EL
CONCEPTO DE DESARROLLO SOSTENIBLE
Antes de iniciar una discusión sobre sistemas agropecuarios
sostenibles para contextos de economía campesina, es preciso
dejar en claro algunos de los puntos conceptuales más importantes
que permitan hacer la introducción a este tema, que sin duda
alguna será el centro de muchas polémicas en el futuro.
El término de Desarrollo Sostenible es parte de una corriente
del pensamiento occidental, relativamente reciente, sin profundas
preocupaciones éticas, ambientales, económica, políticas
y tecnológicas que está siendo incorporado rápidamente
en las agendas de los países, organizaciones no gubernamentales
y gremios político-económicos, tanto en los países
industrializados como de los subdesarrollados.
Sin embargo, sus raíces se nutren en gran medida en los
numerosos intentos nacidos para enfrentar los errores, deficiencias
e injusticias del sistema industrializado que se impuso en la postguerra:
desarrollo alternativo, desarrollo apropiado, desarrollo de base,
desarrollo integral, ecodesarrollo.
Quizás lo novedoso sea el esfuerzo por involucrar con más
precisión las variables ambientales como reguladoras de los
ya conocidos indicadores económicos y sociales.
La Comisión encargada de la elaboración del documento
de carácter universal denominado "Nuestro Futuro Común",
acuñó el término de Desarrollo Sostenible como
la "posibilidad de satisfacer las necesidades del presente
sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras"
(The World Comision on Environment and Development, 1987).
A partir de la demostración conceptual y científica
de que la especie humana comparte no sólo entre sí
misma, sino con los demás seres vivos y elementos abióticos,
un sistema planetario único completamente interrelacionado;
se hace un llamado dramático a cambiar el curso de los procesos
que están aceleradamente deteriorando la vida en su totalidad
presente y en su posibilidad de continuación futura.
Este mensaje comienza a ser escuchado e interpretado por las distintas
instancias de la sociedad mundial y los cambios conceptuales inician
el proceso de permeabilizar las decisiones políticas y económicas
que rigen un mundo dominando por un modelo industrial, monetarista,
consumista, dilapidador de recursos naturales y sin posibilidades
de repetirse ni sostenerse en el tiempo.
Como es de esperarse, la interpretación de los conceptos
es muy variable, según el grado de conciencia adquirida y
sobre todo, de los intereses puestos en juego.
Por esta razón, el Desarrollo Sostenible se vuele una discusión
compleja, heterogénea y llena de matices que van desde quienes
propugnan, con la fortaleza de sus posiciones privilegiadas, en
"hacer sostenible el desarrollo sin cambiar nada a fondo del
modelo económico dominante", hasta quienes esperan un
nuevo orden mundial basado en la justicia social, en la armonía
con la naturaleza y en el respeto al futuro.
Así, según la Organización de las naciones
Unidas para la alimentación y la Agricultura - FAO (Sancoucy,
1991) para el sector rural del mundo, "este desarrollo sostenible
(en agricultura, los sectores forestal y de pesca), conserva la
tierra, el agua, los recursos vegetales y animales, no degrada el
ambiente, es técnicamente aceptable, económicamente
viable y socialmente deseable".
Pero para el Instituto Interamericano de Cooperación para
la Agricultura IICA (Trigo, Kaimowitz y Flores, 1991) es sus "Estrategia
para el Desarrollo Sostenible", no es posible lograr el objetivo
enunciado por FAO si no se regulan el crecimiento económico
y el mercado de consumo, los dos paradigmas del desarrollo convencional,
por valores y acciones de equidad social y conservación de
los recursos naturales.
Con esto se demuestra la enorme brecha conceptual que separa el
Norte del Sur en torno a la sostenibilidad y que se manifiesta en
las reuniones preparatorias de la cumbre mundial sobre Medio Ambiente
y Desarrollo a realizarse en Brasil en 1992 (Informe de Colombia
a UNCED/92, 1991).
En el caso de las sociedades rurales del planeta, nada más
contrastante que la pr9opuesta del Norte sobre crecimiento cero
para sus agricultores subsidiados económica y energéticamente,
protegidos celosamente en los mercados mundiales; frente al campesinado
del tercer mundo, obligado a intervenir los ecosistemas naturales
más frágiles y biodiversos del planeta, que no puede
darse el lujo de reducir su producción debido al riesgo de
sucumbir, ya que se lucha es por la supervivencia física
antes que cualquier otra consideración.
Bien dice el IICA (Trigo et al, 1991) y tanto otros ambientalistas
del Tercer mundo (Patiño, 1991; Ange, 1991), que en el sur
la pobreza y el deterioro ambiental están ligados entre sí
y que la fragmentación de temas para su discusión
es no sólo artificial, sino alejada de la realidad; ya que
las políticas de desarrollo efectuadas hasta ahora en el
tercer mundo han sido antagónicas a los principios de sosteniblidad
de los recursos naturales y humanos, lo cual conduce el agotamiento
inexorable de los mismos.
Por esto, Desarrollo Sostenible será una concepción
diferente según el grupo de interés que se represente.
Aún dentro de un país como el nuestro, donde la agricultura
campesina subsiste a pesar de tener todo en su contra, los criterios
de sostenibilidad serán diferentes para la óptica
estatal influenciada por el Fondo Monetario Internacional y la apertura
hacia el mercado económico mundial, que para la sociedad
civil quien acompaña los procesos de las comunidades campesinas,
donde lo sostenible es la construcción de un modelo de vida
alternativo, que posibilite la convivencia pacífica de las
culturas con los procesos naturales y la demás formas de
vida que las acompañan y sustentan.
AMERICA LATINA Y EL DESARROLLO INSOSTENIBLE
La crisis socioeconómica y ambiental de nuestro continente
es la característica más notable de los últimos
años, de la cual los campesinos son uno de los sectores más
golpeados en la sociedad.
Según el IICA (Trigo et al. 1991), las causas más
importantes de la insostenibilidad del modelo cepalino de desarrollo
impuesto en nuestro continente son:
Los subsidios
al crecimiento industrial en detrimento de otros sectores especialmente
el agropecuario y el de los recursos naturales.
Las altas
tasas de crecimiento de la población que según el
Instituto del Tercer Mundo (1990) seguirá en aumento en los
próximos decenios.
La desigualdad
en el acceso y tenencia de la tierra.
Los programas
de colonización de las selvas como válvula de escape
del problema de la tenencia de la tierra sin ninguna consideración
ambiental.
Adicionalmente
se resaltan las amenazas adicionales que se tienden sobre el capital
ecológico de la región, debido a la presión
que trae la inmensa deuda externa y su imposibilidad de pago por
parte de la mayoría de los países.
No es de extrañar entonces que las consecuencias ambientales
sena realmente dramáticas:
Tasas de
deforestación extremadamente altas: 5 millones de há
anuales.
Procesos
de desertificación en avance: 70% de los ecosistemas secos
tropicales.
Erosión
avanzada en la zona andina y montañosa de América
Central. 40-60% de las tierras potencialmente cultivables.
La productividad
de muchas cuencas estratégicas para la seguridad alimentaria
está comprometida.
Crecientes
procesos de salinización y alcalinización en las mejores
tierras cultivables por mal uso del riego, la mecanización
y los agroquímicos.
Una de las
mayores tasas de consumo de agrotóxicos, muchos de ellos
comprometidos en problemas de salud humana (19 mil envenenamientos
entre 1971-76 en América Central) y deterioro de otras formas
de vida. Para el fin de este decenio se calcula para América
Latina un consumo de agrotóxicos por un costo de 3.97 billones
de dólares (Altieri y Yurjevic, 1991).
Frente a este panorama desolador, urge el replanteamiento completo
del modelo de desarrollo, el cual deberá darse tanto en los
planos políticos y macroeconómicos, como en los contextos
microregionales y locales especialmente de la sociedad rural, donde
las posibilidades de amortiguar los deteriores tienen más
posibilidades que en las grandes urbes latinoamericanas.
Todavía, nos recuerda el IICA (Trigo et al 1991), tenemos
ventajas comparativas que en un contexto diferente al predominantemente
extrativista, pueden ser la clave de nuestra sosteniblidad:
8,15% de
la población mundial
23% de las
tierras potencialmente cultivables del planeta
23% de los
bosques del mundo (con casi la mitad, 46%, de las selvas tropicales
del planeta)
31% de las
aguas de escorrentía, lo cual aportaría el 19% del
potencial hidroenergético de la tierra
Una de las
mayores fuentes de diversidad genética.
EL CONTEXTO COLOMBIANO
Colombia con 1.141.748 Km2. Posee únicamente el 0.77% de
la superficie emergida del planeta, pero aloja en ella cerca del
10% de las especies de plantas y animales terrestres (Higgins, 1991,
Informe de Colombia a UNCED/92, 1991), siendo considerado por esto
uno de los países de mayor diversidad biológica del
planeta; entendiéndose ésta como el total de plantas,
animales, micro-organismos al igual que los ecosistemas y procesos
ecológicos de los cuales forman parte (Samper, 1991).
Por otra parte, a pesar de todos los procesos de etnocidio, mestizaje
y deterioro cultural, sucedidos desde la conquista española
hasta nuestros días, el país todavía cuenta
con cerca de 80 etnias indígenas diferenciables, a las cuales
debe atribuirse en buena medida los procesos de domesticación
de plantas silvestres y la generación de sistemas de producción
apropiadas a ecosistemas de gran fragilidad (Mejía, 1991);
es decir sistemas sostenibles según nuestra concepción
occidental; algunos de los cuales han sido heredados por campesinos
y colonos de las regiones de la "frontera agrícola".
Sin embargo, la enorme riqueza biológica y cultural, base
de la sostenibilidad, ha tenido en el afán de progreso de
la sociedad de su principal enemigo y las amenazas son similares
a las de otros países de América Latina:
La población
del país (cerca de 33 millones) pasó en veinte años
a ser predominantemente urbana; 70% (Informe de Colombia a UNCED/92,
1991), hecho que trae enormes problemas sociales, económicos
y ambientales.
La deforestación
sigue siendo el más importante problema ecológico
con un ritmo de entre 360 y 600.000 ha/año según el
Departamento Nacional de Planeación (1991) y 820.000 según
el World Resources Institute (1987).
La erosión
según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi
IGAC (1988) llega al 49% del territorio nacional y el 86% de la
zona andina presenta algún grado de la misma.
Más
de 1000 especies de plantas se encuentran amenazadas con la extinción
(Departamento Nacional de Planeación, 1991) así como
un número creciente de animales.
El sistema
hídrico nacional, el cuarto del mundo en disponibilidad de
agua dulce (59 lt/seg/km2), está seriamente amenazado por
la intervención de ecosistemas claves para su regulación:
páramos, bosques de niebla andinos, ríos, sistemas
de humedales (Departamento Nacional de Planeación, 1991).
La acidificación
de suelos a causa de los fertilizantes químicos es especialmente
notoria en la región cafetera y a causa de la deforestación
en la Amazonía (Departamento Nacional de Planeación,
1991). En 1989 la agricultura del país consumió cerca
de 550.000 toneladas de abonos químicos la mayoría
importados, superando la tasa mundial de incremento de ventas de
los mismos en un lapso de 9 años (Guerrero, 1991).
El mercado
de plaguicidas para la agricultura empresaria y campesina colombiana
presenta en la actualidad 652 productos distintos con consumos que
en 1978 superaban las 16.000 toneladas métricas (Vergara,
1991) y con intoxicaciones crónicas, la contaminación
de alimentos y productos agropecuarios y consumiendo aún
productos prohibidos en los países desarrollados, como el
DDT usado por el Ministerio de Salud en las campañas antimaláricas.
Con esta realidad cuya tendencia es de incremento vertiginoso, la
sociedad colombiana está soportada por una débil estructura
que se hunde cada vez que empobrece sus ecosistemas, su diversidad
biológica y su riqueza cultural.
Son en la integración de estos últimos, donde es
posible plantear la sostenibilidad en el mediado y aún en
el inmediato plazo; porque todavía es uno de los países
de mayor variedad de frutas tropicales, leguminosas rastreras y
arbóreas, plantas útiles no convencionales, palmas,
mamíferos, peces, anfibios, plantas ornamentales, maderas
finas, flora medicinal, ecosistemas, agroecosistemas y etnias (Mejía,
1991; Higgins, 1991; Informe de Colombia a UNCE/92, 1991).
LA CONSTRUCCION DE
SISTEMAS SOSTENIBLES DE PRODUCCION AGROPECUARIA PARA CAMPESINOS
El mayor número de ejemplos sistémicos o de elementos
de apropiación tecnológica que encaje en los raciocinios
de la sostenibilidad, se encuentran en las comunidades indígenas
y campesinas aisladas geográficamente de los mercados de
consumo; en donde la estrecha relación de dependencia con
el ecosistema es el motor para la elaboración de formas culturales
con alta dependencia de una naturaleza diversa (Andrade, 1990; Jaramillo
y Acosta, 1991; Rodríguez y Van de Hammen, 1990).
Allí el respecto a los procesos ecológicos esenciales
no es una elaboración del pensamiento "científico",
sino una dinámica de supervivencia a través del ensayo-error
y transmitida de generación en generación en las tradiciones
orales e involucradas en su consmovisión.
Es así como, con una visión más integral,
en los últimos tiempos se ha podido comprender la importancia
de los sistemas de aprehensión de los recursos naturales
por parte de las comunidades indígenas amazónicas
o chocoanas y el papel que juegan los sistemas productivos autosostenibles
en el tiempo, la domesticación de plantas y animales y la
extracción selectiva de recursos naturales con posibilidades
de reposición; todo en un marco en donde lo técnico
está supeditado a lo simbólico y es preciso atender
mejor las consideraciones socio-culturales para interpretar los
modelos de uso del ecosistema (Mejía, 1991; Rodríguez
y van der Hammen, 1990).
Pero aunque es mucho lo que se debe aprender de estas comunidades,
a realidad de gran parte del mundo campesino está en un mundo
diferente, debido a su ubicación geográfica, a su
inserción creciente en los mercados monetarizados de las
ciudades, a la tenencia de la tierra, a la presión de los
medios de comunicación y a la presencia permanente de agentes
externos que crean nuevas necesidades y por lo tanto nuevos desafíos.
En estos contextos, son más los factores exógenos
quienes determinan en el mundo campesino las crecientes presiones
hacia la transformación de los hábitats naturales:
incremento de la demanda de alimentos de la ciudad, deficiencias
en los sistemas de producción inducidos (revolución
verde), consumo de energía fósil en los procesos productivos,
patrones de consumo (a nivel macro y microregional) y sobre todo,
la valoración inadecuada de los recursos naturales (Samper,
1991).
Si a lo anterior se añaden las constantes tensiones por
la tenencia de la tierra o el dominio político-económico
local, la resultante es el denominado "Círculo Vicioso
de la pobreza rural" (Figura 1), en donde el crecimiento demográfico
en desigualdad de oportunidades para el acceso a las necesidades
básicas crea una creciente explotación de los recursos
naturales, la cual apoyada en mecanismos tecnológicos inapropiados
genera mayor degradación ambiental (deforestación,
erosión, contaminación), la cual a su vez estimulará
válvulas de escape transitorias como emigración, ampliación
de la frontera agrícola, violencia y en últimas reproducirá
la pobreza cada vez sin mayores posibilidades de escapar al proceso.
Ante esta perspectiva, la construcción de sistemas sostenibles
de producción campesina deberá utilizar creativamente
los elementos de las cultura ancestrales, la propia iniciativa campesina
y los desarrollos de la ciencia occidental pero en forma crítica
y selectiva. Se trata realmente de una creación colectiva
y no, como se ha creído desde el estado, en una "transferencia
tecnológica" (léase imposición).
Para que esto suceda, se debe aceptar las particularidades de la
economía campesina, basada en la fuerza familiar, los lazos
de solidaridad y su propia lógica (Forero, 1991).
Los puntos claves para buscar el mejoramiento de la calidad de
vida serían la nutrición por la vía del autoconsumo,
la capacitación y la generación de oportunidades de
trabajo especialmente para jóvenes y mujeres; el incremento
de ingresos en una economía multiactiva y diversa; la utilización
eficiente de los recursos locales (naturales y humanos); el acceso
a tierra, los créditos selectivos y de estímulo a
actividades de armonía con la naturaleza; al finalización
del subsidio a los insumos de la dependencia (agroquímicos,
concentrados, semillas "mejoradas"); el acceso a tecnologías
apropiadas localmente y las oportunidades para una comercialización
equitativa (Aguilar, 1991).
Las opciones en busca de la sostenibilidad campesina se mueven
entonces en dirección opuesta a la concepción tradicional
de los programas de desarrollo rural impuestos por la banca internacional,
tal como lo resume Mario Mejía (1991) en su llamado a la
acción por los recursos genéticos locales:
Heteredoxia
transformadora versus ortodoxia modernizante.
Policultivos
versus monocultivos.
Seguridad
alimentaria local versus productividad.
Agricultura
biológica versus agricultura química.
Semillas
domésticas locales versus semillas patentadas.
Autogestión
tecnológica versus monopolios de la ciencia.
Numerosos son los trabajos que se están iniciando en los
sectores campesinos, la sociedad civil, el sector empresarial mediado
y tímidamente en las instituciones estatales, para romper
los mitos de la revolución verde; en la búsqueda de
una agropecuaria más racional, económica y saludable:
agricultura orgánica, manejos culturales y biológicos
de plagas, enfermedades y malezas; reciclaje de nutrientes, generación
de biomasa a partir de la energía solar, fraccionamiento
de la misma en alimentos y combustibles renovables, producción
animal sostenible en base a recursos locales, etc. (Preston, 1990;
Praguer, 1991; Patriquin, 1991; Altieri y Yurjevic, 1991).
En el campo de la lógica productiva para ecosistemas frágiles
como las laderas andinas y el bosque húmedo tropical, un
punto fundamental es la materia orgánica y su economía
que va desde el diseño mismo de los sistemas agrícolas,
lo resumido por Carlos Arango (1991):
Agricultura con árboles: sombríos, multiestratos,
agroforestales, silvopastoriles, rodales puros.
Reciclaje de biomasa: abonos verdes, incorporación de residuos,
compostización, humidificación (lombricultura y otros).
Priorización de la biología de suelos y la materia
orgánica sobre la concepción química de la
fertilidad como patrón dominante.
Para los sistemas pecuarios, urgen propuestas alternativas al pastoreo
extensivo, causante de la deforestación y el cual en la actualidad
ocupa más área de la que puede utilizar según
la vocación de los ecosistemas, tal como lo demuestra el
IGAG 1988 (Figura 2).
Este sistema no sólo es ineficiente en términos biológicos,
sino que degrada suelos frágiles en los Andes y la Amazonía
(Murgueitio, 1990) su rentabilidad social está cuestionada
por el mínimos empleo que genera, menos de 10 jornales/ha/año
(Forero, 1991) y sobre todo porque en las zonas de frontera agrícola
es la herramienta utilizada por el crecimiento del latifundio que
origina serias tensiones sociales (Fajardo, 1989 y Molano, 1990).
La propuesta de Preston (1988) de utilizar el mayor recurso del
trópico, la energía solar, a través de su captación
por plantas eficientes en su conversión en biomasa, como
la caña de azúcar para su posterior transformación
en productos animales, ha sido implementada en Colombia con éxito
en distintas regiones acompañada de otros dos elementos complementarios:
los árboles forrajeros y plantas acuáticas.
El rendimiento biológico es muy superior al de las gramíneas
de pastoreo y permitiría concentrar las actividades en áreas
más pequeñas, mantener la fertilidad del suelo y ofrecer
un ciclo cerrado de nutrientes, algo indispensable para el pequeño
productor.
Cuadro 1
Criterios de Sostenibilidad Aplicados a 3 Elementos de una Propuesta
Alternativa a la Ganadería Extensiva (Preseton, 1991)
| CRITERIO DE SOSTENIBILIDAD |
CAÑA DE AZUCAR |
ARBOLES FORRAJEROS |
PLANTAS ACUATICAS |
| Alto rendimiento natural |
si |
si |
si |
| Perennes |
si |
si |
no |
| Insumos bajos |
si |
si |
si |
| Impide la erosión |
si |
si |
no |
| Fija nitrógeno atmosférico |
si* |
si |
si |
| Descontamina aguas servidas |
? |
? |
si |
| Fuente de carbhohidratos |
si |
no |
no |
| Fuente de proteínas |
no |
si |
si |
| Fuente de combustible renovable |
si |
si |
no |
(*) En la hojarazca
Analizado con criterios de sosteniblidad, el Cuadro 1 resume las
bondades de los tres cultivos.
Para las regiones de frontera agrícola, zonas de colonización
de la selva, donde el ecosistema, la cultura y las condiciones económicas
lo permitan, el modelo basado en estas plantas transformadas en
carne de porcinos y ovinos de pelo o bovinos doble propósito
confinados, podría combinarse con formas de extracción
selectiva de algunos productos de la selva, favoreciendo la no intervención
de gran parte de la misma (Figura 3).
La información técnica desarrollada en trabajos de
CIPA V en el Valle del Cauca, permite demostrar el potencial de
este sistema que llega a producir 5.370 kilos de carne, superando
ampliamente al pastoreo intensivo de alta carga animal, cinco veces
superior al que tiene el promedio nacional (Espinel, R. y Díaz,
F. 1991) (Cuadro 2).
Cuadro 2
Producción de Carne/ha/año con Caña de Azúcar
Integral y Pastoreo Intensivo en Pasto Estrella
(Espinel y Díaz, 1991)
| Distancia/
|
ton de caña integral |
Kg carne porcina |
Kg carne ovina |
|
Total (kg/ha/año) |
| *Variedad PR6132 1 Corte
|
| 1,5 m |
238 |
5454 + |
2200 |
= |
7654 |
| 0,75 m |
261 |
5182 + |
3200 |
= |
8382 |
| *Variedad Mayaguez Col
2 corte
|
| 1,5 m |
112 |
2345 + |
1240 |
= |
3585 |
| 1,0 m |
145 |
3163 + |
1680 |
= |
4843 |
| 0,75 m |
149 |
3163 + |
2000 |
= |
5163 |
(*) Pasto estrella con riego, rotación y fertilización
El sistema funciona teniendo a la caña como base de la conversión
energética y haciendo uso de los árboles forrajeros
y las plantas acuáticas, como fuentes de proteína
de sustitución parcial para cerdos y novillos. Cantidades
limitadas de miel/urea, harina de arroz y soya son requeridas y
pueden ser el limitante en muchas regiones, aunque los parámetros
productivos dan un amplio margen para ser reducidos en aras de minimizar
más dichos insumos estratégicos.
A pesar de lo anterior, la eficiencia de producción de biomasa
con la caña es todavía superior a lo conocido comúnmente
en explotaciones de azúcar o panela. En efecto, incrementando
la densidad de siembra y utilizando abonos orgánicos, es
posible incrementar todavía más el potencial de producción
de carne/unidad de superficie (Cuadro 3).
Cuadro 3
Potencial de Producción de Carne Porcina y Ovina con Caña
de
Azúcar en Tres Distancias y dos Variedades
(Murgueito, E., 1990)
| Distancia/
|
ton de caña integral |
Kg carne porcina |
Kg carne ovina |
|
Total (kg/ha/año) |
| *Variedad PR6132 1 Corte
|
| 1,5 m |
238 |
5454 + |
2200 |
= |
7654 |
| 0,75 m |
261 |
5182 + |
3200 |
= |
8382 |
| *Variedad Mayaguez Col
2 corte
|
| 1,5 m |
112 |
2345 + |
1240 |
= |
3585 |
| 1,0 m |
145 |
3163 + |
1680 |
= |
4843 |
| 0,75 m |
149 |
3163 + |
2000 |
= |
5163 |
El modelo puede ser más complejo aún, cuando se integran
otras actividades, especialmente en el reciclaje de nutrientes (lombrices,
compost) y la generación de energéticos renovables como
biogas y leña (Preston, T. 1990) (Figura 4).
Esta actividad favorece en buena medida las unidades familiares,
ya que las explotaciones comerciales grandes tenderían a
la mecanización, para lo cual no existen desarrollos importantes
y requerirían inversiones iniciales notables: algo que la
mayoría de los ganaderos ausentistas no están dispuestos
a realizar.
Los sistemas tecnológicos para pequeños agricultores
pueden tener otras ventajas comparativas, en la medida que la investigación
realizada con ellos avanza. Este es el caso de la producción
de proteína foliar de árboles forrajeros como el nacedero
(Trichantera gigantea), una especie originaria de los Andes del
norte, presente en muchas zonas campesinas de ladera en Colombia
y con un potencial que supera a la soya en términos de proteína
total por su alta producción de biomasa, lo cual permite
reforzar sistemas de producción animal con recursos locales
(Sarria et a. 1991) (Ver Cuadro 4).
Cuadro 4
Producción Comparada de Proteína de Soya y Nacedero
(Trichantera gigantea) (Gómez, 1990)
|
|
Soya (FAO 87)
|
Nacedero
|
|
(Ton/ha/año)
|
|
Materia fresca
|
- |
36.3
|
|
Materia seca
|
1.7 |
8.0
|
|
Proteína (N x 6.25)
|
1.5 |
0.72
|
|
Costo de 1 kg proteína
|
US$ 0.90
|
US$ 0.58
|
Algo similar sucede con especies animales que pueden tener una mejor
función en sistemas campesinos, como los cuyes (Cavia porcellus)
y rumiantes menores como los ovinos de pelo (pelibuey, camuro, africano),
especie que tiene una enorme capacidad de adaptación a sistemas
integrados de cultivos-animales; está en capacidad de alimentarse
de "malezas", su pequeño tamaño permite el
autoconsumo familiar y donde se alimenta un novillo, es posible tener
10 ovejas con mejor conversión en carne (Amaya, 1989; Mejía,
et al, 1990; Perón et al. 1991).
MENSAJE FINAL
Los sistemas productivos son componentes fundamentales de cualquier
cultura. Sin embargo, no puede olvidarse que éstos son afectados
por situaciones de economía y políticas regionales,
nacionales e internacionales.
En la búsqueda de la sosteniblidad, los sistemas productivos
son una buena herramienta incluso de organización de las
comunidades locales, pero hay que insistir en que la tecnología
aislada del resto de los contextos no funciona por saludable que
ésta sea.
De ahí la importancia de la ejecución de proyectos
integrales en los cuales se tengan en cuenta consideraciones hasta
el momento poco respetadas, pero que juegan un papel decisivo en
el éxito o el fracaso de los mismos.
Brindlye, (1991), después de una revisión de diferentes
proyectos de desarrollo campesino en Africa, termina proponiendo
un decálogo para proyectos de Desarrollo Sostenible, que
compartimos y aspiramos que sirva de guía para quienes están
comprometidos, aunque en la práctica no seamos tan perfectos
para cumplirlos a la perfección:
Consulta y hace consenso con la comunidad local sobre los problemas
y sus soluciones antes de iniciar acciones.
Proyectos pequeños y flexibles.
Dejar que los beneficiarios tomen sus decisiones in imponerlas.
Buscar soluciones reproducibles muchas veces, pero respetando las
diferencias locales.
Instruir y capacitar a todo nivel, pero con más énfasis
en grupos vulnerables como mujeres y jóvenes campesinos.
Usar el mínimo de insumos externos para bajar la dependencia
y aumentar la estabilidad local.
Partir de lo que la gente hace bien y potencializar esas iniciativas
locales.
Evaluar los cambios propuestos en términos económicos,
sociales, culturales y ambientales.
Considerar tanto los objetivos propuestos como los insumos requeridos.
Mantener y mejorar la calidad de vida de la gente más pobre
en forma simultánea a las acciones para mejorar el ambiente.
Finalmente, hago extensivo este llamado de René Sancoucy
(1991) oficial de la FAO, Dirección de Producción
y Sanidad Animal, quien promueve en el tercer mundo sistemas tecnológicos
alternativos:
"El desarrollo Sostenible está de moda, todo el mundo
habla de él; muchas palabras, muchos papeles, muchas reuniones
pero lo que necesitamos son ACCIONES, EJEMPLOS PRACTICOS, PROYECTOS
DE CAMPO Y APLICAR LO QUE RECOMENDAMOS".
REFERENCIAS:
Aguilar, José A. 1991. Las Organizaciones No Gubernamentales
y el Desarrollo Sostenible. En: II Seminario Taller Internacional
sobre Sistemas Agropecuarios Sostenibles y Desarrollo Rural para
el Trópico. En prensa. CIPA V Cali, Colombia.
Altieri, M.A. y Yurjevic, A. 1991. La Agroecología y el
Desarrollo Rural Sostenible en América Latina. En: Agroecología
y Desarrollo. Consorcio Latinoamericano sobre Agroecología
y Desarrollo - CLADES. Año 1 N° 1 pp. 27, Santiago, Chile.
Amaya, Silvia. 1989. Caracterización de sistemas de producción
de ovinos de pelo en el Valle del Cauca. En: Informe de Investigaciones
CIPA V II Semestre 1989. Cali, Colombia.
Andrade, Angela. 1990. Sistemas agrícolas tradicionales
en el Medio Río Caquetá. En: La Selva Humanizada.
Ecología alternativa en el trópico húmedo colombiano.
Editor Francois Correa. Instituto Colombiano de Antropología,
Fondo FEN Colombia, Fondo Editorial CEREC, p. 59-81, Santa Fé
de Bogotá, Colombia.
Angel, M. Augusto. 1991. Los ricos pobres y los pobres ricos. Cumbre
Brasil 92. En: Revista Ecológica N° 7 marzo-abril-mayo
1991 pp. 20-29. Santa Fé de Bogotá, Colombia.
Arango, Carlos. 1991. Agroecología, alternativa para ecosistemas
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