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A lo largo de su historia los seres humanos se han visto
en la necesidad de artificializar los sistemas naturales para
poder satisfacer sus necesidades de alimentos, fibras e insumos
diversos.
Los países desarrollados, teniendo en consideración
la dotación de factores productivos o stocks de capital
existentes, han creado innovaciones tecnológicas para
elevar la productividad del factor más escaso, para
así hacer rentable los bienes agrícolas producidos.
Los países latinoamericanos, no han seguido dicha
lógica, optando por absorber las innovaciones tecnológicas
generadas en otras latitudes, sea por falta de capacidades
institucionales y profesionales, o por falta de imaginación.
Esta situación se ha visto potenciada con la creación
de un clima de opinión que niega todo valor al conocimiento
tradicional, y que en el campo académico forma profesionales
ajenos a las necesidades de los pequeños productores.
La urgencia de incorporar el objetivo de la sustentabilidad
en el desarrollo rural y agrícola, obliga a definir
una nueva estrategia para el desarrollo tecnológico.
Esta estrategia demanda no sólo una mayor eficiencia
en el uso de los recursos naturales, sino también una
mayor sensibilidad ambiental. Los recursos además de
ser cada vez más escasos, configuran ecosistemas que
cumplen funciones que trascienden la dimensión productiva.
Estos sistemas naturales reciclan desechos, hacen posible
la biodiversidad y regulan los ciclos del agua, entre muchos
otros.
Por tanto, en la agricultura nos encontramos con la necesidad
de contar con un conocimiento tecnológico, cuyo manejo
permita regenerar y conservar los recursos naturales, al mismo
tiempo que aumente las posibilidades de rentabilidad de la
producción silvo-agropecuaria. Estas innovaciones tecnológicas
deben ser particularmente útiles a la pequeña
propiedad agrícola, cuyo actual nivel de deterioro
compromete la existencia de la sociedad rural.
La integración de los mercados, ha complejizado aún
más la tarea pendiente.
La experiencia agroecológica comienza a trazar un
camino interesante en el diseño de sistemas agrícolas
sustentables, el que responde a los requerimientos de una
amplia gama de productores.
El conocimiento tecnológico campesino ha encontrado
en el sector tecnológico-agroecológico un vehículo
para continuar la evolución que la revolución
verde le ha negado. Esta posibilidad se debe al interés
de la agroecología de potenciar a la agricultura campesina
y a su capacidad de aumentar su eficiencia al nutrirse de
innovaciones hechas a nivel local, desarrolladas en diversas
partes del mundo.
La apertura de los mercados así como la necesidad
de superar la pobreza rural han impactado a la agroecología
y sus innovaciones tecnológicas desde ángulos
diferentes.
La lucha contra la pobreza rural ha motivado el diseño
de sistemas productivos que, junto con mejorar la calidad
de los stocks de recursos naturales, mejoran la productividad
del sistema que los contiene, permitiendo que aumenten la
calidad y cantidad del flujo de producción alcanzable.
La apertura de los mercados ha obligado a productores comerciales
a internalizar las exigencias que éstos imponen, para
seguir siendo competitivos. De hecho, las exigencias sobre
tipos y grados de uso de agroquímicos específicos,
ha motivado a loa productores a adecuar el manejo de sus sistemas
productivos a las exigencias de la demanda actual y futura.
La sustitución progresiva de los agroinsumos más
contaminantes, está demostrando una mayor conciencia
ecológica, y generando una dinámica en favor
de un manejo predial sistémico.
Si lo señalado continúa el proceso descrito,
se estaría constituyendo un cuadro caracterizado por
innovaciones tecnológicas de base agroecológica
convergentes. Mientras una ha partido desde la agricultura
campesina, la otra lo hace desde la de tipo comercial.
Cuidando de sacar conclusiones apresuradas, se puede decir
que la brecha tecnológica que ha caracterizado a la
agricultura, podría comenzar a cerrarse de modo que
los beneficios que genere la inversión en tecnología
para la agricultura comercial, pueda ser de utilidad para
los pequeños productores.
Sin duda, que el esfuerzo que hagan los productores comerciales
por crear un mercado par loa productos no contaminados, ayudará
a que la agricultura campesina pueda ser considerada como
fuente productora de riqueza en la cual vale la pena invertir.
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