La Agricultura Urbana, una alternativa productiva para combatir la pobreza en sectores marginales
Gustavo Siau G. - Andrés Yurjevic M. Ph.D.
CET-CLADES. Chile

volver Nº 5
El presente artículo, pretende hacer una contribución al debate y al estudio de las posibles alternativas o caminos de solución a los problemas básicos que hoy enfrentan los sectores marginales que habitan en zonas urbanas y urbano-rural.

Este trabajo se apoya fuertemente en algunas experiencias de desarrollo productivo que se han implementado en sectores urbanos por instituciones de desarrollo. Tal es el caso, de experiencias desarrolladas por el Centro de Educación y Tecnología (CET) en algunas localidades urbano marginales de Santiago y en otras ciudades de Chile

A partir de estos trabajos, pensamos, se puede avanzar en la elaboración y ejecución de planes de desarrollo familiar y comunal donde los distintos sectores sociales estén integrados y participen activamente.

El Medio Urbano

Actualmente, los problemas de malnutrición y salud afectan a más de un billón de personas en todo el mundo. Todos los días, sobre 800 millones de personas sufren hambre, muchos de los cuales son niños. Alrededor de 1.5 billones de personas carecen de atención básica de salud y amenazan con ser blanco fácil de enfermedades.

A esta situación, se agrega una creciente y fuerte presión demográfica que complejiza aún más la situación de marginalidad. De los antecedentes mencionados, aliviar la pobreza es un imperativo moral y esencial para lograr un desarrollo equitativo y sustentable (UNCED, 1992).

Las naciones del mundo, han comenzado a sentir que los patrones de consumo (especialmente los que caracterizan a las ciudades), los procesos de producción y el crecimiento demográfico de la población deben ser racionales y equilibrados si queremos que las futuras generaciones gocen de salud y satisfacción.

En la actualidad se observa un número alto y creciente de personas que está viviendo en áreas urbanas. La población urbana absorbe alrededor de dos tercios del total del incremento de la población total en los países en desarrollo. Hoy, alrededor de 2.4 billones de personas en el mundo viven en áreas urbanas. (UNCED, 1992).

Esta tendencia de rápida urbanización se manifiesta de manera más fuerte en los países en desarrollo, siendo las áreas rurales el origen de la mayoría de los asentamientos urbanos pobres. Los bajos ingresos económicos de las familias rurales y la falta de trabajo permanente, incentivan primariamente este fenómeno de acelerada urbanización.

Cuadro 1
Porcentajes y proyecciones de la población urbana por regiones

Región
1970
1990
2000
2010
2020
Africa
23
34
41
47
54
Asia*
20
33
41
49
56
Latino América
57
72
76
80
83
Países Industrializados
67
73
75
78
81
Mundo
37
45
51
57
62

* Excluido Japón
Fuente: Todos los datos son estimaciones y proyecciones realizadas por el programa. Proyecciones de la Urbanización Mundial. Naciones Unidas, New York, 1991.

Una mirada a la situación demográfica de algunas regiones del globo, no ilustran la tendencia al crecimiento que estamos señalando. Africa, es aún el continente menos urbanizado del mundo. Sin embargo, es el que tiene las tasas más altas de urbanización (alrededor de 4.6% por año). Estas altas tasas, asociadas con porcentajes crecientes de crecimiento de la población no urbana, pueden llevar a un colapso demográfico al continente en el mediano plazo, el cual repercutiría más fuertemente en las áreas urbanas.

En las zonas del norte y sur de Africa, el incremento de la población natural será un factor determinante en el crecimiento de la urbanización (ETC, 1992).

En este continente, el acelerado proceso de urbanización es un fenómeno reciente comparado con lo observado en Asia y Latinoamérica. Ideas creativas y el desarrollo de tecnologías innovadoras parecen ser urgentes para superar los crecientes problemas de esta rápida explosión demográfica.

En el continente asiático, China e India son los países que concentran la mayor cantidad de población. En estos países existe un bajo nivel de urbanización, situación que determina que el continente en su conjunto no presente estadísticas altas de crecimiento urbano. El incremento poblacional natural es el factor determinante en el crecimiento de la población urbana. Las tasas de crecimiento urbano alcanzan en a actualidad un 3% año, porcentaje que se espera que se mantenga hacia el año 2000.

Por su parte Latinoamérica, presenta tasas de crecimiento urbano cuatro veces superiores a las observadas en las zonas rurales. En el año 1987 el nivel de urbanización alcanzó un 69%, los niveles de urbanización variaron en 1985 desde 55.5% a 84.3%. Actualmente la tasa de crecimiento urbano están declinando y varía entre 2.8 y 3.7%. Los factores que están determinando este nivel de crecimiento urbano en el caso latinoamericano, son el crecimiento natural y la movilidad de personas entre ciudad y ciudad (ETC, 1992).

El cuadro 1, presenta porcentajes aproximados de la población urbana en diferentes regiones y sus proyecciones.

Los conglomerados urbanos incluyen a la población que vive en grupos densos y contiguos, los que muchas veces transcienden los límites geográficos definidos administrativamente. En algunas áreas extensamente pobladas, estos grupos urbanos pueden abarcar más de una ciudad (Hábitat, 1987).

La definición estricta de lo urbano, difiere ampliamente de país en país. La mayoría de los países definen como áreas urbanas a todos aquellos sectores con al menos 2.000 a 5.000 habitantes. Situación más extrema observamos en el caso de Japón, donde los límites mínimos son de 50.000 habitantes y, en Perú, donde se consideran centros urbanos a las zonas con 100 o más hogares ocupados (ETC, 1992).

Los problemas que caracterizan a los asentamientos humanos de bajos ingresos, están relacionados con el acceso a los servicios básicos, inestabilidad en el derecho de propiedad, vivienda y entorno inapropiados, polución (debido a falta de servicios básicos), entro otros. Estos problemas ambientales y de salud amenazan seriamente a los habitantes de estas áreas.

Al respecto, Cairneros y col, (1991), señala que los hogares pobres presentan dos características que determinan un serio impacto en la salud: la presencia de un medio ambiente cargado con patógenos, especialmente con excretas humanas (dad la baja infraestructura y servicios) y, un estado de malnutricón generalizado que predispone a enfermedades clínicas y subclínicas.

En el caso de Perú, por ejemplo, se ha determinado que la mayoría de las familias urbanas pobres vive problemas serios de malnutrición y que éstas dependen permanentemente de subsidios estatales (alimentos), los cuales son escasos y limitados (Ninez, 1985).

Otras características que definen lo urbano, son las actividades predominantes que allí se realizan, las que son esencialmente de carácter no agrícola. Se observa una alta densidad poblacional y una alta concentración de servicios (muchos de los cuales no están disponibles para los sectores populares).

Por su parte, ecologistas y planificadores urbanos describen a las ciudades como "ecosistemas urbanos", donde consideran elementos bióticos y abióticos, flujo de energía, materiales, agua, diseño, organización espacial y cambios a través del tiempo.

De esta manera los ecosistemas urbanos son sistemas abiertos, altamente dependientes del entorno y de otros ecosistemas con los cuales mantiene flujos e interacciones.

Desde el punto de vista biológico presentan muy baja productividad. Desde la perspectiva de la población humana y de la estructura social, son sistemas con muy altos niveles de información, conocimiento, creatividad, cultura, tecnología, industria, entre otros, los cuales en algunos casos son exportado a otros sistemas (Celecia, 1990).

De esta forma las ciudades se han caracterizado por generar y acumular riqueza y por ser los principales centros de educación, empleo, cultura y oportunidades económicas. Sin embargo, por otra parte, ésta es una enorme consumidora de recursos naturales. Requiere enormes cantidades de agua, energía, productos alimenticios, y materias primas. En su proceso de consumo, genera polución que contamina las aguas, el aire y el suelo, lo cual conlleva a una serie de problemas ambientales que afectan incluso a las zonas rurales circundantes (IUCN, UNEP, WWF, 1991).

En este sentido, Carty (1991), menciona como los principales temas ambientales que hay que resolver en el contexto urbano, la polución del aire, el manejo de los desechos y la calidad del agua de bebida. Por otra parte, y considerando las necesidades básicas de la gente, esta situación se ve complicada por la falta de viviendas apropiadas, una extremada dependencia de alimentos que provienen fuera del dominio del hogar y problemas de salud relacionados con el propio ambiente urbano.

A su vez, las áreas urbanas no pueden ser vistas en forma aislada; éstas siempre están estrechamente relacionadas con las áreas rurales cercanas. La interacción urbano-rural está representada por espacios geográficos y de trabajo en común. Son fundamentales los flujos de combustible, alimento, materias primas, etc, que parten del área rural a la urbana y a su vez, el camino inverso también es de relevancia y muchas veces de carácter negativo. Al respecto, la mayoría de las veces este flujo que retorna desde lo urbano a lo rural causa severa polución del aire, aguas y suelo para cultivo. Un desafío importante en el futuro, será sin duda alcanzar una relación recíproca más beneficiosa para ambas áreas.

El área periférica de las ciudades o área periurbana, es el lugar donde se produce la mayor cercanía entre lo rural y lo urbano. Esta interacción se manifiesta en el uso de la tierra, intercambio de mano de obra, productos y relaciones sociales. Es el espacio donde se observan de manera más nítida los cambios e intercambios recíprocos y los conflictos.

Un aspecto importante en la relación entre lo urbano y lo rural es la migración de gente. El flujo principal es el que parte desde lo rural, y que está constituido principalmente por jóvenes.

La migración desde las áreas urbanas es mucho menor y se compone fundamentalmente de gente de edad. Por otro lado, se presenta una marcada migración estacional hacia los sectores rurales en los tiempos de la cosecha de productos agrícolas, fundamentalmente cosecha de productos hortofruticolas.

El Poblador Urbano

La condición de poblador urbano está determinada por variables externas e internas a su persona y a su entorno inmediato.

Dentro de las variables principales, destacan las de tipo macro y las que se dan a nivel de la organización comunitaria local. Al respecto Yurjevic, (1990), señala las siguientes:

  • El acceso al mercado del trabajo (informal o formal) es un factor que estará determinando la posibilidad de acceso a la previsión social, salud, crédito y nivel de ingresos del poblador urbano.
  • El funcionamiento de la economía es una variable que determina el nivel de ingresos, siendo el crecimiento económico el que más influye en el nivel de remuneraciones en el largo plazo. Es también la variable que define los ingresos fiscales para financiar programas de acción social.
  • Las políticas de fomento y protección del gobierno hacia el sector informal son determinantes. Las reglas del juego entre lo formal y lo informal determinan las capacidades de acumulación del sector informal, sector donde se desenvuelve una parte importante de la población urbana marginal.
  • Las diversas actividades de la economía tienen distintas capacidades de absorción de mano de obra, ofreciendo algunas de ellas mayor oportunidad relativa para hombres o mujeres.
  • El grado de organización social a nivel local determina por una parte, la fuerza reivindicativa que pueda tener la comunidad para influir en políticas sociales territoriales, de educación, salud y servicios. Por otra parte, también estará determinando la capacidad creativa grupal para lograr mayor conocimiento técnico para la resolución de problemas (lo que incluyen el diseño de propuestas), capacidad de acceder a fuentes de financiamiento, formas colectivas de implementación, entre otras.

Por su parte, el poblador visto como parte de un proceso de cambio activo, adquiere una dimensión vital para el éxito de cualquier iniciativa o programa de desarrollo social local. El desarrollo urbano concebido desde el propio poblador para que tenga posibilidades de éxito debe diseñarse a escala humana, lo que realza la importancia del ámbito social, de la comunidad humana de las que están próximos, de las relaciones vecinales y de sus vínculos cotidianos. Todo lo cual estrecha la relación entre el poblador y las instituciones responsables de la educación, salud, vivienda, cultura, recreación, (CET, 1986).

La Agricultura Urbana

En las zonas rurales existe una producción importante de cultivos destinados a la alimentación de la familia, sin embargo, en las áreas urbanas esta situación no se da, teniendo que comprar la gente la totalidad de los alimentos. Al existir un bajo poder adquisitivo por parte de los pobladores urbanos, los problemas de malnutrición se acrecientan.

En este sentido, la producción de alimentos al interior de los asentamientos urbanos de bajos ingresos parece ser una de las estrategias más importantes para superar de manera considerable los problemas del hambre y eventualmente, contribuir al mejoramiento económico de los pobladores.

Al respecto, la agricultura urbana (AU), ha sido reconocida como una herramienta para mitigar algunos de los impactos negativos de la pobreza, particularmente el hambre y la malnutrición.

Dentro de las consideraciones de una definición amplia de AU o Agricultura Intensiva Metropolitana, destaca la explotación casera de algunos rubros productivos, tales como crianza de animales, horticultura y arboricultura. Estas actividades, demandan un tiempo de trabajo parcial por parte de los pobladores (Ford Foundation, 1993).

El desarrollo de este tipo de agricultura intensiva debe ser lo suficientemente productiva y eficiente como para competir con otras actividades que se dan en el entorno local o zonal.

Estas son actividades locales que se desarrollan en espacios pequeños (patios posteriores de las casas) o espacios de terreno generalmente no utilizados.

Las actividades de la AU son típicamente actividades de "ingresos complementarios" a pequeña escala, en contraposición con un concepto empresarial que define a las grandes empresas productoras de pollos, huevos, leche, etc. o de cualquier producto. Estas grandes empresas, a través del mercado de productos, abastecen parte de los insumos requeridos por la AU y, en algunos, casos dejan a disposición un mercado para la comercialización de los productos generados en estos espacios pequeños (Ford Foundation, 1993).

Desde el punto de vista de la alimentación, varios estudios han demostrado que en lugares donde se practica la AU se mejora la calidad de la alimentación, otorgando a las familias y a la comunidad mayores niveles de seguridad alimentaria.

La AU, así definida, está dominada por operaciones a pequeña escala, con una base geográfica en permanente cambio y que obtiene mayores producciones por unidad de superficie que los sistemas tradicionales de producción agrícola. A su vez, da la posibilidad de consumir mano de obra femenina e invierte bajo capital e insumos. Presenta bajo riesgo y generalmente genera un impacto beneficioso sobre el medio ambiente local (Ford Foundation, 1993).

La AU dentro de los espacios locales contribuye a mejorar la calidad del suelo, drenaje, la calidad del aire, el microclima y disminuye, fuertemente, las posibilidades de contaminación por basura a partir de la práctica del reciclaje de ésta.

El mejoramiento del medio ambiente en áreas pobladas de bajos ingresos tiene particular importancia, ya que se logra un beneficio sustantivo y creciente con escasa inversión de capital, mejora considerablemente la salud de la población (o dicho de otras manera, el riesgo de enfermar disminuye) y el medio ambiente global de la ciudad en su conjunto y la salud de sus residentes.

Si analizamos los efectos de la AU sobre el comportamiento social, observamos que en los vecindarios donde se desarrolla este tipo de actividad, se logran altos niveles de interacción social los que se manifiestan en cooperación en el trabajo, en la adquisición de insumos, venta de algunos productos, preocupación colectiva por el entorno del vecindario, etc.

Por su parte, los beneficios económicos atribuibles a las prácticas de este tipo de agricultura, no son posibles de ser medidos en su totalidad en el corto plazo. No obstante, el aporte que hacen las pequeñas producciones caseras a las economías locales, nacionales y regionales, son importantes. Por ejemplo, en algunas ciudades de China, cerca de l85% de los vegetales consumidos son producidos dentro de los límites municipales urbano-rural (Skinner, 1981). En Hong Kong el autoabastecimiento de vegetales frescos, la oferta de carne de cerdo y de pollo, es en un 40, 15 y 76% producido a nivel local, respectivamente (Wade, 1982). En Singapur, la autosuficiencia de carne de cerdo alcanza un 78% y son los espacios caseros los que producen sobre el 26% de los vegetales consumidos (Yeu-man Yeung, 1988). En la capital de Perú, se ha estimado que los beneficios económicos provenientes de los jardines caseros representan un 10% del salario medio popular.

A su vez, Infante (1986) en estudios realizados en Chile, señala que la producción intensiva de hortalizas en espacios domésticos presentan ventajas en varios ámbitos:

  1. Económicas: Bajo costo del sistema; permite nuevas posibilidades de ingreso al núcleo familiar; utiliza los recursos disponibles, suelo, desechos y mano de obra.
  2. Nutricionales: contribuye a satisfacer necesidades nutritivas básicas de la familia; permite variar la dieta; consumo de hortalizas de alta calidad y sin productos químicos; importante aporte en programas de desarrollo para mujeres, niños y alcohólicos.
  3. Agronómicas: aumenta la capacidad productiva por área; optimiza el uso de los recursos naturales; utiliza técnicas sencillas; ocupa menos de la mitad de agua que en el sistema convencional; el suelo aumenta constantemente su fertilidad; minimiza los problemas de malezas, insectos y enfermedades; permite una cosecha escalonada en el tiempo.
  4. Sociales: favorece el diálogo y la integración familiar; fuente de trabajo comunitario; es un trabajo recreativo y útil.

Además, dentro de los aspectos económicos, la alta rentabilidad de la mano de obra sobre el trabajo realizado es uno de los principales factores que logra la AU. Esto, sumando a requerimientos moderados de destreza para el desarrollo de estas prácticas (trabajo no especializado), la hacen apropiada para ser implementada en sectores populares.

Procesos de la AU como Ayuda a la Reducción de la Pobreza

El proceso de Autosubsistencia (fungibilidad), es tal vez el aspecto propio de la AU que con mayor fuerza contribuye a la reducción de la pobreza. En la mayoría de los barrios y ciudades de los países del tercer mundo, sobre la mitad del gasto familiar es destinado a la compra de ali8mentos. En los sectores pobres, los alimentos son los que consumen el dinero. Por lo tanto, se entiende que cualquier esfuerzo que ayude a la producción interna o doméstica de alimentos, será una herramienta técnica que contribuirá directamente a la reducción del nivel de pobreza (Ford Foundation, 1993).

Por otro lado, el proceso de autosubsistencia se manifiesta también, toda vez que la AU proporciona cierta reserva de alimentos para épocas críticas o de desempleo de quienes la practican. También, la posibilidad de poder convertir en dinero rápido algunos productos cosechados, la hacen atractiva para encarar emergencias económicas.

A modo de ejemplo en Kenya, alrededor del 80% de los productos generados con la AU son consumidos por las familias. Esto representó un ahorro de alrededor de un 50% en el gusto en alimentos. Esta situación conlleva a un mejoramiento nutricional en la dieta familiar (Ford Foundation, 1993).

La actividad de AU, además, da una oportunidad de trabajo para gente no especializada. Este trabajo se convierte en una posibilidad real para mujeres, "allegados", jubilados, adolescentes. Además, es probable que el desarrollo de la AU se convierta en generadora de ingresos para las familias.

Por otro lado, la AU hace una contribución importante a través del proceso de bienestar de quienes la practican, en comparación a otras actividades informales o formales como la industria, empresa de servicios, u otras. Este beneficio, se ha investigado fuertemente en el ámbito del mejoramiento en la nutrición, pero además logra un impacto positivo en términos de mejorar el ambiente de la casa, aumentar la seguridad económica, mejorar la calidad y plusvalía de la comunidad, estimulando la actividad de la gente.

Es interesante mencionar el caso de Perú, donde funcionan comedores comunales establecidos en terrenos públicos. Este esfuerzo cooperativo, proporciona alimentos frescos aumentando los niveles de autosubsistencia de quienes participan en ellos. Por otro lado, los desechos reciclables que produce la comunidad se convierten en alimentos, reduciéndose de esta manera los problemas de infecciones intestinales, y mejorando la actividad social y ambiental de la comunidad (ETC, 1991).

Problemas en la Implementación de la AU

Dentro de los problemas gravitantes para la puesta en marcha de programas masivos de AU, destaca, fundamentalmente, la falta de políticas claras que normen el uso de tierras en las áreas urbanas. Políticas que deben abordar temas tales como las condiciones para la tenencia de animales en sectores poblados, las normas en el manejo de los desechos, la comercialización, el acceso a la tierra para el desarrollo de AU, entre otros.

La falta del recurso tierra es un factor importante y, tal vez -más específicamente-, la falta de oportunidades de acceso a la tierra. En la mayoría de los países, un número de personas relativamente pequeño es propietaria de un gran porcentaje de la tierra. Pareciera ser que acciones de gobierno son necesarias para dar oportunidades de acceso a la tierra para el desarrollo de prácticas de AU. La AU es una alternativa técnica productiva para la subsistencia y, como tal, no es capaz de generar ingresos para comprar tierras (ETC, 1992).

La falta de agua es otro aspecto frecuentemente señalado como dificultad, especialmente en zonas semiáridas o secas. Este punto parece posible de ser abordado a través de algunas alternativas técnicas, tales como la elección de especies vegetales más adaptadas a esas zonas, manejo de épocas de siembra, construcción de pozos de agua y de métodos de cosecha de aguas lluvia, etc. No obstante, éste es un punto de dificultad importante.

Por su parte, Infante (1986), menciona las principales dificultades o desventajas que presenta la adopción de esta práctica productiva, y éstas son las siguientes:

  • requiere de tiempo y esfuerzo en su construcción y mantención;
  • escasez de herramientas, material vegetal y estiércol y animales;
  • miedo al fracaso y vergüenza de utilizar el espacio casero,
  • requiere un cambio de mentalidad;
  • falta de interés en el caso de estar cerca a zonas hortícolas.

Por otro lado, aspectos de salud también participan en este conjunto de problemas. Estos se manifiestan en: inseguridad de obtener compost con una adecuada reducción de patógenos y parásitos; contaminación de vegetales y por crecer en ambientes contaminados; contaminación con desechos animales, etc.

Otro problema, que frecuentemente se menciona, son los robos (de vegetales, animales e implementos), siendo éstos más frecuentes cuando se practica la AU en espacios que exceden los límites del hogar (ETC, 1992).

Técnicas de producción apropiadas eficientes y no contaminantes y un trabajo riguroso en aspectos socio culturales y epidemiológicos son necesarios para ir superando estas dificultades a nivel de los grupos participantes.

Desafíos Técnicos, Institucionales y Políticas

Cambio administrativos, de organización y operación de la comunidad, deberían ser introducidos para evitar que las prácticas de la AU no causen problemas de polución, contaminación y salud. Al respecto es necesario establecer formas de monitoreo y apoyo para el buen manejo de la AU.

La AU requiere trabajar con el apoyo estrecho de los gobiernos locales, instituciones no gubernamentales y pobladores. En este sentido, la producción agropecuaria en zonas urbanas en relación a las rurales, es más sensible al acceso a la tierra, acceso al agua, polución ambiental, desechos, mercado, crédito y asistencia técnica.

Muchas veces se observa una actitud contradictoria en los gobiernos con respecto al desarrollo de la AU. Desde el punto de vista social y organizativo la encuentran interesante, pero razones de carácter sanitario no permiten concretar acciones para su ejecución y masificación.

Usualmente la AU es una actividad informal que en la actualidad, en la mayoría de los casos le da un uso ilegal a la tierra. Esto sin duda, lleva a conflictos con las estrategias de planificación comunal. Por ello, argumentos sólidos son necesarios para motivar y convencer a autoridades (especialmente autoridades municipales) de la importancia de desarrollar políticas que proponen AU.

En la actualidad, varias agencias internacionales de ayuda están apoyando programas en agricultura intensiva metropolitana. Dentro estas agencias destacan: ASDB, AVRDC, CARE, FAO, FF, GTZ, IAF, IDRC, IFAD, IIRR, SCF, SIDA y UNICEF. Varias organizaciones no gubernamentales de carácter rural, mantienen programas de investigación, asistencia técnica e implementación de proyectos en AU (ETC, 1992).

La cooperación recíproca entre gobierno local, pobladores y sector privado parece ser determinante para avanzar hacia el desarrollo de la AU. Se ve necesario contar con un nivel adecuado de organización comunal para caminar hacia el mejoramiento del ambiente local, apoyándose en la infraestructura y los servicios municipales.

De la misma manera, un número cada vez más importante de centros de investigación y universidades muestran interés para investigar sobre aspectos relacionados con la AU.

Dentro de los desafíos técnicos inmediatos, al cual pueden ayudar universidades, gobierno y la comunidad, destacan las necesidades de investigación. Estas debieran incluir estudios en políticas técnicas apropiadas para el incentivo de la AU en sectores populares; alternativas de producción en espacios reducidos en diferentes áreas climáticas; formas apropiadas de integración de horticultura, producción animal y aquicultura en los casos que corresponda; prácticas de conservación de agua en espacios pequeños; formas de reciclaje de desechos y compostaje; métodos de extensión, proposición y capacitación de los aspectos técnicos, organizativos, sociales y de salud (ETC, 1992).

Una estrategia de desarrollo del sector poblacional debe, necesariamente, incluir y comprometer a la propia gente. Los aspectos relacionados con su organización local, el desarrollo de la conciencia en relación a los temas reivindicativos, de cambio social y auto ayuda el dominio de las alternativas tecnológicas y su diseño y, las capacidades de gestión económica y social.

Experiencias en AU implementadas por el CET

El Centro de Educación y Tecnología (CET) ha venido estudiando y desarrollando hace 12 años propuestas tecnológico-productivas que maximicen los recursos propios del poblador urbano, a la vez que mejoren la nutrición, el espacio físico y, eventualmente, contribuyan a generar ingresos económicos a las familias. Las propuestas de AU implementadas en varias comunas de Chile constituyen un conjunto de actividades productivas y tecnológicas, cuyo eje central es la cuestión alimentaria.

El interés de la institución por lograr un impacto importante en la calidad de vida de las familias participantes le ha llevado a definir una propuesta que incluye, en una buena parte de los casos, los siguientes componentes: el huerto familiar intensivo; la crianza de aves, de conejos, de abejas; el manejo de frutales y algunas tecnologías alternativas.

Al respecto, Infante, (1986) en estudios realizados en la zona Central de Chile en producción intensiva de hortalizas, reporta:

  • A partir de una superficie de suelo de 11,05 m2 (una cama alta más pasillos laterales) se obtuvo 177,4 kg. de 14 cultivos hortícolas: (acelga, arveja, betarraga, brócoli, cebolla, cilantro, espinaca, haba, lechuga, rabanito, repollo, repollito de bruselas, tomate, zanahoria), utilizando para ello 6,05f jornadas hombre, 14,1 m3. De agua y 0,36 m3. De compost, durante el ciclo de cultivos correspondientes a un año.
  • Los requerimientos de consumo de hortalizas de una familia compuesta por cinco miembros (360 Kg. hortalizas/año) serían cubiertos con la producción de dos camas altas, necesitándose para ello: un promedio de 16,2 minutos al día de trabajo, un volumen anual de 28,2 m3. De agua y 0,72 m3 de compost y un costo anual de $1.982 para conseguir un ahorro mensual de $1.200.
  • Los productos hortícolas obtenidos bajo tecnología orgánica, en general, no presentaron problemas de calidad comercial, y si a ésto se le agrega el hecho de estar exentos de contaminantes químicos y bacteriológicos resultan ser excelentes en cuanto a calidad biológica.
  • En general, el variado sistema de control de plagas y enfermedades que excluyó el uso de plaguicidas químicos, logró un buen control de las mismas, sin afectar mayormente la calidad y rendimiento de las hortalizas.
  • Según la Razón Equivalente del Area (REA) que permite comparar producciones bajo monocultivo con rendimientos obtenidos en sistemas de policultivos por unidad de superficie, se concluyó que el sistema de cultivo intercalado practicado en las camas altas requiere de 2,34 veces menos superficie para obtener una producción semejante a la obtenida con las mismas especies cultivadas aisladamente.
  • La incorporación de la tecnología orgánica en la producción de hortalizas en el huerto familiar, significaría un enriquecimiento de la dieta, un mayor uso y valoración del trabajo y una ayuda a la economía familiar, aspectos todos que tendrían especial importancia para los sectores socio-económicos bajos del país.

El mismo autor, (1992), después de un trabajo de 4 años de manejo orgánico de suelos en la zona de Concepción, VIII región de Chile, observó un incremento notable en los niveles de materia orgánica (de 1.8% a 4,65%), destacándose las altas disponibilidades de N (78 ppm) P205 (175 ppm) y K20 (1.46 ppm). Esto permite concluir que las condiciones físicas del suelo se ven muy favorecidas por los altos contenidos de materia orgánica, que por tener gran superficie de partículas actúa como "esponja", mejorando la capacidad de retención de humedad y la aireación. En este estudio la fertilización se realizó mediante compost en dosis de 1,5 Kg/m2.

Al evaluar los niveles de cobertura nutritiva de este sistema, se aprecia que la abundancia de hortalizas con aporte de vitaminas A y C es muy alta. Las demás vitaminas se encuentran cubiertas entre el 10 y 30%. En cuanto a las proteínas, se encuentran en un nivel más bien bajo (10 a 20%), y en el caso de los minerales se aprecian bajo los niveles de fósforo, pero altos los de Calcio.

Por su parte Yurjevic y col, (1992), estudiando un sistema de autosubsistencia compuesto por la producción de vegetales y animales, obtuvieron en 200 metros de huerto intensivo un total de 1119,7 Kg. de productos hortícolas, (con una variedad de 28 especies), destacándose las producciones de acelgas (104 Kg.), cebollas (126 Kg.), tomates (111 Kg.), pepinos (60 Kg.), entre otros. La producción obtenida equivale a 57 toneladas de hortalizas por hectárea. Además, se produjo con 10 gallinas mestizas alrededor de 2.000 huevos/año y 50 Kg. de carne de ave. Con la explotación de conejos (2 conejas y 1 macho reproductor) obtuvieron 100 Kg. de carne/año.

Dentro de los principios de manejo utilizados en este sistema de producción destacan:

  • Diversificación espacial y temporal, lograda a través de utilización de cultivos mixtos e intercalados en superficies pequeñas.
  • Integración de la producción vegetal y animal.
  • Mantención de altas tasas de reciclaje de desechos animales y vegetales.
  • Optimización del uso del espacio.

En otro estudio realizado por el CET, Gana, (1989) diseño y estudió el funcionamiento productivo de un huerto casero, construido en una superficie de 20 m2. En este pequeño espacio se establecieron diversas estructuras las que finalmente fueron evaluadas individualmente en términos productivos.

Los componentes de este sistema de producción urbano fueron:

  1. Estanterías sobrepuestas con 3 pisos de cajones.
  2. Estanterías escalonadas: diseñadas en base a cajones.
  3. Cama alta y media cama.
  4. Cajones sobre cama alta: estructura que permite tener un segundo piso de producción.
  5. Reja espaldera.
  6. Torre de neumáticos: estructura de bajo volumen y alto número de divisiones cultivables.
  7. Torre de artesas: construida en base a materiales de desecho que tiene un alto volumen de tierra, lo que da una gran profundidad de suelo.
  8. Mangas colgantes: las que presentan la máxima relación superficie cultivada: área ocupada.
  9. Almacigueras.
  10. Abonera
  11. Módulo de 5 gallinas de postura en jaulas individuales.

En términos de utilización del espacio, la estructura más eficiente es la manga colgante, seguida por la reja espaldera y las estanterías sobrepuestas. Las menos eficientes son la cama alta y la media cama.

En relación a la mano de obra, el trabajo mejor empleado para obtener superficies cultivables está en la construcción de mangas colgantes, cama alta, media cama y reja espaldera.

El tiempo estimado para la mantención del huerto es de 30-45 min./día más 2-4 horas 1 día a la semana. El mayor tiempo es el dedicado al riego, por lo que si se dispusiera de un sistema de riego automático por goteo, el tiempo requerido disminuiría considerablemente.

Cuadro 2
Producción total de hortalizas por mes y participación
porcentual total producido (g en verde)

Mes Diciembre Enero Febrero Marzo Abril Total %
Total hortalizas   9570   8330   21717   18860   9258   67735   100,00
% 14,13 12,30 32,06 27,34   13,67 100,00

En el cuadro 2 se presenta la producción de hortalizas por mes para el total del huerto (lechuga, acelga, apio, albahaca, cilantro, rabanito, betarraga, cebolla, tomate, ají, pimentón, melón, pepino, poroto verde).

La mayor producción corresponde a lechugas, por su alto aporte inicial y por su permanencia en el tiempo a través de las diversas variedades sembradas. Inmediatamente le sigue el tomate, con un alto aporte desde febrero a abril. Después vienen la betarraga y la acelga, las cuales presentan un aporte más o menos constante y siempre superior a 1 Kg. mensual (salvo diciembre). Estas 4 especies aportaron el 76% de la producción total del huerto, es decir, más de las ¾ partes.

En el aspecto productivo este huerto urbano tiene un potencial suficiente para producir más Kg. de hortaliza fresca por unidad de superficie que el huerto familiar intensivo.

En el aspecto económico, se pudo ver que la inversión mejor hecha en sentido estructural (sin considerar la producción) corresponde a las camas y mangas colgantes, que el gasto en agua es marginal, aún para familias de bajos ingresos y que la producción valorada indica que los cultivos más rentables son sencillamente aquellos que más se cultivan, es decir, aquellos cuyo ciclo de crecimiento y/o producción es más corto. Tal es el caso de la lechuga, betarraga, acelga, tomate, pimentón y pepino.

Otro estudio realizado por Yurjevic y Col, (1992), en base a la experiencia de trabajo de 12 años con pobladores urbanos de Tomé (poblado urbano-rural ubicado a 500 Km. De Santiago de Chile), proponen un modelo para el poblador que tiene un número de unidades productivas distribuidas de la siguiente manera y dimensiones. (Figura 1).

  1. Huerta Familiar Intensiva: 40,5 m2. De superficie que significan 5 camas altas de 8.1 m2. (incluidos los pasillos laterales).
  2. Producción de aves doble propósito: 2 gallinas incubadoras y 11 aves de posturas en 6,0 m2. Además se mantiene durante el año 1 macho reproductor y 18 aves en crecimiento.
  3. Producción de conejos doble propósito: 2 conejas reproductoras y un reproductor, en 4,0 m2. donde también se mantienen anualmente 36 conejos destinados para producción.
  4. Producción de miel: 4 colmenas completas en un espacio de 4.0 m2.

Además el modelo incorpora las siguientes tecnologías:

  1. Horno de barro: se le destinan 5,0 m2.
  2. Abonera: 2,5 m2.

Con este sistema de producción propuesto, los autores han obtenido un promedio de producción de hortalizas por cama alta de 107,5 Kg. Esto representa una producción por m2. De 1,33 Kg. lo que en términos nutricionales aporta: 192,9 g. de proteína; 2.715,5 Kcal; 1,7 g. de vitamina C; 0,2 g. de fierro; 8,5 g. de calcio.

Con respecto a la producción de conejos, señalan que cada hembra reproductora produce al año un promedio de 18 conejos, lo que se traduce en una producción anual de aproximadamente 26.7 Kg. Esta producción de carne por coneja haría un aporte nutricional de: 5.420,1 g. de proteína; 41.652,0 Kcal.; 0,6 g. de fierro; 7,5 g. de calcio.

Por su parte, en el sistema propuesto, una ave de postura produce anualmente 190 huevos, lo que representa 10,4 Kg. Esta cantidad hace un aporte nutricional de 1.410,7 g. de proteína; 17.130,0 Kcal; 0,2 g. de fierro y 4,7 g. de calcio.

Respecto a la producción de miel, los autores obtuvieron por colmena 22,5 Kg. de miel al año.

Es importante resaltar la presencia de animales en los sistemas productivos propuestos. Estos, en conjunto con la producción vegetal, hacen más estable al sistema y equilibran de mejor manera el aporte nutricional. Al respecto, Montero (1993) señala que la crianza de animales pequeños representa una forma de dar estabilidad nutricional y económica al sistema, ya que:

  • Aportan en la alimentación humana a través de productos como huevos, carne y grasa.
  • Su ciclo reproductivo corto, permite una rápida obtención de productos.
  • Su pequeño tamaño corporal permite su crianza en espacios reducidos. Del mismo modo, pueden por su tamaño, ser consumidos en corto tiempo por la familia y así evitar sistemas sofisticados de conservación.
  • Sus cuidados son simples.
  • Representan un capital que puede ser rápidamente convertido en dinero frente a situaciones difíciles.
  • Son aportadores de guano al sistema de producción agrícola.

En relación a la secuencia de actividades para lograr desarrollar un sistema de producción en AU Yurjervic y Col, (1992), señalan:

El primer año es un momento de entrada y motivación a los grupos de pobladores. Se trabaja implementando la huerta familiar intensiva debido a que con ella es posible obtener productos en corto plazo, es una tecnología fácil de aprender y su implementación se basa en la utilización de los recursos que el poblador tiene. Durante este primer año, sus aportes no superan el 25% de los ingresos que ésta puede generar al final del período cuando la familia está en el pleno desarrollo de todas las prácticas. Por tanto, el gran producto de este año está basado en la relación de confianza que es posible establecer entre pobladores y capacitadores lo cual es materia prima para el trabajo de los próximos años.

Posteriormente, los participantes logran un nivel que les permite incorporar tecnologías más complejas. De esta manera, en un segundo año, la familia empieza a mejorar la crianza de animales menores, cuyos aportes son más constantes en el tiempo y reportan cerca de un 70% con respecto al ingreso que generan al final del período, las hortalizas mejoran en su producción llegando a un 40% y aparece la producción de miel que no supera el 20% de su producción final.

Al tercer año, se han incorporado a la dinámica del entorno de la vivienda el conjunto de las tecnologías en un nivel de generación de ingresos similar al del modelo propuesto.

Es así como, pedagógicamente, actividades de AU despiertan gradualmente la iniciativa y la creatividad desde los propios pobladores frente a las tareas del desarrollo.

Actualmente, el CET está trabajando en la sistematización y evaluación de estrategias integradas de AU desarrolladas en poblados urbano marginales de algunas ciudades de Chile. Estos trabajos incluyen el estudio de la demanda de mano de obra del sistema productivo; costos de infraestructura y de mantención; balance nutricional (de lo aportado por el sistema productivo casero y lo requerido por un familia tipo de la región) que incluye calorías, proteína, vitamina C, vitamina A, calcio, fierro; ahorro en dinero atribuido al sistema por producir internamente productos comestibles; eventuales ingresos económicos; y efectos sociales a nivel familiar y local.

La experiencia del CET ha permitido valorar aquellas tecnologías, como las implementadas en la AU, que ponen énfasis en los recursos propios antes que los elementos que puedan aportarse desde afuera. Tecnologías que están basadas, principalmente en el trabajo humano, factor más abundante que el capital en los sectores populares. Tecnologías que parten de la experiencia acumulada por la gente y que refuerzan su cultura, especialmente sus valores, objetivos e intereses. Tecnologías que son comprensibles, manejables, mejorables y, por lo tanto, permiten y estimulan la creatividad. Una tecnología así es capaz de ir generando en los grupos de base mayor autonomía e independencia (CET, 1986).

La opción tecnológica no es neutra, ya que puedo o no ser generadora de libertad. Si la tecnología a utilizar valoriza recursos propios, el grupo tendrá objetivamente más medios que si la opción es una tecnología que los considera.

Tecnologías como las utilizadas en la AU, manejables por los grupos de base, pueden ayudar mucho al desarrollo de los elementos básicos de la organización: responsabilidad, planificación, discusión grupal, decisiones tomadas en común, control de las tareas hechas por el mismo grupo, desarrollo de la dirección vecinal, aparición y formación de nuevos dirigentes (CET 1986).

En este sentido, la AU puede además ser un buen punto de partida para una reflexión social más amplia, que ayude al desarrollo de la conciencia y de la comprensión de los problemas sustantivos que afectan a la familia urbana marginal.


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