Ecología y Autosuficiencia Alimentaria en México
Víctor Manuel Toledo

Centro de Ecología - UNAM, México

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INTRODUCCION

La cabal comprensión de los procesos de producción primaria, es decir, aquellos que a diferencia de los industriales se realizan en íntimo contacto con una naturaleza poco o nada mediada socialmente y que incluyen la producción agrícola, pecuaria, forestal y pesquera, supone el planteamiento de las siguientes preguntas: ¿con qué se produce?, ¿cómo se produce?, ¿qué y cuánto se produce?, y ¿para quiénes se produce? Ello implica realizar el análisis de la racionalidad económica o productiva que funcional como el motor o el objeto último de la producción, pero también supone examinar las condiciones naturales o ecológicas que en mayor o menor grado la determinan.

De esta forma, el estudio de la producción que hasta hace poco aparecía exclusivo de la economía, no sólo implica el análisis de cómo los hombres se agrupan, se asocian o se articulan para producir y reproducir sus condiciones naturales; conlleva además el análisis obligado de otros dos aspectos: el estudio de las maneras en que los hombres ya agrupados se articulan a su vez con la naturaleza a través del conocimiento y de la tecnología, y el estudio de las propiedades o características de los ecosistemas, las unidades naturales o medioambientales que operan como los "medios naturales" de esa producción (Toledo, 1981). Así, no sólo el cómo (las formas de organización de los productores y sus tecnologías) sino el con qué (los ecosistemas que operan como la base material de la producción) son elementos que determinan y se determinan por el qué, el cuánto y el para quiénes se produce. Se está de acuerdo en que por lo menos para las situaciones históricas referidas a la modernidad, la racionalidad económica es (el para qué se realiza la producción) el elemento sobredeterminante de los cinco aspectos del proceso productivo anteriormente señalados.

El proceso de generación de alimentos, es decir aquella porción de la producción agrícola, pecuaria, forestal y pesquera, dirigida a la generación de productos tendientes a garantizar la reproducción biológico-material de los miembros de una sociedad determinada, sólo puede ser completa y coherentemente visualizada bajo los criterios del esquema arriba planteado. De esta manera, toda verdadera opción alimentaria está obligada a reconocer los principales aspectos del proceso de producción, y a definir sus alternativas en torno a cada una de ellos.

Este ensayo está dedicado a examinar, en primer término, a la luz de las reflexiones anteriores, la situación que actualmente guarda la producción de alimentos en México. En seguida se intentará mostrar que la sola modificación de los aspectos referentes al qué y al cuánto se produce y al para quiénes se dirige la producción de alimentos, no es garantía de autosuficiencia alimentaria, dado que al no modificar las formas tecnológicas de apropiación de los ecosistemas, y al seguir ignorando los particulares potenciales ecológicos de los espacios en los que se realiza la producción, no se modifican las verdaderas condiciones por las cuales se llega a una situación de vulnerabilidad alimentaria. En nuestro análisis asumimos, como premisa fundamental, que México ha perdido su capacidad para autoalimentarse a consecuencia no del incremento acelerado de su población ni de las formas agrarias de organización y producción emanadas de la historia reciente, sino de la expoliación que los productores y sus medios de producción (los ecosistemas) han venido sufriendo a lo largo de los últimos decenios como resultado de la expansión paulatina del proceso de acumulación de capital, el cual no sólo modifica los destinos mismos de lo que se produce sino que atenta de manera irreversible contra la renovabilidad de los recursos naturales, la base misma de la producción. Así, lo que debe cuestionarse es la aplicación reiterada de un modelo tecnológico completamente divorciado de las particulares condiciones biológicas, ecológicas y culturales del país, como veremos, y de los objetivos sociales de la nación. Finalmente, en este ensayo se revisan los principales mecanismos de desarrollo del capital en la producción primaria poniendo especial énfasis en sus efectos sobre la diversidad biológica y ecológica, los productores y la producción de alimentos. Por último, y con base en los estudios que se han desarrollado en los últimos años sobre la ecología y la ecología humana de diferentes porciones del país, se revisa la situación que prevalece en las principales zonas ecológicas de México en cuanto a su potencial alimentario, y se hace hincapié en la importancia que para el diseño de una opción verdaderamente nacional de producción de alimentos encierra el conocimiento campesinos sobre la naturaleza.

UN POCO DE ECOLOGIA

Los objetivos que debe alcanzar la producción para que una sociedad logre la autosuficiencia en materia de alimentos son dos: obtener el máximo de productos con el mínimo esfuerzo invertido (energético y/o económico) y, sobre todo, mantener esa producción al máximo a lo largo del tiempo, es decir, de manera sostenida. Ambos aspectos dependen, como veremos, de la capacidad para reconocer y aprovechar las condiciones naturales, es decir, de la manera en que se apropia la naturaleza durante la producción.

En última instancia, el principal aporte -teórico y práctico- de la ecología como una disciplina de las ciencias biológicas, ha sido proporcionar todo el cúmulo de conocimientos que hoy hacen posible la apropiación correcta de la naturaleza, es decir, su adecuada inserción en los procesos productivos. En efecto, al postular el concepto de ecosistema, la ecología no sólo descubrió la "estructura interna" de la naturaleza al encontrar la unidad en la compleja diversidad del paisaje, sino que puso en evidencia que los recursos naturales (el agua, el suelo, la energía solar, las especies vegetales y animales) constituyen elementos que aparecen integrados y articulados los unos con los otros en conjuntos o unidades medioambientales.

Más aún, cuando la ecología demuestra que todo ecosistema es un conjunto en que los organismos, los flujos de energía y los ciclos biogeoquímicos se hallan en un "equilibrio inestable", es decir, que son entidades capaces de automantenerse, autorregularse y autorrepararse independientemente de los hombres y de la sociedad y bajo leyes y principios naturales, no hace más que revelar los mecanismos por los que la "maquinaria" de la naturaleza se renueva continuamente. Puesto que cada ecosistema (la última unidad a la que puede ser reducido todo paisaje natural) posee una determinada arquitectura y composición y un determinado funcionamiento, cada fragmento del espacio natural posee un límite (teóricamente reconocible) para su adecuada apropiación, más allá del cual se atenta contra la renovabilidad y contra la existencia misma del ecosistema, es decir, contra el sustrato natural sobre el que descansa la producción. De esta forma, la ecología viene a demostrar que durante los procesos productivos los hombres agrupados en sociedad se apropian ecosistemas, más que recursos naturales, es decir unidades-totalidades dotadas de una estructura, una función y un equilibrio determinados.

Hoy en día, la ecología muestra que la naturaleza, el sustrato de toda la producción primaria, no es sino una matriz heterogénea formada por un sinnúmero de ecosistemas (o unidades medioambientales) los cuales presentan una misma estructura (material y energética) y una misma dinámica que les permite reproducirse o renovarse a lo largo del tiempo, y cada uno de ellos constituye un arreglo o una combinación que la hace particularmente diferente de los otros.

Por lo anterior, la búsqueda de una producción óptima en los dos aspectos arriba señalados no puede, para hacerse efectiva, sino reconocer y coincidir con las generalidades y las particularidades del ecosistema o los ecosistemas a partir de los cuales y dentro de los cuales se realiza la producción. Dicho de otra manera: para ser eficiente la producción debe realizarse en armonía, no en conflicto, con las leyes ecológicas. De esta forma, el productor deba saber reconocer las características físicas, químicas y biológicas del ecosistema que se apropia y debe saber aprovechar su capacidad de autorreproducción, es decir, su renovabilidad natural. Así, sólo una producción que permita y que aproveche la continua renovación de su base material será una producción autosostenida y permanente. Lo anterior se ve reforzado por el hecho, frecuentemente ignorado, de que en lo concreto, el proceso productivo primario se da en una escala similar o próxima a aquella en la que los ecológos realizan la discriminación de los ecosistemas, de tal suerte que éstos son, aun mismo tiempo, objeto de estudio para los investigadores y objeto de trabajo para los productores.

Existen por lo menos tres supuestos derivados de la teoría ecológica que marcan las pautas que debe seguir una producción eficiente. En primer término deben reconocerse las unidades medioambientales (expresadas en términos de la geomorfología, la vegetación, los sueldos, etc.) que conforman el predio, la parcela o el espacio que se va a apropiar. Ello permite concretar el segundo supuesto que consiste en reconocer la vocación o el potencial productivo de cada una de las unidades previamente distinguidas. El último supuesto comprende la optimización de la producción con base en los reconocimientos anteriores.

De lo anterior se desprende que toda producción que por alguna razón se efectúe por encima de la vocación productiva de los ecosistemas estará realizando un cierto forzamiento ecológico. Este forzamiento conlleva un costo que se expresa por la baja de la producción a corto o largo plazo, o por los efectos deletéreos de los mecanismos utilizados para evitar el descenso de la producción, es decir, el castigo con que la naturaleza penaliza la decisión equívoca del productor.

LA MODERNIZACION DE LA PRODUCCION PRIMARIA

Uno de los requisitos indispensables para el desarrollo de un país, es decir, para su conversión en una sociedad moderna, es la integración de sus áreas rurales. Ello implica la correcta adecuación de las unidades productivas como generadoras de los productos (alimentos, materias primas, etc.), que la nación requiere, y el arreglo adecuado de las mismas con el objeto de recibir los beneficios sociales (educación, salud, tecnología, cultura) que la sociedad nacional está obligada a ofrecerles. En un país como México, la modernización implica la transformación paulatina de la economía campesina, la cual conforma un bastión arcaico que obstaculiza el proceso histórico de socialización de los hombres y de sus productos porque mantiene una producción sólo dirigida a la reproducción continua de su unidad productiva, y porque perpetúa unas relaciones sociales que, derivadas de esa producción, tienen a mantener el carácter aislado y conservador de su existencia.

En México, la modernización de las áreas rurales no ha sido más que la historia (muchas veces arropada con un disfraz diferente) del desarrollo y la expansión del capital, por encima, en contra y a pesar de las estructuras jurídicas, organizativas y de propiedad social que el movimiento campesino logró imponer al amparo del movimiento armado de principios de siglo. Así, a la luz de los más recientes análisis (véase Bartra, 1974; Rello y Montes de Oca, 1974; Stavenhagen, 1976; Esteva, 1980) ha quedado al descubierto que, más allá de los matices encubridores y las formas crípticas que pudiera tomar, del desarrollo rural del país ha estado fundamentalmente dirigido a permitir y favorecer los mecanismos de acumulación y centralización del capital nacional y transnacional.

Desde el punto de vista de la apropiación de los recursos, este hecho ha tenido repercusiones notables, pues al quedar la producción supeditada a la racionalidad de la ganancia y a la acumulación características de la economía capitalista, se hace necesaria la implantación de un modelo tecnológico esencialmente destructivo e irracional desde el punto de vista ecológico. Tal modelo supone categorías de discriminación de los recursos, formas tecnológicas y estrategias productivas que, dirigidas única y exclusivamente al incremento de la rentabilidad de lo producido, ni reconocen ni aprovechan las condiciones naturales en las que se realiza la producción, ni mucho menos son capaces de orientarla en función de las vocaciones naturales del espacio. En efecto, obligada cada vez más a generar de manera masiva y en un mínimo de tiempo uno o unos cuantos productos capaces de competir ventajosamente en el mercado, la racionalidad económica del capital entra en abierto conflicto con los ciclos ecológicos, la renovación y la capacidad de los suelos, la diversidad orgánica e inorgánica de los ecosistemas, el equilibrio de los sistemas hidrológicos y la escala a la cual debe efectuarse toda producción ecológicamente adecuada. En el nivel del proceso productivo primario el capitalismo es, pues, un sistema fundamentalmente antiecológico que, dada su particular racionalidad, supone el continuo forzamiento de las condiciones naturales en su esfuerzo por lograr el incremento de la productividad. Así, bajo la producción capitalista, el mosaico con que los ecosistemas y sus elementos conforman el paisaje, tiende a volverse un espacio monótono y especializado (mono producción). Todavía más, el mantenimiento de estos ecosistemas especializados resulta muy costoso y provoca que la producción tienda a ser sólo rentable sobre áreas relativamente extensas de terreno. En suma, bajo la férula del capitalismo, el proceso de modernización de la producción primaria, esto es, de las áreas rurales, no es sino un proceso de sometimiento de la naturaleza a los ciclos de rotación y de acumulación del capital, sometimiento que corre paralelo a aquel que se realiza con los productores mismos y a través del cual el capital logra o transferir valor de la periferia hacia el centro (mediante el intercambio desigual) o captar plusvalor mediante la compra de la fuerza de trabajo de los campesinos ya proletarizados (parcial o totalmente). Dicho de otra forma, ene l proceso de modernización capitalista el fenómeno de transferencia de valor de la periferia al centro está correspondido, palmo a palmo, por un fenómeno de transferencia de energía de los ecosistemas a las unidades de producción primaria, fenómeno por el cual se afecta y finalmente se destruye el delicado equilibrio ecológico de la naturaleza, fuente misma de la producción.

LA PERDIDA DE LA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA

La pérdida de la capacidad de un país para autoalimentarse no es sino el resultado de la paulatina pérdida de la autosuficiencia alimentaria en el ámbito familiar, local y regional por efecto de ala aplicación de un cierto modelo tecnológico que obedece a un modelo de desarrollo típicamente centralizador, basado en la continua transferencia de capital de la periferia a el centro.

No debe olvidarse que por principio, la producción típicamente campesina es una economía donde los productores tienen a producir casi todo lo que consumen y a consumir casi todo lo que producen, es decir, tienen a conformar unidades que su autoabastecen casi de manera absoluta. Por otro lado, el estudio de aquellas regiones donde la economía de mercado no es todavía la que predomina, muestra que el papel del intercambio de productos es complementar las economías locales, es decir, proporcionar aquellos materiales que el productor o los núcleos de población no logran obtener de sus particulares condiciones naturales. Lo anterior significa que así como las características de la producción campesina tienden a garantizar la autosuficiencia del producto, las formas mercantiles simples de circulación constituyen también mecanismos que hacen posible el autoabastecimiento regional. Todo ello se logra, en tanto continúa predominando en mayor o menor grado la estrategia del uso múltiple de los ecosistemas, que se caracteriza por obtener de la naturaleza una gran variedad de productos y que, como veremos, es una correcta respuesta productiva al heterogéneo potencial ecológico propio de todo espacio natural. Bajo el proceso modernizador de tipo capitalista, la paulatina transformación de las economías locales y regionales que implica el continuo deslocamiento de la estrategia de uso múltiple y su sustitución por una estrategia especializada, tiende a convertir tanto a las unidades productivas como a las comunidades y a las regiones, en generadoras obligadas de uno o unos cuantos productos. De esta forma, la gradual imposición del modelo tecnológico especializado logra desarticular los enclaves locales y regionales cuya producción y cuyo intercambio aparecían aún como respuestas ala potencialidad y a la complejidad ecológicas, para implantar una producción especializada que obliga al consumo de productos que se generan en lugares distantes. Conforme al desarrollo del capitalismo va integrando cada vez mayores espacios bajo su férula, acentuando su manera de concebir, hacer producir y circular los recursos, este fenómeno de pérdida de autosuficiencia que tiene lugar en los ámbitos familia, local y regional, se reproduce y se amplía hasta llegar a comprender la dimensión nacional. Si en un principio el modelo tecnológico impuesto por el capitalismo sólo afectaba la manera de realizar la producción, una vez arraigados los productores a las leyes de la oferta y la demanda, éste llega a determinar lo que se produce, sus cantidades y sus consumidores. Así, el libre juego del mercado va a poco orientando la producción hacia lo más rentable y no hacia lo más adecuado desde un punto de vista ecológico, ni hacia lo que más necesitan los productores, las regiones y la nación. En un fase avanzada, la implantación de este modelo tecnológico ya en íntima relación con los fines mismos del capital, convierte a enormes sectores de la naturaleza y de la sociedad en proveedores de los productos requeridos por los sectores de la nación de elevados ingresos y, finalmente, por los países centrales e industriales. Es común encontrar que, de pronto, regiones que en el pasado se abasteció casi por completo a partir del potencial productivo de sus propios ecosistemas, hoy, como son generadores de un solo producto, deben importar todos los productos alimenticios de otras regiones y aún de otros países.

En resumen, la pérdida de la autosuficiencia alimentaria no puede concebirse sino como el resultado final de un prolongado proceso por el cual la manera capitalista de producir va subutilizando, desaprovechando y finalmente destruyendo todo el potencial productivo representado por la diversidad delos ecosistemas, y al mismo tiempo y por lo mismo, va paulatinamente destruyendo la capacidad de autoabastecimiento de productores, localidades y regiones enteras.

 
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