Situación y tendencias de la conservación de recursos genéticos a nivel local en América Latina
Camila Montecinos - CET, Santiago-Chile
Miguel Altieri, CLADES - U.C. Berkeley
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América Latina es una región ecológicamente diversa y un refugio importante de biodiversidad y recursos genéticos. Es también un continente culturalmente heterogéneo, con más de 100 grupos étnicos que aún manejan ecosistemas mediante tecnologías propias que conservan, utilizan y desarrollan los recursos genéticos locales. Con ello prestan a la comunidad mundial un servicio ecológico y socioeconómico de mantención de la biósfera y de apoyo al desarrollo de la agricultura, la forestería, la industria y la medicina. Muchos de estos sistemas sustentables de manejo están siendo cada vez más reconocidos como modelos útiles para guiar el manejo moderno de recursos.

Los años 80 fueron la "década perdida" para América Latina. El continente se sumergió en una crisis económica, social y ambiental de grandes proporciones. A pesar de numerosos proyectos de desarrollo internacionales y estatales, continúan los problemas de pobreza, escasez de alimentos, desnutrición, deterioro de la salud y el ambiente. Los procesos de deforestación, erosión de suelos, contaminación industrial, contaminación por agroquímicos y pérdida de la biodiversidad (incluyendo la erosión genética) continúan a velocidades alarmantes, y no existen indicadores económicos que den cuenta de los costos ambientales en que se ha incurrido.


La crisis ha demostrado que los modelos de desarrollo convencionales tienen limitaciones fundamentales en su capacidad para promover formas de desarrollo equitativo y sustentable. Y sus fracasos han legitimado el papel de las ONGs como actores en el desarrollo local, las que en su mayoría cuestionan las tecnologías y la extensión convencionales, y promueven formas tecnológicas basadas en la participación, las capacidades y los recursos locales. La conservación de los recursos genéticos no escapan a esta tendencia general.

Los esfuerzos de conservación a nivel local han mostrado grandes avances en la última década, pero enfrentan grandes desafíos y dificultades de distinto tipo: las definiciones institucionales, las presiones de mercado, diversas políticas y estilos de investigación que van en contra de los esfuerzos locales, se conjugan con deficiencias técnicas y metodológicas de las ONGs activas en este campo. Un desafío de gran importancia será mejorar las capacidades técnicas con base agroecológica de campesinos y miembros de ONGs, así como lograr los cambios necesarios en el marco político e institucional.

A continuación se presenta el resumen de un trabajo de investigación que pretendió entregar una visión general del estado y las tendencias en la conservación de recursos genéticos a nivel local en América Latina (1). Se hace además algunas sugerencias sobre qué se requiere para reforzar la conservación genética a nivel local y ligada a la satisfacción de las necesidades humanas, y se discute brevemente el concepto de "derechos del agricultor".

LAS AMENAZAS EN CONTRA DE LAS VARIEDADES TRADICIONALES

Las mayores amenazas en contra de las variedades tradicionales en América Latina provienen del proceso de modernización agrícola. En veinte años, un puñado de variedades modernas ha reemplazado las variedades tradicionales como resultado de esfuerzos nacionales e internacionales de desarrollo agrícola (Brush, 1986), produciéndose así lo que ha sido denominado "erosión genética".

Algunos estudios preliminares sobre erosión genética en México y Perú indican diversas tendencias de pérdida que pueden generalizarse a la mayoría de los cultivos de la región (Brush, 1986; Brush et al, 1988).

La erosión genética está ocurriendo debido a que los agricultores están cambiando sus sistemas de producción, empujados por presiones sociales, económicas y técnicas;
el patrón y la velocidad de adopción de variedades modernas son muy irregulares en la región. Los agricultores se ven empujados a elegir entre tecnologías que permiten reducir el riesgo y los mayores rendimientos, sin existir aparentemente mayor diferenciación cultural entre las variedades mejoradas y las nativas;
a medida que se produce la adopción de variedades modernas, los agricultores tienen a subdividir sus sistemas de producción en un sector comercial (dedicado principalmente a las variedades modernas) y un sector de subsistencia, donde aún cultivan variedades nativas. Las variedades nativas son normalmente manejadas con bajos insumos y en siembras mixtas; muchas de ellas enfrentan limitantes ambientales creciente;
la mayor pérdida se ha producido en los valles bajos, cercanos a los centros y mercados urbanos;
la menor erosión genética ocurre en las zonas más distantes a ciudades y mercados urbanos, especialmente en áreas marginales, donde la mantención de variedades locales es la única estrategia lógica para enfrentar la inseguridad económica y ambiental.
Aunque la información aún es insuficiente para predecir las tendencias futuras en la conservación y erosión genética en América Latina, es posible identificar varios factores que promueven y restringen el cambio genético (Brush, 1986). En general, la pérdida de recursos genéticos es fomentada por:

Cambios en el tamaño y la distribución de poblamientos humanos;
programas nacionales e internacionales de mejoramiento genético y extensión;
cambios en los patrones de consumo de poblaciones urbanas y rurales;
demanda creciente por parte de los mercados urbanos;
mejoramiento de los sistemas de transporte y comunicaciones;
factores generales en la economía agrícola, como capital humano, disponibilidad de mano de obra, crédito, tenencia y disponibilidad de componentes tecnológicos como fertilizantes y riego.
Las políticas agrícolas nacionales también pueden estimular la erosión genética. Un caso dramático ha sido la modernización agrícola en México a través del fomento del sorgo híbrido, la mecanización y el uso de agroquímicos. La apertura de la economía nacional a las influencias del mercado mundial han llevado al abandono de los cultivos alimenticios (principalmente maíz) y su reemplazo por sorgo híbrido para la alimentación animal. El resultado ha sido la pérdida de la autosuficiencia alimentaria del país.

Por otro lado, la adopción de variedades modernas se ve disminuida por factores asociados a la dispersión del riesgo, el costo de las nuevas semillas, y la marginalidad de ciertas áreas. Las preferencias culinarias y los mayores niveles de empobrecimiento también promueven la conservación.

La erosión genética no ha afectado solamente a las variedades nativas. Las plantas silvestres relacionadas han sido igualmente afectadas en forma creciente. Se destaca el caso de tomates silvestres, entre los que más de 21 especies ya no han podido ser encontradas vivas.

LOS SISTEMAS DE PRODUCCION TRADICIONALES Y SU PAPEL COMO REFUGIO DE LA DIVERSIDAD GENETICA DE LOS CULTIVOS

Los agroecosistemas tradicionales de América Latina representan siglos de experiencia acumulada y de interacción con el ambiente por parte de agricultores sin acceso a la información científica moderna, insumos externos, capital, crédito o mercados desarrollados. El conocimiento local aplicado a los recursos localmente disponibles a menudo ha resultado en sistemas de producción con rendimientos sostenidos. Una característica sobresaliente de los sistemas agrícolas tradicionales es el grado de diversidad en el tiempo y el espacio mediante el uso de policultivos o sistemas agroforestales (Chang, 1997; Clawson 1985). Diversos estudios muestran que los sistemas tradicionales manejan a menudo un número de especies superior a las 100, muchas veces en pequeños espacios donde se mezclan plantas para diversos usos, incluyendo las plantas medicinales (Altieri y Hetch, 1990; Alcorn, 1984; Alcorn, 1981).

Estos sistemas representan una estrategia para lograr una dieta diversificada, ingresos diversificados, materiales de construcción o energéticos, estabilidad en la producción, minimización del riesgo, menor incidencia de plagas y enfermedades, intensificación de la producción con recursos limitados, e intensificación del retorno con bajos niveles de tecnología (Harwood, 1979). Se estima que los sistemas tradicionales con cultivos diversificados aún entregan un 15-20% de la producción de alimentos regional (Francis, 1985).

Muchos agroecosistemas tradicionales están localizados en los centros de diversidad de América Latina (Meso América, los Andes, sur de Chile, Brasil-Paraguay), por lo que contienen poblaciones de variedades tradicionales variables y altamente adaptadas, al igual que plantas silvestres relacionadas con los cultivos. La diversidad genética resultante confiere al menos resistencia parcial a las enfermedades y permite a los agricultores explotar diferentes microclimas, así como obtener usos múltiples de una misma especie (Clawson, 1985; Harlan, 1975).

La amplitud ecológica de las plantas silvestres relacionadas con los cultivos puede ser mayor que la de los cultivos derivados de ellas, característica que es explotada por los mejoradores genéticos para aumentar la resistencia o la adaptabilidad a diversos ambientes (Frankel y Bennett, 1970; Harlan, 1976; Prescott-Allen y Prescott-Allen, 1983). Así, por ejemplo, el Centro Internacional de la Papa (CIP) mantiene más de 19 especies de papa silvestre y cerca de 1450 accesiones clasificadas. Muchas de ellas han sido colectadas en sistemas agrícolas tradicionales.

Ciclos de hibridación natural e introgresión han ocurrido a menudo entre los cultivos y las plantas silvestres relacionadas, aumentando la variabilidad y la diversidad genética disponible para los agricultores (Harlan, 1975). Mediante el cultivo no limpio, los agricultores han fomentado el flujo de genes entre los cultivos y sus parientes silvestres. La mantención de ciertas malezas, por otro lado, puede verse como un proceso de domesticación progresiva (véase Davis y Bye, 1982), en que muchas veces las malezas son utilizadas directamente para fines culinarios o medicinales (Datta y Banerjee, 1978) o se mantienen como una forma de mejorar el control de plagas o aumentar la acumulación de materia orgánica y la conservación del suelo (Chacon y Gliessman, 1982).

A través de esta continua asociación, se han desarrollado equilibrios relativamente estables entre cultivos, malezas, enfermedades, prácticas culturales y hábitos humanos (Barlett, 1980). La mayoría de las plantas silvestres o malezas cercanamente relacionadas con los cultivos están adaptadas a sobrevivir en hábitats alterados por el hombre, y algunas especies o razas de malezas están totalmente restringidas a ambientes agrícolas, con adaptaciones muy específicas a determinados cultivos manejados bajo condiciones culturales igualmente específicas (Barrett, 1983). Por lo mismo, muchas variedades tradicionales, malezas y plantas silvestres relacionadas pueden ser preservadas sólo en agroecosistemas bajo manejo tradicional y -más aún- sólo si este manejo es guiado por el conocimiento íntimo de las plantas y sus necesidades (Alcorn, 1984). Por esta razón consideramos inadecuada la implementación de enfoques verticalistas de desarrollo rural, los que no integran la visión local de los aspectos sociales, ecológicos y etnobotánicos (Altieri y Merrick, 1987).

LA MANTENCION DE LA DIVERSIDAD GENETICA EN LOS SISTEMAS DE PRODUCCION TRADICIONALES

Los centros de diversidad que hoy se reconocen en América Latina aún están asociados a áreas en que los agricultores practican formas tradicionales de agricultura. Estos agroecosistemas tradicionales aún proveen hábitats fundamentales para la evolución de cultivares primitivos y nuevos. La investigación etnobotánica muestra que la mayoría de las culturas agrícolas en América Latina clasifican, seleccionan y manejan las plantas de acuerdo a muchos criterios: agronómico, culinario, medicinal, ritual, adaptabilidad y facilidad de manejo (Toledo, 1985; Altieri y Hecht 1990).

La mantención de la diversidad genética y de especies en los campos es una de las estrategias efectivas para crear formas estables de subsistencia por parte de agricultores de escasos recursos que practican una agricultura de bajos insumos en áreas marginales.

Los mecanismos y factores que permiten la mantención de la diversidad genética de los cultivos pueden ser ejemplarizados por dos cultivos latinoamericanos; el maíz en México y la papa en Perú.



El maíz en México

Desde que fue domesticado en Meso América hace unos 7000 años atrás, se han desarrollado cerca de 32 razas diferentes en México. De acuerdo a Wellhausen et al (1952), los factores que explican esta diversidad racial son:

el cultivo de razas primitivas,
el influjo de razas exóticas desde el sur,
hibridación con teosinte,
la fragmentada geografía de México, que crea diversos mecanismos de aislamiento conducentes a una rápida diferenciación.

Aunque Wellhausen et al (1952) no lo menciona, es evidente que la gran riqueza de conocimiento popular en la agricultura tradicional mexicana, la que llevó a formas de manejo y uso muy diversas entre los distintos grupos étnicos, es también un factor importante y determinante de la diversidad en maíz (Hernández, 1985).

La diversidad en el maíz no es sólo regional, sino que se presenta igualmente a nivel de la propiedad campesina. De acuerdo a Brush et al (1988), la diversidad a nivel de finca es la expresión de los siguientes factores:

el alto grado de polinización cruzada de Zea mays,
la diversidad ambiental dentro de cada campo de cultivo,
la adaptación de las estrategias de los agricultores a las limitantes biológicas y ambientales.
la selección y mantención conscientes por parte de los agricultores mexicanos,
la hibridación entre maíz y el teosinte que se tolera en torno a los campos de cultivo y al interior de ellos.

Claramente, la diversidad del maíz en México está ligada a agroecosistemas con hábitats diversificados, mecanismos y posibilidades de aislamiento e hibridación (Brush et al 1988). La pregunta es si eta diversidad se mantendrá a medida que se produce la modernización y se alteran radicalmente algunos de los factores que determinan en grado de diversidad.

La papa en Perú

La diversidad de papa en la región de los Andes permitió identificar más de 1000 nombres de variedades en 1947 (Hawkes, 1947), y más de 200 sólo en el área alrededor del lago Titicaca (La Barre, 1947). Actualmente, la mayor diversidad en papa se encuentra en los Andes centrales, al sur de Perú y norte de Bolivia. Aquí los distintos tipos de papa se cultivan de acuerdo a la altura, y los campesinos las agrupan en cuatro especies distintas de acuerdo a:

cultivo,
formas de consumo,
formas de procesamiento y
resistencia a las heladas

En sólo una localidad pueden encontrarse 50-70 variedades y un campesino medio puede nombrar 35 de ellas. La mantención de la diversidad incluye la siembra de mezclas de variedades, así como la aceptación de niveles significativos de especies silvestres y semi-domesticadas alrededor de los campos de cultivo, promoviendo la introgresión de germoplasma de estas fuentes silvestres (Ugent, 1970). Pero la diversidad también es producto de la interacción de factores humanos y biológicos que se expresan en diversos sistemas de selección, manejo e intercambio. Otros factores socio-económicos y culturales, la heterogeneidad ambiental y la presencia de parientes silvestres o semi-domesticados también tienen su papel en la mantención de la diversidad de la papa en las tierras altas del Perú (Figura 1).

EL VALOR DE LAS VARIEDADES TRADICIONALES

Como un centro de diversidad genética de gran importancia, América Latina ha ofrecido y sigue ofreciendo germoplasma útil para el mejoramiento de muchos cultivos en todo el mundo. Genes obtenidos de germoplasma silvestre, malezas relacionadas y variedades tradicionales que se encuentran en ecosistemas naturales o agroecosistemas tradicionales han apoyado la obtención de variedades modernas y han sido utilizadas en forma gratuita por los mejoradores genéticos del mundo entero. En esencia, la diversidad genética presente en los agroecosistemas tradicionales ha sido fundamental para la sobrevivencia y estabilidad de la agricultura moderna en los países industrializados. Ella ha permitido incorporar genes con fines tan diversos como la tolerancia o resistencia a la sequía, las heladas, condiciones adversas de suelo, plagas y enfermedades. Otros genes han sido utilizados para lograr mejores rendimientos, mayor absorción de fertilizantes y agua, mayor eficiencia fotosintética, baja altura, ausencia de espinas, mayor calidad nutricional, etc.

Los países industrializados se han visto especialmente beneficiados por esta extracción de genes desde América Latina (Hawkes, 1958). Se destaca el uso de diversas especies del género Solanum como fuente de mejoramiento para las variedades modernas de papa, y el uso de una especie silvestre de cebada para el mejoramiento de trigo.

Los genes procedentes del germoplasma nativo de América Latina también podrían servir de apoyo al desarrollo de una agricultura sustentable dirigida a satisfacer las necesidades campesinas bajo las limitantes que ellos enfrentan. Sin embargo, se ha hecho poca investigación sobre el potencial de uso de las variedades nativas o sus parientes silvestres dentro de las agricultura campesinas.

SITUACION Y TENDENCIAS EN LA CONSERVACION DE LOS RECURSOS GENETICOS

En la sección a continuación se analiza los esfuerzos de conservación que se están haciendo en América Latina a nivel local o en contacto muy cercano con comunidades locales. La información fue colectada principalmente a través de entrevistas personales y puede representar una muestra incompleta del trabajo en desarrollo.

SECTORES INVOLUCRADOS EN LA CONSERVACION DE RECURSOS GENETICOS A NIVEL LOCAL

De acuerdo a la información obtenida, existen tres grandes tipos de programas de conservación de recursos genéticos a nivel local en América Latina:

Aquellas iniciativas provenientes de grupos de agricultores que buscan asegurar una producción autónoma de semillas, como una forma de aumentar los niveles de independencia y disminuir costos. En algunos casos, una evolución natural ha sido hacia el uso de variedades locales de más fácil reproducción y mayor adaptación a las condiciones existentes. Otros grupos, sin embargo, se centran solamente en la producción autónoma de semillas, sin distinguir entre variedades locales y las introducidas, incluso aquellas de base genética reducida. Aunque este trabajo sea iniciado por grupos de agricultores, normalmente cuentan con asesoría técnica externa, incluyendo la asesoría de ONGs.
Esfuerzos dirigidos principalmente por ONGs que trabajan en desarrollo rural sostenible, destinados centralmente a conservar variedades locales, pero que también incluyen variedades introducidas de base genética amplia o reducida. Es común aquí ver estrategias paralelas: por un lado, se produce localmente semillas de variedades comercialmente importantes, sin importar su origen o base genética. Por otro lado, se desarrolla un esfuerzo especial por mantener especies nativas y especies locales, con o sin importancia comercial, pero con un papel importante en la subsistencia, la mantención de la cultura, el conocimiento médico popular, etc. La mayoría de las ONGs involucradas en este tipo de trabajo intenta ligarlo a alguna forma de organización campesina y buscan una planificación y desarrollo del trabajo junto a la organización.

Algunos profesores universitarios e investigadores de instancias públicas han comenzado esfuerzos de conservación "in situ", conscientes de la urgencia e importancia que ella tiene 8Tapia et al, 1990; Blanco, 1990; Ramos, 1988; Saragoussi, 1988). Su trabajo se centra claramente en variedades locales de especies nativas. Sin embargo, normalmente por una aguda falta de recursos, muchos de estos esfuerzos terminan haciendo más conservación "ex situ" que "in situ", y la mayor parte de los materiales terminan en bancos de germoplasma nacionales o internacionales, o en bancos universitarios, donde la escasez de recursos también predomina. Por otro lado, el trabajo se hace mediante vínculos con campesinos individuales, por lo que su capacidad de cobertura es limitada. Asimismo, cuando este tipo de trabajo recibe apoyo financiero, los programas y prioridades de investigación suelen reflejar más las preocupaciones de los donantes que de las comunidades locales.


ESPECIES CONSERVADAS

Tres son las especies mayormente conservadas en América Latina a nivel local: maíz, papa y frijol. Aunque estos cultivos son también centro de los esfuerzos de los centros de investigación nacionales e internacionales, las ONGs y las comunidades locales se han visto empujadas a hacer su propio trabajo porque el trabajo "oficial" no satisface sus necesidades o incluso ha acelerado la pérdida de la diversidad genética.

La conservación de tomates, Capsicum y curcúbitas es mucho menor que la de las especies antes mencionadas. Ninguna de las ONGs entrevistadas, por ejemplo, mencionó tomate como un objetivo importante. Aparentemente, estos cultivos no se consideran fuentes alimentarias importantes y, por tanto, no aparecen como prioritarios. Asimismo, los niveles de diversidad aún presentes parecen ser reducidos, quitando potencial al alcance de la conservación.

Quinoa, amaranto y lupino han sido tres cultivos que han despertado un interés creciente, producto de su alto valor nutritivo y su resistencia a limitantes ambientales y biológicas. Sin embargo, las dificultades del procesamiento y los cambios en los patrones de consumo urbanos y rurales dificultan el interés general por ellos. Es así que en la actualidad los mayores esfuerzos de colecta para estos cultivos se encuentran en las manos de grupos externos a América Latina: los Centros Internacionales de Investigación Agrícola, Nestlé, o centros como Rodale Research Center y Sierra Blanca Associates en Estados Unidos.

Un conjunto de cultivos andinos (por ejemplo, ulluco y oca) están recibiendo una atención reciente (IBPGR, 1982; NAS, 1990; Tapia, 1990), siendo difícil evaluar cuánto se ha hecho al respecto.

Por último, las especies arbóreas y arbusticas parecen ser los organismos olvidados de la conservación fitogenética a cualquier nivel. Aunque la discusión sobre la conservación del Amazonas es conocida, poca o ninguna atención se presta a la conservación de otros ecosistemas forestales, amenazados hoy por diversas presiones económicas y sociales. Estos ecosistemas contienen especies o géneros importantes no sólo desde el punto de vista ecológico, sino por su capacidad para crecer y producir bajo las condiciones de marginalidad que muchos agricultores enfrentan.

ESTRATEGIAS EMPLEADAS

Cuatro grandes estrategias se utilizan en la conservación genética a nivel local:

Programas que llevan a cabo recolección, reproducción y distribución local de cualquier material considerado interesante o importante para diversos usos o por diversas razones (económicas, culturales, nutricionales, ecológicas). Pueden considerar la introducción de algunas variedades o especies.
No todo los materiales so reproducidos; sólo aquellos que los agricultores o técnicos consideran importantes o promisorios. A medida que se continúa colectando, una proporción creciente de las muestras se mantienen fuera de los campos de cultivos y en pequeños bancos de germoplasma. La caracterización es fenotípica e incluye características importantes para los agricultores en la medida que se efectúa en forma participativa. Una parte importante del material no se caracteriza por falta de recursos. La reproducción es hecha por los mismos agricultores, a menudo los más experimentados.

Esta estrategia es común a casi todas las organizaciones campesinas que trabajan con recursos genéticos y a un gran número de ONGs.

Una variante de la primera estrategia, que se centra exclusivamente en especies nativas. Es común entre muchas ONGs y entre profesores universitarios e investigadores (con o sin apoyo oficial).
Otra variante, con énfasis en mejoramiento, normalmente centrado en los tres cultivos principales: maíz, frijol y papa. El mejoramiento se hace principalmente a través de selección masal, aunque algunos grupos incluyen técnicas de cruzamiento. Muchas veces este trabajo recibe la cooperación de técnicos e investigadores del sector público. La red de PTA en Brasil pareciera llevar el liderazgo de este trabajo en maíz a nivel de América Latina.
Las tres estrategias anteriores requieren normalmente algún tipo de apoyo técnico externo, dando un gran poder de influencia a técnicos, profesionales y extensionistas. Se requiere, por tanto, de equipos externos con sensibilidad social y cultural si se desea que estos programas realmente respondan a necesidades campesinas.

Una estrategia distinta es la de las ferias campesinas (Tapia et al, 1990; Franco, comunicación personal), organizadas por ONGs o profesionales de entidades públicas. Las ferias buscan premiar a aquellos agricultores que usen, manejen y preserven un mayor grado de diversidad en sus campos de cultivo, esperando que los incentivos sociales y materiales lleven a otros agricultores a hacer lo mismo. No se busca necesariamente colectar y -en comparación a las otras estrategias- requiere menos recursos financieros y menos infraestructura; es la estrategia que deja la mayor iniciativa en manos de los agricultores. Su potencial para fomentar la diversidad es probablemente el mayor, pero su efectividad puede variar significativamente de acuerdo a los incentivos entregados (Tapia, 1990; Franco, comunicación personal).

IMPACTO Y EFICIENCIA DE LOS ESFUERZOS DE CONSERVACION

Resulta difícil evaluar cuál ha sido el impacto de los trabajos de conservación de recursos fitogenéticos a nivel local. Un aspecto es claro, sin embargo: la conservación genética a nivel local busca cubrir necesidades que los grandes bancos de germoplasma no cubren. Todos los esfuerzos de conservación a nivel de base se han iniciado porque las organizaciones "oficiales" no llegan al agricultor, o llegan a él con materiales inadecuados. Igualmente, hay preocupaciones crecientes de que las interacciones entre biotecnologías, leyes de patentes y acuerdos de investigación entre entidades públicas y empresa privada, son una amenaza clara a al libre intercambio de información y materiales, e imponen un claro sesgo a las futuras investigaciones.

Por otro lado, cuando se desee evaluar la eficiencia de los esfuerzos conservacionistas a nivel local, no debe olvidarse que este trabajo se desarrolla normalmente sin fondos ni personal asignado, basándose muchas veces en materiales locales, instalaciones rústicas y el tiempo que logra sustraerse a otros proyectos de trabajo.

INTERROGANTES TECNICAS

Las dificultades técnicas de los programas de conservación nacionales e internacionales han sido ampliamente discutidas en los últimos años (Mooney, 1987). Actualmente se reconoce la necesidad de complementar diversas estrategias y se da una importancia creciente a la conservación a nivel local. Pero ésta última también enfrenta problemas técnicos que han llevado al fracaso de muchos esfuerzos. Si se quiere realmente avanzar en las estrategias locales, son carencias que debemos enfrentar.

Una primera debilidad fundamental es la ausencia de una clara visión "de base" para la conservación y utilización de los recursos genéticos a nivel local. Muchos programas sólo abordan el problema de producción de semillas y olvidan la importancia de la diversidad genética. Con ello, muchas veces se convierten en agentes de erosión más que de conservación genética.

Un segundo problema es la falta de participación real de las comunidades locales, lo que lleva a los "agentes externos" (muchas veces ONGs) a centrar sus esfuerzos en la mantención de bancos locales. Aunque éstos están mejor adaptados a las necesidades campesinas que los grandes bancos, continúan siendo incapaces de conservar todo, generan presiones de selección desligadas de las necesidades agrícolas, crean riesgos de pérdida genética, detienen la evolución de las variedades y requieren recursos para su mantención. De más de 30 proyectos con los que se tuvo contacto, sólo uno no consideró alguna forma de almacenamiento de semillas.

Un tercer tipo de deficiencia ha sido no considerar la diversidad circundante a la especie que se busca conservar, olvidando que la diversidad dentro de cada especie evolucionó como parte de y gracias a la existencia de diversos nichos y ecosistemas, y a su interacción con diversas opciones humanas. La conservación y promoción de la diversidad también requiere ambientes, usos y opciones diversificados. Por lo mismo, la conservación "in situ" no será eficiente si no estimula una participación real, masiva y autónoma de las diversas comunidades campesinas.

Muy relacionada con lo anterior está la tendencia a olvidar que cada variedad tradicional requiere de cierras condiciones ambientales para su sobrevivencia, lo que lleva a no conservar los agroecosistemas tradicionales. Es necesario relacionar conservación genética con la conservación de los recursos naturales y promover formas de manejo agroecológico que permitan conservar y recuperar sistemas de producción adaptados localmente, como únicos ambientes realmente adecuados para la conservación de la diversidad genética.

Por último, se requiere contestar una serie de preguntas relacionadas con genética y mejoramiento, áreas donde la preparación de quienes trabajan en conservación suelo ser insuficiente. ¿Qué técnicas de mejoramiento debieran utilizarse? ¿Basta con la selección masal? ¿Es adecuado utilizar formas de cruzamiento? ¿Bajo qué condiciones debiera efectuarse la selección? ¿Es necesario buscar resistencia a plagas y enfermedades, o resulta más adecuada la búsqueda de formas de tolerancia? ¿Cuáles eran las técnicas tradicionales para combatir o coexistir con plagas, enfermedades, virus?

Otras preguntas del área anterior tienen relación con la definición de qué es erosión genética y qué se necesita conservar. Con la introducción de las nuevas biotecnologías, se da cierta tendencia a aceptar la idea que sólo necesitamos conservar la más amplia colección de genes, ya que ahora sería posible insertar o extraer genes hasta lograr las características deseadas. Obviamente, desde el punto de vista del agricultor, esto resulta inapropiado e impracticable. Los agricultores utilizan variedades o ecotipos; es decir, utilizan combinaciones genéticas funcionales y extremadamente complejas, las que fueron seleccionadas y evolucionaron a lo largo de milenios. Extraer o insertar genes para lograr nuevas combinaciones funcionales no es una tarea fácil. Por lo mismo, los agricultores necesitan conservar variedades vivas y en funcionamiento.

INTERROGANTES SOCIALES Y ECONOMICAS

Las deficiencias técnicas no son las únicas que enfrentan los esfuerzos de conservación genética a nivel local. Como se dijo antes, la falta de fondos y recursos humanos es generalizada, y el trabajo local se lleva a cabo casi exclusivamente en base a un compromiso personal con la urgencia de la conservación.

A medida que las nuevas biotecnologías y las técnicas de mejoramiento evolucionan rápidamente, a medida que se imponen nuevas leyes de propiedad industrial e intelectual sobre formas de vida y que la expresión "sin exclusiones" dentro de las discusiones del GATT se conoce en la región, quienes trabajan con conservación genética a nivel de base comienzan a hacerse un conjunto de preguntas relacionadas con los económico, lo social y lo político. ¿Quién se beneficiará de estos esfuerzos de conservación? ¿Cómo se garantiza el beneficio a los agricultores? ¿Cómo se impide que los genes conservados no sirvan para la sustitución de nuestros productos? A medida que las discusiones en el GATT se van conociendo y las presiones por nuevas leyes de patentes se hacen más claras, más y más grupos trabajando a nivel local han comenzado a rehusarse a compartir información o materiales mientras no se creen mecanismos claros de protección a los derechos e intereses de los agricultores.

Especial preocupación ha causado la actitud de los Centro Internacionales de Investigación Agrícola, quienes hoy día discuten la posibilidad de patentar los recursos genéticos que por años se dedicaron a colectar en nombre de la humanidad y en supuesto beneficio de los sectores más necesitados.

LOS DERECHOS DEL AGRICULTOR

Aunque el concepto de derechos del agricultor se ha discutido desde 1987, continúa siendo un concepto poco claro y sobre el que no existen mayores consensos, excepto que se reconoce el derecho de los agricultores a ser compensados por el trabajo de conservación y mejoramiento que han hecho durante siglos. Para muchos de los que trabajan con comunidades locales, sin embargo, es importante dejar en claro desde un principio que los derechos del agricultor no son parte de un sistema de propiedad intelectual, sino que constituyen derechos individuales y sociales de carácter fundamental. Por ello, el derecho a la compensación -especialmente la compensación económica- es sólo uno de los muchos componentes de lo que son los derechos del agricultor. Otros componentes importantes son:

el derecho a escoger libremente el sistema de producción a ser empleado, lo que implica la no discriminación ni condicionamiento de las diversas opciones tecnológicas;
el derecho a controlar plenamente los recursos genéticos que le sean de utilidad, valor o interés. Ello incluye controlar el proceso de producción, selección y mejoramiento de semillas, sin limitaciones legales de ningún tipo.
el derecho a mantener o recuperar su cultura y todos los conocimientos asociados a ella, incluyendo su historia y los conocimientos ancestrales;
el derecho al respeto a su cultura y tradición, y a sus propias formas de creación e investigación;
el derecho a solicitar apoyo para la conservación de los recursos productivos, incluidos los recursos genéticos. Ello incluye el derecho a ser apoyado en el desarrollo o aplicación de distintas opciones tecnológicas;
el derecho a decidir libremente sobre el intercambio de información y germoplasma;
el derecho a la repartición de germoplasma colectado en los bancos nacionales o internacionales, de manera incondicional y sin mediadores.
Dado que los agricultores también tienen derecho al apoyo y ala retribución económica y tecnológica por sus aportes actuales e históricos a la conservación y mejoramientos genéticos, y dado que existe consenso que esto se haga a través de un fondo internacional para la conservación de recursos fitogenéticos, es la opinión de los autores que este fondo debiera estar claramente regulado y fiscalizado por la comunidad internacional. Los aportes financieros debieran ser obligatorios y provenir de aquellos sectores que logran claras ganancias del uso de los recursos genéticos, y su uso debiera estar abierto a todos los sectores que hacen trabajo de conservación a nivel local. Los procedimientos de postulación, evaluación y control debieran ser claros y transparentes. La conservación "in situ" debiera constituir una primera prioridad, lo que implica un apoyo amplio a la conservación de sistemas productivos diversificados. Y en todo momento debe dejarse en claro que los aportes a un fondo de conservación no confieren ningún tipo de derechos de propiedad sobre recursos genéticos, ni legitiman la obtención de ellos.

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