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CONCEPTOS DE SUSTENTABILIDAD
Después
de incluirse la agricultura sustentable enel capítulo 14 de la Agenda
21, unánimemente aprobada, en NCED/Río el año antepasado, el uso
del concepto se generalizó, pero también perdió sentido. Es cierto
que las definiciones utilizadas en UNCED pecaron de ambigüedad y
dieron margen a todo tipo de interpretaciones. Hoy en día, por modismo
o no, todas las corrientes de la agronomía se reivindican "sustentables".
En la Conferencia sobre Agricultura Sustentable
realizada en China en agosto pasado, saqué un ejemplo de entre muchos
sobre el abuso de conceptos. Un conferencista comparaba la productividad
media de granos, antes y después de la modernización iniciada en
los años 70 en China, afirmando que el aumento del 200% "comprobaba"
que el nuevo modelo era sustentable, mientras que el anterior no
lo era. Lo raro es que el conferencista no ocultaba que el modelo
de agricultura tradicional de China había mantenido la productividad
estable por 40 siglos, pero que era incapaz, actualmente, de alimentar
a la población china. Interrogado sobre cuál era su pronóstico respecto
a la durabilidad del modelo moderno, rehusó responder a lo que llamó
"ejercicio de futurología".
En el caso en cuestión, la confusión conceptual
-intencional o no- era evidente. El concepto de sustentabilidad
estaba sin su componente de temporalidad, restringiéndose a su capacidad
para responder a las demandas inmediatas del consumo.
Para que no queden dudas, voy a usar el concepto
adoptado por la FAO: "Agricultura sustentable es el manejo y conservación
de los recursos naturales y la orientación de cambios tecnológicos
e institucionales de manera de asegurar la satisfacción de las necesidades
humanas de forma continuada para la presente y futuras generaciones.
Tal desarrollo sustentable conserva el suelo, el agua, y recursos
genéticos animales y vegetales; no degrada al medio ambiente; es
técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable"
(1).
Basándose en este concepto, es justo preguntarse
si el modelo de la "Revolución Verde" es sustentable. Si se considera
que el modelo implica una agricultura altamente dependiente de insumos
no renovables (petróleo, fósforo, potasio, p. ej.), y que implica
un uso intensivo y frecuentemente predatorio de los recursos naturales
(suelo, agua, recursos genéticos) podemos concluir que la respuesta
es negativa. Y el problema no se plantea para generaciones en un
futuro remoto, sino para las próximas. El ritmo de destrucción de
los recursos naturales y el agotamiento de las reservas de insumos
esenciales señala una crisis del modelo para los próximos veinte
o treinta años.
Muchos defensores de la agricultura convencional
tienen una fe indiscutible en la capacidad de la ciencia para superar
los límites ya conocidos del modelo, sobre todo a través de la biotecnología.
En este caso, la futurología es de las más dudosas. La ciencia no
fue capaz hasta ahora de responder a los desafíos ambientales generados
por ella misma. Por ejemplo, está claro que la investigación y producción
de pesticidas químicos está perdiendo la batalla frente a la velocidad
conque la naturaleza reproduce plagas resistentes o nuevas plagas.
Por otra parte, la uniformidad creciente de la agricultura, con
la reducción del número de variedades en uso, ha contribuido también
al impacto devastador de plagas y enfermedades nuevas. La ciencia
no parece darnos garantías de superación de los impactos negativos
del modelo agroquímico y de sus limitantes estructurales, por lo
menos en el horizonte temporal en el cual se aprecia la crisis del
modelo.
APROXIMACIONES A LA SUTENTABILIDAD
Como hemos visto, el criterio básico de la
sustentabilidad es mantener la agricultura, lo menos posible, dependiente
de recursos no renovables y conservar al máximo los recursos naturales.
Ello nos lleva a la búsqueda de modelos en los cuales se pueda reciclar
los nutrientes de la manera más eficiente posible. Este reciclaje,
para ser optimizado debe realizarse dentro de cada sistema o subsistema
productivo para luego buscar complementos a niveles regionales o
más amplios. Por ejemplo, un sistema complejo de policultivo integrado
puede tener un alto grado de reciclaje de nutrientes, minimizando
la necesidad de aportes externos. No obstante, éste puede buscar
fuera del sistema los componentes nutricionales complementarios
que necesita.
Para optimizar el reciclaje la palabra clave
es diversidad. Ya sea en la ocupación del espacio o en la sucesión
temporal. Como las condiciones naturales no son homogéneas, la mejor
manera de aprovecharlas es adaptándose a su heterogeneidad y no
luchando en su contra.
Es frecuente la confusión entre componentes
de una agricultura sustentable y la sustentabilidad del sistema
propiamente tal. Por ejemplo, el empleo de abonos verdes, el control
biológico de plagas, el uso de un compuesto orgánico, son componentes
importantes en una propuesta de agricultura sustentable, pero el
empleo aislado de cualquiera de ellos no entrega ninguna garantía
de sustentabilidad al sistema que las emplea. Ello puede parecer
obvio pero no han sido pocas las veces en que encontramos investigadores
o productores que afirman "estar en la línea" de la agricultura
sustentable por emplear algunas de las técnicas más comunes a ésta.
Ejemplos conocidos por nosotros son los monocultivos de uva (que
usan abono verde, compost y además gran cantidad de pesticidas)
o de caña (donde usan control biológico de platas más abono químico).
Está claro que se puede trabajar con graduaciones
de sustentabilidad tomando en cuenta un estado ideal que sería la
sustentación absoluta. De esa manera, el empleo absoluto de algunas
técnicas de la agricultura sustentable acercarían a un sistema ideal.
En este razonamiento podemos afirmar que cuanto más el agrosistema
se aproxima al sistema natural, más se acerca a la sustentabilidad.
Por el contrario, mientras más se artificializa más se aleja del
estado ideal.
La agroquímica, por tanto, estaría en el grado
cero de sustentabilidad y la agroecología en el grado 100 de la
escala. Entre los dos podemos encontrar múltiples combinaciones
de las dos o imperfecciones en la propuesta agroecológica.
AGROECOLOGIA Y SUSTENTABILIDAD: MITO Y REALIDAD
1°
Mito: la agricultura ecológica es menos productiva que la química
y su adopción ocasionaría una caída en la producción o una mayor
destrucción de los bosques debido a que se necesitaría de más áreas
cultivadas para compensar la menor productividad.
Esta afirmación fue invalidada por muchas investigaciones
desde los años 70, específicamente, por las promovidas por el Consejo
Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y por el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (2;3).
Estas investigaciones indican que la agroecología
posee productividades medias comparables a las de la agroquímica
en la mayoría de los productos vegetales y animales. Los autores
no dejaron de observar que la comparación, en un principio era desfavorable
para los sistemas agroecológicos debido a que, en varios casos en
éstos se venía realizando un proceso de transición y no habían alcanzado
su mayor potencial. Además, notaron que las comparaciones eran más
favorables a la agroecología en regiones de mejor calidad de suelo.
Estas investigaciones son un indicador del
extraordinario potencial de la agroecología. Sin embargo, las comparaciones
realizadas enfrentan dos modelos agrícolas en situaciones bastante
distintas. La agroquímica es el producto de un siglo de evolución
científica con grandes inversiones en la producción y difusión de
conocimientos. En cambio, a pesar de que la agroecología sea heredera
de principios milenarios de la agricultura, ha estado acumulando
nuevos datos a partir de la práctica empírica de productos todavía
muy dispersos y de la producción científica de algunos investigadores,
también aislados y sin recursos. En otras palabras, la comparación
involucra una agricultura con bases científicas sólidas establecidas
y otra en gestación. Aún así, la agroecología mantiene la comparación.
Varias investigaciones intentaron todavía proyectar
lo que ocurriría en Europa o en Estados Unidos si toda la agricultura
de estas regiones se convirtiera en agroecología. Los impactos esperados,
entre otros, serían la disminución de la producción global de algunos
productos y el alza de otros. A pesar de estas radicales transformaciones,
ningún escenario apunta para una crisis de abastecimiento o aumentos
en el costo de alimentación. Por el contrario, se espera una agricultura
más equilibrada y sin los monstruosos excedentes que hoy imponen
los gobiernos de los dos lados del Atlántico.
¿Cómo explicar estos cambios? El efecto viene
del abandono de producciones ultra especializadas por sistemas diversificados.
Por ejemplo; una propiedad con un monocultivo de soya se transformaría
-para tornarse agorecológica- en un policultivo, en la cual una
área de soya se sacrifica para permitir rotaciones con otros productos.
Aunque la productividad de soya se haya mantenido en el sistema
agroecológico, la producción global de soya caerá.
El obvio que la conversión para la agroecología
afectará profundamente a los sistemas de producción hoy establecidos,
en particular a los complejos agroindustriales y, sobre todo, a
los productores de insumos, en particular los químicos.
Reconocer estos impactos nos invalida la propuesta
agroecológica. Por el contrario, los escenarios previstos indican
muchas ventajas futuras en cuanto al nivel de calidad de los productos,
la economía de costos, la descentralización industrial, la preservación
ambiental y, finalmente, la sustentabilidad del sistema. Pero identificar
los cambios estructurales necesarios nos ayuda a ver los obstáculos
en el camino de la agroecología.
2° Mito: la agroecología es económicamente
menos rentable que la agroquímica.
La afirmación merece una discusión más profunda.
Desde el punto de vista de los costos de producción, la agroecología
representa fuertes economías en el uso de insumos de origen industrial.
Esto no quiere decir que no haya insumos que comprar, todo depende
del grado de complejidad y autosuficiencia del sistema adoptado.
En muchos sistemas agroecológicos, la compra de guano puede representar
un gasto importante, que se tornará cada vez más caro a medida que
crece la demanda (en el caso de una generalización del sistema agroecológico).
Está claro que el guano puede ser substituido, en parte por lo menos,
por otras fuentes de nutrientes, y también habrá una tendencia a
la integración de los sistemas animal/vegetal en las propiedades.
Pero la eliminación absoluta de cualquier insumo (orgánico, biológico,
mineral) es imposible.
Por otro lado, sistemas complejos tienden a
ser más consumidores de mano de obra y esto representa un aumento
en los costos de producción en comparación con los sistemas más
uniformes características de los agroquímicos. Sin embargo, es verdad
que la maquinaria existente no está concebida para una propiedad
agroecológica y mucho se puede progresar en esta línea.
El balance entre estos diferentes componentes
de costos cruzados con el desarrollo en términos de productividad,
indican que los productos agroecológicos tienen costos muy variados
según el producto en cuestión y las condiciones en que se producen.
Los estudios existentes en el Primer Mundo indican medias** ligeramente
superiores a las de productos agroquímicos.
Lo que hoy en día desequilibra más la competitividad
de los productos agroecológicos en relación a los agroquímicos es
la comercialización. La comercialización y transformación de los
productos agroecológicos implica gastos mayores, sobre todo, por
la dispersión de los productores que pone problemas de escala en
los procesos de cosecha y distribución de los productos. Esto será
superado a medida que se generaliza la propuesta, pero por el momento,
redunda en costos mayores al consumidor. (4;5;6).
Otro elemento crucial en el balance económico
entre la producción agroquímica y la agroecología, es que la primera
produce costos para la sociedad mientras que la segunda produce
economías. La agroquímica produce impactos ambientales negativos
y en la salud de productores y consumidores los que no están incluídos
en los costos de producción pero que significan desembolsos muchas
veces muy altos realizados por el Estado. La recuperación de áreas
degradadas, ríos, manantiales o napas freáticas contaminadas; suelos
salinizados (para mencionar sólo los impactos más evidentes) es
extremadamente caro y el proceso de recuperación lento y difícil.
La agroecología preserva al medio ambiente
y la salud pero su producto no recibe hoy ninguna compensación por
este servicio a la sociedad.
Los estudios en el Primer Mundo hoy en día
se vuelcan hacia al desarrollo de una contabilidad que tome en cuenta
estos efectos, para de esta manera, poder efectivamente comparar
los costos reales de los sistemas agroquímicos y los agroecológicos.
Algunas investigaciones promovidas por el WRI-World Resources Institute
-con una metodología todavía experimental- indican que, tanto en
el Norte como en el Sur, si los costos ambientales fueran incluidos
en la ecuación, los productos agroecológicos superarían a los agroquímicos,
tanto económica como financieramente (5).
Por otra parte, es necesario señalar el hecho
que un policultivo combinado (típicamente agroecológico) cuando
es comparado con un monocultivo de soya, jamás tendrá la misma rentabilidad
por hectárea en un año de buen precio para la soya. Obviamente,
suponiendo que ambas tengan 30 hectáreas, la agroecológica tendrá
entre 6 y 10 há en soya mientras que la otra tendrá la totalidad.
Suponiendo productividades iguales la agroquímica obtendrá 3 a 5
veces más soya lo que, aunque considerando costos idénticos, dará
más dinero al productor agroquímico. Es claro que el productor agroecológico
obtendrá otros recursos con los otros productos pero lo más probable
es que no alcance las mismas ganancias que alcanza el sistema de
soya. En otras palabras: en un año de buen precio para un cierto
cultivo, el monocultor gana más, pero es obvio que la ecuación se
invierte en los años en que la soya da pérdidas, trayendo ventajas
al policultor debido a que sería improbable que todos sus productos
tuvieran rentabilidad negativa.
Lo importante en esta comparación es trabajar
no sólo con los mejores y peores años y sí con medias móviles plurianuales
y en series largas. Estudios realizados por biodinámicos alemanes
a lo largo de caso 50 años apuntan ventajas económicas en la producción
agroecológica. Lo que hoy confunde la comparación, es que la producción
agroquímica es fuertemente subsidiada mientras que la agroecológica
no lo es.
La eliminación de los subsidios expondría la
fragilidad del sistema imperante y mejoraría la competividad de
la producción agroecológica.
LIMITES ACTUALES PARA LA GENERALIZACION
DE LA AGROECOLOGIA
Conocimientos
Como ya se dijo, la agroecología es una ciencia
en gestación y por lo tanto, ella carga con una gran cantidad de
preguntas sin respuesta. Además de ello, la agroecología busca,
por definición adaptarse al funcionamiento de cada ecosistema en
lugar de intentar dominarlo. Ello exige conocimientos de la dinámica
ambiental en cada situación concreta en que se irá a producir. Es
obvio que la adaptación de los principios y prácticas agroecológicas
para cada caso exigirá esfuerzos de investigaciones importantes
para que se puedan enfrentar los problemas concretos de producción.
Hasta hoy, este conocimiento es el producto,
sobre todo, de la práctica empírica de los agricultores. Para avanzar
rumbo a una globalización de la groecología, se necesitará invertir
en investigación científica y tecnológica como también en la formación
de profesionales en el área de las ciencias agronómicas y otras
semejantes. Es evidente que el perfil actual de la investigación
como el de la formación académica, no responde a las exigencias
del progreso de la agroecología. Nuevos modelos deberán adoptarse
para superar la formación científica del tipo reductivo que hoy
prevalece. Esto ya está en curso en varias partes del mundo, de
manera todavía incipiente, pero con fuerte expansión en los últimos
años. Universidades prestigiadas como la de California en Berkeley,
Santa Cruz y Davis, Georgia, Maine y muchas más en USA; Wageningen
en Holanda; Wincenthasen en Alemania han adoptado cursos de agroecología.
En Latinoamérica, el CLADES, firmó convenios con más de 50 Universidades
Rurales para asesorarlas en la formación de cuadros profesionales
en agroecología.
Claramente la producción y difusión de conocimientos
en el área de la agroecología, hoy en manos de ONGs que han tenido
una acción pionera, deberá retomarse a escala mucho más amplia.
Hoy, la limitante más fuerte para el progreso
de la agroecología está en las políticas estatales. En este punto,
existe poco conocimiento acumulado, poco personal entrenado para
enfrentar los desafíos planteados.
Gestión de la unidad productiva/gestión
del ecosistema
La
producción agroecológica exige del productor un conocimiento más
amplio de lo que se necesita para producir de forma convencional,
agroquímica. Además de ello, siendo un sistema complejo, este coloca
delicados problemas de gestión de tiempo y de espacio y que impone
limitaciones, incluso en el tamaño de la unidad productiva. Esta
constatación se acrecienta cuando se trabaja con ecosistemas muy
heterogéneos como tienden a ser los tropicales. En la práctica,
hemos visitado fundos agroecológicos en Europa y en USA que llegan
a dimensiones razonables para los patrones de estas regiones. Entre
tanto, el área media de las propiedades agroecológicas tiende a
ser menor que las convencionales en condiciones similares. Es evidente
que administrar un gran campo con mano de obra asalariada dentro
de los principios agroecológicos es una operación difícil. Hasta
ahora, todas la unidades productivas que he visitado son del tipo
familiar, con contratación temporal de mano de obra para las actividades
más sencillas.
No tenemos duda, por lo tanto, que una generalización
de la agroecología deberá favorecer al fraccionamiento de las grandes
propiedades y aumentar el potencial de las pequeñas y medianas unidades
familiares, con significativa retención de mano de obra en el campo.
Por otro lado, este cuadro de gestión del espacio
requiere planificar la ocupación y manejo de los ecosistemas respecto
a las unidades de área. El uso del suelo, de la vegetación, de los
recursos hídricos no se puede pensar sólo en el ámbito de una unidad
productiva, sino que se deberá buscar de forma integrada junto a
las demás unidades productivas que conforman una unidad de paisaje.
Esto ya es conocido por los productores y agrónomos en los casos
de manejo integrado de micro hoya hidrográfica por ejemplo, o respecto
a la necesidad de adoptar prácticas de conservación de suelos por
todos los productores localizados en los flancos de una colina.
Se necesita pensar en el conjunto del ecosistema para trazar colectivamente
algunas normas a seguir por todos los productores en sus propiedades,
permitiendo la máxima flexibilidad posible para que cada uno pueda
definir qué y cómo quiere producir.
Este proceso de planificación colectivo de
las unidades de paisaje o ecosistemas, exigirá no solo un conjunto
de conocimientos sobre la dinámica de estas unidades, sino que también,
un alto grado de organización de los productores insertados en ellas.
Lógica del capital por lógica de la sustentabilidad
Al depender estrictamente de las "fuerzas de
mercado" la agroecología nunca se tornará en "main stream" de la
agricultura. Probablemente el proceso de degradación ambiental evolucionará
hasta destruir las propias bases de la agroquímica sin que haya
una conversión. Ello porque el sistema actualmente dominante es
una poderosa fuente de lucros para muchas empresas rurales, bancos
e industrias. La lógica de este proceso, es el de acumular el máximo
de beneficios en corto espacio de tiempo lo que es contradictorio
con preocuparse de producciones a lo largo plazo. Poco importa al
empresario agrícola que la herencia dejada por la explotación intensiva
de sus campos, sea un desierto. Este ya habrá aprovechado lo suficientes
y podrá recolocar su capital e invertir en otro sector más promisorio.
Para el productor campesino la lógica es distinta.
La agricultura para él es más que una fuente de lucro. El es capaz
de mantenerse en la tierra aún cuando es posible que podría ganar
más en otro sector. Solamente cuando la miseria lo obliga es que
este emigra, abandonando sus raíces. Pero éste también puede ser
un elemento del proceso de destrucción ambiental y de liquidación
de las propias condiciones de sobrevivencia y de su cultura. En
consecuencia, empujado hacia tierras marginales en ecosistemas más
frágiles, el pequeño productor sigue utilizando la tecnología tradicional
heredada, pero que sin embargo, no se ajusta más a la disponibilidad
y tipo de tierras de que dispone. El cultivo sobre quemas exige
largos reposos para la regeneración natural de la fertilidad del
suelo y no hay más tierras disponibles para esto. El resultado es
un uso más intensivo del suelo a través de técnicas de manejo que
no lo mantienen, lo que lleva a una caída paulatina de la productividad
hasta su desgaste completo.
El pequeño productor está todavía sometido
a una presión cotidiana por la sobrevivencia y no se puede colocar
en un antagonismo entre el corto y el largo plazo. Su sostenimiento
es más importante que la sustentabilidad del mañana.
En otras palabras, tanto el capitalista agrícola
como el pequeño productor campesino han estado contribuyendo, con
lógicas y escalas diferentes, al proceso de destrucción de los recursos
naturales básicos para la mantención de cualquier agricultura.
Es necesario tener claras estas ideas debido
a que condicionan cualquier propuesta de conversión de uno u otro
sistema para la agroecología.
La conversión a la agroecología
Como hemos visto en los ítems anteriores, es
necesario un esfuerzo concentrado y persistente para levantar los
niveles de sustentabilidad de la agricultura lo que, a nuestro modo
de ver, significa el convertir los sistemas tradicionales y agroquímicos
en agroecológicos.
La conversión del sistema tradicional exige
sobre todo invertir en investigaciones, que respondan a los problemas
concretos vividos por los pequeños productores. En segundo lugar,
es necesario instrumentalizar los servicios públicos y privados
de extensión rural con metodologías adecuadas a los procesos participativos.
Ambas acciones exigen una transformación del perfil del profesional
de las ciencias agrarias y por lo tanto un cambio en las Universidades
y Escuelas Técnicas.
Nuestra práctica de ONG muestra que, propuestas
adecuadas presentadas de forma adecuada a las comunidades de pequeños
productores, tienen gran aceptación e impactos significativos en
productividad, seguridad alimentaria, renta y sustentabilidad.
Los pequeños productores están más próximos
de la agroecología, ya sea por la lógica campesina o por su experiencia
como policultores. Es más fácil convertirlos a ellos que a los agroquímicos.
En cambio con los agroquímicos (pequeños o
grandes) las dificultades son por cuestiones técnicas. Es necesario,
por ejemplo, trazar una minuciosa estrategia de conversión de un
ecosistema a otro, para disminuir las pérdidas en el proceso. Ello
exige investigación, pero también, requiere que los productores
adquieran una gama de conocimientos nuevos que respondan a una lógica
muy distinta de la que siempre han usado. El monocultor que siempre
lidió con la naturaleza, posee un problema de mentalidad, de lógica
y que para cambiar, no es fácil.
Por otro lado, la competitividad entre la producción
química y la agroecología debería ser puesta en términos reales,
vale decir, retirar las ventajas y subsidios e incluir en sus costos
de producción los daños ambientales producidos. La fórmula para
hacer esto merece todavía mucho estudio para fijar los parámetros
técnicos y económicos de este costo ambiental. Este proceso se debe
hacer de forma paulatina y acompañado de la difusión de informaciones
necesarias que permitan la conversión de los sistemas.
Todo esto, es claro, depende de la adopción
de políticas públicas lo que a su vez, depende de un proceso de
concientización de la sociedad que se refleje en el Legislativo
y en el Ejecutivo.
Los esfuerzos en el camino de la construcción
de la agroecología son liderados por las ONGs; el CLADES en Latino
América y la Red PTA en Brasil. Según la AS-PTA, el rol pionero
de las ONGs es realizar experiencias localizadas que demuestren
a la sociedad las posibilidades de la opción agroecológica. En este
proceso, tanto técnicas como metodologías han sido formuladas, y
ya constituyen una base donde apoyarse en el momento en que maduren
las condiciones de una mayor ampliación del movimiento. Esto parece
ya estar próximo, con el creciente interés de Universidades y Centros
de Investigación por este tema y la creciente búsqueda de asesorías
en este ámbito por los productores reales.
BIBLIOGRAFIA
- (1) FAO, 1991. Declaración
de Den Bosch.
- (2) National Research Council,
1989. Alternative Agriculture. Washington.
- (3) UNDP, 1992. Benefits of Diversity:
An incentive towards sustainable agriculture.
- (4) Greenpeace, 1992. Green Fields,
Grey future.
- (5) WRI,
1993. Agricultural Policy and Sustainability.
- (6) IFOAM. Anais da VI Conferencia
Científica.
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