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ANTECEDENTES HISTORICOS
El uso contemporáneo del término agroecología data de los años
70, pero la ciencia y la práctica de la agroecología son tan antiguos
como los orígenes de la agricultura. A medida que los investigadores
exploran las agriculturas indígenas, las que son reliquias modificadas
de formas agronómicas más antiguas, se hace más notorio que muchos
sistemas agrícolas desarrollados a nivel local, incorporan rutinariamente
mecanismos para acomodar los cultivos a las variables del medio
ambiente natural, y para proteger los de la predación y la competencia.
Estos mecanismos utilizan insumos renovables existentes en las regiones,
así como los rasgos ecoló gicos y estructurales propios
de los campos, los barbechos y la vegetación circundante.
En estas condiciones la agricultura involucra la administración
de otros recursos además del cultivo propio. Estos sistemas de producción
fueron desarrollados para disminuir riesgos ambientales y económicos
y mantienen la base productiva de la agricultura a través del tiempo.
Si bien estos agroecosistemas pueden abarcar infraestructuras tales
como trabajos en terrazas, zanjas e irrigación, el conocimiento
agronómico descentralizado y desarrollado localmente es de importancia
fundamental para el desarrollo continuado de estos sistemas de producción.
El por qué esta herencia agrícola ha tenido relativamente poca
importancia en las ciencias agronómica formales refleja prejuicios
que algunos investigadores contemporáneos están tratando de eliminar.
Tres procesos históricos han contribuido en un alto grado a oscurecer
y restar importancia al conocimiento agronómico que fue desarrollado
por grupos étnicos locales y sociedades no occidentales: (1) la
destrucción de los medios de codificación, regulación y trasmisión
de las prácticas agrícolas; (2) la dramática transformación de muchas
sociedades indígenas no occidentales y los sistemas de producción
en que se basaban como resultado de un colapso demográfico, de la
esclavitud y del colonialismo y de procesos de mercado, y (3) el
surgimiento de la ciencia positivista. Como resultado, han existido
pocas oportunidades para que las intuiciones desarrolladas en una
agricultura más holística se infiltraran en la comunidad científica
formal. Más aún, esta dificulta está compuesta de prejuicios, no
reconocidos, de los investigadores en agronomía, prejuicios relacionados
con factores sociales tales como clase social, etnicidad, cultura
y sexo.
Históricamente, el manejo de la agricultura incluía sistemas ricos
en símbolos y rituales, que a menudo servían para regular las prácticas
del uso de la tierra y para codificar el conocimiento agrario de
pueblos analfabetos (Ellen 1982, Conklin 1972). La existencia de
cultos y rituales agrícolas está documentada en muchas sociedades,
incluso las de Europea Occidental. De hecho, estos cultos eran un
foco de especial atención para la Inquisición Católica. Escritores
sociales de la época medieval tales como Ginzburg (1983) han demostrado
cómo las ceremonias rurales eran tildadas de brujería y cómo dichas
actividades se convirtieron en focos de intensa persecución. Y no
es sorprendente que cuando los exploradores españoles y portugueses
de la post-inquisición emprendieron sus viajes y la conquista europea
se extendió por el globo bajo el lema de "Dios, Oro y Gloria", como
parte de un proyecto más amplio, existieran actividades evangelizadoras,
las que a menudo alteraron las bases simbólicas y rituales de la
agricultura en sociedades no occidentales. Estas modificaciones
transformaron, y a menudo interfirieron con la trasferencia generacional
y lateral del conocimiento agronómico local. Este proceso, junto
con las enfermedades, la esclavitud y la frecuente reestructuración
de la base agrícola de las comunidades rurales con fines coloniales
y de mercado, a menudo contribuyó ala destrucción o abandono de
las tecnologías "duras" tales como los sistemas de riego, y especialmente
al empobrecimiento de las tecnologías "blandas" (formas de cultivo,
mezclas de cultivos, técnicas de control biológico y manejo de suelos)
de la agricultura local, la que depende mucho más de la transmisión
de tipo cultural.
La literatura histórica documenta cómo las enfermedades transmitidas
por los exploradores afectaron a las poblaciones nativas. Especialmente
en el nuevo mundo se dieron colapsos de poblaciones muy rápidamente
y de una forma tan devastadora que es difícil de imaginar. En algunas
áreas hasta un 90% de la población murió en menos de 100 años (Denevan
1976). Con ellos murieron culturas y sistemas de conocimiento. Los
efectos desastrosos de las epidemias caracterizaron las primeras
etapas del contacto, pero otras actividades, especialmente la esclavitud
asociada con las plantaciones del nuevo mundo, también ejercieron
impactos drásticos en la población y, por lo tanto, en el conocimiento
agrícola, hasta bien entrado el siglo XIX.
En los comienzos, las poblaciones locales eran el blanco de las
incursiones para obtener esclavos, pero estos grupos a menudo podían
escapar de la servidumbre. Los problemas de enfermedad en los indios
del nuevo mundo hicieron que no fueran una fuerza ideal de trabajo.
Por otro lado, las poblaciones africanas estaban acostumbradas a
las condiciones climáticas tropicales y tenían una resistencia relativa
a las enfermedades "europeas", por lo tanto ellos podían satisfacer
las pujantes necesidades de mano de obra para las plantaciones de
azúcar y algodón. Durante dos siglos, más de veinte millones de
esclavos fueron transportados desde Africa a varias plantaciones
de esclavos en el nuevo mundo (Wolf, 1982).
La esclavitud se impuso a la mejor fuerza laboral (jóvenes adultos,
tanto hombres como mujeres) y tuvo como resultado la pérdida de
esta importante fuerza de trabajo para la agricultura local y el
abandono de los trabajos agrícolas a medida que los pueblos trataron
de evitar el convertirse en esclavos, retirándose a lugares distantes
de los traficantes de esclavos. La ruptura de sistemas de conocimientos,
ocasionada por la exportación de mano de obra, la erosión de las
bases culturales de la agricultura local y la mortalidad asociada
a las guerras que eran estimuladas por las incursiones en busca
de esclavos, fue aumentada más adelante por la integración de estos
sistemas residuales a las redes mercantiles y coloniales.
El contacto europeo con gran parte del mundo no occidental no fue
benéfico, y a menudo involucró la transformación de los sistemas
de producción para satisfacer las necesidades de los centros burocráticos
locales, los enclaves mineros y de recursos, y del comercio internacional.
En algunos casos ésto se logró por medio de la coerción directa,
reorientando y manipulando las economías a través de la unión de
grupos elíticos locales, y en otros caos de hombres claves, y por
intermedio de intercambios. Estos procesos cambian fundamentalmente
la base de la economía agrícola. Con el surgimiento de las cosechas
pagadas y la mayor presión ejercida por ítemes específicos de exportación,
las estrategias para el uso de predios rurales, que habían sido
desarrolladas a través de milenios con el fin de reducir los riegos
agrícolas y de mantener la base de recursos, fueron desestabilizadas.
Muchos son los estudios que han documentado estos efectos (Watts
1983, Wolf 1982, Palmer y Parson 1977, Wasserstrom 1982, Browkenshaw
et al. 1979, Geertz 1962).
Finalmente, aún cuando los cronistas y los exploradores mencionan
positivamente el uso que los nativos daban a las tierras, fue difícil
traducir estas observaciones a una forma coherente, no folklórica
y socialmente aceptable. El surgimiento del método positivista en
las ciencias y el movimiento del pensamiento occidental hacia perspectivas
atomistas y mecanicistas, las que se asocian con el iluminismo del
siglo XVIII, alteraron dramáticamente el diálogo sobre el mundo
natural (Merchat 1980).
Esta transición de las epistemologías cambió el enfoque de la naturaleza,
de una entidad orgánica, viviente, se convirtió en una máquina.
De manera creciente este enfoque hizo hincapié en el lenguaje científico,
una forma de referirse al mundo natural que esencialmente rechazaba
toda otra forma de conocimiento científico como superstición. En
efecto, desde los tiempos de Concorcet y Comte, el desarrollo de
las ciencias se identifica con el triunfo de la razón sobre la superstición.
Esta posición, unida a un punto de vista muchas veces despectivo
sobre las habilidades de los pueblos rurales en su generalidad,
y en especial las de los pueblos colonizados, contribuyó más aún
a oscurecer la riqueza de muchos sistemas de conocimiento rural
cuyo contenido era expresado en una forma discursiva y simbólica.
A causa de un mal entendido del contexto ecológico, de la complejidad
espacial y de la forma de cultivar propia de los agricultores no
formales, fue frecuentemente tildada despectivamente de desordenada.
Dado este contexto histórico cabe preguntarse cómo la agroecología
logró emerger nuevamente. El "redescubrimiento" de la agroecología
es un ejemplo poco común del impacto que tienen las tecnologías
pre-existentes sobre las ciencias, donde, adelantos que tuvieron
una importancia crítica en la comprensión de la naturales, fueron
el resultado de una decisión de los científicos de estudiar lo que
los campesinos ya habían aprendido a hacer (Kuhn 1979). Kuhn señala
que en muchos casos, los científicos lograron "meramente validar
y explicitar, en ningún caso mejorar, las técnicas desarrolladas
con anterioridad".
Cómo emergió nuevamente la idea de la agroecología también requiere
de un análisis de la influencia de un número de corrientes intelectuales
que tuvieron relativamente poca relación con la agronomía formal.
El estudio de sistemas de clasificación indígena, de la teoría del
desarrollo rural, de los ciclos y sucesión de los nutrientes no
está muy directamente relacionado con la ciencia de los cultivos,
la patología de las plantas y el manejo de las plagas en su práctica
habitual. Las siguientes secciones de este capítulo reseñan brevemente
cómo disciplinas tan diversas como la antropología, la economía
y la ecología se encuentran reflejadas en el pedigrí intelectual
de la agroecología.
¿QUE ES LA AGROECOLOGIA?
El término agroecología ha llegado a significar muchas cosas. Definidas
a groso modo, la agroecología a menudo incorpora ideas sobre
un enfoque de la agricultura más ligado al medio ambiente y más
sensible socialmente; centrada no sólo en la producción sino también
en la sostenibilidad ecológica del sistema de producción. A esto
podría llamarse el uso "normativo" o "prescriptivo" del término
agroecología, porque implica un número de características sobre
la sociedad y la producción que van mucho más allá de los límites
del predio agrícola. En un sentido más restringido, la agroecología
se refiere al estudio de fenómenos netamente ecológicos dentro del
campo de cultivos, tales como relaciones predador/presa, o competencia
de cultivo/maleza.
Visión Ecológica
En el corazón de la agroecología está la idea que un campo de cultivos
es un ecosistema dentro del cual los procesos ecológicos que ocurren
en otras formaciones vegetales, tales como ciclos de nutrientes,
interacción depredador/presa, competencia, comensalía y cambios
sucesionales, también se dan. La agroecología se centra en las relaciones
ecológicas en el campo y su propósito es iluminar la forma, la dinámica
y las funciones de estas relaciones. En algunos trabajos sobre agroecología
está implícita la idea que por medio del conocimiento de estos procesos
y relaciones los sistemas agroecológicos pueden ser administrados
mejor, con menores impactos negativos en el medio ambiente y la
sociedad, más sostenidamente y con menor uso de insumos externos.
Como resultados, un número de investigadores de las ciencias agrícolas
y de áreas afines, han comenzado a considerar el predio agrícola
como un tipo especial de ecosistema -un agroecosistema- y a formalizar
el análisis del conjunto de procesos e interacciones que intervienen
en un sistema de cultivos. El marco analítico subyacente le debe
mucho a la teoría de sistemas y a los intentos teóricos y prácticos
hechos para integrar los numerosos factores que afectan la agricultura
(Spedding 1975, Gliessman 1982, Conway 1985, Chambers 1983, Ellen
1982, Altieri 1983, Lowrance et. al. 1984).
La Perspectiva Social
Los agroecosistemas tienen varios grados de resiliencia y de estabilidad,
pero estos no están estrictamente determinados por factores de origen
biótico o ambiental. Factores sociales, tales como el colapso en
los precios del mercado o cambios en la tenencia de las tierras,
pueden destruir los sistemas agrícolas tan decisivamente como una
sequía, explosiones de plagas o la disminución de los nutrientes
en el suelo. Por otra parte, las decisiones que asignan energía
y recursos materiales pueden aumentar la resiliencia y recuperación
de un ecosistema dañado. Aunque la administración humana de los
ecosistemas con fines de producción agrícola a menudo ha alterado
en forma dramática la estructura, la diversidad, los patrones de
flujo de energía y de nutrientes, y los mecanismos de control de
poblaciones bióticas en los predios agrícolas, estos procesos todavía
funcionan y pueden ser explorados experimentalmente. La magnitud
de las diferencias de la función ecológica entre un ecosistema natural
y uno agrícola depende en gran medida de la intensidad y frecuencia
de las perturbaciones naturales y humanas que se hacen sentir en
el ecosistema. El resultado de la interacción entre características
endógenas, tanto biológicas como ambientales en el predio agrícola
y de factores exógenos tanto sociales como económicos, generan la
estructura particular del agroecosistema. Por esta razón, a menudo
es necesaria una perspectiva más amplia para explicar un sistema
de producción que está en observación.
Un sistema agrícola difiere en varios aspectos fundamentales de
un sistema ecológico "natural" tanto en su estructura como en su
función. Los agroecosistemas son ecosistemas semi-domesticados que
se ubican en un gradiente entre una serie de ecosistemas que han
sufrido un mínimo de impacto humano, como es el caso de las ciudades.
Odum (1984) describe 4 características principales de los agroecosistemas:
- Los agroecosistemas requieren fuentes auxiliares de energía,
que pueden ser humana, animal y a combustible para aumentar la
productividad de organismos específicos.
- La diversidad puede ser muy reducida en comparación
con la de otros ecosistemas.
- Los animales y plantas que dominan son seleccionados
artificialmente y no por selección natural.
- Los controles del sistema son, en su mayoría, externos
y no internos ya que se ejercen por medio de retroalimentación
del subsistema.
El modelo de Odum se basa principalmente en la agricultura modernizada
del tipo que se encuentra en los Estados Unidos. Hay, sin embargo,
muchos tipos de sistemas agrícolas, especialmente en los trópicos,
que no corresponden a esta definición. Son especialmente sospechosas
la cuestión de diversidad y la naturaleza de la selección utilizada
en agriculturas complejas donde un sinnúmero de plantas y animales
semi-domesticados y silvestres figuran en el sistema de producción.
Conklin (1956), por ejemplo, describió agroecosistemas tradicionales
en Filipinas que incluían más de 600 especies de plantas que eran
cultivadas y manejadas. Aunque esta agricultura no era tan diversa
como la de algunos bosques tropicales, era definitivamente más multiforme
que muchos otros ecosistemas locales.
Los sistemas agrícolas son un interacción compleja entre procesos
sociales externos e internos, y entre procesos biológicos y ambientales.
Estos pueden entenderse espacialmente a nivel de terreno agrícola,
pero a menudo también incluyen una dimensión temporal. El grado
de control externo versus control interno puede reflejar intensidad
de administración a lo largo del tiempo, el que puede ser mucho
más variable que el supuesto de Odum. En sistemas de roza, tumba
y quema, por ejemplo, los controles externos tienden a disminuir
en los períodos posteriores de barbecho. El modelo de agroecosistema
de Odum marca un punto de partida interesante para la comprensión
de la agricultura desde una perspectiva de los sistemas ecológicos,
pero no puede abarcar la diversidad y complejidad de muchos agroecosistemas
que se desarrollaron en las sociedades no occidentales, especialmente
en los trópicos húmedos. Más aún, la falta de atención que el modelo
pone en las determinantes sociales de la agricultura tiene como
resultado un modelo con un poder explicativo limitado.
Los sistemas agrícolas son artefactos humanos y las determinantes
de la agricultura no terminan en los límites de los campos. Las
estrategias agrícolas no sólo responden a presiones del medio ambiente,
presiones bióticas y del proceso de cultivo, sino que también reflejan
estrategias humanas de subsistencia y condiciones económicas (Ellen
1982). Factores tales como disponibilidad de mano de obra, acceso
y condiciones de los créditos, subsidios, riesgos percibidos, información
sobre precios, obligaciones de parentesco, el tamaño de la familia
y el acceso a otro t6ipo de sustento, son a menudo críticas para
la comprensión de la lógica de un sistema de agricultura. En especial
cuando se analizan las situaciones de los pequeños campesinos fuera
de los Estados Unidos y Europa, el análisis de la simple maximización
de las cosechas en sistemas de monocultivo se hace menos útil para
la comprensión del comportamiento del campesino y de sus opciones
agronómicas (Scott 1978 y 1986, Barlett 1984, Chambers 1983).
El Desafío Agroecológico
Los científicos agrícolas convencionales han estado preocupados
principalmente con el efecto de las prácticas de uso de la tierra
y de manejo de los animales o la vegetación en la productividad
de un cultivo dado, usando una perspectiva que enfatiza un problema
objetivo, como es el de los nutrientes del suelo o los brotes de
plagas. Esta forma de enfocar sistemas agrícolas ha sido determinada
en parte por un diálogo limitado entre diferentes disciplinas, por
la estructura de la investigación científica, la que tiende a atomizar
problemas de investigación, y por un enfoque de la agricultura orientado
a lograr un producto. No cabe duda que la investigación agrícola
basada en este enfoque ha tenido éxito e incrementar el rendimiento
en situaciones agroecológicamente favorables.
Sin embargo, es cada vez mayor el número de científicos que reconoce
que este enfoque reduccionista limita las opciones agrícolas para
las poblaciones rurales y en que el "enfoque objetivo" a menudo
involucra consecuencias secundarias no intencionadas que frecuentemente
han producido daños ecológicos y han tenido altos costos sociales.
La investigación agroecológica se concentra en asuntos puntuales
del área de la agricultura, pero dentro de un contexto más amplio
que incluye variables ecológica y sociales. En muchos casos, las
premisas sobre el propósito de un sistema agrícola difieren del
enfoque que enfatiza la maximización del rendimiento y la producción,
expuesto por la mayoría de los científicos agrícolas.
Como mejor puede describirse la agroecología es como un enfoque
que integra ideas y métodos de varios sub-campos, más que como una
disciplina específica. La agroecología puede ser un desafío normativo
a las maneras en que varias disciplinas enfocan los problemas agrícolas.
Tiene sus raíces en la ciencias agrícolas, en el movimiento del
medio ambiente, en la ecología (en particular en la explosión de
investigaciones sobre los ecosistemas tropicales), en el análisis
de agroecosistemas indígenas y en los estudios sobre el desarrollo
rural. Cada una de estas áreas de investigación tiene objetivos
y metodologías muy diferentes, sin embargo, tomadas en un conjunto
todas han sido influencias legítimas e importantes en el pensamiento
agroecológico.
INFLUENCIAS DEL PENSAMIENTO AGROECOLOGICO
Ciencias Agrícolas
Como Altieri (1987) lo ha señalado, el crédito de gran parte del
desarrollo inicial de la agricultura ecológica en las ciencias formales
le pertenece a Klages (1928), quien sugirió que se tomaran en cuenta
los factores fisiológicos y agronómicos que influían en la distribución
y adaptación de especies específicas de cultivos, para comprender
la compleja relación existente entre una planta de cultivo y su
medio ambiente. Más adelante, Klages (1942) expandió su definición
e incluyó en ella factores históricos, tecnológicos y socioeconómicos
que determinaban qué cultivos podían producirse en una región dada
y en qué cantidad. Papadakis (1938) recalcó que el manejo de cultivos
debería basarse en la respuesta del cultivo al medio ambiente. La
ecología agrícola fue aún más desarrollada en los años 60 por Tischler
(1965) e integrada al curriculum de la agronomía en cursos orientados
al desarrollo de una base ecológica a la adaptación ambiental de
los cultivos. La agronomía y la ecología de cultivos están convergiendo
cada vez más, pero la red entre la agronomía y las otras ciencias
(incluyendo las ciencias sociales) necesarias para el trabajo agroeocológico,
están recién emergiendo.
Las obras de Azzi (1956), Wilsie (1962), Tischler (1965), Chang
(1968) y Loucks (1977) representan un cambio de enfoque gradual
hacia un enfoque ecosistémico de la agricultura. En particular fue
Azzi (1956) quien acentuó que mientras la meteorología, la ciencia
del suelo y la entomología son disciplinas diferentes, su estudio
en relación con la respuesta potencial de plantas de cultivo converge
en una ciencia agroecológica que debería iluminar la relación entre
las plantas cultivadas y su medio ambiente. Wilsie (1962),analizó
los principios de adaptación de cultivos y su distribución en relación
a factores del hábitat, e hizo un intento para formalizar el cuerpo
de relaciones implícitas en sistemas de cultivos. Chang (1968) prosiguió
con la línea propuesta por Wilsie, pero se centró en un grado aún
mayor en los aspectos ecofisiológicos.
Desde comienzos de los años 70, ha habido una expansión enorme
en la literatura agronómica con un enfoque agroecológico, incluyendo
obras tales como las de Dalton (1975), Netting (1974) van Dyne (1969),
Spedding (1975), Cox y Atkins (1979), Richards P. (1984), Vandermeer
(1981), Edens y Koenig (1981), Edens y Haynes (1982), Altieri y
Letourneau (1982), Gliessman et al. (1981), Conway (1985), Hart
(1979), Lowrance et al. (1984) y Bayliss-Smith (1982).
A fines de la década del 70 y a comienzos de la del 80 un componente
social cada vez mayor comenzó a aparecer en la literatura agrícola,
en gran parte como resultado del estudio sobre el desarrollo rural
en los Estados Unidos (Buttel, 1980). La contextualización social
unida al análisis agronómico ha generado evaluaciones complejas
de la agricultura, especialmente en el caso del desarrollo regional
(Altieri y Anderson 1986, Brush 1977, Richards P. 1984 y 1986, Kurin
1983, Bartlett 1984, Hecht 1985, Blaikie 1984).
Los entomólogos en sus intentos de desarrollar sistemas de manejo
integrado de plagas, han hecho contribuciones valiosas al desarrollo
de una perspectiva ecológica para la protección de las plantas.
La teoría y la práctica del control biológico de plagas se basa
exclusivamente en principios ecológicos (Huffaker y Messenger 1976).
El manejo ecológico de plagas se centra en primer lugar en enfoques
que contrastan la estructura y el funcionamiento de los sistemas
agrícolas con aquellas de sistemas naturales relativamente no perturbados,
o sistemas agrícolas más complejos (Southwood y Way 1970, Price
y Waldbauer 1975, Levins y Wilson 1979, Risch 1981 y Risch et al.
1983). Browning y Frey (1969) han argumentado que los enfoques de
manejo de plagas deberían hacer hincapié en el desarrollo de agroecosistemas
que emularan la sucesión natural lo más posible, debido a que estos
sistemas más maduros son a menudo más estables que los sistemas
consistentes en una estructura sencilla de monocultivos.
Enfoque Metodológico
Una gran cantidad de métodos de análisis agroecológico se están
desarrollando en la actualidad en todo el mundo. Se podría considerar
que se utilizan principalmente cuatro enfoques metodológicos:
- Descripción Analítica. Se están realizando muchos estudios
que miden y describen cuidadosamente los sistemas agrícolas y
miden propiedades específicas tales como la diversidad de plantas,
la acumulación de biomasa, la retención de nutrientes y el rendimiento.
Por ejemplo, el Centro Internacional de Agroforestería (ICRAF)
ha estado desarrollando una base internacional de datos de los
diferentes tipos de sistemas de agroforestería y los está correlacionando
con una variedad de parámetros medio ambientales para desarrollar
modelos regionales de cultivos mixtos (Nair 1984, Huxley 1983).
Este tipo de información es valiosa para ampliar nuestra comprensión
de los tipos de sistemas existentes, de los componentes que habitualmente
se encuentran ensamblados y en qué contexto ambiental. Este es
el primer paso necesario. Los estudios representativos de este
tipo de pensamiento son numerosos e incluyen a Ewel 1986, Alcorn
1984, Marten 1986, Denevent et al. 1984 y Posey 1985.
- El análisis Comparativo. La investigación comparativa
generalmente involucra la comparación de un monocultivo u otro
sistema de cultivo con un agroecosistema tradicional de mayor
complejidad. Los estudios comparativos de este tipo involucran
un análisis de la productividad de cultivos específicos, de la
dinámica de las plagas o del estatus de los nutrientes en cuanto
están relacionados con factores tales como la diversidad de los
campos de cultivo, la frecuencia de las malezas, la población
de insectos y los patrones de reciclaje de nutrientes. Varios
estudios de este tipo se han llevado a cabo en América Latina,
Africa y Asia (Uhl y Murphy 1981, Marten 1986 y Woodmansee 1984).
Dichos proyectos usan metodologías científicas de tipo estándar
para iluminar la dinámica de sistemas locales de cultivos mixtos
específicos, comparándolos con los monocultivos. Estos datos a
menudo son útiles pero la heterogeneidad de los sistemas locales
puede oscurecer la comprensión de cómo éstos funcionan.
- Comparación Experimental. Para establecer la
dinámica y para reducir el número de variables, muchos investigadores
desarrollan una versión simplificada del sistema nativo en el
cual las variables pueden ser controladas más de cerca. Por ejemplo,
el rendimiento de un cultivo mixto de maíz, poroto y calabaza
puede ser comparado al del cultivo simple de cada una de estas
especies.
- Sistemas Agrícolas Normativos. Estos se construyen
a menudo con modelos teóricos específicos en mente. Un ecosistema
natural puede ser ilimitado, o un sistema agrícola nativo podría
ser reconstituido con mucho esfuerzo. Este enfoque está siendo
evaluado en forma experimental por varios investigadores en Costa
rica. Ellos están desarrollando sistemas de cultivos que emulan
las secuencias sucesionales por medio del uso de cultivos que
son botánica y morfológicamente semejante a las plantas que naturalmente
ocurren en varias etapas sucesionales (Hart 1979, Ewel 1986).
Aún cuando la agronomía ha sido sin lugar a dudas la disciplina
materna de la agroecología, ésta recibió una fuerte influencia del
surgimiento del ambientalismo y de la expansión de los estudios
ecológicos. El estudio del medio ambiente fue necesario para proporcionar
el marco filosófico en el cual el valor de las tecnologías alternativas
y el proyecto normativo de la agroecología pudieran apoyarse. Los
estudios ecológicos fueron críticos en la expansión de los paradigmas
por medio de los cuales cuestiones agrícolas pudieran desarrollarse,
y de las destrezas técnicas para analizarlos.
AMBIENTALISMO
Importancia de este movimiento. El movimiento ambiental
de los años 60 - 70 ha hecho una gran contribución intelectual a
la agroecología. Debido a que los asuntos del ambientalismo coincidían
con la agroecología, ellos infundieron al discurso agroecológico
una actitud crítica de la agronomía orientada hacia la producción,
e hicieron crecer la sensibilidad hacia un gran número de asuntos
relacionados con los recursos.
La versión de los años 60 del movimiento ambiental se originó como
consecuencia de una preocupación con los problemas de contaminación.
Estos eran analizados en función tanto de los fracasos tecnológicos
como de las presiones de la población. La perspectiva Maltusiana
ganó una fuerza especial a mediados de la década del 60 por medio
de obras tales como "La Bomba Poblacional" de Paul Ehrlich (1966)
y "La Tragedia de los Comunes" de Garret Hardin (1968). Estos autores
dieron como principal causa de la degradación ambiental y del agotamiento
de recursos al crecimiento de la población. Este punto de vista
fue técnicamente ampliado por la publicación de "Los Límites del
Crecimiento" del Club de Roma, el que utilizó simulaciones computarizadas
de las tendencias globales dela población, del uso de recursos y
la contaminación, para generar argumentos para el futuro, los que
generalmente eran desastrosos. Esta posición ha sido criticada desde
perspectivas metodológicas y epistemológicas (Simon y Kahn 1985).
Mientras que "Los Límites del Crecimiento" desarrolló un modelo
generalizado de la "crisis ambiental", dos volúmenes seminales posteriores
contenían una relación especial al pensamiento agroecológico, porque
en ellos se perfilaban visiones de una sociedad alternativa. Estos
fueron "Ante-proyecto de la Supervivencia" (El ecologista, 1972)
y "Lo Pequeño es Hermoso" (Schumacher, 1973). Estos trabajos incorporaban
ideas sobre la organización social, la estructura económica y valores
culturales y las convertían en una visión exhaustiva más o menos
utópica. "Ante-proyecto de la Supervivencia" argumentaba a favor
de la descentralización de empresas de pequeña envergadura y acentuaba
las actividades humanas que involucrarían un mínimo de disrupción
ecológica y un máximo de conservación de energía y materiales. El
santo y seña era autosuficiencia y sustentabilidad. El libro de
Schumacher acentuaba una evaluación radical de la racionalidad económica
("Economía Budista"), un modelo descentralizado de la sociedad humana
("dos millones de aldeas") y una tecnología apropiada. El significado
especial de "Lo Pequeño es Hermoso" era que estas ideas se ampliaron
para alcanzar el Tercer Mundo.
Problemas Agrícolas. Los asuntos ambientales en su relación
con la agricultura fueron claramente señalados por Carson en su
libro "Primavera Silenciosa" (1964), el que planteaba interrogantes
sobre los impactos secundarios de las substancias tóxicas, especialmente
de los insecticidas, en el ambiente. Parte de la respuesta a estos
problemas fue el desarrollo de enfoques de manejo de plagas para
la protección de los cultivos, basados enteramente en su teoría
y práctica en los principios ecológicos (Huffaker y Messenger 1976).
El impacto tóxico de los productos agro-químicos era sólo una de
las interrogantes ambientales, debido a que el uso excesivo de los
recursos energéticos también se estaba convirtiendo en un asunto
cada vez más importante. Era necesario evaluar los costos energéticos
de sistemas de producción específicos: especialmente a comienzos
de la década del 70 cuando los precios del petróleo se fueron a
las nubes. El clásico de Pimentel y Pimentel (1979) demostró que
en la agricultura americana cada kilo-caloría derivado del maíz
se "obtenía" a un enorme costo energético de energía externa. Los
sistemas de producción norteamericanos fueron por lo tanto comparados
con otros varios tipos de agricultura, los que eran de menor producción
por área de unidad (en términos de kilo-calorías por cada hectárea)
pero mucho más eficientes en términos de rendimiento por unidad
de energía invertida. El alto rendimiento de la agricultura moderna
se obtiene a costa de numerosos gastos, los que incluyen insumos
no renovables tales como el combustible de fósiles.
En el Tercer Mundo esta energía a menudo es importante, y cargada
a la balanza internacional de pagos, empeorando la situación de
endeudamiento de muchos países en desarrollo. Más aún, debido a
que la mayor parte de la energía no se utiliza para el cultivo de
alimentos, la ganancia en la producción no se traduce necesariamente
en un mejor abastecimiento de alimentos (Crouch y de Janvry 1980,
Graham 1984 y Dewey 1981). Finalmente, las consecuencias sociales
de este modelo tienen impactos complejos y a menudo extremadamente
negativos en la población local, en especial en aquellos que tienen
un acceso limitado a tierras y a créditos. Estos problemas se discuten
en detalle más adelante en este capítulo.
Los problemas de la toxicidad y recursos de la agricultura ensamblaron
con los problemas mayores de la transferencia tecnológica en contextos
del Tercer Mundo. "La Tecnología Descuidada" (editada por Milton
y Farvar en 1968) fue una de las primeras publicaciones que intentó,
en gran medida, documentar los efectos de proyectos de desarrollo
y transferencia de tecnologías de zonas templadas, sobre las ecologías
y las sociedades de los países en desarrollo. Cada vez en mayor
número, investigadores de diferentes áreas comenzaron a hacer comentarios
sobre la pobre "adecuación" entre los enfoques que se dan al uso
de la tierra en el Primer Mundo y la realidad del Tercer Mundo.
El artículo de Janzen (1973), sobre agroecosistemas tropicales,
fue la primera evaluación ampliamente difundida de por qué los sistemas
agrícolas tropicales podrían comportarse de una forma diferentes
a los de las zonas templadas. Este trabajo y el de Levins (1973)
plantearon un desafío a los investigadores agrícolas, que los llevó
a repensar la ecología de la agricultura tropical.
Al mismo tiempo, el problema filosófico más amplio planteado por
el movimiento ambiental tuvo resonancia en la re-evaluación de las
metas del desarrollo agrícola en los Estados Unidos y en el Tercer
Mundo, y en las bases tecnológicas sobre las que serían llevadas
a cabo. En el mundo desarrollado estas ideas sólo tuvieron un impacto
moderado en la estructura de la agricultura, porque la confiabilidad
y disponibilidad de productos agroquímicos y energéticos aplicados
a la agricultura tenía como resultado transformaciones pequeñas
en el patrón de uso de recursos en la agricultura. En situaciones
en las que tanto los campesinos como la nación estaban presionando
por los recursos, donde prevalecían estructuras distributivas regresivas
y donde el enfoque de las zonas templadas no era apropiado a las
condiciones ambientales locales, el enfoque agroecológico parecía
de especial relevancia.
La integración de la agronomía y el ambientalismo ensambló con
la agroecología, pero los fundamentos intelectuales para una asociación
académica de este tipo eran aún relativamente débiles. Era necesario
un enfoque teórico y técnico más claro, especialmente en relación
con los sistemas tropicales. El desarrollo de la teoría ecológica
tendría una relevancia especial en el desarrollo del pensamiento
agroecológico.
ECOLOGIA
Por varias razones los ecológos han tenido una importancia singular
en la evolución del pensamiento agroecológico. En primer lugar,
el marco conceptual de la agroecología y su lenguaje son esencialmente
ecológicos. En segundo lugar, los sistemas agrícolas son en sí mismos
interesantes sujetos de investigación, en los cuales los investigadores
tienen mucho mayor habilidad para controlar, probar y manipular
los componentes del sistema, en comparación con los ecosistemas
rurales. Estos pueden proporcionar condiciones de pruebas para un
patrón amplio de hipótesis ecológicas, y de hecho ya han contribuido
substancialmente al cuerpo de conocimiento ecológico (Levins 1973,
Risch et al. 1983, Altieri 1987, Uhl et al. 1987). En tercer lugar,
la explosión de investigaciones sobre los sistemas tropicales ha
dirigido la atención al impacto ecológico de la expansión de sistemas
de monocultivos en zonas que se caracterizan por su diversidad y
extraordinaria complejidad (Janzen 1973, Uhl 1983, Uhl y Jordan
1984, Hecht 1985). En cuarto lugar, varios ecólogos han comenzado
a dirigir su atención a las dinámicas ecológicas de los sistemas
agrícolas tradicionales (Gliessmann 1982, Altieri y Farrell 1984,
Anderson et al. 1987, Marten 1986, Richards 1984 y 1986).
Tres áreas de interés académico han sido especialmente críticas
en el desarrollo de los análisis agroecológicos: el ciclaje de nutrientes,
las interacciones de plagas/plantas y la sucesión ecológica. A modo
de ilustración esta sección se concentrará en el ciclaje de nutrientes.
A comienzos de los años 60 el análisis del ciclaje de nutrientes
en los sistemas tropicales se convirtió en un tópico de interés
y fue considerado como un proceso vital del ecosistema. Varios estudios,
tales como el estudio de Puerto Rico de Odum (1976), la investigación
de Nye y Greenland en 1961 y más adelante la serie de artículos
y monografías que derivaron de trabajos realizados en San Carlos,
Venezuela, Catci, Costa Rica y otros lugares en Asia y Africa han
sido la simiente que clarifica los mecanismos de los ciclajes de
nutrientes, tanto en bosques nativos como en áreas que han sido
cultivadas (Jordan 1985, Uhl y Jordan 1984, Buschbacker et al. 1987,
Uhl et al. 1987).
Los hallazgos ecológicos de esta investigación sobre el ciclaje
de nutrientes y que tuvieron un mayor impacto en el análisis de
la agricultura fueron:
- La relación entre la diversidad y las estrategias inter-especies
para captar nutrientes.
- La importancia de los rasgos estructurales para aumentar la
captación de nutrientes tanto abajo como encima del suelo.
- La dinámica de los mecanismos fisiológicos en la retención de
nutrientes.
- La importancia de relaciones asociativas de plantas con micro-organismos
tales como micorrizas y fijadores simbióticos de nitrógeno.
- La importancia de la biomasa como el lugar de almacenaje de
los nutrientes.
Estos hallazgos sugerían que los modelos ecológicos de la agricultura
tropical incluirían una diversidad de especies (o al menos de cultivos)
para aprovechar la variedad de absorción de nutrientes, tanto en
términos de diferentes nutrientes como en la absorción de nutrientes
de los diferentes niveles de profundidad del suelo. La información
producida por los estudios ecológicos sobre el ciclaje de nutrientes
también sugería el uso de plantas tales como las leguminosas que
con facilidad forman asociaciones simbióticas, y el uso más extendido
de plantas perennes en el sistema de producción, como un medio para
bombear nutrientes de las diferentes capas del suelo y aumentar
así la capacidad total de reciclaje y almacenamiento de nutrientes
en el ecosistema. No es sorprendente hallar que muchos de estos
principios ya estaban siendo aplicados en numerosos sistemas agrícolas
desarrollados por poblaciones locales en los trópicos.
La mayor parte de la literatura ecológica, la comparación entre
ecosistemas naturales y agroecosistemas se han basado en agroecosistemas
desarrollados por ecologistas posteriormente a cierta observación
de un ecosistema local más bien que después de observar sistemas
locales verdaderamente desarrollados. Más aún, la investigación
se centró en parámetros tales como la diversidad de semillas, acumulación
de biomasa y almacenaje de nutrientes en sucesión. Esta investigación
nos ha proporcionado cierta comprensión de algunas dinámicas de
los sistemas agrícolas considerados como entidades biológicas, pero
hasta qué punto el manejo (con excepción del llevado a cabo por
algunos alumnos relativamente inexpertos) influye en estos procesos
sigue siendo un área casi enteramente inexplorada (un caso excepcionalmente
sobresaliente en este aspecto es el Uhl et al. 1987).
Las limitaciones del enfoque puramente ecológico están siendo cada
vez más superadas a medida que los investigadores comienzan a analizar
los sistemas campesinos y nativos en equipos multi-disciplinarios
y desde un perspectiva más holística (Anderson y Anderson 1983,
Hecht et al. 1987, Anderson et al. 1987, Marten 1986, Denevan et
al. 1984). Estos esfuerzos tienen como intención el colocar a la
agricultura en un contexto social: utilizan modelos nativos locales
y explicaciones nativas del por qué se realizan ciertas actividades
para el desarrollo de hipótesis que más adelante pueden ser probadas
por medio de modelos agronómicos y científicos. Esta es un área
de investigación floreciente con implicancias tanto teóricas como
aplicadas de mucha importancia, y una gran inspiración para la teoría
y práctica de la agroecología.
SISTEMAS NATIVOS DE PRODUCCION
Otra influencia mayor en el pensamiento agroecológico es aquella
que procede de los esfuerzos de investigación de los antropólogos
y los geógrafos dedicados a describir y analizar las prácticas agrícolas
y la lógica de los pueblos nativos y campesinos. Típicamente, estos
estudios se han preocupado del uso de recursos y del manejo de toda
la base de subsistencia, no solamente del predio agrícola, y se
han concentrado en cómo los pueblos locales explican esta base de
subsistencia, y en cómo los cambios sociales y económicos afectan
los sistemas de producción. El análisis científico del conocimiento
local han sido un fuerza importante para reevaluar los supuestos
de los modelos coloniales y agrícolas de desarrollo. La obra pionera
en este campo fue la de Audrey Richards (1939) sobre las prácticas
de roza, tumba y quema (sistema citamene) en el Africa Bemba.
El sistema citamene involucra el uso de desechos de árboles
como compost en las prácticas agrícolas de los terrenos montañosos
en Africa Central. Este estudio, que acentúa los resultados de las
tecnologías agrícolas y de las explicaciones ecológicas de los pueblos
nativos, contrasta diametralmente con aquella percepción despreciativa
de la agricultura nativa que considera las prácticas locales como
desordenadas y de inferior calidad.
Otra importante contribución al estudio de sistemas de cultivo
nativos fue el trabajo de Conklin (1956), el que sentó las bases
para la re-evaluación de la agricultura itinerante, basado en dados
etnográficos y agronómicos sobre los Hnunoo de las Filipinas. Este
trabajo señala la complejidad ecológica y diversidad de los patrones
de agricultura itinerante y la importancia de los policultivos,
la rotación de cultivos y sistemas de agroforestería, en el marco
total de la producción itinerante. Es uno de los estudios más tempranos
y más ampliamente conocidos sobre la estructura y complejidad del
cultivo de roza, tumba y quema, e incorpora mucha intuición ecológica.
Fue de especial importancia el énfasis que Conklin puso en el conocimiento
ecológico nativo y la importancia que le asignó a explotar esta
rica fuente de comprensión etnocientífica. Sin embargo, él hacía
hincapié en que el acceso a esta información requería habilidades
tanto etnográficas como científicas.
Investigadores tales como Richards, P. 1984, Bremen y de Wit 1983,
Watts 1983, Posey 1984, Denevan et al. 1984, Hecht y Posey 1987,
Browkenshaw et al. 1979 y Conklin 1956, entre muchos otros, han
estudiado los sistemas nativos de producción y sus categorías de
conocimiento sobre las condiciones ambientales y prácticas agrícolas.
Este cuerpo de investigación se centra en el punto de vista nativo
de los sistemas de producción y los analiza con los métodos científicos
occidentales. Todos estos autores han hecho hincapié en que la organización
social y las relaciones sociales de la producción deberían considerarse
tan de cerca como el medio ambiente y los cultivos. Este acento
en la dimensión social de la producción es una base importante para
la comprensión de la lógica de producción de sistemas agrícolas.
Otro resultado importante de gran parte del trabajo sobre los sistemas
nativos de producción es la idea que se necesitan diferentes nociones
de eficiencia y racionabilidad para comprender los sistemas nativos
de campesinos. Por ejemplo, la eficiencia de producción por unidad
de labor invertida, más bien que una simple relación de rendimiento
por áreas es básica para la lógica de producción de muchos cultivadores
del Tercer Mundo. Las prácticas que se centran en evitar riesgos,
puede que no sean tan rendidoras a corto plazo, pero pueden ser
preferibles a opciones de uso de tierras altamente productivas pero
que tienen mayores riesgos. La disponibilidad de trabajo, en especial
en épocas importantes como es la de las cosechas, puede también
influir en los tipos de sistemas agrícolas favorecidos.
Este tipo de investigación ha influido en el desarrollo de los
argumentos contrarios a aquellos que atribuían el fracaso de la
transferencia de tecnología agrícola a ignorancia e indolencia.
Este enfoque, con el acento en los factores humanos de los sistemas
agrícolas, también ponía más atención en las estrategias de los
campesinos de diferentes estratos sociales, y cada vez más en el
rol de la mujer en la agricultura y el manejo de recursos (Deere
1982, Moock 1986).
El análisis etno-agrícola ha contribuido mucho a la expansión de
las herramientas conceptuales y prácticas de la agroecología. El
enfoque (marco étnico) basado en la explicación de una cultura dada
ha sugerido relaciones que los marcos "étnicos" (es decir marcos
externos, generalmente referidos a modelos occidentales de expansión)
no capturan fácilmente, al basarse en los métodos de la ciencia
occidental. Más aún, esta investigación ha explayado el concepto
de lo que puede con provecho ser llamado agricultura, debido a que
muchos grupos están involucrados en la manipulación de ecosistemas
forestales a través del manejo de la sucesión y la reforestación
actual (Posey 1985, Anderson et al. 1987, Alcorn 1984). Aún más,
la agricultura desarrollada localmente incorpora numerosos cultivos
cuyo germoplasma es esencial para el "desarrollo" de programas de
mejoramiento genético como el de la yuca y porotos, y también incluye
numerosas plantas con un potencial de uso más amplio en ambientes
difíciles. Finalmente, dicho trabajo valora los logros científicos
de cientos de años de cultivo de plantas y trabajo agronómico llevado
a cabo por las poblaciones locales.
El estudio de sistemas agrícolas nativos ha proporcionado gran
parte de la materia prima para el desarrollo de hipótesis y sistemas
de producción alternativos para la agroecología. Cada vez es más
amplio el estudio de la agricultura nativa realizado por equipos
multi-disciplinarios para documentar las prácticas y se han desarrollado
categorías de clasificación para analizar los procesos biológicos
dentro de los sistemas agrícolas y para evaluar aspectos de las
fuerzas sociales que influyen en la agricultura. El estudio de sistemas
nativos ha sido seminal en el desarrollo del pensamiento agroecológico.
ESTUDIOS DEL DESARROLLO
El estudio del desarrollo rural del Tercer Mundo también ha sido
una gran contribución a la evolución del pensamiento agroecológico.
El análisis rural ha ayudado a clasificar la lógica de las estrategias
locales de producción en comunidades que están sufriendo grandes
transformaciones, a medida que las áreas rurales se integran a economías
regionales, nacionales y globales. Los estudios sobre el desarrollo
rural han documentado la relación que existe entre los factores
socioeconómicos y la estructura y organización social de la agricultura.
Existen varios temas de investigación sobre el desarrollo, que han
sido de especial importancia para la agroecología, incluyendo el
impacto de las tecnologías inducidas desde afuera, el cambio de
cultivos, los efectos de la expansión de mercados, las implicancias
de los cambios de relaciones sociales y la transformación en las
estructuras de tenencia de tierras y de acceso a los recursos económicos.
Todos estos procesos están íntimamente ligados. Cómo ellos afectan
los agroecosistemas regionales es el resultado de complejos procesos
históricos y políticos.
La investigación de la Revolución Verde fue importante para la
evolución del pensamiento agroecológico porque los estudios sobre
el impacto de esta tecnología fueron un instrumento que arrojó luz
sobre los tipos de prejuicios que predominaban ene l pensamiento
agrícola y de desarrollo. Esta investigación también tuvo como resultado
el primer análisis verdaderamente interdisciplinario de cuestiones
de tenencia de tierras y del cambio tecnológico en la agricultura
desde un punto de vista ecológico, social y económico; todo esto
realizado por un amplio espectro de analistas. La extraordinaria
aceleración del proceso de estratificación social del campesino
que se asocia a la Revolución Verde indicaba inmediatamente que
ésta no era una tecnología neutra en sus objetivos y resultados,
sino más bien que podría transformar dramáticamente la base de la
vida rural de un gran número de personas.
Como lo hizo notar Perelman en 1977, los más beneficiados por dichas
tecnologías fueron los consumidores urbanos. La estrategia de la
Revolución Verde se desarrolló cuando los problemas de la pobreza
y el hambre eran considerados principalmente como problemas de producción.
Este diagnóstico implicó varias estrategias que se centraban en
áreas agrícolas en las que rápidamente podrían llevarse a cabo aumentos
de producción, suelos de mejor calidad y tierras de riego entre
granjeros con bienes materiales y de capital substanciales. Tuvo
éxito en términos de elevar la producción: en el fondo era parte
de una política de apostar conscientemente al más fuerte (Chambers
y Ghildyal 1985, Pearce 1980). Es ahora generalmente reconocido
que solamente el aumento agregado de la producción de alimentos
no soluciona el problema del hambre y la pobreza rural, aunque sí
puede reducir los costos de alimentos para los sectores urbanos
(Sen 1981, Watts 1983).
Las consecuencias de la Revolución Verde en las áreas rurales fueron
tales que sirvieron para marginalizar a gran parte de la población
rural. En primer lugar, centró sus beneficios en los grupos que
eran ricos en recursos, acelerando así la diferencia entre ellos
y los otros habitantes rurales, por lo que la desigualdad rural
a menudo aumentó. En segundo lugar, socavó muchas formas de acceso
a la tierra y a los recursos, tales como los cultivos de mediería,
el arriendo de mano de obra y el acceso a medios de riego y tierras
de pastoreo. Esto redujo la diversidad de estrategias de subsistencia
disponibles a las familias rurales y, por lo tanto, aumentó la dependencia
del predio agrícola. El estrechamiento de la base genética de la
agricultura aumentó los riesgos porque los cultivos se hicieron
más vulnerables a plagas y enfermedades y a los caprichos del clima.
En el caso de arrozales inundados o regados, la contaminación generada
por el uso de pesticidas y herbicidas a menudo minó una importante
fuente local de proteínas: el pescado.
El análisis de la Revolución Verde hecho desde el punto de vista
de diferentes disciplinas, contribuyó al primer análisis holístico
de las estrategias de desarrollo agrícola/rurales. Fue la primera
evaluación ampliamente difundida que incorporó críticas ecológicas,
tecnológicas y sociales. Este tipo de enfoque y de análisis ha sido
el prototipo de varios estudios posteriores sobre la agroecología,
y el progenitor de la investigación sobre sistemas de labranza.
Es hoy ampliamente reconocido que las tecnologías de la Revolución
Verde pueden ser aplicadas en áreas limitadas y ha habido peticiones
de varios analistas del desarrollo rural en el sentido de re-dirigir
la investigación agrícola en la dirección de campesinos de bajos
recursos. En el mundo existen por lo menos un billón de campesinos
de recursos, ingresos y flujos de producción muy limitados, quienes
trabajan en un contexto agrícola de extrema marginalidad. Los enfoques
que hacen hincapié en paquetes de tecnologías generalmente requieren
de recursos a los cuales la mayoría de los campesinos del mundo
no tienen acceso (Tabla 2).
Muchos analistas del desarrollo rural reconocen hoy las limitaciones
para la agricultura de los enfoques tipo Revolución Verde que enfatizan
agricultura a gran escala, pero estos modelos agrícolas han dominado
de una forma sorprendente los proyectos de desarrollo agrícola del
Tercer Mundo. Mientras los resultados de las estaciones experimentales
de investigación se veían extremadamente promisorios, el bajo grado
de adopción por campesinos y de reproducción exacta de los modelos
en los campos, ha ocasionado grandes dificultades en muchos proyectos.
El enfoque de transferencia de tecnologías tendía a acelerar las
diferencias, exacerbando muchas situaciones políticas difíciles
o las tecnologías sólo eran parcialmente adoptadas y en muchos casos
no adoptadas del todo (Scott 1978 y 1986).
Varias eran las explicaciones para la baja transferencia de tecnologías,
incluyendo la idea que los campesinos eran ignorantes y que era
necesario enseñarles a cultivar. Otro set de explicaciones se centró
en las exigencias a nivel de granja, tales como la falta de créditos
que limitaban la posibilidad de los campesinos de adoptar estas
tecnologías. En el primer caso se considera que la falla está en
el campesino; en el segundo se culpa a problemas de infraestructura
de diferentes tipos. Nunca se criticó a la tecnología misma.
Varios investigadores de terreno y practicantes del desarrollo
se han sentido frustrados por estas explicaciones y un número cada
vez mayor han señalado que las tecnologías en si requieren de una
reevaluación sustancial. Ellos han argumentado que la decisión del
campesino de adoptar o no una tecnología es la verdadera prueba
de su calidad. A menudo a este enfoque se le ha llamado "el campesino
primero y último" o "el campesino vuele al campesino" o "la revolución
agrícola nativa". Según dicen Rhoades y Booth (1982) "la filosofía
básica en la que se apoya este modelo es que la investigación y
el desarrollo agrícola deben comenzar y terminar en el campesino.
La investigación agrícola aplicada no puede comenzar aisladamente
en un centro de experimentación o con un comité de planificación
que está lejos del contacto con la realidad campesina. En la práctica
esto significa obtener información acerca del campesino y comprensión
de la percepción que el campesino tiene del problema y la aceptación
de la evaluación que el campesino hace de la solución propuesta".
Este enfoque requiere una participación mucho mayor de parte del
campesino en el diseño y la implementación de programas de desarrollo
rural (Chambers 1984, Richards P. 1984, Gow y Van Sant 1983, Midgley
1986).
Una consecuencia de esta posición ha sido reconocer el gran conocimiento
que el campesino tiene de la entomología, botánica, suelos y agronomía,
los que pueden servir como puntos de partida para la investigación.
En este caso también, la agroecología ha sido identificada como
una valiosa herramienta analítica asimismo como un enfoque normativo
para la investigación.
La agroecología encaja bien con los asuntos tecnológicos que requieren
prácticas agrícolas más sensibles al medio ambiente y a menudo encuentra
congruencias del desarrollo tanto ambiental como participativo con
perspectivas filosóficas. La diversidad de preocupaciones y de cuerpos
de pensamientos que han influido en el desarrollo de la agroecología
son verdaderamente amplios. Sin embargo, esta es la extensión de
los asuntos que inciden en la agricultura. Es por esta razón que
ahora vemos agroecólogos con un entrenamiento mucho más rico que
el encontrado corrientemente entre los alumnos de ciencias agrarias
centrados en una disciplina, como asimismo muchos más equipos multidisciplinarios
trabajando en estos asuntos en el campo. Aunque es una disciplina
en pañales, y hasta el momento ha planteado más problemas que soluciones,
la agroecología indudablemente ha ampliado el discurso agrícola.
Tabla 1
El contraste en condiciones físicas y socioeconómicas de campesinos
ricos en recursos versus aquellos pobres en recursos
(Modificada de Chambers y Ghildyal 1985)
|
|
ESTACIONES
EXPERIMENTALES
|
CAMPESINOS RICOS
EN RECURSOS
|
CAMPESINOS POBRES
EN RECURSOS
|
|
Topografía
|
plana o terrazas
|
plana o terrazas
|
ondulada o laderas
|
|
Suelos
|
profundos, pocas
dificultades
|
profundos, pocas
dificultades
|
delgados, no fértiles
serias dificultades
|
|
Deficiencas de nutrientes
|
rara, solucionable
|
ocasional
|
bastante común
|
|
Riesgos (fuego, des- lizamientos,
etc.)
|
irrelevantes
|
pocos y controlables
|
comunes
|
|
Irrigación
|
frecuentemente, en
completo control
|
generalmente
disponible, de fácil control
|
rara, poco confiable
|
|
Tamaño de la Unidad
|
grande, adyacente
|
grande o mediana-
mente adyacente
|
pequeña, irregular
no adyacente
|
|
Enfermedades, plagas, maleza
|
controladas con
agroquímicos, mano de obra
|
controladas con
agroquímicos, mano de obra
|
control cultural
|
|
Acceso a fertilizantes, semillas
mejoradas
|
ilimitado
confiable
|
alto, confiable
|
bajo, no
confiable
|
|
Semillas
|
alta calidad
|
alta calidad
|
semillas propias
|
|
Créditos
|
ilimitados
|
buen acceso
|
poco acceso
con escasez temporal
|
|
Trabajo
|
sin dificultad
de obtener
|
mano de obra
contratada
|
familia, escasez
en temporadas críticas
|
|
Precios
|
irrelevantes
|
bajos
|
altos
|
|
Prioridad para la producción
de alimentos
|
irrelevante
|
baja
|
alta
|
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