso de
fermentación se produce una sucesión de cambios de temperatura y
pH. Este proceso puede ser dividido en cuatro fases, conocidad como:
mesofilíca, termofílica, enfriamiento y madurez.
Inicialmente, las cepas de microorganismos
que están presentes en los desechos orgánicos o en la atmósfera
empiezan a descomponer los materiales. La temperatura aumenta.
El pH, por su parte, baja a medida que se producen
ácidos orgánicos. Aproximadamente, a los 40°C los microorganismos
termofílicos incrementan su actividad. La temperatura aumenta hasta
65°C. Los hongos empiezan a ser desactivados. Sobre esta temperatura
las reacciones son mantenidas por actynomicetes y bacterias formadoras
de esporas. En esta fase de alta temperatura, las sustancias de
fácil degradación (como azúcares, almidón, grasas y proteínas) son
rápidamente consumidas, y el pH empieza a ser alcalino, a medida
que se libera amonio de las proteínas.
La tasa de las reacciones empieza a ser más
lenta a medida que los materiales más resistentes son atacados.
La "pila" de compost entra en su fase de enfriamiento. Los hongos
termófilos la reinvanden desde la perfiferia y empiezan a atacar
la celulosa. Más tarde, la "pila" se ve reinvadida por las líneas
mesofílicas de microorganismos. Este proceso ocurre en algunas semanas.
Para producir un producto estable de humus
(o ácidos húmicos), se requieren reacciones sobre la materia orgánica
residual por varios meses. Durante este período hay una intensa
competencia por alimento entre las distintas clases de microorganimos.
Se produce formación de antibióticos y antagonismo, y la "pila"
es invadida por la macrofauna y mesofauna.
Semillas de malezas viables en los desechos
vegetales y en el estiércol pueden propagarse en el campo de cultivo.
El manejo óptimo de los residuos, por lo tanto, es un punto muy
importante a considerar para evitar este efecto. El compostaje,
si es llevado a cabo correctamente, puede hacer una importante contribución
al control de malezas. En efecto, la actividad de las bacterias
aerobias temofilícas responsables del compostaje lleva a un aumento
de la temperatura (sobre los 70°C) que puede inactivar las semillas
de malezas.
En general, las prácticas de manejo que incrementan
los niveles de materia orgánica, o de residuos orgánicos animales
o vegetales, aumentan la actividad biológica del suelo.
Al respecto, se señala que la adición de estiércol
de corral más la cama animal (famyard), incrementa la actividad
de la biomasa microbial (Schnürer y col., 1985; McGill y col., 1986;
Rasmussen y col., 1989) y de las enzimas del suelo (Khan, 1970;
Verstraete y Voets, 1977; Dick y col., 1988), en relación al suelo
que no recibe el mismo tipo de tratamiento. Otros índices que aumenta,
en el largo y mediano plazo con la aplicación de enmiendas orgánicas,
es el N potencialmente mineralizable y la actividad bioquímica del
suelo (Verstraete y Voets, 1977).
Dick y col., 1988, establecieron que suelos
sometidos a manejo orgánico tenían niveles más altos de úreasa y
amidasa, y que la aplicación de N sintético producía una depresión
de estas mismas enzimas. El NH4 es el producto final de estas enzimas,
y al parecer, tasas altas de aplicación de este compuesto producirían
una inhibición en la síntesis bacteriana de ellas. Estas investigaciones
indican que las prácticas de manejo que minimicen el aporte de materia
orgánica al suelo disminuyen el potencial de la actividad enzimática.
Esto parecería afectar la habilidad del suelo para ciclar y proveer
nutrientes para el crecimiento de las plantas.
Diversos estudios en plantas sometidas a un
aporte de NO3 y NH4 han demostrado que cada uno de ellos produce
una respuesta fisiológica diferente dentro de la planta. También
la planta responde de manera diferente a una mezcla de estos iones.
DISEÑO DEL ESPACIO
Para
el diseño de los espacios de la unidad de producción se deben considerar
los siguientes criterios:
- Establecer una estructura permanente de
las unidades espaciales y de manejo que la conforman.
Esta estructura tendrá que estar relacionada
con la rotación de cultivos posibles de desarrollar en un área determinada.
Esta rotación estará influenciada fuertemente por la demanda de
los mercados locales, pero, además, por elementos de orden sociocultural.
Esto es, la existencia de una agricultura campesina y una agricultura
empresarial que tienen distintos modos de pensar.
Se podría pensar que existen tantos diseños
como predios y propietarios, y que cada situación estaría determinando
expresiones variables de diseño. El punto central es que en la toma
de decisiones, para implementar cualquiera de ellos, deberían tenerse
en cuenta los elementos que hacen que el manejo de los recursos
sea más estable, en relación a su productividad, en el tiempo, y
que han sido enumerados a los largo del presente documento.
- Elección y establecimiento del conjunto
de componentes vegetales y animales.
Estos tienen diferentes niveles de permanencia
en el sistema. Por ejemplo, los árboles forman parte de la estructura
más permanente, y deben definirse inicialmente en términos de ubicación
y cantidad. Otros elementos de mayor permanencia son las transformaciones
que se le hacen al sistema para darle mayor estabilidad, como curvas
de nivel, franjas de contención, sistemas de acumulación de agua,
entre otros. Estos requieren de inversiones con las que se debe
ser cuidadoso, ya que implican inmovilización de capital y de suelo,
al darle un uso permanente que no estará ligado directamente con
la producción agrícola, aunque determinará una mayor estabilidad
del sistema en el largo plazo (disminución de la erosión, etc.).
Finalmente, el diseño del espacio tendrá dos
líneas de limitantes y restricciones: la primera, y la más obvia,
deriva de las limitantes agroclimáticas, y la segunda, de las restricciones
derivadas de las condiciones socioculturales y económicas del sector
o de la región. Esto significa que, a una oferta de tecnología aplicable
en un sistema agropecuario, ésta estará acotada a entregar soluciones
en un rango establecido por los componentes nombrados anteriormente.
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and Utilization pp. 6-69 (Ed. Holmes W.). Oxford: Blackwell.
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- Centro de Educación y Tecnología
(CET), Chile
- Consorcio Latinoamericano
sobre Agroecología y Desarrollo (CLADES).
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