La agricultura implica la simplificación de la biodiversidad
y alcanza una forma extrema en los monocultivos. El resultado final
es una producción artificial que requiere de una constante intervención
humana. En la mayoría de los casos, esta intervención ocurre en la
forma de insumos de agroquímicos, los cuales, además de aumentar los
rendimientos, resultan en una cantidad de costos ambientales y sociales
indeseables (Altieri, 1987).
Con el progreso de la modernización agrícola,
los principios agroecológicos son continuamente desestimados. Como
consecuencia, los agroecosistemas modernos son inestables y sus
quiebres se manifiestan como rebrotes recurrentes de plagas en muchos
sistemas de cultivo y también en forma de salinización, erosión
del suelo, contaminación de aguas, etc. El empeoramiento de la mayoría
de los problemas de plagas ha sido relacionado experimentalmente
con la expansión de los monocultivos a expensas de la diversidad
vegetal, la cual a menudo provee servicios ecológicos claves para
asegurar la protección de los cultivos (Altieri y Letourneau, 1982).
Aunque este artículo enfoca principalmente
aspectos entomológicos, analiza también las bases ecológicas para
la mantención de la biodiversidad en la agricultura, además del
rol que ella puede jugar en el restablecimiento del balance ecológico
de los agroecosistemas, de manera de alcanzar una producción sustentable.
La biodiversidad promueve una variedad de procesos de renovación
y servicios ecológicos en los agroeco sistemas; cuando éstos se
pierden, los costos pueden ser significativos (Altieri, 1991).
Este artículo se centra principalmente en explicar
las vías en que la biodiversidad pueden contribuir al diseño de
agroecosistemas estables en lo que respecta a plagas. Para ello,
estudia los efectos de la manipulación de policultivos, cultivos
con cubiertas, manejo de malezas y bordes de vegetación de los campos
de cultivos. Se presta especial atención al entendimiento de los
efectos de estos sistemas vegetales diversificados sobre la densidad
de las poblaciones de plagas y a los mecanismos envueltos en la
reducción de plagas en policultivos. Esto en fundamental si se pretende
utilizar el manejo de la vegetación como una táctica efectiva de
manejo integrado de plagas en agricultura sustentable.
Mientras las poblaciones de insectos en los
agroecosistemas pueden ser estabilizadas al construir arquitecturas
vegetales que sustenten enemigos naturales y/o indirectamente inhiban
el ataque de las plagas, este artículo enfatiza el hecho que cada
situación debe ser evaluada separadamente, y que estrategias de
manejo de largo plazo de la vegetación deben ser desarrolladas considerando
también los factores socio-económicos y culturales. De este modo,
las mezclas de cultivos pueden servir para suplir las necesidades
y preferencias de los agricultores locales y, al mismo tiempo, aumentar
la calidad del medio ambiente.
Importancia de la biodiversidad en la agricultura
Biodiversidad se refiere a todas las especies
de plantas, animales y microorganismos existentes que interactúan
dentro de un ecosistema. Las amenazas globales a la biodiversidad
no deberían ser ajenas a los estudiosos de la agricultura, ya que
ésta, que cubre cerca del 25-30% de los suelos del mundo, es tal
vez una de las principales actividades que afecta a la biodiversidad.
Un efecto resulta del hecho que la agricultura
implica la simplificación dela estructura del medioambiente de vasta
áreas reemplazando la diversidad natural con un pequeño número de
plantas cultivadas y animales domésticos. Es un hecho que los paisajes
agrícolas mundiales están cultivados con sólo unas 12 especies de
cultivos de grano, 23 especies de cultivos hortícolas y cerca de
35 especies de árboles productores de frutas y nueces (Fowler y
Mooney, 1990). Esto es, no más de 70 especies vegetales distribuidas
sobre aproximadamente 1,440 millones de hectárea de tierra cultivada
actualmente en el mundo. Esto es un agudo contraste con la diversidad
de especies vegetales encontrada en una hectárea de un bosque tropical
lluvioso, el cual contiene típicamente sobre 100 especies de árboles.
El proceso de simplificación de la biodiversidad
alcanza una forma extrema en los monocultivos agrícolas. Es un hecho
que la agricultura moderna es impresionantemente dependiente de
un puñado de variedades de sus cultivos principales. Por ejemplo,
en los EE.UU., el 60 a 70% de la superficie destinada a frijol es
cultivada con 2-3 variedades; el 72% de la superficie con papas
lo es con cuatro variedades y el 53% del área con algodón utiliza
tres variedades de este cultivo. Los investigadores han advertido
repetidamente sobre la extrema vulnerabilidad asociada con esta
uniformidad genética (Fowler y Mooney, 1990).
El resultado neto de la simplificación de la
biodiversidad para propósitos agrícolas es un ecosistema artificial
que requiere de intervención humana constante. La preparación comercial
de la cama de semillas y siembra mecanizada reemplazada a métodos
naturales de dispersión de semillas; los pesticidas químicos reemplazan
al control natural de poblaciones de malezas, insectos y agentes
patógenos; y la manipulación genética reemplaza a los procesos naturales
de evolución y selección de las plantas. Aún la descomposición es
alterada por la cosecha; la fertilidad del suelo es mantenida, no
a través del reciclaje de nutrimentos, sino con fertilizantes.
Otra forma en que la agricultura afecta a la
biodiversidad es a través de factores externos asociados con el
uso intensivo de agroquímicos y tecnologías mecanizada para aumentar
la producción de los cultivos. En los EE.UU., cerca de 17,8 millones
de toneladas de fertilizantes son utilizados en sistemas de producción
de granos, y cerca de 270 millones de kilos de pesticidas son aplicados
anualmente sobre tierras agrícolas. Aunque estos insumos han impulsado
los rendimientos de los cultivos, sus efectos ambientales no deseados
están minando la sustentabilidad de la agricultura. Se estima que
los costos ambientales y sociales asociados con el uso de pesticidas
en los EE.UU alcanzan unos US$850 millones anuales. Cerca del 27%
de la tierra irrigada en los EE.UU. es dañada por la salinización
causada por el riego excesivo e inadecuado; debido a la falta de
rotaciones e insuficiente cubierta vegetal, los niveles de erosión
del suelo promedian 185 t/ha/año en las tierras agrícolas de los
EE.UU, muy por sobre los niveles aceptados (Altieri, 1987).
Las consecuencias de la reducción de la biodiversidad
son particularmente evidentes en el campo del manejo de plagas agrícolas.
La inestabilidad de los agroecositemas se manifiesta a través del
empeoramiento de la mayoría de los problemas de plagas y está ligada
con la expansión de monocultivos a expensas de la vegetación natural,
decreciendo con ello la biodiversidad del hábitat local (Altieri
y Letourneau, 1982; Flint y Roberts, 1988). Las comunidades de plantas
que son modificadas para satisfacer las necesidades particulares
de los seres humanos se hacen vulnerables a daños intensos de plagas
y generalmente, mientras más modificadas son dichas comunidades,
más abundantes y serias resultan sus plagas. Las características
de autoregulación inherentes en la comunidades naturales se pierden
cuando la gente modifica dichas comunidades mediante la destrucción
del frágil equilibrio de sus interacciones. Este quiebre puede ser
reparado mediante el restablecimiento de los elementos homeostáticos
de la comunidad a través de la adición o promoción de la biodiversidad
(Altieri, 1991).
Una de las razones más importantes para mantener
la biodiversidad natural es que ésta provee la base genética de
todas la plantas agrícolas y los animales. La totalidad de nuestros
cultivos domésticos se deriva de especies silvestres que han sido
modificadas a través de la domesticación, mejoramiento selectivo
e hibridación. La mayor parte de los centros mundiales de biodiversidad
contienen poblaciones de variedades madre variables y adaptables,
además de parientes silvestres y malezas relacionadas con plantas
cultivadas. Muchos sistemas agrícolas manejados en forma tradicional
en el Tercer Mundo constituyen repositorios in situ de diversidad
vegetal nativa (Altieri y Hecth, 1991). Hoy día existe una gran
preocupación por la erosión genética en áreas donde los pequeños
agricultores son empujados por la modernización agrícolas a adoptar
variedades a expensas de las tradicionales.
Además de producir valiosas plantas
y animales, la biodiversidad presta muchos servicios ecológicos.
En ecosistemas naturales, la cubierta vegetal de un bosque o pradera
previene la erosión del suelo, repone su contenido de agua y controla
el anegamiento al aumentar la infiltración y reducir el escurrimiento
superficial. En sistemas agrícolas, la biodiversidad presta servicios
al ecosistema más allá de la producción de alimentos, fibra, combustible
e ingresos. Algunos ejemplos incluyen el reciclaje de nutrientes,
el control del microclima local, la regulación de procesos hidrológicos
y de la abundancia de organismos indeseables, la detoxificación
de compuestos químicos nocivos, etc. Estos procesos de renovación
y servicios al ecosistema son en su mayor parte biológicos, por
lo que su persistencia depende de la mantención de la diversidad
biológica. Cuando estos servicios naturales son perdidos debido
a la simplificación biológica, los costos económicos y ambientales
pueden ser muy significativos. Económicamente, los costos en agricultura
incluyen la necesidad de suplir a los cultivos con insumos externos,
debido a que los agroecositemas, cuando son privados de los componentes
básicos de regulación funcional no poseen la capacidad de sostener
su propia fertilidad del suelo y de regular sus plagas. Cuando ocurren
contaminaciones con pesticidas y/o nitratos, los costos envuelven
a menudo una reducción de la calidad de vida, debido a la degradación
del suelo y de la calidad de agua y de los alimentos.
La biodiversidad en los agroecosistemas puede
ser tan variada como los diversos cultivos, malezas, artrópodos
o microorganismos envueltos, de acuerdo a localidades geográficas,
climáticas, edáficas, humanas y a factores socio-económicos (Figura
1). Las interacciones complementarias entre los diversos componentes
bióticos pueden también ser de naturaleza múltiple. Algunas de estas
interacciones pueden ser utilizadas para inducir efectos positivos
y directos en el control biológico de plagas específicas de cultivos,
en la regeneración y/o aumento de la fertilidad del suelo y su conservación.
La explotación de estas interacciones o sinergismos en situaciones
reales, involucra el diseño y manejo del agroecosistema y requiere
del entendimiento de las numerosas relaciones entre suelos, microorganismos,
plantas, insectos herbívoros y enemigos naturales.
En agroecosistemas modernos, la evidencia experimental
sugiere que la biodiversidad puede ser utilizada para mejorar el
manejo de plagas (Andow, 1991). Algunos estudios han demostrado
que es posible estabilizar las poblaciones de insectos en los agroecosistemas
mediante el diseño y la construcción de arquitecturas vegetales
que mantengan poblaciones de enemigos naturales o que posean efectos
disuasivos directos sobre los herbívoros plaga.
En países en desarrollo, la biodiversidad puede
ser utilizada para ayudar a la gran masa de campesinos pobres en
recursos, la mayoría confinados a suelos marginales, áreas de laderas
y de secano, a alcanzar la autosuficiencia alimentaria durante todo
el año, reducir su dependencia de insumos agroquímicos caros y escasos,
además de desarrollar sistemas de producción que reconstruyan la
capacidad productiva de sus pequeñas parcelas (Altieri, 1987). El
objetivo es asistir a los agricultores a desarrollar sistemas agrícolas
sustentables que satisfagan la autosuficiencia alimentaria, tanto
como estabilicen la producción al evitar la erosión del suelo (Beets,
1990). Técnicamente, la aproximación al problema consiste en idear
sistemas agrícolas de uso múltiple, enfatizando la protección del
suelo y de los cultivos, asegurando el mejoramiento de la fertilidad
del suelo cultivado y la protección del cultivo mediante la integración
de árboles, animales y cultivos (Figura 2).
Muchos programas de desarrollo rural "desde
abajo" sugieren que la mantención y/o desarrollo de la biodiversidad
en los agroecosistemas tradicionales representa una estrategia que
asegura dietas diversificadas y fuentes de ingreso, riesgo mínimo,
producción estable e intensiva con recursos limitados y retornos
máximos bajo niveles reducidos de tecnología. En estos sistemas,
la complementariedad de los rubros agrícolas reduce la necesidad
de insumos externos. El correcto ensamblado espacio-temporal de
cultivos, animales, suelo y otros factores aumenta los sinergismos
que promueven rendimientos dependientes de fuentes internas y el
reciclaje de nutrientes y materia orgánica, y las relaciones tróficas
entre plantas, insectos o agentes patógenos que estimulan el control
biológico de plagas.
Debido a que los agricultores tradicionales
tienen generalmente un conocimiento profundo de la biodiversidad,
su conocimiento y las percepciones del medio ambiente deberían ser
integrados en esquemas agrícolas innovadores que intenten combinar
la conservación de recursos con el desarrollo rural (Altieri y Hecht,
1991). Para operacionalizar entre pequeños agricultores una estrategia
de conservación de recursos que sea compatible con una estrategia
de producción diversificada, el proceso debe estar ligado a esfuerzos
de desarrollo rural, que den igual importancia ala conservación
de recursos locales y a la autosuficiencia alimentaria y/o a la
participación en los mercados locales. Cualquier intento de conservación
del suelo, de los bosques, o del material genético de los cultivos
debe luchar por preservar la diversidad de los agroecosistemas en
los que estos recursos ocurren. La diversidad cultural es tan crucial
como la diversidad biológica.
En esencia el comportamiento óptimo de los
sistemas de producción agrícola depende del nivel de interacciones
entre sus varios componentes. Las interacciones potenciadoras de
sistemas son aquellas en las cuales los productos de un componente
son utilizados en la producción de otro componente (e.g. malezas
utilizadas como forraje, estiércol 8utilizado como fertilizante,
o rastrojos con malezas dejadas para pastoreo animal). Pero la biodiversidad
puede también subsidiar el funcionamiento del agroecosistema al
proveer servicios ecológicos tales como el reciclaje de nutrimentos,
el control biológico de plagas y la conservación del agua y del
suelo.

Biodiversidad en agroecosistemas
A través del mundo, los agroecosistemas difieren
en edad, diversidad, estructura y manejo. De hecho, existen una
gran variabilidad en los modelos ecológicos y agronómicos básicos
que caracterizan los varios agroecositemas dominantes. En general,
el grado de biodiversidad en los agroecosistemas depende de cuatro
características principales del agroecosistema:
- la diversidad de la vegetación dentro y
alrededor del agroecosistema,
- la permanencia de los varios cultivos
dentro del agroecosistema,
- la intensidad del manejo,
- el grado de aislamiento del agroecosistema
de la vegetación natural.
En general, los agroecosistemas más diversos,
más permanentes, aislados y manejados con tecnología de bajo insumo
(i.e. sistemas agroforestales; policultivos tradicionales) toman
una completa ventaja del trabajo efectuado generalmente por procesos
ecológicos asociados con una mayor biodiversidad, que aquellos altamente
simplificados, de alto insumo y alterados (i.e. monocultivos modernos
de hortalizas y frutales).
Todos los agroecosistemas son dinámicos y están
sujetos a niveles diferentes de manejo, de manera que las secuencias
de cultivos en el tiempo y el espacio están cambiando continuamente,
a la faz de factores biológicos, naturales, socioeconómicos, y ambientales.
Tales variaciones del paisaje determinan el grado de heterogeneidad
espacial y temporal característicos de regiones agrícolas, el que
por su parte puede o no beneficiar a la protección contra las plagas
de agroecosistemas particulares. Así, uno de os principales desafíos
de los agroecólogos hoy día es identificar los tipos de heterogeneidad
(ya sea a nivel de campo o regional) que rendirán resultados agrícolas
deseables (i.e. regulación de plagas), dados el ambiente y entomofauna
únicos de cada área. Este desafío sólo puede ser afrontado mediante
el análisis de las relaciones entre diversificación vegetal y dinámica
poblacional de especies herbívoras, a la luz de la diversidad y
complejidad de los sistemas agrícolas. Aunque no está claro, sin
embargo, si este modelo es válido a través de regiones y sistemas,
nuestro entendimiento actual ha progresado significativamente en
las dos últimas décadas debido a numerosos estudios que han dilucidado
los mecanismos ecológicos que explican los modos en los que la diversidad
vegetal en los agroecosistemas influencia a la estabilidad y diversidad
de la comunidad de herbívoros (Altieri y Letourneau, 1982, 1984).
Aunque los herbívoros pueden variar grandemente
en sus respuestas a la distribución, abundancia y dispersión de
los cultivos, la mayoría de los estudios agroecológicos muestran
que los atributos estructurales (i.e. combinación espacial y temporal)
y de manejo (i.e. diversidad de cultivos, niveles de insumos, etc.)
influencian a la dinámica poblacional de los herbívoros. Algunos
de estos atributos están relacionados con la biodiversidad y la
mayoría son sensibles al manejo (i.e. secuencias de cultivos y asociaciones,
diversidad de malezas, diversidad genética, etc.).
Diversificación
de cultivos y control biológico
Los monocultivos son ambientes en los que es
difícil inducir un control biológico eficiente, porque estos sistemas
no poseen los recursos adecuados para la actuación efectiva de los
enemigos naturales y por las prácticas culturales perturbantes a
menudo utilizadas en tales sistemas. Los sistemas de cultivos más
diversificados ya contienen ciertos recursos específicos para los
enemigos naturales, provistos por la diversidad de plantas, y por
lo general no están alterados con pesticidas. Ellos son también
más fáciles de manipular. Así, al reemplazar los sistemas simples
por sistemas diversos o agregar diversidad a los sistemas existentes,
es posible ejercer cambios en la diversidad del hábitat que favorecen
la abundancia de los enemigos naturales y su efectividad a
l:
- proveer de huéspedes/presas alternativas
en momentos de escasez de la plaga.
- proveer de alimentación (polen y néctar)
para los parasitoides y predadores adultos.
- proveer de refugios para la invernación,
nidificación, etc. de enemigos naturales.
- mantener poblaciones aceptables de la plaga
por períodos extendidos de manera de asegurar la sobrevivencia
continuada de los insectos benéficos.
El efecto resultante específico de la estrategia
a utilizar dependerá de las especies de herbívoros y sus enemigos
naturales asociados, así como de las propiedades de la vegetación,
la condición fisiológica del cultivo, o la naturaleza de los efectos
entomológicos directos de una especie particular de planta. Además,
el éxito de las medidas de estímulo puede ser influenciado por la
escala en la cual éstas son implementadas (i.e. campo, cuenca o
región), ya que el tamaño del campo, la composición vegetal dentro
y alrededor de éste y el nivel de aislamiento del campo (i.e. distancia
desde la fuente de colonizadores), afectarán a las tasas de inmigración
y emigración y al tiempo efectivo de acción de un enemigo natural
particular en un campo de cultivo.
Tal vez una de las mejores estrategias para
incrementar la efectividad de los predatores y parasitoides es la
manipulación de recursos alternativos de alimentación (i.e. huéspedes/presas
y polen/néctar alternativos). Aquí no es solamente importante que
la densidad del recurso alternativo sea alta para influir a las
poblaciones de enemigos, sino también que la distribución espacial
y temporal del recurso sean adecuadas. La manipulación adecuada
del recurso alternativo debería resultar en que los enemigos colonicen
el hábitat más temprano que la plaga y con frecuencia encuentren
el recurso distribuido uniformemente en el campo, incrementado así
la probabilidad del enemigo de permanecer en el hábitat y reproducirse
(Andow 1991). Ciertas disposiciones de policultivos aumentan y otras
disminuyen la heterogeneidad espacial de recursos alimentarios específicos;
así, una especie particular de enemigo natural puede ser más o menos
abundante en un policultivo específico. Estos efectos y respuestas
pueden sólo ser determinados experimentalmente a través de un rango
completo de agroecosistemas. La tarea es sin duda abrumadora, ya
que las técnicas de estímulo deben ser necesariamente específicas
para cada sitio (Perrin, 1977).
La literatura está llena de ejemplos de experimentos
que documentan que la diversificación de sistemas de cultivo a menudo
lleva a reducir las poblaciones de herbívoros. Los estudios sugieren
que mientras más diverso sea el ecosistema y mayor duración tenga
esta diversidad inalterada, mayor cantidad de relaciones internas
se desarrollan para promover una mayor estabilidad en las poblaciones
de insectos. Es claro, sin embargo, que la estabilidad de las poblaciones
de insectos no depende solamente de su diversidad trófica, sino
también de la naturales actual de dependencia de densidades de los
niveles tróficos. En otras palabras, la estabilidad dependerá de
la precisión de la respuesta de cualquier nivel trófico a un aumento
de la población desde un nivel inferior.
Aunque la mayoría de los experimentos han documentado
tendencias de poblaciones menores de plagas en hábitats simples
versus complejos, pocos se han concentrado en dilucidar la naturaleza
y dinámica poblacional de las relaciones tróficas entre plantas-herbívoros
y los enemigos naturales en agroecosistemas diversificados. Algunas
de las líneas de estudio que se han desarrollado son (Altieri y
Letourneau 1982, Andow 1991):
- Estudios de interacciones cultivos-malezas-insectos:
La evidencia indica que las malezas influyen en la abundancia
y diversidad de insectos herbívoros y sus enemigos naturales asociados
en sistemas de cultivo. Ciertas malezas (principalmente Umbelliferae,
Leguminosae y Compositae) juegan un importante rol ecológico
al acoger a un complejo de atrópodos benéficos que ayudan en el
control de plagas.
- Dinámica de insectos en policultivos
anuales: Evidencias abrumadoras sugieren que los policultivos
contienen una menor carga de herbívoros que los monocultivos.
Un factor que explica esta tendencia es que las poblaciones de
enemigos pueden persistir relativamente más estables en los policultivos
debido a la disponibilidad más continuada de recursos alimentarios
y de microhábitats. La otra posibilidad es que los herbívoros
especializados son más propensos a encontrar y permanecer en cultivos
puros, los cuales proveen de recursos concentrados y condiciones
físicas homogéneas.
- Herbívoros en sistemas de cultivos perennes:
La mayoría de estos estudios han explorado los efectos de la manipulación
de la cubierta vegetal del suelo en huertos frutales sobre los
insectos plaga y sus enemigos asociados. Los resultados indican
que los huertos frutales con abundante flora basal presentan una
incidencia menor de insectos plaga que aquellos huertos limpios,
principalmente por la mayor abundancia y eficiencia de los predatores
y parasitoides. En algunos casos, la cubierta vegetal del suelo
afecta directamente a las especies de herbívoros que discriminan
entre árboles con y sin cubierta vegetal en sus bases.
- Los efectos de la vegetación adyacente:
Estos estudios han documentado la dinámica poblacional de plagas
de insectos colonizadores que invaden los cultivos desde la vegetación
de los bordes de los campos, especialmente cuando ésta está relacionada
botánicamente con el cultivo. Un número de estudios documentan
la importancia de la vegetación silvestre contigua en proveer
alimentación alternativa y hábitats a los enemigos naturales que
se desplazan hacia los cultivos cercanos.
La literatura disponible sugiere que el diseño
de estrategias de manejo de la vegetación debe incluir el conocimiento
y consideración de (1) disposición de los cultivos en el tiempo
y el espacio (2) la composición y abundancia de la vegetación no
cultivada dentro y alrededor de los cultivos, (3) el tipo de suelo,
(4) el ambiente circundante, (5) el tipo e intensidad de manejo.
La respuesta de las poblaciones de insectos a las manipulaciones
ambientales depende de sus grados de asociación con uno o más de
los componentes vegetales del sistema (Perrin 1977). El alargamiento
de la duración del cultivo, o la planificación de cultivos en secuencia
temporal o espacial puede permitir que los agentes de control biológico
residentes mantenga altas poblaciones sobre los huéspedes o presas
alternativas y persistir en ambientes agrícolas a través del año.
Como los sistemas agrícolas en una región son
manejados en un rango de inversión energética, niveles de diversidad
de cultivos y estados de desarrollo, ocurrirán variaciones en la
dinámica de los insectos, las cuales pueden ser difíciles de predecir.
Sin embargo, basados en las teorías ecológica y agronómica actuales,
se pueden esperar potenciales bajos de plagas en los agroecosistemas
que exhiban las siguientes características (Risch et. Al. 1983):
- Alta diversidad a través de mezclas de plantas
en el tiempo y el espacio.
- Discontinuidad del monocultivo en el tiempo
mediante rotaciones, uso de variedades de maduración temprana,
uso de períodos sin cultivo o períodos preferenciales sin hospederos,
etc.
- Campos pequeños y esparcidos en un mosaico
estructural de cultivos adyacentes y tierra no cultivada que proporciona
potencialmente refugio y alimentación alternativos para los enemigos
naturales. Las plagas también pueden proliferar en estos ambientes,
dependiendo de la composición de especies de plantas. Sin embargo,
la presencia de niveles poblacionales bajos de plagas y/o huéspedes
alternativos puede ser necesaria para mantener a los enemigos
naturales del área.
- Las granjas con un componente de cultivo
dominante perenne. Los huertos frutales son considerados ecosistemas
semi-permanentes y más estables que los sistemas de cultivos anuales.
Los huertos frutales sufren menos alteraciones y se caracterizan
por una mayor diversidad estructural, especialmente si se estimula
una diversidad floral en el suelo basal.
- Altas densidades de cultivo o presencia
de niveles tolerables de malezas dentro o fuera del cultivo.
- Alta diversidad genética como resultado
del uso de mezclas varietales o de varias líneas del mismo cultivo.
Estas generalizaciones pueden servir en la
planificación de las estrategias del manejo de la vegetación en
los agroecosistemas; sin embargo, ellas deben considerar las variaciones
locales de clima, geografía, cultivos, vegetación, complejos de
plagas, etc., las cuales podrían aumentar o disminuir el potencial
para el desarrollo de las plagas bajo algunas condiciones de manejo
de la vegetación. La selección de la o las especies de planta puede
ser también crítica. Se necesitan estudios sistemáticos sobre la
"calidad" de la diversificación vegetal en relación a la abundancia
y eficiencia de los enemigos naturales. Lo que aparece importar
es la diversidad "funcional" y no la diversidad per se. Los estudios
mecanísticos para determinar los elementos claves de las mezclas
de plantas que alteran la invasión de plagas y favorecen la colonización
y el crecimiento poblacional de los enemigos naturales permitirá
la planificación más precisa de los esquemas de cultivo y aumentará
las posibilidades de efectos benéficos más allá de los niveles actuales
(Risch et. Al. 1983).
Diseñando agroecosistemas sustentables
La búsqueda de sistemas agrícolas autosustentables,
de bajos insumos, diversificados y eficientes en el uso de energía
es ahora una preocupación importante de muchos investigadores, agricultores
y planificadores en el mundo entero. Una estrategia clave en la
agricultura sustentable es restaurar la diversidad agrícola del
paisaje rural (Altieri, 1987). La diversidad puede ser mejorada
en el tiempo mediante rotaciones y secuencias de cultivos, y en
el espacio en forma de cultivos de cubierta, intercultivos, sistemas
agroforestales y mezclas de cultivos-ganado, etc. La diversificación
vegetal no sólo resulta en la regulación de las plagas a través
de la restauración del control natural, sino además estimula un
reciclado óptimo, la conservación del suelo y energía y una mayor
independencia de insumos externos.
La agricultura sustentable generalmente se
refiere a un modo de producción agrícola que intenta proveer rendimientos
sostenidos durante largo tiempo mediante el uso de tecnologías ecológicamente
probadas. Esto requiere que la agricultura sea considerada como
un ecosistema (de allí el término agroecosistema) y como tal, la
agricultura no sólo se orienta para obtener altos rendimientos de
algún producto, sino más bien para optimizar el sistema entero.
También requiere mirar más allá del aspecto económico de la producción
y considerar el concepto vital de estabilidad y sustentación ecológicos.
El comportamiento de los agroecosistemas puede ser descrito por
cuatro propiedades: sustentabilidad, equidad, estabilidad y productividad
(Conway, 1985).
Cuando estos indicadores de comportamiento
son utilizados para evaluar la viabilidad de los agroecosistemas
modernos, se hace aparente que si bien históricamente la introducción
de nueva tecnología ha incrementado la productividad en el corto
plazo, ésta también ha reducido la estabilidad, sustentabilidad
y equidad de largo plazo de todo el sistema agrícola (Conway, 1985).
Cuando se los compara con los sistemas agrícolas tradicionales en
los países en desarrollo, los sistemas modernos en los países industrializados
aparecen frágiles y desequilibrados. En países en desarrollo, los
pequeños agricultores valoran más el reducir los riegos que el maximizar
la producción y están generalmente interesados en optimizar la productividad
de los recursos agrícolas escasos, no necesariamente en aumentar
la productividad de la tierra o del trabajo. También, los pequeños
agricultores seleccionan una tecnología particular de producción
basados en decisiones hechas para todo el sistema agrícola y no
sólo para un cultivo determinado. (Altieri y Hecht 1991).
Requerimientos de los agroecosistemas sustentables
Los elementos básicos de un agroecosistema
sustentable son la conservación de los recursos renovables, la adaptación
del cultivo al medio ambiente y la mantención de niveles moderados,
pero sustentables de productividad. Para enfatizar la sustentabilidad
ecológica de largo plazo en lugar de la productividad de corto plazo,
el sistema de producción debe (Altieri, 1987):
- Reducir el uso de energía y recursos y regular
la inversión total de energía de manera de obtener una relación
alta de producción/inversión.
- Reducir las pérdidas de nutrimentos mediante
la contención efectiva de la lixiviación, escurrimiento y erosión
y mejorar el reciclado de nutrimentos mediante la utilización
de leguminosas, abonos orgánicos, compost y otros mecanismos efectivos
de reciclado.
- Estimular la producción local de cultivos
adaptados al conjunto natural y socieconómico.
- Sustentar una producción neta deseada mediante
la preservación de los recursos naturales, esto es, mediante la
minimización de la degradación del suelo.
- Reducir los costos y aumentar la eficiencia
y viabilidad económica de las granjas de pequeño y mediano tamaño,
promoviendo así un sistema agrícola diverso y flexible.
Desde un punto de vista de manejo, los componentes
básicos de un agroecosistema sustentable incluyen:
- Cubierta vegetativa como una medida efectiva
de conservación del suelo y el agua, mediante el uso de prácticas
de cero-labranza, cultivos con "mulches", uso de cultivos de cubierta,
etc.
- Suplementación regular de materia orgánica
mediante la incorporación regular de abono orgánico y compost
y promoción de la actividad biótica del suelo.
- Mecanismos de reciclado de nutrimentos mediante
el uso de rotaciones de cultivos, sistemas de mezclas cultivos/ganado,
sistemas agroforestales y de intercultivos basados en leguminosas,
etc.
- Regulación de plagas asegurada mediante
la actividad estimulada de los agentes de control biológico alcanzada
mediante la manipulación de la biodiversidad y por la introducción
y/o conservación de los enemigos naturales.
Restaurando la biodiversidad en sistemas
agrícolas
Los conceptos básicos de un sistema agrícola
autosustentable, de baja inversión, diversificado y eficiente deben
ser sintetizados en sistemas alternativos prácticos adecuados para
satisfacer las necesidades específicas de las comunidades campesinas
en las diferentes regiones agroecológicas del mundo. Una estrategia
clave de la agricultura sustentable es restaurar la diversidad agrícola
en el tiempo y en el espacio mediante el uso de rotaciones de cultivos,
cultivos de cubierta, intercultivos, mezclas de cultivos/ganado,
etc. (Altieri, 1987). Se dispone de diferentes opciones para diversificar
los sistemas de cultivo, dependiendo de si los sistemas de monocultivos
a ser modificados están basados en cultivos anuales o perennes.
La diversificación puede también tomar lugar fuera de la franja,
por ejemplo, en los bordes de cultivos con cortavientos, cinturones
de protección y cercos vivos, los cuales pueden mejorar el hábitat
para la vida silvestre y para los insectos benéficos, proveer fuentes
de madera, materia orgánica, recursos para abejas polinizadoras
y además, modificar la velocidad del viento y el microclima (Altieri
y Letourneau, 1982).
Un ejemplo: Diversificación de un agroecosistema
de cebollas en Michigan
Para optimizar la mortalidad de los principales
insectos plaga del cultivo de cebollas (gusano de la cebolla) en
Michigan se diseñó un agroecosistema de cebollas funcionalmente
diverso. Este diseño fue derivado de modelos cuantitativos describiendo
las relaciones entre los componentes del sistema. Del entendimiento
de estas interacciones cuantitativas se puede derivar diseños que
incorporen agentes causales de enfermedades, malezas, insectos,
etc., según si las relaciones utilizadas en la construcción de estos
modelos de "cuerpo libre" son de estructura independiente o si incorporan
aspectos estructurales como una variable (Figura 3).
El diseño alternativo del agroecosistema de
cebollas mostrado en la Figura 3 enfatiza la diversidad planificada
o funcional. La pradera y los bordes enmalezados proveen de hospederos
alternativos y néctar para el parásito. Aphaereta pallipes
del gusano de la cebolla (Groden, 1982). La pradera con vacas también
provee de un rico recurso para las lombrices de tierra, potenciando
con ello la maximización de las densidades de la mosca tigre predatora
de las moscas de la cebolla. Las largas y angostas franjas de cebollas
minimizan la distancia desde cualquier punto en el campo de cebollas
y los bordes enmalezados y pradera. Esto es importante pues las
densidades de A. pallipes declinan exponencialmente desde
los bordes enmalezados y praderas hacia el campo de cebollas (Groden,
1982). Esto es también cierto para las moscas de la cebolla infectadas
con el hongo patógeno Entomophthora muscae. Los bordes enmalezados
no son cortados, de manera de proveer sitios de posamiento para
las moscas enfermas. Los bordes enmalezados angostos maximizan la
probabilidad de encuentro de esporas de E. muscae y moscas
sanas al reunir juntos los sitios de posamiento y descanso para
moscas sanas durante el mediodía. El corte de algunos de estos bordes
enmalezados puede aumentar este efecto. Las siembras de rábanos
contiguas a las cebollas proveen de un hospedero alternativo y con
ello de una fuente continua de alimentación para el escarabajo Aleochara
bilineata. Debería efectuarse un número de siembras de manera
de proveer un recurso alimentario de larga duración en la temporada
para el gusano del repollo y debería incorporar en el diseño un
número de fechas de siembra diferentes de cebollas (Groden, 1982).
Groden también demostró que siembras tempranas de cebollas adyacentes
a cebollas tardías sirven como un cultivo trampa altamente atractivo
que se tradujo en una concentración de la población de gusanos de
la cebolla en la siembra temprana. Como las siembras tardías quedan
mayormente intocadas, las siembras tempranas pueden ser hechas cerca
de la interfase con el rábano de manera que el conjunto de hospederos
para A. bilineata está concentrado, haciendo con ello más
eficiente la búsqueda de presas.
Para enfrentar el problema de moscas emergiendo
después que las cebollas son cosechadas, el manejo de entresacado
de cebollas es importante. Una opción de manejo envuelve la siembre
otoñal de una cubierta de centeno o avena inmediatamente después
de la cosecha, de manera de ocultar en una semana las cebollas en
el campo, haciendo más difícil a las moscas el encontrarlas. Una
modificación es no cosechar una sección pequeña de las hileras de
cebolla y entonces, mientras se siembra el cultivo de cubierta,
las porciones superiores de las plantas de cebolla pueden ser cortadas
y dejadas en el suelo. Estas hojas cortadas son muy atractivas para
las moscas de la cebolla (más atractivas que las cebollas entresacadas);
sin embargo, los estados inmaduros de la mosca de la cebolla no
pueden sobrevivir en ellas pues las hojas cortadas se secan antes
que se complete el desarrollo del insecto. Así, las hojas cortadas
sirven para evitar la ovipostura de las moscas de la cebolla en
las cebollas entresacadas hasta que el cultivo de cubierta crece
y reduce drásticamente la eficiencia de búsqueda de las moscas hembra.
Además, la rotación de cultivos reduce significativamente el número
de moscas colonizando un campo de cebolla en la primavera.
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Praderas para una vaca
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Borde enmalezado
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Cebollas tempranas
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Sembrado de rabanitos 1
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Sembrado de rabanitos 2
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Sembrado de rabanitos 3
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Cebollas tardías
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Borde enmalezado
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Cebollas tempranas
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Sembrado de rabanitos 1
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Sembrado de rabanitos 2
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Sembrado de rabanitos 3
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Cebollas tardías
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Borde enmalezado
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Figura 3. Diseño de un cultivo
diversificado de cebollas para optimizar la regulación de
plagas.
CONCLUSIONES
Los estudios sobre diversificación demuestran
que en los policultivos u otros arreglos vegetacionales ocurren
interacciones complementarias que pueden tener efectos positivos
o negativos, directos o indirectos en el control biológico de plagas
específicas de cultivos. La explotación de estas interacciones en
situaciones reales envuelve el diseño y manejo de los agroecosistemas
y requiere de un entendimiento de los numerosos sinergismos entre
las plantas, los herbívoros y sus enemigos naturales (Altieri y
Letourneau, 1982). Claramente, el énfasis de este punto de vista
es ayudar a restaurar los mecanismos de control natural mediante
la adición de diversidad selectiva, más que en forzar el establecimiento
del control biológico en ambientes (tales como los monocultivos)
donde los elementos ecológicos esenciales faltan para una actuación
óptima de los enemigos naturales.
El tema central en la agricultura sustentable
no es alcanzar un rendimiento máximo sino una estabilidad de largo
plazo. La sustentación de la productividad agrícola requerirá más
que una simple modificación de las técnicas ad hoc tradicionales.
El desarrollo de agroecosistemas autosuficentes, diversificados,
económicamente viables y en pequeña escala proviene de diseños nuevos
de sistemas de cultivo y/o ganadería manejados con tecnologías adaptadas
al medio ambiente local que se encuentran dentro del alcance de
los recurso del agricultor. La conservación de energía y recursos,
la calidad ambiental, la salud pública y el desarrollo socioeconómico
equitativo deberían ser considerados al tomar decisiones sobre las
especies de cultivo, las rotaciones, los espaciamientos de hileras,
la fertilización, el control de plagas y la cosecha. Muchos agricultores
no cambiarán hacia los sistemas alternativos a menos que exista
una buena posibilidad de ganancia monetaria a través de una producción
aumentada o costos de producción disminuidos. Actitudes diferentes
dependerán primeramente de la percepción de los agricultores en
el corto y mediano plazo, de los beneficios económicos de la agricultura
sustentable.
La restauración del control natural en los
agroecosistemas mediante el manejo de la vegetación no sólo regula
a las plagas, sino también ayuda a conservar energía, mejora la
fertilidad del suelo, minimiza los riesgos y reduce la dependencia
en recursos externos. Esto es particularmente importante en países
en desarrollo donde las inversiones sofisticadas no son disponibles
o pueden no ser aconsejables política o ecológicamente. Más investigación
en esta área debería proveer de una base ecológica para el diseño
de agroecosistemas autosustentables diversos y estables en relación
a las plagas. Estos sistemas se necesitan urgentemente en todo el
mundo en una era de deterioro de la calidad ambiental, situación
energética empeorada y costos de inversión cada vez más crecientes.
Este punto de vista para la agricultura sólo será práctico si es
económicamente sensible y puede ser llevado a cabo dentro de los
límites de un sistema de manejo agrícola normal. Sin embargo, dada
la tendencia hacia la gran escala, en unidades agrícolas de granjas
especializadas, objetivamente no existe mucho espacio libre para
la implementación justa de un programa de manejo regional de hábitats
diversificados. La mantención a largo plazo de la diversidad requiere
de una estrategia de manejo que considere los patrones espaciales
y temporales de la biodiversidad regional, tanto como del diseño
de agroecosistemas ecológicamente apropiados.
BIBLIOGRAFIA
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