Conservación "in-situ" de papas en comunidades campesinas de Chiloé
CET, Chile

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El archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, es uno de los centros de origen de la papa (Solanum tuberosum) y las expediciones de recolección de los investigadores, a través de los años, encontraron una gran variedad de papas indígenas. En 1975 botánicos chilenos recolectaron 146 diferentes muestras de variedades nativas y las predominantes fueron las michunes coloradas, moradas y las clavelas. Esas variedades están muy adaptadas a las condiciones ecológicas de la región y son de una importancia crucial para la producción de subsistencia.

A comienzos de los años cuarenta el Gobierno chileno introdujo diversas variedades europeas y norteamericanas (algunas de las cuales, se originaron de cruces con el material chilote). Los agricultores de las zonas cercanas a las ciudades y a los mercados han abandonado la mayor parte de las variedades indígenas y han adoptado otras, como la Desirée, Industrie, Cóndor o Ginecke, que tiene mayor demanda. Estas introducciones no solamente contribuyeron a la extinción de las variedades indígenas a través de un proceso de "erosión genética", sino que también trajeron consigo enfermedades. Hacia 1950, Phytophthora infestans devastó la mayor parte de las plantaciones de papas y causó daños serios en las variedades indígenas que no tenían defensa contra ese patógeno exótico.

Para diminuir la erosión genética y recuperar parte del germoplasma de las papas nativas, el Centro de Educación y Tecnología (CET) emprendió un programa de conservación "in-situ" en su centro de capacitación campesina en Notuco, cerca de Chonchi, y también en diversas comunidades vecinas. En 1988, los técnicos del CET inspeccionaron diversas zonas agrarias de Chiloé y recolectaron cientos de muestras de papas nativas que todavía cultivaban los pequeños campesinos, especialmente agricultores indígenas Huilliches. En Notuco se creó una colección viva (banco-huerto de semillas) con 96 variedades nativas, plantadas en filas de cinco a diez plantas en un lote de media hectárea. Dichas variedades se cultivan todos los años y después se seleccionan para mejorar las semillas.

En 1990 el CET inició un programa "in situ" basado en un banco de semillas comunitario, en el que participan 21 cultivadores de cinco comunidades rurales (Dicham, Petanes, Huitauque, Notue y Huicha). Cada campesino recibe muestras de cinco variedades para cultivarlas en su campo. Después de cosechar, devuelven parte de su producción de semillas al CET para su banco-huerto e intercambian semillas con otros agricultores o las vuelven a plantar (Figura 1).

A medida que aumente la cantidad de participantes en el proyecto, el CET podrá seleccionar variedades que respondan a las necesidades de los agricultores y posean las características deseables localmente. Las variedades seleccionadas serán multiplicadas y distribuidas a los campesinos. Las semillas excedentes podrían ser venidas o intercambiadas por semillas de variedades tradicionales que aún no figuran en la colección del CET. Este método permitirá abastecer regularmente a los agricultores con semillas valiosas para su subsistencia y también crear una reserva de diversidad genética para los futuros programas regionales de mejora de los cultivos.

 
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