Cuidar la tierra: Acciones para el manejo sustentable de tierra agrícolas y ganaderas
UICN-PNUMA-WWF
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Hoy en día la cantidad de personas que padecen hambre es mayor que nunca, y su número va en aumento. Debido que en el lugar donde viven se producen muy pocos alimentos o porque carecen de medios para comprarlos, 950 millones de habitantes de los países de menores ingresos (excluida China) no sé nutren suficientemente como para mantener una vida laboral activa. Esa cifra representa el 19% de la población mundial, y a su vez un aumento con respecto a la cifra correspondiente a 1980, cuando el porcentaje de la población mundial que no disponía de suficientes alimentos era del 16% (730 millones de personas).

La escasez de alimentos es más aguda en Asia del Sur y en el Africa Subsahara; en esta última región la producción alimentaria per cápita ha venido disminuyendo a un ritmo aproximadamente el 1% anual desde comienzos del decenio de 1970. En muchos países la agricultura se ha visto debilitada por un aumento de la dependencia con respecto a alimentos importados, el énfasis en la agroexportación, y la degradación de tierras.

El 15% de la superficie terrestre atraviesa un proceso de degradación del suelo causado por la actividad humana. Al menos 66 millones de hectáreas de tierras de regadío, esto es, el 30% del total, están afectadas por salinización. Se estima que cada año, entre 6 y 7 millones de hectáreas de tierras agrícolas se tornan improductivas debido a la erosión. El anegamiento, la salinización y la alcalinización reducen la productividad de 1,5 millones de hectáreas adicionales cada año. La degradación de tierras está muy difundida en las regiones áridas del mundo, afectando a 5,5 millones de hectáreas o sea casi el 70% de la superficie de estas tierras, y provocando una pérdida de producción anual estimada en 42.000 millones de dólares. Casi 1 millón de hectáreas, la mayor parte en las mejores tierras agrícolas de secano, se sacrifican cada año en favor de la urbanización.

El pastoreo insostenible es uno de los problemas más irresolubles que enfrentan los países de tierras áridas. Sólo podrá ponerse término a la degradación de tierras de pastoreo cuando se ajusten los niveles de ganado a la capacidad de carga de dichas tierras, pero hay una gran resistencia a la reducción de los rebaños a un volumen que el área sea capaz de soportar. Sin embargo, ya no existen las condiciones sociales y ambientales que permitían efectuar la mayor parte de las actividades de pastoreo tradicionales de manera sostenible, y la sustentabilidad exige la reforma de esos sistemas.

En las zonas donde los bosques tropicales han sido talados para crear zonas de pastoreo se plantean problemas diferentes. A menudo, este proceso se ha acelerado por acciones fiscales, subvenciones y concesión de títulos de tierra en zonas desbrozadas. La pérdida de nutrientes, la erosión y la reducción de la capacidad de retención de agua se combinan para hacer que estas tierras sean relativamente improductivas y propensas a una mayor degradación.

En el Brasil se han suprimido recientemente los incentivos económicos que impulsan este proceso; otros países tropicales deberían hacer lo propio.

Prácticamente en todas estas regiones, el aumento de la producción necesario para proporcionar alimento a un número cada vez mayor de personas debe provenir en gran parte de un mejor aprovechamiento de las tierras que ya se están cultivando. La mayoría de las tierras "no utilizadas" poseen un potencial agrícola reducido, a causa de la pobreza del suelo o la escasa precipitación. La mejor manera de aprovechar esas tierras es mantener la integridad de los ecosistemas locales y su diversidad biológica, y utilizarlas como fuente de madera, carne de caza, leña, nueces y otros recursos silvestres.

En agudo contraste con este panorama, en Europa y América del Norte se producen demasiados cultivos alimentarios. Esta superproducción subvencionada puede resultar costosa, tanto desde el punto de vista económico como ecológico. Ella ha contribuido a reducir la diversidad biológica, y a la degradación de numerosos paisajes rurales. Si bien la producción subvencionada de excedentes permite proporcionar ayuda alimentaria a regiones que padecen hambre, ésta contribuye a deprimir los mercados para los productos básicos de producción local y menoscaba las posibilidades de desarrollo agrícola en los países en desarrollo.

Otros problemas surgen porque la estructura de la agricultura mundial está cambiando. En los países industrializados las explotaciones familiares están siendo sustituidas pro consorcios. En los países de menores ingresos, los programas destinados a aumentar la producción agrícola se han centrado donde es probable que se obtengan ganancias con mayor facilidad: en las grandes propiedades situadas en valles y llanuras fértiles y bien regadas. En ambos casos la situación de los pequeños agricultores es probable que se agrave, a menos que se adopten medidas para facilitar alternativas viables.

Acciones prioritarias

En todos los países es necesario actuar para promover la agricultura sostenible. Así pues, en todos los países deben tomarse medidas para:

  • elaborar y aplicar estrategias y planes con miras a optimizar el aprovechamiento de las tierras agrícolas;
  • regular el uso de fertilizantes y plaguicidas;
  • conservar los recursos genéticos;
  • proporcionar incentivos y apoyo económicos adecuados.

En los países industrializados las propiedades agrícolas se están fusionando, y las economías de escala que esa ampliación permite favorecer la agricultura intensiva (el monocultivo), con sus consiguientes problemas de sustentabilidad y sus impactos sobre la diversidad biológica.

En los países en desarrollo debe asignarse prioridad al aumento de la producción sostenible en tierras de regadío y en las de secano, al incremento de la autosuficiencia de los pequeños agricultores que cultivan tierras marginales y al desarrollo de nuevas técnicas agroecológicas.

Estrategias y planes para utilizar las tierras agrícolas y ganaderas de manera sostenible

Para poder incrementar la producción alimentaria de manera sostenible, es necesario establecer un marco económico favorable a la agricultura, de manera de fomentar prácticas encaminadas a mantener la fertilidad del suelo y la productividad.

Debe integrarse el manejo de tierras y aguas con miras a conservar ambos recursos, mejorar así las condiciones para el crecimiento de los cultivos, y minimizar los impactos ambientales.

Es preciso mantener el contenido de materia orgánica de los suelos. La pérdida de materia orgánica reduce el suministro de nitrógeno procedente del humus original, disminuyendo la capacidad de retención de agua del suelo, y aumenta la susceptibilidad de éste a la compactación y la erosión. Deben pues aplicarse fertilizantes para mantener el rendimiento. Sin embargo, los fertilizantes minerales no bastan para sustituir los atributos biológicos y físicos de la materia orgánica, ni proporcional forzosamente los nutrientes indispensables para las plantas.

Por consiguiente, en todo sistema agrícola es importante el reciclaje de la materia orgánica. Para ello existen varios métodos tradicionales, incluido el uso de estiércol de ganado, el compsotaje, la rotación de cultivos con leguminosas, la concentración del ganado para que apacente en cultivos forrajeros y abone así la tierra con estiércol, los sistemas en barbecho, y los policultivos.

 

Acción 1. Aplicar una estrategia nacional para la sustentabilidad

Todos los países que necesiten aumentar su producción agrícola deben aplicar una estrategia nacional para la sustentabilidad, complementada con planes regionales de utilización del suelo. Una estrategia nacional ofrecerá el marco para planificar toda la serie de medidas necesarias y resultará además particularmente importante como referencia para examinar los efectos de las políticas macroeconómica, comerciales y de fijación de precios sobre la producción alimentaria y la utilización sostenible de las tierras agrícolas y ganaderas.

Acción 2. Proteger las mejores tierras para la agricultura

Los gobiernos deberían cartograficar y monitorear las tierras agrícolas más productivas y adoptar políticas de planificación y zonificación, para impedir que las tierras de mejor calidad se sacrifiquen en favor de la urbanización o que se degraden.

Los ecosistemas no cultivados potencialmente aptos para la agricultura pueden tener otros valores igual o más importantes. Entre esos ecosistemas figuran los humedales, las llanuras inundables y las áreas ricas en diversidad natural. Es posible que los países que acusen déficit agrícolas persistentes o crecientes deben adjudicar prioridad a la agricultura, a condición de que no existan graves limitaciones en cuanto a disponibilidad de tierras. En este caso hay que evaluar en profundidad los costos y beneficios potenciales de cualquier tipo de conversión y se deben monitorear los logros obtenidos tras la conversión.

Acción 3. Promover la conservación eficaz de suelos y aguas a través de una administración adecuada de la tierra

El objetivo primordial del manejo de tierras debe ser una producción mejorada, pero sostenible, a través de un laboreo atinado de la tierra. Es necesario conservar los suelos y las aguas, y mejorar las condiciones para el crecimiento de las raíces y los cultivos.

Es más fácil promover la conservación de suelos y aguas si los agricultores reciben directa y rápidamente un beneficio por el aumento del rendimiento de los cultivos que siembran. Ahora bien, algunas formas de mejorar esos rendimientos también pueden servir para conservar el agua y el suelo. El aumento de la cubierta vegetal ayuda a proteger el suelo, facilita la infiltración de agua, reduce los escurrimientos, y puede mejorar la regularidad del caudal.

Los principios de una administración de suelo y agua adecuadas son los siguientes:

  1. Respeto de la capacidad de uso de la tierra. Las tierras deben destinarse a las finalidades y cultivos para los que son más aptas.
  2. Conservación de suelos. Las prácticas adecuadas incluyen el manejo de la materia orgánica, el mejoramiento de la estructura del suelo y la cubierta vegetal; la rotación de cultivos; y el empleo correcto de fertilizantes. Mantener la productividad del suelo es tan importante como poner freno a la erosión.
  3. Manejo del agua de lluvia. Este es un aspecto clave para la producción y la conservación de suelos. El rendimiento de los cultivos se reduce más por la escasez o exceso de humedad en el suelo que por la pérdida del mismo. Si las precipitaciones, la humedad de suelo y los escurrimientos son objeto de un manejo adecuado, el crecimiento de las plantas podrá maximizarse y el suelo permanecerá en su lugar.
  4. Reducción de la escorrentía antes de intentar controlar su flujo. La reducción del impacto del agua de lluvia y de los escurrimientos tiene como resultado una disminución de la remoción selectiva de las fracciones más fértiles del suelo, mantiene la infiltración e impide el ablandamiento de los horizontes duros del suelo. Las actividades encaminadas a reducir la escorrentía y mantener la infiltración deben abarcar toda la cuenca de captación, comenzando por las zonas más altas.
  5. Mantenimiento de la cubierta vegetal. En terrenos cultivados, una capa protectora de hojas, humus y residuos de plantas es el medio biológico más eficaz para minimizar las pérdidas de suelo y agua. Cuando más propensa a la erosión sea una zona, más urgente será producir, mejorar y mantener una cubierta densa y duradera con plantas útiles y sus residuos.
  6. Promoción de la cooperación entre el personal técnico y las comunidades locales. Es mucho más probable que tengan éxito y sean duraderos los programas de acción basados en la planificación local que aquellos que se planifican de arriba hacia abajo.
  7. Adopción de prácticas que favorezcan el aumento del rendimiento y la conservación de aguas y suelos. Se podría ofrecer asistencia financiera y técnica a los agricultores para cubrir parte de los gastos derivados de la labranza de conservación, el manejo de desechos, los cinturones de protección, las pasturas, las pequeñas estructuras de retención de agua, los cultivos para el mejoramiento del suelo y la protección de tierras altamente erosivas con cubiertas permanentes de forrajes o árboles. Se les podría proporcionar plántulas de árboles y arbustos para la construcción de fajas de protección, junto con asistencia para el diseño de las plantaciones y asesoramiento en relación con el mantenimiento. Podría facilitarse semillas a precios subvencionados para establecer una cubierta permanente en las tierras propensas a la erosión.
  8. Estimular el diseño y adopción de sistemas agroforestales. En estos sistemas de agrosilvicultura los árboles son un componente primordial en el proceso de producción de cultivos múltiples. Los árboles protegen al suelo del impacto del agua de lluvia y de la insolación. Algunas especies de árboles fijan nitrógeno atmosférico y enriquecen el suelo, y los árboles de raíces profundas impiden la pérdida de nutrientes del sistema acercándolos a la superficie. La interacción entre los árboles y otros componentes del sistema favorece una protección adecuada del suelo y la conservación del agua y los nutrientes. En este sentido, los sistemas agroforestales actúan más bien como ecosistemas naturales multiestratificados.

Entre los principales sistemas agroforestales figuran:

  • cultivos en callejón, según el cual los cultivos anuales se siembran entre hileras de árboles que producen un valioso manto de humos;
  • producción mixta de cultivos permanentes como el café o el cacao entre árboles madereros;
  • siembra de cultivos en campos protegidos cerca de árboles para cortar el viento;
  • sistemas de huertos, en los cuales los árboles proporcionan frutos comestibles, medicinas y leña;
  • sistemas de plantación de coníferas u otras especies en virtud de los cuales el suelo se utiliza para el pastoreo de ganado;
  • sistemas de cultivo rotatorios, conforme a los cuales se permite que pequeñas parcelas labradas vuelvan a transformarse en bosques después de algunos años de cultivo.

La agrosilvicultura debería considerarse en todas las tierras marginales previamente arboladas que ahora son objeto de manejo con fines de producción, sin perjuicio de que los sistemas se encuentren en áreas con tasas de precipitación altas o bajas, o una altitud elevada o escasa.

Acción 4. Reducir el impacto de la agricultura sobre las tierras marginales en explotación

En los países de ingresos altos como bajos debieran transformarse las tierras no aptas para la agricultura en bosques o hábitat silvestres. Es poco probable que esto resulte viable en los países de renta baja, pues numerosas personas que carecen de otras oportunidades de empleo viven en esas zonas. Tal vez en este caso la solución estribe en adoptar sistemas de producción de impacto reducido como la agrosilvicultura.

Acción 5. Alentar la adopción de sistemas agrícolas y ganaderos integrados

Por lo general los sistemas agrícolas mixtos de bajos insumos entrañan la integración de la producción agrícola y ganadera, y pueden incluir también a la acuicultura. Estos métodos eran tradicionales en muchas áreas que actualmente se utilizan para cultivos intensivos, y aún pueden desempeñar una función clave cuando no se dispone de fertilizantes minerales artificiales, o cuando los gastos de su transporte son demasiado elevados o su rendimiento demasiado bajo.

Los animales son un componente valioso de numerosos sistemas agropecuarios sostenibles, pues proporcional alimento, ingresos y fuerza motriz; convierten los residuos vegetales en productos comercializables; y reciclan nutrientes. Si se separa la producción ganadera de la producción agrícola, los desechos de los animales dejan de ser un fertilizante benéfico para transformarse en un costoso contaminante.

No obstante, en muchas zonas aptas para la práctica de sistemas integrados aún se debe ganar -o recuperar- la aceptación social, y modificar la actitud de las comunidades puede llevar muchos años. Además, las presiones demográficas en algunas zonas ya han hecho que las parcelas agrícolas resultan demasiado pequeñas como para mantener suficiente ganado. La alimentación en corral es una alternativa que debe tenerse en cuenta, pero también exige la disponibilidad de tierras para sembrar forraje. La mayor parte de los sistemas de bajos insumos tienen gran demanda de mano de obra, y la escasez de ésta es una limitación, en particular en hogares donde el jefe de familia es una mujer.

Acción 6. Aumentar la productividad y sustentabilidad de la agricultura basada en las lluvias

Esto es particularmente necesario en tierras áridas, con miras a reducir las presiones ejercidas para realizar cultivos en tierras marginales. La agricultura de secano puede mejorarse mediante:

  • la conservación de suelos y aguas, incluido el acopio y almacenamiento de agua y su integración con la acuicultura;
  • el desarrollo de cultivos mejorados, así como de una industria local de producción y distribución de semillas;
  • la utilización de cultivos mejorados para restaurar y perfeccionar los sistemas de cultivo tradicionales;
  • el aumento del empleo de fertilizantes, en particular los necesarios para compensar las deficiencias de nutrientes.

Los sistemas de cultivos tradicionales en tierras áridas, tales como la rotación cada cuatro años de rastrojo, caupí, mijo y maní, eran sostenibles porque tenían en cuenta la gran variabilidad de las precipitaciones características de las tierras áridas. La siembra de dos o más cultivos al mismo tiempo proporciona un mayor rendimiento (50% en el caso del mijo y el caupí), y protege al agricultor contra la pérdida de cosechas. Si los cultivos mejorados proporcionan un mayor rendimiento, el período de barbecho necesario para mantener la productividad del suelo puede reanudarse.

El acopio y almacenamiento de agua entraña la adaptación de las tierras agrícolas, y a veces también de su cuenca de captación, para aminorar el flujo del agua y aumentar así su infiltración en el suelo. En áreas donde la tasa de precipitación es baja o incierta, la ejecución de planes de acopio y almacenamiento de agua puede aumentar los rendimientos entre un 20 y un 50% en el año de introducción, permitir la obtención de cosechas en años en los cuales los cultivos se hubieran perdido de no haberse aplicado dichos planes, y reducir en gran medida la erosión del suelo.

Acción 7. Controlar el empleo indiscriminado de plaguicidas y fertilizantes

Se estima que en los países en desarrollo 10.000 personas mueren cada año intoxicados por plaguicidas, y unas 400.000 padecen gravemente sus efectos. Los residuos liberados por los plaguicidas recorren largas distancias y se introducen en la cadena alimentaria, afectando de ese modo a las personas y a otros organismos lejos del sitio donde han sido aplicados, incluyendo peces, pájaros, insectos polinizadores de cultivos, y depredadores naturales plagas. Actualmente más de 500 especies de insectos y ácaros son resistentes a lo plaguicidas, lo que supone casi el triple de la cifra correspondiente a 1965.

Acción 8. Promover el manejo integrado de plagas

El manejo integrado de plagas (MIP) incluye:

  • control biológico, promoviendo los depredadores, parásitos y agentes patógenos;
  • controles basados en prácticas culturales, tales como la rotación de cultivos, la diversificación de cultivos y la planificación de las fechas de siembra y cosecha para evitar los períodos de apogeo de plagas;
  • el empleo de variedades de cultivos resistentes o tolerantes;
  • el empleo de plaguicidas microbianos y feromonas (productos químicos que atraen a los insectos), la liberación de machos esterilizados de modo que el acoplamiento resulte infructuoso, etc.

La finalidad es mantener a las plagas por debajo del nivel en el que causan perjuicios económicos inaceptables, y hacerlo de una manera económicamente rentable y ecológicamente racional. Los pesticidas desempeñan una función, pero deben ser específicos y se les debe utilizar selectivamente en apoyo de medios no químicos de control. Deben identificarse y conservarse los hábitat de los polinizadores de cultivos y de los enemigos naturales de las plagas.

Los países, las industrias y las instituciones comerciales e internacionales deben observar lo dispuesto en el Código de conducta de la FAO sobre Distribución y Uso de Plaguicidas. El código debe traducirse a los idiomas locales, adaptado para diversos medios de difusión (cintas magnéticas, folletos con abundantes ilustraciones, etc.) y distribuirse ampliamente entre los agricultores y los servicios de extensión.

Acción 9. Controlar el uso de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas mediante reglamentaciones e incentivos

Los niveles aceptados de contaminantes (incluidos los residuos de plaguicidas) en los alimentos y el agua potable, así como la concesión de licencias y el tratamiento y la aplicación de plaguicidas, deben estar sujetos a reglamentaciones, cuya observancia ha de fiscalizarse y controlarse adecuadamente. Esta tarea debería asignarse a los organismos nacionales de protección ambiental.

Los países industrializados debieran aplicar a los insumos agrícolas el "Principio de Quien Contamina Paga". En consonancia con este principio, en la Comunidad Europea se ha propuesto aplicar un impuesto a los fertilizantes para reducir los excedentes de producción y alentar el uso menos intensivo y más sostenible de la tierra. La experiencia adquirida en Suecia indica que estos gravámenes pueden gozar de aceptación política si existe el compromiso de que los agricultores participen en la asignación de las sumas recaudadas, y la garantía de que esos fondos se destinarán a actividades beneficiosas para la agricultura.

Los países en desarrollo debieran suprimir o reducir los subsidios para plaguicidas, con miras a promover un empleo más cuidadoso y la adopción de MIP. Indonesia ha ahorrado 150 millones de dólares por año mediante la reducción de sus subsidios a los plaguicidas. Esta reducción fue acompañada de la introducción de variedades de arroz más resistentes a las plagas y la promoción del MIP a través de una red de extensión.

En general, los subsidios deben concederse sólo para actividades que beneficien a la sociedad, y para las cuales no existe otro mecanismo para que la sociedad sufrague esos costos, tales como el mejoramiento del paisaje y la protección o mejora del hábitat natural, o bien para objetivos a largo plazo, como el mantenimiento de la productividad del suelo. Con frecuencia los subsidios se conceden como parte de acuerdos de manejo. Para que sean eficaces, es preciso que dichos acuerdos:

  • estén cuidadosamente concebidos para obtener los efectos ambientales benéficos que se persiguen;
  • fijen los pagos de tal modo que proporcionen un modesto incentivo para la adopción de prácticas sostenibles, en vez de limitarse a compensar la prevista reducción de los ingresos netos causada por la necesaria modificación de las prácticas agrícolas. Los beneficios sociales totales resultantes de esas modificaciones deben calcularse y compartirse con los agricultores interesados;
  • limiten los pagos anuales al reembolso de los gastos derivados de las prácticas requeridas.

Acción 10. Promover la acción internacional en pro de la conservación de los recursos genéticos

Los actuales sistemas de derechos de propiedad intelectual (DIPI) pueden promover el desarrollo de nuevas variedades y aumentar la disponibilidad de nuevas combinaciones genéticas, pero también pueden conducir a una reducción de la diversidad genética, sobre todo cuando se imponen normas de uniformidad. El GATT, en consulta con toda una serie de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, debería evaluar cuidadosamente las consecuencias del aumento de patentes sobre recursos genéticos. Los DPI no debieran extenderse a los recursos genéticos cuando ello esté en pugna con el principio -consignado en el Acuerdo Internacional sobre los Recursos Genéticos Vegetales- de que los recursos genéticos son patrimonio común de la humanidad.

El principio de los "derechos de los agricultores" reconoce que muchos agricultores y comunidades anónimos han contribuido, y continúan haciéndolo, al desarrollo de variedades locales y tradicionales y a la conservación in situ de los recursos genéticos. Ni los DPI ni el mercado asignan valor algunos a estos servicios. Es necesario crear mecanismos para reconocer los derechos de los agricultores.

Acción 11. Adoptar medidas para la conservación in situ de los recursos genéticos silvestres

Es indispensable establecer una red de áreas de conservación genética, para otorgar una amplia protección in situ a las poblaciones de las principales variantes genéticas de los parientes silvestre de plantas y animales domesticados, así como a otros importantes recursos genéticos en estado silvestre. Siempre que sea posible, las áreas protegidas deben formar parte de esta red. Habida cuenta de la creciente competencia por la tierra, no resultaría viable establecer una red completa y separada de áreas de conservación genética.

Por lo tanto, la conservación in situ de los recurso genéticos silvestres, y en especial vegetables, debería figurar en el mandato de los organismos responsables del manejo de tierras, y en particular de los que se ocupan del establecimiento y manejo de áreas protegidas. En esos mandatos debe preverse la zonificación, total o parcial, de las áreas protegidas, como áreas de bancos de genes; la recolección sostenible de germoplasma; y el establecimiento de vínculos funcionales con organismos de conservación ex - situ. El manejo de las áreas protegidas con miras a conservar los recursos genéticos naturales exige asimismo la evaluación del estado de esos recursos, tanto dentro como fuera de las áreas protegidas, el monitoreo del estado de las poblaciones en cuestión y el mantenimiento de un registro de su tamaño, localización, hábitat y fenología. Estos datos deben formar parte del sistema nacional de información sobre recursos genéticos.

En algunos países tratar de crear otras fuentes de empleo en las zonas rurales es una elevada prioridad; en otros, es necesario conceder incentivos para poder efectuar las reformas necesarias en las prácticas de utilización de tierras; y en otros sería conveniente disponer de programas equilibrados de asistencia financiera y técnica.

Acción 12. Procurar aumentar el empleo no agrícola para los pequeños agricultores y los que no poseen tierras

Los gobiernos deben apoyar los programas destinados a generar empleo durante los períodos de atonía de la agricultura. Las obras públicas, cuyas tasas de rentabilidad son demasiado bajas como para atraer inversionistas privados, y que sin embargo resultan indispensables para el desarrollo sostenible, son particularmente útiles. Entre estas obras figuran las siguientes: construcción y mantenimiento de carreteras rurales, repoblación forestal, conservación de suelos y aguas, instalación de tuberías de bombeo de agua, construcción o mantenimiento de canales de riego o de control de inundaciones.

Es necesario crear empleos en las industrias rurales para mitigar la presión que se ejerce sobre la tierra y proporciona mayores ingresos a los que no poseen tierras o sólo disponen de pequeñas parcelas. Estas industrias incluyen el procesamiento de productos derivados de la agricultura, la acuicultura, la silvicultura, el suministro de agua, la construcción, etc. Hay que garantizar que la mayor parte de los empleos, con salarios razonables, proporciones ocupación a las personas carentes de tierras y a los más necesitados. Tal vez lo mejor sea concentrar ese desarrollo industrial en pequeña y mediana escala en las poblaciones rurales, para aprovechar así sus instalaciones.

Acción 13. Destinar el apoyo a la conservación en vez de al sostenimiento de precios

Los gobiernos deberían sustituir las políticas de sostenimiento de precios de los productos básicos por incentivos destinados a eliminar el cultivo de las tierras marginales, proteger los ecosistemas no cultivados, reestablecer la productividad agrícolas y adoptar métodos de producción sostenibles. Estos subsidios de sustitución podrían atenuar los efectos que tendría para los agricultores de los países de altos ingresos la supresión del sostenimiento de precios, servir para reconstruir su base de recursos agrícolas, reducir la causa principal de la degradación del hábitat y eliminar una fuente de perjuicios para las economías agrícolas de los países de menores ingresos.

En los países industrializados es necesario hacer mucho mayor hincapié en la adopción de prácticas agrícolas sostenibles. Entre las prácticas sostenibles que deben alentarse figuran la producción agrícola orgánica, los mercados de agricultores, las cooperativas, el empleo de tracción animal en lugar de máquinas, y la protección de hábitats no agrícolas como los humedales y los bosques.

Acción 14. Promover el cuidado ambiental primario por parte de los agricultores

Con miras a fomentar el cuidado ambiental primario por parte de los agricultores, es indispensable fortalecer las prácticas tradicionales de utilización de recursos, y garantizar la tenencia de tierras y el acceso al financiamiento.

A tales efectos, puede resultar muy útil crear distritos de conservación con miras a elaborar y llevar a la práctica programas de conservación rural. Estos distritos, organizados generalmente sobre la base de cuencas hidrográficas, actúan como organizaciones locales para la prestación de asistencia técnica y financiera con los siguientes objetivos:

  • conservación de suelos y aguas;
  • manejo de los recursos silvestres, incluidos los recursos pesqueros;
  • protección de las bellezas naturales;
  • recreo y educación pública.

Los incentivos financieros para el cuidado ambiental primario pueden destinarse directamente a la compra de semillas forrajeras, el establecimiento de fajas protectoras, la plantación de árboles en macizo, el almacenamiento de agua, el manejo de los residuos de cultivos, el control de la salinidad, el mantenimiento y mejoramiento de los hábitats naturales, la conservación de humedales y el mantenimiento y perfeccionamiento de los sistemas de drenaje.

 
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