Este ensayo se propone dar una
respuesta a la pregunta fundamental de si la agricultura de si la
agricultura sustentable será capaz de sacar a la agricultura industrializada
moderna del estado de crisis en que se encuentra. Partiendo de un
análisis de las dimensiones económicas, sociales y ecológicas de
la crisis, se hace resaltar la necesidad de abordar estos aspectos
mediante un paradigma alternativo. Se procede a examinar dos opciones
que existen al interior del movimiento agrícola alternativo; la
substitución de insumos cuando eso se plantea como un fin en sí
mismo, y la transformación agroecológica de los sistemas de producción.
Se argumenta que la primera disminuye considerablemente el potencial
de la agricultura sustentable, ya que la simple substitución de
insumos se preocupa principalmente por el aspecto ecológico y ofrece
pocas esperanzas de revertir la degradación acelerada de los recursos
para la producción futura, o de resolver la contracción de las ganancias
y el endeudamiento en el que han caído los agricultores de todas
las partes del mundo.
AGRICULTURA SUSTENTABLE Y
CRISIS AGRICOLA
La primera clave de este trabajo
es: ¿Será capaz la agricultura sustentable de sacar a los agricultores,
tanto del Primer Mundo como del Tercer Mundo, de la larga crisis
en que ha entrado la agricultura "moderna" industrializada del estilo
Revolución Verde. Para responder a esta pregunta comenzaremos haciendo
un bosquejo de las dimensiones económicas, sociales y ecológicas
de la crisis, en el marco del cual se busca un paradigma alternativo
que permita revertir la situación.
Una vez hecho esto procederemos
a examinar el concepto de agricultura sustentable a la luz de cada
una de estas dimensiones, y examinaremos la contradicción que persiste
en su interior a consecuencia del dominio del discurso de la substitución
de insumos (sobre todo en los países capitalistas), a través del
cual las industrias transnacionales han podido apropiarse del concepto
de sustentabilidad para sus propios fines. En nuestra opinión, la
prevalecencia del discurso de la substitución de insumos disminuye
considerablemente el potencial de la agricultura sustentable para
atacar de raíz las causas de la crisis económica y ecológica que
enfrenta la agricultura moderan, la estrategia de substitución de
insumos se basa únicamente en la búsqueda de insumos agrícolas alternativos,
menos dañinos al medioambiente, sin cuestionar ni la estructura
de monocultivo ni la dependencia de insumos externos que caracterizan
a los sistemas agrícolas.
DIMENSIONES ECONOMICAS Y SOCIALES
DE LA CRISIS
Aunque la crisis de la agricultura
convencional moderna es universal, y afecta tanto a las economías
desarrolladas como a aquellas del Tercer Mundo, es conveniente comenzar
con los Estados Unidos, donde supuestamente se origina la agricultura
industrial. La Figura 1 muestra la considerable disminución que
ha sufrido el número de agricultores en los Estados Unidos durante
el período de la posguerra, lo cual es el primer indicio de la crisis.
Es evidente que 3 millones de productores quedaron fuera de la jugada
por razones económicas, y no principalmente ecológicas; por lo que
las alternativas que se ocupan del lado ecológico de la ecuación,
sin considerar el lado económico, están condenadas al fracaso. Lo
cierto es que los agricultores estadounidenses han ido cayendo en
una situación de insolvencia, ocasionada por los cada vez más altos
costos de la tecnología agrícola moderna que se consumen cualquier
aumento de las ganancias agrícolas, como se muestra en la figura
2.
Figura 1
Número de fincas en los Estados Unidos, 1945-1992

Fuente: Vogeler, 1981; Holmes,1994
Figura 2
Ingresos y gasotosnetos de producción agrícola en los Estados
Unidos, 1910-86
Fuente: U.S. Department ofAgriculture, 1990.
Debido a la sobreproducción y la monopolización
de la comercialización por los transnacionales, los precios de los
alimentos se han mantenido estacionarios por mucho tiempo, mientras
que los costos de los insumos manufacturados se han elevado considerablemente
(Wessel y Hantman, 1983; Strange, 1988; NRC, 1989; Krebs, 1991;
Guither, Baumes y Meyers, 1994). Los agricultores han tenido que
endeudarse para pagar tractores de US$ 40.000 y cosechadoras de
US$ 100.000, y en general sus pequeños márgenes de ganancia no han
sido suficientes para cubrir los intereses de su deuda, lo cual
ha provocado oleadas de bancarrotas y cierres de negocios. Un modelo
alternativo tendrá entonces que reducir drásticamente de dependencia
en insumos y equipos externos para ayudar a los agricultores a salir
de cada crisis. Es importante señalar que tanto la sobreproducción
como los altos costos de producción son resultados de la misma tecnología
produccionista, la cual es entonces responsable del aprieto económico
en el que se encuentra los agricultores, tanto del lado de los costos
como del de los precios.
DIMENSIONES ECOLOGICAS.
La prueba más clara de la crisis
ecológica es la desaceleración de los rendimientos promedios de
los cultivos en los Estados Unidos (Figura 3). En algunos lugares
de los EE.UU. y del mundo, los rendimientos se encuentran en franco
descenso (Hewitt y Smith, 1995). Las opiniones en cuanto a las causas
subyacentes de este fenómeno varían. Hay quienes piensan que los
rendimientos se están nivelando debido a que se ha alcanzado un
nivel muy cercano al máximo rendimiento potencial de las variedades
actuales, por lo que es necesario recurrir a la ingeniería genética
para rediseñar las especies cultivadas (Tribe, 1994). Los agroecológicos,
por otra parte, opinan que la nivelación se debe a una constante
erosión de la base productiva de la agricultura a través de prácticas
insustentables (por ejemplo, Hewitt y Smith, 1995; Altieri y Rosset,
1995). Los mecanismos que explican este proceso incluyen la degradación
de las tierras mediante la erosión del suelo, la compactación, la
disminución de materia orgánica y la biodiversidad asociada a ella,
la salinización, el agotamiento de las aguas del subsuelo, la deforestación
y la desertificación; así como la aparición de plagas debido a la
generalización del monocultivo, a la uniformidad genética, la eliminación
de enemigos naturales y la resistencia a los plaguicidas desarrollada
por insectos, hierbas y enfermedades de los cultivos (Altieri, 1995;
Carroll, Vandermeer y Rosset, 1990; Goering, Norberg-Hodge y Page,
1993; Hewitt y Smith, 1995). La reducción en la eficacia de los
productos agroquímicos es un síntoma de estos problemas. En los
primeros 30 años del período de la posguerra, el uso de plaguicidas
en los EE.UU. aumentó 10 veces, pero el porcentaje de las pérdidas
de cultivo a causa de insectos se duplicó (Botrell, 1979). Un patrón
similar se observa con los fertilizantes químicos, ya que hoy es
necesario aplicar dosis mucho mayores para aumentar el rendimiento,
cuando podrían lograrse aumentos con el uso de mucho menos insumos
químicos (McGuiness, 1993).
Figura 3
Rendimientode Cultivos seleccionados en los Estados Unidos
Fuente: Department if Agriculture,
1995 a, 1995 b; FAO-AGROFAST, 1990-1996
LAS RAICES DE LA CRISIS
Las raíces de estos problemas
residen en el contexto socioeconómico en el que se originó la mayor
parte de la agroindustria moderna. Desde el principio, la ciencia
agrícola estadounidense estuvo orientada a aumentar al máximo la
productividad de aquel factor que más limitaciones ponía al desarrollo
de la economía estadounidense: la mano de obra. Así la mecanización
temprana de las prácticas agrícolas condujo inexorablemente al monocultivo,
pese a la disminución en productividad por unidad de área que ocasione
la mecanización. La ciencia agronómica se concentró entonces en
las variedades y en la densidad de la siembra que debían aplicarse
al monocultivo, y luego en los fertilizantes químicos que permitirían
reemplazar a las prácticas de fertilización más laboriosas (tales
como la aplicación de estiércol y la rotación de cultivos) por un
simple compuesto químico. Los fertilizantes favorecían la especialización,
es decir, la separación en el espacio de ganado y cultivos-, lo
cual se acentuarán más tarde por la enorme inversión en maquinaria
necesaria para cosechar un solo cultivo. El monocultivo extensivo,
con su práctica de sembrar plantas básicamente en soluciones de
nutrientes, engendro brotes de plagas que serían contrarrestadas
con insecticidas sintéticos también economizadores de mano de obra
(Perelman, 1977; Buttel, 1990; Carroll et al., 1990; Goering e al.,
1993; Altieri, 1995).
Así
pues, ha sido la misma naturaleza de las fuerzas sociales y económicas
que impulsaron la generación de tecnología la que nos ha conducido
a la crisis actual. Los costos de maquinaria, de productos químicos
agrícolas y otros insumos han favorecido a las fincas de mayor tamaño,
además de la especialización de la producción, el monocultivo y
la mecanización. Al mismo tiempo muchos agricultores quebraban,
debido a que los precios estacionarios de los productos, a pesar
de los subsidios, eran insuficientes para pagar los intereses de
las deudas en que habían tenido que incurrir. Además, la ausencia
de rotación de cultivos y de diversificación eliminó los mecanismos
de auto-regulación, convirtiendo a los monocultivos en agroecosistemas
altamente vulnerables, dependientes de grandes cantidades de insumos
de origen químicos (Altieri, 1995).
La exportación de la misma tecnología
al Tercer Mundo ha resultado tener efectos aún más catastróficos.
Diseñada para maximizar la productividad del recurso más escaso
en el Primer Mundo, la mano de obra, esta tecnología ha demostrado
ser dispendiosa en términos de tierra y de capital. En el caso de
países con problemas crónicos de desempleo y/o con escasez de capital,
ha conducido rápidamente a una enorme migración campo-ciudad, con
sus consiguientes problemas sociales, y a la penetración de la agricultura
por parte del capital extranjero (Perelman, 1997; Wright, 1990;
Goodman y Redclift, 1991; Shiva, 1991; Vandermeer y Perfecto, 1995;
Altieri, 1995). Más aún, cuando los sistemas de producción basados
en el monocultivo han sido transferidos a las regiones tropicales,
a expensas de los agroecosistemas diversificados, la prolongación
del cultivo a todo el año ha hecho que el problema de las plagas
y los plaguicidas entren en una espiral ascendente incontrolable
(Altieri, 1995, Conroy et al.; 1996).
Un rasgo sobresaliente de la
crisis de la agricultura convencional es el grado en el que el capital
ha llegado a penetrarla, y cómo esa penetración ha contribuido a
intensificar las dimensiones socioeconómicas y ambientales de la
crisis (Buttel, 1990; Lewontin, 1982; Lewontin y Berlan, 1986; de
Janvry, 1983; Goodman y Redclift, 1991; Hamilton, 1994). Históricamente,
el capital ha procedido a "apropiarse" de los elementos del proceso
productivo, reemplazando a los mecanismos naturales de control de
plagas por plaguicidas, la fertilidad natural del suelo por fertilizantes,
y así sucesivamente (Goodman y Redclif, 1991). El resultado inevitable
de todo esto es el conflicto de intereses: enormes cantidades de
dinero entran en juego para mantener una agricultura industrializada
que depende de fuertes inversiones de capital, lo cual convierte
tanto a países como a agricultores en entidades dependientes de
los abastecedores de insumos y equipos. Sin duda, muchas ganancias
dejarían de ser percibidas si hubiera un cambio hacia sendas alternativas
y tradicionales, lo que conduciría a una menor dependencia de los
agricultores en materia de insumos externos (van den Bosch, 1978;
Perelman, 1977). Esta pérdida potencial de ganancias es lo que hace
que todo el sistema agrario sea muy renuente al cambio (Hamilton
1994).
Agricultura Sustentable:
¿Una respuesta adecuada a la crisis?
La crisis de la agricultura,
así pues, tiene dos dimensiones: una ecológica y una socioeconómica;
ambas interrelacionadas y procedentes de las condiciones históricas
de la agricultura estadounidense, así como de la penetración del
capital, hecho que ha servido para profundizar la crisis e impedir
cambios fundamentales. Cualquier paradigma alternativo que ofrezca
posibilidades de sacar a la agricultura de la crisis en que se encuentra
debe atacar las fuerzas ecológicas, sociales y económicas. Cualquier
ejército que se concentra solamente en paliar los impactos ambientales,
por ejemplo, sin ocuparse ya sea de la difícil realidad social que
enfrentan los agricultores, o de las fuerzas económicas que perpetúan
la crisis, está condenado al fracaso. Esto es precisamente nuestra
preocupación cuando hablamos de agricultura sustentable.
El concepto de agricultura sustentable
es una respuesta relativamente reciente a la disminución en la calidad
de los recursos naturales o de la base productiva de la agricultura
moderna (Altieri, 1995). La cuestión de la producción agrícola ha
pasado de ser puramente técnica a convertirse en una cuestión más
compleja que se caracteriza por tener dimensiones sociales, culturales,
políticas y económicas. El concepto de sustentabilidad ha sido,
sin embargo, controversial y difuso, en vista de los intereses en
conflicto, y de las diversas definiciones e interpretaciones de
su significado (Lélé, 1991; Allen y Van Dusen, 1990; Allen, 1993).
Este concepto ha generado mucha
discusión, así como múltiples propuestas para lograr ajustes importantes
en la agricultura convencional, de modo que sea más viable a nivel
ambiental, social y económico. El enfoque principal ha sido la substitución
por insumos menos nocivos de aquellos productos agroquímicos que
han resultado responsables de muchos de los problemas asociados
con la agricultura convencional.
El énfasis ha pasado ahora a
los insumos de composición biológica que pueden ser adquiridos,
como el Bacillus thuringiensis, un plaguicida microbiológico ampliamente
aplicado en lugar de los insecticidas de origen químico, y comercializado
a través de grandes laboratorios químicos con marcas como Dipel®
y Javelin® . Este tipo de tecnología está relacionado con el enfoque
técnico dominante, conocido como substitución de insumos. El impulso
es básicamente tecnológico, y se caracteriza por conservar la misma
mentalidad del factor limitante que ha dirigido la investigación
agrícola convencional en el pasado. Los agrónomos y otros científicos
agrícolas han sido instruidos por generaciones con la "ley del mínimo"
como dogma central. De acuerdo con este dogma central. De acuerdo
con este dogma, en un momento determinado hay un solo factor que
limita el incremento del rendimiento, y ese factor puede ser superado
mediante un insumo externo apropiado. Una vez que se ha superado
la barrera del primer factor limitante-deficiencia de nitrógeno,
por ejemplo, para lo cual se considera a la urea como el insumo
apropiado los rendimientos pueden volver a elevarse hasta que otro
factor -supongamos una plaga- se vuelve limitante. Ese factor entonces
requiere de otro insumo -plaguicida, en este caso- y así sucesivamente,
perpetuando un procedimiento que alivia síntomas en lugar de atender
a las causas reales del desbalance ecológico.
Este
enfoque presenta muchos problemas. Por una parte, se concentra en
los niveles más superficiales de integración del agroecosistema,
tomando en cuenta una sola especie, es decir, el cultivo, y un solo
factor limitante, ya sea biótico o abiótico. Por otra parte, niega
a las abundantes bases científicas proporcionadas por la ciencia
agroecológica en cuanto a la importancia de los niveles más altos
de interacción, incluyendo la sinergía, el antagonismo, y la interacción
directa o indirecta de múltiples especies. Desde un punto de vista
práctico, el resultado del enfoque del factor limitante es inevitablemente
que, a medida que un agricultor "resuelve" un problema. El o ella
es confrontado por otro problema "inesperado" Si él o ella utiliza
úrea para solucionar el problema del nitrógeno como factor limitante,
por ejemplo. El o ella se enfrenta muy a menudo a un brote de plagas
de insectos chupadores, cuyos números aumentan dramáticamente a
medida que aumenta la disponibilidad de nitrógeno soluble en la
sabia de las plantas de las cuales se alimentan (McGuinness, 1993).
Estos factores limitantes, en
los que se centra la agronomía clásica, pueden ser vistos por la
nueva ciencia de agroecología como síntomas que encubren la enfermedad
subyacente de un agroecosistema. En el caso hipotético de una deficiencia
de nitrógeno, en lugar de pensar que se trata de un factor limitante
puede considerarse síntomas de un malestar sistemático subyacente,
como puede ser una falla en los mecanismos generales de circulación
de nutrientes. En el caso de tierras explotadas mediante métodos
convencionales a largo plazo, el problema real es a menudo un suelo
muerto, estéril, contaminado por productos químicos y con poca materia
orgánica. Un suelo así no es adecuado para el flujo nitrógeno proveniente
de la materia orgánica en descomposición, o para la fijación biológica,
y su baja porosidad y naturaleza compacta conducen a la rápida pérdida
de fuentes de nitrógeno de origen químico provenientes del exterior.
En contraste con esto, un suelo
saludable, biológicamente rico, con abundante materia orgánica y
una diversidad de microorganismos, incluye en su biota bacterias
que proporcionan y fijan nitrógeno, al tiempo que viven libremente
y mineralizan este elemento a partir de la misma materia orgánica.
En lugar de aplicar úrea, así pues, el agricultor debería iniciar
un programa diseñado para reconstruir la estructura del suelo y
la materia orgánica, con una comunidad biótica saludable que se
mantiene a sí misma (Magdoff, 1993). Así pues, la agroecología es
un enfoque alternativo que va más allá del uso de insumos alternativos
para desarrollar agroecosistemas integrales con una dependencia
mínima de los insumos externos. El énfasis está en el diseño de
sistemas agrícolas complejos, en los que las interacciones ecológicas
y la sinergía ente componentes biológicos reemplazan a los insumos
para proporcionar los mecanismos necesarios para el mantenimiento
de la fertilidad del suelo, la productividad y la protección de
los cultivos (Altieri, 1995).
LA PRACTICA VIGENTE ES ALARMANTE.
En este contexto, consideramos
que la prevalecencia del modelo de la substitución de insumos (que
sí tiene su lugar correcto en una transición planificada de la agricultura
convencional a la agroecológica), sin contemplar una transición
más allá, es un problema. Por una parte, la mera substitución de
insumos en la agricultura alternativa o "sustentable" es alarmante,
puesto que deja intacto al sistema de la agricultura convencional,
con sus fuertes inversiones de capital (sobre todo en los países
capitalistas) y su dependencia en el monocultivo. Todos los cambios
son relativamente pequeños. Se elimina un plaguicida tóxico para
substituirlo por un producto biológico. En lugar de la úrea, o junto
con ella, son descargadas cantidades considerables de estiércol
o composts comerciales de alto costo. Si bien estos cambios pueden
ser vistos como un avance en una dirección más benéfica para el
ambiente, las fuerzas que operan en la crisis agrícola permanecen
como están: monocultivo extensivo, control de insumos por la industria
transnacional, dependencia de combustibles fósiles, y una muy fuerte
necesidad de capital. Este enfoque no toma en cuenta ni el endeudamiento
en que han caído los agricultores, debido a los altos costos de
la maquinaria y de los insumos, ni las bases ecológicas de la disminución
de rendimientos -la reducción de la biodiversidad funcional de los
agroecosistemas.
Por todas partes existe evidencias
de la hegemonía que va adquiriendo este enfoque falsamente sustentable.
La agricultura orgánica, vista comúnmente como un concepto holístico,
se encuentra ahora altamente comercializada y dominada por el capital.
Las publicaciones dirigidas a los agricultores orgánicos, se encuentran
pletóricas de anuncios de plaguicidas biológicos de alto costo,
composts comerciales, enemigos naturales criados en insectarios
comerciales, extractos vegetales en venta por las grandes compañías
agroquímicas, y cosas similares. Las tiendas naturistas de alimentos
se encuentran ahora llenas de casi tanta comida procesada como los
supermercados ordinarios, con la sola diferencia de que los ingredientes
son "naturales" u "orgánicos", y se les ha desprovisto de menos
fibra al ser procesados. Por último, el Manejo Integrado de Plagas
(MIP), una de las batallas libradas por las compañías de productos
agroquímicos en un principio (van den Bosch, 1978), es ahora promovida
ampliamente por aquellos que alguna vez fueron sus detractores (Moore,
1995; Western Crop Protection Association, 1995). ¿A qué se debe
esto? A que los planificadores corporativos se han dado cuenta de
que se puede hacer negocios más interesantes con las prácticas alternativas
que con la agricultura convencional, manteniendo a los agricultores
dependientes de tecnologías externas.
Los plaguicidas son un ejemplo
de lo anterior. Los venenos de amplio espectro convencionales, que
alguna vez fueron las bases de toda una industria, están desapareciendo
rápidamente del mercado debido a que las plagas se han vuelto resistentes
a ellos, y a que las patentes originales están llegando a su fin,
a medida que los costos impuestos por la reglamentación gubernamental
para introducir nuevos productos químicos se vuelven cada vez más
prohibitivos. Los plaguicidas biológicos, y toda una nueva generación
de plaguicidas, ofrecen una salida fácil para las compañías preocupadas
por su parte de responsabilidad, en un mundo que ya conoció tragedias
como la de Bhopal. Por otra parte, estos productos ofrecen también
una oportunidad para que dichas compañías se promueven como miembros
"responsables de la sociedad civil. Como explicó recientemente un
grupo industrial en un panfleto acerca del MIP (Western Crop Protection
Association, 1995, pp. 9,20-21):
La MIP no es una fórmula para
eliminar o reducir el uso de plaguicidas... Todos los aspectos de
la agricultura han respondido a la demanda de plaguicidas de mínimo
riesgo.. Los agricultores se han vuelto más conscientes de los problemas
ambientales y han mejorado las técnicas de cultivo... Como resultado
de esto, los productores de plaguicidas han también respondido invirtiendo
miles de millones de dólares en investigación, y desarrollando y
comercializando nuevos productos dirigidos a plagas especificas
y menos dañinos al ambiente.. Hoy día asistimos a una virtual revolución
en investigación y desarrollo de plaguicidas que proporcionará aún
mejores opciones de control de plagas para los agricultores. El
desafío que enfrentan los legisladores es reconocer y recompensar
a los plaguicidas de menor riesgo.
Las fábricas del Tercer Mundo
producen ahora metil paratión (el principal culpable del envenenamiento
por insecticidas de agricultores y trabajadores agrícolas en todo
el mundo), producto cuya patente ha terminado, y se consigue en
Centro América, por ejemplo, a un costo de cerca de US$ y.00 por
litro. Debido a que su uso es extremadamente peligroso y a que ha
perdido gran parte de su eficiencia a través del tiempo, los programas
de MIP con financiamiento internacional, así como los extensionistas
de los gobiernos y los representantes de las casas comerciales,
recomiendan a los agricultores el uso de nuevos productos biológicos
inocuos y eficaces, tales como el Javelin® , que puede costar unos
$ 150.00 por litro, o incluso el Avermec®, que puede costar más
de $ 400.00. Estos productos son en realidad más inofensivos, y
en muchos casos más eficaces que el metil paratión. Sin embargo,
es necesario hacerse la siguiente pregunta en la forma más cruda:
¿qué es más dañino a la salud de una familia de agricultores cuyo
ingreso anual puede estar muy por debajo de los US$ 1,000.00 anuales,
exponerse a las bocanadas ocasionales de metil paratión, o tener
que pagar US$ 393.00 adicionales por un insumo esencial para la
producción? En términos más generales, si los productos alternativos
elevan los costos de producción para los agricultores del Primer
y Tercer Mundo (ya en aprietos económicos) y aumentan su de por
sí excesiva dependencia de los proveedores de insumos externos,
entonces los bioplaguicidas no ofrecen una salida para la crisis.
Con la excepción de los casos donde la producción es local, a base
de materia prima local, y sin grandes costos de divisas, como es
el caso de los Centros Reproductores de Entomófagos y Entomopatógenos
(CREEs) en Cuba (Rosset and Benjamin, 1994; Rosset, 1996).
Es indudable que la industria
agroquímica sabe hacia dónde soplan los vientos. Aunque los datos
actuales son un secreto comercial celosamente vigilado, en todas
partes se cree que más de la mitad de todo el dinero invertido en
investigación y desarrollo en la industria de plaguicidas va a parar
a los productos biológicos. Como se trata de productos nuevos, recién
patentados, pueden cobrar regalías y obtener amplias ganancias,
y cuentan con un anzuelo publicitario en medio de la tendencia general
hacia el MIP y otras alternativas. Puede parecer fácil adoptar una
postura conformista ante esta situación, apoyándose en la noción
de que es mejor que la industria obtenga ganancias a partir de productos
inofensivos al ambiente y más adecuado, que con productos que lo
contaminan. Nosotros también compartiríamos esta idea, si no fuera
por el hecho de que los agricultores no pueden soportar más alzas
en los costos de producción. Más aún, la tecnología de substitución
de insumos no ofrece una solución a las implicaciones ecológicas
de la crisis. Por último, existe una mejor alternativa, que es la
agroecología.
HACIA UN METODO AGROECOLOGICO.
La agrocecología se ha convertido
en la disciplina que proporciona los principios ecológicos básicos
para estudiar, diseñar y administrar agroecosistemas alternativos
que afectan no sólo a los aspectos ecológico-ambientales de la crisis
de la agricultura moderna, sino también a los aspectos económicos,
sociales y culturales (Altieri, 1995). La agroecología va más allá
del panorama unidimensional de la genética, la agronomía y la edafología
de los agroecosistemas, para comprender los niveles ecológicos y
sociales de la co-evolución, la estructura y la función. En lugar
de enfocarse en un componente particular del agroecosistema, la
agroecología enfatiza la interrelación de todos los componentes
del mismo, así como las complejas dinámicas de los procesos ecológicos.
Las tendencias actuales en agroecología invitan a los investigadores
a involucrarse con el conocimiento y las habilidades de los agricultores,
y a identificar el potencial para lograr una biodiversidad que dé
paso a una sinergía benéfica que posibilite el mantenimiento o la
recuperación de un estado relativamente estable.
El acercamiento a la etnociencia
(es decir, el sistema de conocimiento surgido de un grupo étnico
de manera local y natural) ha demostrado que el conocimiento del
campesino local sobre el medio ambiente, la vegetación, los animales,
y los suelos, puede ser muy detallado (Altieri, 1995). El conocimiento
campesino de los ecosistemas genera a menudo estrategias multidimensionales
y productivas de uso del suelo que resultan con ciertas limitaciones
ecológicas y técnicas en la autosuficiencia alimentaria de algunas
comunidades. Una vez entendidas las características ecológicas de
la agricultura tradicional a saber, su capacidad para enfrentar
riesgos, la eficacia que tienen las mezclas simbióticas de cultivos
en la producción, el reciclaje de materiales, la dependencia de
los recursos locales y el germoplasma, y la explotación de un amplio
margen de microambientales es posible obtener información muy importante
para el desarrollo de estrategias agrícolas adecuadas a las necesidades,
preferencia y recursos de grupos específicos de agricultores y agroecosistemas
regionales.
El comportamiento de los agro-ecosistemas
depende básicamente de la interacción de los diversos componentes
bióticos y abióticos. Al organizar una biodiversidad funcional,
es posible iniciar una sinergía que dé paso a procesos ecosistémicos
mediante ciertas funciones ecológicas, tales como la activación
de la biología del suelo, el reciclaje de nutrientes y el mejoramiento
de artrópodos y antagonistas benéficos. Las tecnologías agroecológicas
no se concentran en la estipulación de la productividad bajo condiciones
óptimas, como lo hacen las tecnologías de la Revolución Verde, sino
que más bien aseguran la continuidad de producción bajo una amplia
gama de condiciones climáticas y de suelo, y especialmente bajo
condiciones marginales que generalmente predominan en la agricultura
de granjas pequeñas. Lo que importa, sin embargo, no es enfocarse
en tecnologías específicas, sino en una gama de tecnologías que
incorporen diversos cultivos, la rotación a base de legumbres, la
integración de animales, el reciclaje y la administración de biomasa
y residuos.
El sistema de producción debe:
(1) Reintroducir niveles funcionales de biodiversidad al sistema;
(2) reducir el uso de energía que ingresa al sistema, de manera
que se tenga una relación de alta productividad con bajo uso de
energía; (3) reducir la pérdida de nutrientes mediante el control
eficaz de la lixiviación y la erosión, y mejorar el reciclaje de
nutrientes a través del uso de leguminosos, abono orgánico y composts,
y otros mecanismos adecuados de reciclaje; (4) fomentar la producción
local de alimentos adaptados al contexto natural y socioeconómico;
(5) mantener la producción deseable al conservar los recursos naturales
(o r medio de la minimización de la degradación de suelos);ed (6)
reducir los costos e incrementar la eficacia y viabilidad económicas
de las fincas pequeñas o medianas, de tal forma que se promueva
un sistema agrícola diverso y resistente (Altieri, 1995).
Los componentes básicos de un
agroecosistema sustentable incluyen: (1) una cubierta vegetal como
medida eficaz para la conservación de suelo y agua, creada por medio
de prácticas de cero labranza, el uso de mulch, el empleo de cultivos
de cobertura y otras prácticas relacionadas; (2) una fuente constante
de materia orgánica por medio del suministro constante de estiércol
y composts y la promoción de la actividad biótica del suelo; (3)
mecanismos de reciclaje de nutrientes por medio de la rotación de
cultivos, la integración de la ganadería y los cultivos, y otras
prácticas relacionadas; (4) el control de plagas por medio de un
aumento en la actividad de los agentes de control biológico, obtenida
mediante la introducción y/o conservación de enemigos naturales;
(5) Diversificación del agroecosistema en el espacio (policultivos,
agroforestería, etc.) y en el tiempo (rotaciones, integración de
cultivos y animales, etc.) (Altieri y Rosset, 1995).
CONCLUSIONES:
¿La substitución de insumos contra el enfoque agroecológico, o un
paso hacia una agricultura agroecológica?
Como se enfatizó en este artículo,
el objetivo de la estrategia agroecológica para lograr una productividad
agrícola sustentable es socavar la estructura del monocultivo, así
como la dependencia de insumos externos al diseñar agroecosistemas
integrales. Este es el único acercamiento con posibilidades de considerar
tanto los aspectos socioeconómicos de la crisis al reducir la dependencia
de costosos insumos externos, sean éstos biológicos o químicos como
la devastación ecológica de la agricultura industrial moderna. No
sólo es posible detener la continua degradación de la base productiva
de la agricultura, sino que puede incluso ser revertida, ya que
muchas de las tecnologías agroecológicas han demostrado que permiten
la recuperación de ecosistemas de suelos estropeados.
El resultado final del diseño
agroecológico es la sustentabilidad económica y ecológica del agroecosistema.
Los sistemas de manejo alternativos deberán estar a ton con la base
local de recursos y la red funcional de condiciones ambientales
y socioeconómicas.
Por otra parte, la substitución
de insumos no aprovecha los efectos benéficos que tiene la integración
de la biodiversidad vegetal y animal, al reforzar la interacción
compleja y la sinergía. La sustitución de insumos puede aminorar
algunos de los impactos directos de la agricultura sobre el medioambiente,
como son los residuos de plaguicidas y la resistencia de las plagas,
pero no disminuye la vulnerabilidad fundamental del monocultivo.
Más aún, reemplaza insumos baratos y ecológicamente dañinos por
otros menos dañinos, pero más caros, aumentando así los costos y
dejando intacta la crisis económica que enfrentan los agricultores
de todo el mundo.
La comparación del enfoque agroecológico
con las tecnologías convencionales y de sustitución de insumos pone
en evidencia las ventajas de los sistemas de cultivo integrales
diseñados con un criterio agroecológico. Estas ventajas incluyen
una reducción en la vulnerabilidad a las plagas, enfermedades y
hierbas parásitas; una menor dependencia en insumos ponen en evidencia
las ventajas de los sistemas de cultivo agroecológico. Estas ventajas
incluyen una reducción en la incluyen una reducción en la vulnerabilidad
de las plagas, enfermedades y hierbas parásitas; una menor dependencia
en insumos menor dependencia en insumos externos; menores requerimientos
de capital y una mayor eficacia en el uso de la tierra, aspecto
asociado a los policultivos. En la Tabla 1 aparece un resumen de
las características más importantes de los sistemas diseñados con
los enfoques convencionales de sustitución de insumos y agroecológicos.
En general, las tecnologías agroecológicas son económicamente viables
y ambientalmente acertadas, ya que por una parte reducen los costos
de producción al descansar sobre los recursos locales y, por otra,
promueven una estructuración biológica eficiente, lo cual a su vez
asegura el funcionamiento del sistema. Los agricultores que se deciden
por esta opción puede depender de los recursos y las fuentes de
insumos locales, en lugar de los insumos externos, lo cual resulta
en considerables beneficios sanitarios, ambientales y socioeconómicos.
Tabla 1
Características de los Sistemas Convencionales, de Sustitución
de Insumos y Agroecológicos
|
Rubro
|
Sistema
|
|
Convencional
|
Sustitución de Insumo
|
Agroecológico
|
| petróleo |
alto |
alto |
bajo |
|
mano de obra
|
bajo, contratado |
bajo, contratado |
alto, familiar y comunal |
| gerencia |
bajo |
bajo-mediano |
más complejo |
| labranza |
alto |
alto a bajo |
bajo, conservación |
| diversidad |
bajo |
bajo-mediano |
alto |
| cultivos |
anuales, híbridos |
anuales, polinización abierta |
anuales y perennes,
cultivares locales |
| semillas |
todas compradas |
muchas compradas |
locales |
| integración de animales |
ninguna |
poca (estiércol) |
alta |
| plagas |
poco predecibles |
poco predecibles |
más estables |
| manejo de insectos |
químico |
MIP=umbrales, productos novedosos |
cultural y biológico |
| manejo de malezas |
quimico, mecánico |
productos novedosos |
competencia, rotación |
| manejo de patógenos |
químico, resitencia vegetal |
antagónicos, resistencia vertical,
multilíneas |
rotación, resistencia horizontal,
cultivares y cultivos mixtos |
| nutrientes |
químicos - intermitente - abierto |
microbios,abonos naturales - semi-abierto |
reconstrucción del suelo - semi-cerrado
|
| importaciones de procesos de descomposición |
poca |
poca |
alta |
| manejo de agua |
riego convencional, gran escala |
goteo |
riego artesanal, lluvia, materia
orgánica, trampas de agua |
| respuesta del sistema a "no previstos" |
muy mala, riesgo alto |
mala, riesgo alto |
muy resistente, compensación, menos
riesgo |
| generación de tecnología |
vertical, importada |
vertical, importada |
participativa |
| experimentación |
diseños convencionales |
diseños convencionales |
participativa |
| insersión en el mercado |
total - compra, venta |
total - compra, venta |
parcial - autoconsumo y ventas |
| inversión de capital |
alta |
más alta |
baja |
| productividad de la tierra |
mediana |
mediana |
alta |
| productividad de la mano de obra |
alta |
alta |
baja-mediana |
| productividad de capital |
alta => baja |
baja => media |
alta |
| ganancias netas |
alta => baja |
baja => media |
medianas |
| riesgos para la salud |
alto |
mediano - bajo |
bajo |
| riesgos para el ambiente |
alto |
mediano |
bajo |
La agroecología nos ofrece un
nuevo panorama y un conjunto de directrices conducentes a un agricultura
más diversificada, en armonía con el medioambiente y capaz de preservar
los lazos comunitarios de la poblaciones rurales. Sin embargo, este
panorama no puede ser realizado cabalmente si no le dan las condiciones
necesarias para el desarrollo de una política encauzadora que promueva
un tipo de agricultura verdaderamente sustentable. para llegar a
tales condiciones será necesario hacer desaparecer ciertos factores
que impiden el cambio y sustituirlos por incentivos. La participación
activa de grupos de agricultores con otras instituciones será esencial
par generar políticas realmente funcionales, y para desafiar los
proyectos de investigación al servicio de los interés corporativos
a expensas de agricultores y el medio ambiente (Pretty, 1995).
En vista de la contundente superioridad
del enfoque agroecológico, creemos que es urgente resistirse a la
propuesta de una agricultura sustentable u orgánica basada en la
sola sustitución de insumos, la cual deja abierta una entrada a
los agronegocios, y les asegura el mantenimiento del control sobre
los agricultores. El enfoque de la sustitución de insumos nos deja
con una abastecimiento alimentario biológicamente vulnerable, con
una inestabilidad ecológica y con la dependencia, endeudamiento
y empobrecimiento de la mayoría de los agricultores del mundo. En
cambio, la agroecología ofrece la esperanza de tendrá una economía
agrícola más independiente y viable, capaz de abastecer saludable
a la sociedad y de proteger el medioambiente para las futuras generaciones.
Sin embargo la sustitución de
insumos tiene su lugar en la transmisión planificada hacia el agricultura
agroecológica. Cuando uno se lanza a la conversión de una finca
convencional, cuenta con un suelo que ha sido esterilizado por décadas
de abuso de productos agroquímicos, y un complejo de enemigos naturales
devastados por los plaguicidas. Requiere tiempo restaura la vida
del suelo, su estructura y materia orgánica, así como recuperar
la fauna benéfica. Durante el período de conversión, que puede ser
corto o largo y el uso intencional de biodiversidad, los insumos
sustitutos tales como los bioplaguicidas y los biofertilizantes
son indispensables. Pero la meta a mediano plazo es ir reduciendo
su uso, y pro tanto la dependencia del agricultor hacia insumos
costosos, en la medida que el sistema agroecológico vaya adquiriendo
la capacidad de autopatrocinar sus necesidades de fertilidad y manejo
de plagas y enfermedades.
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