Marco Conceptual para Definir un Desarrollo de Base Humano y Ecológico (*)
Andrés Yurjevic Ph.D.
CET-CLADES, Chile

volver Nº 5
"El proceso de desarrollo es un esfuerzo consciente de aprendizaje que está íntimamente ligado a la búsqueda de lo nuevo, lo mejor y lo innovativo".

La presente década representan para América Latina un desafío singular, pues no sólo debe superar los negativos efectos de la "década perdida", sino que tiene que crear las bases de un nuevo patrón de desarrollo y fortalecer a las instituciones responsables de su implementación.

Si bien durante la década pasada el neoliberalismo no tuvo contrapeso para imponer su política económica como visión del desarrollo, existen hechos que llevan a pensar que este cuadro variará sustantivamente a lo largo del último decenio del siglo veinte. La importancia de los problemas sociales generados o agudizados en la década anterior han abierto camino a planteamientos que pretenden compensar el costo social producido, como es el caso de la propuesta neoestructuralista de CEPAL denominada "La Transformación Productiva con Equidad".

Simultáneamente, ideas ligadas a las escuelas denominadas economía ecológica y economía de la vida real han enriquecido la cantidad y calidad de políticas disponibles para enfrentar con decisión y claridad los problemas que impiden un desarrollo humano y ecológico. Estos planteamientos han influenciado, por ejemplo, las agendas de trabajo construidas a propósito de UNCED 92 y el encuentro denominado Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro.

En dichas agendas se plantean tareas en distintos ámbitos y a diversos niveles, las que han recibido el respaldo de la sociedad civil y política en los más diversos países e instituciones de carácter mundial.

Una mirada atenta a las políticas económicas que están llevando a cabo los gobiernos de la región muestra que se ha ido abandonando un neoliberalismo extremo para intentar la puesta en práctica de políticas eclécticas. Existen no pocos casos en que se aprecia la influencia del neoestructuralismo y los primeros indicios de que existe la voluntad de comprender más a fondo los contenidos de los planteamientos humanistas y ecológicos, para integrar sus contribuciones de modo tal que se puedan diseñar estrategias de desarrollo sustentables y equitativas.

En el ámbito económico se observan transformaciones que demuestran que hay una intención de cambio más o menos generalizada. Mientras el estatismo se bate en retirada emerge una capacidad empresarial dispuesta a competir en el mercado internacional, para lo cual ha debido basar su rentabilidad en la eficiencia y en la innovación tecnológica y no en el proteccionismo. Sin embrago, existe el reconocimiento de áreas en las cuales el mercado no entrega las señales adecuadas y, por lo tanto, no sería un buen mecanismo para la toma de decisiones sobre materias relativas a la redistribución de los ingresos y a aquéllas de carácter ecológico. Adicionalmente, los diversos tipos de instituciones, sean estatales, privadas, con o sin fines de lucro, se plantean la necesidad urgente de la modernización.

Por otra parte, nunca como ahora las diferencias entre nuestros países y sus economías fueron mayores y, sin embargo, esto no ha sido una barrera para acrecentar el comercio intraregional. Chile, por ejemplo, compra el 25% de sus importaciones y vende el 16% de sus exportaciones en diversos países de la Región y ha invertido más de medio billón de dólares en diversas actividades en América Latina. Cada día aumentan los acuerdos comerciales entre dos o más países, tejiéndose así una red de vínculos muchísimo más sólida que la que existió en los tiempos en que la integración latinoamericana tuvo su mayor apogeo. En 1991 Chile suscribió acuerdos comerciales con México y Argentina y, con Venezuela y Bolivia en 1993 (1).

En el plano político también se verifican avances, siendo tal vez el más importante la capacidad de gobernantes democráticamente elegidos de tomar decisiones impopulares, aunque lamentablemente necesarias. Lo anterior habla bien de quienes asumen sus responsabilidades y de los pueblos que, sufriendo los efectos de las medidas de ajuste, han entregado su apoyo a quien ha debido aplicarlas. Adicionalmente, pareciera emerge una fuerte tendencia a aislar la corrupción y a castigar la ineficiencia e inconsistencia del caudillismo y clientelismo político.

En el aspecto institucional esta búsqueda de un nuevo enfoque del desarrollo ha hecho sentir la necesidad de dotar a la sociedad de instituciones capaces de realizarlo y, en el caso de las que promueven el desarrollo a nivel de base, se observa una motivación por trascender las fronteras geográficas para aprender de experiencias exitosas, e incluso más, construir agendas de trabajo a nivel regional o subregional para superar la pobreza y enfrentar adecuadamente el deterioro medioambiental. El CLADES es un buen ejemplo que avalo lo señalado (2).

El contexto comentado nos permite afirmar que gradualmente crecen las fuerzas sociales y políticas en los diversos países de América Latina que se plantean un auténtico proceso de búsqueda respecto de su desarrollo. Particularmente, en los países en que se ha superado la etapa del ajuste económico se aprecian signos reales de querer abordar el tema de la equidad. Paralelamente, también se observa una preocupación, motivada por el impacto político o económico, que han adquirido ciertos problemas medioambientales. Estos hechos generan la sensación de que la sociedad política es influenciable en sus formas de concebir el desarrollo, lo que sin duda es un estímulo a la creación para las diversas escuelas de pensamiento preocupadas por el tema del desarrollo y para las disciplinas que lo nutren de contenido conceptual y operativo.

Este artículo aborda las dimensiones centrales de un concepto de desarrollo, basado en principios humanistas y ecológicos, que requiere -de manera estratégica- que se dé una significativa sinergía entre las políticas gubernamentales y la participación de la comunidad organizada. También, intenta mostrar su factibilidad en la hora presente dado el nivel de desarrollo que han alcanzado las diferentes escuelas de pensamiento económico ya mencionadas y el rol protagónico que aún juega el neoliberalismo (3).

I. UN DESARROLLO HUMANO Y ECOLOGICO (**)

A. Génesis del Concepto

Antes de adentrarnos en el contenido que encierra el concepto de desarrollo humano y ecológico, es necesario precisar que cuando se habla de desarrollo, comúnmente, se entiende que ese está haciendo referencia a lo que cualquier texto de economía denomina crecimiento económico. En este artículo interesa definir el desarrollo, en términos generales, como un proceso de transformación que experimenta una sociedad en la búsqueda de márgenes crecientes de libertad, bienestar y participación para su población; mientras que el crecimiento económico se entenderá como un aumento constante en el producto per cápita, lo que permite deducir que el concepto de crecimiento es más restringido y de rango inferior que el de desarrollo.

Por otra parte, también conviene precisar que entre desarrollo y economía existe un vínculo vital, ya que la economía es la disciplina que hasta ahora ha dado los criterios para un manejo eficiente de recursos escasos, y ha definido la forma en que la empresa maximiza su utilidad y la familia su bienestar. Estas conductas son materia de gran interés para un tipo de desarrollo que busca captar la imaginación de la gente en la lucha por aliviar la pobreza en el marco de un medio ambiente equilibrado.

El concepto de desarrollo planteado no ha tenido un origen único, sino que, por el contrario, se ha ido construyendo con las contribuciones realizadas por vertientes teóricas diversas que han aportado a la comprensión y relación entre pobreza y deterioro medioambiental con estudios sobre temas específicos, evaluaciones empíricas, reflexiones y aportes conceptuales. No es extraño entonces que la lógica reduccionista perciba su conceptualización como algo difuso y carente de rigor analítico, más aún, si lo que se intenta es cuestionar las bases científicas, morales y materiales del patrón de vida occidental.

De hecho, existe una significativa fuerza conservadora que no cree en este tipo de desarrollo, que responsabiliza a los pobres por su falta de superación y por deteriorar el medio ambiente, liberando de la responsabilidad que les cabe a las estructuras sociales y políticas. Este tipo de actitud surge en los medios empresariales donde se observa la inquietud que se pudiese estar avanzando hacia una "dictadura ecológica", lo que dificulta que emerja una teoría económica ecológica que dé consistencia a un desarrollo que privilegie la equidad intra e inter generacional.

Sin embargo, el conocimiento ya acumulado ha posibilitado la realización de procesos de síntesis que han permitido que se comience a formalizar una visión renovada sobre el desarrollo. Los aportes hechos por disciplinas diversas, han permitido construir una mirada crítica y compartida sobre la capacidad que tiene los diversos ecosistemas de sostener una calidad e vida adecuada para una población aún en plena expansión (4).

La fuerza de este tipo de desarrollo radica en el apoyo que le entrega la sociedad civil -representada por los movimientos ecologistas, las instituciones de desarrollo de base y por una opinión pública creciente- y en el rechazo creciente que sectores sociales diversos manifiestan frente a la incapacidad de la sociedad política y la sociedad científica de ofrecer las oportunidades para que todos los eres humanos pu3edan acceder a un bienestar que nos ea a costa del medio ambiente o de la degradación humana.

En este sentido, se trata de una reacción que cuestiona la ética que mueve a los científicos y a los creadores de tecnología, quienes han subordinado el interés social a intereses económicos privados, y a una sociedad política que, además de haber perdido la perspectiva del futuro, ha mostrado signos preocupantes de corrupción e ineficiencia.

A pesar de que se habla de un planteamiento que se encuentra en una etapa incipiente de evolución, las preguntas que han levantado han impactado fuertemente en disciplinas como la economía convencional y ha cuestionado la viabilidad del estilo de vida que impera en el mundo desarrollado.

Un autor señala, a propósito del tema que nos preocupa, "que hasta el siglo XIV el hombre se percibía a sí mismo como un espejo del orden del cosmos, y veía a éste como un reflejo del complejo equilibrio interior de la vida humana. Pero al reemplazar la objetividad de la naturaleza por la intersubjetividad de la ley, se rompe la unidad entre hombre y naturaleza y se pierden las razones para garantizar la unidad misma del ser humano, lo que puede potenciar su imagen autodestructiva y proyectarla a la naturaleza" (5).

También nos encontramos con comentarios que enfatizan que la "naturaleza es considerada en la estética medieval, como el ropaje con que se viste Dios para sugerir su presencia a los hombres. De este entorno, pleno de sentido y trascendencia, debiera surgir el entorno artificial creado por el hombre, en mutua dependencia y respeto. El hombre, por su plasticidad, puede integrarse al entorno artificial en armoniosa unidad. La pérdida del sentido estético explica la explotación de la naturaleza y la existencia de una ecósfera mutilada, corrupta y asfixiante. Se ha perdido el sentido del cosmos, es decir del orden. No sólo se ha perdido la capacidad de ver lo bello sino también lo feo" (6).

A pesar de lo señalado, existe un número creciente de instituciones privadas medianas y pequeñas que han defendido los contenidos de esta mirada actualizada del desarrollo y que han expresado claramente la voluntad de querer contribuir en la solución de los problemas, porque se sienten capaces para hacerlo. La firmeza con que han hecho sus planteamientos refleja una voluntad de no dejarse acallar con promesas simples o contentarse con un rol meramente decorativo. Por el contrario, lo que ser verifica es que estamos viviendo un tiempo en que la sociedad civil ha superado a la sociedad política en cuanto a percibir un desarrollo insostenible en el mediano plazo y, que por tanto, legítimamente exige ser un socio activo en un ámbito de la realidad que hasta apenas algunos años era un monopolio del Estado, de los Organismos Internacionales y de los Centros Académicos y de Investigación.

Lo más importante en la hora actual es, entonces, captar y guiar la evolución de la conciencia ciudadana que busca un desarrollo humanista y ecológico, conciencia que se transforma en voluntad de acción al captar que la calidad de la vida actual no corresponde a sus expectativas y que no existen las instituciones que la hagan posible.

B. El Desarrollo Humano y Ecológico y las Actuales Corrientes de Pensamiento Económico

Podemos decir que América Latina avanzará hacia un desarrollo cada vez más justo y sustentable en la medida que: a) los gobiernos de la Región decidan incorporar sus postulados y recomendaciones en los diseños de políticas y, b) exista un movimiento articulado desde la sociedad civil que le fije prioridades y lo potencie con su creatividad. La política económica, si bien no es la única variable relevante, es la que mayor peso tiene en las decisiones relativas a la asignación de recursos, distribución del ingreso y creación de incentivos que premien a los agentes económicos que protejan los recursos productivos naturales. Tal como se señalara en la introducción de este artículo, los gobiernos de la Región han ido modificando sus políticas para responder a las existencias de la equidad sin comprometer las conquistas en materia de estabilidad macroeconómica. No hay razón alguna para pensar que no exista la voluntad de avanzar hacia políticas que incorporen la dimensión ecológica, más aún si no hacerlo conlleva una sanción a la política. A la fecha son varios los parlamentos que discuten leyes relativas a la protección del medio ambiente, en particular cuando la contaminación afecta intereses turísticos, la viabilidad de exportaciones o directamente la salud de la población.

Es un grave error partir a priori señalando que existen quienes son defensores del medio ambiente y quienes son insensibles al mismo. Más productivo es partir por reconocer que existen aproximaciones diversas al tema, y que un debate serio y documentado permitirá que la dimensión ecológica forme parte integral de todas las escuelas de pensamiento económico.

A pesar de lo dicho, es usual y razonable que quienes trabajan en programas de desarrollo en comunidades pobres se hagan preguntas sobre las posibilidades reales que existen de avanzar por la senda de la equidad y de la sustentabilidad en un medio donde el neoliberalismo tiene un peso específico muy alto.

Lo señalado es de gran importancia si se comparte la hipótesis que establece que logros significativos en la lucha contra la pobreza y protección del medio ambiente sólo son posibles si existe un alto grado de armonía entre las políticas gubernamentales de desarrollo rural y urbana y las estrategias de desarrollo de base que nacen de las propias comunidades.

Intentemos ahora una mirada más profunda a cuatro escuelas de pensamiento económico que están jugando o podrían jugar un rol protagónico en el destino de América Latina. Comencemos con la denominada economía ecológica, que está en su etapa inicial de formulación, pero que es heredera de una tradición de pensamiento que ya tiene algunas décadas. Luego, presentaremos la contribución de la economía de la vida real. En tercer lugar sintetizaremos el pensamiento del neoestructuralismo, que está haciendo importantes aportes en materia de equidad y, finalmente abordaremos el neliberalismo, cuya participación en el ajuste estructural le ha generado una actitud de rechazo, que dificulta una lectura desapasionada de sus postulados.

Disciplinas que incluye la Economía Ecológica

Hacia

De

Sector Humano
Sector no Humano
Sector Humano
Economía
Economía del Medio Ambiente
Sector no Humano
Economía de los Recursos Naturales
Ecología
Flujo Solar
La economía ecológica ve a la economía como un subsistema abierto que forma parte de un sistema finito y cerrado
Figura 1. Objeto de análisis de la economía ecológica

Tomado de: Daly, Herman. 1991. Ecological economics and sustainable development: from concept to policy.

Tomado de: Daly, Herman. 1991. Steady-State Economics.

a. La Economía Ecológica (7)

En la figura 1 se muestran las disciplinas que constituyen su base conceptual y la lógica de integración entre ellas.

La motivación central de la economía ecológica es redefinir algunas premisas del pensamiento neoclásico de modo que la sustentabilidad sea posible. Para este efecto proponen que la teoría económica integre el concepto de "throughput", entendido como un flujo de materia y energía sometido a las leyes de la termodinámica, el cual se inicia, tal como se aprecia en la figura 2, con la extracción de materia y energía de baja entropía y alto potencial de trabajo del ecosistema, continúa con la transformación de dicho "input" en bienes de consumo, capital y servicios por la economía, para finalizar con la introducción de desechos, materia de alta entropía y bajo trabajo, en el ecosistema. Este flujo unidireccional capta la idea descrita y debe reemplazar al concepto del flujo circular de valores de cambio entre empresas y consumidores en un sistema cerrado tal como se muestra en la figura 3.

El "throughput" tiene dos dimensiones básicas: su escala y su distribución. Mientras la última debe ser asignada por el mercado, la primera debe ser definida socialmente, para así garantizar una equidad inter-generacional en el acceso a los servicios del medio ambiente y de la economía. Plantea, también, que el volumen de la población y la distribución del ingreso deben determinarse por la voluntad social de modo que la eliminación de la pobreza no signifique aumentar la extracción de energía primaria del ecosistema.

Se establece una clara distinción entre desarrollo y crecimiento económico. El desarrollo económico consiste en aumentar los servicios que se entregan a la población por la vía de hacer un uso eficiente del sotck de bienes existentes, utilizando la menor cantidad de energía primaria en la mantención de dicho stock; mientras que el crecimiento económico cosiste en aumentar los servicios entregados, aumentando el tamaño de los stocks y por tanto de la energía extraída del ecosistema. Lo anteriormente dicho se deduce del hecho que la economía ecológica enfatiza que la economía debe desarrollarse y transformarse, pero no crecer físicamente.

Propone aplicar tres criterios operativos en la determinación de algunas dimensiones básicas: a) utilizar el mecanismo del control social para garantizar la macro-estabilidad permitiendo que operen los mecanismos del mercado ene el contexto de ciertos parámetros predefinidos. Así se busca sacrificar al mínimo la libertad individual, b) mantener un importante margen de seguridad entre la actual carga que la economía ejerce sobre el medio ambiente y la capacidad de tolerancia máxima del ecosistema y, c) intentar permanentemente disminuir la extracción de energía primaria de la biosfera.

Como ya se ha dicho, este pensamiento está en pleno proceso de elaboración. Sin embargo, algunas de sus propuestas ya están en condiciones de comenzar a influir en los diseños de proyectos y políticas que apoyen un desarrollo que garantice la equidad intergeneracional. En este pensamiento son particularmente polémicas sus propuestas de evitar el crecimiento de la economía y de aplicar el control social a macro variables con el mínimo costo en la libertad individual.

b. La Economía de la vida real

La economía de la vida real constituye un esfuerzo conceptual por incorporar, en un marco analítico, dimensiones de la realidad que afectan el bienestar de las personas y que no han sido incluidas en el esquema conceptual de la economía tradicional. La importancia de lo señalado radica en que las dimensiones omitidas al no formar parte de la política económica, quedan excluidas de los incentivos que reciben otras actividades.

Desde nuestra perspectiva interesa resaltar al menos tres ámbitos en los cuales ha acontecido lo señalado. La primera área en la cual la economía de la vida real hace un esfuerzo por plantear una conceptualización más ambiciosa se relaciona con la teoría de la demanda. Al respecto se intenta entregar una visión integral de las necesidades humanas basada en la contribución que en esta materia ha efectuado la sicología. Particularmente, para la definición de estrategias de desarrollo, esta nueva mirada permite trascender la visión del ser humano como un ser dominado por sus propios intereses que sólo maximiza su beneficio o lucro.

El segundo aspecto en el cual este planteamiento ha hecho un aporte significativo se refiere al trabajo de la mujer en la vida doméstica; trabajo que, por no ser remunerado, no es integrado en las cuentas nacionales, quedando fuera del rango de preocupaciones de la autoridad respectiva, con el resultado que la sociedad no invierte en el desarrollo de las mujeres que se dedican a eta actividad, relegándolas a una suerte de invisibilidad. No integrar el aporte de la mujer dueña de casa, ni tener una política para aumentar la eficiencia de su trabajo significa que las familias y, por ende, el conjunto de la sociedad vivía en un nivel de bienestar inferior al potencial; particularmente en el caso de las familias de bajos ingresos la invisibilidad en que se desenvuelven las dueñas de casa acrecienta y agudiza la pobreza de esos contingentes humanos. Invertir en la mujer pobladora o campesina en su capacidad de optimizar los recursos disponibles y poder manejar la alimentación, salud y calidad del hábitat, constituye una decisión de alta rentabilidad social para superar al menos los niveles críticos de pobreza.

De alguna manera, lo señalado se relaciona con el esfuerzo persistente de las políticas de modernización por subvalorar las estrategias de subsistencia para que, en el caso de los campesinos, interactúen en el mercado laboral, de bienes intermedios y de consumo, como una forma de aumentar la productividad y el bienestar. Estas ideas están basadas en el supuesto, de que los pequeños productores operan en mercados competitivos, y que no existen discriminaciones en el acceso a recursos productivos.

El tercero cuestiona la capacidad de la teoría económica convencional de guiar la toma de decisiones de todos los agentes económicos. Es evidente que esto no es así en el caso de la economía informal. Para la economía convencional quienes operan en dicho mercado no son agentes económicos viables, capaces de movilizar recursos en pro del crecimiento económico. En este plano, la economía de la vida real plantea la falta de sensibilidad del pensamiento dominante para comprender la realidad económica planteada e integrarla de forma tal que se puedan diseñar políticas que le permitan un nivel mínimo de acumulación.

El conjunto de ideas que plantea la economía de la vida real es de singular valor para el diseño de estrategias de desarrollo de bases, y que permite conocer la realidad de los sectores excluidos, los que se identifican en la figura 4, y plantear estrategias de inclusión y de articulación que hagan posible su contribución ala creación de riqueza usando recursos que la economía convencional no valora. La economía de la vida real no pretende plantearse como una teoría económica alternativa al neoliberalismo, sino más bien llama a definir un marco teórico que haga posible la justicia social y ecológica. La figura 5 muestra su visión, la que resulta de una síntesis entre dimensiones éticas, económicas, ecológicas y sociales.

Tomado de: Ekins P. and M. Max-Neef. 1992. Real Life Economics.

c) El Neoestructuralismo (8)

El fundamento de este pensamiento ha sido resumido en el planteamiento conocido como "Transformación Productiva con Equidad".

La transformación propuesta tiene como elemento motor la competitividad y la equidad, teniendo como respaldo el progreso técnico y la elevación de la productividad. Dicha transformación debe ser la resultante de una acción concertada entre el Estado y el sector privado.

La industria debe desarrollar un conjunto de vínculos económicos con otros sectores productivos con el fin de lograr que los agentes económicos participen de los frutos de dichas inter-relaciones, proceso que debe ser facilitado por servicios públicos especializados.

Define las áreas a reglamentación pública dejando que para el resto prevalezcan los mecanismos del mercado, aunque sujeto a supervisión pública. Se postula la búsqueda de áreas en que sea factible la concertación entre ambos sectores. Se valoran los equilibrios macroeconómicos y el diseño de políticas sectoriales selectivas. La economía debería operar con baja protección, neutralidad cambiaria y arancelaria. Singular importancia se otorga al fortalecimiento de los sistemas de desarrollo tecnológico y de capacitación laboral.

Se plantea el fomento a la creación de empresas pequeñas y medianas a través del crédito. Se introduce la necesidad de una distinción entre los objetivos económicos y sociales de dichas empresas. Se debe dar, por tanto, apoyo público a las asociaciones entre empresas para ganar eficiencia y poder acceder, al menor costo posible, a la asistencia técnica, financiera y de capacitación.

Este pensamiento reivindica una participación activa del Estado en la vida económica en aquellas áreas en las cuales los mercados se encuentran limitados para hacer una asignación eficiente de recursos, como es el caso de la superación de la pobreza y el mejoramiento de la competitividad del sector informal, y para lograr una equidad inter-generacional. Si bien la variable ecológica es aún débil en el planteamiento neoestructuralista, no hay razón para que no pueda ser incluida en forma más consistente. En general este pensamiento comienza a ganar adhesión entre la clase política de América Latina.

d) El Neoliberalismo (9)

Su inspiración es el liberalismo cuyo centro de preocupación es el individuo, el cual desarrolla sus potencialidades en ambientes en los que impera la libertad económica, expresada en el libre mercado, en la propiedad privada y, en general, en los postulados que son propios del capitalismo. Adhiere a la democracia y al pluralismo político, cree en el impero de la ley, en las libertades políticas y en los derechos de las personas. La justificación moral para adherir a la competencia como fuerza que busca la superación, la basa en que todos los individuos deben tener igualdad de oportunidades.

Declara que el socialismo jamás funciona y que el capitalismo frecuentemente lo hace. Que la integración al mercado mundial aumenta el bienestar y la prosperidad. Afirma que el capitalismo es la condición necesaria para la democracia y que las motivaciones del lucro y la superación explican que el empresario sea el agente que produce el crecimiento económico, único camino para derrotar la pobreza.

La modernidad entendida como crecimiento económico y acceso al progreso hacen del liberal un individuo positivista, profundo defensor de la ciencia y la tecnología convencional. Asocia la urbanización con el mejoramiento en la calidad de vida, cree que la libertad debe expresarse en el consumo y que la sociedad debe ser regida por instituciones burocráticas (impersonales), sujetas al control social.

Postula que una economía sana debe estar basada en una macroeconomía estable y en una microeconomía que se base en la austeridad y en la acumulación, la industria debe ser competitiva, el mercado del trabajo debe funcionar en base a la negociación y deben abolirse los monopolios empresariales, laborales y estatales. El liderazgo debe buscarse por la vía de encarnar el progreso que genera una economía eficaz y competitiva.

El liberalismo declara no saber en qué forma debe organizarse el Estado, el rol que cumple la cultura en el desarrollo y cuál es la condición suficiente para la democracia.

Aparentemente, este pensamiento podría ser catalogado de anti-ecológico y defensor de las desigualdades sociales por su adhesión total al uso de mecanismos de asignación de recursos incapaces de considerar la dimensión ecológica y social de la realidad. Es evidente que el neoliberalismo necesita tiempo para entender el concepto de sustentabilidad y encontrar la forma analítica de incorporarlo a su marco teórico. Sin embargo, su contribución al perfeccionamiento de los mercados y los criterios que aporta para la toma de decisiones a nivel micro y macro económico son de innegable valor. Sin el aporte del pensamiento neoliberal sería muy difícil que las contribuciones de las otras escuelas económicas pudieran operacionalizarse. De hecho, todas las formas de eclecticismo conocidas tienen como condición necesaria para su viabilidad la existencia de mercados que funcionen en niveles crecientes de transparencia.

En síntesis se puede decir que cada vertiente aludida hace un conjunto de contribuciones que gradualmente va a ir permitiendo una teoría económica que, junto con promover la eficiencia, haga posible la equidad inter e intra-generacional.

El neoliberalismo es un pensamiento filosófico transformado en doctrina económica, que aún no ha podido procesar analíticamente la variable ecológica. Sin embargo, sería prematuro y posiblemente erróneo decir que es el bastión anti-ecológico.

El neoestructuralismo es, en esencia, una política de modernización económica con un fuerte sesgo urbano y distributivo. En su matriz intelectual no hay elementos que hagan pensar que la dimensión ecológica no tendrá un rol importante. Lo que sí se puede afirmar es que se trata de una propuesta altamente sensible al desarrollo de las actividades que se efectúan en el sector informal de la economía rural y urbana,, lo que en parte se explica por su fuerte sesgo democrático.

Los planteamientos más elaborados de la economía ecológica vienen de la teoría del equilibrio dinámico, en el cual la economía debe dejar de verse a sí misma como un conjunto cerrado autosuficiente, para asumir su inserción en un mundo finito en el que hay dimensiones que pueden dejarse al juego del mercado y otras que deben ser asumidas por el conjunto de la comunidad.

La economía de la vida real es todavía un conjunto de ideas en pleno desarrollo las que tocan dimensiones íntimamente relacionadas con los sectores más pobres y con las actividades que ellos realizan para sobrevivir. Es también una escuela de pensamiento que plantea el potencial de creación de riqueza que existe en sectores marginados, para los cuales la economía convencional plantea en el mejor de los casos transferencias de recursos bajo la forma de subsidios.

La sola descripción hecha muestra que se trata de cuatro aproximaciones serias y profundas en busca de legitimidad, por la certeza que les cabe de poder hacer un aporte a los grandes problemas que aquejan a las sociedades latinoamericanas. Evidentemente que no son planteamientos homogéneos, no abordan los mismos aspectos de la realidad y cuando coinciden ten los temas lo hacen con énfasis o con enfoques distintos. En general, podemos decir que muy posiblemente exista un alto grado de fertilización potencial ente ellas por lo diversa que ha sido la naturaleza de la fuente de inspiración que las ha nutrido y por la magnitud que tienen los problemas que deben resolver.


II. HACIA UNA CONCPETUALIZACION DE UN DESARROLLO HUMANO Y ECOLOGICO

Desde nuestra perspectiva, nos interesa señalar, que el desarrollo humano y ecológico plantea que los daños ambientales y la pobreza perenne producidos pro los procesos de transformación basados en el conocimiento científico y tecnológico convencional, así como la lógica que guía al pensamiento económico dominante, han generado progresivamente la pérdida de una doble armonía y una alteración básica en el orden jerárquico natural.

La primera armonía rota que se puede verificar tiene lugar al interior de la biosfera, la cual ha visto alterados sus mecanismos de autoregulación y experimentado un creciente empobrecimiento (10).

El concepto "biosfera" fue acuñado por Theilhard de Chardin, sacerdote jesuita y paleontólogo (11). La biosfera es una película de tierra, agua y aire que recubre al planeta Tierra. Su rasgo más significativo es la relativa pequeñez de sus dimensiones y lo exiguo de los recursos que ofrece. Es el único hábitat actual de todas las especies de seres vivos. Está rígidamente limitada en su volumen y por eso contiene sólo un sotck limitado de recursos de los cuales dependen las diversas especies de seres vivos para sobrevivir. Algunos de estos recursos son renovables y otros no renovables en la escala de tiempo humana y, por lo tanto, toda especie que apele en exceso a sus recursos renovables o que agote los no renovables se condena a su extinción.

La biosfera no es tan antigua como el planeta que ahora recubre. Se trata de un halo que se formó mucho después que la corteza del planeta se hubo enfriado, en el que parte de sus componentes originalmente gaseosos se licuaron y se solidificaron. La biosfera existe y se conserva en virtud de un delicado proceso de autoregulación y de equilibrio de fuerzas, sus elementos son interdependientes entre sí, es finita pero no autosuficiente y requiere de la energía que lo provee el sol y otras fuentes cósmicas. A pesar que se trata de una fuente de energía infinita, su recepción y transformación en energía utilizable plantean desafíos altamente complejos.

Hasta hace muy poco tiempo, el hombre subestimó el incremento de su poder para afectar la biosfera, poder que se produjo por la sistemática investigación científica y la aplicación de sus resultados a la técnica y, por el aprovechamiento para fines humanos de la energía física, manifiesta o latente en los elementos inanimados de la biosfera. Es a partir de la revolución industrial en que de manera gradual, pero sostenida el ser humano decide depender de fuentes escasas de recursos energéticos, alejándose de la fuente energética solar, para vivir del capital geológico.

El hombre es el primero de los habitantes de la biosfera más poderoso que ella misma. De hecho la biosfera podría continuar existiendo por otros dos mil millones de años si el hombre lo permite. De aquí que devolverle su capacidad de autorregulación y proteger la biodiversidad que se encuentra en ella es la primera tarea básica de un desarrollo que sea sustentable.

Por esta razón, el tipo de planteamiento estudiado enfatiza la necesidad de desarrollar una ciencia y una tecnología que busquen a partir de principios ecológicos un proceso de creación de conocimiento, el que a su vez permita contar con profesionales y hombres de ciencia capaces de generar innovaciones tecnológicas, que hagan posible que el ser humano intervenga la naturaleza ara obtener los servios necesarios que loe permitan satisfacer sus necesidades in deteriorar su potencial productivo. Este pensamiento es particularmente importante para América Latina, continente que ocupa el 16% de la superficie del planeta, tiene riquezas naturales a su favor mayores que el petróleo, registrando más del doble de lluvias que el promedio mundial, el 31% de toda el agua superficial, el 46% de los bosques tropicales, el 23% de los bosques del mundo y cuenta con el 10% de la tierra arable.

La segunda armonía perdida que, en gran medida, explica la anteriormente señalada, tiene lugar al interior del propio ser humano, el cual ha hipertrofiado su racionalismo, inhibiendo el desarrollo de su sensibilidad y voluntad (12).

La sociedad moderna tiene un fanatismo por la razón, confundiéndola con el razonamiento, lo que la lleva a no darse cuenta que la razón trabaja sobre la base de las intuiciones profundas, que son revelaciones que nos ligan al universo y nos hacen solidarios con él. A partir del siglo XVIII se separó al hombre de su vida interior enseñándole a fiarse únicamente de aquello que está organizado lógicamente. En este sentido se puede decir que el positivismo de las ciencias se apoderó del hombre. La urbanización creciente lo separó de la naturaleza, sustituyéndole el mundo real, profundo, misterioso, diverso y muchas veces incomprensible, por uno de tipo artificial y lógico.

En el hombre es importante diferenciar lo que son las necesidades absolutas, los deseos y las que denominaremos aspiraciones. Las primeras provienen de nuestra fisiología y condición gregaria, son impulsos instintivos que deben ser guiados para que biológicamente el ser humano tenga una vida sana. Los deseos o necesidades relativas que nos hacen sentir superiores a los demás y que todo parece indicar que son insaciables (13). Es importante enfatizar lo dicho porque la historia muestra que el ser humano se ha movido esencialmente entre el parasitismo y la depredación. Por esta razón, la moral aparece como un bastión que la sociedad impone a nuestra capacidad depredadora, con el fin de proteger el bien común. Las aspiraciones reflejan nuestros intentos por ser mejores, por trascender las imperfecciones propias de la naturaleza humana, para instaurar lo que todavía no existe en el mundo y que uno quisiera introducir en él. Son las que empujan a la creación y se originan en las profundidades del espíritu, ligándonos al plan evolutivo, en busca de la santidad, la sabiduría y la creatividad.

El tipo de desarrollo estudiado plantea que hay que encaminarse hacia un humanismo que devuelva a hombres y mujeres su plenitud para proyectarse al mundo. Esto significa, primero, aceptar y responder adecuadamente a las necesidades absolutas, sometiendo a un riguroso control las de carácter relativo y, en segundo lugar, desarrollar una armonía entre la sensibilidad, la inteligencia y la voluntad. La sensibilidad le permite al ser humano recibir los mensajes que la realidad externa le entrega, pero también aquellos que provienen desde su interior, como son las que nacen en el inconsciente. La inteligencia es la que hace posible tener conciencia de los mensajes recibidos, al traducirlos en ideas claras e inteligibles, lógicamente organizadas. La voluntad es la facultad que le permite controlar los deseos y armonizar los distintos tipos de necesidades con las aspiraciones.

En virtud de la combinación de estas tres fuerzas el hombre adquiere el dominio de sus facultades y por tanto de su libertad. El futuro del hombre depende del ejercicio que haga de su libertad, que es el gran patrimonio de la conciencia humana (14).

El hombre construye su armonía interna principalmente a través de una interacción creativa y respetuosa con la biosfera, para satisfacer sus necesidades, aspiraciones y controlar sus deseos. Su inteligencia es el vehículo que debiera permitirle darse cuenta que cada miembro de la sociedad tiene un deber ecológico para hacer dignamente habitable nuestro planeta, nuestro terruño.

El tipo de desarrollo que planteamos nos hace concientes que el ser humano pierde su condición de tal toda vez que debilitamos su unidad interna. La madurez de lo sensible sólo es posible si cultivamos al hombre integral, capaz de respetar y admirar toda forma de vida en el cosmos. Para el logro de este noble objetivo es necesario armonizar la relación entre conciencia ecológica, experiencia estética y los pensamientos religiosos, éticos y filosóficos con el pensamiento científico-tecnológico.

En este sentido se plantea que no se ha hecho un uso adecuado de la inteligencia, si por ésta entendemos aquella capacidad para captar la realidad en su complejidad y actuar sobre ella en forma práctica y positiva. Tampoco se habría obrado, como señala Kant "observando el cielo estrellado en nuestras cabezas y la ley moral en nuestro interior".

En cuanto a la necesidad de establecer un orden jerárquico natural, el desarrollo humano y ecológico plantea el desafío de poner la economía al servicio de las necesidades y aspiraciones humanas, teniendo en cuenta las leyes que regulan la biosfera. Si observamos lo que acontece en la realidad veremos que las actividades productivas han transgredido permanentemente los principios ecológicos de:

  1. no consumir recursos naturales a una tasa mayor que la tasa de reposición;
  2. no consumir recursos naturales no renovables a una tasa mayor que la de creación de sustitutos y,
  3. no contaminar a una velocidad mayor que la capacidad de absorción de la biosfera (15).

También podemos constatar que no se ha asumido la limitación absoluta de ciertos recursos, ni se han respetado los límites que impone la biosfera en la búsqueda de los intereses individuales.

La economía, tercera dimensión de nuestro planteamiento, se define como la ciencia que asigna recursos escasos a fines múltiples y jerarquizables. Es una disciplina que parte del supuesto que los agentes económicos actúan racionalmente, lo cual permite suponer que los consumidores buscan lograr el máximo de bienestar con el ingreso disponible y los productores la máxima utilidad que les puede generar su actividad productiva. El mercado actúa como el mecanismo que hace posible que los procesos señalados se den en un marco de máxima eficiencia en el uso de los recursos.

Aunque, como se ha señalado, no existe una teoría económica que entregue todo el respaldo conceptual requerido por la estrategia de desarrollo ecológico y humanista para dar cumplimiento a sus objetivos, esto no significa que las diversas escuelas de pensamiento económico que enfatizar la sustentabilidad y la equidad carezcan de la capacidad de cuestionar premisas importantes del enfoque neoclásico y de hacer aportes en áreas específicas, tal como veremos a continuación.

El primer tema tiene que ver con la utilidad de la teoría de la demanda neoclásica para una estrategia de desarrollo sustentable que enfatiza el humanismo. La teoría de la demanda neoclásica plantea que los seres humanos son capaces de ordenar racionalmente sus necesidades y destinar su ingreso a aquellos bienes que les producen mayor satisfacción. De lo anterior se deduce que la voluntad de acceder a una cantidad creciente de bienes no es expresión de consumismo, sino que es un acto racional orientado a mejorar el nivel de bienestar, lo que no sólo ayuda al progreso, sino que refuerza el ejercicio de la libertad individual (16).

Este raciocinio, cuestionado hasta por el propio Keynes, ha podido ser sostenido hasta ahora, porque una parte importante de la humanidad no tiene ingreso y por tanto no puede participar en el mercado, ya que si lo hiciera, como sucede con los consumidores en los países desarrollados, se produciría una presión sobre los recursos de la biosfera que provocaría enormes tensiones al interior y entre los países por el control de recursos limitados. En síntesis, mientras que para los economistas neoclásicos el bienestar es una función directa del ingreso y por tanto del acceso a mercancías orientadas a satisfacer necesidades y deseos, para los defensores de la economía humanista y ecológica, basados en las enseñanzas de los estudiosos de la sicología, el bienestar es una función que debe tener como condición necesaria la satisfacción de las necesidades humanas y como condición suficiente, un equilibrio emocional, que depende en gran medida de la calidad de la vida afectiva y de las posibilidades que tengamos de satisfacer nuestras aspiraciones.

Si partimos del hecho que el desarrollo tiene como uno de sus objetivos la preocupación por superar la pobreza, nos encontramos con que la teoría económica convencional resulta de escasa ayuda para enfrentarla. Afortunadamente, los planteamientos humanistas de la economía a escala humana han trascendido la visión economicista del desarrollo. Así, por ejemplo, la figura 6 presenta un esquema que desagrega las necesidades, de manera que se respete la condición sicosomática, gregaria y espiritual del ser humano. De esta forma las estrategias de desarrollo cuentan con un esquema que permite trabajar en comunidades pobres, sabiendo que las necesidades son relativamente pocas y estables en el tiempo y que muchas de ellas no sólo son fines a satisfacer, sino medios para enfrentar otras necesidades. También sabemos que difieren en el nivel de urgencia que los seres humanos tienen para satisfacerlas. En este sentido las de tipo biológico, requieren ser resueltas sin retardo. Por ejemplo, si consideramos como una necesidad humana el desarrollo de la creatividad, podemos pensar que quienes logran un nivel adecuado de esta potencialidad, cuentan con un medio para diseñar estrategias de supervivencias consistentemente elaboradas. Este planteamiento es evidente que muestra no sólo el carácter reduccionista de la teoría de la demanda neoclásica, sino la existencia de otros nuevos enfoques para enfrentar este tópico (17). Esta mirada permite una concepción del desarrollo que, sin excluir a ningún miembro de la sociedad, sea sensible a las particularidades e insuficiencias que inhiben a los sectores marginalizados de acceder a las oportunidades que genera la sociedad.

La segunda área tiene que ver con la naturaleza de las opciones tecnológicas para acceder a una eficiencia productiva creciente. Para la teoría económica convencional la opción tecnológica la determinan los precios relativos de los factores productivos y, sólo existe la escasez relativa, mientras que para la economía ecológica el criterio de sustentabilidad exige que las tecnologías, además de ser económicamente rentables, sean compatibles ecológicamente. Particularmente, la economía ecológica señala que el capital escaso ya no es el aquel construído por el hombre, sino el de tipo natural y, que por tanto, la productividad de los recursos naturales es la última que se puede sacrificar (18). También existen diferencias en la forma de tratar la extracción de recursos naturales y la entrega al medio ambiente de los desechos propios de procesos de transformación imperfectos (19).

Al día de hoy, América Latina debe pensar en una revolución tecnológica basada en conceptos económicos y ecológicos compatibles con una conciencia ecológica que progresivamente presione por una producción de alimentos libres de agroquímicos. A ella deben sumarse dos hechos importantes: a) el precio del capital se ha encarecido en relación al costo de la mano de otra y, b) los recursos públicos para investigación agronómica se han visto drásticamente reducidos. Así la suma de los tres factores señalados genera una situación favorable para la investigación de tecnologías no contaminantes, intensivas en mano de obra y cuidadosas de la productividad de los recursos naturales. Este hecho podría generar un tipo de conocimiento tecnológico útil para el conjunto de la agricultura, reduciendo el dualismo tecnológico que caracteriza el campo latinoamericano. Este esquema se vería enormemente potenciado si factores especulativos no estuvieran sobrevaluando las monedas locales.

Para que pueda darse un proceso que permita generar tecnologías ecológicamente compatibles, se requiere la existencia de diversos tipos de incentivos. El gobierno debería eliminar mecanismos a través de los cuales se subvencionan tecnologías intensivas en capital, para proceder a financiar investigaciones adaptativas de tecnologías que, cumpliendo con los criterios de la sustentabilidad, han sido creadas para ecosistemas con otra dotación de recursos. El mercado, sea interno o externo, debiera considerar a los bienes libres de contaminación como bienes superiores y por tanto compensarlos con un precio superior. La política de desarrollo agrícola y rural debiera compensar la práctica de la agricultura sustentable por las externalidades positivas que genera (20), las que al mejorar el hábitat tienen un impacto en la salud de la población y, al mejorar la productividad de los recursos agrícolas, atenúa la pobreza presente y futura. Otra condición necesaria es la existencia de profesionales capaces de desarrollar no sólo las investigaciones básicas y adaptativas, sino también de realizar la labor de difusión y asesoría técnica a los productores. Sobre esta materia se comienzan a dar los primeros pasos: CLADES y un conjunto importante de Escuelas de Agronomía de la Región han decido realizar un esfuerzo conjunto de formación de profesores universitarios quienes introducirán estas materias en el currículo de los estudiantes de agronomía y ciencias afines (21).

Una tercera área de discrepancia surge de la forma en que los economistas han construido el sistema de Contabilidad Nacional para medir la actividad económica de un país. A juicio de quienes apoyan la economía de la vida real, existen invisibilidades que esconden el aporte de determinados trabajos al bienestar, los cuales al no ser remunerados son excluidos de las Cuentas Nacionales. Los casos más generalizados son el trabajo no remunerado de la mujer dueña de casa y el aporte al producto del sector informal.

La economía ecológica plantea que, posiblemente, el hecho de que las convenciones fueron definidas cuando el subsistema económico dentro del ecosistema era de tamaño irrelevante, hizo que se diera un tratamiento erróneo al consumo de recursos naturales que tiene serias implicancias para la preservación delos patrimonios naturales, especialmente cuando el crecimiento económico es intensivo en este tipo de recursos.

Usando una metodología trabajada por investigadores del World Resoruce Institute se anticipó lo que sería el colapso de la pesca de sardina en el norte de Chile, debido a la falta de políticas adecuadas e insuficiencias institucionales. El estudio señala que para el período 85/87 dicha actividad decreció en un -2.2%, mientras las cuentas nacionales señalaban un crecimiento del 6,5%. Es decir, en dicho período la expansión de la actividad pesquera se hizo, muy posiblemente, a costa de un consumo de stock de capital(22).

Otro estudio en relaciónala madera plantea que es factible diseñar una política de subsidio que sea periódico y diferenciado, que haga posible un manejo del bosque de acuerdo a su edad y la calidad del suelo, para así contrarrestar los sesgos negativos implícitos en las señales que envía el mercado, las que subvaloran el bosque en pie, al no reflejar la existencia de externalidades positivas (23).

Diversos estudios de caso en la agricultura campesina demuestran que es posible diseñar sistemas productivos en base a principios agroecológicos que haciendo un uso intensivo del recurso suelo, lo mejora en calidad, hecho que no es registrado por la contabilidad nacional.

Siguiendo las normas de la convención que detalla la contabilización de las Cuentas Naciones se llega al hecho que el consumo de los activos naturales se contabiliza como un aumento en el ingreso, en circunstancias que constituyen una pérdida de capital. Este fenómeno tiene su explicación en el hecho que los recursos naturales, al no haber sido definidos como capital económico, no están sujetos a depreciación.

Por esta vía, un país puede caminar aceleradamente hacia un agotamiento de sus recursos naturales sin que las estadísticas que miden el ingreso nacional reflejen esa tendencia. La economía, siendo la ciencia que explica cómo los mercados reflejan la escasez relativa de los bienes, ha supuesto que los recursos naturales son abundantes y que no constituyen un capital que debe ser amortizado, ya que nadie invirtió en su existencia.

Lo señalado constituye un error conceptual, ya que el valor de un activo no radica en su costo de inversión sino en el valor actualizado de los ingresos futuros que generará.

Lo comentado lleva a la necesidad de contar con un indicador que permita ver si el bienestar de una sociedad determinada es sostenible en el largo plazo, como puede ser el Producto Interno Neto (PIN). Este indicador incorpora la depreciación de los recursos naturales en el cálculo del Ingreso Nacional.

En el caso de Chile, el cálculo del PIN crece en importancia, en la medida que nos enfrentamos a una economía en que, en los últimos años, el 90% de sus exportaciones son intensivas en recursos naturales. La no inclusión del costo social de dichos recursos significa que Chile con sus exportaciones ha subvencionado a los consumidores de los países ricos.

La vigencia del problema planteado es enorme si pensamos que el ajuste estructural plantea integrar las economías de la Región al mercado internacional, hecho que da a las exportaciones un rol protagónico en el crecimiento económico, en la generación de divisas y en la dinamización de otros sectores de la economía.

Lo anterior nos está indicando que la convención vigente para registrar la actividad económica llevará al diseño de políticas que en nombre del bien común beneficiarán al interés privado.

Una cuarta área, tiene que ver con el tratamiento relativo a las externalidades, derechos de propiedad y asignación de precios a recursos libres. Al respecto la economía ecológica plantea, que la asignación de precios a bienes libres hace crecer el Producto Geográfico Bruto (PGB), creándose para el país específico la contradicción de ser más rico pero en los hechos gozar de un menor bienestar, ya que bienes libres se han transformado en bienes escasos y, por lo tanto se requiere pagar para tener acceso a ellos.

Por otra parte, se señala que la asignación de derechos de propiedad sobre los recursos naturales reconoce solamente los derechos del propietario individual, al margen del impacto que el uso de esos recursos tenga en otros. Si, por ejemplo, en una cuenca un maderero ha recibido una concesión sobre los bosques en las tierras altas, los daños que su acción de talar el bosque provoque a los pequeños productores en los restantes pisos ecológicos, no serán su problema. Por el contrario, si se desea evitar erosión y cambios en los regímenes de las aguas, deberán ser los productores los que deban compensar al maderero por no poder obtener todo el beneficio esperado de su bosque. Este ejemplo muestra la interacción entre aspectos institucionales, intereses personales y el manejo adecuado o degradante del ambiente (24).

En el área institucional, existe una quinta fuente de desecuentros con la postura económica neoclásica. La economía ecológica y el neoestructuralismo reivindican el derecho de toda sociedad de tomar decisiones colectivas, rechazando la idea que señala que en las áreas en que el mercado no funciona el nivel de bienestar es más alto si no hay intervención alguna del gobierno. Especial mención se pone en la necesidad de limitar el volumen de energía que se extrae del ecosistema, el control de la población y la distribución de los frutos del progreso. La necesidad de usar mecanismos de mercado en un contexto de incapacidad institucional para proteger el medio ambiente demanda una acción concertada del Parlamento, Gobierno y Poder Judicial. Se requieren leyes modernas, que permitan la utilización creativa de los recursos, la fiscalización de dicho uso y los premios y castigos correspondientes. En este sentido los impuestos, derechos de propiedad o de contaminación tarificación y subsidios, son mecanismos para corregir las señales de precios que reciben los agentes económicos.

A pesar de lo señalado se debe precisar que existen bases para armonizar algunos de los puntos en conflicto. De hecho se están haciendo esfuerzos desde la ciencia económica convencional por encontrar formas de ampliar su capacidad explicativa y propositiva. Así por ejemplo, se señala que ya en la década de los 40, el economista inglés Hicks definió el ingreso de manera tal que incorpora el concepto de sustentabilidad temporal. En economía, el ingreso se define como el monto máximo que el receptor podría consumir en un período determinado, sin reducir la cantidad de consumo posible futuro. De aquí se deduce que una adecuada interpretación de los fenómenos económicos es aquella que postula que una sociedad debe solventar sus necesidades con el fruto de sus activos y no con el consumo de los mismos. De esta manera se puede afirmar que si un nivel determinado de bienestar para ser financiado exige una disminución del stock de capital natural, compromete su propia sustentabilidad futura.

Otro gran tema en discusión tiene que ver con la justicia distributiva entre generaciones. Este hecho da una gran fuerza a la necesidad de contar con una teoría económica que sea capaz de responder a este tipo de desafío, que tiene no sólo una dimensión técnica sino también ética. Se trata de armonizar el bienestar de la generación presente con el bienestar de aquella que la sucederá. En un estudio realizado por de Janvry y otros autores para el IFAD se entregan criterios para definir proyectos que aporten a la equidad, a la sustentabilidad o a ambos, conjuntamente. (25).


III. COMENTARIO FINAL

En la figura 7 hemos sintetizado las principales ideas de un desarrollo humano y ecológico, el que por su naturaleza pone especial énfasis en respetar la diversidad y los mecanismos de regulación de la biosfera, restaurar la armonía del ser humano y subordinar las estructuras y la política económica al logro de las necesidades humanas de las generaciones presente y futuras.

Este tipo de desarrollo se puede visualizar a distintos niveles: planetario, nacional y local. En cada uno de ellos se plantea lograr un uso eficiente de los recursos heredados y responder a la equidad intra e intergeneracional, en un contexto en el que prevalezcan las transformaciones cualitativas sobre las de tipo cuantitativo. Dado que el ecosistema plantea límites a la expansión física de la economía global, en justicia, los márgenes de expansión deberían ser asignados a las economías de los países subdesarrollados.

La magnitud de la obligación ética de una generación (Go) con la que le sigue (G1) depende de la forma en que se defina la calidad de vida a que ha tenido acceso Go, siendo la más compleja aquella definición que exige legar un stock de recursos naturales equivalente al recibido, debido a que este hecho constituye en sí una restricción a priori a su desarrollo.

Desde nuestra perspectiva, interesa ver la forma en que una determinada sociedad conjuga la eficiencia, la equidad y la sustentabilidad (equidad intergeneracional). La actual situación de injusticia social exige entender la dimensión humana del desarrollo como una transferencia de poder hacia los marginados y sus comunidades, para que puedan convertirse en actores sociales. Este proceso debe realizarse a través de mecanismos democráticos como son la articulación y negociación con otros actores sociales y permitirles apropiarse de la proporción del producto social que les pertenece, para de esta forma poder acceder a nuevos activos productivos, en particular, tierra para el caso campesino. El deterioro ecológico demanda un proceso restaurador a través de un control y manejo agroecológico de los recursos naturales y de la protección de su productividad.

Lo señalado debe ser potenciado por una decidida voluntad de armonizar los esfuerzos desde la sociedad civil, en particular aquellos que realizan los más pobres, con las políticas económicas, sectoriales y sociales que lleven a cabo los gobiernos.

El desarrollo humano y ecológico intenta alejarla percepción de una incompatibilidad a priori entre: a) objetivos ambientales y de desarrollo y, b) desarrollo de base y políticas gubernamentales. Si dichas incompatibilidades fueran reales sería muy difícil alcanzar los objetivos buscados.

Para que los gobiernos puedan cumplir con su responsabilidad deben actuar sobre cinco áreas de la realidad. En primer lugar, deben frenar el patrón de consumo imperante en el norte, el que se ha ido trasladando vertiginosamente hacia el sur y legitimar patrones de vida alternativos, basados en consideraciones ambientales y de bienestar para todos los seres humanos. En segundo lugar, deben apoyar procesos de transformación productiva que se basen en tecnologías que hagan un uso eficiente de los recursos naturales y minimicen la contaminación liberada al ecosistema. En tercer lugar, deben complementar la acción de los mercados, en las materias que estos no funciona o envían señales equívocas. En cuarto lugar, deben apoyar la distribución equitativa de ingresos y activos productivos. Finalmente, deben diseñar políticas para internalizar externalidades positivas que generan un desarrollo ecológicamente compatible, especialmente, si de esta forma se pueden premiar las actividades implementadas por pequeños productores.

Finalmente, debemos tener en mente que los procesos de desarrollo que tienen un potencial transformador no ocurren espontáneamente, sino que deben ser inducidos, entre otras fuerzas, por instituciones de desarrollo dotadas de las capacidades para cumplir con dicha función, entre las que resaltan la de facilitar la articulación entre actores sociales, ayudar a sincronizar la acción que emerje desde la base con las políticas gubernamentales y promover la formación de profesionales y de conocimiento tecnológico.


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