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INTRODUCCION
La
escasez de alimentos, la malnutrición y la pobreza rural son problemas
de consideración en América Latina. Estos problemas han sido generalmente
percibidos como el resultado de un alto crecimiento demográfico
y una baja productividad agrícola. Consecuentemente se implementaron
una serie de proyectos internacionales y nacionales de investigación
y desarrollo, destinados a mejorar la producción de alimentos y
generar excedentes económicos (Binstrup-Anderson 1982). Después
de más de dos décadas de innovaciones tecnológicas e institucionales
en la agricultura, la pobreza rural y la baja productividad aún
persisten en América Latina. Aún más, la distribución de beneficios
ha sido extremadamente desigual, beneficiando a los agricultores
que poseen más capital, tierras óptimas y otros recursos. En muchas
áreas, el resultado final ha sido un incremento en la concentración
de tierras, en la diferenciación y estratificación campesina y en
el aumento de campesinos sin tierra. La razón por qué las nuevas
tecnologías beneficiaron a los grandes propietarios, es porque estas
acarreaban un sesgo hacia lo moderno y de alto insumo. Además estas
tecnologías son impulsadas por instituciones cuyas políticas perpetúan
las condiciones de tenencia de tierra, crédito, asistencia técnica,
infraestructura, etc. que favorecen a la gran propiedad.
Existe un consenso creciente de la necesidad de construir nuevas
capacidades de investigación y extensión que se traduzcan n acciones
que mejoren la calidad de vida de la población rural. En los últimos
10-15 años, un gran número de Organizaciones No Gubernamentales
(ONGs) han surgido como los nuevos actores del desarrollo rural
en América Latina, concentrándose en gente, tierras y cultivos "marginados".
Su enfoque consiste en buscar nuevas formas de desarrollo agrícola
y de manejo de recursos, que fomenten la organización social y la
participación local y que resulten en mayor producción, pero a la
vez en la conservación y regeneración de los recursos naturales.
El "conocimiento campesino" sobre suelo, plantas y procesos ecológicos,
cobra una significancia sin precedentes en este nuevo paradigma
agroecológico (Altieri y Anderson 1986).
Al centrar los esfuerzos en las causas de la pobreza rural y de
la baja productividad agrícola, las ONGs junto a las comunidades
campesinas comienzan a comprender y cambiar el ambiente institucional,
socio-económico y político condicionante. En este artículo describimos,
después de un análisis histórico contemporáneo del desarrollo rural,
las líneas generales que orientan el trabajo de un número importante
de ONGs en la línea de la agroecología, como estrategia de innovación
tecnológica ambientalmente sana, económicamente viable y que sirve
a las necesidades reales de la población rural pobre.
- Impactos de la industrialización sobre los recursos naturales,
la agricultura y el campesina en América Latina
A comienzos de la década de 1950, la mayoría de los países de América
Latina llegaron a un consenso poco usual tanto sobre el método para
analizar sus restricciones políticas y económicas como sobre la
estrategia de desarrollo que había que adoptar. El enfoque estructuralista
para el desarrollo económico, con todo lo que él implica en el ámbito
social y político, logró supremacía intelectual en toda la región
y la estrategia de industrialización basada en la sustitución de
importaciones (ISI) fue aprobada como la vía de desarrollo más adecuada
para superar la dependencia periférica de América Latina.
Durante este período, en vez de orientar la base industrial hacia
la producción de bienes-salarios y a diversificar la estructura
de exportación, las élites locales y los grupos de mayores ingresos
usaron su influencia para concentrar la economía en la producción
de bienes de consumo durables. Esta estrategia representó una importante
pérdida de confianza en los recursos locales, naturales y humanos,
privilegiando en lugar de ellos un tipo de desarrollo industrial
altamente intensivo en capital y energía (petróleo). En los hechos,
el consumo de energía basada en el petróleo aumentó en la región
400% entre 1950 y 1976 (Twomey 1987).
La agricultura quedó subordinada al desarrollo industrial a través
de la fijación de precios, las políticas impositivas y las tasas
de cambios sobrevaluadas. Todas las políticas apuntaban a canalizar
el excedente agrícola hacia las inversiones industriales, reduciendo
las posibilidades de un desarrollo más equilibrado. La estructura
de poder dentro del sector agrario y el rendimiento productivo de
la agricultura fueron señalados como los dos cuellos de botella
más importantes que impedían el proceso de desarrollo industrial.
El sistema feudal de tenencia de la tierra y la baja productividad
de la agricultura obstaculizaban la expansión capitalista en los
campos de América Latina. Por lo tanto, se proyectaron reformas
agrarias y se promovieron con energía las innovaciones tecnológicas
basadas en el paquete de la revolución verde (de Janvry 1981).
La estrategia de la ISI no era neutral en lo que respecta al medio
ambiente. El proceso de rápida urbanización y la concentración industrial
cerca de los principales mercados urbanos tuvieron por resultado
una grave contaminación y otros problemas ambientales (García 1988).
La estrategia de la ISI creó la imagen de que los recursos naturales
de América Latina eran tan abundantes que no se podrían agotar jamás,
y que las actividades económicas primarias, particularmente la agricultura,
poco tenían que ver con el crecimiento económico. Ambas ideas tuvieron
una fuerte influencia en la forma como se percibió y se utilizó
el medio ambiente (Leonard 1987).
Las tecnologías ahorradoras de tierra, empleadas para fomentar
la producción agrícola, transformaron a los países latinoamericanos
en importadores netos de insumos químicos muchos de los cuales tuvieron
un grave impacto en el medio ambiente. El consumo de fertilizantes
químicos creció a una tasa de 13% anual entre 1950 y 1972, hasta
llegar a un punto de utilidades decrecientes para muchos cultivos.
El consumo por hectárea cultivada aumentó de 5.5. a 42.3 kg/ha entre
1949 y 1973. (Wilke 1985).
Entre 1980 y 1984 los países latinoamericanos importaron pesticidas
por valor de unos 430 millones de dólares. Este uso masivo de pesticida
contribuyó al desarrollo de una resistencia a los pesticidas en
varias plagas de insectos y al trastorno de los equilibrios ecológicos
naturales, lo que facilitó la reaparición y nuevos brotes de plagas
de insectos y enfermedades. Los envenenamientos humanos producidos
por los pesticidas han llegado a niveles inaceptables en muchos
países, por ejemplo, en América Central se produjeron más de 19.000
envenenamientos por pesticidas entre 1971 y 1976. Las tendencias
actuales indican que el costo del control químico de las plagas
en América Latina ascenderá a 3,97 billones de dólares hacia el
año 2000 (Burton y Philogene 1986).
Se incorporaron nuevas tierras agrícolas y ganaderas a expensas
de una deforestación extensiva del bosque tropical y semitropical.
Entre 1950 y 1973, se desmontaron 91 millones de hectáreas de bosques,
llegando a una tasa anual de deforestación que excedía seis veces
la reforestación anual en la región. Hoy en día las tasas de deforestación
en la Amazonia alcanzan entre 1.5 y 2 millones de has/año (Moran
1983). El uso excesivo de los suelos aumentó su erosión en países
tales como Colombia, Chile y México, en que el 30, el 62 y el 72
por ciento respectivamente de sus tierras agrícolas presentan niveles
de erosión entre moderados y graves (Baldwin 1954).
Si se considera que la agricultura comercial está fuertemente predispuesta
favor de la mecanización y que los cultivos de trabajo intensivo
han sido reemplazados por la crianza de ganado de trabajo extensivo,
es evidente que el empleo agrícola ha disminuido. En realidad, en
la agricultura comercial la población económicamente activa (PEA)
ha aumentado en sólo el 19% desde 1950 a 1980 mientras que la población
campesina económicamente activa ha tenido un aumento de 44% en el
mismo período. Dado que 2/3 de las familias campesinas obtienen
más de la mitad de sus ingresos en actividades realizadas fuera
del predio agrícola, tal caída en el empleo ha tenido graves consecuencias.
Durante las últimas décadas, los predios sub-familiares se han transformado
cada vez más en un refugio que absorbe la pobreza que generan los
fracasos en las políticas de desarrollo.
Varias estadísticas muestran que el 62% de las familias rurales
de la región vivían bajo el límete de pobreza, llegando a un 65%
en Ecuador, 67% en Colombia, 68% en Perú y 73% en Haití. Desde 1950,
el tamaño promedio del predio sub-familiar ha disminuido a una tasa
anual de 0.4%.
Debido a la subdivisión de la
propiedad, el número de predios ha aumentado a una tasa anual de
2.7%, mientras el área total de tierras agrícolas a disposición
de los campesinos ha aumentado sólo un 2.3%. Si el tamaño promedio
del predio subfamiliar fue de 2.1 ha en 1950, su tamaño hoy es más
o menos de 1.9 ha. (UN-FAO 1986).
La aplicación de la estrategia ISI durante más de treinta años transformó
radicalmente un número significativo de sociedades rurales latinoamericanas
en formaciones sociales urbano-industriales. En este proceso de
transformación económica el Estado ha desempeñado un rol crucial.
De hecho, los grandes programas de infraestructura fueron financiados
con recursos públicos para facilitar las comunicaciones y el comercio.
En varios sectores económicos se instalaron fábricas bajo un régimen
de propiedad estatal y el sector privado fue protegido de la competencia
extranjera por políticas públicas. Para producir los expertos profesionales
y formar la fuerza laboral industrial, las universidades y centros
de formación subvencionados pro el Estado pusieron en práctica programas
educacionales, de esta manera, el Estado se convirtió a sí mismo
en el empleador más importante y el único agente capaz de influir
en la distribución de la riqueza y los ingresos. Bajo tales circunstancias
se desarrolló en América Latina una mentalidad estatista.
Este proceso tuvo impactos serios en las sociedades civiles latinoamericanas.
La mayoría de los movimientos sociales y de los partidos políticos
presentaron sus demandas al Estado, sin tratar de abordar directamente
sus problemas. En consecuencia, no se fomentó nunca la participación
popular debido al énfasis puesto en la representación del pueblo
en los países donde prevalecía la democracia. El resultado de este
proceso económico, político y social fue el establecimiento de sociedades
industriales urbanas con graves desequilibrios sectoriales, una
preeminencia del Estado en la economía y la política, un relativo
retraso de la sociedad civil y una pobreza masiva tanto rural como
urbana.
- La deuda externa y la agricultura: problemas y oportunidades
La crisis de la deuda externa de los 80 ha hecho dudar
seriamente de la viabilidad del modelo de la ISI. Se comprendió
rápidamente que las estrategias que miran al mercado interno no
producen las divisas extranjeras necesarias para servir la deuda
y comprar bienes y servicios en el extranjero.
Las opciones neoliberales aplicadas con diferentes niveles de consistencia
y entusiasmo por los gobiernos locales crearon condiciones nuevas
en las economías regionales y cambiaron el rol del sector agrícola
al interior de ellas. Las devaluaciones han aumentado, para algunos
países, notablemente la rentabilidad del sector agrícola al despertar
potenciales de exportación y han creado un espacio para sustituir
las importaciones que se han hecho más caras. Esto ha sucedido a
pesar del deterioro de los precios internacionales de los productos
agrícolas. En términos relativos, el sector agrícola ha sido menos
afectado por la crisis. Mientras la economía crecía un 1% entre
1980 y 1986, la agricultura creció 1.96% y el sector de exportaciones
agrícolas alcanzó un nivel de 3.1% de tasa de crecimiento (IICA
1988).
Desgraciadamente los 60 millones de campesinos pobres de la región
no se han beneficiado con este crecimiento, a pesar de su contribución
a las exportaciones latinoamericana y al abastecimiento interno
de alimentos. En 1980 los 8 millones de pequeños predios de la región
produjeron el 40% del total de alimentos de origen agrícola y ganadero,
el 41% del café y el 33% del cacao. Por el contrario, los impactos
de este crecimiento se tradujeron en mayor pobreza y atomización
social entre el campesinado. Tales condiciones sociales han forzado
a los pobres del campo a convertirse en agentes degradación ambiental
provocando una grave erosión y deforestación. Sus impactos ambientales
son sin embargo pequeños si se los compara con los efectos perjudiciales
de los grandes terratenientes, ganaderos y compañías multinacionales
mineras y forestales.
En un continente donde el 20% de las familias más ricas se reparten
entre el 50 y 65% de los ingresos generados mientras que el 20%
más pobre sólo obtiene entre el 2 y el 4%, y donde el 10% de las
haciendas concentran entre el 70 y 80% de las tierras agrícolas,
la crisis económica y las políticas para enfrentarla han tenido
efectos desiguales sobre los diferentes sectores sociales. En realidad,
cuando la economía actúa bien los beneficios tienden a acumularse
en los sectores mejor organizados, y durante los períodos de recesión
económica los pobres se hacen aún más pobres porque no pueden defenderse
a sí mismos de los impactos de la crisis (Scott 1987).
Dado que a la agricultura le ha ido relativamente mejor que a los
otros sectores económicos, y que el campesinado es un sector social
sumamente estratificado, el impacto neto de la crisis sobre cada
estrato social varía considerablemente. Los campesinos que son compradores-netos
de alimentos, se hallan frente a los aumentos de precios en una
situación muy difícil, mientras que los que son vendedores-netos
pueden defenderse mejor de la crisis económica.
Hablando en general, los campesinos se pueden clasificar en trabajadores
si tierras, minifundistas o agricultores de tamaño subfamiliar y
familiar. Los campesinos sin tierras son un fenómeno sociológico
más bien nuevo en el sector rural. Representan menos del 20% de
los hogares rurales. Viven en pequeños pueblos campesinos y, conforme
a diversos estudios, rara vez pueden conseguir del gobierno beneficios
educacionales y de salud. El desplazamiento de los trabajadores
de las haciendas comerciales, debido a las tecnologías ahorradoras
de mano de obra, es claramente uno de los factores que mejor explica
la aparición de este estrato de campesinos sin tierras. El ingreso
de estos trabajadores sin tierras proviene de salarios, que han
disminuido un 15,2% durante el período 1980-1985 (de Janvry 1988).
Por otra parte, el bienestar de los minifundistas depende de su
acceso a suficiente tierra y a aumentos en la productividad de la
tierra. Sus pequeñas posesiones de tierra contribuyen con un modesta
cantidad a su ingreso, generalmente menos de un tercio de los ingresos
totales de la familia. Debido a su aislamiento geográfico, tradicionalmente
este sector ha sido pasado por alto por el gobierno en sus inversiones
en obras públicas. Un colapso potencial de la economía campesina
podría tener un gran impacto social porque, como se ha establecido
antes, este sector constituye un refugio para los pobres durante
los períodos de crisis económica. El sector comprende 8 millones
de predios que hacen una contribución importante al abastecimiento
agrícola interno de la región. Desgraciadamente esta contribución
a la auto-suficiencia alimentaria regional parece estar en declinación.
Por ejemplo, datos de censos agrícolas demuestran que en Brasil
y Uruguay las granjas sub-familiares perdieron el 25% de su participación
en el abastecimiento interno durante el período 1970-1980 (Ortega
1986).
Aunque los predios de tamaño familiar han podido mantener su acceso
a la tierra en los últimos treinta años, las mejoras en la productividad
son cruciales para favorecer su competitividad en el mercado. Las
tendencias actuales en la rentabilidad agrícola ofrecen nuevas oportunidades
para este estrato campesino.
Cuadro 1
Distribución de la tierra agrícola y principales restricciones
productivas de la agricultura campesina latinoamericana
|
Región
|
Tierra arable Area (Km2)
|
%
|
Area cultivada (Km2)
|
Area en
predios <20 ha.
% Area %Total
Total # predios
|
% Tierra arable en laderas
escarpadas
|
% Area sujeta a sequía
|
% Area con problemas
de fertilidad
|
Suelos sujetos a inundación
|
| MEXICO |
232,200 |
12.1 |
151,900 |
-
|
-
|
20
|
|
|
|
AMERICA CENTRAL
Y EL CARIBE |
121,200 |
18.9
|
99,154 |
11.8
|
69.2
|
33
|
32
|
16
|
10
|
| SUDAMERICA |
1,394,439 |
8.2 |
890,800 |
-
|
-
|
25
|
17
|
47
|
10
|
TOTAL
AMERICA LATINA |
1,747,839 |
8.5 |
1,141,854 |
7.3
|
75.4
|
-
|
-
|
-
|
-
|
Fuentes:
Gliglo, N. 1986. Agricultura y Medio
Ambiente en América Latina. Editorial Universitaria.
Centro Americana. San José.
Ortega, E. 1986. Agricultura Campesina
en América Latina y el Caribe. CEPAL/FAO. Santiago. Dourojeanni, M.J. 1984. Recursos Naturales Renovables
de América Latina y el Caribe: Situación y Tendenciias. Worldlife
Fund-U.S. Washington, D.C. FAO, 1986. Informe
sobre Recursos Naturales para la Alimentación y la Agricultura en
América Latina y el Caribe. UN/FAO, Roma.
- Las organizaciones no gubernamentales: actores nuevos en
el desarrollo rural
La proliferación en América Latina de organizaciones no gubernamentales
(ONGs) en los últimos quince años puede asociarse con factores internos
y externos a ella. Entre los factores externos hay dos que tienen
la mayor importancia. Uno es el surgimiento de gobiernos autoritarios
en todo el cono sur de la región que dejaron sin empleo a gran número
de profesionales, relacionados principalmente con las ciencias sociales
y agrícolas. Estos recursos humanos estaban concentrados en las
universidades y en las agencias de desarrollo gubernamentales. La
crisis económica fue el segundo factor externo que impulsó a la
gente a buscar nuevas alternativas. Los programas sociales fueron
suprimidos de las agendas públicas aún en los países con regímenes
democráticos. Por consiguiente los factores externos estaban asociados
a razones políticas y económicas.
Por otra parte, algunos factores internos fueron también de significativa
importancia. La mayoría de los programas de distribución de los
ingresos a cargo de los gobiernos fracasaron por el hecho de no
haber llegado hasta las personas necesitadas. Sólo los sectores
bien organizados pudieron sacar provecho de las políticas distributivas
en comparación con los sectores pobres atomizados. Las experiencias
de desarrollo de organizaciones de base realizadas a nivel local
por las ONGs abrieron nuevos caminos para llegar directamente a
los necesitados. Por otra parte, las ONGs ponen en tela de juicio
la noción e que el desarrollo social sólo se puede realiza de arriba
hacia abajo a partir del Estado. Las ONGs representan también un
arreglo institucional que en sí mismo enriquece la sociedad civil
promoviendo la participación social y estrategias adecuadas de desarrollo.
Las ONGs promueven la idea de opciones alternativas de desarrollo.
Como tales, representan un paso adelante en la innovación tecnológica
y nuevos estilos de desarrollo, más relacionados con las tradiciones
culturales y las dotaciones de recursos de las sociedades dependientes.
Sus esfuerzos dirigidos al desarrollo de una agricultura regenerativa
basada en el conocimiento popular y en los recursos locales es un
buen ejemplo. En un mundo dependiente caracterizado pro graves restricciones
económicas, la relevancia de los enfoques de desarrollo basados
en los recursos locales está ganando importancia creciente.
- Programas de Desarrollo Rural de las ONGs
Los Programas de Desarrollo Rural (PDRs) se multiplicaron rápidamente
en la región, desde que los procesos de reforma agraria llegaron
a su término en los años setenta (Altieri y Anderson 1986). Los
gobiernos de la región llevaron a cabo PDRs para compensar a los
pequeños productores por las pérdidas que sufrieron como resultado
de los bajos precios agrícolas y los bajos salarios pagados en la
agricultura comercial. Los PDRs se usaron también como vehículo
para introducir nuevos insumos químicos y tecnologías modernas en
las comunidades campesinas, proyectados originalmente para ser usados
en la agricultura a gran escala (de Janvry et al. 1987).
Los recortes cada vez más grandes en los presupuestos públicos
de la mayoría de los países latinoamericanos y la transferencia
tecnológica de insumos no apropiados para las realidades económicas,
físicas y ecológicas de los predios campesinos, produjeron el fracaso
de los PDRs. Estos programas sólo tuvieron un efecto limitado entre
los sectores más acomodados del campesinado. La desaparición progresiva
de la ayuda pública en el campo del desarrollo rural dejó a las
ONGs como principales actores institucionales en la lucha contra
la pobreza rural (La Croix 1985).
Desde el comienzo de la década de los ochenta las estrategias de
desarrollo rural llevadas a cabo por las ONGs han sido guiadas por
cinco preocupaciones principales: a) la carencia de presencia social
del campesinado al interior del sistema social nacional; b) la creciente
pérdida de identidad de los grupos campesinos; c) la creciente desesperación
y los escasos incentivos de los campesinos para mejorar su condición
de pobreza; d) los factores limitantes que impiden el proceso de
acumulación campesina, y e) el precario nivel de subsistencia de
la familia campesina.
Aún cuando existe una gran variedad de programas de desarrollo
rural promovidos por las ONGs, existe consenso en que hay componentes
específicos que no se pueden pasar por alto si se espera combatir
en forma efectiva la exclusión social y el empobrecimiento experimentado
por el campesinado. De este modo, la organización campesina surge
como un objetivo central de los PDRs. Estas organizaciones pueden
ser en forma de sindicatos y federaciones organizados alrededor
del trabajo, o pueden ser de base comunitaria. Pueden estar motivadas
por cuestiones técnico-productivas o pueden estar asociados a actividades
específicas desarrolladas para un grupo específico de campesinos.
En general, todos los PDRs consideran que la eficacia social de
las actividades campesinas es directamente dependiente de la calidad
de sus organizaciones y la creación de líderes.
La cuestión de la identidad campesina es otro aspecto que asumen
los PDRs al enfrentar la pobreza rural, especialmente al tratar
con campesinos indígenas. En estas comunidades los programas de
formación ponen énfasis en el desarrollo de una conciencia social,
una educación política y la identidad étnica del campesinado. Aunque
las ONGs difieren en sus enfoques dentro de esta línea de trabajo,
un rasgo común de las ONGs es el despertar una voluntad por el cambio
social dentro del campesinado.
La gran mayoría de las ONGs se dedica en sus PDRs a problemas relacionados
con la organización campesina, la educación popular, la organización
social, el desarrollo económico y la subsistencia familiar, y es
de acuerdo con estas actividades que se puede intentar una clasificación
de tales programas, dependiendo de la importancia relativa asignada
por cada ONG a cada componente.
El primer grupo está compuesto por los PDRs que ponen énfasis en
los procesos productivos y técnicos así como en la comercialización.
Estos programas tienden a actuar como sustitutos para la falta de
apoyo gubernativo expresado en la carencia de inversiones en infraestructura,
tecnología y líneas de crédito experimentada corrientemente por
las comunidades campesinas. Estos programas tratan también de dotar
al pequeño productor con la capacidad necesaria de negociación para
sobrevivir en mercados que son imperfectos y sesgados. Debido a
la naturaleza de su enfoque, estos PDRs tienen a concentrar sus
esfuerzos entre los pequeños agricultores acomodados y actuar como
transmisores de innovaciones tecnológicas asociadas con la agricultura
moderna.
Un segundo grupo lo constituyen los PDRs que ponen énfasis en el
aspecto organizacional. Estos programas han sido fuertemente influenciados
por los métodos de educación popular y tienen a ser proyectados
como programas de formación específicamente confeccionados a la
medida de los grupos laborales. Debido a la naturaleza de estos
programas, existe entre sus beneficiarios un gran predominio de
trabajadores asalariados.
El tercer tipo de PDRs lo componen los que ponen énfasis en el
fortalecimiento de la economía de subsistencia y en la defensa y
rescate de la cultura y la lógica productiva tradicional del campesino,
especialmente entre los grupos indígenas. Son programas que se realizan
a nivel comunitario y procuran fortalecer las instituciones de la
comunidad tales como el trabajo colectivo y las jerarquías naturales
de liderazgo.
Finalmente,
un cuarto grupo de PDRs está constituido por programas que dan importancia
al desarrollo y uso de las tecnologías apropiadas. Estos esfuerzos
adquirieron gran importancia con la crisis del petróleo y de la
deuda externa y, en general, representan una transferencia de tecnologías
simples que resultaron ser exitosas en otras partes del mundo.
Obviamente cada tipo de programa ha sido objeto de innumerables
críticas. A los que le dan importancia al uso de insumos modernos
e les reprocha de ser funcionales a un estilo de desarrollo que
no incorpora los intereses campesinos. A los que han puesto énfasis
en los aspectos de organización de los grupos sociales se les ha
considerado excesivamente ideológicos y carentes de repuestas concretas
a los problemas más apremiantes de las comunidades campesinas. A
los programas que procuran fortalecer la identidad de las comunidades
campesinas, especialmente las de carácter indígena, se las ha clasificado
como idealizadoras de un mundo pasado, y se les critica el no comprender
la dinámica de la modernización capitalista y del proceso de desarrollo.
Finalmente, a los programas dedicados a la búsqueda de tecnologías
apropiadas se les critica el ser ineficientes y apoyar proyectos
tecnológicos que no toman en consideración los cambios en la disponibilidad
de fuerza laboral dentro de las comunidades.
Todos los enfoques recién mencionados presentan graves limitaciones
para combatir la pobreza rural, particularmente debido a la crisis
económica general y al deterioro de la base de recursos naturales
de los campesinos. No obstante, PDRs que integran las contribuciones
más valiosas hechas en los programas descritos más arriba han comenzado
a aparecer en los años recientes. Estos PDRs han trascendido las
concepciones convencionales integrando en una estrategia única los
aspectos técnicos y sociales involucrados en el desarrollo rural.
El punto de partida ha sido definir una nueva aproximación agrícola
al proceso productivo campesino basada en principios agroecológicos.
De este modo, la idea básica de este nuevo enfoque es que el campesino
es un pequeño productor agrícola que se ha visto obligado a cultivar
zonas agroecológicas frágiles, para lo cual sus conocimientos técnicos
son insuficientes. Existe una conciencia explícita de que la ciencia
agrícola puede hacer una importante contribución. La segunda idea
clave ha sido dar un enfoque realista a los procesos de organización
social poniendo de relieve la necesidad de satisfacer las necesidades
básicas en la lucha por la supervivencia de las comunidades campesinas.
Aquí, el desarrollo de la conciencia campesina, dirigido a la comprensión
de las causas estructurales que generan y mantienen la pobreza es
de principal interés. El objetivo de estos PDRs es desarrollar una
lógica productiva campesina que pueda dar origen a un proceso de
reconstrucción de los valores autóctonos y de la cultura indígena.
Aún cuando las ONGs que han sido influencias por esta nueva perspectiva
son minoría en América Latina, son claramente las organizaciones
que están proyectando una imagen creciente de creatividad y realismo.
Cuadro 2
Tierra arable y Población estimada en laderas escarpadas de países
Latinoamericanos Seleccionados y su Contribución al Producto
Agrícola Total
(Modificado conforme a Posner
y McPherson 1982)
|
País
|
% del total de
tierra arable
|
% de la población agrícola
|
% contribución al producto
agrícola (excluído el café)
|
% contribución al total de
la
producción de:
maíz papas
|
| Ecuador |
25 |
40 |
33 |
50 |
70 |
| Colombia |
25 |
50 |
26 |
50 |
70 |
| Perú |
25 |
50 |
21 |
20 |
50 |
| Guatemala |
75 |
65 |
25 |
50 |
75 |
| El Salvador |
75 |
50 |
18 |
50 |
50 |
| Honduras |
80 |
20 |
19 |
40 |
100 |
| Haití |
80 |
65 |
30 |
70 |
70 |
| República Dominicana |
80 |
30 |
31 |
40 |
50 |
- Algunas características de la agricultura campesina en América
Latina
Los ocho millones de unidades campesinas de América Latina ocupan
el 18% del total de la tierra agrícola y sólo el 7% de la tierra
arable. Sin embargo, es en este sector donde se origina entre el
40 y 50% de la producción agrícola para consumo doméstico, contribuyendo
de este modo en gran medida al abastecimiento de alimentos en la
región, especialmente en lo que respecta a los cultivos básicos
tales como el maíz, frijoles y papas (Ortega 1986).
Alrededor del 60% del total de las familias campesinas lo conforman
campesinos sin tierras o campesinos que poseen insuficiente tierra.
Este grupo de campesinos empobrecidos dedica sus actividades agrícolas
a su subsistencia y a la venta de su trabajo fuera del predio para
obtener ingresos. La falta de acceso a la tierra y la baja productividad
son factores importantes que explican la pobreza de este sector
(de Janvry et al. 1987). Aunque los campesinos labran generalmente
zonas marginales que afrontan problemas asociados con pendientes,
sequías, fertilidad del suelo, plagas, etc. (Cuadro 1), muchos de
ellos han heredado y/o desarrollado complejos sistemas de cultivo
consistentes en mezclas simbióticas de especies que minimizan los
riesgos bajo condiciones de estrés ambiental y maximizan los rendimientos
aún operando con bajos niveles de tecnología (Altieri 1987, Francis,
1986). Cultivos básicos como el maíz, frijoles, mandioca, papas
y el arroz son todos mayormente cultivados por campesinos en mezclas
de siembras espaciales y/o temporales logrando un alto nivel de
producción en condiciones ambientales difíciles, como las imperantes
en laderas de Mesoamérica y los Andes (Cuadro 2).
La nueva tecnología no ha llegado aún a este gran grupo de campesinos
empobrecidos. Muchos campesinos insisten en conservar los sistemas
tradicionales aún cuando otras alternativas, incluso nuevas variedades
mejor adaptadas a la labranza del monocultivo, llegan a estar a
su disposición. Por ejemplo, en México, sólo entre el 10 y el 25%
del total de campesinos adoptaron semillas mejoradas, fertilizantes,
pesticidas y maquinarias, mientras que alrededor de 60-91% de los
agricultores a gran escala adoptaron tales insumos. En las laderas
de algunas regiones de Colombia, el 15% de los campesinos adoptaron
nuevas variedades de maíz, mientras que en los valles de las tierras
planas el 65% de los productores lo hicieron. Muchos campesinos
tienen dificultades para adoptar estas técnicas nuevas debido a
que las variedades modernas y las recomendaciones tecnológicas globales
son con frecuencia muy inadecuadas para la tremenda heterogeneidad
ecológica y socioeconómica que caracteriza sus predios. Además muchos
campesinos se resisten a adoptar tecnologías que ellos perciben
como riesgosas al no comportarse bien bajo condiciones marginales
y que tienen a monetariza aún más sus economías, haciéndolos por
consiguiente más dependientes del mercado (Lipton y Longhust 1985).
- Las contribuciones de la agroecología al desarrollo rural
En América Latina, los enfoques simplemente tecnológicos del desarrollo
agrícola no han tomado en cuenta las enormes variaciones en la ecología,
presiones de población, relaciones económicas y organizaciones sociales
que existen en la región, y consiguientemente el desarrollo agrícola
no ha estado puesto a la par con las necesidades y potencialidades
de los campesinos locales. Este desajuste se ha caracterizado por
tres aspectos:
- El cambio tecnológico se ha concentrado principalmente en las
zonas templadas y subtropicales donde las condiciones físicas
y socioeconómicas son semejantes a las de los países industriales
y/o a las de las estaciones experimentales.
- El cambio tecnológico benefició principalmente la producción
de bienes agrícolas de exportación y/o comerciales producidos
prioritariamente en el sector de grandes predios, impactando marginalmente
la productividad de los productos alimentarios, que son cultivados
en gran medida por el sector campesino, y
- América Latina se ha convertido en un importador neto de insumos
químicos y maquinaria agrícola, aumentando los gastos del gobierno
y agravando la dependencia tecnológica.
La agroecología ha surgido como un enfoque nuevo al desarrollo
agrícola más sensible a las complejidades de las agriculturas locales,
al ampliar los objetivos y criterios de agrícolas para abarcar propiedades
de sustentabilidad, seguridad alimentaria, estabilidad biológica,
conservación de los recursos y equidad junto con el objetivo de
una mayor producción (Altieri, 1987).
Debido a lo novedoso de su modo de ver la cuestión del desarrollo
agrícola campesino, la agroecología ha influenciado fuertemente
la investigación agrícola y el trabajo de extensión de muchas ONGs
latinoamericanas. Varias características del enfoque agroecológico
al desarrollo de la tecnología y a su difusión lo hacen especialmente
compatible con la racionalidad de las ONGs:
- La agroecología, con su énfasis en la reproducción de la familia
y la regeneración de la base de los recursos agrícolas, proporciona
un sistema ágil para analizar y comprender los diversos factores
que afectan a los predios pequeños. Proporciona también metodologías
que permiten el desarrollo de tecnologías hechas cuidadosamente
a la medida de las necesidades y circunstancias de comunidades
campesinas específicas.
- Las técnicas agrícolas regenerativas y de bajos insumos y los
proyectos propuestos por la agroecología son socialmente activadores
puesto que requieren un alto nivel de participación popular.
- Las técnicas agroecológicas son culturalmente compatibles puesto
que no cuestionan la lógica de los campesinos, sino que en realidad
construyen a partir del conocimiento de tradicional, combinándolo
con los elementos de la ciencia agrícola moderna.
- Las técnicas son ecológicamente sanas ya que no pretenden modificar
o transformar el ecosistema campesino, sino más bien identificar
elementos de manejo que, una vez incorporados, llevan a la optimización
de la unidad de producción.
- Los enfoques agroecológicos son económicamente viables puesto
que minimizan los costos de producción al aumentar la eficiencia
de uso de los recursos localmente disponibles.
En términos prácticos, la aplicación de los principios agroecológicos
por las ONGs se ha traducido en una variedad de programas de investigación
y demostración sobre sistemas alternativos de producción cuyos objetivos
son:
- Mejorar la producción de los alimentos básicos a nivel del predio
agrícola para aumentar el consumo nutricional familiar, incluyendo
la valorización de productos alimentarios tradicionales (Amaranthus,
quinoa, lupino, etc.) y la conservación del germoplasma de cultivos
nativos;
- Rescatar y re-evaluar el conocimiento y las tecnologías de los
campesinos;
- Promover la utilización eficiente de los recursos locales (por
ejemplo tierras, trabajo, sub-productos agrícolas, etc.);
- Aumentar la diversidad y variedad de animales y cultivos para
minimizar los riesgos;
- Mejorar la base de recursos naturales mediante la regeneración
y conservación del agua y suelo, poniendo énfasis en el control
de la erosión, cosecha de agua, reforestación, etc.
- Disminuir el uso de insumos externos para reducir la dependencia,
pero manteniendo los rendimientos con tecnologías apropiadas incluyendo
técnicas de agricultura orgánica y otras técnicas de bajo-insumo;
- Garantizar que los sistemas alternativos tengan efecto habilitador
no sólo en las familias individuales sino también en la comunidad
total. Para lograrlo, el proceso tecnológico se complementa a
través de programas de educación popular que tienen a preservar
y fortalecer la "lógica productiva del campesino" al mismo tiempo
que apoyan a los campesinos en el proceso de adaptación tecnológica,
enlace con los mercados y organización social.
Tal vez uno de los rasgos que ha caracterizado esta búsqueda de
nuevos tipos de desarrollo agrícola y estrategias de manejo de recursos
es que el conocimiento de4 los agricultores locales sobre el ambiente,
las planta, suelos y los procesos ecológicos, recupera una importancia
sin precedentes dentro de este nuevo paradigma agroecológico. Varias
ONGs están convencidas que el comprender los rasgos culturales y
ecológicos característicos de la agricultura tradicional, tales
como la capacidad de evitar riesgos, las taxonomías biológicas populares,
las eficiencias de producción de las mezclas de cultivos simbióticos,
el uso de plantas locales para el control de las plagas, etc., es
de importancia crucial para obtener información útil y pertinente
que guíe el desarrollo de estrategias agrícolas apropiadas más sensibles
a las complejidades de la agricultura campesina y que también están
hechas a la medida de las necesidades de grupos campesinos específicos
y agroecosistemas regionales.
La idea es que la investigación y el desarrollo agrícola
debieran operar sobre la base de un enfoque "desde abajo", comenzando
con lo que ya está ahí: la ente del lugar, sus necesidades y aspiraciones,
sus conocimientos de agricultura y sus recursos naturales autóctonos.
En la práctica, el enfoque consiste en conservar y fortalecer la
lógica productiva de los campesinos mediante programas de educación
y adiestramiento, usando granjas demostrativas que incorporen tanto
las técnicas campesinas tradicionales como también nuevas alternativas
viables. De esta manera, el conocimiento y las percepciones ambientales
de los agricultores están integrados a esquemas de innovación agrícola
que intentan vincular la conservación de recursos y el desarrollo
rural. Para que una estrategia de conservación de recursos compatible
con una estrategia de producción tenga éxito entre los pequeños
agricultores, el proceso debe estar vinculado a esfuerzos de desarrollo
rural que den igual importancia a la conservación de los recursos
locales y autosuficiencia alimentaria y/o participación en los mercados
locales. Cualquier intento de conservación tanto genética, como
del suelo, bosque o cultivo debe esforzarse por preservar los agroecosistemas
en que estos recursos se encuentran. Está claro que la preservación
de agroecosistemas tradicionales no se puede lograr aislada de la
mantención de la etnociencia y de la organización socio-cultural
de la comunidad local. Es por esta razón que muchas ONGs ponen énfasis
en un enfoque agroecológico-etnoecológico como mecanismos efectivo
para relacionar el conocimiento de los agricultores con los enfoques
científicos occidentales en proyectos de desarrollo agrícola que
enlacen las necesidades locales con la base de recursos existentes
(Figura 1).

Figura 1: El enfoque agroecológico y etnológico
para sistematizar, validar y aplicar el conocimiento agrícola tradicional
en el desarrollo rural
- Condiciones para la expansión y replicabilidad de la estrategia
agroecológica
A pesar de los avances, los esfuerzos para aliviar las condiciones
de pobreza rural han tenido éxitos mixtos. Una razón clave es que
operan en un ambiente en que sus beneficiarios tienen poco acceso
a recursos económicos y políticos, y en el que prevalecen sesgos
institucionales contra el campesinado. El desarrollo de base es
difícil de implementar cuando la distribución de la tierra es desigual
o donde los arreglos institucionales (crédito, asistencia técnica,
etc.) y las fuerzas del mercado favorecen al sector agrícola empresarial
(de Janvry et al 1988).
Todas las ONGs involucradas en la implementación de propuestas
agroecológicas están enfrentadas a la necesidad de promover alternativas
productivas que tengan sentido tanto ecológico como económico. En
otras palabras, la difusión de la agroecología será posible sólo
si sus propuestas "son un buen negocio" para el pequeños productor,
y además si toman en cuenta su racionalidad.
Es importante no olvidar que la rentabilidad a nivel de la familia
no sólo depende de lo que los campesinos y ONGs pueden hacer, sino
principalmente de las macro-condiciones bajo las cuales opera la
agricultura campesina. Existen muchos obstáculos político-económicos
que impiden a los campesinos competir en forma justa en el mercado,
por lo tanto limitando las posibilidades de adopción de estrategias
agroecológicas. Es crucial, por lo tanto, destacar las condiciones
que deberán existir para asegurar una replicabilidad masiva de las
propuestas agroecológicas.
En este sentido, se deberán remover restricciones político-económicas
por lo menos a tres niveles:
- eliminación de sesgos institucionales anti-campesinos en lo
que se refiere a acceso a crédito, asistencia técnica, investigación,
etc.
- eliminación de la perenne baja inversión social en material
de educación, salud, infraestructura, etc.
- eliminación de las políticas y subsidios que favorecen la agricultura
comercial intensiva y agroquímica.
Será importante además crear el clima necesario que mejore los
términos de intercambio para la producción campesina, mejorando
su capacidad competitiva y la captura de los beneficios y externalidades
que una agricultura campesina sostenible pueda generar. Esto requerirá
definir políticas de impuestos que permitan cobrar a los "gree-riders"
que se benefician o aprovechan de los esfuerzos de los campesinos.
Este tipo de políticas económica podría ayudar a crear subsidios
que incentiven a los campesinos a asumir una agricultura más sostenible
(de Janvry et al 1989).
Hasta el momento, las macro-perspectivas para una agricultura sostenible
en la región son inciertas. Por un lado es posible observar que
las tasas reales de cambio empujan hacia una agricultura basada
en los recursos locales, dado que la mano de obra ha bajado de precio
y la importación de insumos y materiales se han encarecido. Por
otro lado, la orientación económica hacia la exportación impulsada
fuertemente por compañías multinacionales, previenen la emergencia
de una opción tecnológica basada en los recursos regionales.
- Conclusiones
Hay una gran preocupación hoy en día por el proceso de empobrecimiento
sistemático a que está sometida la agricultura campesina, con la
población en aumento, predios agrícolas que son cada vez más pequeños,
medio ambientes que degradan y una producción per cápita de alimentos
que se mantiene estática o disminuye. En vista de esta crisis que
se hace cada día más profunda, debiera ser un objetivo de la mayor
importancia para los PDRs impedir al colapso de la agricultura campesina
en la región, transformándola en una actividad más sustentable y
productiva. Tal transformación sólo se puede producir si somos capaces
de comprender las contribuciones potenciales de la agroecología
y de incorporarlas a las estrategias de desarrollo rural de modo
que:
- mejoren la calidad de vida de los campesinos que trabajan pequeñas
parcelas de tierra y/o tierras marginales mediante el desarrollo
de estrategias de subsistencia ecológicamente sensibles.
- eleven la productividad de la tierra de los campesinos que compiten
en el mercado mediante la confección de proyectos y la promoción
de tecnologías de bajo insumo que disminuyan los costos de producción.
- promuevan la generación de empleos e ingresos mediante el diseño
de tecnologías apropiadas orientadas a actividades de procesamiento
de alimentos que aumenten el valor agregado de lo que se produce
en las unidades campesinas.
Es evidente que el mejorar el acceso de los campesinos a la tierra,
agua y otros recursos naturales, como también a crédito equitativo,
mercados tecnologías apropiadas, etc., es crucial para garantizar
un desarrollo sostenido.
Asegurar el control y acceso a los recursos sólo puede ser garantizado
por medio de reformas políticas o acciones bien organizadas de base
comunitaria. Dadas estas limitaciones estructurales, la agroecología
sólo puede esperar proporcionar la base ecológica para manejar los
recursos una vez que lleguen a estar a disposición de los campesinos
pobres. En otras palabras, como enfoque de desarrollo agrícola,
la agroecología no puede enfrentar los factores estructurales y
económicos que condicionan la pobreza rural. Esto va a requerir
de un enfoque de desarrollo mucho más amplio que ponga gran énfasis
en la organización social del campesinado. A este respecto, los
problemas tecnológicos deben asumir su rol en estrategias de desarrollo
que incorporen las dimensiones sociales y económicas.
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