| En los años
recientes la importancia política y económica del campesinado
en el tercer mundo ha sido objetivo de una atención creciente.
El rol activo de los campesinos en las luchas post-coloniales ha atraído
la atención hacia su importancia política en la transformación
de muchas sociedades del tercer mundo. La importancia económica
de los campesinos ha sido puesta de relieve por la magnitud de la
crisis alimentarias de la década del 70 y por el reconocimiento
de que son a menudo suministradores baratos de alimentos y una fuente
de trabajo barato para la agricultura y el desarrollo industrial.
La consecuencia ha sido una explosión tanto de la investigación
como de los programas orientados a la cuestión campesina: investigación
para observar, describir y comprender la lógica económica
y política de los campesinos, como también de su posición
y sus funciones cambiantes en la sociedad más amplia, y de
los programas para aumentar la productividad del trabajo en la agricultura
campesina y para promover la estabilidad política a pesar de
la pobreza masiva. De este modo se han realizado un gran número
de estudios empíricos frecuentemente en el contexto de la búsqueda
de tecnologías nuevas adecuadas para la agricultura campesina,
o el diseño de proyectos de desarrollo rural y comunitarios.
El esfuerzo de investigación ha desmistificado mucho de
los conceptos que dominaron gran parte de los primeros trabajos
sobre los campesinos, tales como el tradicionalismo cultural, el
atraso económico y la anarquía de la producción
de susbsistencia. Sin embargo, la carencia de un marco conceptual
adecuado para el estudio del campesinado ha impedido con demasiada
frecuencia el que estos estudios aíslen las variables claves
que se requieren para el análisis, y organicen la información
empírica en términos de los procesos centrales que
caracterizan los hogares campesinos y las formas de su inserción
en la economía más amplia. Para el análisis
económico de la organización de hogares campesinos
se han confiado, típicamente, o en la teoría de Chayanov
de la utilidad y la diferenciación demográfica (Chayanov,
1966) o en los estrictos principios neoclásicos derivados
de la teoría de la empresa capitalista (los formalistas en
Antropología-Tax, Nash, Leclair); la nueva economía
del hogar (Becker, 1964; Benito, 1976). Para el análisis
de la inserción del campesinado en la sociedad más
amplia, se ha utilizado o la visión cultural y fenomenologista
de la parcialidad (Kroeber, 1948; Redfield, 1956) o se ha confiado
en la conceptualización de modos específicos de producción
campesina no-capitalista (Servolin, 1972; Vergopoulos, 1978).
En este trabajo se plantea que el análisis del campesinado
se debe basar en la especificación de las relaciones de producción
en que participan los campesinos. Rechazamos por igual tanto los
intentos marxistas como no-marxistas para definir un modo campesino
de producción o el campesinado como un tipo económico
o sociocultural específico y concentrarnos en los mecanismos
de extracción en exceso que describen las relaciones de producción
entre los productores directos y los apropiadores en las sociedades
de clases.
Nosotros tomamos la situación donde el modo capitalista
de producción es dominante en la economía en general
y centramos nuestra investigación en las formas de integración
de los campesinos en la formación social. Este marco pone
de relieve las condiciones bajo las cuales los hogares campesinos
se integran a los mercados como suministradores de productos o de
trabajo asalariado. Nosotros planteamos que la integración
del campesinado al mercado de trabajo como suministradores de trabajo
asalariado a las unidades capitalistas de producción, o como
compradores de trabajo asalariado en el proceso de capitalización
caracteriza muy rigurosamente el proceso de formación de
clases entre los productores directos y, por tanto, en incorporación
al modo capitalista dominante de producción.
El marco conceptual desarrollado aquí intenta explicar la
variación en las condiciones materiales de los campesinos
como también la dinámica de su transformación
relacionando entre sí tres niveles de análisis: (a)
la organización del hogar campesino, (b) los mecanismos de
extracción excedente, y ( c) la posición de clase
de los diferentes grupos de campesinos en las formaciones sociales
particulares. Los datos que se mencionan en el artículo corresponden
a situaciones campesinas de Cajamarca, en la Sierra norte de Perú.
ORGANIZACIÓN DEL HOGAR CAMPESINO
Para destacar los procesos sociales interrelacionados que caracterizan,
al hogar campesino, nos inspiramos en las categorías de Marx
de producción, circulación, reproducción y
diferenciación. Lo que distingue el hogar campesino de otras
unidades domésticas (tales como el hogar en el capitalismo
avanzado) es que el hogar es tanto una unidad de producción
directa como una unidad de reproducción de fuerza laboral
familiar sobre una base diaria y generacional.
En un momento dado de tiempo, el capital del trabajo familiar en
relación con el acceso del hogar a los medios de producción
se refleja en la división particular del trabajo por seco
y edad incorporando en el proceso laboral del hogar. La fuerza laboral
del hogar se usa en el proceso de producción de la casa o
se vende como trabajo asalariado en el mercado laboral donde participa
en lo que se denomina el proceso de producción del trabajo
asalariado. Se puede identificar un espectro continuo de combinaciones
entre los dos tipos extremos puros de hogares: el puramente agriculturalista
y el puramente proletario.
El trabajo del hogar dedicado a la producción casera genera
un producto bruto que es retenido como valor de uso por el hogar
para consumo casero o se vende en el mercado como una mercancía
(el proceso de circulación). Aquí, nuevamente, se
puede identificar un espectro continuo entre la producción
del hogar de pura subsistencia sin excedente comercializable y el
predio puramente comercial que está produciendo exclusivamente
para el mercado.
La venta de bienes y los salarios recibidos del proceso de labor
proletario constituyen el ingreso monetario bruto. Este ingreso,
después de deducir los diversos costos monetarios involucrados
en la producción, genera un ingreso neto que permite la compra
de medios de consumo para reproducción del hogar y medios
de trabajo para reemplazo e inversión neta.
Los medios de consumo y los medios de trabajo derivados de este
modo de la producción y la compra casera mantienen la reproducción
del hogar como unidad tanto de consumo como de producción
(Meillasoux, 1972). La reproducción incluye tanto la mantención
diaria para reponer la capacidad de trabajar como las actividades
reproductivas generacionales reflejadas en la composición
de tamaño, edad y sexo del hogar (1). La escala de esta reproducción,
a su vez, determina el patrón de diferenciación social
y la consiguiente posición y composición cambiantes
de clase de los campesinos.
Los cuatro procesos claves identificados caracterizan la organización
del hogar campesino -el proceso casero de producción, el
proceso de producción del trabajo asalariado, el proceso
de circulación y el proceso de reproducción- diferenciación,
están esquematizados en el Cuadro 1. En la columna de la
izquierda, se identifican los capitales de los medios de producción
en un instante particular en el tiempo. Incluyen las materias primas
(tierra y agua), los medios de trabajo (semillas, árboles,
animales, herramientas, e implementos, fertilizantes y combustibles),
y el trabajo familiar (número, sexo y edad de los miembros).
En la columna de la derecha, se presentan las variables monetarias
que caracterizan el proceso de circulación tanto en el aspecto
de oferta como de demanda: ingreso bruto en efectivo de las ventas,
salarios, formación del ingreso neto, y compra de los medios
de consumo y trabajo. La columna central pone de relieve los dos
procesos fundamentales de producción (trabajo casero y asalariado)
y reproducción (de la unidad de consumo y de los medios de
trabajo). Estos dos procesos claves están parcialmente interpuestos
a través de la circulación en términos de la
formación y disposición del ingreso neto, pero reflejan
también directamente las relaciones sociales de producción.
Del Cuadro 1, se pueden identificar nueve conjuntos claves de variables
para el análisis empírico del hogar campesino. Estas
variables corresponden a los diferentes nexos que indican que o
está efectuándose un proceso de elección y
toma de decisión o que se puede establecer una identidad
contable. Son (1) las existencias de medios de producción
en le momento t; (2) la división del trabajo por seco y edad
en el proceso del hogar; (3) elección de actividades (productos
y tecnologías) y asignación de recursos en el proceso
de producción casero; (4) elección de actividades
y búsqueda de empleo en el proceso de producción del
trabajo asalariado; (5) disposición del producto entre venta
(marketing) y redención para uso casero; (6) la formación
de ingreso neto (fuentes de ingreso); (7) demanda efectiva-disposición
del ingreso neto; (8) reproducción de la unidad de consumo
(trabajo familiar) y de los medios de trabajo, adquisición
de materias primas; y (9) el nivel de existencia de los medios de
producción en el momento t + 1 que proporciona la base para
el análisis de la diferenciación social.
PATRONES DE LA EXTRACCION EXCEDENTE
La apropiación de parte del producto de los campesinos por
otros grupos sociales ha sido identificada como una característica
definidora de los campesinados tanto por los marxistas como por
los no-marxistas (Wolf, 1966). En el raciocinio marxista, las relaciones
sociales de producción en que participan los campesinos están
definidas de hecho por la manera en que el tiempo excedente de trabajo
de los productores directos se lo apropia una clase no-productora.
Desde un punto de vista empírico, debemos identificar primero
los mecanismos mediante los cuales se produce la extracción
excedente para analizar las relaciones de producción en que
participan los campesinos. De este modo podemos luego separar los
diferentes grupos de campesinos. El modelo de organización
del hogar campesino que describimos antes puede usarse para este
propósito. En el Cuadro 1, se identifican siete mecanismos
de extracción excedente: tres operan por vías de las
rentas resultantes de la apropiación provocada de la tierra
(rentas en servicios laborales, especies y dinero efectivo), tres
operan por vías de los mercados (para el trabajo, los productos
y el dinero), y uno por medio del estado (impuestos).
Renta en servicios laborales: se obliga al trabajo familiar a proporcionar
servicios de trabajo gratis en las tierras del hacendado para que
el hogar campesino adquiera el derecho usufructo de la tierra en
la cual producir su consumo de subsistencia. Este tipo de renta
caracteriza las relaciones de producción serviles o semifeudales.
Renta en especies (medianería): el productor directo le da
al propietario de la tierra una cantidad determinada de antemano
o una porción fija del producto a cambio del acceso a la
tierra y ocasionalmente a algunos medios de trabajo. La rente en
especies es una sustracción directa del producto bruto antes
que el remanente se divida en valores de uso y bienes. La renta
en especies puede caracterizar también las relaciones semifeudales
de producción o representar una forma de adquisición
de tierra y excedente de extracción entre diferentes grupos
de campesinos.
La extracción del valor excedente: en las relaciones capitalistas
de producción, la fuerza laboral se vende por un salario
a los que poseen los medios de producción. En el proceso
de producción, el trabajo genera un producto, el valor del
cual es mayor que los costos de reemplazo de los recursos físicos
de capital y del trabajo asalariado usados en la producción.
Se genera de este modo una ganancia que es el resultado de la "explotación"
de la fuerza laboral en el proceso de producción. El trabajo
campesino semi-proletario puede, sin embargo, ser explotado aún
más, indirectamente, porque el nivel de los salarios puede
caer por debajo de las necesidades de subsistencia (para la mantención
y reproducción) pues parte de estos bienes básicos
necesarios son proporcionados por la familia en el proceso de producción
casero. El trabajo campesino barato, extraído mediante el
"dualismo funcional" (de Janvry y Garramon, 1977), es
de este modo una fuerza importante de explotación de los
campesinos bajo el capitalismo en el tercer mundo.
La extracción por medio de las condiciones de comercio: los
precios desfavorables para los bienes vendidos en relación
con los bienes comprados (medios de consumo y medios de trabajo)
es la forma dominante de extracción excedente por parte de
los productores campesinos e independientes. Una vez que las relaciones
capitalistas de los bienes se han desarrollado, los precios bajos
de los productos agrícolas pueden ser el resultado de una
variedad de causas incluyendo la competencia con la agricultura
capitalista, la transmisión internacional de los precios,
las políticas de alimentos baratos, y los comerciantes monopólicos
que se apoderan de los altos márgenes de ganancias.
La usura: la inestabilidad de la producción agrícola
campesina hace a menudo que los campesinos se endeuden con los prestamistas
locales de dinero (comerciantes, terratenientes, y campesinos ricos)
que cobran tasas usuarias de interés. El mercado de dinero
se convierte de este modo en una fuente importante de transferencia
del excedente.
Arriendo en efectivo: con el completo desarrollo de una economía
monetaria, el arriendo de tierras se paga cada vez más en
efectivo. El predio campesino necesita por lo tanto estar cada vez
más orientado a los bienes y especializado. En contraste
con las otras formas de arriendos, los riesgos en los precios y
la producción son trasladados completamente del terrateniente
a los productores campesinos.
Los impuestos: la tributación asume diferentes formas -impuestos
al capital, contribuciones a la tierra, impuestos al intercambio,
impuestos a la exportación, e impuestos a los ingresos- con
impacto diferencial sobre la economía de los campesinos.
Todos representan fuentes importantes de ingresos fiscales para
el estado y generalmente una transferencia del excedente del campesinado
a otras clases en la formación social.
Una vez que se han identificado los mecanismos de extracción
de excedentes, la controversia sobre la lógica económica
de los hogares campesinos se hace esencialmente trivial (2). La
simple reproducción del hogar campesino (su incapacidad para
acumular) no se basa en una determinación conductual dada
(que los campesinos prefieran producir sólo los bienes básicos
necesarios para su subsistencia) sino, más bien, debe ser
localizada en las relaciones de producción que presuponen
una extracción de excedentes. Lo que es clave es la posición
de clase dominada de los campesinos dentro de las diferentes formaciones
sociales.
El análisis empírico de los mecanismos de extracción
de excedente en una formación social dada requiere necesariamente
un análisis histórico porque distintas relaciones
de producción son mantenidas por una interacción compleja
de elementos políticos, ideológicos, como también
económicos. A manera de ilustración rural dominante
hasta bien avanzada la década de los 50. Los campesinos obtenían
acceso a tierras en la hacienda mediante la provisión de
arriendo en servicios laborales, en especies, y en dinero en efectivo.
Una característica importante de las relaciones semifeudales
o serviles de producción en esta zona era que los diversos
mecanismos de extracción excedente mediante el arriendo estaban
superpuestos, y los arreglos entre terratenientes y campesinos presentaban
una combinación de formas. No obstante, se pueden caracterizar
tres grupos de campesinos de acuerdo a su forma principal de pago
del arriendo (Deere, 1977).
Los "colonos" eran los campesinos que pagaban la forma
predominante de su arriendo con servicios laborales; el arreglo
más común requería una división aproximadamente
igual de tiempo entre los servicios laborales demandados por el
terrateniente y el tiempo de trabajo familiar que quedaba para la
propia producción de subsistencia de la familia. El grupo
de campesinos llamados "partidarios" o "medieros"
eran generalmente medianeros; el propietario proporcionaba la tierra
y la semilla y a veces los bueyes para arar, mientras que la familia
campesina proporcionaba el trabajo. La cosecha se dividía
generalmente en partes iguales. Los "arrendires" en la
hacienda eran los campesinos que pagaban su arriendo en efectivo,
estos últimos dos grupos de campesinos proporcionaban también
servicios laborales por año, dependiendo de la relación
personalizada entre patrón y campesino como también
de las necesidades de trabajo del propietario.
Otros mecanismos de extracción excedente en la hacienda
se centraba en el control del propietario sobre todo excedente comerciable
que los campesinos pudieran producir después del pago del
arriendo. En muchas haciendas, se les exigía a los campesinos
residentes vender toda su producción excedente directamente
al propietario; en otras ocasiones, ciertas cantidades especificadas
de productos o animales debían venderse al dueño de
la hacienda en un precio establecido. En muchas de las haciendas
más grandes, el propietario operaba también un almacén
rural donde se les exigía a las familias campesinas que compraran
sus artículos de consumo básico que ellas no producían.
Estos bienes se ofrecían a menudo a crédito para la
época de la cosecha a precios fijados por el dueño.
Con la disolución del sistema de haciendas tradicionales
en la década de los 50 y los 60, la mayoría de los
campesinos fueron expulsados de las tierras de la hacienda y se
convirtieron en productores campesinos independientes-propietarios
de sus propias parcelas de tierra adquiridas de la división
y venta de las tierras marginales de las haciendas. Las haciendas
mismas se transformaron en predios comerciales a gran escala que
empleaban trabajo asalariado. Con el cambio en las relaciones de
producción, el arriendo ya no se le pagó directamente
al terrateniente, y éste ya no controló más
la circulación de los bienes. Pero a medida que el campesinado
se fue integrando cada vez más al mercado de productos, llegaron
a ser más dependientes del estrato superior del campesinado
y de hacendados que ahora iban a servir tanto de proveedores primarios
de crédito como de monopolistas pequeños en los mercados
rurales. Además, la rápida integración del
campesinado al mercado laboral garantizó que los salarios
bajos llegarían a ser una fuente principal de extracción
excedente pues las áreas rurales se convirtieron en los almacenes
o bodegas del trabajo excedente.
Para el sector rural en general, las condiciones desfavorables
de comercio entre los productos agrícolas y los manufacturados
constituyen una fuente importante de transferencias de excedentes.
En el período entre 1973 y 1975, las condiciones de intercambio
se estuvieron deteriorando a una tasa de 8.6% al año (Acevedo,
1976). Mientras que cuantitativamente el grueso de los abastecedores
comerciales agrícolas se encuentran entre el estrato superior
del campesinado y las haciendas comerciales, estos sectores pueden
enfrentar condiciones de comercio que se deterioran solo debido
al gran suministro de trabajo barato disponible en los estratos
más pobres del campesinado. Los estratos más pobres
son estrujados en ambos extremos: como trabajadores asalariados,
reciben un salario notablemente menor que el valor de los que ellos
producen; y, como productores, se enfrentan a precios deteriorados
para los bienes que ellos venden para asegurarse el dinero que necesitan.
LA POSICION DE CLASE DE LOS CAMPESINOS Y LA DIFERENCIACION
Habiendo caracterizado la organización del hogar campesino
y los patrones de extracción excedente por medio de los cuales
los campesinos no son explotados, seguimos ahora para ubicar al
campesinado como una categoría social dentro de la sociedad
más amplia de la cual es una parte. El hacer esto implica
tomar partido en el debate abierto en Rusia a comienzos del siglo
entre los Bolcheviques y los Populistas respecto a la especificación
de un modo campesino único de producción. Este debate
ha sido reabierto activamente en años recientes como una
comprensión de la contribución económica futura,
y el rol político de los campesinos requiere la conceptualización
de su posición en la economía (Ennew, 1977).
El debate no es solo retórico, pues lleva a interpretaciones
marcadamente diferentes de (a) la lógica económica
de los campesinos y (b) el futuro del campesinado. Para los que
alegan la existencia de un modo campesino específico de producción
(o bien simple), la conducta económica de los campesinos
no se guía por el motivo de la acumulación sino por
el objetivo de reproducción simple. La descripción
común hace resaltar el predio de labor familiar como la unidad
básica de producción y de propiedad privada de la
tierra que se distribuye sobre una base relativamente igualitaria
entre hogares que forman una sola clase. El trabajo asalariado no
se emplea generalmente, y la producción de bienes tiene como
objetivo final sólo el consumo de modo de producción
de bienes pequeños como una abstracción teórica
en el Capital, los que emplean el concepto como una realidad histórica
(Servolin, 1972; Vergopoulos, 1971, 1978; Amin, 1976; Gutelman,
1974) alegan que se observa como articulado y dominado por otros
modos de producción para los cuales es funcional, produciendo
un excedente. La implicación, sin embargo, es que este modo
campesino sí tiene con qué reproducirse a sí
mismo a lo largo del tiempo, que es el resultado de su capacidad
para resistir la diferenciación interna dentro de clases
sociales porque la acumulación no es presumiblemente un objetivo
conductual de los campesinos.
Hay, en opinión nuestra dos objeciones para el uso del modo
campesino del concepto de producción. La primera es que la
forma específica de organización que corresponde a
los hogares campesinos y la existencia de mecanismos de extracción
excedente no son suficientes para constituir un modo campesino.
Como categoría teórica, un modo de producción
implica la especificación de un conjunto determinado de relaciones
sociales y una superestructura ideológico-política
que permanece aquí no identificada. Los mecanismos de extracción
excedentes no son inmutables sino, por el contrario, asumen una
amplia variedad de formas que corresponden alas formaciones sociales
particulares en que los campesinos se hallan englobados.
La segunda objeción se refiere a la condición económica
observada de simple reproducción. ¿Desean los campesinos
la reproducción simple, o es que ellos no pueden superar
la reproducción simple debido a la extracción excedente
que impide la acumulación? En nuestra opinión, al
hecho-reproducción simple -se le da equivocadamente una capacidad
explicativa sobre una base conductual mientras que la esencia- la
extracción excedentes - es omitiva. Claramente, bajo modos
feudales y comunitarios, la posibilidades de acumulación
y diferenciación están fuertemente reducidas por la
inexistencia de mercados laborales y de tierras. Sin embargo, cuando
estos mercados prevalecen, cuando tanto el trabajo como la tierra
se han convertido en bienes bajo el modo capitalista, la observación
empírica de la concentración de la tierra por algunos
campesinos y la creciente proletarización de los muchos -doquiera
las condiciones sociales y económicas permiten la retención
y acumulación de un excedente- es una clara contradicción
del concepto de modo campesino.
Para los que se oponen a la noción de un modo específicamente
campesino de producción específicamente campesino
de producción o un modo de producción de bienes simples,
los campesinos son conceptualizados o como una clase dentro de un
modo dado de producción (por ejemplo, los siervos bajo el
feudalismo) o como elementos de una clase bajo el capitalismo (Marx,
1974; Lenin, 1964; Kautsky, 1976; Preobrazhensky, 1965). Bajo el
feudalismo, el campesinado era la clase esencial de los productores
directos sujetos a la apropiación de su trabajo excedente
por una clase no productora -los señores. Bajo el capitalismo,
los campesinos son una clase transitoria y diferenciadora en un
proceso de descomposición y absorción por las clases
esenciales -el proletariado y la burguesía- del modo de producción.
En el análisis de una formación social específica
caracterizada por relaciones heterogéneas de producción,
los patrones de extracción excedente son los indicadores
más reveladores de los elementos de clases: arriendo en los
servicios laborales y especies bajo relaciones feudales o serviles
de producción y apropiación del excedente por medio
de la circulación (condiciones del intercambio) y proceso
laboral (salario) bajo las relaciones capitalistas de producción.
A medida que el desarrollo del capitalismo progresa en la agricultura,
los modos feudales y comunitarios se descomponen, liberando a sus
campesinados que son incorporados al modo capitalista como una clase
sumamente inestable de productores directos sujetos a la diferenciación
basada en su acceso a los medios de producción y a la subsiguiente
venta o compra de trabajo asalariado y capitalizar de este modo
su proceso de producción, y llegar a ser cada vez más
especializados como productores de bienes, mientras que la mayoría
debe depender crecientemente de la venta de su venta laboral a medida
que pierden acceso a los medios de producción. En el Cuadro
1, los cambios a través del tiempo en los niveles de producción
en los medios de subsistencia y trabajo dan la base económica
de la diferenciación.
Entre los estratos inferiores del campesinado el bajo nivel de
ingresos fomenta continuamente una migración permanente,
desde el hogar, de los hijos e hijas con edad suficiente para aprovechar
su propio costo de oportunidades en el mercado laboral. En muchos
caos el nivel deteriorante del ingreso alcanzado con la combinación
de producción casera y trabajo asalariado en las áreas
rurales o por la migración temporal, exige que la familia
entera se vaya al medio urbano donde el trabajo temporal puede ser
más fácil de encontrar a pesar de las altas tasas
de desempleo. En Cajamarca, aproximadamente 2.2 hogares de cada
cien se dirigen del área rural a los centros urbanos anualmente.
En muchos caos estos hogares continúan compartiendo la medianía
de sus míseras parcelas de tierra con vecinos o miembros
de la familia pero, después de un tiempo, venden totalmente.
La conceptualización del campesinado dentro del modo capitalista
de producción como elementos oscilantes de clase entre propietario
y trabajador es revelador también de la posición política
de los campesinos. El campesinado superior, con su carácter
pequeño-burgués, está ligado económicamente
a la burguesía pero ideológicamente a la masa de campesinos.
Constituye de este modo una clase amortiguadora entre la burguesía
y el proletariado en la población rural cada vez más
polarizada. En años recientes, una cantidad de reformas promovidas
por es estado han intentado recrear esta categoría con el
propósito de una estabilización política. La
redistribución de la tierra, los planes de colonización,
y los esfuerzos en el desarrollo rural tienen esta significativa
-aunque no siempre explícita- dimensión política.
En nuestro análisis, el campesinado como productor de bienes
es por lo tanto sólo un estrato social transitorio bajo el
capitalismo. La transición no implica, sin embargo, un ritmo
particular. En realidad, esta transición puede durar mucho
tiempo; y el número absoluto de campesinos en el tercer mundo
puede aumentar aún mucho tiempo en el futuro bajo la doble
fuerza en la explosión demográfica y de la descomposición
de los modos feudales y comunitarios que lanzan a sus campesinados
al modo capitalista de producción. Sin embargo, estos campesinos
se diferencian y se reproducen cada vez más como trabajadores
asalariados: la mayoría pierde gradualmente su estatus como
productores de bienes al mismo tiempo que intentan mantener el de
productos de valores de uso como complemento necesario a las ganancias
salariales para asegurar la subsistencia del hogar. Esto, por lo
menos, es lo que el campesinado de Cajamarca está experimentando
actualmente.
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Mientras
que la producción es en último término el determinante
de la reproducción en un sentido relativo en que el nivel
del resultado de las actividades productivas determinan las posibilidades
de consumo del hogar y, por lo tanto, el nivel de vida en que la
fuerza laboral de la familia puede reproducirse (nivel nutricional,
fertilidad, etc.), la estrategia reproductiva del hogar campesino
condiciona también las actividades productivas que pueda
emprender (Mamadani, 1972; Folbre, 1977).
Pocas controversias
han generado menos conocimiento que la que concierne a la lógica
económica de los campesinos: ¿Se dedican los campesinos
al cálculo de maximización económica en la
distribución de recursos escasos entre objetivos alternativos
o hay reglas económicas específicas que caracterizan
el comportamiento económico campesino que, en particular,
nieguen la reproducción expandida? En antropología
el conflicto ha asumido proporciones de confrontación entre
los formalistas (Firth, 1946; Tax, 1953; Nash, 1966; Leclair, 1968)
que asumen la primera posición y los substantivistas (Polanyi,
1957; Dalton, 1972; Sahlins, 1972) que asumen la segunda. Los economistas
agrícolas con su herencia neoclásica, han sido casi
todos partidarios de los formalistas (Schultz, 1964; Hopper, 1955;
Lipton, 1968).
Con propósitos empíricos, la especificación
de la función económica objetiva de los campesinos
es en realidad importante, pero las características de la
formación particular dentro de cual están insertos
los campesinos debe ser especificada en primer lugar. Una vez que
se ha hecho esta especificación, la controversia se convierte
en algo esencialmente trivial. Cada modo de producción tiene
claramente su propia ideología y reglas económicas
las cuales, cuando se reflejan en el nivel de la formación
social, condicionan el comportamiento económico y de las
posibilidades económicas para que los campesinos se reproduzcan
como productores directos.
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