| Si
dirigimos nuestra atención de una reserva natural a una área natural
manejada, después la dirigimos hacia la agricultura primitiva y finalmente
a la agricultura moderna, no nos va ser difícil observar los resultados
de los incrementos actividad humana. Mientras que los extremos son
obviamente distintos (una reserva natural en contraste con áreas con
tecnología agrícola moderan), hay sin embargo, un incremento continuo
de intervención humana de un polo a otro. La agroecología, en sus
aplicaciones más básicas, intenta ser utilizada para aquellas partes
del continuo que involucran una actividad humana significativa.
Desde un punto de vista muy pragmático, la
producción agrícola ha estado ligada a la producción industrial.
En la industria, hay insumos, (por ejemplo acero) que entrarán en
las fábricas, y productos (por ejemplo automóviles) que salen de
éstas. En la agricultura, también hay insumos (como por ejemplo
agroquímicos) que entran a la fábrica (la granja) y productos (como
por ejemplo comida) que salen de éstas. Sin embargo, existe una
diferencia crucial entre estas dos. En la producción industrial,
la fábrica ejecuta funciones específicas con máquinas ideadas y
creadas por gente; por lo que su funcionamiento es fundamentalmente
comprensible. Sin embargo, el análogo de la fábrica en la producción
agrícola no consiste en máquinas conocidas; sino más bien, en todas
las plantas y animales, y las complejas y diversas reglas de la
ecología que existen en una determinada área. Estas reglas, aunque
no son completamente conocidas por la ciencia, son las máquinas
dentro de la fábrica de la producción agrícola. Por lo tanto, podemos
caracterizar a la agricultura como la producción en fábricas donde
sus máquinas no han sido aún completamente comprendidas. El fin
principal del estudio ecológico de los agroecosistemas es el entender
esta maquinaria.
El creciente interés de trabajar en la interface
entre la ecología básica y la agricultura se debe a tres causas.
Primero, aunque la producción agrícola mundial continúa incrementándose,
este incremento ha sido acompañado de la degradación del medio y
de su base productiva: reservan energéticas fósiles, recursos genéticos,
y la biota terrestre y acuífera asociada. Por lo tanto, hay una
preocupación generalizada de que los sistemas agrícolas tanto de
los países desarrollados así como de los subdesarrollados no son
sostenibles, y que una apreciación más profunda de los procesos
ecológicos tiene que ser incorporada a nuestros sistemas de producción
de comida. En segundo lugar, en nuestra era de producción excedente
en las granjas de los Estados Unidos, las tecnologías que estrictamente
son maximizadoras de producción no sirven a los intereses de los
granjeros. Más aún, el impacto a largo plazo de estas prácticas
intensivas sobre el medio ambiente y la salud, pueden resultar contrarias
al interés de los consumidores. A este respecto, la ecología puede
ser la base para la creación de tecnologías costo-efectivas y minimizadoras
de insumos para la agricultura. Para países en vías de desarrollo,
es particularmente importante la creación de producciones adecuadas
con tecnologías agrícolas de bajos insumos /y por ende tecnologías
baratas). Por lo tanto, la agroecología puede contribuir a las utilidades
de las granjas a través de reducir insumos costosos y mantener rendimientos
aceptables (aunque no siempre rendimientos máximos).
El tercer punto, es que el agroecosistema usado
como unidad de estudio ecológico puede producir datos que ayuden
a profundizar sobre los procesos y principios ecológicos. Durante
los últimos años, muchas áreas de la ecología se han estancado.
La complejidad tan inmensa que existe en los ecosistemas ha sido
siempre el bloqueo para la motivación de la ecología. A diferencia
de la biología molecular que dese hace bastante tiempo adoptó una
perspectiva experimental rigurosa, la manipulación experimental
de los ecosistemas sólo hay sido posible a través de grandes esfuerzos
de tiempo, energía y dinero, por lo que siempre ha sido tentador
revertir el estudio de los ecosistemas a los viejos métodos del
naturalista tales como la observación, medición e interpretación
(que en algunos casos se realiza con la ayuda de herramientas estadísticas
sofisticadas, pero que sin embargo, simplemente continúa siendo
la interpretación de observaciones y mediciones). Ansiosos de promover
a la ecología como una ciencia realmente experimental, muchos ecólogos
(cuya principal meta no es la producción) han optado por trabajar
en sistemas agrícolas, ya que en relación a los sistemas naturales
son simples, replicables, y fáciles de manipular; por lo que los
sistemas agrícolas sirven como modelos sistémicos (o mesocosmos)
en los que se puede investigar preguntas biológicas básicas. (De
paso se puede hacer notar aquí, que siempre está la tentación de
forzar la manipulación experimental a niveles reduccionistas, llevándonos
al peligro de enmascarar o cometer errores de interpretación sobre
la complejidad ecológica).
Sin embargo, aunque los agroecosistemas proveen
al ecólogo con el laboratorio que siempre estuvo esperando, éstos
también acarrean una serie de problemas para la investigación. Lo
que los ecólogos ganan con respecto a seguimiento y manipulación,
es pagado por la necesidad absoluta de incorporar variables extrañas
que previamente no existían. Aunque ha sido filosóficamente aceptado
examinar los bosques tropicales sin que el ser humano sea uno de
sus componentes, un enfoque similar aplicado a los agroecosistemas
sería absurdo. Más aún, las propiedades de estabilidad y elasticidad
de ecosistemas naturales son típicamente analizadas a través de
perturbaciones naturales. En los agroecosistemas, uno no sólo tiene
que incluir el efecto de la perturbación natural, sino también el
efecto indirecto de las actividades sociales y económicas de los
humanos. La estabilidad y elasticidad de un agroecosistema que es
sujeto a una distorsión de insumos críticos (como por ejemplo, cuando
los costos de agroquímicos y de mano de obra suben abruptamente),
es tan relevante al agroecosistema como lo son las perturbaciones
naturales en praderas, bosques tropicales u otros ecosistemas naturales.
Por lo tanto, el costo de usar agroecosistemas es que aunque éstos
son menos complejos biológicamente y más fáciles de replicar que
los ecosistemas naturales, los primeros están sujetos a clases más
complejas de perturbaciones relevantes.
Este es el marco en el cual este libro ha sido
construido. Los temas fueron seleccionados de tal forma que reflejen
la diversidad de perspectivas biológicas, y los problemas multidisciplinarios
inherentes que son característicos de los agroecosistemas. Desafortunadamente,
no hemos podido incluir todos los aspectos de la disciplina, por
lo que nuestra selección de temas refleja nuestras preferencias.
Sin embargo, hemos tratado de incluir una variedad de temas que
proporcionen al alumno los siguientes puntos: a) una visión general
de la disciplina, 2) una introducción sofisticada de las principales
corrientes de pensamiento, y 3) una actitud crítica con respecto
a los aspectos científicos y sociopolíticos de esta disciplina que
se está desarrollando rápidamente. Los estudios resaltan las áreas
donde es importante desarrollar investigaciones. Por lo tanto, algunos
capítulos contienen críticas de las tendencias actuales en la investigación
agrícola y en las prácticas productiva, argumentando la necesidad
de tomar nuevas direcciones.
El libro está organizado en cuatro partes.
La primera parte (El contexto general de la agroecología) es una
revisión de los temas más generales (capítulo 1 a 6). Dado que las
consideraciones sobre agroecosistemas están por lo general asociadas
al hambre en el mundo, y que esta última está asociada a los cuestionamientos
sobre las densidades de población humana (especialmente cuando el
enfoque es en países del Tercer Mundo), le pedimos al profesor Murdoch
que nos proveyera con un pequeño resumen sobre el tópico. El libro
comienza con este resumen, que es tratado elocuentemente y completamente
por el autor en su renombrado libro: Poverty of Nations (1980) (pobreza
de naciones). Los siguientes tres capítulos discuten aspectos básicos
de los agreocosistemas: Rice y Vandermeer proveen una revisión general
sobre las principales características físicas y biológicas que han
formado parte de la evolución de los agroecosistemas; Minc y Vandermeer
examinan los datos conocidos sobre el origen, y la difusión primitiva,
de la tecnología agrícola; y Buttel hace un análisis detallado de
las relaciones sociales que han tenido un efecto sobre el desarrollo
de la agricultura moderna. Los últimos dos capítulos de la parte
1, son una crítica a la agricultura moderna. El problema es inicialmente
examinado por Pimentel y Dazhong desde la perspectiva del uso de
energía, y posteriormente este problema es tratado por Soule, Carre
y Jackson desde una perspectiva más general.
La parte 2 (El contexto ecológico de la agroecología)
trata sobre los principios ecológicos generales, enfocándose en
la aplicación de éstos al contexto de agroecosistemas (capítulos
7 a 12). Los primeros dos capítulos tratan sobre dos aspectos de
la ecología de plantas que tienen relevancia en la agricultura:
Hall describe los aspectos fisiológicos, y Weiner discute la ecología
de poblaciones de plantas. La interacción entre plantas y otros
organismos es tratada en los siguientes dos capítulos: Mundt describe
la biología básica de los patógenos de plantas, mientras que Power
y Kareiva presentan los aspectos relacionados con la herbivoría
en agroecosistemas. Posteriormente, Boucher presenta algunas de
las complejas relaciones que existen en comunidades biológicas,
enfocándose en las relaciones benéficas que existen en los suelos
de los agroecosistemas; este autor también resume algunos de los
estudios recientes sobre endófitas y su aplicación potencial a la
agricultura. La parte dos concluye con una exploración (realizada
por Levins y Vandermeer) sobre las complejidades que pueden resultar
al estudiar los agroecosistemas, debido a que la producción agrícola
está inevitablemente sumergida en una telaraña compleja de interacciones
ecológicas.
La parte 3 (Algunas interrogantes de manejo)
discute los aspectos más prácticos de los agroecosistemas, basándose
en los principios ecológicos elaborados en la parte 2 de este libro
(capítulos 13 a 19). Primeramente, Carroll se enfoca en los vínculos
directos e indirectos que existen entre tierras naturales y agrícolas
(analizando especialmente los vínculos económicos, sociales y culturales
que poseen consecuencias inesperadas). Después, Jarrell resume los
problemas prácticos del manejo de nitrógeno en agroecosistemas.
Este es seguido por dos tratados diferentes sobre el manejo integral
de plagas: Andow y Rosset presentan una visión general de los principios
involucrados en los programas de manejo de plagas, y Gould discute
la forma en la cual los cambios genéticos pueden influir tales programas.
En el siguiente capítulo, Dewey elabora los problemas que se ven
en la interrelación entre el cambio agrícola y el estado nutricional
de las comunidades locales, mientras que Vandermeer resume en el
siguiente capítulo los conocimientos existentes sobre los principios
ecológicos que se encuentran en las técnicas populares de intercalamiento
de cultivos. Finalmente, Salick y Merrick concluyen la parte 3 resumiendo
los aspectos importantes de la preservación de germoplasma en el
contexto agrícola.
La parte cuatro trata sobre los tópicos generales
que tendrían que ser ampliamente meditados por los estudiosos de
la agroecología; la investigación en sistemas agrícolas (capítulos
20-23). Estos cuatro capítulos tratan sobre cuatro aspectos diferentes
de esta interrogante, y proveen una combinación de 1) información
de datos y 2) preguntas para meditar y analizar más a fondo estas
dos últimas apropiadas para aquellos individuos que están realizando
investigaciones en ecología agrícola, o que piensan dedicarse a
esta disciplina en un futuro.
* Tomado de: Agroecology. Mc. Graw Hill Publishing
Company. New York, 1990.
|