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INTRODUCCION
En América Latina, a medida que el sistema
democrático se consolida y algunas importantes metas macroeconómicas
se van cumpliendo (1), la atención de los agentes económicos y de
los actores políticos se centra cada vez más en la búsqueda de una
estrategia de desarrollo que armonice el crecimiento económico con
la equidad social y no degrade el potencial productivo de los recursos
naturales. Dicha búsqueda refleja la preocupación por la fragilidad
de la estabilidad lograda y la certeza que el enfoque neoclásico,
si bien ha rescatado al mercado como un mecanismo eficaz para asignar
recursos escasos y rehabilitado el rol de los agentes económicos
privados, no constituye un marco conceptual de desarrollo (2).
A medida que se logran los equilibrios buscados,
los actores sociales y políticos se preguntan cómo transitar desde
una estabilidad que tiene como costo el empobrecimiento masivo y
la degradación medio ambiental, a una estabilidad que haga posible
mejorar la calidad de vida de la generación presente, sin comprometer
los derechos de las futuras.
Sin duda, lo expresado ha hecho más compleja
la agenda del desarrollo. La estabilidad macroeconómica ha pasado
a ser sólo una parte del desafío pendiente, siendo necesario que
el crecimiento económico sea la consecuencia de procesos productivos
eficientes, basados en innovaciones tecnológicas medioambientalmente
sanas. También se requiere la generación de un vigoroso desarrollo
desde la base que, complementado con los esfuerzos gubernamentales,
logres una real integración y una activa participación de los sectores
marginados en el proceso de creación de riqueza y en la toma de
decisiones que afectan sus vidas. Igualmente importante será que
se adecúe el marco institucional al tipo de desarrollo buscado y
se cuente con una pluralidad de organizaciones modernas con una
vocación concertacionista, sean éstas empresas privadas, organismos
públicos u organizaciones sin fines de lucro (ONGs). (3)
Este artículo se concentra en los desafíos
organizacionales que se le plantean a las ONGs que acompañan procesos
de desarrollo desde la base, inspirados en la búsqueda de la equidad
y de la sustentabilidad.
Para que el desarrollo de base sea una realidad,
las ONGs no sólo tendrán que trabajar directamente en la base social,
sino además, influir en el poder legislativo, para que corrija la
discriminación institucional contra los sectores económica y socialmente
más débiles y en el ejecutivo, para que aplique políticas de desarrollo
que fomenten la equidad y el manejo adecuado de los patrimonios
naturales.
- Causas que limitan a las ONGs como organizaciones
de desarrollo
La sociedad latinoamericana necesita que las
ONGs cumplan un papel activo y creativo en la solución de los problemas
que afectan a amplios sectores sociales de la ciudad y del campo.
Para que esta aspiración pueda transformarse en realidad, será necesario
que las ONGs enfrenten decididamente las causas de fondo que han
comenzado a comprometer la credibilidad que habían alcanzado. La
primera causa está asociada con la incapacidad de las ONGs de adecuarse
al contexto democrático y de economía de mercado y proceder a una
modernización de su organización; la segunda dice relación con la
desproporción existente entre lo que estas organizaciones son y
la magnitud de la tarea que han pretendido asumir y finalmente,
la última causa se relaciona con las nuevas exigencias que impone
el paradigma emergente del desarrollo humano y sustentable al trabajo
de las ONGs.
La modernización al interior del mundo de las
ONGs no constituye la regla, sino más bien la excepción, y está
produciendo un proceso de diferenciación institucional cuyo resultado
pareciera conducir a que un pequeño porcentaje de ellas a lograr
interesantes niveles de formalidad, mientras que un grueso número
va quedando rezagado en la informalidad.
Resulta razonable plantear que los diversos
tipos de organizaciones existentes debieran experimentar un proceso
de modernización que respete la naturaleza de su función social
y potencie las capacidades que efectivamente le permiten cumplirla,
ya que cada vez que se ha intentado que organismos públicos y ONGs
se guíen por los criterios de la empresa privada no se ha logrado
los resultados esperados. Por esta razón, en la última sección,
intentaremos sentar las bases de un proceso de desarrollo organizacional
que asuma activamente los desafíos presente y futuros de las ONGs.
La información disponible nos permite señalar
que las organizaciones que han alcanzado un grado de desarrollo
son aquellas que han hecho una permanente inversión en capital humano,
ya que la oferta existente no incluye profesionales debidamente
preparados para enfrentar los problemas que angustian a los sectores
sociales que sufren la marginalidad. Lo anterior sugiere la necesidad
de socializar las experiencias exitosas, ya que lo realizado según
la información disponible (4), se puede calificar de medio-bajo,
alcanzando a penas un puntaje de 4.2 (*), afortunadamente un seguimiento
a un sub grupo de las organizaciones incluidas en el estudio original
nos muestra que existe una preocupación creciente en sus directivos
por encontrar alternativas de capacitación para su staff. Otro aspecto
que complica su modernización es el bajo nivel de salarios pagados
a sus profesionales. Esta variable apenas alcanza los 3.3 puntos,
situación que sólo se puede mantener si las disminuidas remuneraciones
se compensan con un estimulante desarrollo profesional, el que lamentablemente
todavía no muestra evidencia de estar ocurriendo. Esto explica la
permanente rotación de personal en las ONGs y una tendencia a contratar
profesionales de baja calidad.
Debido a la carencia de programas formales
de capacitación para el personal de las ONGs, una fuente alternativa
para acumular conocimiento lo constituye el aprendizaje basado en
la experiencia de cada ONG. Desafortunadamente el activismo que
ha imperado al interior de ellas no les ha permitido introducir,
como actividades normales del proceso de trabajo, la auto-evaluación
permanente y la sistematización de lo realizado. De hecho ambas
actividades aparecen con una baja calificación: 3.8 y 3.1 untos.
Este tipo de insuficiencia priva a muchas organizaciones de poder
exportar su experiencia y así generar recursos para mejoras salariales.
El fenómeno de la formalidad en el mundo de
las ONGs está significando que las organizaciones que adquieren
dicho status amplían las fronteras de su desarrollo y adquieren
las habilidades para capturar beneficios que la sociedad entrega.
Lo anterior no implica que aquellas que se esfuerzan por llegar
a ser organizaciones respetadas por su trabajo tengan garantizada
su permanencia en el tiempo, mientras las demás estén condenadas
a desaparecer. Sólo nos está indicando que existe un grupo de ONGs
que han logrado legitimarse en la sociedad, no por su condición
de ONG, sino por la calidad de la obra que realizan.
Sería una ilusión pensar que todas las ONGs
tendrán la chance de llegar a ser organizaciones prestigiadas en
sus medios, por cuanto la sociedad otorga dicho status a aquellas
que cumplen una función singular, por ejemplo, innovar en la lucha
contra la pobreza, articular la demanda y la oferta de respuestas
sociales, acercar el conocimiento existente a quienes han quedado
marginados de él. (5) También hay restricciones financieras y de
recursos humanos que ponen limites al número de organizaciones que
podrán acceder a un grado de formalidad importante.
Pareciera que las ONGs que tienden a permanecer
en la informalidad son las que han trasladado al presente prácticas
institucionales basadas en un voluntarismo que ha quedado obsoleto,
las que son difíciles de cambiar, porque quienes deben promover
los cambios, se encuentran emocional e ideológicamente ligados a
dicho pasado. Este ideologismo se refleja en el discurso fundacional
de la ONG, el que resalta un compromiso con los intereses de un
pueblo vagamente definido. Este hecho sumado a una falta de precisión
de los grupos sociales con los cuales trabajará, hace del trabajo
de desarrollo un ejercicio inútil. (6)
Este tipo de ONG normalmente desarrolla en
su personal una preocupación exagerada por la vida interna de la
institución, generándose en no pocos casos una dinámica perversa
que tiende a transformar a la institución en un fin en sí misma,
relegando a un lugar secundario el cumplimiento de los objetivos
específicos que plantean sus proyectos.
También se puede probar que las instituciones
cuyo personal vive más preocupado de lo que sucede internamente
en la institución que de su trabajo de terreno, desarrollan subgrupos
en su seno, que con facilidad establecen luchas por controlar la
dirección. El estudio en que nos hemos apoyado muestra que en promedio
cada ONG, durante sus últimos 8 años habían vivido dos crisis graves
que pudieron comprometer la existencia de la misma. El costo de
estos conflictos es alto ya que aleja a la institución de la realidad,
ridigiza su capacidad operativa y, finalmente debilita la dirección.
El ideologismo, adicionalmente, tiende a aislar
a la organización en un momento en que la concertación de las ONGs
con universidades y organismos de gobierno es vital para obtener
un impacto social significativo, y también evita que la institución
desarrolle buenas relaciones con sus contrapartes que la financian,
en un contexto en que sólo un tercio de las ONGs cumple adecuadamente
con los compromisos formales de rendiciones de cuentas e informes
narrativos exigidos por los contratos d4e donaciones.
La segunda gran causa de limitaciones nace
de la utopía que pretende que una sumatoria de pequeñas organizaciones
puedan asumir buena parte de la responsabilidad social que corresponde
al Estado.
Existe una amplia literatura sobre las ONGs
y el rol que deben cumplir en el desarrollo, opiniones que generalmente
carecen de realismo ya que expresan fundamentalmente lo que los
autores desearían que ocurriera y no lo que es realmente posible
a partir de la realidad ya vivida. Por tanto, a partir de nuestra
experiencia, nos permitimos levantar la siguiente hipótesis: las
ONGs pueden hacer un aporte singular al desarrollo social solamente
si se cumplen dos condiciones:
a) la comunidad nacional e internacional invierte
en estas organizaciones para que superen sus limitaciones más importantes
y, b) los demás agentes del desarrollo cumplen con sus responsabilidades
a cabalidad.
Pensamos que se trata de una hipótesis realista
si tenemos en cuenta que sólo el 41% de las organizaciones incluidas
en el estudio a juicio de las instituciones que las han financiado,
sus objetivos están claramente definidos y por tanto, pueden guiar
al proceso de trabajo. Esta cifra señala la enorme brecha que existe
entre lo que sería un mínimo aceptable (10%) y la cruda realidad
que se vive. Más grave aún es el hecho que a penas un 25% cuenta
con métodos para el trabajo de base que son consistentes y que fueron
construídos a partir de su experiencia o incorporados al quehacer
de la organización con las modificaciones necesarias. Este punto
guarda gran relación con la falta de especialización que existe
entre ONGs, atributo que el estudio señala como muy bajo y que se
ha transformado en una característica importante de las ONGs. Salvo
una pequeña proporción, lo normal es que incursionan en áreas para
las cuales no tienen ventaja comparativa alguna. Los datos disponibles
muestran que las ONG promedio puede fácilmente estar trabajando
en programas de vivienda, transferencia tecnológica agrícola, educación
no formal y salud. Este tipo de evidencia ha comenzado a minar la
imagen de seriedad de muchas instituciones, ya que los resultados
obtenidos están, por lo general, por debajo del nivel esperado.
Antecedentes
como los que se han ido entregando contradicen cualquier actitud
exitista sobre la capacidad de las ONGs de poder suplir el trabajo
que corresponde al gobierno, comunidades de base, universidades
y otros.
Las debilidades organizacionales de las ONGs
no permiten deducir que otras organizaciones pudieran hacer un trabajo
más exitoso en la lucha contra la pobreza.
Por el contrario ratifican la necesidad de
planificar acciones basadas en la concertación de todos los agentes
y actores del desarrollo. Si bien en este campo también las ONGs
tienen todavía mucho camino por andar, su vocación por trabajar
en condiciones de inseguridad y en ambientes altamente riesgosos
son una contribución importante para enfrentar 12 millones de pequeñas
unidades productivas campesinas dispersas por toda América Latina
y, trabajar en los asentamientos marginales en los cuales viven
más de 100 millones de personas (7).
La contribución de las ONGs al desarrollo debe
relativizar la responsabilidad social de los gobiernos y significar
una presión sobre ellos para que generen espacios donde se concerten
esfuerzos, se clarifiquen roles institucionales y, se haga conciencia
de la necesidad de invertir en el desarrollo institucional de las
ONGs. Sin duda son los gobiernos a quienes políticamente más les
conviene que esta articulación funciones eficientemente. El poder
ejecutivo debería trabajar en conjunto con el poder legislativo
mecanismos para incrementar la filantropía, de modo que exista un
financiamiento local que incentive a las ONGs a competir por dichos
recursos y así, permitir la existencia de contrapartes nacionales
a las cuales se deba dar cuenta de los logros y fracasos.
Al día de hoy, las ONGs que tienen éxito en
su trabajo son aquellas que se han profesionalizado, sin perder
la fuerza y mística que da el compromiso social. Estas capacidades
son las que les permiten trabajar directamente en la base, evaluar
y sistematizar sus experiencias para su proceso de aprendizaje interno
y derivar criterios de políticas para influir en las decisiones
de los organismos gubernamentales.
Este proceso de interacción otorga a la ONG
una legitimidad creciente, ya que aparece implementando ideas que
la sociedad considera valiosas y proyectando una imagen de ser organizaciones
abiertas al diálogo, a la negociación y respetuosas de los espacios
y capacidades de cada una de sus socias en el desarrollo. Este tipo
de organización no se sobre valora a sí misma, ni acepta asumir
roles que no le corresponden y la seriedad de su obra le permite
ser identificada por su nombre y no requiere levantar etiquetas
carentes de contenido con son "lo alternativo", "lo muestral" y
"lo gubernamental".
La tercera fuente de limitaciones tiene su
origen en las exigencias que plantea a las ONGs la formulación e
implementación de programas y proyectos de base inspirados en una
paradigma de desarrollo humano y sustentable.
Todas las organizaciones que operan en el campo
del desarrollo están viviendo momentos complejos, ya que la tarea
planteada por la nueva visión del desarrollo introduce la equidad
intra e intergeneracional como variables activas (8). Estas dimensiones
que hasta hace poco se podían plantear de manera aislada, ahora
deben ser armonizadas. Sin duda los nuevos planteamientos han abierto
nuevas avenidas para enfrentar la pobreza (9), pero en lo inmediato,
para las ONGs significa complejizar aún más sus tareas.
Los proyectos que estas organizaciones implementan
deberán introducir innovaciones en varios aspectos si quieren, a
nivel local, conjugar el surgimiento de actores sociales con un
manejo de recursos naturales productivos que cumpla con los criterios
de la sustentabilidad. Evidentemente que la aplicación de los criterios
variará según se trate de ambientes rurales o urbanos. Al menos
como ejercicio, para el caso rural, podemos decir que los proyectos
deberán: a) conjugar criterios económicos y ecológicos para que
los campesinos estén dispuestos a asumir prácticas agronómicas sustentables,
b) hacer propuestas específicas para la dotación de recursos que
tenga cada familia, incorporando así la estratificación de la pobreza,
c) incentivar la seguridad alimentaria familiar, sin dejar de aumentar
la capacidad competitiva en el mercado en que él opere, d) permitir
que los campesinos aprendan a aprovechar las oportunidades que entrega
la política económica, e) trabajar en forma comunitaria el manejo
de recursos naturales considerando el ecosistema y la micro-región
como el espacio político donde se toman decisiones. La sola enumeración
de algunos criterios muestra que el nuevo paradigma exige el manejo
de conocimientos tecnológicos que pocas organizaciones dominan.
Pero para que la sustentabilidad se logre sea
indispensable que el mercado o, en su defecto, la autoridad incentive
a los productores reconociéndoles que están produciendo bienes libres
de contaminación, es decir, bienes superiores. Si se quiere que
el mercado recompense a quien fomenta la sustentabilidad será necesario
que se eduque a la población para que comprenda que adquirir dichos
bienes es bueno en sí, pero también para las generaciones futuras.
Si el mercado no funciona la autoridad deberá ver la forma en que
aquellos que contaminan recursos naturales paguen por el daño realizado,
y dichos ingresos subsidien a quienes protegen y regeneran recursos
degradables (9).
- Matriz Conceptual para la Modernización
de las ONGs
En la parte primera del documento se señaló
que la modernización de las ONGs implica cambios importantes en
su discursos y propuestas específicas de desarrollo, relaciones
inter-institucionales y métodos de trabajo, así como en los medios
materiales, calificación del personal, toma de decisiones y organización
interna. Por la cantidad de aspectos que deben ser revisados se
hace necesario construir una matriz que los integre de manera armónica
para poder establecer los puntos focales en los que debe concentrase
el esfuerzo transformador sin perder de vista el conjunto de la
institución. Esta forma de proceder se hace particularmente aconsejable
al tener en cuenta el cambio ocurrido en la naturaleza del desarrollo
buscado.
El planteamiento que se entrega a continuación
recoge la contribución efectuada por Arturo Israel en su libro "Institutional
Development" (10) después de estudiar un número importante de proyectos
financiados por el Banco Mundial y del autor de este artículo debido
a su experiencia y estudios sobre este tipo de organizaciones.
La matriz que desarrollaremos supone instituciones
que hacen una opción por un desarrollo de base humano y sustentable,
y que tienen la voluntad de influir en los poderes del Estado y
en las Agencias de Cooperación con el propósito de ampliar la viabilidad
de este tipo de desarrollo.
En el gráfico sobre "Desarrollo Institucional"
se han ordenado de manera coherente las principales variables que
influyen en el desempeño de una organización y en su intención de
modernizarse. Partamos por tanto por señalar que el desarrollo de
una organización depende de un conjunto de incentivos, que tienen
como propósito permitirle actuar con una adecuada eficacia y una
creciente eficiencia.
El concepto de eficacia tiene particular significación
para las ONGs, ya que relaciona el discursos o la misión institucional
con su obra, lo cual requiere que los productos de desarrollo a
lograr y las metodologías y tecnologías utilizadas cuenten con una
alta legitimación interna.
Por su parte, el concepto de eficiencia puede
ser de tipo técnico o económica.
La primera expresa el consumo de recursos que
la organización hace para lograr una unidad de producto de desarrollo,
mientras la siguiente es la que determina que dicha unidad de producto
de desarrollo sea replicable. En el tipo de desarrollo buscado ambas
eficiencias tienen una importancia singular, debido a que la sustentabilidad
está referida a la productividad en le tiempo de los recursos naturales
y a la preservación de los servicios ecológicos de los ecosistemas
y, la eficiencia económica tiene que ver con la competitividad de
los productos de desarrollo en economías donde cada vez mayores
áreas de la actividad nacional operan bajo las leyes del mercado.
Desde el punto de vista del desarrollo humano
y sustentable una Ong que opere con una alta eficacia, pero de manera
ineficiente, será una organización irrelevante cuyo trabajo no tendrá
impacto social y productivo. Por su parte una ONG que tenga una
baja eficacia pero sea eficiente en el uso de sus recursos su obra
será irrelevante para el cumplimiento de la misión planteada. Como
ya señalamos lo crucial es determinar los incentivos que existen
en la sociedad y en la organización para lograr avances en el desarrollo
planteado, es decir obras que son fruto de la eficacia y de la eficiencia
de la ONG.
La hipótesis que se plantea afirma que las
ONGs actúan en medios en que hay una carencia de incentivos que
empujen a la organización a su desarrollo y, que por tanto, su modernización
depende de la capacidad de construir los sustitutos adecuados.
Desde el punto de vista de la eficacia los
incentivos nacen de su relación con el mundo político-académico
donde se levantan los paradigmas de desarrollo y, del proceso de
aprendizaje que surge de su capacidad de sistematización. Tal como
se mostró en la sección previa las relaciones inter-institucionales
de las ONGs son pobres en contenido y la capacidad de capturar las
lecciones de la experiencia es, todavía, muy baja. A pesar de lo
dicho, podemos afirmar que no existen impedimentos estructurales
para que una ONG internalice de manera adecuada los criterios del
desarrollo sustentable, de modo que le sea posible plantear una
misión institucional proporcionada a su realidad. Tampoco existen
barreras insalvables para aprender de otras instituciones aspectos
tecnológicos y metodológicos para implementar proyectos de lucha
contra la pobreza y defensa del hábitat y de los recursos naturales
productivos. Tal vez lo que se ve más difícil es que cada institución
realice este esfuerzo en forma aislada, ya que las experiencias
más logradas están concentradas en pocas instituciones las cuales
pueden y hacer un aporte, pero no atender a las miles de organizaciones
que lo requieren.
En términos generales se puede decir que las
organizaciones que operan con una adecuada eficiencia son aquellas
que están sometidas a los incentivos de la epecialización, que actúan
en medios competitivos y cuentan con una capacidad de gestión adeucada.
Lo señalado a lo largo de este artículo nos
muestra que las ONGs tienden a la dispersión más que a la concentración
y dominio de áreas temáticas. Introducir este incentivo es, tal
vez, uno de las tareas más factibles si se le hace al staff una
capacitación adecuada y se aprende a diseñar estrategias para construir
las relaciones institucionales que proveen los complementos. Este
tipo de esfuerzos tiene su peor enemigo en las "modas" que agitan
al mundo del desarrollo y en la cultura aislacionista de las ONGs.
El incentivo asociado a la existencia de una
dirección dotada de creatividad, capacidad innovadora y de mando,
se ha visto disminuido en las ONGs por una dificultad para definir
roles y funciones en forma precisa, establecer responsabilidades
con claridad y ámbitos de decisión debidamente acotados. Sobre este
aspecto parecen estar ocurriendo cambios importantes, los que deberían
probar que van más allá de una simple reacción emocional al democratismo
que termine desembocando en un autoritarismo, el que habitualmente
genera crisis mayores, relacionadas con manejos institucionales
poco transparentes. Particularmente importante es que estas ONGs
estructuren adecuadamente la composición de sus directorios, como
una manera de evitar que se scumulen presiones excesivas en la dirección
ejecutiva y asuma como cuerpo colegiado las decisiones más trascendentes,
evitando que se personalicen los costos de dichas decisiones. A
este respecto falta una capacitación a los directores ejecutivos
y miembros de ONGs que les haga posible estructurar la institución
de modo que la eficiencia no se contraponga con la participación
y la capacidad de tomar decisiones con niveles saludables de democracia
interna.
En síntesis, es posible crear sustitutos importantes
que potencien la eficiencia de una ONG que desea modernizarse y
contar con las condiciones internas que faciliten que ésto ocurra.
La información que hemos ido proporcionando
nos permite ver que las ONGs han iniciado su participación en la
década de los 90 con limitaciones severas y con una expansión numérica
fuera de toda proporción. Lo anterior exige distinguir el desaparecimiento
de instituciones por el inevitable ajuste en el número debido a
una limitación de recursos, de aquel que resulte de la obsolescencia
institucional. Evidentemente el segundo ajuste facilitará el primero,
pero muy posiblemente el primero ya esté ocurriendo en países donde
las necesidades de apoyo externo son menores y no existen fondos
nacionales disponibles.
Un incentivo importante que tendrán las ONGs
para evolucionar en términos institucionales es la posibilidad de
copar algunos de los espacios en el campo social que el Estado está
gradualmente dejando. Sin duda que la suma de factores que están
presionando al Estado son muy fuertes; por una parte hay condicionantes
ideológicos encabezas por el neoliberalismo y por la otra una falta
real de recursos, la que sólo se podría remontar a través de nuevas
cargas impositivas, lo que en general carece de factibilidad política.
En relación al tema del desarrollo sustentable
ya se están produciendo seminarios, talleres y una multiplicidad
de iniciativas que darán a las instituciones un material importante
sobre el cual reflexionar para incorporar los criterios de esta
aproximación al desarrollo a sus programas y proyectos rurales o
urbanos. (11).
Evidentemente que las ONGs que logren superar
sus limitaciones y se legitimen como instituciones eficaces y eficientes
quedarán en una óptima situación para implementar programas que
produzcan un impacto significativo. Cuesta definir exactamente lo
que significa tener impacto, pero podemos pensar que se trata de
una escala de operación que genera cambios positivos en las familias
que habitan una determinada micro-región a través de transformaciones
cuyo costo permite la difusión de las mismas.
A Modo de Comentario Final
Recapitulando, debemos decir que la década de los 90 se presenta
llena de oportunidades y pero con enormes desafíos para las ONGs.
El prestigio con que cuentan fue ganado por el compromiso que han
tenido con los sectores pobres durante las últimas dos décadas. En
el ejercicio de dicho compromiso aprendieron a escuchar y valorar
las ideas y las iniciativas de pobladores y campesinos. Esta interacción
les ha permitido comprender y facilitar el desarrollo desde la base
de tipo humano y sustentable capaz de dar voz propia en la sociedad
a quienes no la tienen y de transferir conocimientos y poder a los
sectores que necesitan mejorar su calidad de vida. Lo señalado sumando
a la confianza que han despertado en la comunidad internacional son
sus mejores activos.
Si estas organizaciones son capaces de hacer
propuestas cada vez más adecuadas a las necesidades de los diferentes
estratos sociales que componen el mundo de la pobreza, ganarán legitimidad
al interior de la sociedad y podrán gradualmente cumplir un papel
mucho más protagónico en el espacio en que se definen las políticas
sociales. (12)
Las incapacidades que hemos enumerado y que
les impiden implementar proyectos y programas de amplio impacto
son todas superables, ya que existen disponibles los conocimientos,
las técnicas y experiencias de las cuales se puede aprender.
Posiblemente ninguna institución por separado
podrá superar las limitaciones que se han señalado sin el concurso
generoso de todas aquellas organizaciones que han logrado avances
en alguno de los puntos tratados. La magnitud de la tarea obligará
a las ONGs a tener que contar con el respaldo y la contribución
de las agencias de cooperación y de instituciones gubernamentales
y universitarias. Tal vez más que nunca será necesario recibir el
aporte creativo de pobladores y campesinos, lo que permitirá darle
al concepto de participación toda la potencialidad que encierra.
La comunidad internacional continuará haciendo
aportes al desarrollo de base, aunque sea con importantes cambios
en sus criterios de aprobación de proyectos. Por esta razón es vital
aumentar las fuentes locales de financiamiento, para lo cual hay
agencias de cooperación que están ayudando a que se busquen fórmulas
para desarrollar la filantropía en cada país. También existen iniciativas
que surgen desde las propias ONGs, como es la venta de servicios
y asesorías y, las que vienen desde el sector público como es la
cofinanciación de proyectos.
BIBLIOGRAFIA
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4. Yurjevic, Andrés. 1991.
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12. Altieri, M. y Andrés Yurjevic.
1991. La Agroecología y el Desarrollo Rural Sostenible en América
Latina. Revista Agroecología y Desarrollo 1:25-36. CLADES.
(*) El estudio mencionado establece
una escala de 0 a 6 para medir las variables consideradas. El puntaje
menor a 4 es considerado bajo, de 4 a 4,5 medio-bajo, de 4,6 a 5
mediano-alto y de 5,1 a 6 alto. Todas las calificaciones expresadas
más adelante están basadas en es
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