Un nuevo texto: "AGROECOLOGIA"
Ronald Carroll, J.H. Vandermeer, P. Rosset
volver Nº 2-3
Si dirigimos nuestra atención de una reserva natural a una área natural manejada, después la dirigimos hacia la agricultura primitiva y finalmente a la agricultura moderna, no nos va ser difícil observar los resultados de los incrementos actividad humana. Mientras que los extremos son obviamente distintos (una reserva natural en contraste con áreas con tecnología agrícola moderan), hay sin embargo, un incremento continuo de intervención humana de un polo a otro. La agroecología, en sus aplicaciones más básicas, intenta ser utilizada para aquellas partes del continuo que involucran una actividad humana significativa.

Desde un punto de vista muy pragmático, la producción agrícola ha estado ligada a la producción industrial. En la industria, hay insumos, (por ejemplo acero) que entrarán en las fábricas, y productos (por ejemplo automóviles) que salen de éstas. En la agricultura, también hay insumos (como por ejemplo agroquímicos) que entran a la fábrica (la granja) y productos (como por ejemplo comida) que salen de éstas. Sin embargo, existe una diferencia crucial entre estas dos. En la producción industrial, la fábrica ejecuta funciones específicas con máquinas ideadas y creadas por gente; por lo que su funcionamiento es fundamentalmente comprensible. Sin embargo, el análogo de la fábrica en la producción agrícola no consiste en máquinas conocidas; sino más bien, en todas las plantas y animales, y las complejas y diversas reglas de la ecología que existen en una determinada área. Estas reglas, aunque no son completamente conocidas por la ciencia, son las máquinas dentro de la fábrica de la producción agrícola. Por lo tanto, podemos caracterizar a la agricultura como la producción en fábricas donde sus máquinas no han sido aún completamente comprendidas. El fin principal del estudio ecológico de los agroecosistemas es el entender esta maquinaria.

El creciente interés de trabajar en la interface entre la ecología básica y la agricultura se debe a tres causas. Primero, aunque la producción agrícola mundial continúa incrementándose, este incremento ha sido acompañado de la degradación del medio y de su base productiva: reservan energéticas fósiles, recursos genéticos, y la biota terrestre y acuífera asociada. Por lo tanto, hay una preocupación generalizada de que los sistemas agrícolas tanto de los países desarrollados así como de los subdesarrollados no son sostenibles, y que una apreciación más profunda de los procesos ecológicos tiene que ser incorporada a nuestros sistemas de producción de comida. En segundo lugar, en nuestra era de producción excedente en las granjas de los Estados Unidos, las tecnologías que estrictamente son maximizadoras de producción no sirven a los intereses de los granjeros. Más aún, el impacto a largo plazo de estas prácticas intensivas sobre el medio ambiente y la salud, pueden resultar contrarias al interés de los consumidores. A este respecto, la ecología puede ser la base para la creación de tecnologías costo-efectivas y minimizadoras de insumos para la agricultura. Para países en vías de desarrollo, es particularmente importante la creación de producciones adecuadas con tecnologías agrícolas de bajos insumos /y por ende tecnologías baratas). Por lo tanto, la agroecología puede contribuir a las utilidades de las granjas a través de reducir insumos costosos y mantener rendimientos aceptables (aunque no siempre rendimientos máximos).

El tercer punto, es que el agroecosistema usado como unidad de estudio ecológico puede producir datos que ayuden a profundizar sobre los procesos y principios ecológicos. Durante los últimos años, muchas áreas de la ecología se han estancado. La complejidad tan inmensa que existe en los ecosistemas ha sido siempre el bloqueo para la motivación de la ecología. A diferencia de la biología molecular que dese hace bastante tiempo adoptó una perspectiva experimental rigurosa, la manipulación experimental de los ecosistemas sólo hay sido posible a través de grandes esfuerzos de tiempo, energía y dinero, por lo que siempre ha sido tentador revertir el estudio de los ecosistemas a los viejos métodos del naturalista tales como la observación, medición e interpretación (que en algunos casos se realiza con la ayuda de herramientas estadísticas sofisticadas, pero que sin embargo, simplemente continúa siendo la interpretación de observaciones y mediciones). Ansiosos de promover a la ecología como una ciencia realmente experimental, muchos ecólogos (cuya principal meta no es la producción) han optado por trabajar en sistemas agrícolas, ya que en relación a los sistemas naturales son simples, replicables, y fáciles de manipular; por lo que los sistemas agrícolas sirven como modelos sistémicos (o mesocosmos) en los que se puede investigar preguntas biológicas básicas. (De paso se puede hacer notar aquí, que siempre está la tentación de forzar la manipulación experimental a niveles reduccionistas, llevándonos al peligro de enmascarar o cometer errores de interpretación sobre la complejidad ecológica).

Sin embargo, aunque los agroecosistemas proveen al ecólogo con el laboratorio que siempre estuvo esperando, éstos también acarrean una serie de problemas para la investigación. Lo que los ecólogos ganan con respecto a seguimiento y manipulación, es pagado por la necesidad absoluta de incorporar variables extrañas que previamente no existían. Aunque ha sido filosóficamente aceptado examinar los bosques tropicales sin que el ser humano sea uno de sus componentes, un enfoque similar aplicado a los agroecosistemas sería absurdo. Más aún, las propiedades de estabilidad y elasticidad de ecosistemas naturales son típicamente analizadas a través de perturbaciones naturales. En los agroecosistemas, uno no sólo tiene que incluir el efecto de la perturbación natural, sino también el efecto indirecto de las actividades sociales y económicas de los humanos. La estabilidad y elasticidad de un agroecosistema que es sujeto a una distorsión de insumos críticos (como por ejemplo, cuando los costos de agroquímicos y de mano de obra suben abruptamente), es tan relevante al agroecosistema como lo son las perturbaciones naturales en praderas, bosques tropicales u otros ecosistemas naturales. Por lo tanto, el costo de usar agroecosistemas es que aunque éstos son menos complejos biológicamente y más fáciles de replicar que los ecosistemas naturales, los primeros están sujetos a clases más complejas de perturbaciones relevantes.

Este es el marco en el cual este libro ha sido construido. Los temas fueron seleccionados de tal forma que reflejen la diversidad de perspectivas biológicas, y los problemas multidisciplinarios inherentes que son característicos de los agroecosistemas. Desafortunadamente, no hemos podido incluir todos los aspectos de la disciplina, por lo que nuestra selección de temas refleja nuestras preferencias. Sin embargo, hemos tratado de incluir una variedad de temas que proporcionen al alumno los siguientes puntos: a) una visión general de la disciplina, 2) una introducción sofisticada de las principales corrientes de pensamiento, y 3) una actitud crítica con respecto a los aspectos científicos y sociopolíticos de esta disciplina que se está desarrollando rápidamente. Los estudios resaltan las áreas donde es importante desarrollar investigaciones. Por lo tanto, algunos capítulos contienen críticas de las tendencias actuales en la investigación agrícola y en las prácticas productiva, argumentando la necesidad de tomar nuevas direcciones.

El libro está organizado en cuatro partes. La primera parte (El contexto general de la agroecología) es una revisión de los temas más generales (capítulo 1 a 6). Dado que las consideraciones sobre agroecosistemas están por lo general asociadas al hambre en el mundo, y que esta última está asociada a los cuestionamientos sobre las densidades de población humana (especialmente cuando el enfoque es en países del Tercer Mundo), le pedimos al profesor Murdoch que nos proveyera con un pequeño resumen sobre el tópico. El libro comienza con este resumen, que es tratado elocuentemente y completamente por el autor en su renombrado libro: Poverty of Nations (1980) (pobreza de naciones). Los siguientes tres capítulos discuten aspectos básicos de los agreocosistemas: Rice y Vandermeer proveen una revisión general sobre las principales características físicas y biológicas que han formado parte de la evolución de los agroecosistemas; Minc y Vandermeer examinan los datos conocidos sobre el origen, y la difusión primitiva, de la tecnología agrícola; y Buttel hace un análisis detallado de las relaciones sociales que han tenido un efecto sobre el desarrollo de la agricultura moderna. Los últimos dos capítulos de la parte 1, son una crítica a la agricultura moderna. El problema es inicialmente examinado por Pimentel y Dazhong desde la perspectiva del uso de energía, y posteriormente este problema es tratado por Soule, Carre y Jackson desde una perspectiva más general.

La parte 2 (El contexto ecológico de la agroecología) trata sobre los principios ecológicos generales, enfocándose en la aplicación de éstos al contexto de agroecosistemas (capítulos 7 a 12). Los primeros dos capítulos tratan sobre dos aspectos de la ecología de plantas que tienen relevancia en la agricultura: Hall describe los aspectos fisiológicos, y Weiner discute la ecología de poblaciones de plantas. La interacción entre plantas y otros organismos es tratada en los siguientes dos capítulos: Mundt describe la biología básica de los patógenos de plantas, mientras que Power y Kareiva presentan los aspectos relacionados con la herbivoría en agroecosistemas. Posteriormente, Boucher presenta algunas de las complejas relaciones que existen en comunidades biológicas, enfocándose en las relaciones benéficas que existen en los suelos de los agroecosistemas; este autor también resume algunos de los estudios recientes sobre endófitas y su aplicación potencial a la agricultura. La parte dos concluye con una exploración (realizada por Levins y Vandermeer) sobre las complejidades que pueden resultar al estudiar los agroecosistemas, debido a que la producción agrícola está inevitablemente sumergida en una telaraña compleja de interacciones ecológicas.

La parte 3 (Algunas interrogantes de manejo) discute los aspectos más prácticos de los agroecosistemas, basándose en los principios ecológicos elaborados en la parte 2 de este libro (capítulos 13 a 19). Primeramente, Carroll se enfoca en los vínculos directos e indirectos que existen entre tierras naturales y agrícolas (analizando especialmente los vínculos económicos, sociales y culturales que poseen consecuencias inesperadas). Después, Jarrell resume los problemas prácticos del manejo de nitrógeno en agroecosistemas. Este es seguido por dos tratados diferentes sobre el manejo integral de plagas: Andow y Rosset presentan una visión general de los principios involucrados en los programas de manejo de plagas, y Gould discute la forma en la cual los cambios genéticos pueden influir tales programas. En el siguiente capítulo, Dewey elabora los problemas que se ven en la interrelación entre el cambio agrícola y el estado nutricional de las comunidades locales, mientras que Vandermeer resume en el siguiente capítulo los conocimientos existentes sobre los principios ecológicos que se encuentran en las técnicas populares de intercalamiento de cultivos. Finalmente, Salick y Merrick concluyen la parte 3 resumiendo los aspectos importantes de la preservación de germoplasma en el contexto agrícola.

La parte cuatro trata sobre los tópicos generales que tendrían que ser ampliamente meditados por los estudiosos de la agroecología; la investigación en sistemas agrícolas (capítulos 20-23). Estos cuatro capítulos tratan sobre cuatro aspectos diferentes de esta interrogante, y proveen una combinación de 1) información de datos y 2) preguntas para meditar y analizar más a fondo estas dos últimas apropiadas para aquellos individuos que están realizando investigaciones en ecología agrícola, o que piensan dedicarse a esta disciplina en un futuro.

 

 

* Tomado de: Agroecology. Mc. Graw Hill Publishing Company. New York, 1990.

 
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Desarrollo por: Marco A. Martínez Farias