"Desarrollo sostenible" y "Gestión
ambiental" se han convertido en lugares comunes en los círculos relacionados
con la política de desarrollo, pero en el debate sobre estos términos
se presta escasa atención al modo en que los habitantes de los países
en desarrollo participan en la gestión de su base de recursos y contribuyen
a la transformación de la práctica de la gestión ambiental a través
de dicha participación.
Al abordar estas cuestiones en el presente
trabajo se pretende corregir dos tipos de enfoques presentes en
gran parte de los debates sobre desarrollo sostenible. El primero
es el sesgo en favor del "gestionalismo", con predominio sobre la
gestión de los recursos en sí, como consecuencia de un enfoque de
"arriba a abajo" del desarrollo a escala local. El segundo consiste
en la tendencia a considerar el "desarrollo sostenible" como una
mera variación de los problemas actuales y la sostenibilidad como
un objetivo alcanzable mediante la adaptación a los modelos de desarrollo
normalizados.
En este trabajo, por el contrario, se defiende
la necesidad de reconocer el concepto de desarrollo sostenible como
alternativa a la visión establecida, y no como modificación de la
misma. El enfoque aquí considerado refleja un modo de analizar los
conflictos relacionados con los recursos (a través de la economía
política) que puede no ser compartido por algunos. Se da prioridad
a los determinantes estructurales de la toma de decisiones relativas
al ámbito local a escala local, nacional e internacional, frente
a un enfoque más interactivo o basado en los "recursos humanos".
Asimismo, en el análisis se hace hincapié en que la distinción entre
el interés por el medio ambiente en el Norte y el existente en las
zonas desfavorecidas del sur no se debe únicamente a las condiciones
materiales, sino también a las diferentes epistemologías o sistemas
de conocimiento.
En los primeros apartados de este trabajo se
examina el concepto de desarrollo sostenible y se intenta ampliar
el debate conceptual sobre la cuestión, a fin de tener más en cuenta
algunas de las contradicciones y limitaciones de las definiciones
actuales. Se debate desde un punto de vista crítico la corriente
de pensamiento predominante en la economía ambiental, que cuenta
con la aceptación de algunos organismos internacionales de desarrollo
y en la que se aboga por la utilización de cálculos del valor ambiental.
Asimismo, se comparan las relativas limitaciones del tratamiento
técnico realizado por los economistas con una consideración más
completa de las dimensiones económica, política y epistemológica
del desarrollo sostenible.
En este contexto, se analizan brevemente algunos
de los nuevos enfoques de la gestión ambiental a escala local adoptados
en la actualidad por los organismos de desarrollo externos. A continuación
se examinan varios casos de conflicto por la utilización de los
recursos que han suscitado la participación popular y los esfuerzos
por lograr un mayor control local sobre el medio ambiente. El análisis
se centra en las situaciones caracterizadas por la existencia de
recursos naturales valiosos que han sido objeto de intensas contiendas
políticas.
En el último apartado del trabajo se describe
un enfoque del debate ambiental que difiere radicalmente del análisis
realizado por la mayoría de los organismos de desarrollo, en cuanto
se atiende especialmente el papel del poder y de la mediación política
en la resolución de los conflictos ambientales a nivel loca. Se
refieren experiencias de participación de las personas desfavorecidas
en la gestión de recursos, con objeto de establecer una estructura
de análisis en la que se considere la necesidad de la participación
popular y la utilidad de la gestión ambiental a escala local como
facetas complementarias del mismo problema. Es de esperar que, mediante
el tratamiento de los problemas políticos asociados a la gestión
de los recursos locales y el desarrollo de un análisis más riguroso
de las condiciones en que se contempla a las personas desfavorecidas
y a su medio ambiente en la política de desarrollo, se empiecen
a identificar las posibilidades de mejora de las intervenciones
políticas implícitas en las luchas y en la resistencia de las mayorías
rurales del Sur.
DESARROLLO SOSTENIBLE: CONCEPTOS Y CONTRADICCIONES
El problema que plantea la expresión "desarrollo
sostenible" radica en la dificultad de formular una definición general
y no tautológica que conserve precisión analítica. En este sentido,
es similar a muchas expresiones empleadas en temas de desarrollo,
cuyo verdadero interés podría decirse que radica en su vaguedad.
El significado de "desarrollo sostenible" es distinto para ecologistas,
planificadores ambientales, economistas y activistas ambientales,
aunque a menudo se utiliza como si existiese consenso acerca de
él. Como ocurre con los términos "maternidad" y "Dios", diferentes
grupos de personas recurren a esa expresión para exponer sus distintos
proyectos y objetivos, tanto abstractos como concretos.
Una de las causas de la confusión conceptual
acerca de la expresión "desarrollo sostenible" consiste en la inexistencia
de acuerdo en cuanto a qué es exactamente lo que debe sostenerse.
En algunas ocasiones, el objetivo de la "sosteniblidad" hace referencia
a la propia base de recursos; en otras, al sustento que dicha base
procura. Algunos autores aluden a los niveles de producción sostenibles,
mientras que otros hacen hincapié en los niveles de consumo sostenibles
(Redclift, 1987). Estas divergencias son importantes, ya que la
mayoría de las políticas diseñadas para abordar estos problemas,
incluidos los comprendidos en el ámbito del desarrollo sostenible,
están orientadas fundamentalmente hacia la producción, aun cuando
es el modelo de consumo en los países ricos el que impide la sostenibilidad
del "desarrollo" continuo a nivel mundial.
Los distintos usos dados al concepto de desarrollo
sostenible reflejan la variedad de sesgos disciplinarios, de diferencias
entre paradigmas y de disputas ideológicas. En mi opinión, al menos
otros dos tipos de contradicciones se ponen de manifiesto al comenzar
a debatir el desarrollo sostenible.
En primer lugar, gran parte del pensamiento
sobre la "sostenibilidad" se caracteriza por la distinta importancia
concedida a cada cuestión. Para algunos autores, el problema principal
que debe abordarse es que el "progreso humano" incide en la propia
naturaleza y debe hacernos replantear tanto los "fines" como los
medios del desarrollo (Devall y Sessions, 1985). Otros consideran
la sostenibilidad como una cuestión importante, debido precisamente
a la limitación que la naturaleza representa para la continuación
del progreso humano. Básicamente, se interesan por las restricciones
que se impondrán al modelo de crecimiento convencional si se ignoran
las señales emitidas por el medio ambiente (imperativos biosféricos).
De acuerdo con esta visión, la solución consiste en el desarrollo
de tecnologías que eviten las más graves consecuencias del crecimiento
económico sobre el medio ambiente o en la adopción de medidas para
evaluar y "tasar" las pérdidas ambientales de un modo más realista,
reduciendo así el riesgo de que sean pasadas por alto por los responsables
de la formulación de políticas.
En segundo lugar, cuando se considera el "desarrollo
sostenible" en el marco de las relaciones Norte-Sur, debe prestarse
atención a las contradicciones impuestas por las desigualdades estructurales
del sistema global (Comisión Brundtland, 1987; Redclift, 1987).
Con frecuencia, las preocupaciones ecológicas en el Norte, como
la búsqueda de formas de trabajo alternativas que ofrezcan una mayor
compensación, pueden ser opuestas a las del Sur, donde la polémica
en torno al medio ambiente no depende de la estimación de sus ventajas
o de su valor estético, sino fundamentalmente del valor económico
que produce su explotación.
En el Norte, los recursos naturales también
son una fuente de valor y, a menudo, se plantean graves conflictos
entre los que pretenden explotarlos con fines lucrativos y los que
desean conservar el "paisaje". El hecho de que cada vez se tengan
más en cuenta las cuestiones de conservación en las decisiones de
planificación de los países desarrollados da idea del cambio de
prioridades ocurrido en la evolución del "desarrollo". En las sociedades
industriales urbanizadas, son relativamente pocas las personas que
ven sus medios de vida amenazados por las medidas de conservación.
El planteamiento de la "calidad de vida", a la que se otorga un
papel tan importante en la determinación de las prioridades políticas
de los países desarrollados, se debe precisamente al éxito del capitalismo
industrial en la consecución de niveles de vida relativamente altos
para la mayoría (aunque, desde luego, no para la totalidad) de la
población.
En el Sur, en cambio, los conflictos ambientales
se centran habitualmente en las necesidades básicas, la identidad
cultural y las estrategias de supervivencia, y no en la creación
de una válvula de seguridad dentro de un espacio urbano cada vez
más congestionado. En estas circunstancias, el individuo y las familias
se ven obligados a actuar "egoístamente" en su lucha por sobrevivir;
no hay razón alguna para apelar al idealismo o al altruismo a fin
de proteger el medio ambiente.
ALTERNATIVAS DEL DESARROLLO SOSTENIBLE
De las dos grandes tendencias del pensamiento
sobre el desarrollo sostenible, una de ellas, ilustrada por el enfoque
económico de Pearce y colabores en Blueprint for a Green Economy
(1989), no tiene en cuenta las contradicciones descritas anteriormente.
Considera el "Desarrollo sostenible" como una modificación de la
estrategia de desarrollo tradicional, no como una alternativa a
la misma y, por lo tanto, adopta un enfoque limitado en su alcance
y aplicación. La segunda gran tendencia, ilustrada por el Informe
Brundtland, Nuestro futuro común (1987), trata el desarrollo
sostenible como un concepto alternativo de desarrollo y, por consiguiente,
resulta más prometedora en último término.
El debate sobre el desarrollo sostenible suelo
tomar como punto de partida la definición de "desarrollo económico
sostenible" propuesta por Barbier (1989). Se trata de la consecución
de un nivel óptimo de interacción entre los sistemas biológico,
económico y social "a través de un proceso dinámico y adaptativo
de compensaciones" (Barbier, 1989). Un gran número de economistas,
y en especial David Pearce, han insistido asimismo en la importancia
fundamental de las "compensaciones" entre sistemas o entre necesidades
presente y futuras (Pearce y col., 1989). En este sentido, se argumenta
que "el desarrollo económico sostenible implica la maximización
de los beneficios netos del desarrollo económico, sin perjuicio
del mantenimiento de los servicios y de la calidad de los recursos
naturales a lo largo del tiempo" (ibíd.), y que "el desarrollo sostenible
es el que permite mantener un determinado nivel de renta mediante
la conservación de las fuentes de la misma: el stock de capital
natural y producido" (Bartelmus, 1987). Por tanto, para los economistas
interesados por el medio ambiente, procedimientos como la contabilidad
ambiental, con la que se pretende dar un valor numérico al medio
ambiente y a las pérdidas ambientales, son instrumentos esenciales
para el logro de una mayor sostenibilidad.
En el capítulo 3 de Blueprint por a Green
Economy, Pearce y sus colaboradores plantean, partiendo de un
interés declarado por la calidad ambiental, que las mejoras ambientales
equivalen a las económicas "si aumentan la satisfacción social o
el bienestar." (p. 52), su intención es demostrar que el desconocimiento
de las cuestiones ambientales genera costos económicos. La influencia
de este enfoque es cada vez mayor en organismos de desarrollo como
el Banco Mundial, los organismos de las Naciones Unidas y las Overseas
Development Administration (ODA) (véase Banco Mundial, 1987, 1988,
1988b). Aunque todas estas organizaciones han sido criticadas con
dureza por financiar proyectos de desarrollo con efectos muy perjudiciales
para el medio ambiente, como la creación de ranchos para el ganado
en América Central, para muchos el nuevo enfoque que han adoptado
se identifica prácticamente con el concepto de gestión eficaz desde
el punto de vista ambiental en un período de tiempo relativamente
corto.
Uno de los problemas principales de esta visión
de la gestión ambiental es que funciona mejor en los países desarrollados
que en los países en desarrollo. La mayoría de los economistas neoclásicos
utilizan el principio de "disposición a pagar" como medio de valoración
de los costos y beneficios y, en opinión de Pearce, la política
ambiental debe re-orientarse hacia dicho principio para evitar daños
futuros sobre el medio-ambiente (Pearce y cols., 1989). No resulta
difícil apreciar algunas de las dificultades que plantea la aplicación
e la nueva economía ambiental en los países en desarrollo. Según
han demostrado Pearce y colaboradores (1989), en el Norte existe
un interés general por el medio ambiente y, con frecuencia, la calidad
ambiental se sitúa por delante del crecimiento económico en las
encuestas de opinión pública. En el Sur, sin embargo, la urgencia
de los problemas relacionados con la satisfacción de las necesidades
básicas hace inútiles los amplios y costosos esfuerzos por mejorar
el medio ambiente. En este sentido, el intento de cuantificar la
"disposición a pagar" de los países en desarrollo por la mejora
de la calidad ambiental no resulta útil, ya que el acceso al sustento
básico en estos países requiere habitualmente el sacrificio de la
calidad ambiental en favor de la ganancia económica a corto plazo.
Su capacidad de pago o su demanda efectiva de calidad ambiental
son tan limitados en estas circunstancias que los intentos de alcanzar
cierto nivel de "disposición a pagar" se deben considerar especulativos
en el mejor de los casos.
Estas dificultades tienen importantes consecuencias
para la utilidad final de los esfuerzos pro cuantificar las mediciones
del valor ambiental en el Tercer Mundo. Es indiferente lo complejas
o avanzadas que sean las técnicas de imputación de precios; por
ejemplo, una reevaluación de la selva tropical realizada para tener
en cuenta su valor ambiental "total" representaría una pequeña contribución
directa a la prevención de su destrucción, aunque podría ser útil
para llamar la atención sobre la escala del problema. La deuda externa
de Colombia, que obliga a este país a obtener divisas, permite a
las empresas multinacionales que compran madera dura en zonas protegidas,
como el Choco, aparecer como salvadores de la nación, en vez de
como vándalos.
En este contexto, las cuestiones relacionadas
con la equidad no constituyen necesariamente un elemento menor de
la utilidad total como señala Pearce (1989), sino que representan
a menudo la fuerza que subyace a la degradación indiscriminada de
los recursos y deben ser reconocidas como tales. El proceso de degradación
ambiental, incluida la destrucción sin motivo de la selva tropical
primaria debe considerase en el marco más amplio de una profunda
desigualdad del régimen de tenencia de la tierra, que obliga a las
personas desfavorecidas a colonizar las selvas tropicales y otras
tierras sin dueño. En situaciones como las que se producen en las
zonas tropicales de Colombia y Brasil, es necesario especificar
el aumento de la equidad o la reducción de la pobreza como el objetivo
primario del desarrollo sostenible, antes de que pueda abordarse
plenamente la cuestión de la calidad ambiental.
Asimismo, resulta esencial que ampliemos el
debate sobre el desarrollo sostenible para incluir en él las influencias
directas de las políticas nacionales y regionales sobre las decisiones
de gestión ambiental adoptadas a nivel local. A este nivel se dispone
de menor capacidad para plantear con claridad una estructura de
intervenciones de política, aunque se ha dado un primer paso (UICN,
1988). Hay un buen número de pruebas, muchas de ellas extraídas
de la experiencia de los habitantes de entornos frágiles en favor
de usos alternativos y más sostenibles a los que pueden asignarse
los recursos. Además, en gran parte gracias al trabajo de Pearce
y de otros economistas que se toman el medio ambiente en serio,
disponemos actualmente de una base mucho mejor para llevar a cabo
la contabilidad ambiental en los entornos mencionados.
Ahora bien, estos importantes avances no implican
que la reformulación de la política ambiental en los países en desarrollo
deba limitarse a la valoración de las "compensaciones" económicas
y ambientales, ya que con ello se ignorarían otros puntos de referencia
esenciales, como la economía política del uso de los recursos a
escala regional y nacional y los aspectos de justicia social que
constituyen el fundamento que subyace a gran parte de la degradación
ambiental. La contabilidad de recursos también representa en sí
misma una visión, del proceso de desarrollo muy etnocéntrica y "sesgada
en favor del Norte". Si no se presta atención al análisis de las
decisiones relativas al uso de recursos y a los efectos de las estructuras
de las relaciones sociales y de poder sobre dichas decisiones a
escala comunitaria en el Sur, no podremos influir en el comportamiento
de las personas que talan las selvas primarias para ganarse la vida.
Un enfoque más acertado a la larga que estas
visiones fundamentalmente económicas del desarrollo sostenible,
es el adoptado en el informe de la Comisión Brundtland, Nuestro
Futuro Común (Comisión Brundtland, 1987). Aunque el concepto económico
del descuento desempeña un papel clave en el informe, Brundtland
aborda directamente la ampliación del alcance del debate sobre la
sostenibilidad para incluir la consideración de factores no económicos.
En el contexto del debate sobre el desarrollo sostenible, hace hincapié
en los aspectos relacionados con las necesidades humanas y no en
las compensaciones entre los sistemas económico y biológico. Aunque
los efectos futuros del desarrollo económico actual constituyen
uno de los ejes del informe, los costos y los beneficios (presente
y futuros) no se valoran únicamente a partir de consideraciones
económicas, sino también en función de las condiciones políticas,
sociales y culturales.
De hecho, Brundtland preparó un temario de
marcado carácter político para cambiar las prioridades del desarrollo,
tanto en el Norte como en el Sur, sin abandonar el lenguaje del
consenso. ".El desarrollo sostenible es un proceso en el que la
explotación de los recursos, la dirección delas inversiones, la
orientación del desarrollo tecnológico y el cambio institucional
están en armonía, y en el que se estimula el potencial actual y
futuro para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas" (Comisión
Brundtland, 1987).
Uno de los aspectos importantes que deben tenerse
en cuenta en el enfoque adoptado por la Comisión Brundtland, es
su consideración del desarrollo sostenible como objetivo de la política,
enfoque metodológico, normativo y auténtica culminación de las aspiraciones
de desarrollo. Muchos economistas reconocen la importancia de las
consideraciones normativas, pero pocos estarían dispuestos a afirmar
tan rotundamente como Brundtland que, en ausencia de este tipo de
objetivos normativos, las mejores metodologías y políticas resultan
irrealizables. Brundtland no duda en otorgar la responsabilidad
de la resolución de los problemas ambientales y de la movilización
de la voluntad política para superarlos a las instituciones y actividades
humanas. Aunque en el informe se expresa un compromiso con la convergencia
y el consenso, y no con la divergencia y el conflicto como medio
de lograr el desarrollo sostenible, el mensaje de Brundtland (de
gran interés en el Sur, así como en el Norte) es que, si no se produce
una redefinición de las relaciones que vinculan a los países en
desarrollo con los desarrollados, el desarrollo sostenible se convertirá
en una quimera.
Cabe destacar que algunos autores, como Robert
Chambers que contribuyeron al proceso Brundtland, adoptan un enfoque
caracterizado por una mayor "orientación humana" que la refleja
en el informe. Chambers aboga por la utilización de una "garantía
de sustento sostenible" como concepto integrado (Chambers, 1988).
Para él, la sostenibilidad de la base de recursos carece de sentido
si no se considera conjuntamente con los actores humanos que gestionan
el medio ambiente. Gordon Conway también insiste en los actores
humanos del desarrollo.
En un conjunté de importantes trabajos, defiende
que ".la sostenibilidad es la capacidad para mantener la productividad,
ya sea de un terreno, una explotación agraria o una nación a pesar
de las tensiones o con mociones" (Conway y Barbier, 1988). En un
principio, Conway había analizado desde un punto de vista fundamentalmente
ecológico la capacidad de los sistemas naturales para afrontar las
perturbaciones que les afectan, y esto le indujo a buscar la definición
de un concepto que incluyese la idea de la perturbación de los sistemas,
pero que abordara, además, el contexto de toma de decisiones en
el que operan los hogares rurales desfavorecidos.
Se ha dejado a sociólogos y antropólogos la
profundización en el debate sobre la actuación humana en el desarrollo
sostenible. En este contexto, la participación de las personas en
la gestión ambiental a nivel local y la relación entre la aplicación
de las estrategias de autorización y la consecución de un desarrollo
sostenible son cuestiones esenciales que deben analizarse.
LAS MULTIPLES DIMENSIONES DEL DESARROLLO
SOSTENIBLE
Con
el objeto de crear un marco conceptual adecuado para analizar la
cuestión de la participación en el desarrollo sostenible, es necesario
identificar las múltiples dimensiones de este concepto. Hay tres
dimensiones que requieren nuestra atención la económicas la política
y la epistemológica.
- La dimensión económica
Como se ha señalado al mencionar el debate
sobre la contabilidad ambiental, gran parte del debate económico
se ha desarrollado al nivel de la demanda anticipada presente y
futura, valorando los costos en función del crecimiento económico
al que debe renunciarse por prestar una mayor atención a los factores
ambientales.
Fue John Stuart Mill, en sus Principios de
Economía Política (1873), quien hizo hincapié en la necesidad de
proteger la naturaleza del crecimiento desenfrenado si se quiere
preservar el bienestar humano antes de que aparezcan rendimientos
decrecientes. Anteriormente, Malthus había insistido en los límites
dela capacidad productiva del medio ambiente, aunque se centró en
los efectos adversos de la presión de la población sobre el consumo,
y no en la repercusión de la degradación ambiental en sí misma.
El interés de Mill por el medio-ambiente, que
hoy identificamos como parte de la tradición alternativa y sostenible
de pensamiento, no ha sido contemplado pro la tendencia dominante
de la teoría económica en este siglo. En consonancia con le mayor
optimismo de Ricardo al valorar el potencial de la tecnología para
superar las limitaciones impuestas por la disponibilidad de recursos,
la tradición más reciente se ha caracterizado por la confianza en
un espíritu prometeico humano que induce a la sociedad a realizar
avances científicos y tecno9lógicos capaces de "retasar" el momento
en que el crecimiento de la población comienza a ser excesivo para
los recursos disponibles.
Este optimismo se vio quebrantado, aunque no
destruido, por la publicación de Limits to Growth a principios de
la década de 1970 (Meadows y cols., 1972). En esta influyente obra
se afirmaba la escasez real de recursos naturales, socavando así
el supuesto de que la humanidad seguiría superando los obstáculos
planteados por la naturaleza. En la década de 1970 (en especial
a partir de la crisis del precio del petróleo), el crecimiento económico
puso en peligro al planeta, debido en especial a que el afán de
crecimiento había dado lugar al abandono del medioambiente, del
cual depende dicho crecimiento. Veinte años más tarde, la situación
en el mundo desarrollado es diferente; en la actualidad, comenzamos
a ser conscientes de qué es el daño al medioambiente, causado por
la fuerte dependencia respecto a los combustibles fósiles necesarios
para el crecimiento económico, el que pone en peligro nuestra capacidad
de continuar manteniendo una sociedad industrial. Los erectos externos,
entre los que destacan el efecto invernadero y la destrucción de
la capa de ozono, no son consecuencia de la escasez, sino de la
imprudencia e insostenibilidad características de los sistemas de
producción.
- La dimensión política
En la dimensión política del concepto de sostenibilidad
aparecen dos elementos distintos pero relacionados: la influencia
que debe atribuirse a la acción del hombre y a la estructura social,
respectivamente, en la determinación del proceso político a través
del que se gestiona el medioambiente, y la relación entre conocimiento
y poder en cuanto a la resistencia popular frente a las visiones
que predominan en el mundo respecto al medioambiente y a los recursos.
En ambos casos resulta útil recurrir a un corpus de teoría social
emergente que ha evolucionado y ganado en credibilidad a medida
que la ecología ha adquirido importancia.
El problema de la acción del hombre sobre el
medioambiente ha sido recogido con profusión en la bibliografía,
especialmente por los geógrafos (O´Riordan, 1989). Asimismo, figura
entre las cuestiones fundamentales tratadas por los sociólogos,
aunque son escasas las ocasiones en que se relaciona con los aspectos
ambientales propiamente dichos. El sociólogo británico Anthony Giddens
ha dedicado considerable atención a lo que describe como teoría
de la "estructuración", que nos permite reconocer el papel que desempeñan
los individuos en un contexto estructural amplio en el afán pro
mejorar sus intereses individuales o de grupo (Giddens, 1984). ".Un
aspecto inherente a la acción desarrollada por los actores humanos
es la capacidad de éstos para comprender lo que hacen mientras lo
hacen" (Giddens, 1984). Lo importante es su capacidad de comprensión
como actores. Aun cuando Giddens no aplica sus ideas específicamente
a las cuestiones ambientales, estas ideas tienen una clara utilidad
cuando se considera cualquier aspecto de las dimensiones política
y social de la sostenibilidad.
Un análisis de las formas de contienda por
el poder nos facilita la explicación de la acción humana en la gestión
del medioambiente y la base fundamental de los conflictos ambientales.
En este sentido, resulta útil distinguir entre el modo en que los
actores humanos dominan la naturaleza (lo que se ha denominado "recursos
de asignación") y la dominación ejercida por algunos actores humanos
sobre otros (conocida por "recursos de autoridad" (Giddens, 1984).
La gestión y los conflictos ambientales están relacionados con los
dos procesos mencionados: el dominio de un grupo de personas sobre
otros grupos y de las personas sobre la naturaleza. No es de extrañar
que el desarrollo, la continuación de estrategias de obtención del
sustento más sostenibles tengan importantes consecuencias para las
formas de entender el poder entre los grupos de personas y para
el propio medioambiente. En el temario "verde" no se contempla únicamente
las cuestiones ambientales ajenas al control del hombre, sino también
las implicaciones que para las relaciones sociales tienen el sometimiento
del medioambiente a dicho control.
Una segunda cuestión de importancia al considerar
la dimensión política de la sostenibilidad, es la referida a la
relación entre conocimiento y poder, que a menudo es pasada por
alto por los observadores de los países desarrollados cuando dirigen
su atención a las sociedades más desfavorecidas. Como veremos más
adelante, la consideración de la epistemología en el desarrollo
sostenible, tiene considerables implicaciones para el presente análisis,
ya que afecta a las raíces culturales de tradiciones de conocimiento
completamente diferentes. Asimismo, es importante destacar que,
de todos modos, existe una vinculación entre conocimiento y poder,
como señala Foucault en gran parte de su obra (Smart, 1985; Sheridan,
1980). De acuerdo con Foucault, cabe distinguir tres ámbitos de
resistencia a los efectos "universalizadores" de la sociedad moderna,
que resultan especialmente útiles en la determinación de respuestas
populares, en particular de las personas desfavorecidas del medio
rural, a las intervenciones externas diseñadas para gestionar el
medioambiente de distintas formas.
El primer tipo de resistencia se basa en la
oposición a las relaciones de producción de las sociedades rurales
o en la marginación respecto a dichas relaciones. Se trata de una
resistencia la explotación e incluye los intentos de agricultores,
ganaderos y otros grupos de hacerse fuertes ante las nuevas formas
de dominación económica, que están al margen de su control y con
las que no pueden negociar.
El segundo tipo de resistencia se centra en
las categorías étnicas y sexuales y con ella se pretende eliminar
la dominación del individuo por grupos más poderosos cuya identidad
étnica o sexual les ha conferido una posición política superior.
En muchos caos, la única estrategia disponible para los grupos de
personas cuyas prácticas ambientales se ven amenazadas por intrusos
y cuyos propios conocimientos, poder e identidad están estrechamente
vinculados a dichas prácticas, es distanciarse de estos "intrusos"
mediante, por ejemplo, el refuerzo de las barreras étnicas entre
ellos y los demás.
Por último, las personas rurales desfavorecidas
se resisten con frecuencia al sometimiento a una visión mundial
que no pueden adoptar, de forma muy parecida a como los habitantes
de los países desarrollados se enfrentan a menudo con teorías "totalizadoras",
como el psicoanálisis o el marxismo. En el Sur es habitual que los
profesionales del desarrollo recurran a un conjunto de técnicas
de intervención en el medioambiente natural derivadas en gran parte
de la experiencia acumulada en los países desarrollados. El "gestionalismo
ambiental" es una forma de describir estas técnicas. El rechazo
de la subordinación a una visión del mundo dominada por valores
y supuestos fundamentalmente ajenos caracteriza la resistencia al
sometimiento. Esto no implica que tal resistencia equivalga necesariamente
a la lucha política, con independencia de su propio fundamento.
Con frecuencia, las personas que carecen relativamente de poder
a causa de la devaluación de sus sistemas de conocimiento o de la
falta de poder económico resisten de un modo que se asemeja a la
pasividad; no expresan sus opiniones y parecen "respetuosos" con
los intrusos poderosos; pero, en realidad, no cooperan.
- La dimensión epistemológica
Habitualmente no se hace referencia a las cuestiones
epistemológicas en el debate sobre el desarrollo sostenible. Se
supone que el sistema de adquisición de conocimientos en el Norte,
basado en la aplicación de principios científicos, constituye una
epistemología universal. Lo que no es "conocimiento científico"
apenas merece nuestra atención. Esta visión, basada en la ignorancia
sobre nuestra propia forma de pensar y sobre la epistemología de
otras culturas, no resulta muy productiva. Goonatilake (1984) nos
recuerda que los mapas cognitivos de primer orden no incluyen únicamente
a la ciencia occidental y que en Asia, por ejemplo, los sistemas
de creencias religiosas han tenido habitualmente menos problemas
para abordar el razonamiento "científico" que la tradición judeocristiana.
No obstante, la ubicuidad de la ciencia occidental ha llevado a
la fragmentación del conocimiento tradicional en el Sur, cada vez
más alejado del paradigma científico dominante.
El filósofo Feyerabend, en su influyente obra
"Farewell to Reason", distingue entre dos diferentes tradiciones
de pensamiento, que resulta útil comparar con el conocimiento "científico"
y "tradicional". La primera, que se corresponde prácticamente con
la epistemología científica, es la tradición abstracta. Esta nos
permite ". realizar afirmaciones (que están) sometidas a ciertas
reglas (lógicas, de comprobación y de argumentación) y los sucesos
afectan a las afirmaciones únicamente conforme a dichas reglas.
Es posible realizar afirmaciones científicas sin haber satisfecho
ni uno solo de los objetivos descritos." (Feyerabend, 1987). Propone
como ejemplos de este tipo de tradición la física de las partículas
elementales, la psicología del comportamiento y la biología molecular.
Por el contrario, denominaciones históricas a las características
de las sociedades de pequeño tamaño. En estas tradiciones epistemológicas,
"los objetivos cuentan de antemano con su propio lenguaje", y el
objetivo de la investigación es comprender este lenguaje. Con el
transcurso del tiempo, gran parte del conocimiento adquirido por
las personas que permanecen al margen de la corriente principal
de la ciencia, especialmente en los países en desarrollo, se codifica
en rituales, observancias religiosas y prácticas culturales de la
vida diaria. En la sociedades que distinguen alegremente entre "cultura"
y "tradición", dichas prácticas pueden ser ignoradas con facilidad,
aunque constituyen con frecuencia la clave para comprender la utilización
del conocimiento ambiental en las sociedades rurales de pequeño
tamaño.
De algunos de los casos descritos brevemente
en los apartados siguientes del presente trabajo se deduce que una
visión de la epistemología basada únicamente en la experiencia acumulada
en el Norte no galvanizará la opinión de personas como los trabajadores
brasileños del caucho o las mujeres indicas del movimiento Chipko.
Al observar las estrategias de gestión de recursos locales, es necesario
admitir que nos encontramos ante una multiplicidad de epistemologías,
características de diferentes grupos de personas. Además, la existencia
de cuestiones ambientales globales y la cobertura de estas cuestiones
por parte de los medios de comunicación nos obliga a considerar
los vínculos existentes entre las epistemologías locales (que han
evolucionado en su totalidad a partir de su propio encuentro con
otros sistemas de pensamiento y constituyen sistemas "tradicionales"
no fijados) y los sistemas globales de conocimiento.
LAS PERSONAS DESFAVORECIDAS DEL MEDIO RURAL
Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE: INTERVENCION EXTERNA - CONOCIMIENTO
INTERNO
En
la primera parte del presente trabajo se ha pretendido extender
la definición de "desarrollo sostenible" mediante la ampliación
del alcance del debate y la consideración de las dimensiones de
la sostenibilidad que habitualmente no se incluyen en los parámetros
de la mayoría de las intervenciones del Norte en materia de política
ambiental. Con ello se contribuye al conjunto todavía reducido de
obras en las que se analizan las conexiones entre el conocimiento
ambiental local, los procesos políticos y la gestión de los recursos
(Mc Neely y Pitt, 1985; UICN, 1989; Norgaard, 1985). Cabe esperar
que la ampliación del debate nos permita comprender el fundamento
de las prácticas sostenibles "auténticamente existentes", facilitando
así una toma de decisiones más cualificada sobre la dirección que
debe seguir las políticas en el futuro. En el resto del presente
trabajo se utiliza la estructura del desarrollo sostenible anteriormente
descrito para considerar el papel de las entidades externas y el
conocimiento local desde una perspectiva de la gestión de los recursos
realmente participativa.
Debido a la utilización de una epistemología
científica por parte de los responsables de la gestión ambiental
en el Norte, es frecuente que los "expertos" en desarrollo desprecien
la contribución del conocimiento local a la planificación y las
políticas ambientales y den por supuesta la "participación" de la
población local en el desarrollo sostenible. Con todo, no está claro
el modo en que las personas desfavorecidas pueden conservar sus
sistemas de conocimiento y llevarlos a la práctica en el marco de
las actividades de desarrollo, ni la razón para hacerlo mientras
"participen" en los proyectos de otras personas.
Es importante que la población rural perciba
los problemas que se le presentan en la vida diaria como "problemas
ambientales". A pesar de ello, las "respuestas" proporcionadas por
el Estado y otras instituciones externas contienen supuestos sobre
lo que es beneficioso para el individuo y sobre el modo de gestionar
el medioambiente de modo más eficaz (Blauert, 1990). DE hecho, las
entidades externas suelen abordar sus propios problemas y no los
de la población rural desfavorecida o los de su medio ambiente.
Para la mayoría de las personas desfavorecidas de las zonas rurales,
para lasque el contacto diario con el medioambiente se da por supuesto,
es difícil, si no imposible, separar la gestión de la producción
de la gestión ambiental, y ambas forman parte de la estrategia de
obtención del sustento del hogar o del grupo. Cada vez es mayor
el número de organismos de desarrollo, especialmente las ONG que
trabajan en los países en desarrollo, que reconocen que el enfoque
sectorial "basado en un solo problema" que adoptan la mayoría de
los organismos oficiales de política y planificación impide una
valoración factible de las opciones de desarrollo sostenible.
La demanda actual de enfoques de la gestión
ambiental más participativos a nivel local es fruto del nulo reconocimiento
de la importancia de la participación popular en informes influyentes
como los de Brandt (1980) y los de Brundtland (1987) o el documento
original sobre la estrategia de conservación a escala mundial (1980).
Dicha demanda también permite constatar la menor probabilidad de
que los gobiernos nacionales ignoren la opinión internacional cuando
ésta recibe el apoyo popular y de las comunidades de base.
Asimismo, la demanda de mayor participación
refleja otra variable significativa: en las décadas de 1970 y 1980,
un influyente corpus de conocimientos y diversas intervenciones
metodológicas pusieron de manifiesto la importancia de recopilar
los conocimientos de la población desfavorecida mediante la investigación
de los sistemas de explotación agraria, de la agroecología y de
las "técnicas rápidas de evaluación rural". Sin embargo, los aspectos
culturales y políticos de estos avances en la comprensión del problema
apenas se tuvieron en cuenta. La estructura social y la acción política
siguieron estando fundamentalmente al margen del temario de la política
de desarrollo que afecta directamente a la población y recibieron
escasa atención en los debates sobre el medio ambiente natural.
El problema de la pobreza rural y del medioambiente
ha sido planteado frecuentemente en función de las tecnologías disponibles
y apropiadas, mientras que formas más reflexivas e iterativas de
colaboración con la población rural de los países en desarrollo
se han aplicado exclusivamente a cuestiones relativamente marginales"
como el desarrollo de las comunidades.
Los antropólogos, por ejemplo, han encontrado
a menudo aliados imprevistos en los ecologistas, ya que ambos grupos
han tenido experiencias negativas de los proyectos de desarrollo
a gran escala (Ewell y Poleman, 1980).
Parecía como si el compromiso financiero de
una organización con los objetivos de "desarrollo" fuese inversamente
proporcional a la intención de favorecer el reconocimiento de los
derechos de las personas desfavorecidas basado en los conocimientos
las prioridades y la política de éstas. Una de las consecuencias
de este hecho, con la que nos enfrentamos en la actualidad es que
la mayoría del conocimiento ambiental, incluido el relativo a la
gestión, se transmite del Primer al Tercer Mundo y de los grandes
organismos de desarrollo a los supuestos beneficiarios del cambio.
En el informe de la Comisión Mundial de Medio
Ambiente y Desarrollo, Nuestro Futuro Común (1987), se estableció
el temario para el debate actual sobre medioambiente y desarrollo.
A pesar de la agudeza de su análisis, la sencillez de su estilo
y la claridad de su exposición, el aporte de la Comisión Brundtland
es relativamente escaso en lo que respecta a la participación popular
en la gestión ambiental a nivel local. Salvo unos breves pero útiles
apartados, en el informe apenas se aborda el reconocimiento de los
derechos locales, hasta su conclusión, en la que, tras dar cuenta
de las medidas internacionales necesarias para lograr un desarrollo
más sostenible, se menciona de forma concisa la participación popular.
"El progreso también se verá facilitado por
el reconocimiento, por ejemplo, del derechos de los individuos a
conocer y a acceder a la información disponible sobre el estado
del medio ambiente y de los recursos naturales, el derecho a ser
consultados y a participar en la toma de decisiones relativas a
las actividades que tengan efectos significativos para el medio
ambiente y el derecho de aquellos cuya salud o medio ambiente hayan
sido o puedan ser gravemente afectados a plantear recursos legales
y a recibir reparaciones" (UICN, 1987; 330).
Aún cuando estas cuestiones no se desarrollan
en el informe y el tratamiento de la participación popular en la
gestión ambiental es meramente superficial, estas pocas frases representan
un compromiso de inmenso valor que merece ser tenido en cuenta por
la comunidad internacional y los gobiernos nacionales. De pronto,
se vincula la cuestión del desarrollo sostenible a los derechos
humanos, y los derechos mencionados en el informe (a conocer, a
ser consultados) se especifican en función de los beneficiarios
del cambio. Se da a entender que la participación no es simplemente
un medio de asegurar la eficacia de "nuestro" desarrollo (a través
de una mayor atención a factores como la creación de empleo), sino
que constituye un medio de garantizarles su sostenibilidad mediante
la posesión de los derechos sin los que no puede ser lograda.
En el borrador actualmente en circulación del
documento World Conservation Strategy for the 1990s (Estrategia
de conservación a escala mundial para la década de 1990). Elaborado
por la UICN, el PNUMA y el WWF, pueden encontrarse pruebas de un
mayor interés por la participación en el medio ambiente y por los
derechos de las personas desfavorecidas. Este documento, que únicamente
existe en forma de borrador, plantea hasta cierto punto la falta
de atención prestada a dichas personas en World Conservation Strategy
(1980). En el debate sobe "política, planificación, legislación
e instituciones" (pp. 137-144) se hace especial hincapié en las
obligaciones que supone para los gobiernos consultar a las personas
desfavorecidas, facilitar su participación en la toma de decisiones
y poner información a su disposición, en el marco de una estrategia
de desarrollo más sostenible. Asimismo, se reconoce que "debe prestarse
especial atención a la participación de las mujeres y de los pueblos
autóctonos" por parte de los gobiernos y de los organismos inter-gubernamentales
(p. 138).
En la última parte del documento se abordan
las estrategias locales de desarrollo sostenible y se afirma que
debe brindarse a las comunidades locales la oportunidad de elaborar
sus propias estrategias "expresando sus puntos de vista sobre las
cuestiones, definiendo sus necesidades y aspiraciones y formulando
un plan de desarrollo de su zona para satisfacer sus demandas económicas
y sociales de modo sostenible" (p. 156). Estas actividades deben
basarse en el consenso, al igual que las estrategias regionales
y nacionales a las que contribuyen. La consecución de "un consenso
a escala de comunidad sobre el futuro de una zona" requiere la consulta
de otros intereses no comunitarios y la celebración de acuerdos
con los mismos, así como la puesta en marcha de "un foro y de procesos
mediante los cuales la propia comunidad pueda alcanzar un consenso
sobre el desarrollo sostenible de la zona" (p. 157).
Sin embargo, en la práctica, la gestión ambiental
a nivel local en la mayoría de los países en desarrollo se deja
en manos de organismos ejecutivos escasamente apreciados y caracterizados
por las carencias de personal y de financiación. En la nueva estrategia
de conservación a escala mundial se contempla la necesidad de realizar
cambios legislativos como condición previa a la aplicación con éxito
de las estrategias de desarrollo sostenible, pero no se aborda el
análisis de las fuerzas a nivel local, nacional e internacional
a las que habría que recurrir para garantizar el cumplimiento de
la legislación y la aplicación de las decisiones de gestión local.
De hecho, en este documento se comparten algunos supuestos de gran
parte del debate sobre "participación" siendo propugnada ésta en
función de un consenso social que rara vez existe en la práctica,
especialmente en las zonas más amenazadas delos países en desarrollo.
Si no analizamos las estructuras de poder específicas en relación
con el medio ambiente, corremos el peligro de caer en un optimismo
excesivo respecto al potencial de la negociación y del acuerdo.
De hecho, corremos el peligro de sumergirnos en nuestra propia retórica
y de no identificar los procesos políticos subyacentes cuya comprensión
facilitaría la formulación de una mejor política ambiental.
Tabla 1
Conflictos Sobre la Gestión de Recursos: Formas de Resistencia
- 1.
- Chipko (Shiva, 1989; Guha, 1989)
- Trabajadores brasileños del caucho (Lab, 1989; Hecht &
Cocbum, 1989)
- Colonos Tropicales (Bolivia)(Redclift, 1987).
- Explotación forestal "independiente" (Choco, Colombia)
|
- 2. a) Oportunidades para la Utilización
de Recursos:
(i) Conservación de la selva.
(ii) Explotación forestal comercial.
(i) Extracción forestal sostenible.
(ii) Creación de ranchos.
(i) Sistema de explotación sostenible.
(ii) Cultivo comercial del trigo/monopolización de la tierra.
(i) "Explotación forestal" contratada por TNC.
(ii) Administración de la comunidad.
- 2. b) Demandas Políticas:
- Respecto por los usos tradicionales de la selva.
- Reserva de concervación.
- Derechos de propiedad sobre la tierra.
- Apoyo institucional.
- 2. c) Puntos de tensión y de resistencia:
- No cooperación pacífica (satyagraha).
- Desmonte, apoyo del gobierno federal
- Conflicto sobre la propiedad de la tierra.
- Emigración.
- Política económica.
- Estratégia individual de obtención del sustento frente
a INDERENA.
- 2. d) Intervención estatal/externa:
- Intervención del gobierno Indio.
- Grupos de solidaridad a escala de todo Brasil.
- Sensibilización ecológica internacional.
- Reforma agraria.
- Control de cocaína.
- INDERENA/Base militar
|
CONFLICTOS SOBRE LA GESTION DE RECURSOS:
FORMAS DE RESISTENCIA
En la tabla 1 se señalan algunas de las variables
importantes para el análisis de los conflictos sobre la gestión
de recursos a nivel local. Respecto a los casos descritos, cabe
destacar la fuerte polémica existente sobre los recursos en cuestión
y la implicación de grupos de presión internacionales en los conflictos
relacionados con dichos recursos. Muchos delos conflictos sobre
la gestión de recursos locales en los países en desarrollo carecen
del carácter fuertemente politizado de las disputas de Chipko o
de los trabajadores brasileños del caucho, que han atraído la atención
de los medios de comunicación y se han convertido en un elemento
fundamental de los temarios de desarrollo no alternativo. No obstante,
éstos y otros conflictos, como los de los colonos de la frontera
boliviana y de la explotación forestal independiente en el Choco
de Colombia, ilustran la inadecuación de las intervenciones ambientales
basadas en la aceptación del consenso existente y en la ignorancia
de las luchas sociales y políticas que subyacen a las disputas ambientales.
Los conflictos ocurridos en la India entre
los activistas de Chipko, las compañías madereras y el Gobierno
indio son bien conocidos y han sido debatidos exhaustivamente en
la bibliografía (Bandyopadhyay, Guha, 1989; Shiva y Bandyopadhyay,
1986, Kunwar, 1982). Asimismo, las luchas de los trabajadores brasileños
del caucho en el Amazonas para instituir su derecho a utilizar la
selva de un modo sostenible ha recibido una amplia cobertura sobre
todo a partir del asesinado de su líder, Chico Mendes. Las luchas
de estos trabajadores han tenido una difusión mundial, especialmente
a través de la prensa y la televisión, pero las circunstancias precisas
del conflicto requieren una explicación adicional (Schwartzman,
1989; Hecht y Cockburn, 1989; Hecht, 1989).
De acuerdo con Schwartzman (1989), hay unos
1,5 millones de personas en el Amazonas brasileño que dependen de
la selva para su supervivencia. De éstos, cerca de 300.000 trabajan
en la obtención sostenible de caucho natural. De hecho, la mayoría
de los trabajadores del caucho, como otros sectores de la población
de la selva, participan en actividades al margen de laque representa
su mayor fuente de ingresos, como el cultivo de pequeñas plantaciones
de arroz, judías o mandioca, la ganadería y la caza en la selva.
Además, cultivan y explotan árboles frutales, palmeras y otras especies
selváticas. El sistema de producción de los trabajadores del caucho
". parece ser indefinidamente sostenible. Pese a que muchas zonas
de selva tropical han sido ocupadas por trabajadores del caucho
durante más de 60 año y algunas familias han habitado en las mismas
tierras durante 40 o 50 años, un 98% de éstas sigue conservando
su estado natural" (Schwartzman, 1989).
La diversidad de las fuentes de ingreso se
refleja en distintos aspectos de la cultura de los trabajadores
del caucho: su dieta es mucho más variada que la de la mayoría de
los grupos urbanos; sus ingresos medios en efectivo, si bien no
son altos, equivalen al doble del salario mínimo en Brasil, y su
sensibilización respecto a los vínculos entre sus medios de vida
y el mantenimiento de la diversidad ecológica les ha permitido presentar
el suyo como un caso convincente de desarrollo sostenible. Si se
considera que este caso ha recibido una atención especial, debe
tenerse en cuenta que la mayoría de las demás actividades económicas
desarrolladas en el Amazonas recibe subvenciones muy superiores
y, habitualmente, provoca efectos desastrosos.
El
interés de las actividades de los trabajadores del caucho desde
el punto de vista de la gestión de los recursos locales reside en
dos importantes cuestiones. En primer lugar, a diferencia de la
mayoría de las medidas conservacionistas recomendadas a los gobiernos
del Sur en la actualidad, las reservas extractivas propugnadas por
los trabajadores del caucho no constituyen simplemente otra "estrategia
de gestión" culturalmente ajena impuesta a una población caracterizada
por su escasa disposición o su indiferencia respecto a la misma.
La idea de las reservas extractivas parte de una iniciativa organizada
emprendida por grupos de las comunidades de base del Amazonas y
por organizaciones nacionales y diseñada para cambiar la orientación
de la política oficial de desarrollo regional en beneficio de la
población local. Puesto que el concepto de reserva extractiva fue
creado por un movimiento social, su aplicación no depende de los
organismos gubernamentales, muy alejados de la realidad amazónica.
Las comunidades de la selva han presentado su modelo a las instituciones
de crédito gubernamentales y multinacionales como estrategia potencial
para su consideración en un contexto más amplio del desarrollo sostenible.
En segundo lugar, las actividades de los trabajadores
del caucho, pese al carácter local de su sostenibilidad, producen
una plusvalía aprovechable por el conjunto de la sociedad: se trata
de un movimiento que no se limita a un desarrollo en el ámbito local,
sino que también genera un impulso fuera del entorno inmediato de
los serizlgueiros (trabajadores del caucho).
Los otros dos casos presentados en la tabla
son menos conocidos. Los colonos tropicales referidos en le tercer
caso en su mayoría habitantes de los Andes bolivianos que emigraron
a las tierras bajas de la provincia de Santa Cruz en la décadas
de 1960 y 1970 en busca de tierras. Centraron su actividad en el
cultivo del arroz para su comercialización, pero las dificultades
asociadas a la tala de árboles en la selva y a la inseguridad del
mercado del arroz han llevado a algunos de ellos a acometer (con
el apoyo oficial de algunos sectores) un sistema de explotación
agraria mixto en el que se incluye el arroz, los cultivos perennes
y la producción pecuaria a pequeña escala. En Redclift (1987) se
describen los problemas de gestión que plantea un sistema más sostenible
en una zona en la que los conflictos sobre la tierra se ven agravados
por el contrabando y el tráfico de cocaína.
El último caso hace referencia al conflicto
entre un organismo colombiano competente en materia ambiental (INDERENA)
y los habitantes de la zona del Choco, una reserva situada en la
costa tropical del Pacífico colombiano. Estas personas recibían
10 dólares por metro cúbico de madera dura que talaban en una reserva
forestal con sierras mecánicas prestadas por Cartón de Colombia,
una compañía multinacional que operaba en este país. Cada cargamento
de madera dura debía ser transportado hasta el puerto de Buenaventura
por mar, en una balsa de fabricación casera. Existía un considerable
resentimiento en la zona motivado por los intentos, habitualmente
inútiles, del personal de INDIRENA de evitar este tipo de talas.
Para las personas dedicadas a tales actividades ilegales, éstas
representaban una estrategia esencial de obtención del sustento
y nunca faltaban hombres dispuestos a reemplazar a los que no sobrevivían
al peligroso viaje por mar. Asimismo, cabe mencionar que Cartón
de Colombia es un importante patrocinador de las actividades ambientales
en Colombia (como la conferencia organizada por INDERENA a la que
asistí).
La tragedia de la explotación forestal de la
madera en el Choco, incluso a la escala relativamente pequeña que
practican los colonos "independientes", radica en que, con el suficiente
apoyo oficial, podrían aplicarse alternativas sostenibles para la
zona. Se cree que en el Choco se encuentran "acaso las comunidades
vegetales de mayor diversidad del mundo y un elevadísimo número
de especies locales y regionales endémicas" (Budowski, 1989). Dos
estrategias sostenibles en particular han llamado la atención, ya
que su aplicación no supone graves perjuicios para la diversidad
biológica de la región y permitiría obtener un sustento digno a
una gran cantidad de personas. En primer lugar, la producción de
alimentos se concentraría en las ricas rieras fluviales en las que,
con la ayuda de combinaciones agrosilvícolas, podría mantenerse
a mayores grupos de población. En segundo lugar, si se promocionaran
los sistemas de silvicultura sostenible, especialmente en los pantanos
y en las selvas secundarias, se abrirían numerosas oportunidades
para los colonos de la región. El potencial para la obtención de
un rendimiento sostenible en las pesquerías de agua dulce de la
zona es aún mayor (Budowski, 1989, 276). Por último, no hay duda
de que el valor ecológico global del Choco es tan importante que
los esfuerzos internacionales encaminados a fomentar las actividades
locales de investigación y las estaciones de investigación dentro
de la región vinculadas a las comunidades locales nos permitirían
avanzar enormemente en nuestro conocimiento sobre todo de las zonas
de selva mejor drenadas. Cada uno de los casos referidos en la tabla
se relaciona a lo largo del eje horizontal con cuatro dimensiones
del conflicto: las oportunidades alternativas para la utilización
de recursos en la zona, las demandas políticas de los participantes
en los diversos movimientos sociales, los puntos de tensión y las
formas de resistencia empleadas en el conflicto y la forma de intervención
estatal externa utilizada para mediar en la situación. En los casos
del movimiento Chipko y de los trabajadores del caucho, el conflicto
gira en torno a la defensa de una utilización de los recursos o
de una forma de obtención del sustento previamente existentes y
sostenibles. En el caso de los colonos bolivianos, se disponía de
una alternativa sostenible a la utilización de recursos existentes,
pero no existían los incentivos necesarios para hacerla atractiva
para la población. El marco de incentivos y de medidas de política
en la región boliviana de Santa Cruz favorecía la realización de
cálculos de beneficio a corto plazo frente a la consideración de
la sostenibilidad a más largo plazo, aunque los riesgos derivados
de la comercialización también amenazaban la rentabilidad obtenida
por los colonos dedicados a la agricultura. En cuando al Choco,
las actividades individuales de explotación forestal se emprendían
al margen de las estructuras comunitarias: la búsqueda de oportunidades
individuales de obtención del sustento era contraria a la estructura
legal formal, si bien estaba "apoyada" por una poderosa compañía
multinacional.
Los
puntos de tensión de los conflictos son diferentes y el interés
de los actores externos por los mismos varía enormemente , en especial
en lo que se refiere al compromiso del Estado para interceder a
favor de un grupo y no de otro. Además, es imposible considerar
dichos conflictos como cuestiones al margen de pautas más generales
de influencia sobre los gobiernos implicados y, en un sentido más
general, sobre la modificación de nuestra sensibilización respecto
a la urgencia de las cuestiones ambientales. Aunque los actores
locales parecen alejados de la mayoría de la población, no solamente
del Norte, sino también de las ciudades indias o latinoamericanas,
sus esfuerzos dan idea de la interdependencia existente entre las
fuerzas económicas y las relaciones de poder. Antes de considerar
la necesidad de analizar estas relaciones de poder más detalladamente,
conviene reflexionar sobre el valor potencial de un enfoque de la
gestión de recursos en el que se reconoce explícitamente la importancia
de la participación popular. A la vista de los casos descritos y
de otros similares, resulta obvio que las formas de actividad política
sobre el medio ambiente presentan una gran variación, por lo que
no deberíamos esperar, que dicha participación popular siga una
única trayectoria. Por otra parte, debe hacerse hincapié en que,
en el curso de los conflictos sobre los recursos naturales, se suscitan
nuevas prioridades y oportunidades de desarrollo y se ponen éstas
al alcance del discurso popular. La determinación de las trayectorias
de desarrollo no se limita a las oficinas de los expertos que trabajan
para el Banco Mundial o de los observadores académicos, sino que
pasa a formar parte de las preocupaciones de los sujetos afectados
pro las mismas. Además, la resistencia frente a los efectos "totalizadores"
de la incorporación a la sociedad moderna, incluso en la periferia
geográfica, puede llevar a la formulación de demandas que deban
negociarse con gobiernos y con entidades internacionales.
Con todo, el compromiso con un discursos más
democrático por parte de los gobiernos o de las instituciones internacionales
de desarrollo sólo representa una de las diversas posibilidades
cuya probabilidad de concreción depende en gran medida del papel
desempeñado por grupos e instituciones de apoyo como las ONG, los
grupos internacionales de presión y las clases sociales. La mediación
entre demandas contrapuestas y la resolución pacífica de las mismas
pueden ser el resultado de los conflictos sobre los recursos, pero
es inútil suponer que puedan alcanzarse este tipo de acuerdos generales
y que la consecución de una mejor gestión ambiental sea virtualmente
imposible sin ellos. En el debate sobre medio ambiente y desarrollo
que mantienen los organismos internacionales no suelen identificarse
alternativas al consenso ni al papel que el reconocimiento de los
intereses en conflicto puede desempeñar en la elaboración de las
políticas. Cuanto más detalladamente analicemos los conflictos obre
la gestión de los recursos, mayor será la necesidad de prestar atención
a los mecanismos políticos y sociales a través de los cuales se
encauzan y expresan los intereses en el medio ambiente. Por ello,
en el último apartado del trabajo se aborda esta cuestión, tanto
tiempo ignorada en los debates sobre gestión de recursos.
RECURSOS EN COFLICTO: PODER, RESISTENCIA
Y CAMBIO SOCIAL
En la primera parte de este trabajo se ha señalado
que los conflictos sobre el medio ambiente pueden analizarse respecto
a tres dimensiones: la económica, la política y la epistemológica,
y que el poder y la resistencia son aspectos complementarios de
la misma situación estratégica. Además, se ha indicado que el modo
de considerar el medio ambiente en las distintas culturas se corresponde
con la diferentes tradiciones epistemológicas de pensamiento. No
debemos suponer que el conocimiento, ya sea "local" o "científico",
puede desvincularse con facilidad de las pautas de comportamiento,
de las formas de gestión de os recursos o del modo de expresar resistencia
frente a los intentos de otros de asumir dicha gestión.
La reconsideración actual del análisis económico
comúnmente aceptado y la mayor importancia concedida a los aspectos
ambientales, sobre todo en algunos organismos de desarrollo, son
factores que influyen en la configuración de las herramientas utilizadas
por los responsables de la formulación de políticas de los países
desarrollados, aunque existen limitaciones a las posibilidades globales
que estas técnicas ofrecen. Un debate serio sobre la participación
en la gestión de recursos (y un análisis del problema) exige la
consideración de la amplia gama de demandas que dicha gestión de
los recursos naturales implica. No debemos pretender mejorar la
gestión de recursos en un marco conceptual apolítico y normativo
creado por nosotros mismos. Debemos tener en cuenta la política
de recursos propugnada por las poblaciones del Sur, sobre todo porque
su conciencia política se forja a través del contacto con los organismos
externos de desarrollo, las instituciones de planificación y los
responsables de la formulación de políticas.
La articulación de las demandas que rigen la
utilización de los recursos naturales pasa inevitablemente por el
ejercicio del poder y por la resistencia al mismo. Por tanto, la
constatación de que las demandas ambientales afectan al contenido
y a la forma de las relaciones sociales no debe considerarse una
sorpresa. Dichas demandas dan lugar a nuevas relaciones sociales
y de poder, guardando muchas de ellas un inquietante parecido con
las relaciones a las que han sustituido. En algunos casos, se realiza
una ruptura radical, a través de la cual se democratizan o se amplían
las relaciones existentes, pero no hay garantías de que las nuevas
relaciones de poder creadas sean más estables. En toda estrategia
de confrontación subyace el intento de transformar las relaciones
de poder, de encontrar un mecanismo estable que sustituya el libre
juego de las fuerzas antagónicas. Sin embargo, por la historia podemos
comprobar que no existen garantías de alcanzar estos objetivos fronterizos
de Brasil y los habitantes de los pueblos de la India no demandan
la eliminación del Estado o de la legislación, por el contrario
insisten en obtener del Gobierno el respeto de derechos contemplados
por la tradición y por la ley.
El
enfoque de las relaciones de poder descrito en este trabajo puede
utilizarse en el análisis de los conflictos sobre recursos ambientales
entre actores humanos. Por ejemplo, los movimientos campesinos pueden
contenerse mediante una cadena de organismos estatales a través
de los cuales se desplieguen y se reformulen las relaciones de poder
(Harvey, 1989). El conocimiento de los puntos débiles y fuertes
de esta cadena permitiría a los movimientos presionar sobre los
primeros, con objeto de atacar los segundos en última instancia.
Si comenzamos por identificar los puntos de tensión más importantes
en la sociedad local y los conflictos que éstos generan, podremos
observar la resistencia a la aplicación específica del poder y la
transformación de ésta, la introducción de nuevas tácticas y el
abandono de los mecanismos tradicionales.
Teniendo en cuenta estos puntos, podemos proponer
un conjunto de cuestiones que nos ayuden a establecer mejores directrices
metodológicas para el análisis comparativo del cambio micropolítico
en relación con el medio ambiente. Resulta útil comparar, los diferentes
modos en que los grupos buscan el control y la gestión de los recursos
y las implicaciones concretas de estas estrategias para los organismos
externos cuyo cometido consiste en contribuir a la canalización
y la expresión de las demandas locales. Debemos analizar detenidamente
el modo en que los distintos grupos establecen relaciones de poder
mediante el control de los recursos y el cambio que estas relaciones
experimentan en el tiempo. En este sentido, pueden plantearse las
siguientes cuestiones:
- ¿Cómo limitan o alientan los cambios legislativos
e institucionales el compromiso de los grupos con formas específicas
de acción política sobre el medio ambiente? ¿Qué grupos han integrado
con mayor éxito sus microestrategias con otras de mayor alcance
compartidas por otros miembros de la sociedad? La constatación
de que diferentes grupos sociales defienden concepciones distintas
de "sostenibilidad" dotadas de implicaciones para su propia acción
política, hace más urgente la vinculación de las demandas locales
con una resistencia social más amplia.
- ¿Cómo afecta la recomposición de las relaciones
de poder a la prioridad política concedida a una gestión de recursos
más sostenible? Las nuevas estrategias de mediación o de dominación
política, ¿reducen la viabilidad de ciertas alternativas mientras
que aumentan la de otras?
¿Cómo consideran los actores locales las
limitaciones y las oportunidades a que da lugar el cambio en la
utilización de los recursos? ¿Son capaces de trasladar su visión
alternativa de la sostenibilidad, su "utopía concreta", hasta
los propios organismos estatales?
- ¿Cómo modificar los conflictos sobre los
recursos las trayectorias de los distintos grupos sociales? ¿Canalizan
éstos sus demandas ambientales únicamente en el ámbito institucional
o forman grupos que ponen de manifiesto las divisiones fundamentales
del conjunto de la sociedad? ¿Cuáles son los efectos sobre las
ONG y los organismos gubernamentales de la intervención para garantizar
las demandas ambientales a largo plazo? ¿Es posible que, como
espera la Comisión Brundtland, una mayor comunicación entre los
organismos de desarrollo permita plantear la urgencia de las prioridades
ambientales ante los círculos competentes en materia de formulación
de políticas?
Estas preguntas se plantean como contribución
a la resolución de algunas de las cuestiones conceptuales y metodológicas
relativas a la gestión local de recursos. La identificación de los
puntos de tensión de los sistemas locales de poder y la comparación
de sus implicaciones para los distintos grupos, que suelen disponer
de sistemas epistemológicos diferentes, nos permitirá poner de manifiesto
los cambios a través de los cuales el medio ambiente se convierte
en objeto de disputas económicas, sociales y política. Las lecciones
del pasado y del presente son fundamentales para cualquier estrategia
de resistencia y de liberación, pero la realización de los análisis
necesarios y la entrega de éstos a los desposeídos por el proceso
de desarrollo es nuestra responsabilidad.
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