En la década de los 70 tuvo lugar un renovado
interés por el conocimiento ecológico y por comprender las estrategias
de las culturas rurales tradicionales (Klee, 1980). Usando información
procedente de un creciente número de estudios de caos, varios autores
han puesto énfasis en la importancia de las culturas tradicionales
para el diseño de sistemas agrícolas alternativos, ecológicamente
relevantes (Altieri, 1988ª), y para la conservación de los recursos
bióticos y genéticos (Brush, 1986). Por otra parte, las estrategias
y conocimientos ecológicos tradicionales han sido utilizados como
base para nuevos estilos de desarrollo rural en áreas del mundo tan
diferentes como Africa Occidental, el Sudeste de Asia (Marten, 1986),
México (Toledo y Col. 1986) y la región amazónica (Posey y Eddins,
1984). Estas investigaciones son notables por una razón fundamental:
aunque los investigadores representan diferentes disciplinas y sus
trabajos son esencialmente recopilaciones descriptivas de varios aspectos
ecológicos de culturas tradicionales, las investigaciones se han basado
-implícita o explícitamente- en una asunción central: en contraste
con los sistemas más modernos de producción rural, las culturas tradicionales
tienen a implementar y gestionar sistemas ecológicos como un nuevo
paradigma científico, lo que incluye una segunda tesis: existe una
cierta racionalidad ecológica de la producción tradicional, que no
ha sido todavía cuidadosamente analizada.
Este trabajo está dedicado a explorar esta
racionalidad ecológica, que es aparentemente inherente a la producción
tradicional. Focaliza la atención en los fenómenos campesinos, porque
los términos culturas "tradicionales" e "indígenas" (que son comúnmente
utilizados por los estudios para designar a los pueblos iletrados
que viven en áreas rurales de países en desarrollo) están cargados
de vaguedad e incluyen un conjunto complejo de sociedades humanas.
Mientras que los grupos tribales (incluyendo pueblos nómadas y agrícolas)
generalmente viven en núcleos geográfica y económicamente aislados
del resto de sus sociedades nacionales, los campesinos viven en
comunidades conectadas con mercados regionales, nacionales e, incluso,
internacionales. Los campesinos representan la mayor parte de la
población de las, así llamadas, culturas tradicionales, y su proporción
se incrementa abiertamente conforme las tendencias sociales tribales
en grupos campesinos.
No obstante, la mayor parte de la discusión
de este trabajo es también aplicable a las sociedades tribales.
Las principales características de la producción
campesina
Más allá de las discusiones teóricas y políticas
acerca de si la producción campesina constituye un modo específico
de producción o simplemente una clase o una fracción de clase dentro
de diferentes modos, hay un conjunto de características que definen
a la economía campesina.
- Un rasgo importante de la producción campesina
es su relativo alto grado de autosuficiencia. Las familias campesinas
(la unidad de producción campesina) consume una parte sustancial
de su propia producción y, concomitantemente, producen casi todos
los bienes que necesitan.
- Los campesinos están comprometidos en un
proceso de producción predominantemente basado en el trabajo de
la familia con un mínimo número de "inputs" externos. La fuerza
humana y animal, más que los combustibles fósiles, son las principales
fuerzas de energía. La familia, consecuentemente, funcional a
la vez como una unidad de producción, consumo y reproducción.
- La producción combinada de valores de uso
y mercancías no busca el lucro, solamente, sino la reproducción
simple de la unidad doméstica.
- Los campesinos, generalmente, son pequeños
propietarios de tierra, debido a razones tecnológicas y, frecuentemente
también, a la escasez y/o desigual distribución de ésta.
- Aunque la agricultura tiende a ser la actividad
principal de la familia campesina, la subsistencia campesina está
basada en una combinación de prácticas, que incluyen la recolección
agrícola, cuidado de ganando doméstico, artesanía, pesca, caza
y trabajos fuera de la explotación a tiempo parcial, estacionales
o intermitentes.

Una aproximación ecológico económica a la
producción rural
La manera cómo los campesinos producen bienes
es un tema de considerable interés para los economistas y otros
científicos sociales, particularmente después del redescubrimiento
de los trabajos de Chayanov (Durremberger, 1984). Estos estudios,
sin embargo, examinan los fenómenos aislados de su contexto medio-ambiental
(Pérez, 1979). En esta estrecha visión los factores naturales son
simplemente eliminados de los análisis o son tomados como constantes,
usualmente llamados materias primas (Dekre y Janvri, 1979), de tal
manera que la producción campesina se convierte en un proceso realizado
en un vació ecológico, una consecuencia obvia de la división en
compartimentos estancos de la moderna ciencia. En este contexto,
los principales componentes de los fenómenos son separados y diseccionados
para ser analizados como temas de disciplinas específicas. Por contraste,
una aproximación interdisciplinaria económico-ecológica puede resolver
viertas contradicciones fundamentales y aspectos oscuros del proceso
productivo campesino, tales como la "regla de Chayanov", el "reduccionismo
ecológico" del análisis energético hecho por los antropólogos y
el rol real y potencial del campesinado (Toledo, 1988a).
Antes de construir un modelo coherente de producción
campesina, es necesario reconocer que la economía campesina es,
en último análisis, una forma particular de producción rural agraria;
y que en estas áreas los productores utilizan los recursos naturales
como medios básicos e irremplazables. Esencialmente hay dos conjuntos
específicos que deben ser analizados e integrados. Desde el momento
en que los habitantes rurales son primariamente productores que
se enfrentan a la vez a fuerzas naturales y sociales, son actores
económicos dentro de un contexto económico y ecológico. Por consiguiente,
cualquier análisis de la producción rural y campesina debe incluir
ambas variables, económica y ecológica, que afectan a este proceso.
La producción campesina siempre implica la combinación de valores
de uso y de cambio; es el resultado de procesos naturales y de fuerzas
de mercado que actúan sobre el campesino como productor y consumidor.
Esta doble naturaleza de la producción rural debe considerase a
la hora de construir un esquema conceptual apropiado.
La producción es a la vez una categoría teórica
y práctica. Por consiguiente, la producción rural puede ser empíricamente
reducida a flujos de materias, energía, trabajo, mercancías e información
(Cook, 1973). La clave para entender y explicar el proceso productivo
de las sociedades rurales, entonces, es describir las formas en
que estos flujos tienen lugar y se integran en la realidad concreta
donde ellos acontecen.
Todo esto implica, finalmente, la especialización
de los fenómenos. Por esto para intentar una aproximación operacional,
ecológicamente orientada, a la producción rural, necesitamos elaborar
una tipología del proceso productivo como el sugerido por Godelier
(Godelier, 1978).
La sociedad humana fue construida sobre las
bases de la naturaleza como una "segunda naturaleza" artificial,
humanizada y puede ser considerada como una isla en las aguas de
un mar natural (Figura 1); cualquier unidad rural de producción
(P) es una célula en la periferia de la isla, realizando hacia fuer
dos tipos básicos de intercambios materiales: con la Naturaleza
y con otros sectores del organismo social. En el primer caso, P
intercambia materiales fuera del organismo social, mientras que
en el último caso, P intercambia materiales con los sectores internos
de la isla del organismo social. Durante el intercambio de materiales
con la Naturaleza, P hace su particular contribución al metabolismo
general que existe entre la Naturaleza y la Sociedad, una condición
eterna, natural y presocial (Schmidt, 1971). Por otra parte, cuando
P lleva a cabo intercambios de materiales con otros sectores de
la sociedad, funciona en un proceso histórico sujeto a condiciones
sociales e históricas específicas bajo las cuales se realiza. Por
consiguiente, el proceso productivo rural puede ser analizado en
términos de un intercambio ecológico y de un intercambio económico
(Toledo, 1980).
Debemos, sin embargo, hacer otra distinción
en el caso del intercambio ecológico. La apropiación de la Naturaleza
es, básicamente, una apropiación de ecosistemas, que son las unidades
básicas de la Naturaleza. Durante la producción, P deliberadamente
canaliza recursos materiales y/o energéticos fuera del ecosistema,
y hacia el organismo social. Podemos distinguir dos niveles principales
de intervención humana en los ecosistemas:
- En el primer nivel, los recursos naturales
son obtenidos y transformados sin provocar cambios sustanciales
en la estructura de los ecosistemas naturales. El primer nivel
incluye muchos ejemplos conocidos de caza, recolección, pesca,
extracción de productos forestales y ciertos tipos de alimentación
de ganado o pastoreo.
- En el segundo nivel, los ecosistemas naturales
son parcial o completamente reemplazados por conjuntos de especies
animales o vegetales en proceso de domesticación. Ejemplos del
segundo nivel son las plantaciones agrícolas o forestales, la
ganadería y la agricultura.
Como varios estudiosos han puesto de relieve
(Odum, 1984), la principal diferencia entre los ecosistemas naturales
y los manipulados por el hombre es que los primeros tienen capacidad
da automantenimiento, autoreparación y autoreproducción. Los ecosistemas
transformados, por otra parte, son sistemas intrínsecamente inestables,
que necesariamente requieren energía externa para el mantenimiento
(sea energía humana, animal o fósil).
A partir de cuanto antecede, podemos concluir
que P intercambia materias de una forma tridimensional. Estos intercambios
son realizados por P con entidades concretas, que tienen lugares
particulares en el espacio. P actúa en tres terrenos:
- El medio ambiente natural (MAN), que incluye
el conjunto de ecosistemas naturales y sus etapas sucesivas que
existen en el territorio de P;
- El medio ambiente transformado (MAT), representado
por el conjunto de ecosistemas artificiales o agroecosistemas;
- El medio ambiente social (MAS), que se define
como el espacio social donde P lleva a cabo su intercambio económico
(Figura 2).

Mientras que MAN y MAT pueden ser
situados con relativa facilidad en un espacio natural concretos.
MAN y MAT pueden ser definidos delimitando discontinuidades en el
paisaje natural, usando criterios de vegetación topografía o pedología.
MAS, por otra parte, puede ser definido sólo trazando la relación
entre P y otras unidades locales de producción, y los mercados regionales,
nacionales e internacionales.
Después de haber definido P, MAS, MAN y MAT,
es necesario describir las relaciones que pueden existir entre ellos.
Como punto de partida, podemos usar el concepto clave de fuerza
de trabajo (Cook, 1982) que es definido como los medios materiales
e intelectuales usados por los miembros de P para extraer sus medios
de existencia de la Naturaleza. Esto requiere esfuerzo humano (Fo),
la fuerza y energía necesaria para vencer la resistencia a la transformación,
inherente a cualquier ecosistema. Como P en realidad actúa sobre
dos diferentes tipos de ecosistemas (MAN y MAT), la fuerza de trabajo
es canalizada por dos caminos, hacia el MAN (Foa) y hacia el MAT
(Fob).
Como resultado, P obtiene dos flujos de materias
de la Naturaleza. El primero viene de los ecosistemas naturales
(F1) y el segundo, de los ecosistemas transformado (F2). Los materiales
de estos dos flujos pueden ser utilizados por P de dos maneras,
autoconsumo (F1 y F2), y en intercambio con MAS (D1b y F2b). en
el primer caso, P genera materiales que son retenidos como valores
de uso para consumo doméstico. En el segundo, P produce bienes (generalmente
como materias primas) que circulan como mercancías. Finalmente,
P consume bienes que proceden de MAS (F3) y genera materias transformadas
en pequeña escala, artesanía, arte, herramientas, tejidos, etc.
(F4) (Figura 3c).

Producción campesina como una economía de
subsistencia
El esquema conceptual anterior identifica en
el espacio y en el tiempo las variables claves y los principales
procesos que deben ser medidos y analizado para caracterizar adecuadamente
la producción rural, y reconoce el carácter dual (ecológico y económico)
del proceso. Sin embargo, el modelo es sólo una representación abstracta,
sincrónica e histórica del proceso de producción rural.
En términos dinámicos, el modelo nos permite
observar las diferentes formas específicas que la producción rural
puede adoptar, revelando al mismo tiempo el carácter histórico del
proceso. Hay un espectro continuo de combinaciones entre dos tipos
extremos de organización social: producción para el uso y producción
para el cambio. Cada una de las combinaciones potenciales que pueden
hallarse en el modelo corresponde a formas más simples de producción
para el uso, el proceso se reduce a un intercambio ecológico entre
P y MAN (Figura 3a) como es ejemplificado por las sociedades cazadoras
y recolectoras, o entre P, MAN y MAT, en el caso de sociedades agrícolas
sedentarias. En ambos casos, P actúa como una "especie" dentro del
ecosistema y el proceso productivo rural de estas "economías naturales"
es básicamente un proceso ecológico. En contraste, en un caso completamente
orientado a la mercancía, el proceso productivo rural es simplificado
por la abolición del flujo de valores de uso (F1a y F2a). En este
caso, P se convierte en una entidad especializada y el proceso productivo
rural es completamente integrado en el engranaje del mercado, y
los intercambios ecológicos son subordinados por las dinámicas económicas,
como es el ejemplo del monocultivo agrícola comercial (Figura 3d).
Como en las economías naturales (las más simples
formas de producción para el uso), en la producción campesina el
objetivo implícito del proceso productivo es la reproducción simple
de la unidad doméstica campesina y, consecuentemente, de la comunidad
campesina entera. La última, pero significativa, diferencia es que
además los campesinos producen bienes que circulan externamente
como mercancías. De hecho, en la economía campesina ". la producción
para el sustento no excluye producir un excedente; el enigma de
la producción para el uso no es si se produce un excedente sino
por qué el excedente que se produce no se acumula y transforma el
sistema" (Gudeman, 1978).
Sean cuales fueren las causas que provocan
esta situación, la esfera de intercambio de la producción campesina
permanece subordinada al objetivo de autosuficiencia, y esta economía
de subsistencia depende fundamentalmente de la explotación de recursos
naturales. En resumen, a pesar de que el campesino lleva a cabo
intercambios ecológicos y económicos, el mantenimiento y reproducción
del productor y su familia está basado más en los productos obtenidos
de la Naturaleza (de MAN y MAT) que en productos obtenidos de los
mercados (MAS) (ver Figura 3c). En última instancia, las producción
campesina es una economía de subsistencia.
Por qué los campesinos adoptan una estrategia
multiuso
Como su producción está basada más en intercambios
ecológicos que intercambios económicos, los campesinos están obligados
a adoptar mecanismos de supervivencia que garanticen un flujo ininterrumpido
de bienes, materia y energía desde le medio ambiente natural y transformado
(MAN y MAS). A causa de ello, los campesinos tienden a llevar a
cabo una producción no especializada basada en el principio de diversidad
de recursos y prácticas productivas. Esto da lugar a la utilización
de más de una unidad ecogeográfica, la integración y combinación
de diferentes prácticas, el reciclaje de materias, energía, agua
y residuos, y la diversificación de los productos obtenidos de los
ecosistemas. Esta estrategia puede operar tanto en el nivel de la
unidad doméstica como en el de la comunidad e incluso de una región
entera. Este patrón tiene lugar tanto en el tiempo como en el espacio.
En el eje espacial, se considera la máxima utilización de todos
los ecosistemas disponibles. En términos de tiempo, el objetivo
es obtener la mayor cantidad de productos necesarios que cada ecosistema
ofrece al año.
La familia campesina utiliza los componentes
bióticos y no-bióticos del ecosistema para satisfacer los requerimientos
básicos de su vida. La producción campesina implica, entonces, la
generación de productos, incluyendo comida, instrumentos domésticos
y de trabajo, materiales para la casa, medicinas, combustibles,
fibras, alimentación para los animales y sustancias tales como gomas,
resinas, colorantes, medicamentos y estimulantes. Los intercambios
económicos permiten a los agricultores obtener bienes manufacturados
por ellos mismos a partir de MAS. Desde un punto de vista teórico
es posible predecir que aquellos grupos de campesinos que explotan
los ecosistemas con recursos más limitados (por ejemplo, ecosistemas
no explotados o altamente estacionales) serán más frágiles y vulnerables
a los intercambios económicos, tecnológicos y culturales que aquellos
que viven en un medio ambiente rico en recursos (por ejemplo, áreas
húmedas tropicales o ecotónicas).
En el contexto de la racionalidad económica
con predominio de los valores de uso, los campesinos están obligados
a adoptar una estrategia que maximice la variedad de productos producidos,
para proveer las necesidades de la unidad campesina, que cuenta
con el alto grado de autosuficiencia de las unidades campesinas
de producción. Los campesinos manipulan el paisaje natural de tal
forma que se mantienen y favorecen dos características medio-ambientales:
heterogeneidad espacial y diversidad biológica. Esta estrategia
multiuso (Toledo y Col., 1976) permite a los campesinos gestionar
diferentes unidades geográficas, como diferentes componente bióticos
y físicos. Los campesinos intentan evitar la especialización de
sus espacios naturales y de sus actividades productivas, un rasgo
intrínsecamente contradictorio con las tendencias predominantes
de la mayoría de los proyecto de modernización rural.
Todo
esto explica por qué los productores campesinos no son solamente
agricultores. Aunque la agricultura tiende a ser la actividad productiva
central de cualquier unidad doméstica campesina, es siempre completada
/y en algunos casos reemplazada) por prácticas como recolección,
extracción forestal, pesca, caza, cría de ganado y artesanía. La
combinación de estas prácticas protege a la familia campesina a
la vez contra las fluctuaciones del mercado y contra los cambios
o eventualidades medioambientales. Como resultado, en una explotación
campesina típica, los medios ambientales, natural y transformado,
se convierten en un complejo paisaje que aparece como un mosaico
en que cultivos agrícolas, barbechos, bosques primarios y secundarios,
jardines domésticos, pastos y corrientes de agua son segmentos del
sistema de producción entero. Este mosaico representa el campo sobre
el cual el productor campesino, como estrategia multiuso, juega
el juego de la subsistencia a través de la manipulación de los componentes
geográficos y ecológicos (especies, suelos, topografía, clima, agua
y espacio), y de los procesos ecológicos (sucesión, ciclos de vida
y movimiento de materias). La misma disposición diversificada tiende
a ser reproducida en el micronivel, con multiespecies y diversos
cultivos en lugar del monocultivo.
En resumen, la variedad en términos geográficos,
ecológicos, biológicos e, incluso, genéricos es, por consiguiente,
el principal rasgo de la producción campesina, porque la variedad
en sí misma es un mecanismo para reducir el riesgo. Esta estrategia
multiuso a través de la cual los campesinos mantienen y reproducen
sus sistemas productivos constituye una característica ecológicamente
valiosa que tiene a conservar los recursos naturales, manteniendo
la diversidad medioambiental y biológica. La aclamada y, de alguna
manera, enigmática racionalidad ecológica del campesino y del productor
tradicional no es sólo una estrategia de subsistencia desarrollada
en un sistema de producción no orientado a la mercancía. Es una
consecuencia directa del proceso de apropiación de la naturaleza
en una economía predominantemente dirigida a la población para el
uso.
Tabla
1.
Tipología del Conocimiento Campesino de los Recursos Naturales
|
|
GEOGRAFICO
|
FISIOGRAFICO
|
VEGETACIONAL
|
BIOLOGICO
|
|
ESTRUCTURAL
|
Clima
Formas del Terreno.
Montañas
Vientos
Nubes
|
Topografía
Minerales
Suelos
Agua |
Unidades de Vegetación |
Plantas
Animales
Hongos
|
|
RELACIONAL
|
Varios |
Varios |
Varios |
Varios |
|
DINAMICO
|
Ciclos lunares
Movimientos de materiales
Cambios en Capas Freáticas |
Erosión del Suelo
Fenómenos microclimáticos |
Sucesión ecológica |
Ciclos vitales
Periodos de floración
Estaciones de anidamiento |
Etnología y producción: El sistema cognitivo
campesino
Como cualquier productor, los campesinos necesitan
medios intelectuales para realizar una correcta apropiación de los
sistemas ecológicos durante el proceso de producción. En este contexto,
el conjunto de conocimientos que los productores campesinos ponen
en juego para explotar los recursos naturales se convierte en decisivo.
Este conocimiento tiene un valor sustancial para clarificar las
formas en que los campesinos perciben, conciben y conceptualizan
los ecosistemas de los que ellos dependen para vivir. Más aún, en
el contexto de una economía de subsistencia, este conocimiento de
la naturaleza se convierte en un componente decisivo en la implantación
de la estrategia campesina de supervivencia, basada en el uso múltiple
y refinado de los recursos naturales.
Con muy pocas excepciones (Posey y Eddins,
1984), la tendencia predominante en los estudios del conocimiento
campesino de la naturaleza ha estado basado en una aproximación
donde: a) el fenómeno cognitivo campesino aparece separado de sus
propósitos prácticos; en otras palabras, el intrincado sistema formado
por corpus y praxis está separado artificialmente, y b) el cuerpo
cognitivo es sólo parcialmente estudiado, de tal manera que el investigador
sólo estudia "fracciones" (plantas, animales, suelos, etc.) o "dimensiones"
(sistemas clasificatorios, elementos utilitarios y otros) del sistema
completo. Así, en general, los antropólogos han intentado la investigación
de las actividades prácticas como aspectos secundarios de la investigación
de los sistemas cognitivos, perpetuando una tendencia a considerar,
la cultura, como distinta y ampliamente autónoma en relación a la
producción. A causa de lo anterior, la investigación sobre la gestión
de los recursos campesinos (Wilken, 1987) generalmente ha sido concebida
y llevada a cabo sin conexión con el cuerpo de conocimiento estudiado
por los antropólogos. Por el contrario, como ha puntualizado Barahona
(Barahona, 1987), es difícil alcanzar una comprensión coherentes
y completa de estos sistemas cognitivos separándolos de las actividades
y comportamientos diarios, concretos y prácticos, de los productores
campesinos.
Parece claro que en la perspectiva de los problemas
concretos y prácticos que han de resolverse durante la gestión de
los ecosistemas, los productores campesinos deben poseer conocimiento
de los recursos al menos en cuatro escalas: geográfica (incluyendo
macroestructuras y asuntos como clima, nubes, vientos, montañas,
etc.); física (topografía, minerales, suelos, microclima, agua,
etc.); vegetacional (el conjunto de masas de vegetación), y biológica
(plantas, animales y hongos). En el mismo sentido, basados en la
literatura antropológica, es posible distinguir cuatro tipos de
conocimiento: estructural (relativo a los elementos naturales o
a sus componentes); dinámico (que hace referencia a los procesos
o fenómenos); racional (unido a la relación entre o en el seno de
elementos o acontecimientos), y utilitario (circunscrito a la utilidad
de los recursos naturales). Como resultado de lo anterior, es posible
integrar una tipología preliminar del conocimiento campesino de
los recursos naturales (Tabla 1) que puede servir como un esquema
de trabajo metodológico y conceptual para los estudios etnoecológicos.
El problema es, en cualquier caso, cómo este cuerpo cognitivo está
conectado e integrando a la lógica de la producción de los sistemas
campesinos, la estrategia multiuso. Aunque este tema tiene que ser
resuelto en investigaciones posteriores, la Figura 4 muestra un
esquema hipotético que integra los diferentes tipos de conocimiento
campesino de la Naturaleza en relación con la producción. Este esquema,
inspirado en los resultados de numerosos estudios etnoecólogicos
(Conklin, 1982) está basado en la idea de "unidades de gestión"
prácticas, a través de las cuales los productores campesinos manipulan
los recursos naturales (componentes y procesos). Estas unidades
son derivadas del reconocimiento campesino de las unidades eco-geográficas
en los paisajes, que a su vez son el resultado del conocimiento
campesino en vegetación, suelo y topografía. En resumen, parece
claro que el sistema cognitivo campesino, que es usado permanentemente
por el productor durante la gestión del ecosistema, juega un rol
importante para la racionalidad ecológica de la producción campesina.
Ecología, producción campesina y proceso
de modernización
Con muy pocas excepciones, el reciente proceso
de modernización de las áreas rurales del mundo ha sido un acontecimiento
ecológico y culturalmente favorable (especialmente en los países
del Tercer Mundo). Así, durante la modernización, los recursos naturales
y las comunidades campesinas tienden a ser destruidos y reemplazados
por formas "modernas" de producción, basadas en costos ecólogicos,
en especialización espacial, productiva y humana, y en una producción
exclusivamente orientada al mercado.
Para lograr el desarrollo rural sin destruir
los recursos naturales y sin transformar las unidades campesinas
en unidades especializadas y asalariadas, es necesario cambiar completamente
los principales objetivos de la modernización rural. En primer lugar,
el simple hecho de reconocer una racionalidad ecológica en la producción
campesina reta a los paradigmas centrales de la modernización rural
porque reevalúa el significado y potencialidad de las culturas campesinas,
normalmente consideradas como un sector arcaico o tradicional, sin
importancia para la modernidad. Además, la autosuficiencia campesina,
que está ampliamente basada en una simbiosis permanente con los
recursos locales naturales, constituye el punto de partida para
un desarrollo alternativo ecológicamente relevante. En esta perspectiva,
la estrategia de producción excedentaria debe ser implementada sólo
después de que una etapa de autosuficiencia sea garantizada. La
subsistencia local y regional y no la producción comercial debería
ser el primer objetivo productivo de cualquier política de desarrollo
rural, especialmente en aquellas áreas caracterizadas por una alta
complejidad ecogeográfica y una gran riqueza biológica y genética.
Finalmente, como el papel activo
jugado por los campesinos en el mantenimiento de los recursos ecológicos
y biológicos así como en la conservación genética ha sido largamente
despreciado, es urgentes diseñar una nueva concepción donde todas
estas contribuciones campesinas sean enfatizada. No han necesidad
de decir que esta nueva orientación de la modernización rural está
obligada a retar y a vencer el mecanismo político y económico, subyacente
y sutil, a través del cual el trabajo campesino es permanentemente
explotado por un sector no productivo (a través de varios mecanismos
de extracción del excedente) y por medio del cual los campesinos
tienden a ser convertidos en un sector social subordinado.
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