| "El
proceso de desarrollo es un esfuerzo consciente de aprendizaje que
está íntimamente ligado a la búsqueda de lo nuevo, lo mejor y lo innovativo".
La presente década representan
para América Latina un desafío singular, pues no sólo debe superar
los negativos efectos de la "década perdida", sino que tiene que
crear las bases de un nuevo patrón de desarrollo y fortalecer a
las instituciones responsables de su implementación.
Si bien durante la década pasada el neoliberalismo
no tuvo contrapeso para imponer su política económica como visión
del desarrollo, existen hechos que llevan a pensar que este cuadro
variará sustantivamente a lo largo del último decenio del siglo
veinte. La importancia de los problemas sociales generados o agudizados
en la década anterior han abierto camino a planteamientos que pretenden
compensar el costo social producido, como es el caso de la propuesta
neoestructuralista de CEPAL denominada "La Transformación Productiva
con Equidad".
Simultáneamente, ideas ligadas a las escuelas
denominadas economía ecológica y economía de la vida real han enriquecido
la cantidad y calidad de políticas disponibles para enfrentar con
decisión y claridad los problemas que impiden un desarrollo humano
y ecológico. Estos planteamientos han influenciado, por ejemplo,
las agendas de trabajo construidas a propósito de UNCED 92 y el
encuentro denominado Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro.
En dichas agendas se plantean tareas en distintos
ámbitos y a diversos niveles, las que han recibido el respaldo de
la sociedad civil y política en los más diversos países e instituciones
de carácter mundial.
Una mirada atenta a las políticas económicas
que están llevando a cabo los gobiernos de la región muestra que
se ha ido abandonando un neoliberalismo extremo para intentar la
puesta en práctica de políticas eclécticas. Existen no pocos casos
en que se aprecia la influencia del neoestructuralismo y los primeros
indicios de que existe la voluntad de comprender más a fondo los
contenidos de los planteamientos humanistas y ecológicos, para integrar
sus contribuciones de modo tal que se puedan diseñar estrategias
de desarrollo sustentables y equitativas.
En el ámbito económico se observan transformaciones
que demuestran que hay una intención de cambio más o menos generalizada.
Mientras el estatismo se bate en retirada emerge una capacidad empresarial
dispuesta a competir en el mercado internacional, para lo cual ha
debido basar su rentabilidad en la eficiencia y en la innovación
tecnológica y no en el proteccionismo. Sin embrago, existe el reconocimiento
de áreas en las cuales el mercado no entrega las señales adecuadas
y, por lo tanto, no sería un buen mecanismo para la toma de decisiones
sobre materias relativas a la redistribución de los ingresos y a
aquéllas de carácter ecológico. Adicionalmente, los diversos tipos
de instituciones, sean estatales, privadas, con o sin fines de lucro,
se plantean la necesidad urgente de la modernización.
Por otra parte, nunca como ahora las diferencias
entre nuestros países y sus economías fueron mayores y, sin embargo,
esto no ha sido una barrera para acrecentar el comercio intraregional.
Chile, por ejemplo, compra el 25% de sus importaciones y vende el
16% de sus exportaciones en diversos países de la Región y ha invertido
más de medio billón de dólares en diversas actividades en América
Latina. Cada día aumentan los acuerdos comerciales entre dos o más
países, tejiéndose así una red de vínculos muchísimo más sólida
que la que existió en los tiempos en que la integración latinoamericana
tuvo su mayor apogeo. En 1991 Chile suscribió acuerdos comerciales
con México y Argentina y, con Venezuela y Bolivia en 1993 (1).
En el plano político también se verifican avances,
siendo tal vez el más importante la capacidad de gobernantes democráticamente
elegidos de tomar decisiones impopulares, aunque lamentablemente
necesarias. Lo anterior habla bien de quienes asumen sus responsabilidades
y de los pueblos que, sufriendo los efectos de las medidas de ajuste,
han entregado su apoyo a quien ha debido aplicarlas. Adicionalmente,
pareciera emerge una fuerte tendencia a aislar la corrupción y a
castigar la ineficiencia e inconsistencia del caudillismo y clientelismo
político.
En el aspecto institucional esta búsqueda de
un nuevo enfoque del desarrollo ha hecho sentir la necesidad de
dotar a la sociedad de instituciones capaces de realizarlo y, en
el caso de las que promueven el desarrollo a nivel de base, se observa
una motivación por trascender las fronteras geográficas para aprender
de experiencias exitosas, e incluso más, construir agendas de trabajo
a nivel regional o subregional para superar la pobreza y enfrentar
adecuadamente el deterioro medioambiental. El CLADES es un buen
ejemplo que avalo lo señalado (2).
El contexto comentado nos permite afirmar que
gradualmente crecen las fuerzas sociales y políticas en los diversos
países de América Latina que se plantean un auténtico proceso de
búsqueda respecto de su desarrollo. Particularmente, en los países
en que se ha superado la etapa del ajuste económico se aprecian
signos reales de querer abordar el tema de la equidad. Paralelamente,
también se observa una preocupación, motivada por el impacto político
o económico, que han adquirido ciertos problemas medioambientales.
Estos hechos generan la sensación de que la sociedad política es
influenciable en sus formas de concebir el desarrollo, lo que sin
duda es un estímulo a la creación para las diversas escuelas de
pensamiento preocupadas por el tema del desarrollo y para las disciplinas
que lo nutren de contenido conceptual y operativo.
Este artículo aborda las dimensiones centrales
de un concepto de desarrollo, basado en principios humanistas y
ecológicos, que requiere -de manera estratégica- que se dé una significativa
sinergía entre las políticas gubernamentales y la participación
de la comunidad organizada. También, intenta mostrar su factibilidad
en la hora presente dado el nivel de desarrollo que han alcanzado
las diferentes escuelas de pensamiento económico ya mencionadas
y el rol protagónico que aún juega el neoliberalismo (3).
I. UN DESARROLLO HUMANO Y ECOLOGICO (**)
A. Génesis del Concepto
Antes de adentrarnos en el contenido que encierra
el concepto de desarrollo humano y ecológico, es necesario precisar
que cuando se habla de desarrollo, comúnmente, se entiende que ese
está haciendo referencia a lo que cualquier texto de economía denomina
crecimiento económico. En este artículo interesa definir el desarrollo,
en términos generales, como un proceso de transformación que experimenta
una sociedad en la búsqueda de márgenes crecientes de libertad,
bienestar y participación para su población; mientras que el crecimiento
económico se entenderá como un aumento constante en el producto
per cápita, lo que permite deducir que el concepto de crecimiento
es más restringido y de rango inferior que el de desarrollo.
Por otra parte, también conviene precisar que
entre desarrollo y economía existe un vínculo vital, ya que la economía
es la disciplina que hasta ahora ha dado los criterios para un manejo
eficiente de recursos escasos, y ha definido la forma en que la
empresa maximiza su utilidad y la familia su bienestar. Estas conductas
son materia de gran interés para un tipo de desarrollo que busca
captar la imaginación de la gente en la lucha por aliviar la pobreza
en el marco de un medio ambiente equilibrado.
El concepto de desarrollo planteado no ha tenido
un origen único, sino que, por el contrario, se ha ido construyendo
con las contribuciones realizadas por vertientes teóricas diversas
que han aportado a la comprensión y relación entre pobreza y deterioro
medioambiental con estudios sobre temas específicos, evaluaciones
empíricas, reflexiones y aportes conceptuales. No es extraño entonces
que la lógica reduccionista perciba su conceptualización como algo
difuso y carente de rigor analítico, más aún, si lo que se intenta
es cuestionar las bases científicas, morales y materiales del patrón
de vida occidental.
De hecho, existe una significativa fuerza conservadora
que no cree en este tipo de desarrollo, que responsabiliza a los
pobres por su falta de superación y por deteriorar el medio ambiente,
liberando de la responsabilidad que les cabe a las estructuras sociales
y políticas. Este tipo de actitud surge en los medios empresariales
donde se observa la inquietud que se pudiese estar avanzando hacia
una "dictadura ecológica", lo que dificulta que emerja una teoría
económica ecológica que dé consistencia a un desarrollo que privilegie
la equidad intra e inter generacional.
Sin
embargo, el conocimiento ya acumulado ha posibilitado la realización
de procesos de síntesis que han permitido que se comience a formalizar
una visión renovada sobre el desarrollo. Los aportes hechos por
disciplinas diversas, han permitido construir una mirada crítica
y compartida sobre la capacidad que tiene los diversos ecosistemas
de sostener una calidad e vida adecuada para una población aún en
plena expansión (4).
La fuerza de este tipo de desarrollo radica
en el apoyo que le entrega la sociedad civil -representada por los
movimientos ecologistas, las instituciones de desarrollo de base
y por una opinión pública creciente- y en el rechazo creciente que
sectores sociales diversos manifiestan frente a la incapacidad de
la sociedad política y la sociedad científica de ofrecer las oportunidades
para que todos los eres humanos pu3edan acceder a un bienestar que
nos ea a costa del medio ambiente o de la degradación humana.
En este sentido, se trata de una reacción que
cuestiona la ética que mueve a los científicos y a los creadores
de tecnología, quienes han subordinado el interés social a intereses
económicos privados, y a una sociedad política que, además de haber
perdido la perspectiva del futuro, ha mostrado signos preocupantes
de corrupción e ineficiencia.
A pesar de que se habla de un planteamiento
que se encuentra en una etapa incipiente de evolución, las preguntas
que han levantado han impactado fuertemente en disciplinas como
la economía convencional y ha cuestionado la viabilidad del estilo
de vida que impera en el mundo desarrollado.
Un autor señala, a propósito del tema que nos
preocupa, "que hasta el siglo XIV el hombre se percibía a sí mismo
como un espejo del orden del cosmos, y veía a éste como un reflejo
del complejo equilibrio interior de la vida humana. Pero al reemplazar
la objetividad de la naturaleza por la intersubjetividad de la ley,
se rompe la unidad entre hombre y naturaleza y se pierden las razones
para garantizar la unidad misma del ser humano, lo que puede potenciar
su imagen autodestructiva y proyectarla a la naturaleza" (5).
También nos encontramos con comentarios que
enfatizan que la "naturaleza es considerada en la estética medieval,
como el ropaje con que se viste Dios para sugerir su presencia a
los hombres. De este entorno, pleno de sentido y trascendencia,
debiera surgir el entorno artificial creado por el hombre, en mutua
dependencia y respeto. El hombre, por su plasticidad, puede integrarse
al entorno artificial en armoniosa unidad. La pérdida del sentido
estético explica la explotación de la naturaleza y la existencia
de una ecósfera mutilada, corrupta y asfixiante. Se ha perdido el
sentido del cosmos, es decir del orden. No sólo se ha perdido la
capacidad de ver lo bello sino también lo feo" (6).
A pesar de lo señalado, existe un número creciente
de instituciones privadas medianas y pequeñas que han defendido
los contenidos de esta mirada actualizada del desarrollo y que han
expresado claramente la voluntad de querer contribuir en la solución
de los problemas, porque se sienten capaces para hacerlo. La firmeza
con que han hecho sus planteamientos refleja una voluntad de no
dejarse acallar con promesas simples o contentarse con un rol meramente
decorativo. Por el contrario, lo que ser verifica es que estamos
viviendo un tiempo en que la sociedad civil ha superado a la sociedad
política en cuanto a percibir un desarrollo insostenible en el mediano
plazo y, que por tanto, legítimamente exige ser un socio activo
en un ámbito de la realidad que hasta apenas algunos años era un
monopolio del Estado, de los Organismos Internacionales y de los
Centros Académicos y de Investigación.
Lo más importante en la hora actual es, entonces,
captar y guiar la evolución de la conciencia ciudadana que busca
un desarrollo humanista y ecológico, conciencia que se transforma
en voluntad de acción al captar que la calidad de la vida actual
no corresponde a sus expectativas y que no existen las instituciones
que la hagan posible.
B. El Desarrollo Humano y Ecológico y las
Actuales Corrientes de Pensamiento Económico
Podemos decir que América Latina avanzará hacia
un desarrollo cada vez más justo y sustentable en la medida que:
a) los gobiernos de la Región decidan incorporar sus postulados
y recomendaciones en los diseños de políticas y, b) exista un movimiento
articulado desde la sociedad civil que le fije prioridades y lo
potencie con su creatividad. La política económica, si bien no es
la única variable relevante, es la que mayor peso tiene en las decisiones
relativas a la asignación de recursos, distribución del ingreso
y creación de incentivos que premien a los agentes económicos que
protejan los recursos productivos naturales. Tal como se señalara
en la introducción de este artículo, los gobiernos de la Región
han ido modificando sus políticas para responder a las existencias
de la equidad sin comprometer las conquistas en materia de estabilidad
macroeconómica. No hay razón alguna para pensar que no exista la
voluntad de avanzar hacia políticas que incorporen la dimensión
ecológica, más aún si no hacerlo conlleva una sanción a la política.
A la fecha son varios los parlamentos que discuten leyes relativas
a la protección del medio ambiente, en particular cuando la contaminación
afecta intereses turísticos, la viabilidad de exportaciones o directamente
la salud de la población.
Es un grave error partir a priori señalando
que existen quienes son defensores del medio ambiente y quienes
son insensibles al mismo. Más productivo es partir por reconocer
que existen aproximaciones diversas al tema, y que un debate serio
y documentado permitirá que la dimensión ecológica forme parte integral
de todas las escuelas de pensamiento económico.
A pesar de lo dicho, es usual y razonable que
quienes trabajan en programas de desarrollo en comunidades pobres
se hagan preguntas sobre las posibilidades reales que existen de
avanzar por la senda de la equidad y de la sustentabilidad en un
medio donde el neoliberalismo tiene un peso específico muy alto.
Lo señalado es de gran importancia si se comparte
la hipótesis que establece que logros significativos en la lucha
contra la pobreza y protección del medio ambiente sólo son posibles
si existe un alto grado de armonía entre las políticas gubernamentales
de desarrollo rural y urbana y las estrategias de desarrollo de
base que nacen de las propias comunidades.
Intentemos ahora una mirada más profunda a
cuatro escuelas de pensamiento económico que están jugando o podrían
jugar un rol protagónico en el destino de América Latina. Comencemos
con la denominada economía ecológica, que está en su etapa inicial
de formulación, pero que es heredera de una tradición de pensamiento
que ya tiene algunas décadas. Luego, presentaremos la contribución
de la economía de la vida real. En tercer lugar sintetizaremos el
pensamiento del neoestructuralismo, que está haciendo importantes
aportes en materia de equidad y, finalmente abordaremos el neliberalismo,
cuya participación en el ajuste estructural le ha generado una actitud
de rechazo, que dificulta una lectura desapasionada de sus postulados.
|
Disciplinas
que incluye la Economía Ecológica
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Hacia
De
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Sector Humano
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Sector no Humano
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Sector Humano
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Economía
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Economía del Medio
Ambiente
|
|
Sector no Humano
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Economía de los
Recursos Naturales
|
Ecología
Flujo Solar
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La economía ecológica
ve a la economía como un subsistema abierto que forma parte
de un sistema finito y cerrado
Figura 1. Objeto de análisis de la economía ecológica
|
Tomado de: Daly, Herman. 1991. Ecological
economics and sustainable development: from concept to policy.

Tomado de: Daly, Herman. 1991. Steady-State
Economics.
a. La Economía Ecológica (7)
En la figura 1 se muestran las disciplinas
que constituyen su base conceptual y la lógica de integración entre
ellas.
La motivación central de la economía ecológica
es redefinir algunas premisas del pensamiento neoclásico de modo
que la sustentabilidad sea posible. Para este efecto proponen que
la teoría económica integre el concepto de "throughput", entendido
como un flujo de materia y energía sometido a las leyes de la termodinámica,
el cual se inicia, tal como se aprecia en la figura 2, con la extracción
de materia y energía de baja entropía y alto potencial de trabajo
del ecosistema, continúa con la transformación de dicho "input"
en bienes de consumo, capital y servicios por la economía, para
finalizar con la introducción de desechos, materia de alta entropía
y bajo trabajo, en el ecosistema. Este flujo unidireccional capta
la idea descrita y debe reemplazar al concepto del flujo circular
de valores de cambio entre empresas y consumidores en un sistema
cerrado tal como se muestra en la figura 3.
El "throughput" tiene dos dimensiones básicas:
su escala y su distribución. Mientras la última debe ser asignada
por el mercado, la primera debe ser definida socialmente, para así
garantizar una equidad inter-generacional en el acceso a los servicios
del medio ambiente y de la economía. Plantea, también, que el volumen
de la población y la distribución del ingreso deben determinarse
por la voluntad social de modo que la eliminación de la pobreza
no signifique aumentar la extracción de energía primaria del ecosistema.
Se establece una clara distinción entre desarrollo
y crecimiento económico. El desarrollo económico consiste en aumentar
los servicios que se entregan a la población por la vía de hacer
un uso eficiente del sotck de bienes existentes, utilizando la menor
cantidad de energía primaria en la mantención de dicho stock; mientras
que el crecimiento económico cosiste en aumentar los servicios entregados,
aumentando el tamaño de los stocks y por tanto de la energía extraída
del ecosistema. Lo anteriormente dicho se deduce del hecho que la
economía ecológica enfatiza que la economía debe desarrollarse y
transformarse, pero no crecer físicamente.
Propone aplicar tres criterios operativos en
la determinación de algunas dimensiones básicas: a) utilizar el
mecanismo del control social para garantizar la macro-estabilidad
permitiendo que operen los mecanismos del mercado ene el contexto
de ciertos parámetros predefinidos. Así se busca sacrificar al mínimo
la libertad individual, b) mantener un importante margen de seguridad
entre la actual carga que la economía ejerce sobre el medio ambiente
y la capacidad de tolerancia máxima del ecosistema y, c) intentar
permanentemente disminuir la extracción de energía primaria de la
biosfera.
Como ya se ha dicho, este pensamiento está
en pleno proceso de elaboración. Sin embargo, algunas de sus propuestas
ya están en condiciones de comenzar a influir en los diseños de
proyectos y políticas que apoyen un desarrollo que garantice la
equidad intergeneracional. En este pensamiento son particularmente
polémicas sus propuestas de evitar el crecimiento de la economía
y de aplicar el control social a macro variables con el mínimo costo
en la libertad individual.
b.
La Economía de la vida real
La economía de la vida real constituye un esfuerzo
conceptual por incorporar, en un marco analítico, dimensiones de
la realidad que afectan el bienestar de las personas y que no han
sido incluidas en el esquema conceptual de la economía tradicional.
La importancia de lo señalado radica en que las dimensiones omitidas
al no formar parte de la política económica, quedan excluidas de
los incentivos que reciben otras actividades.
Desde nuestra perspectiva interesa resaltar
al menos tres ámbitos en los cuales ha acontecido lo señalado. La
primera área en la cual la economía de la vida real hace un esfuerzo
por plantear una conceptualización más ambiciosa se relaciona con
la teoría de la demanda. Al respecto se intenta entregar una visión
integral de las necesidades humanas basada en la contribución que
en esta materia ha efectuado la sicología. Particularmente, para
la definición de estrategias de desarrollo, esta nueva mirada permite
trascender la visión del ser humano como un ser dominado por sus
propios intereses que sólo maximiza su beneficio o lucro.
El segundo aspecto en el cual este planteamiento
ha hecho un aporte significativo se refiere al trabajo de la mujer
en la vida doméstica; trabajo que, por no ser remunerado, no es
integrado en las cuentas nacionales, quedando fuera del rango de
preocupaciones de la autoridad respectiva, con el resultado que
la sociedad no invierte en el desarrollo de las mujeres que se dedican
a eta actividad, relegándolas a una suerte de invisibilidad. No
integrar el aporte de la mujer dueña de casa, ni tener una política
para aumentar la eficiencia de su trabajo significa que las familias
y, por ende, el conjunto de la sociedad vivía en un nivel de bienestar
inferior al potencial; particularmente en el caso de las familias
de bajos ingresos la invisibilidad en que se desenvuelven las dueñas
de casa acrecienta y agudiza la pobreza de esos contingentes humanos.
Invertir en la mujer pobladora o campesina en su capacidad de optimizar
los recursos disponibles y poder manejar la alimentación, salud
y calidad del hábitat, constituye una decisión de alta rentabilidad
social para superar al menos los niveles críticos de pobreza.
De alguna manera, lo señalado se relaciona
con el esfuerzo persistente de las políticas de modernización por
subvalorar las estrategias de subsistencia para que, en el caso
de los campesinos, interactúen en el mercado laboral, de bienes
intermedios y de consumo, como una forma de aumentar la productividad
y el bienestar. Estas ideas están basadas en el supuesto, de que
los pequeños productores operan en mercados competitivos, y que
no existen discriminaciones en el acceso a recursos productivos.
El tercero cuestiona la capacidad de la teoría
económica convencional de guiar la toma de decisiones de todos los
agentes económicos. Es evidente que esto no es así en el caso de
la economía informal. Para la economía convencional quienes operan
en dicho mercado no son agentes económicos viables, capaces de movilizar
recursos en pro del crecimiento económico. En este plano, la economía
de la vida real plantea la falta de sensibilidad del pensamiento
dominante para comprender la realidad económica planteada e integrarla
de forma tal que se puedan diseñar políticas que le permitan un
nivel mínimo de acumulación.
El conjunto de ideas que plantea la economía
de la vida real es de singular valor para el diseño de estrategias
de desarrollo de bases, y que permite conocer la realidad de los
sectores excluidos, los que se identifican en la figura 4, y plantear
estrategias de inclusión y de articulación que hagan posible su
contribución ala creación de riqueza usando recursos que la economía
convencional no valora. La economía de la vida real no pretende
plantearse como una teoría económica alternativa al neoliberalismo,
sino más bien llama a definir un marco teórico que haga posible
la justicia social y ecológica. La figura 5 muestra su visión, la
que resulta de una síntesis entre dimensiones éticas, económicas,
ecológicas y sociales.

Tomado de: Ekins P. and M. Max-Neef.
1992. Real Life Economics.
c) El Neoestructuralismo (8)
El fundamento de este pensamiento ha sido resumido
en el planteamiento conocido como "Transformación Productiva con
Equidad".
La transformación propuesta tiene como elemento
motor la competitividad y la equidad, teniendo como respaldo el
progreso técnico y la elevación de la productividad. Dicha transformación
debe ser la resultante de una acción concertada entre el Estado
y el sector privado.
La industria debe desarrollar un conjunto de
vínculos económicos con otros sectores productivos con el fin de
lograr que los agentes económicos participen de los frutos de dichas
inter-relaciones, proceso que debe ser facilitado por servicios
públicos especializados.
Define las áreas a reglamentación pública dejando
que para el resto prevalezcan los mecanismos del mercado, aunque
sujeto a supervisión pública. Se postula la búsqueda de áreas en
que sea factible la concertación entre ambos sectores. Se valoran
los equilibrios macroeconómicos y el diseño de políticas sectoriales
selectivas. La economía debería operar con baja protección, neutralidad
cambiaria y arancelaria. Singular importancia se otorga al fortalecimiento
de los sistemas de desarrollo tecnológico y de capacitación laboral.
Se plantea el fomento a la creación de empresas
pequeñas y medianas a través del crédito. Se introduce la necesidad
de una distinción entre los objetivos económicos y sociales de dichas
empresas. Se debe dar, por tanto, apoyo público a las asociaciones
entre empresas para ganar eficiencia y poder acceder, al menor costo
posible, a la asistencia técnica, financiera y de capacitación.
Este pensamiento reivindica una participación
activa del Estado en la vida económica en aquellas áreas en las
cuales los mercados se encuentran limitados para hacer una asignación
eficiente de recursos, como es el caso de la superación de la pobreza
y el mejoramiento de la competitividad del sector informal, y para
lograr una equidad inter-generacional. Si bien la variable ecológica
es aún débil en el planteamiento neoestructuralista, no hay razón
para que no pueda ser incluida en forma más consistente. En general
este pensamiento comienza a ganar adhesión entre la clase política
de América Latina.

d) El Neoliberalismo (9)
Su inspiración es el liberalismo cuyo centro
de preocupación es el individuo, el cual desarrolla sus potencialidades
en ambientes en los que impera la libertad económica, expresada
en el libre mercado, en la propiedad privada y, en general, en los
postulados que son propios del capitalismo. Adhiere a la democracia
y al pluralismo político, cree en el impero de la ley, en las libertades
políticas y en los derechos de las personas. La justificación moral
para adherir a la competencia como fuerza que busca la superación,
la basa en que todos los individuos deben tener igualdad de oportunidades.
Declara que el socialismo jamás funciona y
que el capitalismo frecuentemente lo hace. Que la integración al
mercado mundial aumenta el bienestar y la prosperidad. Afirma que
el capitalismo es la condición necesaria para la democracia y que
las motivaciones del lucro y la superación explican que el empresario
sea el agente que produce el crecimiento económico, único camino
para derrotar la pobreza.
La modernidad entendida como crecimiento económico
y acceso al progreso hacen del liberal un individuo positivista,
profundo defensor de la ciencia y la tecnología convencional. Asocia
la urbanización con el mejoramiento en la calidad de vida, cree
que la libertad debe expresarse en el consumo y que la sociedad
debe ser regida por instituciones burocráticas (impersonales), sujetas
al control social.
Postula que una economía sana debe estar basada
en una macroeconomía estable y en una microeconomía que se base
en la austeridad y en la acumulación, la industria debe ser competitiva,
el mercado del trabajo debe funcionar en base a la negociación y
deben abolirse los monopolios empresariales, laborales y estatales.
El liderazgo debe buscarse por la vía de encarnar el progreso que
genera una economía eficaz y competitiva.
El liberalismo declara no saber en qué forma
debe organizarse el Estado, el rol que cumple la cultura en el desarrollo
y cuál es la condición suficiente para la democracia.
Aparentemente, este pensamiento podría ser
catalogado de anti-ecológico y defensor de las desigualdades sociales
por su adhesión total al uso de mecanismos de asignación de recursos
incapaces de considerar la dimensión ecológica y social de la realidad.
Es evidente que el neoliberalismo necesita tiempo para entender
el concepto de sustentabilidad y encontrar la forma analítica de
incorporarlo a su marco teórico. Sin embargo, su contribución al
perfeccionamiento de los mercados y los criterios que aporta para
la toma de decisiones a nivel micro y macro económico son de innegable
valor. Sin el aporte del pensamiento neoliberal sería muy difícil
que las contribuciones de las otras escuelas económicas pudieran
operacionalizarse. De hecho, todas las formas de eclecticismo conocidas
tienen como condición necesaria para su viabilidad la existencia
de mercados que funcionen en niveles crecientes de transparencia.
En síntesis se puede decir que cada vertiente
aludida hace un conjunto de contribuciones que gradualmente va a
ir permitiendo una teoría económica que, junto con promover la eficiencia,
haga posible la equidad inter e intra-generacional.
El neoliberalismo es un pensamiento filosófico
transformado en doctrina económica, que aún no ha podido procesar
analíticamente la variable ecológica. Sin embargo, sería prematuro
y posiblemente erróneo decir que es el bastión anti-ecológico.
El neoestructuralismo es, en esencia, una política
de modernización económica con un fuerte sesgo urbano y distributivo.
En su matriz intelectual no hay elementos que hagan pensar que la
dimensión ecológica no tendrá un rol importante. Lo que sí se puede
afirmar es que se trata de una propuesta altamente sensible al desarrollo
de las actividades que se efectúan en el sector informal de la economía
rural y urbana,, lo que en parte se explica por su fuerte sesgo
democrático.
Los planteamientos más elaborados de la economía
ecológica vienen de la teoría del equilibrio dinámico, en el cual
la economía debe dejar de verse a sí misma como un conjunto cerrado
autosuficiente, para asumir su inserción en un mundo finito en el
que hay dimensiones que pueden dejarse al juego del mercado y otras
que deben ser asumidas por el conjunto de la comunidad.
La economía de la vida real es todavía un conjunto
de ideas en pleno desarrollo las que tocan dimensiones íntimamente
relacionadas con los sectores más pobres y con las actividades que
ellos realizan para sobrevivir. Es también una escuela de pensamiento
que plantea el potencial de creación de riqueza que existe en sectores
marginados, para los cuales la economía convencional plantea en
el mejor de los casos transferencias de recursos bajo la forma de
subsidios.
La sola descripción hecha muestra que se trata
de cuatro aproximaciones serias y profundas en busca de legitimidad,
por la certeza que les cabe de poder hacer un aporte a los grandes
problemas que aquejan a las sociedades latinoamericanas. Evidentemente
que no son planteamientos homogéneos, no abordan los mismos aspectos
de la realidad y cuando coinciden ten los temas lo hacen con énfasis
o con enfoques distintos. En general, podemos decir que muy posiblemente
exista un alto grado de fertilización potencial ente ellas por lo
diversa que ha sido la naturaleza de la fuente de inspiración que
las ha nutrido y por la magnitud que tienen los problemas que deben
resolver.

II. HACIA UNA CONCPETUALIZACION DE UN DESARROLLO HUMANO Y ECOLOGICO
Desde nuestra perspectiva, nos interesa señalar,
que el desarrollo humano y ecológico plantea que los daños ambientales
y la pobreza perenne producidos pro los procesos de transformación
basados en el conocimiento científico y tecnológico convencional,
así como la lógica que guía al pensamiento económico dominante,
han generado progresivamente la pérdida de una doble armonía y una
alteración básica en el orden jerárquico natural.
La primera armonía rota que se puede verificar
tiene lugar al interior de la biosfera, la cual ha visto alterados
sus mecanismos de autoregulación y experimentado un creciente empobrecimiento
(10).
El concepto "biosfera" fue acuñado por Theilhard
de Chardin, sacerdote jesuita y paleontólogo (11). La biosfera es
una película de tierra, agua y aire que recubre al planeta Tierra.
Su rasgo más significativo es la relativa pequeñez de sus dimensiones
y lo exiguo de los recursos que ofrece. Es el único hábitat actual
de todas las especies de seres vivos. Está rígidamente limitada
en su volumen y por eso contiene sólo un sotck limitado de recursos
de los cuales dependen las diversas especies de seres vivos para
sobrevivir. Algunos de estos recursos son renovables y otros no
renovables en la escala de tiempo humana y, por lo tanto, toda especie
que apele en exceso a sus recursos renovables o que agote los no
renovables se condena a su extinción.
La biosfera no es tan antigua como el planeta
que ahora recubre. Se trata de un halo que se formó mucho después
que la corteza del planeta se hubo enfriado, en el que parte de
sus componentes originalmente gaseosos se licuaron y se solidificaron.
La biosfera existe y se conserva en virtud de un delicado proceso
de autoregulación y de equilibrio de fuerzas, sus elementos son
interdependientes entre sí, es finita pero no autosuficiente y requiere
de la energía que lo provee el sol y otras fuentes cósmicas. A pesar
que se trata de una fuente de energía infinita, su recepción y transformación
en energía utilizable plantean desafíos altamente complejos.
Hasta hace muy poco tiempo, el hombre subestimó
el incremento de su poder para afectar la biosfera, poder que se
produjo por la sistemática investigación científica y la aplicación
de sus resultados a la técnica y, por el aprovechamiento para fines
humanos de la energía física, manifiesta o latente en los elementos
inanimados de la biosfera. Es a partir de la revolución industrial
en que de manera gradual, pero sostenida el ser humano decide depender
de fuentes escasas de recursos energéticos, alejándose de la fuente
energética solar, para vivir del capital geológico.
El hombre es el primero de los habitantes de
la biosfera más poderoso que ella misma. De hecho la biosfera podría
continuar existiendo por otros dos mil millones de años si el hombre
lo permite. De aquí que devolverle su capacidad de autorregulación
y proteger la biodiversidad que se encuentra en ella es la primera
tarea básica de un desarrollo que sea sustentable.
Por esta razón, el tipo de planteamiento estudiado
enfatiza la necesidad de desarrollar una ciencia y una tecnología
que busquen a partir de principios ecológicos un proceso de creación
de conocimiento, el que a su vez permita contar con profesionales
y hombres de ciencia capaces de generar innovaciones tecnológicas,
que hagan posible que el ser humano intervenga la naturaleza ara
obtener los servios necesarios que loe permitan satisfacer sus necesidades
in deteriorar su potencial productivo. Este pensamiento es particularmente
importante para América Latina, continente que ocupa el 16% de la
superficie del planeta, tiene riquezas naturales a su favor mayores
que el petróleo, registrando más del doble de lluvias que el promedio
mundial, el 31% de toda el agua superficial, el 46% de los bosques
tropicales, el 23% de los bosques del mundo y cuenta con el 10%
de la tierra arable.
La segunda armonía perdida que, en gran medida,
explica la anteriormente señalada, tiene lugar al interior del propio
ser humano, el cual ha hipertrofiado su racionalismo, inhibiendo
el desarrollo de su sensibilidad y voluntad (12).
La sociedad moderna tiene un fanatismo por
la razón, confundiéndola con el razonamiento, lo que la lleva a
no darse cuenta que la razón trabaja sobre la base de las intuiciones
profundas, que son revelaciones que nos ligan al universo y nos
hacen solidarios con él. A partir del siglo XVIII se separó al hombre
de su vida interior enseñándole a fiarse únicamente de aquello que
está organizado lógicamente. En este sentido se puede decir que
el positivismo de las ciencias se apoderó del hombre. La urbanización
creciente lo separó de la naturaleza, sustituyéndole el mundo real,
profundo, misterioso, diverso y muchas veces incomprensible, por
uno de tipo artificial y lógico.
En el hombre es importante diferenciar lo que
son las necesidades absolutas, los deseos y las que denominaremos
aspiraciones. Las primeras provienen de nuestra fisiología y condición
gregaria, son impulsos instintivos que deben ser guiados para que
biológicamente el ser humano tenga una vida sana. Los deseos o necesidades
relativas que nos hacen sentir superiores a los demás y que todo
parece indicar que son insaciables (13). Es importante enfatizar
lo dicho porque la historia muestra que el ser humano se ha movido
esencialmente entre el parasitismo y la depredación. Por esta razón,
la moral aparece como un bastión que la sociedad impone a nuestra
capacidad depredadora, con el fin de proteger el bien común. Las
aspiraciones reflejan nuestros intentos por ser mejores, por trascender
las imperfecciones propias de la naturaleza humana, para instaurar
lo que todavía no existe en el mundo y que uno quisiera introducir
en él. Son las que empujan a la creación y se originan en las profundidades
del espíritu, ligándonos al plan evolutivo, en busca de la santidad,
la sabiduría y la creatividad.
El tipo de desarrollo estudiado plantea que
hay que encaminarse hacia un humanismo que devuelva a hombres y
mujeres su plenitud para proyectarse al mundo. Esto significa, primero,
aceptar y responder adecuadamente a las necesidades absolutas, sometiendo
a un riguroso control las de carácter relativo y, en segundo lugar,
desarrollar una armonía entre la sensibilidad, la inteligencia y
la voluntad. La sensibilidad le permite al ser humano recibir los
mensajes que la realidad externa le entrega, pero también aquellos
que provienen desde su interior, como son las que nacen en el inconsciente.
La inteligencia es la que hace posible tener conciencia de los mensajes
recibidos, al traducirlos en ideas claras e inteligibles, lógicamente
organizadas. La voluntad es la facultad que le permite controlar
los deseos y armonizar los distintos tipos de necesidades con las
aspiraciones.
En virtud de la combinación de estas tres fuerzas
el hombre adquiere el dominio de sus facultades y por tanto de su
libertad. El futuro del hombre depende del ejercicio que haga de
su libertad, que es el gran patrimonio de la conciencia humana (14).
El hombre construye su armonía interna principalmente
a través de una interacción creativa y respetuosa con la biosfera,
para satisfacer sus necesidades, aspiraciones y controlar sus deseos.
Su inteligencia es el vehículo que debiera permitirle darse cuenta
que cada miembro de la sociedad tiene un deber ecológico para hacer
dignamente habitable nuestro planeta, nuestro terruño.
El tipo de desarrollo que planteamos nos hace
concientes que el ser humano pierde su condición de tal toda vez
que debilitamos su unidad interna. La madurez de lo sensible sólo
es posible si cultivamos al hombre integral, capaz de respetar y
admirar toda forma de vida en el cosmos. Para el logro de este noble
objetivo es necesario armonizar la relación entre conciencia ecológica,
experiencia estética y los pensamientos religiosos, éticos y filosóficos
con el pensamiento científico-tecnológico.
En este sentido se plantea que no se ha hecho
un uso adecuado de la inteligencia, si por ésta entendemos aquella
capacidad para captar la realidad en su complejidad y actuar sobre
ella en forma práctica y positiva. Tampoco se habría obrado, como
señala Kant "observando el cielo estrellado en nuestras cabezas
y la ley moral en nuestro interior".
En cuanto a la necesidad de establecer un orden
jerárquico natural, el desarrollo humano y ecológico plantea el
desafío de poner la economía al servicio de las necesidades y aspiraciones
humanas, teniendo en cuenta las leyes que regulan la biosfera. Si
observamos lo que acontece en la realidad veremos que las actividades
productivas han transgredido permanentemente los principios ecológicos
de:
- no consumir recursos naturales a una tasa
mayor que la tasa de reposición;
- no consumir recursos naturales no renovables
a una tasa mayor que la de creación de sustitutos y,
- no contaminar a una velocidad mayor que
la capacidad de absorción de la biosfera (15).
También podemos constatar que no se ha asumido
la limitación absoluta de ciertos recursos, ni se han respetado
los límites que impone la biosfera en la búsqueda de los intereses
individuales.
La economía, tercera dimensión de nuestro planteamiento,
se define como la ciencia que asigna recursos escasos a fines múltiples
y jerarquizables. Es una disciplina que parte del supuesto que los
agentes económicos actúan racionalmente, lo cual permite suponer
que los consumidores buscan lograr el máximo de bienestar con el
ingreso disponible y los productores la máxima utilidad que les
puede generar su actividad productiva. El mercado actúa como el
mecanismo que hace posible que los procesos señalados se den en
un marco de máxima eficiencia en el uso de los recursos.
Aunque,
como se ha señalado, no existe una teoría económica que entregue
todo el respaldo conceptual requerido por la estrategia de desarrollo
ecológico y humanista para dar cumplimiento a sus objetivos, esto
no significa que las diversas escuelas de pensamiento económico
que enfatizar la sustentabilidad y la equidad carezcan de la capacidad
de cuestionar premisas importantes del enfoque neoclásico y de hacer
aportes en áreas específicas, tal como veremos a continuación.
El primer tema tiene que ver con la utilidad
de la teoría de la demanda neoclásica para una estrategia de desarrollo
sustentable que enfatiza el humanismo. La teoría de la demanda neoclásica
plantea que los seres humanos son capaces de ordenar racionalmente
sus necesidades y destinar su ingreso a aquellos bienes que les
producen mayor satisfacción. De lo anterior se deduce que la voluntad
de acceder a una cantidad creciente de bienes no es expresión de
consumismo, sino que es un acto racional orientado a mejorar el
nivel de bienestar, lo que no sólo ayuda al progreso, sino que refuerza
el ejercicio de la libertad individual (16).
Este raciocinio, cuestionado hasta por el propio
Keynes, ha podido ser sostenido hasta ahora, porque una parte importante
de la humanidad no tiene ingreso y por tanto no puede participar
en el mercado, ya que si lo hiciera, como sucede con los consumidores
en los países desarrollados, se produciría una presión sobre los
recursos de la biosfera que provocaría enormes tensiones al interior
y entre los países por el control de recursos limitados. En síntesis,
mientras que para los economistas neoclásicos el bienestar es una
función directa del ingreso y por tanto del acceso a mercancías
orientadas a satisfacer necesidades y deseos, para los defensores
de la economía humanista y ecológica, basados en las enseñanzas
de los estudiosos de la sicología, el bienestar es una función que
debe tener como condición necesaria la satisfacción de las necesidades
humanas y como condición suficiente, un equilibrio emocional, que
depende en gran medida de la calidad de la vida afectiva y de las
posibilidades que tengamos de satisfacer nuestras aspiraciones.
Si partimos del hecho que el desarrollo tiene
como uno de sus objetivos la preocupación por superar la pobreza,
nos encontramos con que la teoría económica convencional resulta
de escasa ayuda para enfrentarla. Afortunadamente, los planteamientos
humanistas de la economía a escala humana han trascendido la visión
economicista del desarrollo. Así, por ejemplo, la figura 6 presenta
un esquema que desagrega las necesidades, de manera que se respete
la condición sicosomática, gregaria y espiritual del ser humano.
De esta forma las estrategias de desarrollo cuentan con un esquema
que permite trabajar en comunidades pobres, sabiendo que las necesidades
son relativamente pocas y estables en el tiempo y que muchas de
ellas no sólo son fines a satisfacer, sino medios para enfrentar
otras necesidades. También sabemos que difieren en el nivel de urgencia
que los seres humanos tienen para satisfacerlas. En este sentido
las de tipo biológico, requieren ser resueltas sin retardo. Por
ejemplo, si consideramos como una necesidad humana el desarrollo
de la creatividad, podemos pensar que quienes logran un nivel adecuado
de esta potencialidad, cuentan con un medio para diseñar estrategias
de supervivencias consistentemente elaboradas. Este planteamiento
es evidente que muestra no sólo el carácter reduccionista de la
teoría de la demanda neoclásica, sino la existencia de otros nuevos
enfoques para enfrentar este tópico (17). Esta mirada permite una
concepción del desarrollo que, sin excluir a ningún miembro de la
sociedad, sea sensible a las particularidades e insuficiencias que
inhiben a los sectores marginalizados de acceder a las oportunidades
que genera la sociedad.
La segunda área tiene que ver con la naturaleza
de las opciones tecnológicas para acceder a una eficiencia productiva
creciente. Para la teoría económica convencional la opción tecnológica
la determinan los precios relativos de los factores productivos
y, sólo existe la escasez relativa, mientras que para la economía
ecológica el criterio de sustentabilidad exige que las tecnologías,
además de ser económicamente rentables, sean compatibles ecológicamente.
Particularmente, la economía ecológica señala que el capital escaso
ya no es el aquel construído por el hombre, sino el de tipo natural
y, que por tanto, la productividad de los recursos naturales es
la última que se puede sacrificar (18). También existen diferencias
en la forma de tratar la extracción de recursos naturales y la entrega
al medio ambiente de los desechos propios de procesos de transformación
imperfectos (19).
Al día de hoy, América Latina debe pensar en
una revolución tecnológica basada en conceptos económicos y ecológicos
compatibles con una conciencia ecológica que progresivamente presione
por una producción de alimentos libres de agroquímicos. A ella deben
sumarse dos hechos importantes: a) el precio del capital se ha encarecido
en relación al costo de la mano de otra y, b) los recursos públicos
para investigación agronómica se han visto drásticamente reducidos.
Así la suma de los tres factores señalados genera una situación
favorable para la investigación de tecnologías no contaminantes,
intensivas en mano de obra y cuidadosas de la productividad de los
recursos naturales. Este hecho podría generar un tipo de conocimiento
tecnológico útil para el conjunto de la agricultura, reduciendo
el dualismo tecnológico que caracteriza el campo latinoamericano.
Este esquema se vería enormemente potenciado si factores especulativos
no estuvieran sobrevaluando las monedas locales.
Para que pueda darse un proceso que permita
generar tecnologías ecológicamente compatibles, se requiere la existencia
de diversos tipos de incentivos. El gobierno debería eliminar mecanismos
a través de los cuales se subvencionan tecnologías intensivas en
capital, para proceder a financiar investigaciones adaptativas de
tecnologías que, cumpliendo con los criterios de la sustentabilidad,
han sido creadas para ecosistemas con otra dotación de recursos.
El mercado, sea interno o externo, debiera considerar a los bienes
libres de contaminación como bienes superiores y por tanto compensarlos
con un precio superior. La política de desarrollo agrícola y rural
debiera compensar la práctica de la agricultura sustentable por
las externalidades positivas que genera (20), las que al mejorar
el hábitat tienen un impacto en la salud de la población y, al mejorar
la productividad de los recursos agrícolas, atenúa la pobreza presente
y futura. Otra condición necesaria es la existencia de profesionales
capaces de desarrollar no sólo las investigaciones básicas y adaptativas,
sino también de realizar la labor de difusión y asesoría técnica
a los productores. Sobre esta materia se comienzan a dar los primeros
pasos: CLADES y un conjunto importante de Escuelas de Agronomía
de la Región han decido realizar un esfuerzo conjunto de formación
de profesores universitarios quienes introducirán estas materias
en el currículo de los estudiantes de agronomía y ciencias afines
(21).
Una tercera área de discrepancia surge de la
forma en que los economistas han construido el sistema de Contabilidad
Nacional para medir la actividad económica de un país. A juicio
de quienes apoyan la economía de la vida real, existen invisibilidades
que esconden el aporte de determinados trabajos al bienestar, los
cuales al no ser remunerados son excluidos de las Cuentas Nacionales.
Los casos más generalizados son el trabajo no remunerado de la mujer
dueña de casa y el aporte al producto del sector informal.
La economía ecológica plantea que, posiblemente,
el hecho de que las convenciones fueron definidas cuando el subsistema
económico dentro del ecosistema era de tamaño irrelevante, hizo
que se diera un tratamiento erróneo al consumo de recursos naturales
que tiene serias implicancias para la preservación delos patrimonios
naturales, especialmente cuando el crecimiento económico es intensivo
en este tipo de recursos.
Usando una metodología trabajada por investigadores
del World Resoruce Institute se anticipó lo que sería el colapso
de la pesca de sardina en el norte de Chile, debido a la falta de
políticas adecuadas e insuficiencias institucionales. El estudio
señala que para el período 85/87 dicha actividad decreció en un
-2.2%, mientras las cuentas nacionales señalaban un crecimiento
del 6,5%. Es decir, en dicho período la expansión de la actividad
pesquera se hizo, muy posiblemente, a costa de un consumo de stock
de capital(22).
Otro estudio en relaciónala madera plantea
que es factible diseñar una política de subsidio que sea periódico
y diferenciado, que haga posible un manejo del bosque de acuerdo
a su edad y la calidad del suelo, para así contrarrestar los sesgos
negativos implícitos en las señales que envía el mercado, las que
subvaloran el bosque en pie, al no reflejar la existencia de externalidades
positivas (23).
Diversos estudios de caso en la agricultura
campesina demuestran que es posible diseñar sistemas productivos
en base a principios agroecológicos que haciendo un uso intensivo
del recurso suelo, lo mejora en calidad, hecho que no es registrado
por la contabilidad nacional.
Siguiendo las normas de la convención que detalla
la contabilización de las Cuentas Naciones se llega al hecho que
el consumo de los activos naturales se contabiliza como un aumento
en el ingreso, en circunstancias que constituyen una pérdida de
capital. Este fenómeno tiene su explicación en el hecho que los
recursos naturales, al no haber sido definidos como capital económico,
no están sujetos a depreciación.
Por esta vía, un país puede caminar aceleradamente
hacia un agotamiento de sus recursos naturales sin que las estadísticas
que miden el ingreso nacional reflejen esa tendencia. La economía,
siendo la ciencia que explica cómo los mercados reflejan la escasez
relativa de los bienes, ha supuesto que los recursos naturales son
abundantes y que no constituyen un capital que debe ser amortizado,
ya que nadie invirtió en su existencia.
Lo señalado constituye un error conceptual,
ya que el valor de un activo no radica en su costo de inversión
sino en el valor actualizado de los ingresos futuros que generará.
Lo comentado lleva a la necesidad de contar
con un indicador que permita ver si el bienestar de una sociedad
determinada es sostenible en el largo plazo, como puede ser el Producto
Interno Neto (PIN). Este indicador incorpora la depreciación de
los recursos naturales en el cálculo del Ingreso Nacional.
En el caso de Chile, el cálculo del PIN crece
en importancia, en la medida que nos enfrentamos a una economía
en que, en los últimos años, el 90% de sus exportaciones son intensivas
en recursos naturales. La no inclusión del costo social de dichos
recursos significa que Chile con sus exportaciones ha subvencionado
a los consumidores de los países ricos.
La vigencia del problema planteado es enorme
si pensamos que el ajuste estructural plantea integrar las economías
de la Región al mercado internacional, hecho que da a las exportaciones
un rol protagónico en el crecimiento económico, en la generación
de divisas y en la dinamización de otros sectores de la economía.
Lo anterior nos está indicando que la convención
vigente para registrar la actividad económica llevará al diseño
de políticas que en nombre del bien común beneficiarán al interés
privado.
Una cuarta área, tiene que ver con el tratamiento
relativo a las externalidades, derechos de propiedad y asignación
de precios a recursos libres. Al respecto la economía ecológica
plantea, que la asignación de precios a bienes libres hace crecer
el Producto Geográfico Bruto (PGB), creándose para el país específico
la contradicción de ser más rico pero en los hechos gozar de un
menor bienestar, ya que bienes libres se han transformado en bienes
escasos y, por lo tanto se requiere pagar para tener acceso a ellos.
Por otra parte, se señala que la asignación
de derechos de propiedad sobre los recursos naturales reconoce solamente
los derechos del propietario individual, al margen del impacto que
el uso de esos recursos tenga en otros. Si, por ejemplo, en una
cuenca un maderero ha recibido una concesión sobre los bosques en
las tierras altas, los daños que su acción de talar el bosque provoque
a los pequeños productores en los restantes pisos ecológicos, no
serán su problema. Por el contrario, si se desea evitar erosión
y cambios en los regímenes de las aguas, deberán ser los productores
los que deban compensar al maderero por no poder obtener todo el
beneficio esperado de su bosque. Este ejemplo muestra la interacción
entre aspectos institucionales, intereses personales y el manejo
adecuado o degradante del ambiente (24).
En el área institucional, existe una quinta
fuente de desecuentros con la postura económica neoclásica. La economía
ecológica y el neoestructuralismo reivindican el derecho de toda
sociedad de tomar decisiones colectivas, rechazando la idea que
señala que en las áreas en que el mercado no funciona el nivel de
bienestar es más alto si no hay intervención alguna del gobierno.
Especial mención se pone en la necesidad de limitar el volumen de
energía que se extrae del ecosistema, el control de la población
y la distribución de los frutos del progreso. La necesidad de usar
mecanismos de mercado en un contexto de incapacidad institucional
para proteger el medio ambiente demanda una acción concertada del
Parlamento, Gobierno y Poder Judicial. Se requieren leyes modernas,
que permitan la utilización creativa de los recursos, la fiscalización
de dicho uso y los premios y castigos correspondientes. En este
sentido los impuestos, derechos de propiedad o de contaminación
tarificación y subsidios, son mecanismos para corregir las señales
de precios que reciben los agentes económicos.
A pesar de lo señalado se debe precisar que
existen bases para armonizar algunos de los puntos en conflicto.
De hecho se están haciendo esfuerzos desde la ciencia económica
convencional por encontrar formas de ampliar su capacidad explicativa
y propositiva. Así por ejemplo, se señala que ya en la década de
los 40, el economista inglés Hicks definió el ingreso de manera
tal que incorpora el concepto de sustentabilidad temporal. En economía,
el ingreso se define como el monto máximo que el receptor podría
consumir en un período determinado, sin reducir la cantidad de consumo
posible futuro. De aquí se deduce que una adecuada interpretación
de los fenómenos económicos es aquella que postula que una sociedad
debe solventar sus necesidades con el fruto de sus activos y no
con el consumo de los mismos. De esta manera se puede afirmar que
si un nivel determinado de bienestar para ser financiado exige una
disminución del stock de capital natural, compromete su propia sustentabilidad
futura.
Otro gran tema en discusión tiene que ver con
la justicia distributiva entre generaciones. Este hecho da una gran
fuerza a la necesidad de contar con una teoría económica que sea
capaz de responder a este tipo de desafío, que tiene no sólo una
dimensión técnica sino también ética. Se trata de armonizar el bienestar
de la generación presente con el bienestar de aquella que la sucederá.
En un estudio realizado por de Janvry y otros autores para el IFAD
se entregan criterios para definir proyectos que aporten a la equidad,
a la sustentabilidad o a ambos, conjuntamente. (25).

III. COMENTARIO FINAL
En la figura 7 hemos sintetizado las principales
ideas de un desarrollo humano y ecológico, el que por su naturaleza
pone especial énfasis en respetar la diversidad y los mecanismos
de regulación de la biosfera, restaurar la armonía del ser humano
y subordinar las estructuras y la política económica al logro de
las necesidades humanas de las generaciones presente y futuras.
Este tipo de desarrollo se puede visualizar
a distintos niveles: planetario, nacional y local. En cada uno de
ellos se plantea lograr un uso eficiente de los recursos heredados
y responder a la equidad intra e intergeneracional, en un contexto
en el que prevalezcan las transformaciones cualitativas sobre las
de tipo cuantitativo. Dado que el ecosistema plantea límites a la
expansión física de la economía global, en justicia, los márgenes
de expansión deberían ser asignados a las economías de los países
subdesarrollados.
La magnitud de la obligación ética de una generación
(Go) con la que le sigue (G1) depende de la forma en que se defina
la calidad de vida a que ha tenido acceso Go, siendo la más compleja
aquella definición que exige legar un stock de recursos naturales
equivalente al recibido, debido a que este hecho constituye en sí
una restricción a priori a su desarrollo.
Desde nuestra perspectiva, interesa ver la
forma en que una determinada sociedad conjuga la eficiencia, la
equidad y la sustentabilidad (equidad intergeneracional). La actual
situación de injusticia social exige entender la dimensión humana
del desarrollo como una transferencia de poder hacia los marginados
y sus comunidades, para que puedan convertirse en actores sociales.
Este proceso debe realizarse a través de mecanismos democráticos
como son la articulación y negociación con otros actores sociales
y permitirles apropiarse de la proporción del producto social que
les pertenece, para de esta forma poder acceder a nuevos activos
productivos, en particular, tierra para el caso campesino. El deterioro
ecológico demanda un proceso restaurador a través de un control
y manejo agroecológico de los recursos naturales y de la protección
de su productividad.
Lo señalado debe ser potenciado por una decidida
voluntad de armonizar los esfuerzos desde la sociedad civil, en
particular aquellos que realizan los más pobres, con las políticas
económicas, sectoriales y sociales que lleven a cabo los gobiernos.
El desarrollo humano y ecológico intenta alejarla
percepción de una incompatibilidad a priori entre: a) objetivos
ambientales y de desarrollo y, b) desarrollo de base y políticas
gubernamentales. Si dichas incompatibilidades fueran reales sería
muy difícil alcanzar los objetivos buscados.
Para que los gobiernos puedan cumplir con su
responsabilidad deben actuar sobre cinco áreas de la realidad. En
primer lugar, deben frenar el patrón de consumo imperante en el
norte, el que se ha ido trasladando vertiginosamente hacia el sur
y legitimar patrones de vida alternativos, basados en consideraciones
ambientales y de bienestar para todos los seres humanos. En segundo
lugar, deben apoyar procesos de transformación productiva que se
basen en tecnologías que hagan un uso eficiente de los recursos
naturales y minimicen la contaminación liberada al ecosistema. En
tercer lugar, deben complementar la acción de los mercados, en las
materias que estos no funciona o envían señales equívocas. En cuarto
lugar, deben apoyar la distribución equitativa de ingresos y activos
productivos. Finalmente, deben diseñar políticas para internalizar
externalidades positivas que generan un desarrollo ecológicamente
compatible, especialmente, si de esta forma se pueden premiar las
actividades implementadas por pequeños productores.
Finalmente, debemos tener en mente que los
procesos de desarrollo que tienen un potencial transformador no
ocurren espontáneamente, sino que deben ser inducidos, entre otras
fuerzas, por instituciones de desarrollo dotadas de las capacidades
para cumplir con dicha función, entre las que resaltan la de facilitar
la articulación entre actores sociales, ayudar a sincronizar la
acción que emerje desde la base con las políticas gubernamentales
y promover la formación de profesionales y de conocimiento tecnológico.
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