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INTRODUCCION
La cabal comprensión de los procesos de producción primaria, es
decir, aquellos que a diferencia de los industriales se realizan
en íntimo contacto con una naturaleza poco o nada mediada socialmente
y que incluyen la producción agrícola, pecuaria, forestal y pesquera,
supone el planteamiento de las siguientes preguntas: ¿con qué se
produce?, ¿cómo se produce?, ¿qué y cuánto se produce?, y ¿para
quiénes se produce? Ello implica realizar el análisis de la racionalidad
económica o productiva que funcional como el motor o el objeto último
de la producción, pero también supone examinar las condiciones naturales
o ecológicas que en mayor o menor grado la determinan.
De esta
forma, el estudio de la producción que hasta hace poco aparecía
exclusivo de la economía, no sólo implica el análisis de cómo los
hombres se agrupan, se asocian o se articulan para producir y reproducir
sus condiciones naturales; conlleva además el análisis obligado
de otros dos aspectos: el estudio de las maneras en que los hombres
ya agrupados se articulan a su vez con la naturaleza a través del
conocimiento y de la tecnología, y el estudio de las propiedades
o características de los ecosistemas, las unidades naturales o medioambientales
que operan como los "medios naturales" de esa producción (Toledo,
1981). Así, no sólo el cómo (las formas de organización de los productores
y sus tecnologías) sino el con qué (los ecosistemas que operan como
la base material de la producción) son elementos que determinan
y se determinan por el qué, el cuánto y el para quiénes se produce.
Se está de acuerdo en que por lo menos para las situaciones históricas
referidas a la modernidad, la racionalidad económica es (el para
qué se realiza la producción) el elemento sobredeterminante de los
cinco aspectos del proceso productivo anteriormente señalados.
El proceso de generación de alimentos, es decir aquella porción
de la producción agrícola, pecuaria, forestal y pesquera, dirigida
a la generación de productos tendientes a garantizar la reproducción
biológico-material de los miembros de una sociedad determinada,
sólo puede ser completa y coherentemente visualizada bajo los criterios
del esquema arriba planteado. De esta manera, toda verdadera opción
alimentaria está obligada a reconocer los principales aspectos del
proceso de producción, y a definir sus alternativas en torno a cada
una de ellos.
Este ensayo está dedicado a examinar, en primer término, a la luz
de las reflexiones anteriores, la situación que actualmente guarda
la producción de alimentos en México. En seguida se intentará mostrar
que la sola modificación de los aspectos referentes al qué y al
cuánto se produce y al para quiénes se dirige la producción de alimentos,
no es garantía de autosuficiencia alimentaria, dado que al no modificar
las formas tecnológicas de apropiación de los ecosistemas, y al
seguir ignorando los particulares potenciales ecológicos de los
espacios en los que se realiza la producción, no se modifican las
verdaderas condiciones por las cuales se llega a una situación de
vulnerabilidad alimentaria. En nuestro análisis asumimos, como premisa
fundamental, que México ha perdido su capacidad para autoalimentarse
a consecuencia no del incremento acelerado de su población ni de
las formas agrarias de organización y producción emanadas de la
historia reciente, sino de la expoliación que los productores y
sus medios de producción (los ecosistemas) han venido sufriendo
a lo largo de los últimos decenios como resultado de la expansión
paulatina del proceso de acumulación de capital, el cual no sólo
modifica los destinos mismos de lo que se produce sino que atenta
de manera irreversible contra la renovabilidad de los recursos naturales,
la base misma de la producción. Así, lo que debe cuestionarse es
la aplicación reiterada de un modelo tecnológico completamente divorciado
de las particulares condiciones biológicas, ecológicas y culturales
del país, como veremos, y de los objetivos sociales de la nación.
Finalmente, en este ensayo se revisan los principales mecanismos
de desarrollo del capital en la producción primaria poniendo especial
énfasis en sus efectos sobre la diversidad biológica y ecológica,
los productores y la producción de alimentos. Por último, y con
base en los estudios que se han desarrollado en los últimos años
sobre la ecología y la ecología humana de diferentes porciones del
país, se revisa la situación que prevalece en las principales zonas
ecológicas de México en cuanto a su potencial alimentario, y se
hace hincapié en la importancia que para el diseño de una opción
verdaderamente nacional de producción de alimentos encierra el conocimiento
campesinos sobre la naturaleza.
UN POCO DE ECOLOGIA
Los objetivos que debe alcanzar la producción para que una sociedad
logre la autosuficiencia en materia de alimentos son dos: obtener
el máximo de productos con el mínimo esfuerzo invertido (energético
y/o económico) y, sobre todo, mantener esa producción al máximo
a lo largo del tiempo, es decir, de manera sostenida. Ambos aspectos
dependen, como veremos, de la capacidad para reconocer y aprovechar
las condiciones naturales, es decir, de la manera en que se apropia
la naturaleza durante la producción.
En última instancia, el principal aporte -teórico y práctico- de
la ecología como una disciplina de las ciencias biológicas, ha sido
proporcionar todo el cúmulo de conocimientos que hoy hacen posible
la apropiación correcta de la naturaleza, es decir, su adecuada
inserción en los procesos productivos. En efecto, al postular el
concepto de ecosistema, la ecología no sólo descubrió la "estructura
interna" de la naturaleza al encontrar la unidad en la compleja
diversidad del paisaje, sino que puso en evidencia que los recursos
naturales (el agua, el suelo, la energía solar, las especies vegetales
y animales) constituyen elementos que aparecen integrados y articulados
los unos con los otros en conjuntos o unidades medioambientales.
Más aún, cuando la ecología demuestra que todo ecosistema es un
conjunto en que los organismos, los flujos de energía y los ciclos
biogeoquímicos se hallan en un "equilibrio inestable", es decir,
que son entidades capaces de automantenerse, autorregularse y autorrepararse
independientemente de los hombres y de la sociedad y bajo leyes
y principios naturales, no hace más que revelar los mecanismos por
los que la "maquinaria" de la naturaleza se renueva continuamente.
Puesto que cada ecosistema (la última unidad a la que puede ser
reducido todo paisaje natural) posee una determinada arquitectura
y composición y un determinado funcionamiento, cada fragmento del
espacio natural posee un límite (teóricamente reconocible) para
su adecuada apropiación, más allá del cual se atenta contra la renovabilidad
y contra la existencia misma del ecosistema, es decir, contra el
sustrato natural sobre el que descansa la producción. De esta forma,
la ecología viene a demostrar que durante los procesos productivos
los hombres agrupados en sociedad se apropian ecosistemas, más que
recursos naturales, es decir unidades-totalidades dotadas de una
estructura, una función y un equilibrio determinados.
Hoy en día, la ecología muestra que la naturaleza, el sustrato
de toda la producción primaria, no es sino una matriz heterogénea
formada por un sinnúmero de ecosistemas (o unidades medioambientales)
los cuales presentan una misma estructura (material y energética)
y una misma dinámica que les permite reproducirse o renovarse a
lo largo del tiempo, y cada uno de ellos constituye un arreglo o
una combinación que la hace particularmente diferente de los otros.
Por lo anterior, la búsqueda de una producción óptima en los dos
aspectos arriba señalados no puede, para hacerse efectiva, sino
reconocer y coincidir con las generalidades y las particularidades
del ecosistema o los ecosistemas a partir de los cuales y dentro
de los cuales se realiza la producción. Dicho de otra manera: para
ser eficiente la producción debe realizarse en armonía, no en conflicto,
con las leyes ecológicas. De esta forma, el productor deba saber
reconocer las características físicas, químicas y biológicas del
ecosistema que se apropia y debe saber aprovechar su capacidad de
autorreproducción, es decir, su renovabilidad natural. Así, sólo
una producción que permita y que aproveche la continua renovación
de su base material será una producción autosostenida y permanente.
Lo anterior se ve reforzado por el hecho, frecuentemente ignorado,
de que en lo concreto, el proceso productivo primario se da en una
escala similar o próxima a aquella en la que los ecológos realizan
la discriminación de los ecosistemas, de tal suerte que éstos son,
aun mismo tiempo, objeto de estudio para los investigadores y objeto
de trabajo para los productores.
Existen por lo menos tres supuestos derivados de la teoría ecológica
que marcan las pautas que debe seguir una producción eficiente.
En primer término deben reconocerse las unidades medioambientales
(expresadas en términos de la geomorfología, la vegetación, los
sueldos, etc.) que conforman el predio, la parcela o el espacio
que se va a apropiar. Ello permite concretar el segundo supuesto
que consiste en reconocer la vocación o el potencial productivo
de cada una de las unidades previamente distinguidas. El último
supuesto comprende la optimización de la producción con base en
los reconocimientos anteriores.
De lo anterior se desprende que toda producción que por alguna
razón se efectúe por encima de la vocación productiva de los ecosistemas
estará realizando un cierto forzamiento ecológico. Este forzamiento
conlleva un costo que se expresa por la baja de la producción a
corto o largo plazo, o por los efectos deletéreos de los mecanismos
utilizados para evitar el descenso de la producción, es decir, el
castigo con que la naturaleza penaliza la decisión equívoca del
productor.
LA MODERNIZACION DE LA PRODUCCION PRIMARIA
Uno de los requisitos indispensables para el desarrollo de un país,
es decir, para su conversión en una sociedad moderna, es la integración
de sus áreas rurales. Ello implica la correcta adecuación de las
unidades productivas como generadoras de los productos (alimentos,
materias primas, etc.), que la nación requiere, y el arreglo adecuado
de las mismas con el objeto de recibir los beneficios sociales (educación,
salud, tecnología, cultura) que la sociedad nacional está obligada
a ofrecerles. En un país como México, la modernización implica la
transformación paulatina de la economía campesina, la cual conforma
un bastión arcaico que obstaculiza el proceso histórico de socialización
de los hombres y de sus productos porque mantiene una producción
sólo dirigida a la reproducción continua de su unidad productiva,
y porque perpetúa unas relaciones sociales que, derivadas de esa
producción, tienen a mantener el carácter aislado y conservador
de su existencia.
En México, la modernización de las áreas rurales no ha sido más
que la historia (muchas veces arropada con un disfraz diferente)
del desarrollo y la expansión del capital, por encima, en contra
y a pesar de las estructuras jurídicas, organizativas y de propiedad
social que el movimiento campesino logró imponer al amparo del movimiento
armado de principios de siglo. Así, a la luz de los más recientes
análisis (véase Bartra, 1974; Rello y Montes de Oca, 1974; Stavenhagen,
1976; Esteva, 1980) ha quedado al descubierto que, más allá de los
matices encubridores y las formas crípticas que pudiera tomar, del
desarrollo rural del país ha estado fundamentalmente dirigido a
permitir y favorecer los mecanismos de acumulación y centralización
del capital nacional y transnacional.
Desde el punto de vista de la apropiación de los recursos, este
hecho ha tenido repercusiones notables, pues al quedar la producción
supeditada a la racionalidad de la ganancia y a la acumulación características
de la economía capitalista, se hace necesaria la implantación de
un modelo tecnológico esencialmente destructivo e irracional desde
el punto de vista ecológico. Tal modelo supone categorías de discriminación
de los recursos, formas tecnológicas y estrategias productivas que,
dirigidas única y exclusivamente al incremento de la rentabilidad
de lo producido, ni reconocen ni aprovechan las condiciones naturales
en las que se realiza la producción, ni mucho menos son capaces
de orientarla en función de las vocaciones naturales del espacio.
En efecto, obligada cada vez más a generar de manera masiva y en
un mínimo de tiempo uno o unos cuantos productos capaces de competir
ventajosamente en el mercado, la racionalidad económica del capital
entra en abierto conflicto con los ciclos ecológicos, la renovación
y la capacidad de los suelos, la diversidad orgánica e inorgánica
de los ecosistemas, el equilibrio de los sistemas hidrológicos y
la escala a la cual debe efectuarse toda producción ecológicamente
adecuada. En el nivel del proceso productivo primario el capitalismo
es, pues, un sistema fundamentalmente antiecológico que, dada su
particular racionalidad, supone el continuo forzamiento de las condiciones
naturales en su esfuerzo por lograr el incremento de la productividad.
Así, bajo la producción capitalista, el mosaico con que los ecosistemas
y sus elementos conforman el paisaje, tiende a volverse un espacio
monótono y especializado (mono producción). Todavía más, el mantenimiento
de estos ecosistemas especializados resulta muy costoso y provoca
que la producción tienda a ser sólo rentable sobre áreas relativamente
extensas de terreno. En suma, bajo la férula del capitalismo, el
proceso de modernización de la producción primaria, esto es, de
las áreas rurales, no es sino un proceso de sometimiento de la naturaleza
a los ciclos de rotación y de acumulación del capital, sometimiento
que corre paralelo a aquel que se realiza con los productores mismos
y a través del cual el capital logra o transferir valor de la periferia
hacia el centro (mediante el intercambio desigual) o captar plusvalor
mediante la compra de la fuerza de trabajo de los campesinos ya
proletarizados (parcial o totalmente). Dicho de otra forma, ene
l proceso de modernización capitalista el fenómeno de transferencia
de valor de la periferia al centro está correspondido, palmo a palmo,
por un fenómeno de transferencia de energía de los ecosistemas a
las unidades de producción primaria, fenómeno por el cual se afecta
y finalmente se destruye el delicado equilibrio ecológico de la
naturaleza, fuente misma de la producción.
LA PERDIDA DE LA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA
La pérdida de la capacidad de un país para autoalimentarse no es
sino el resultado de la paulatina pérdida de la autosuficiencia
alimentaria en el ámbito familiar, local y regional por efecto de
ala aplicación de un cierto modelo tecnológico que obedece a un
modelo de desarrollo típicamente centralizador, basado en la continua
transferencia de capital de la periferia a el centro.
No debe olvidarse que por principio, la producción típicamente
campesina es una economía donde los productores tienen a producir
casi todo lo que consumen y a consumir casi todo lo que producen,
es decir, tienen a conformar unidades que su autoabastecen casi
de manera absoluta. Por otro lado, el estudio de aquellas regiones
donde la economía de mercado no es todavía la que predomina, muestra
que el papel del intercambio de productos es complementar las economías
locales, es decir, proporcionar aquellos materiales que el productor
o los núcleos de población no logran obtener de sus particulares
condiciones naturales. Lo anterior significa que así como las características
de la producción campesina tienden a garantizar la autosuficiencia
del producto, las formas mercantiles simples de circulación constituyen
también mecanismos que hacen posible el autoabastecimiento regional.
Todo ello se logra, en tanto continúa predominando en mayor o menor
grado la estrategia del uso múltiple de los ecosistemas, que se
caracteriza por obtener de la naturaleza una gran variedad de productos
y que, como veremos, es una correcta respuesta productiva al heterogéneo
potencial ecológico propio de todo espacio natural. Bajo el proceso
modernizador de tipo capitalista, la paulatina transformación de
las economías locales y regionales que implica el continuo deslocamiento
de la estrategia de uso múltiple y su sustitución por una estrategia
especializada, tiende a convertir tanto a las unidades productivas
como a las comunidades y a las regiones, en generadoras obligadas
de uno o unos cuantos productos. De esta forma, la gradual imposición
del modelo tecnológico especializado logra desarticular los enclaves
locales y regionales cuya producción y cuyo intercambio aparecían
aún como respuestas ala potencialidad y a la complejidad ecológicas,
para implantar una producción especializada que obliga al consumo
de productos que se generan en lugares distantes. Conforme al desarrollo
del capitalismo va integrando cada vez mayores espacios bajo su
férula, acentuando su manera de concebir, hacer producir y circular
los recursos, este fenómeno de pérdida de autosuficiencia que tiene
lugar en los ámbitos familia, local y regional, se reproduce y se
amplía hasta llegar a comprender la dimensión nacional. Si en un
principio el modelo tecnológico impuesto por el capitalismo sólo
afectaba la manera de realizar la producción, una vez arraigados
los productores a las leyes de la oferta y la demanda, éste llega
a determinar lo que se produce, sus cantidades y sus consumidores.
Así, el libre juego del mercado va a poco orientando la producción
hacia lo más rentable y no hacia lo más adecuado desde un punto
de vista ecológico, ni hacia lo que más necesitan los productores,
las regiones y la nación. En un fase avanzada, la implantación de
este modelo tecnológico ya en íntima relación con los fines mismos
del capital, convierte a enormes sectores de la naturaleza y de
la sociedad en proveedores de los productos requeridos por los sectores
de la nación de elevados ingresos y, finalmente, por los países
centrales e industriales. Es común encontrar que, de pronto, regiones
que en el pasado se abasteció casi por completo a partir del potencial
productivo de sus propios ecosistemas, hoy, como son generadores
de un solo producto, deben importar todos los productos alimenticios
de otras regiones y aún de otros países.
En resumen, la pérdida de la autosuficiencia alimentaria no puede
concebirse sino como el resultado final de un prolongado proceso
por el cual la manera capitalista de producir va subutilizando,
desaprovechando y finalmente destruyendo todo el potencial productivo
representado por la diversidad delos ecosistemas, y al mismo tiempo
y por lo mismo, va paulatinamente destruyendo la capacidad de autoabastecimiento
de productores, localidades y regiones enteras.
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