Sistemas sostenibles de producción agropecuaria para campesinos
Enrique Murgueito R. - CIPAV, Cali-Colombia
volver Nº 2-3
EL CONCEPTO DE DESARROLLO SOSTENIBLE

Antes de iniciar una discusión sobre sistemas agropecuarios sostenibles para contextos de economía campesina, es preciso dejar en claro algunos de los puntos conceptuales más importantes que permitan hacer la introducción a este tema, que sin duda alguna será el centro de muchas polémicas en el futuro.

El término de Desarrollo Sostenible es parte de una corriente del pensamiento occidental, relativamente reciente, sin profundas preocupaciones éticas, ambientales, económica, políticas y tecnológicas que está siendo incorporado rápidamente en las agendas de los países, organizaciones no gubernamentales y gremios político-económicos, tanto en los países industrializados como de los subdesarrollados.

Sin embargo, sus raíces se nutren en gran medida en los numerosos intentos nacidos para enfrentar los errores, deficiencias e injusticias del sistema industrializado que se impuso en la postguerra: desarrollo alternativo, desarrollo apropiado, desarrollo de base, desarrollo integral, ecodesarrollo.

Quizás lo novedoso sea el esfuerzo por involucrar con más precisión las variables ambientales como reguladoras de los ya conocidos indicadores económicos y sociales.

La Comisión encargada de la elaboración del documento de carácter universal denominado "Nuestro Futuro Común", acuñó el término de Desarrollo Sostenible como la "posibilidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras" (The World Comision on Environment and Development, 1987).

A partir de la demostración conceptual y científica de que la especie humana comparte no sólo entre sí misma, sino con los demás seres vivos y elementos abióticos, un sistema planetario único completamente interrelacionado; se hace un llamado dramático a cambiar el curso de los procesos que están aceleradamente deteriorando la vida en su totalidad presente y en su posibilidad de continuación futura.

Este mensaje comienza a ser escuchado e interpretado por las distintas instancias de la sociedad mundial y los cambios conceptuales inician el proceso de permeabilizar las decisiones políticas y económicas que rigen un mundo dominando por un modelo industrial, monetarista, consumista, dilapidador de recursos naturales y sin posibilidades de repetirse ni sostenerse en el tiempo.

Como es de esperarse, la interpretación de los conceptos es muy variable, según el grado de conciencia adquirida y sobre todo, de los intereses puestos en juego.

Por esta razón, el Desarrollo Sostenible se vuele una discusión compleja, heterogénea y llena de matices que van desde quienes propugnan, con la fortaleza de sus posiciones privilegiadas, en "hacer sostenible el desarrollo sin cambiar nada a fondo del modelo económico dominante", hasta quienes esperan un nuevo orden mundial basado en la justicia social, en la armonía con la naturaleza y en el respeto al futuro.

Así, según la Organización de las naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura - FAO (Sancoucy, 1991) para el sector rural del mundo, "este desarrollo sostenible (en agricultura, los sectores forestal y de pesca), conserva la tierra, el agua, los recursos vegetales y animales, no degrada el ambiente, es técnicamente aceptable, económicamente viable y socialmente deseable".

Pero para el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA (Trigo, Kaimowitz y Flores, 1991) es sus "Estrategia para el Desarrollo Sostenible", no es posible lograr el objetivo enunciado por FAO si no se regulan el crecimiento económico y el mercado de consumo, los dos paradigmas del desarrollo convencional, por valores y acciones de equidad social y conservación de los recursos naturales.

Con esto se demuestra la enorme brecha conceptual que separa el Norte del Sur en torno a la sostenibilidad y que se manifiesta en las reuniones preparatorias de la cumbre mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo a realizarse en Brasil en 1992 (Informe de Colombia a UNCED/92, 1991).

En el caso de las sociedades rurales del planeta, nada más contrastante que la pr9opuesta del Norte sobre crecimiento cero para sus agricultores subsidiados económica y energéticamente, protegidos celosamente en los mercados mundiales; frente al campesinado del tercer mundo, obligado a intervenir los ecosistemas naturales más frágiles y biodiversos del planeta, que no puede darse el lujo de reducir su producción debido al riesgo de sucumbir, ya que se lucha es por la supervivencia física antes que cualquier otra consideración.

Bien dice el IICA (Trigo et al, 1991) y tanto otros ambientalistas del Tercer mundo (Patiño, 1991; Ange, 1991), que en el sur la pobreza y el deterioro ambiental están ligados entre sí y que la fragmentación de temas para su discusión es no sólo artificial, sino alejada de la realidad; ya que las políticas de desarrollo efectuadas hasta ahora en el tercer mundo han sido antagónicas a los principios de sosteniblidad de los recursos naturales y humanos, lo cual conduce el agotamiento inexorable de los mismos.

Por esto, Desarrollo Sostenible será una concepción diferente según el grupo de interés que se represente.

Aún dentro de un país como el nuestro, donde la agricultura campesina subsiste a pesar de tener todo en su contra, los criterios de sostenibilidad serán diferentes para la óptica estatal influenciada por el Fondo Monetario Internacional y la apertura hacia el mercado económico mundial, que para la sociedad civil quien acompaña los procesos de las comunidades campesinas, donde lo sostenible es la construcción de un modelo de vida alternativo, que posibilite la convivencia pacífica de las culturas con los procesos naturales y la demás formas de vida que las acompañan y sustentan.

AMERICA LATINA Y EL DESARROLLO INSOSTENIBLE

La crisis socioeconómica y ambiental de nuestro continente es la característica más notable de los últimos años, de la cual los campesinos son uno de los sectores más golpeados en la sociedad.

Según el IICA (Trigo et al. 1991), las causas más importantes de la insostenibilidad del modelo cepalino de desarrollo impuesto en nuestro continente son:

Los subsidios al crecimiento industrial en detrimento de otros sectores especialmente el agropecuario y el de los recursos naturales.
Las altas tasas de crecimiento de la población que según el Instituto del Tercer Mundo (1990) seguirá en aumento en los próximos decenios.
La desigualdad en el acceso y tenencia de la tierra.
Los programas de colonización de las selvas como válvula de escape del problema de la tenencia de la tierra sin ninguna consideración ambiental.
Adicionalmente se resaltan las amenazas adicionales que se tienden sobre el capital ecológico de la región, debido a la presión que trae la inmensa deuda externa y su imposibilidad de pago por parte de la mayoría de los países.

No es de extrañar entonces que las consecuencias ambientales sena realmente dramáticas:

Tasas de deforestación extremadamente altas: 5 millones de há anuales.
Procesos de desertificación en avance: 70% de los ecosistemas secos tropicales.
Erosión avanzada en la zona andina y montañosa de América Central. 40-60% de las tierras potencialmente cultivables.
La productividad de muchas cuencas estratégicas para la seguridad alimentaria está comprometida.
Crecientes procesos de salinización y alcalinización en las mejores tierras cultivables por mal uso del riego, la mecanización y los agroquímicos.
Una de las mayores tasas de consumo de agrotóxicos, muchos de ellos comprometidos en problemas de salud humana (19 mil envenenamientos entre 1971-76 en América Central) y deterioro de otras formas de vida. Para el fin de este decenio se calcula para América Latina un consumo de agrotóxicos por un costo de 3.97 billones de dólares (Altieri y Yurjevic, 1991).

Frente a este panorama desolador, urge el replanteamiento completo del modelo de desarrollo, el cual deberá darse tanto en los planos políticos y macroeconómicos, como en los contextos microregionales y locales especialmente de la sociedad rural, donde las posibilidades de amortiguar los deteriores tienen más posibilidades que en las grandes urbes latinoamericanas.

Todavía, nos recuerda el IICA (Trigo et al 1991), tenemos ventajas comparativas que en un contexto diferente al predominantemente extrativista, pueden ser la clave de nuestra sosteniblidad:

8,15% de la población mundial
23% de las tierras potencialmente cultivables del planeta
23% de los bosques del mundo (con casi la mitad, 46%, de las selvas tropicales del planeta)
31% de las aguas de escorrentía, lo cual aportaría el 19% del potencial hidroenergético de la tierra
Una de las mayores fuentes de diversidad genética.

EL CONTEXTO COLOMBIANO


Colombia con 1.141.748 Km2. Posee únicamente el 0.77% de la superficie emergida del planeta, pero aloja en ella cerca del 10% de las especies de plantas y animales terrestres (Higgins, 1991, Informe de Colombia a UNCED/92, 1991), siendo considerado por esto uno de los países de mayor diversidad biológica del planeta; entendiéndose ésta como el total de plantas, animales, micro-organismos al igual que los ecosistemas y procesos ecológicos de los cuales forman parte (Samper, 1991).

Por otra parte, a pesar de todos los procesos de etnocidio, mestizaje y deterioro cultural, sucedidos desde la conquista española hasta nuestros días, el país todavía cuenta con cerca de 80 etnias indígenas diferenciables, a las cuales debe atribuirse en buena medida los procesos de domesticación de plantas silvestres y la generación de sistemas de producción apropiadas a ecosistemas de gran fragilidad (Mejía, 1991); es decir sistemas sostenibles según nuestra concepción occidental; algunos de los cuales han sido heredados por campesinos y colonos de las regiones de la "frontera agrícola".

Sin embargo, la enorme riqueza biológica y cultural, base de la sostenibilidad, ha tenido en el afán de progreso de la sociedad de su principal enemigo y las amenazas son similares a las de otros países de América Latina:

La población del país (cerca de 33 millones) pasó en veinte años a ser predominantemente urbana; 70% (Informe de Colombia a UNCED/92, 1991), hecho que trae enormes problemas sociales, económicos y ambientales.
La deforestación sigue siendo el más importante problema ecológico con un ritmo de entre 360 y 600.000 ha/año según el Departamento Nacional de Planeación (1991) y 820.000 según el World Resources Institute (1987).
La erosión según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi IGAC (1988) llega al 49% del territorio nacional y el 86% de la zona andina presenta algún grado de la misma.
Más de 1000 especies de plantas se encuentran amenazadas con la extinción (Departamento Nacional de Planeación, 1991) así como un número creciente de animales.
El sistema hídrico nacional, el cuarto del mundo en disponibilidad de agua dulce (59 lt/seg/km2), está seriamente amenazado por la intervención de ecosistemas claves para su regulación: páramos, bosques de niebla andinos, ríos, sistemas de humedales (Departamento Nacional de Planeación, 1991).
La acidificación de suelos a causa de los fertilizantes químicos es especialmente notoria en la región cafetera y a causa de la deforestación en la Amazonía (Departamento Nacional de Planeación, 1991). En 1989 la agricultura del país consumió cerca de 550.000 toneladas de abonos químicos la mayoría importados, superando la tasa mundial de incremento de ventas de los mismos en un lapso de 9 años (Guerrero, 1991).
El mercado de plaguicidas para la agricultura empresaria y campesina colombiana presenta en la actualidad 652 productos distintos con consumos que en 1978 superaban las 16.000 toneladas métricas (Vergara, 1991) y con intoxicaciones crónicas, la contaminación de alimentos y productos agropecuarios y consumiendo aún productos prohibidos en los países desarrollados, como el DDT usado por el Ministerio de Salud en las campañas antimaláricas.

Con esta realidad cuya tendencia es de incremento vertiginoso, la sociedad colombiana está soportada por una débil estructura que se hunde cada vez que empobrece sus ecosistemas, su diversidad biológica y su riqueza cultural.

Son en la integración de estos últimos, donde es posible plantear la sostenibilidad en el mediado y aún en el inmediato plazo; porque todavía es uno de los países de mayor variedad de frutas tropicales, leguminosas rastreras y arbóreas, plantas útiles no convencionales, palmas, mamíferos, peces, anfibios, plantas ornamentales, maderas finas, flora medicinal, ecosistemas, agroecosistemas y etnias (Mejía, 1991; Higgins, 1991; Informe de Colombia a UNCE/92, 1991).

LA CONSTRUCCION DE SISTEMAS SOSTENIBLES DE PRODUCCION AGROPECUARIA PARA CAMPESINOS

El mayor número de ejemplos sistémicos o de elementos de apropiación tecnológica que encaje en los raciocinios de la sostenibilidad, se encuentran en las comunidades indígenas y campesinas aisladas geográficamente de los mercados de consumo; en donde la estrecha relación de dependencia con el ecosistema es el motor para la elaboración de formas culturales con alta dependencia de una naturaleza diversa (Andrade, 1990; Jaramillo y Acosta, 1991; Rodríguez y Van de Hammen, 1990).

Allí el respecto a los procesos ecológicos esenciales no es una elaboración del pensamiento "científico", sino una dinámica de supervivencia a través del ensayo-error y transmitida de generación en generación en las tradiciones orales e involucradas en su consmovisión.

Es así como, con una visión más integral, en los últimos tiempos se ha podido comprender la importancia de los sistemas de aprehensión de los recursos naturales por parte de las comunidades indígenas amazónicas o chocoanas y el papel que juegan los sistemas productivos autosostenibles en el tiempo, la domesticación de plantas y animales y la extracción selectiva de recursos naturales con posibilidades de reposición; todo en un marco en donde lo técnico está supeditado a lo simbólico y es preciso atender mejor las consideraciones socio-culturales para interpretar los modelos de uso del ecosistema (Mejía, 1991; Rodríguez y van der Hammen, 1990).

Pero aunque es mucho lo que se debe aprender de estas comunidades, a realidad de gran parte del mundo campesino está en un mundo diferente, debido a su ubicación geográfica, a su inserción creciente en los mercados monetarizados de las ciudades, a la tenencia de la tierra, a la presión de los medios de comunicación y a la presencia permanente de agentes externos que crean nuevas necesidades y por lo tanto nuevos desafíos.

En estos contextos, son más los factores exógenos quienes determinan en el mundo campesino las crecientes presiones hacia la transformación de los hábitats naturales: incremento de la demanda de alimentos de la ciudad, deficiencias en los sistemas de producción inducidos (revolución verde), consumo de energía fósil en los procesos productivos, patrones de consumo (a nivel macro y microregional) y sobre todo, la valoración inadecuada de los recursos naturales (Samper, 1991).

Si a lo anterior se añaden las constantes tensiones por la tenencia de la tierra o el dominio político-económico local, la resultante es el denominado "Círculo Vicioso de la pobreza rural" (Figura 1), en donde el crecimiento demográfico en desigualdad de oportunidades para el acceso a las necesidades básicas crea una creciente explotación de los recursos naturales, la cual apoyada en mecanismos tecnológicos inapropiados genera mayor degradación ambiental (deforestación, erosión, contaminación), la cual a su vez estimulará válvulas de escape transitorias como emigración, ampliación de la frontera agrícola, violencia y en últimas reproducirá la pobreza cada vez sin mayores posibilidades de escapar al proceso.

Ante esta perspectiva, la construcción de sistemas sostenibles de producción campesina deberá utilizar creativamente los elementos de las cultura ancestrales, la propia iniciativa campesina y los desarrollos de la ciencia occidental pero en forma crítica y selectiva. Se trata realmente de una creación colectiva y no, como se ha creído desde el estado, en una "transferencia tecnológica" (léase imposición).

Para que esto suceda, se debe aceptar las particularidades de la economía campesina, basada en la fuerza familiar, los lazos de solidaridad y su propia lógica (Forero, 1991).

Los puntos claves para buscar el mejoramiento de la calidad de vida serían la nutrición por la vía del autoconsumo, la capacitación y la generación de oportunidades de trabajo especialmente para jóvenes y mujeres; el incremento de ingresos en una economía multiactiva y diversa; la utilización eficiente de los recursos locales (naturales y humanos); el acceso a tierra, los créditos selectivos y de estímulo a actividades de armonía con la naturaleza; al finalización del subsidio a los insumos de la dependencia (agroquímicos, concentrados, semillas "mejoradas"); el acceso a tecnologías apropiadas localmente y las oportunidades para una comercialización equitativa (Aguilar, 1991).

Las opciones en busca de la sostenibilidad campesina se mueven entonces en dirección opuesta a la concepción tradicional de los programas de desarrollo rural impuestos por la banca internacional, tal como lo resume Mario Mejía (1991) en su llamado a la acción por los recursos genéticos locales:

Heteredoxia transformadora versus ortodoxia modernizante.
Policultivos versus monocultivos.
Seguridad alimentaria local versus productividad.
Agricultura biológica versus agricultura química.
Semillas domésticas locales versus semillas patentadas.
Autogestión tecnológica versus monopolios de la ciencia.





Numerosos son los trabajos que se están iniciando en los sectores campesinos, la sociedad civil, el sector empresarial mediado y tímidamente en las instituciones estatales, para romper los mitos de la revolución verde; en la búsqueda de una agropecuaria más racional, económica y saludable: agricultura orgánica, manejos culturales y biológicos de plagas, enfermedades y malezas; reciclaje de nutrientes, generación de biomasa a partir de la energía solar, fraccionamiento de la misma en alimentos y combustibles renovables, producción animal sostenible en base a recursos locales, etc. (Preston, 1990; Praguer, 1991; Patriquin, 1991; Altieri y Yurjevic, 1991).

En el campo de la lógica productiva para ecosistemas frágiles como las laderas andinas y el bosque húmedo tropical, un punto fundamental es la materia orgánica y su economía que va desde el diseño mismo de los sistemas agrícolas, lo resumido por Carlos Arango (1991):

Agricultura con árboles: sombríos, multiestratos, agroforestales, silvopastoriles, rodales puros.
Reciclaje de biomasa: abonos verdes, incorporación de residuos, compostización, humidificación (lombricultura y otros).
Priorización de la biología de suelos y la materia orgánica sobre la concepción química de la fertilidad como patrón dominante.
Para los sistemas pecuarios, urgen propuestas alternativas al pastoreo extensivo, causante de la deforestación y el cual en la actualidad ocupa más área de la que puede utilizar según la vocación de los ecosistemas, tal como lo demuestra el IGAG 1988 (Figura 2).

Este sistema no sólo es ineficiente en términos biológicos, sino que degrada suelos frágiles en los Andes y la Amazonía (Murgueitio, 1990) su rentabilidad social está cuestionada por el mínimos empleo que genera, menos de 10 jornales/ha/año (Forero, 1991) y sobre todo porque en las zonas de frontera agrícola es la herramienta utilizada por el crecimiento del latifundio que origina serias tensiones sociales (Fajardo, 1989 y Molano, 1990).


La propuesta de Preston (1988) de utilizar el mayor recurso del trópico, la energía solar, a través de su captación por plantas eficientes en su conversión en biomasa, como la caña de azúcar para su posterior transformación en productos animales, ha sido implementada en Colombia con éxito en distintas regiones acompañada de otros dos elementos complementarios: los árboles forrajeros y plantas acuáticas.

El rendimiento biológico es muy superior al de las gramíneas de pastoreo y permitiría concentrar las actividades en áreas más pequeñas, mantener la fertilidad del suelo y ofrecer un ciclo cerrado de nutrientes, algo indispensable para el pequeño productor.


Cuadro 1
Criterios de Sostenibilidad Aplicados a 3 Elementos de una Propuesta
Alternativa a la Ganadería Extensiva (Preseton, 1991)

CRITERIO DE SOSTENIBILIDAD CAÑA DE AZUCAR ARBOLES FORRAJEROS PLANTAS ACUATICAS
Alto rendimiento natural si si si
Perennes si si no
Insumos bajos si si si
Impide la erosión si si no
Fija nitrógeno atmosférico si* si si
Descontamina aguas servidas ? ? si
Fuente de carbhohidratos si no no
Fuente de proteínas no si si
Fuente de combustible renovable si si no

(*) En la hojarazca

Analizado con criterios de sosteniblidad, el Cuadro 1 resume las bondades de los tres cultivos.

Para las regiones de frontera agrícola, zonas de colonización de la selva, donde el ecosistema, la cultura y las condiciones económicas lo permitan, el modelo basado en estas plantas transformadas en carne de porcinos y ovinos de pelo o bovinos doble propósito confinados, podría combinarse con formas de extracción selectiva de algunos productos de la selva, favoreciendo la no intervención de gran parte de la misma (Figura 3).

La información técnica desarrollada en trabajos de CIPA V en el Valle del Cauca, permite demostrar el potencial de este sistema que llega a producir 5.370 kilos de carne, superando ampliamente al pastoreo intensivo de alta carga animal, cinco veces superior al que tiene el promedio nacional (Espinel, R. y Díaz, F. 1991) (Cuadro 2).

Cuadro 2
Producción de Carne/ha/año con Caña de Azúcar
Integral y Pastoreo Intensivo en Pasto Estrella
(Espinel y Díaz, 1991)

Distancia/   ton de caña integral Kg carne porcina Kg carne ovina     Total (kg/ha/año)
*Variedad PR6132 1 Corte          
1,5 m 238 5454 + 2200 = 7654
0,75 m 261 5182 + 3200 = 8382
*Variedad Mayaguez Col 2 corte          
1,5 m 112 2345 + 1240 = 3585
1,0 m 145 3163 + 1680 = 4843
0,75 m 149 3163 + 2000 = 5163

(*) Pasto estrella con riego, rotación y fertilización

El sistema funciona teniendo a la caña como base de la conversión energética y haciendo uso de los árboles forrajeros y las plantas acuáticas, como fuentes de proteína de sustitución parcial para cerdos y novillos. Cantidades limitadas de miel/urea, harina de arroz y soya son requeridas y pueden ser el limitante en muchas regiones, aunque los parámetros productivos dan un amplio margen para ser reducidos en aras de minimizar más dichos insumos estratégicos.

A pesar de lo anterior, la eficiencia de producción de biomasa con la caña es todavía superior a lo conocido comúnmente en explotaciones de azúcar o panela. En efecto, incrementando la densidad de siembra y utilizando abonos orgánicos, es posible incrementar todavía más el potencial de producción de carne/unidad de superficie (Cuadro 3).

Cuadro 3
Potencial de Producción de Carne Porcina y Ovina con Caña de
Azúcar en Tres Distancias y dos Variedades
(Murgueito, E., 1990)

Distancia/   ton de caña integral Kg carne porcina Kg carne ovina     Total (kg/ha/año)
*Variedad PR6132 1 Corte          
1,5 m 238 5454 + 2200 = 7654
0,75 m 261 5182 + 3200 = 8382
*Variedad Mayaguez Col 2 corte          
1,5 m 112 2345 + 1240 = 3585
1,0 m 145 3163 + 1680 = 4843
0,75 m 149 3163 + 2000 = 5163


El modelo puede ser más complejo aún, cuando se integran otras actividades, especialmente en el reciclaje de nutrientes (lombrices, compost) y la generación de energéticos renovables como biogas y leña (Preston, T. 1990) (Figura 4).

Esta actividad favorece en buena medida las unidades familiares, ya que las explotaciones comerciales grandes tenderían a la mecanización, para lo cual no existen desarrollos importantes y requerirían inversiones iniciales notables: algo que la mayoría de los ganaderos ausentistas no están dispuestos a realizar.

Los sistemas tecnológicos para pequeños agricultores pueden tener otras ventajas comparativas, en la medida que la investigación realizada con ellos avanza. Este es el caso de la producción de proteína foliar de árboles forrajeros como el nacedero (Trichantera gigantea), una especie originaria de los Andes del norte, presente en muchas zonas campesinas de ladera en Colombia y con un potencial que supera a la soya en términos de proteína total por su alta producción de biomasa, lo cual permite reforzar sistemas de producción animal con recursos locales (Sarria et a. 1991) (Ver Cuadro 4).

Cuadro 4
Producción Comparada de Proteína de Soya y Nacedero
(Trichantera gigantea) (Gómez, 1990)

 
 
Soya (FAO 87)
Nacedero
 (Ton/ha/año) 
Materia fresca
-
36.3
Materia seca
1.7
8.0
Proteína (N x 6.25)
1.5
0.72
Costo de 1 kg proteína
US$ 0.90
US$ 0.58


Algo similar sucede con especies animales que pueden tener una mejor función en sistemas campesinos, como los cuyes (Cavia porcellus) y rumiantes menores como los ovinos de pelo (pelibuey, camuro, africano), especie que tiene una enorme capacidad de adaptación a sistemas integrados de cultivos-animales; está en capacidad de alimentarse de "malezas", su pequeño tamaño permite el autoconsumo familiar y donde se alimenta un novillo, es posible tener 10 ovejas con mejor conversión en carne (Amaya, 1989; Mejía, et al, 1990; Perón et al. 1991).

MENSAJE FINAL

Los sistemas productivos son componentes fundamentales de cualquier cultura. Sin embargo, no puede olvidarse que éstos son afectados por situaciones de economía y políticas regionales, nacionales e internacionales.

En la búsqueda de la sosteniblidad, los sistemas productivos son una buena herramienta incluso de organización de las comunidades locales, pero hay que insistir en que la tecnología aislada del resto de los contextos no funciona por saludable que ésta sea.

De ahí la importancia de la ejecución de proyectos integrales en los cuales se tengan en cuenta consideraciones hasta el momento poco respetadas, pero que juegan un papel decisivo en el éxito o el fracaso de los mismos.

Brindlye, (1991), después de una revisión de diferentes proyectos de desarrollo campesino en Africa, termina proponiendo un decálogo para proyectos de Desarrollo Sostenible, que compartimos y aspiramos que sirva de guía para quienes están comprometidos, aunque en la práctica no seamos tan perfectos para cumplirlos a la perfección:

Consulta y hace consenso con la comunidad local sobre los problemas y sus soluciones antes de iniciar acciones.
Proyectos pequeños y flexibles.
Dejar que los beneficiarios tomen sus decisiones in imponerlas.
Buscar soluciones reproducibles muchas veces, pero respetando las diferencias locales.
Instruir y capacitar a todo nivel, pero con más énfasis en grupos vulnerables como mujeres y jóvenes campesinos.
Usar el mínimo de insumos externos para bajar la dependencia y aumentar la estabilidad local.
Partir de lo que la gente hace bien y potencializar esas iniciativas locales.
Evaluar los cambios propuestos en términos económicos, sociales, culturales y ambientales.
Considerar tanto los objetivos propuestos como los insumos requeridos.
Mantener y mejorar la calidad de vida de la gente más pobre en forma simultánea a las acciones para mejorar el ambiente.
Finalmente, hago extensivo este llamado de René Sancoucy (1991) oficial de la FAO, Dirección de Producción y Sanidad Animal, quien promueve en el tercer mundo sistemas tecnológicos alternativos:

"El desarrollo Sostenible está de moda, todo el mundo habla de él; muchas palabras, muchos papeles, muchas reuniones pero lo que necesitamos son ACCIONES, EJEMPLOS PRACTICOS, PROYECTOS DE CAMPO Y APLICAR LO QUE RECOMENDAMOS".

REFERENCIAS:

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