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INTRODUCCION
La discusión sobre el desarrollo, los diversos
enfoques desde los cuales es posible concebirlo, los niveles en
que este proceso se realiza y las formas de cómo llevarlo a cabo
constituyen una temática siempre vigente. Es explicable que así
lo sea, pues se trata de una materia que toca directamente tanto
las posibilidades de vida de los seres humanos como las calidad
de esa misma vida.
Al día de hoy la importancia
de esta discusión se ve enormemente acrecentada por el hecho que
por primera vez en su historia, el hombre cuenta con los medios
no sólo de desarrollar la vida de su especie, sino también de ponerla
seriamente en peligro. Diversos autores nos muestran que los recursos
naturales, considerados hasta hace no muchos años como ilimitados,
han dejado de serlo si se continúa explotándolos en la forma como
se lo ha hecho.
Lo anterior abre una seria interrogante
sobre las posibilidades de vida de las futuras generaciones.
Criticando esta situación, la
de explotación irracional de los recursos naturales, se habla de
"pan para hoy y hambre para mañana". Pero con justicia es necesario
reconocer que ni siquiera estamos obteniendo ese "pan para hoy",
si es que pensamos en el conjunto de la humanidad. Las cifras nos
muestran en forma elocuente que la pobreza no disminuye en nuestros
países de América Latina ni en el resto del Tercer Mundo (Altieri,
Yurjevic, 1994). Tampoco ha sido posible erradicarla por completo
del mundo desarrollado, mostrando que el modelo implementado tiene
serias limitaciones o quizá muestra signos de agotamiento.
Cada día se hace más evidente
que la forma como se ha querido resolver el imperativo del mejoramiento
de la vida muestra tales insuficiencias que lo hacen un proceso
difícilmente sustentable en el tiempo. Lo anterior es efecto tanto
del deterioro de los recursos productivos como de la inestabilidad
social causada por la falta de equidad en la distribución de los
bienes producidos. Estas consideraciones llevan a la necesidad de
seguir haciendo un esfuerzo de análisis a fin de poder replantearse
soluciones que, por considerar dimensiones del desarrollo poco valorizadas
hasta ahora, hasta ahora, puedan constituir respuestas más adecuadas
(Yurjevic A., 1993). La discusión se torna aún más compleja si consideramos
que el término desarrollo se usa para señalar problemas y tareas
de niveles tan diversos como el del conjunto del planeta, el nivel
nacional, regional y local, hasta el de los grupos de base (Yurjevic
A., 1995)
En el presente artículo se mostrará
que sólo es posible un desarrollo urbano sustentable en el tiempo
si el proceso se genera desde las mismas personas y grupos que deben
recibir los frutos de un tal desarrollo. Es lo que se ha denominado
Desarrollo Desde la Base, enfoque que llama la atención en especial
sobre la dimensión humana del desarrollo.
Se señalarán también las condiciones
y criterios necesarios de considerar si se quiere hacer realidad
un proceso de este tipo en programas con pobladores urbanos.
Los contenidos han sido sintetizados
en las siguientes aseveraciones, sirviendo las primeras de fundamento
a las siguientes.
1. LA PRODUCCION DE BIENES MATERIALES NO BASTA PARA QUE SE OBTENGA
DESARROLLO.
Pese a que la afirmación anterior
parece evidente y por lo tanto indiscutible, la práctica muestra
que no lo es y que el punto merecer ser analizado evidenciando todas
sus implicancias. Al menos dos consideraciones deben hacerse al
respecto.
La primera es recordar que en
referencia al desarrollo los bienes son tales si responden a la
satisfacción de las necesidades humanas. O como lo hace Max Neef
es necesario hacer la distinción entre bienes, satisfactores y necesidades.
Debido a lo anterior una verdadera
medida de logros en esta materia debe considerar el grado de satisfacción
de las necesidades más que la simple cantidad de bienes producidos.
Se trata en definitiva de producir para "ser", para desarrollarse
como ser humano y no sólo para "tener" como a menudo lo hace nuestra
sociedad consumista, dado el énfasis que coloca en este segundo
elemento el actual modelo de desarrollo.
Consecuentemente es necesario
tomar en cuenta el conjunto de las necesidades humanas y no sólo
algunas de ellas. Es evidente que los programas de desarrollo deben
ser realmente eficientes en la producción de los bienes materiales
necesarios a la satisfacción de las necesidades físico -biológicas
del ser humano. Pero igualmente necesario es la respuesta a las
necesidades de tipo intelectual, afectivo, psicológico y social
que son las que nos diferencian de los otros seres de la naturaleza
dándonos muestra identidad propia.
En segundo lugar es necesario
recordar que el desarrollo implica producir bienes para satisfacer
el conjunto de necesidades humanas, pero no sólo de algunos sino
de todos los seres humanos. En otras palabras no existe posibilidad
de desarrollo realmente humano sin solidaridad, sin equidad. El
ser humano no es verdaderamente tal sin los aportes mutuos de todo
tipo que se realizan en el seno de la organización social. Y la
equidad en un proceso de desarrollo tiene que hacerse efectiva al
menos en cuatro ámbitos.
Equidad entre los países. Difícilmente
se puede hablar de un proceso sano de desarrollo si la abundancia
de unos se construye y se mantiene a partir de la pobreza de otros.
Especialmente si los primeros derrochan los bienes que para los
otros son vitales.
Lo mismo se puede afirmar en
relación a la situación entre los diversos grupos sociales y étnicos,
lo que ha sido denominado equidad intrageneracional, y que dice
relación a los problemas de distribución de ingresos y generación
de oportunidades.
De la misma manera un verdadero
proceso de desarrollo debe considerarse la equidad intergeneracional,
es decir, el hecho de que el desarrollo de una generación no puede
comprometer el de las siguientes (Yujervic A., 1993) Este tipo de
equidad dice relación a la preservación de los recursos productivos,
al cuidado del medio ambiente.
Y finalmente debe necesariamente
tomar en cuenta la situación de la mujer en nuestras sociedades.
Si no se avanza en forma y significativa respecto a la equidad de
género se está afectando negativamente del desarrollo de la mitad
de la población del planeta.
Si la producción de bienes no
considera el conjunto de elementos señalados y que se desprenden
de la dimensión humana del proceso, se corre seriamente el riesgo
de que todo el esfuerzo conduzcan sólo a un crecimiento frustrante.
En la medida que les corresponda, los programas de desarrollo deberían
seriamente plantearse cómo responder adecuadamente a esta temática
o con quién tendrían que complementarse para este efecto.
2. LA DURABILIDAD DEL PROCESO DE DESARROLLO DEPENDE NO SOLO DE
LO QUE PASE CON LAS COSAS, SINO TAMBIEN DE LOS QUE SUCEDA CONF LAS
PERSONAS.
Las necesidades del ser humano
son permanentes y por lo tanto, el proceso de producción de bienes
destinados a su satisfacción debe necesariamente ser continuo o
estable en el tiempo. Aún más, dado el déficit de satisfacción existente,
el proceso debería ser continuo y creciente. La posibilidad de durabilidad
en el tiempo es lo que generalmente se denomina sustentabilidad.
Y se entiende por desarrollo sustentable aquel que asegura su permanencia
en el tiempo basado en la forma como utiliza los recursos naturales
en la producción de los bienes; es decir una utilización que no
los agote ni los degrade. Pero ésta es una de las condiciones de
durabilidad del proceso, no la única. El hecho de que las personas
no sólo son consumidores de los bienes producidos sino también productores
de esos mismos bienes, hace que lo que suceda con ellas comprometa
también el resultado. Por esta razón, no basta con considerar sólo
la adecuación bienes-necesidades en un programa de desarrollo. Igualmente
indispensable es tener en cuenta la forma como esos bienes son producidos.
De no ser así el esfuerzo por producir ciertos bienes puede fácilmente
enterar en contradicción con la satisfacción de necesidades humanas
de otro tipo. La compleja organización de la producción en la sociedad
actual, la creciente división y automatización del trabajo, la cada
día mayor separación entre el conocimiento y la ejecución, hacen
del esfuerzo productivo una actividad que si bien entrega ingresos,
carece de sentido en sí misma no permitiendo ni creatividad ni iniciativa.
Para la mayoría de los seres humanos la actividad productiva, el
trabajo en una fábrica o en una oficina, se va progresivamente convirtiendo
en una acción rutinaria, deshumanizada, frente de frustraciones
más que de desarrollo de la persona.
Si se considera por ejemplo el
caso de una comunidad campesina, la durabilidad de su proceso de
desarrollo va a depender tanto de la conservación de su potencial
productivo como del desarrollo de las personas, de sus capacidades,
de sus potencialidades, de su iniciativa, creatividad y responsabilidad.
Algo similar sucede con una comunidad urbana. En este caso siempre
se ha pensado que el ingreso no se origina en aquello que el otorga
su identidad al poblador, es decir, su lugar de habitación.
Sin embargo, es necesario hacer
al menos dos consideraciones a este respecto. La primera es que
el mejoramiento del hábitat, fuente de satisfacción de importantes
necesidades del poblador urbano, depende en forma decisiva de su
propia responsabilidad. La segunda, es que en forma creciente el
espacio urbano se va convirtiendo también en espacio productivo
y no sólo de habitación. Es el caso, por señalar sólo un ejemplo,
la creciente importancia de la agricultura urbana en numerosos lugares
en el mundo como fuente al menos complementaria de ingresos o como
ahorro al gasto de alimentación familiar.
En una palabra la permanencia
en el tiempo del proceso va a depender de lo que suceda con las
cosas pero también, y en forma muy determinante, de lo que pase
con las personas. Lo primero está en directa relación con lo segundo,
ya que es una expresión de la relación dialéctica entre el hombre
y su medio: el hombre depende de su medio para desarrollar su vida
y el medio depende del hombre en el sentido de que puede cuidarlo
o degradarlo. La preocupación por tanto en un programa de desarrollo
por el crecimiento de las personas y de sus potencialidades, así
como por la recuperación de la armonía entre el hombre y su medio
pasan a ser así un objetivo central del proceso en vista a asegurar
su durabilidad.
3. SIN LA PARTICIPACION REAL DE LOS GRUPOS DE BASE NO ES POSIBLE
UN PROCESO ESTABLE DE DESARROLLO.
El punto es casi una simple explicación
que se deriva de las consideraciones anteriores. Pero el uso que
se ha hecho del término participación justifica hacer el esfuerzo
por reexaminarlo. Casi no existe políticas o programas de desarrollo
que no consideren en su formulación la participación de los destinatarios.
Ella es una condición que compromete la estabilidad y la eficiencia
de los programas. Pero no cualquier tipo de participación hace posible
conseguir estos objetivos.
Es evidente que participar en
un programa de desarrollo no es sólo recibir los beneficios de éste.
Tampoco lo es, el asumir el rol de simple ejecutor de actividades
decididas y organizadas por otros. Poniendo el énfasis en este aspecto
del desarrollo Bunch (1985) lo define como "el proceso a través
del cual la gente aprende a hacerse cargo de sus propias vidas y
a resolver sus propios problemas".
En relación a la participación
de los grupos de base en su desarrollo, dos elementos al menos es
necesario destacar en esta definición. El primero se refiere a que
participar realmente implica tomar parte en el conjunto del proceso
y no solamente en algunas de sus partes. Si no es así difícilmente
se logrará un compromiso duradero y creciente de las personas y
grupos con su propio desarrollo. En relación a grupos de pobladores
lo anterior significa tomar parte activa en el diagnóstico de su
situación, en la elaboración del programa, en la planificación de
las actividades, en su ejecución y en la evaluación de los resultados.
El segundo elemento se refiere
a que se trata de un proceso, es de decir algo que se realiza en
el tiempo y sobre lo cual se va generando un aprendizaje.
La experiencia de trabajo en
programas de desarrollo muestra que en general es utópico pensar
en la posibilidad de una participación plena de las personas y grupos
de base al inicio de un programa. Para lograrlo se hace necesario
el diseño de un proceso reciente que implica la paulatina toma de
conciencia de las carencias y necesidades, la comprensión de sus
relaciones y causas, su importancia relativa así como las diferentes
posibilidades de ser solucionadas, hasta llegar a etapas en que
esas necesidades pueden ser convertidas en demandas y planes de
trabajo. Pasar de necesidades personales y muchas veces puntuales
a una expresión madura y consciente de intereses permanentes de
grupo constituye un proceso que toma tiempo de consolidación y que
no se realiza sin dificultades. Sin embargo sin él no es posible
hablar de una verdadera participación. Por otra parte, es un proceso
que madura en la acción. Se aprende a participar, participando,
a condición de que la reflexión sobre lo hecho realimente e ilumine
las nuevas tomas de decisiones.
4. AUNQUE ES INDISPENSABLE, LA ACCION DEL GOBIERNO NO ES SUFICIENTE
PARA LOGRAR UN PROCESO DE DESARROLLO QUE SEA DURADERO
Nadie podría seriamente cuestionar
la importancia de la acción de los gobiernos frente a los problemas
del desarrollo. El fomento del crecimiento económico, la consiguiente
generación de empleo, la creación de políticas para mejorar la distribución
del ingreso, la formulación de políticas y programas en las áreas
sociales, la inversión en infraestructura, los programas de subsidios
a los sectores no productivos de la población, las políticas de
eficiencia ecológica en el uso de los recursos, son algunos de los
tantos ejemplos en que los gobiernos son actores principales, si
no muchas veces únicos, en vista a que estos elementos del desarrollo
se hagan realidad.
El problema surge cuando explícita
o implícitamente se tiende a confundir una condición necesaria con
una suficiente, o dicho en otra forma, a un actor importante se
le otorga el carácter de actor único. El aporte gubernamental dirigido
a las actividades de desarrollo es indispensable pero insuficiente;
existen otros aportes también necesarios. La naturaleza misma del
Estado, preocupado por el conjunto de la realidad nacional, hace
que los gobiernos deban ubicarse en niveles muy globales que tienden
a generar políticas y programas de tipo general los cuales difícilmente
toman en consideración peculiaridades locales, tanto en relación
a los tipos de necesidades y prioridades como a las posibilidades
de aportes que se originen en esas mismas localidades.
La forma de organización del
Estado, por otra parte, reflejada en Ministerios y Servicios, que
necesariamente deben parcializar la realidad a fin de poder actuar
sobre ella, supone un "receptor" de las políticas y programas capaz
de adecuarlos a su realidad específica, armonizarlos y priorizarlos
en relación a sus necesidades. Si pensamos en un poblador no organizado
o en una comunidad relativamente aislada las capacidades reales
de efectuar lo anterior, son pequeñas o nulas.
La experiencia confirma esta
apreciación mostrando la dificultad de los programas de desarrollo
de los gobiernos para lograr una participación real de los destinatarios.
Por el contrario muchas veces contribuyen más bien a inhibirla sustituyéndola
por actividades impuestas "desde arriba", comprometiendo de esta
manera su eficacia y su durabilidad.
No siendo homogénea la sociedad,
la acción gubernamental debería necesariamente asumir características
diferentes de acuerdo a los diversos grupos con que interactúa.
Si se trata de grupos menos favorecidos
y más necesitados su rol debería ser el de crear las condiciones
para su desarrollo y fomentar su participación real.
Si, por el contrario, se trata
de sectores de mayores recursos, su rol de control pasa a ser crucial
a fin de asegurar un desarrollo con equidad.
5. SOLO HAY DESARROLLO DE LOS GRUPOS DE BASE SI ESTOS, DE SIMPLES
BENEFICIARIOS, SE CONVIERTEN EN ACTORES
Si hacemos la comparación entre
el cuadro de necesidades humanas (sociales, sicosociales, sicológicas,
bio-sicológicas y biológicas (Komenetzky citado por Yurjevic, 1993)
y las características de los programas gubernamentales de desarrollo,
podemos ver que una gran parte de esas necesidades no son cubiertas
por este tipo de programas. Los efectos de esa situación se expresan
en las insuficiencias ya señaladas: frustración, insatisfacción,
apatía, desmotivación en relación a su propio progreso.
Por otra parte los responsables
de implementar estas políticas hacen ver, y con razón, que en la
practicas es imposible que programas generales pueden hacerse cargo
de la diversa y compleja situación cultural, histórica, social,
económica y productiva de cada uno de los grupos a que deben alcanzar.
Esto hecho los lleva a ofrecer
elementos muy importantes pero parciales, tales como crédito, asistencia
técnica, facilidades para la comercialización, elementos de capacitación
y otros similares. Algo parecido sucede con los otros agentes que
intervienen en el proceso de desarrollo: las instituciones generadoras
de conocimiento (Instituciones de Investigación), las formadoras
de profesionales y técnicos (Universidades e Instituciones Técnicos),
las que ofrecen el apoyo económico (Bancos e Instituciones de Financiamiento),
las que entregan posibilidades de comercialización y de generación
de empleos. (Empresa Privada), las organizaciones sociales que asumen
la representación de los grupos, las instituciones que prestan asesorías
o apoyan el proceso (Agencias Internacionales de Desarrollo, Empresas
de Transferencia Tecnológica y otras). Cada una asume un aspecto
necesario pero parcial, tiene sus limitaciones y se enfrenta a problemas
de coordinación y complementación con las demás que disminuyen la
eficacia de sus aportes a los grupos de base (Arbour, 1994).
La consolidación de un proceso
estable y creciente de progreso en los grupos de base es el producto
de un cambio interno mas que de solo la sumatoria de aportes externos.
Ese cambio implica pasar de receptor de un aporte a se actor en
el proceso. Ser actor o sujeto, y no solo receptor u objeto de un
programa implica llegar a ser capaz de concebir, decidir, negociar,
planificar, ejecutar y evaluar su propio proyecto de desarrollo.
Los programas de tipo nacional
y muchas veces también los de carácter regional asignan a los grupos
de base sólo el rol de ejecución reservándose para sí los otros
elementos con nula o mínima participación real de esos grupos. Pero
si se busca su maduración la ejecución puede ser el punto de partida
de los grupos parar ir asumiendo también los otros roles. Y es en
la interacción con los otros actores, instituciones, programas de
gobierno y otros, que el grupo de base va madurando como actor,
comprendiendo y haciéndose cargo de su propio progreso. El carácter
eminentemente social del ser humano hace que el que no interactúa
con los demás, el que se aísla, termina por degradarse.
Lo anterior constituye el elemento
central de un proceso de desarrollo desde la base y un factor que
puede asegurar una real participación y su consecuente estabilidad
y durabilidad. En este sentido se podría afirmar que el objetivo
mínimo del desarrollo de base es el sacar a los pobres de la invisibilidad
ayudándoles en las primeras etapas a mejorar su hábitat y su ingreso.
A partir de estos logros podrán paulatinamente llegar a tener la
presencia y poder social que les permita seguir progresando.
Esta manera de entender un desarrollo
de carácter humano hace evidentemente cambiar la funcionalidad de
los programas de tipo gubernamental. Sin disminuir en un ápice la
necesidad absoluta de sus aportes, ellos deberían ser concebidos
realmente como tales, aportes funcionales a posibilitar y complementar
el proceso de maduración de actores de base. De esta manera éstos
podrán tomar en forma adecuada las decisiones conducentes a la realización
de su proyecto de desarrollo.
A veces se piensa que la forma
de adecuar los programas a las situaciones y necesidades más específicas
de las personas y grupos se resuelve por el hecho de acercar las
instituciones de gobierno a espacios más reducidos. Es evidente
que en la medida que se avance en la formulación de programas a
nivel de la Región o de la Comuna (Gobierno local) las distancias
tienden a acortarse, aunque no necesariamente a desaparecer. El
desarrollo local y lo que aquí se ha denominado desarrollo desde
la base no son procesos necesariamente de la misma naturaleza.
Un desarrollo local puede ser
concebido y ejecutado "desde arriba", desde la esfera de la autoridad
y los servicios locales, sin la participación real de los grupos
de base y en consecuencia, sin efectos y positivos respecto a la
construcción de sujeto de base. O puede suceder que no considere
la participación real de todos y su efecto sea la consolidación
de grupos de poder o caudillismos locales.
El desarrollo desde la base se
genera a partir de espacios en general más pequeños y de naturaleza
diferente al del gobierno local, el que ha sido definido por criterios
de tipo administrativo. Son espacios que podrían denominarse micro-locales
tales como la comunidad, de vecindad, la población o situaciones
similares. Es decir donde se dan las relaciones cotidianas de vida
entre las personas, espacios al que éstas reconocen como lugar de
pertenencia y de donde surgen los primeros grupos, más o menos estables
o esporádicos, en torno a necesidades e intereses comunes. Es en
estos espacios donde se pueden dar las primeras y determinantes
etapas de maduración como actores de base para el desarrollo.
Por otra parte el espacio macro-local,
normalmente la Comuna, resulta ser el lugar privilegiado de encuentro
entre el actor que ha surgido y madurado en la base y el actor gubernamental.
Este encuentro no estará nunca, en la práctica, carente de tensiones
y conflictos de intereses, de concepciones diversas de cómo realizar
las tareas o con criterios dispares sobre prioridades.
6. LA MADURACION DE LOS POBLADORES
COMO ACTORES DE SU PROPIO DESARROLLO ES FACTIBLE EN LA MEDIDA QUE
SE DEN CIERAS CONDICIONES.
Como cualquier otro grupo que
constituye la sociedad los pobladores urbanos están condicionados
en su esfuerzo por llevar adelante su proceso de desarrollo. Los
otros grupos sociales con sus propios intereses y dinámicas, las
orientaciones y políticas de las instancias de gobierno, la situación
económica del país así como las prioridades del modelo de desarrollo
son algunas de las fuentes de esos condicionamientos.
A ellas se suman las condiciones
internas: las derivadas de su propia historia como pobladores, las
limitaciones de diversa naturaleza que han experimentado, su debilidad
como grupo de poder dentro del conjunto social, etc.
El planteamiento de su construcción
como sujetos de su propio desarrollo significa aumentar los márgenes
de autonomía, disminuir las relaciones de dependencia, pero de ninguna
manera pretender suprimir los vínculos de integración social. Lo
que se pretende más bien es que esa integración vaya convirtiéndose
en un aporte positivo de los otros entes sociales al desarrollo
del poblador y no en su obstáculo.
En el caso específico de los
pobladores urbanos existen condiciones que adquieren una especial
relevancia si se desea que lo anterior pueda hacerse realidad. No
son las únicas pero la experiencia ha mostrado que sin ellas un
programa de desarrollo urbano dirigido a pobladores con recursos
limitados tiene pocas posibilidades de éxito y permanencia.
Cada una de las cuatro condiciones
que se mencionan a continuación debería ser materia de un amplio
análisis imposible de realizar aquí a cabalidad.
a) La primera dice relación a que
no es posible desarrollarse como actor social si se actúa solamente
en forma individual.
La naturaleza misma del ser humano implica
que no sea posible el crecimiento en plenitud de la persona sin
la relación con los demás. Lo anterior supone por lo tanto que
un desarrollo poblacional es necesariamente un desarrollo comunitario,
grupal. Y esos grupos son los que propiamente constituyen un actor
social.
El desarrollo de la organización en sus diversas
manifestaciones y niveles debe necesariamente constituir un elemento
central de todo programa de desarrollo ya que ella debe llegar
a ser expresión de la identidad del poblador como sujeto, al mismo
tiempo que condición de su eficiencia en las acción.
En otras palabras ella es la que debe concebir,
negociar y ejecutar su proyecto de desarrollo.
b) La segunda condición que es indispensable
mencionar dice relación a la situación de la mujer en los programas
de desarrollo.
Si bien éste es un punto que debe ser seriamente
revisado en cualquier programa de este tipo, en el caso del desarrollo
poblacional lo anterior es especialmente importante. Ella, siendo
víctima de la discriminación existente a nivel del conjunto de
la sociedad, es sin embargo clave en los programas urbanos como
ha quedado demostrado históricamente.
El enfoque de género en dichos programas
deberá necesariamente considerar tanto la condición de la mujer
pobladora (su estado material) como su posición (su situación
de poder social) y las relaciones que se establecen entre estas
dos dimensiones.
De la misma manera deberá tener en cuenta
la diversidad de roles que ella desempeña en el ámbito poblacional
a fin de que su armonización haga posible su crecimiento y maduración
como persona y sujeto social.
c) Un tercer elemento que condiciona
el éxito de los programas de desarrollo es el enfoque tecnológico
con que se busca la solución a los diversos problemas del poblador.
La tecnología deberá ser repensada no sólo
en relación a la eficiencia para la producción de los bienes que
se necesitan sino, también respecto a los efectos que producen
en las personas que la usan.
En este sentido se trata de utilizar en los
programas soluciones tecnológicas que permitan y favorezcan una
efectiva participación de los involucrado en el programa. Que
permita su creatividad y sea factor así de aumento de la autoestima.
Que tenga la flexibilidad necesaria que haga posible su utilización
en la solución de problemas inmediatas y más puntuales ligados
a la sobrevivencia pero también su evolución en relación a otros
más permanentes como la generación de ingresos, por ejemplo.

d) La cuarta condición surge también
de lo que ha mostrado la experiencia en el ámbito del desarrollo
de base en el sector poblacional urbano.
Difícilmente se van a producir procesos como
los analizados anteriormente, en forma armónica, equilibrada y
progresiva sin la acción de un agente institucional que actúe
de catalizador de esos procesos.
La atomización del sector así como su situación
de retraso y dependencia hacen en la práctica necesaria la presencia
de instituciones que ayuden y favorezcan el desarrollo desde la
base, la constitución de sujetos sociales.
Dos tareas al menos debe realizar este tipo
de instituciones para que el actor social potencial que existe
en el poblador llegue a convertirse en actor real.
Por una parte, la generación aplicación de
una metodología de apoyo que facilite la participación y maduración
del poblador y no las inhiba.
Y, en segundo lugar, facilitar la articulación
eficiente y fluida de los diferentes agentes que deben hacer su
aporte para posibilitar este tipo de procesos.
Aportes de tipo económico, del campo del
conocimiento, del ámbito de la generación de políticas; hechos
por instituciones de diversa naturaleza, de tamaños muy dispares
y que responden a concepciones, prioridades e intereses diversos
no son fáciles de armonizar respecto a programas de desarrollo
que sean coherentes y que apunten a la maduración de actores de
base.
Si bien ninguna de las condiciones y criterios
esbozados en estas líneas son de fácil aplicación y su implementación
significa un esfuerzo considerable, éste no es, sin embargo, desproporcionado
cuando el objetivo que se propone es el de aportar a un desarrollo
más humano y sustentable de los pobladores urbanos.
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