La comuna de Tomé está ubicada en la costa centro sur de Chile. En
esta micro región, conviven campesinos minifundistas con pescadores
artesanales y pobladores urbanos.
Su historia está ligada a la industria textil
compuesta por tres fábricas que generaban más de 4.000 puestos de
trabajo estables y relativamente bien remunerados, ya que quienes
trabajan en ellas eran obreros calificados. Era esta masa de consumidores
la que daba vida económica a Tomé dinamizando el comercio y otras
manufacturas artesanales.
En 1982 las tres fábricas textiles deben cerrar
sus puertas por estar incapacitadas para competir con la producción
de otras latitudes. El ajuste estructural no dio tiempo para que
estas actividades productivas pudieran hacer una renovación tecnológica;
aumentando su productividad y disminuyendo costos. Las políticas
de cambio fijo impidieron toda posibilidad de llegar al mercado
externo y aranceles del 10% anularon los esfuerzos de racionalización
para tener un precio competitivo en el mercado interno.
En pocos meses, más de 7.500 personas quedaron
cesantes, es decir, cerca de la mitad de la fuerza de trabajo urbana,
lo que significó una caída vertiginosa en la calidad de vida que
se había alcanzado. El índice de alcoholismo llegó a ser uno de
los más altos del país y el déficit habitacional obligó a las familias
a albergar sus parientes. La suma de estos factores hace que el
45% y el 19% de sus 49.260 habitantes urbanos comiencen a vivir
en la pobreza y en la indigencia, respectivamente. Para el conjunto
de la población la supervivencia se transformó en una tarea urgente
e inevitable, ya que, con un ingreso per cápita anual promedio de
aproximadamente US$252, la alimentación no estaba asegurada.
Por su parte, el sub-sector pesquero absorbe
2.022 pescadores, de los cuales el 60% se dedica a la recolección
de algas, trabajo que es realizado principalmente por mujeres y,
se reactiva una de las fábricas textiles dando ocupación a alrededor
de 1.160 trabajadores con un salario mensual de aprox. US 100.
La experiencia de desarrollo que se presenta
corresponde a familias pobladoras que habitan en Tomé, los cuales
serán protagonistas importantes en la ejecución del proyecto. Estas
familias han sido capaces de manejar un ecosistema altamente frágil
y degradable de manera productiva, como tal vez no lo hecho ningún
otro grupo en nuestro país. Los mismos que ayer fueron obreros textiles
o trabajadores que se ganaban la vida en otras actividades económicas,
hoy día organizan a sus comunidades para que pueden producir alimentos
para la familia y vender en el mercado local los pequeños excedentes
que se generan.

Los pobladores y el CET
Presionados por buscar respuestas de bajo costo,
que respondan a las necesidades alimentarias y puedan ser ejecutada
por los pobladores, un grupo de vecinos decide acercarse al CET
para conocer las experiencias de esta institución en agricultura
urbana sustentable. La motivación de este grupo humano incentiva
al CET a invitarlos participar en una jornada de trabajo para aprender
a hacer un huerto familiar orgánico.
A partir de dicho momento la relación entre
ambas partes se ubica en un nivel de igualdad, donde ambos aprenden
y entregan conocimiento. Los pobladores visitan comunidades en las
que ha trabajado el CET y se les refuerza la intuición que las propuestas
técnicas y de trabajo social que observan serán de gran utilidad
para las comunidades y familias tomecinas.
Ambas partes comparten la idea que la alimentación
debe ser garantizada por el esfuerzo local y que es indispensable
formar una primera generación de monitores que sean los que difunda
los conocimientos aprendidos.
Los pobladores son de la idea de conocer lo
que el CET sabe sobre huerto familiar orgánico e invernaderos; manejo
de colmenares, crianzas menores de aves y conejos, frutales; construcción
de hornos de barro para fabricación del pan y diseño óptimo del
espacio que rodea sus casas. Así comienzan a realizar experiencias
y pueden tener una oferta amplia de posibilidades para incentivar
la participación de sus vecinos. La legitimación que este grupo
de pobladores tomecinos logra en el conjunto de la población es
impresionante. Este hecho se refleja en un crecimiento de la auto-confianza,
que los lleva a decir que se sienten capaces de proponer caminos
concretos para solucionar los problemas de alimentación y de iniciar
nuevas actividades ligadas a micro-empresas para generar ingresos.
Al año de haberse recuperado del sistema democrático
en Chile, el Congreso aprueba una ley para la elección directa de
las autoridades municipales. Frente a esta nueva coyuntura los pobladores
organizan una asamblea abierta a todos los habitantes del pueblo,
para mostrar sus trabajos y dialogar públicamente con los candidatos
a concejales del municipio de Tomé. Este acto marca una nueva etapa
en la vida de los pobladores, por primera vez pueden pensar en influir
en la política social municipal fijando algunas de sus prioridades.
Es el momento de hacer ver a las autoridades que es rentable invertir
en los pobres no sólo por razones sociales sino también por otras
de tipo económico.
A los pocos meses de haber asumido el nuevo
gobierno municipal, éste invita a los pobladores a dialogar sobre
un programa de desarrollo basado en los contenidos propuestos por
los pobladores en la asamblea comentada, el que sería expandido
cada año a un número mayor de familias de acuerdo a los resultados
que se lograsen. Los pobladores aceptan e invitan al CET a participar,
de modo que se eviten errores que pudiesen dañar la confianza ganada.
El Programa Acordado
En el diseño del programa se establecen los
aportes de cada participantes, sean estos recursos financieros,
conocimientos, trabajo, infraestructura, acompañamiento y asesoría
profesional. Se establece una metodología clara para incentivar
a la población a participar y se ratifica que el rol de liderazgo
corresponde a los pobladores.
El resultado de la articulación generada se
expresa en un plan de trabajo que establece un período de tres años
para trabajar con aproximadamente 400 familias, sobre la base de
un modelo construido a partir de las experiencias positivas de los
mismos pobladores. Dicho plan tiene un análisis, costos y beneficios,
inversiones, productividades y un calendario de implementación realista
que optimiza el uso de la energía familiar entre trabajo asalariado
y otras actividades.
El modelo acordado plantea que una familia
que cuente con una superficie disponible de 62 m2 puede incluir
en ella 40.5 m2 de huerta intensiva para producción de hortalizas,
32 aves a los largo del año mantenidas en 6 m2, 38 conejos durante
el año ocupando 7m2, 4 colmenas en una superficie de 4m2 y un horno
de barro para la elaboración de pan.
Esta propuesta significa poder producir alrededor
de mil kilogramos de alimento al año, los que se distribuyen en:
|
Alimento
|
Cantidad (kgs)
|
| Hortalizas |
354.0
|
| Conejos |
53.4
|
| Huevos |
40.1
|
| Pollos |
28.8
|
| Miel |
66.0
|
| Pan |
453.7
|
| Total |
996.0
|
Esta tonelada de alimentos permite cubrir el
66% de los requerimientos de proteínas, el 35% de las calorías,
el 85,8% de la vitamina C, el 97,1% del fierro y el 58,8% del calcio
que requiere la familia.
Logros Alcanzados
La primera evaluación realizada ha permitido
sacar conclusiones proyectadas para los tres años del programa,
debido a que existe un número importante de familias que por tener
más tiempo implementando las mismas unidades productivas, han servido
de testigo.
En cuanto a la seguridad alimentaria las metas
para le primer año y medio han superado las expectativas, lo que
permite pensar que la tonelada de alimentos propuesta es una meta
factible. Según lo planificado en 1993 se debería haber obtenido
un 29% del volumen esperado, sin embargo se llegó a un 45%. Este
hecho se explica porque la calidad de la capacitación entregada
ha mejorado notablemente y la legitimidad del programa se ha visto
reforzada por el aval de la autoridad local.
Debido a que los alimentos han sido producidos
y no comprados en el mercado, es factible el logro de un ahorro
al tercer año de U$ 736,1 de acuerdo al cuadro siguiente:
|
Alimento Producido
|
Ahorro (US$)
|
| Hortalizas |
223.6
|
| Conejos |
54.5
|
| Huevos |
22.5
|
| Pollos |
11.5
|
| Miel |
101.5
|
| Pan |
22.1
|
| Total |
736.1
|
El ahorro de US$ 736,1 resulta de hacer una
resta entre el valor de mercado a precio de venga a público de la
tonelada de alimentos y los costos de producción directos (semillas,
alambre, agua) e indirectos (capacitación).
Ligada al tipo de producción realizada han
comenzado a plantearse algunas micro-empresas entre las cuales resalta
una pequeña fábrica productora de alimentos para aves. Se trata
de un grupo de mujeres que preparan el alimento para las aves y
venden su producto a quien los quiera adquirir, con un descuento
para las familias que participan en el programa. La información
sistematizada muestra que la producción se ha duplicado entre 1992
(5.520 kgs) y 1994 (12.494 kgs), proyectándose a 20.788 kgs en 1995.
El ingreso neto por participantes subirá de US 40.7 anuales a US$
323,6 en 1995, debido a que la productividad de la mano de obra
se ha incrementado notablemente. Esto significa que cada hora trabajada
en la micro-empresa remuneraba 2.6 veces en relación a lo que se
obtendría por hora trabajada con el salario mínimo nacional, diferencia
que subiría 3,9 en 1995. Este hecho constituye para el poblador,
un vigoroso incentivo para buscar ideas rentables que le permitan
trabajar en lo propio. De esta forma el poblador puede capitalizar
para dejar atrás la pobreza y protegerse en los períodos de crisis.
Desde el punto de vista de la capacidad de
gestión social, el proyecto muestra un nuevo estilo de relación
entre comunidad pobre organizada y autoridad gubernamental. Hoy
día se demanda inversión en capital humano, facilidades para la
participación social y acceso a préstamos blandos avalados por el
conjunto de pobladores que lo solicitan. También debe incluirse
la capacidad de mejorar el hábitat haciendo uso de los principios
de sustentabilidad, embelleciéndolo y disminuyendo los riegos de
enfermedades causadas por un inadecuado manejo de las letrinas y
el reciclaje de las basuras.
La existencia misma del programa muestra la
capacidad de los pobladores de gestionar recursos y manejarlos adecuadamente,
de modo que el esfuerzo realizado se refleje en una mejora real
de los ingresos y de la calidad de vida. En relación al ingreso
podemos señalar que, si se adicionan al ingreso mínimo por trabajo
asalariado (US$ 1.200/año), el ahorro por la producción de alimentos
(US$ 736), y el ingreso esperado (US$ 170), por participación en
una micro-empresa como la descrita, llegamos a un ingreso familiar
anual de US$ 2.106.
Esta cifra requiere de un comentario importante.
Si bien el ingreso per cápita anual US$ 501 queda por debajo de
la línea de la pobreza que es de US$ 634, el déficit queda compensado
al incluirse en el ingreso calculado una importante proporción de
los bienes que supone la canasta básica de alimentación que define
dicha línea.
Reflexiones de la experiencia de desarrollo
de Tomé
Los pueblos que progresan son aquéllos que
invierten en capital humano no sólo porque es altamente rentable
sino por los incentivos a la superación que genera en los seres
humanos. Lo curioso es que esta premisa no ha sido aplicada de manera
efectiva a los campesinos y pobladores pobres.
La experiencia de Tomé muestra que si los pobladores
son los protagonistas del proceso de desarrollo y la capacitación
que se entrega moviliza sus capacidades y recursos, pueden lograrse
avances significativos en la lucha contra la pobreza sin que se
deteriore el medio ambiente. Para que esto ocurra la inversión debe
ser un complemento proporcionado a las necesidades, recursos materiales
y conocimientos existentes de la población local. Así los pobres
dejan de ser una carga social para transformarse en creadores de
riqueza.
En el caso de Tomé los cálculos disponibles
nos indican que la rentabilidad de la inversión ha sido y continuará
siendo alta.
Antes de completar el tercer año, el producto
generado habrá doblado la inversión realizada y, posiblemente si
se continúa entregando el apoyo logístico que el proyecto requiere
en cada una de sus fases, cada familia podría gradualmente reintegrar
a un fondo social al menos una parte de lo recibido.
Lo anteriormente señalado es lo que permite
pensar que el proyecto Tomé se mantendrá en el tiempo, ya que se
trata de una inversión que es económicamente rentable a nivel de
cada familia.
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